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Dinero gratis, palos y zanahorias

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:51

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/11/2020

La deuda pública española no deja de crecer tanto en términos absolutos como en relación con el PIB. A finales de septiembre ya alcanzó los 1.308.439 millones de euros, un 114% del PIB. Y ha seguido, sigue y seguirá subiendo. Y lo normal sería que el coste de financiación para el Estado se fuera incrementando a medida que crece su endeudamiento. Pero no, España se está financiando prácticamente gratis. La cotización del bono español a diez años es del 0,06%, y es negativa para las letras e incluso para los bonos a 3 y 5 años. Así de maravillosa es la situación: cuando España marca récords históricos de deuda pública es capaz de cobrar intereses por financiarse, en lugar de tener que pagarlos. Esta aparente violación de la más elemental lógica financiera tiene su explicación, y se llama Banco Central Europeo. Pero su bendita actuación no está exenta de incentivos perversos.

Desde 2012 los españoles tendríamos que levantarnos cada día dando gracias al BCE. Nos ha mantenido en pie desde entonces. Y lo está haciendo ahora de nuevo con la crisis del Covid-19, con el fenomenal programa de compras de bonos, el PEPP (Pandemic Emergency Purchase Programme) que puso en marcha en primavera. Su balance se ha multiplicado por nueve desde 2000 y ha crecido nada menos que un 40% desde el inicio de la pandemia. Así, el repunte que sufrió la prima de riesgo española en marzo se cortó radicalmente por la rápida y contundente intervención del banco central. Si no, hubiera ido escalando como pasó con la crisis financiera.

Pero ésta es una realidad que se silencia. Escuchamos a los miembros del gobierno pavonearse de que España se financia en condiciones muy ventajosas en los mercados financieros: “no tenemos problemas de financiación, hay una gran confianza”. ¿Qué confianza? Y cuando prefieren no pedir fondos bajo condicionalidad, aunque sea mínima, como con el préstamo de 25.000 millones de euros disponible en el Mecanismo de Estabilidad Europeo, presumen: “podemos endeudarnos por nuestras propias fuerzas”. ¿Qué fuerzas? ¡Qué manera de disfrazar la verdadera situación financiera de España!

Al mismo tiempo, las reglas fiscales europeas respecto al control de los niveles de déficit y de deuda pública se han suspendido temporalmente. Esto es: los Estados pueden lanzarse a gastar, y el endeudamiento será a tasas muy bajas, porque el BCE se encargará de ello; y pueden gastar sin rendir cuentas, porque la política monetaria se desarrolla sin condicionamientos. El incentivo no puede ser más peligroso. No empuja en absoluto a que los Estados se fortalezcan, a que persigan mejorar sus primas de riesgo por sí mismos, trabajando, haciendo las cosas bien, acometiendo las reformas necesarias, con objetivos a largo plazo: a que cada euro de gasto pese.

Más nos vale que esta carta de libertad para gastar, asistida por la política monetaria, no sea motivo para que las administraciones de todos los niveles sean desleales al espíritu europeo de sostenibilidad de las cuentas públicas. La disciplina fiscal volverá. Y cualquier día se acaba esta política del BCE “sin palos pero con zanahorias”. A ver con qué confianza y fuerzas propias contamos entonces.


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