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El BCE y la caldera social

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:23

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/1/2021

“Por favor, Dios todopoderoso, que hagan lo que quieran con el dinero, a condición de que ese dinero controle el vapor…” Son palabras de la novela La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. El reverendo Reginald Bacon defendía que todo el dinero que él recibía para proyectos y obras sociales en Harlem, el Bronx o Brooklyn era una inversión muy beneficiosa porque conseguía que el vapor no se saliera de control. En las circunstancias actuales también es primordial que la caldera social se mantenga fría, aunque no se trata como en esa novela de aplacar problemas en barrios marginales y de contener conflictos raciales. La presión ahora la pueden elevar empresarios que se han quedado sin sus empresas, autónomos sin actividad, trabajadores de todos los niveles en el paro y jóvenes sin esperanza de obtener un empleo.

El Banco Central Europeo lleva más de una década enfriando el ambiente. Con la pandemia se ha equipado de nuevo con un descomunal depósito de agua para irla soltando con una manguera de gran diámetro. Con ella riega los depósitos de los diferentes gobiernos de una forma indirecta y sutil- abaratando el coste de su deuda- para que pueden gastar y gastar y rebajar así la temperatura de sus respectivos territorios. Igualmente, sus manguerazos también mojan directamente a familias y a empresas, ayudándolas a soportar su endeudamiento.

En España todo eso se concreta en los ERTE, prorrogados y prorrogados; en los ingresos mínimos vitales; en los préstamos a empresas avalados por el Estado; en las moratorias para los créditos de familias vulnerables; en las diferentes prestaciones, ayudas y subvenciones a grandes y a pequeñas empresas… Y en hacer sostenible la deuda total de España, que, según los datos de noviembre del Banco de España, se eleva a casi 3 billones de euros. ¡Que no pare, Dios todopoderoso, la manguera del BCE!

Ayer jueves, el Consejo de Gobierno del BCE se reunió y valoró la situación de nuevo. La tercera ola del Covid-19 puede subir muchos grados la temperatura de la caldera. La ansiada recuperación está en riesgo por las nuevas restricciones a la actividad y por la lentitud en la administración de las vacunas. De momento, ha decidido que con el volumen establecido de 1,85 billones de euros para compras de activos financieros es suficiente, pero Christine Lagarde ha advertido que esta dotación puede recalibrarse para mantener unas condiciones de financiación favorables si fuere necesario. La consigna es salir del aprieto y ya se verá qué hacer cuando el tsunami pase.

Pero hay que estar alerta porque, como en la novela, también podría haber quienes quisieran sacar tajada con todo esto. E incluso podrían, incrementando puntualmente la presión de la caldera, dejar escapar vapor a posta. Como hacía el reverendo Bacon, que aparentemente se mostraba defensor del lado débil – de los de Harlem, el Bronx o Brooklyn- y los azuzaba a rebelarse mientras que él especulaba para su interés con los Harlem Guaranty Securities al mismo tiempo. O como algunos políticos, que jugaban, según los casos, con el miedo de los blancos o con la ira de las minorías, agitando a la población para obtener beneficio electoral propio.

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