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Recapitulando 2019

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/12/2019

Termina el año y es tiempo de echar la vista atrás y recapitular sobre los acontecimientos económicos que lo han ocupado. A nivel internacional, dos revoluciones que venían amagando desde hace años se han puesto ya a las claras sobre la mesa. La primera es la guerra comercial y tecnológica entre EEUU y China por el control mundial y por situar sus monedas como la divisa de reserva. Y precisamente esta batalla monetaria además se libra digitalmente, la segunda revolución en marcha. En 2019 muchos países han tomado conciencia de la necesidad de defender su soberanía monetaria frente a las amenazas de monedas privadas, como Libra, la provocativa propuesta de Facebook y han iniciado el camino hacia la emisión de dinero digital soberano (CBDC). Para China, además, emitir yuanes digitales significa un paso más en su plan de internacionalizarlo y plantarle así cara al dólar como moneda de referencia.

De momento, la frágil tregua que se han dado está evitando que la economía mundial caiga en una recesión y que colapsen los mercados bursátiles. Europa, inmersa en este conflicto y en gran parte a causa de él, está sufriendo una ralentización económica y esto obligó a Mario Draghi a volver a intensificar este año los estímulos monetarios. Christine Lagarde, su sucesora, ha prometido innovar la agotada política monetaria actual y ha pedido un mayor esfuerzo fiscal paralelo. Además, este escenario de bajo crecimiento y persistencia de tipos negativos ahonda la debilidad de la banca europea, sometida a la intensa competencia de las fintech y bigtech que quieren llevarse al menos una parte de la cadena de valor bancaria. Si añadimos el Brexit a la ralentización económica y a la reconversión bancaria, la Eurozona tiene un difícil panorama por delante del que sólo con más integración podrá salir airosa.

Por su parte, España, reconcentrada en el problema de Cataluña, ha permanecido en gran medida ajena a esas cuestiones trascendentales que se están desarrollando en el mundo y no se la oye participar en la necesaria redefinición de Europa. En las múltiples campañas electorales todos estos temas han brillado por su ausencia: una política provinciana y mediocre. Pero es que tampoco se abordan los importantísimos debates financieros internos pendientes, como la sostenibilidad de la deuda o el futuro de las pensiones. Refugiados en el presente, se repite como un mantra que crecemos más que la media en Europa, haciendo oídos sordos a las dificultades que nos acechan.

Y finalmente, en Andalucía, el escepticismo se va apoderando sobre los aires de cambio con los que empezábamos este año. Se echa en falta una acción más enérgica en la reforma de la administración: no se atreven a meterle el diente. Pero lo peor es la poca altura que han mostrado en el manejo de temas como los ERE o con la prohibición por la ley vigente de salir a los mercados a financiarse. El temor es que se avance en ese sentido y lo que sí sigue soplando de ese aire nuevo, como lo que se dice y se hace desde la Consejería de Economía, que es modernidad y futuro para Andalucía, quede expulsado a la estratosfera, y acaparen todo el espacio los intereses partidistas y no los de nuestra tierra.

Suspenso en deuda

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:49

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/12/2019

El martes el Banco de España publicó la cifra mensual de deuda de las administraciones públicas españolas. Analizando este dato y el mismo en periodos anteriores se constata que, obviando las oscilaciones mensuales, en valores absolutos la deuda ha experimentado un aumento continuado desde 2008. A finales de octubre de 2019 el saldo se situó en 1,194 billones de euros. Comparada con un año atrás la deuda es ahora un 2,7% mayor, ha crecido en 31.727 millones de euros.

Ahora bien, mirando este dato en términos relativos -en relación al PIB- la interpretación es diferente. El sólido crecimiento de nuestra economía en estos últimos años ha conseguido que, a pesar del aumento del numerador, la ratio deuda/PIB haya ido descendido desde el máximo del 100,7% que marcó en 2014 hasta el 97,8% del tercer trimestre de 2019, 1,1% menos que en el mismo trimestre de 2018. Así, esta ratio lleva cinco años contenida, sólo con ligeros descensos.

Pero esto no es suficiente. La Comisión Europea, también el martes, publicó el Informe de Mecanismo de Alerta, en el que con once indicadores evalúa a los países europeos. España suspende -además de en paro, deuda empresarial e inversión- en deuda pública. Nos recuerda que estamos muy lejos del 60%, el máximo permitido. Su reprimenda podría expresarse de esta manera: la deuda no deja de subir porque no se mejoran las cuentas públicas, los déficits fiscales son “persistentes”, el numerador sube prácticamente al ritmo del denominador, y así incluso con los niveles de crecimiento tan importantes la ratio baja tan poco.

No sólo lo advierte Europa, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, Airef, ya lo señaló en el informe de noviembre. Viene a decir que se crece, pero que los mayores ingresos que se derivan de ese crecimiento se gastan totalmente e incluso se siguen sobrepasando. Y eso encima de que se está contando con la ventaja de que uno de los epígrafes importantes de gasto, el gasto financiero, se comporta a la baja. A España, gracias a la política monetaria adoptadas por el BCE, el coste de financiación de la deuda pública se le abarata. En 2019 el ahorro de intereses será de 2.371 millones de euros, aunque eso no significa que la cuenta no siga siendo muy abultada: 24.000 millones de intereses al año, casi tres millones cada hora.

En la medida en que haya suficiente crecimiento y que las buenas condiciones financieras persistan, la ratio de deuda no se desmandará. Pero además resulta fundamental que las diferentes administraciones respeten los límites asignados para sus presupuestos. No es de esperar que en ninguna se vaya a presentar con superávit de forma voluntaria para reducir deuda, siempre gastan a tope. Y cuidado los que creen que pueden elevar el gasto y equilibrar subiendo impuestos, porque ahogarán el crecimiento. Todos deberían sopesar muy bien el camino que toman porque una vez aprobado un incremento de gasto es muy difícil retroceder y bajarlo; y sin embargo, los ingresos futuros son siempre inciertos. Y también deben tener en cuenta la calidad del gasto: no es lo mismo el gasto corriente, con el que se le dice al dinero adiós, que el de inversión, al que se le dice hasta luego.

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El búho Lagarde

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/12/2019

Otra reunión -la última del año- del Consejo de Gobierno del BCE. Después de ocho años siguiendo intensamente las comunicaciones de Mario Draghi, nos toca acostumbrarnos a la nueva presidenta, Christine Lagarde. Ella lo quiso dejar claro, que el BCE afronta una nueva etapa, que ahora es su tiempo: “Voy a tener mi propio estilo, voy a ser yo misma”. Y no quiere etiquetas, ni que la tachen de halcón ni de paloma. Lo había dicho hace unos días tras una conferencia y en la de ayer volvió a repetirlo: “Espero ser un búho. Me gustan los búhos. Son animales muy sabios”. De momento, continuidad -su predecesor le había dejado los deberes hechos- aunque también, sin decir cuáles, anuncio de reformas.

Lagarde ha mantenido exactamente igual el plan de acción que Draghi marcó en septiembre. Era lo que se esperaba. En su primera reunión y sin que haya habido cambios de envergadura en el cuadro macroeconómico europeo no iba a mover ficha. Las previsiones siguen señalando -décima arriba o décima abajo- un crecimiento débil y una baja inflación hasta 2022. Pero la nueva presidenta las ha acompañado con dos esperanzas: que se aprecian señales iniciales de estabilización en la desaceleración económica y un leve avance de la inflación subyacente; y que los riesgos que amenazan el crecimiento siguen inclinados, pero menos, a la baja.

La continuidad con Draghi también se sintió en el toque de atención que le dio a los gobiernos. El mensaje fue el mismo: todos los países deberían hacer más para alcanzar el potencial de crecimiento; es fundamental que se lleven a cabo las reformas estructurales necesarias; que los que tengan una deuda alta cumplan el equilibrio presupuestario y que los que tengan espacio fiscal, por favor, que lo utilicen. Y del mismo modo, apeló a mejorar el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria.

La novedad la puso cuando confirmó que “la revisión de la estrategia del BCE comenzará en enero y estará completa antes de fin año”. En semanas pasadas ya había dejado claro que la gestión que se hace en los bancos centrales desde hace dos décadas puede resultar obsoleta y procede revisarla. En este sentido, sólo afirmó que no tiene en mente cambiar el mandato, esto es, la estabilidad de los precios. Eso no está en su mano, implicaría modificar el estatuto, pero podría redefinir en cómo se concreta. El “por debajo, pero cerca, del 2%”, es arbitrario. Como lo de Groucho Marx: si no consigo el objetivo, pues lo cambio.

Tampoco dio pistas sobre si se utilizarán otros instrumentos diferentes. Los actuales, incluso los no convencionales, ciertamente han resultado poco eficientes, pero no mencionó en qué otros está pensando: ¿se atreverá a utilizar herramientas radicales, como el helicóptero monetario, y repartir dinero entre la gente?, ¿impulsará la implantación del e-euro para mejorar la trasmisión de la política monetaria?… Y por último, también avanzó que la entidad abordará cómo participar en un objetivo que en absoluto es competencia de un banco central, sino de los gobiernos: el cambio climático.

En definitiva, muchos posibles y controvertidos cambios. Tendremos que ir viendo reunión a reunión cómo ulula el búho Lagarde.

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El futuro monetario nos alcanza

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/12/2019

Hace un par de semanas la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard llevó a cabo un ejercicio muy interesante. Sentó en una mesa a diez personas de la máxima relevancia, ex altos cargos de la Administración americana y líderes de opinión -Larry Summers, entre ellos- que simularon una sesión del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. El escenario planteado se situaba dentro de dos años. Tenían que debatir qué respuesta dar a una gran crisis de seguridad provocada por una prueba de misiles nucleares de Corea del Norte. El proyecto se había financiado evitando el sistema bancario global. Ponían sobre la mesa las consecuencias que estaba comportando que el yuan digital llevara ya 20 meses de vida. Es decir, aventuraban qué podrá pasar con lo que va a ocurrir de forma inminente.

Estamos inmersos en una completa revolución del sistema monetario mundial. El anuncio de Facebook de lanzar la moneda libra la ha avivado y acelerado. A Mark Zuckerberg hay que agradecerle el haber conseguido que los gobiernos occidentales se den cuenta del desafío monetario y de que tienen que responder antes de que sea demasiado tarde. La amenaza está en las iniciativas privadas que puedan comprometer la soberanía pública del dinero pero también en la emisión de otras públicas, como la moneda digital china, que no persigue sólo dominar los pagos domésticos de China, sino expandir su uso e influencia.

Kenneth Rogoff en un artículo reciente plantea de manera muy clara este segundo problema. El poder americano y la primacía del dólar están fuera de dudas y será difícil que un yuan digital soberano los desbanque, pero éste facilitaría de forma extraordinaria que se agrandara la “economía subterránea global” que escapa al control americano. Así, como la simulación de Harvard representó, Corea del Norte podría usarlo para contratar a científicos nucleares rusos o para comprar materias primas escapando de las sanciones americanas.

La Academia se está volcando con este asunto. No se da abasto para leer la gran cantidad de informes, conferencias y artículos que se están publicando. Y, de igual modo, el asunto se debate en los más altos niveles políticos. El septiembre pasado dos congresistas norteamericanos se dirigieron al gobernador de la Reserva Federal: “Nos preocupa que la primacía del dólar estadounidense pueda estar en peligro”. Y Jerome Powell les contestó por carta que efectivamente puede ser cada vez más imperativo que la Fed desarrolle una moneda digital en dólares estadounidenses.

En la Eurozona las cosas también se aceleran. El Instituto Bruegel publicó hace tres días un documento que ha preparado para la Comisión de Asuntos Monetarios del Parlamento Europeo, donde se analiza el papel que podrían jugar la moneda digital soberana. Y, Dirk Bullman, el jefe de innovación del BCE, confirmó en Málaga, durante el reciente Congreso Global Blockchain, que hay un equipo dedicado a contestar las tres preguntas claves sobre el euro digital: cuál es la motivación, cómo debería ser exactamente el diseño y cómo implementarlo. El título de su panel bien podría haber sido el del encuentro de Harvard: ¿Está el mundo listo para las monedas digitales globales?

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Fusiones ineludibles

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/11/2019

El noviazgo que mantuvieron en el pasado las entidades bancarias Unicaja y Liberbank no llegó a buen puerto. El 14 de mayo rompieron. Por entonces habían conseguido tener resueltos muchos de los escollos que se plantean en una fusión, como dónde estaría la sede y quiénes ocuparían los altos cargos. Pero finalmente no consiguieron ponerse de acuerdo en “qué vale lo que aporto yo” y “qué vale lo que aportas tú”; esto es, en la ecuación de canje. Ahora estas dos entidades -a iniciativa de algunos accionistas- vuelven a tantearse, a retomar por donde lo dejaron, a ver si por fin se encuentran. El motivo que les había llevado a considerar casarse -el ahorro de costes- incluso se ha vuelto más acuciante. Y la evolución de las entidades desde aquellas fechas puede ayudar a situar la solución cerca del 60% para Unicaja y del 40% para Liberbank, unas proporciones que para esta última fueron inaceptables.

Si terminaran uniéndose las dos, se convertirían en la sexta entidad bancaria española por volumen de activos, unos 97.981 millones de euros (el 57% de Unicaja). Dispondrían de 1.687 oficinas (64%, Unicaja) con más de 10.000 trabajadores (64,2%, Unicaja). El volumen de crédito conjunto ascendería a 51.811 (54%, Unicaja) frente a unos depósitos de 67.982 millones de euros (54,8%, Unicaja). El nivel de activos dudosos sería de 4.355 millones de euros, de los que 2.711 millones procederían de Unicaja (62%).

Además de todas estas variables, para determinar la ecuación de canje es de la mayor importancia la proporción que arrojan los beneficios respectivos actuales. Así, de los 255 millones de euros conjuntos, el 37,6% los aportaría Liberbank frente al 62,35% de Unicaja. También fundamental resulta la cotización de las acciones. Liberbank la ha reducido un 29,4% en lo que va de año y su capitalización asciende a 927 millones de euros. Unicaja, por su parte, se ha desvalorizado un 17,52% en 2019 y su capitalización es de 1.473 millones, el 61,66% de la capitalización conjunta de ambas entidades.

La complicada situación de falta de rentabilidad y la presión añadida que supone un horizonte de ralentización económica pueden empujar a que en esta ocasión la fusión salga. El reto es enorme para entidades medianas como éstas. Las sinergias que en mayo se estimaron que podrían conseguirse, de 100 a 200 millones de euros anuales, se han vuelto relativamente mucho más importantes. Tampoco tendrían que pasar por una ampliación de capital, disuasoria dada la pésima situación del mercado, porque sería suficiente ahora con una emisión de cocos de 500 millones de euros.

Desde el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales se insta a los bancos europeos a fusionarse, y a invertir en tecnología para ganar eficiencia y a reducir sus altos costes. Luis de Guindos, el vicepresidente del BCE, calificó hace unos días de ineludibles a las fusiones bancarias. Las entidades europeas no fallan ahora en solvencia, como pasó tras la crisis; cumplen las normas. Pero fallan en rentabilidad, y rentabilidad y solvencia -para bien y para mal- se retroalimentan. Las perspectivas económicas no ayudan nada. De ahí la honda preocupación de los supervisores.

Inestabilidad financiera: ¿cómo nadie hizo nada?

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/11/2019

¿Cómo nadie advirtió esta caída?, le preguntó la reina Isabel II de Inglaterra en 2008 a los economistas presentes en la inauguración de un nuevo edificio de la prestigiosa London School of Economics. Acababa de estallar la crisis financiera más intensa de la historia. El caso es que sí hubo algunas advertencias previas pero nunca fueron escuchadas. Interesó más negarlas y seguir bailando. Desde entonces, los análisis y estudios sobre los riesgos potenciales para la estabilidad financiera se han multiplicado. En la Eurozona, dos veces al año, el BCE publica un informe para que políticos, la industria financiera y el público en general tomen conciencia de las vulnerabilidades financieras. El miércoles conocimos la segunda entrega de 2019.

Los altos niveles de deuda pública en algunos de los países constituye uno de los riesgos más importantes de la Eurozona. Pero poco caso le están haciendo los políticos. Esta semana la Comisión Europea recriminó a Italia, Francia y España que no habían aprovechado los buenos años económicos para reducir sus deudas. Es más, gracias a la política monetaria disfrutan de unas condiciones financieras excepcionales: sólo sirven para sustituir intereses por más gasto.

Por otra parte, el precio de los activos está disparatado, y los inversores deberían tomar nota para no llamarse en el futuro a engaño. El informe lo dice claro. Las valoraciones de activos, que dependen de bajas tasas de interés, podrían enfrentar importantes correcciones futuras. El volumen de bonos con rendimientos negativos ha crecido hasta alcanzar el 25% de los bonos mundiales. Hasta ahora el descenso continuado de los tipos de interés ha ido generando un efecto plusvalía pero es poco probable que esto se mantenga.

Demoledora también es la aseveración de Luis de Guindos en la conferencia que impartió el lunes y en la que anticipó este informe: “El 75% de los bancos en Europa no son rentables”. El vicepresidente del BCE vino a decirles que no se quejen de la política monetaria, que sin ella no hubieran recuperado los volúmenes de préstamos ni mejorado la morosidad ni se habrían beneficiado de la mayor valoración de los activos. Y les culpó de no estar haciendo lo suficiente para mejorar la rentabilidad, ajustando sus modelos de negocio y con fusiones.

También las entidades financieras no bancarias son otro gran foco de vulnerabilidad. Han ido creciendo en tamaño y para incrementar la rentabilidad han aumentado su exposición a valores más arriesgados, menos líquidos y más dependiente de las economías emergentes. Ante bajadas importantes de los precios de los activos, los partícipes pueden hacer desbandada general obligando a los fondos a vender masivamente, provocando que los precios caigan aún más, retroalimentando el problema.

Estos cuatro riesgos -claramente entrelazados y con potencial para perjudicarse mutuamente- ya fueron señalados en informes pasados. La diferencia es que ahora se encuentran agudizados porque la situación macroeconómica de la zona del euro se ha deteriorado y existen circunstancias que pueden deprimirla aún más. ¿Quién será el que pregunte el día de mañana cómo nadie hizo nada?

Multimillonarios

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/11/2019

La desigualdad está siendo un tema central en los debates políticos del mundo y ha reavivado la cuestión sobre con qué tipos de impuestos y a qué nivel habría que gravar a las grandes fortunas. Elizabeth Warren y Bernie Sanders, ambos candidatos demócratas a la presidencia de EEUU, lo llevan en sus programas. Jeremy Corbyn, el líder laborista del Reino Unido, prometió en campaña electoral que los multimillonarios pagarán mucho más. En España, PSOE y Unidas Podemos también tienen a los ricos en el objetivo. La presión sobre los multimillonarios se está incrementando, pero no es en absoluto un asunto fácil. El bien y el mal no suelen ir desunidos.

Jean Pisani-Ferry, en El debate por el impuesto a las grandes fortunas, en Project Syndicate hace unos días, denuncia la innegable concentración de la riqueza en EEUU: el 1% de los hogares estadounidenses posee el 40% de la riqueza del país, mientras que el 90% inferior sólo posee la cuarta parte. El Global Wealth Report 2019 también concluye en este mismo sentido. Su radiografía mundial muestra que los ricos son cada vez más numerosos y más ricos.

Y es que, como escribe John Gapper en el Financial Times esta semana: “Los multimillonarios nunca lo han tenido tan fácil”. Actualmente la globalización y la tecnología ayudan a los empresarios más exitosos a obtener ganancias más rápido y a mayor escala, dice. Y después Gapper viene a desarrollar lo que ya sabemos: el dinero llama al dinero.

Así, la seguridad del dinero conseguido por el primer éxito les permite seguir sin miedo financiando ideas. Además, tras el mérito personal inicial, se refuerzan con los mejores y más informados asesores. Y les favorece que se graven los salarios más que el capital, la movilidad de la riqueza y la existencia de estructuras legales complejas.

The Economist también trata esta semana este tema, En defensa de los multimillonarios, pero desde otro punto de vista. Critica duramente la riqueza que se ha obtenido sobre bases injustas, por ejemplo, cuando la competencia empresarial falla o cuando resulta del cabildeo político. “Alrededor de una quinta parte de los multimillonarios de los Estados Unidos hicieron su dinero así”. Pero enaltece al resto, a la inmensa mayoría de multimillonarios que se generan cuando el capitalismo funciona bien y que producen grandes beneficios para la sociedad. ¿Quién no admira al que amasa una riqueza meritocrática, proceda del ámbito empresarial o del que sea?

Lo que parece claro es que para combatir la desigualdad lo primero que habría que hacer es enderezar el capitalismo en el que vivimos, que funciona a base de oligopolios y está podrido por el clientelismo político. Mientras, parece necesario cobrarles a los multimillonarios más impuestos. ¡Muchos de ellos están de acuerdo con esto!

Así lo pidieron en junio 18 multimillonarios estadounidenses en una carta a sus políticos. Pero esto tampoco significa un ataque tributario indiscriminado o considerar rico a cualquiera. Hay que estudiar la tributación -al patrimonio, a las ganancias y a las herencias- justa y que no nos haga quedarnos sin lo maravilloso que suelen hacer -la innovación- muchos de los que alcanzan esas riquezas.

Del ‘Nein’ al ‘Ja’

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/11/2019

En Europa se funciona a base de agobios. Gracias a la crisis se pusieron en marcha una serie de reformas para mejorar nuestra unión económica y monetaria. Entre ellas, la Unión Bancaria Europea. No resultaba razonable que no fuera exactamente igual depositar un euro en un banco español que en uno alemán o italiano. Siete años han pasado desde que se inició este proceso pero sigue sin concluir. Con la mejora de la situación económica y por las continuas negativas de Alemania, su última fase se había aparcado. Esta semana el ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, dio un paso importante para desbloquearlo: “Después de años de discusión, el punto muerto tiene que terminar”. En su artículo, publicado en Financial Times, además reconoce: “La necesidad de profundizar y completar la unión bancaria europea es innegable”. Del Nein al Ja.

Con todo, la propuesta alemana no es un Ja incondicional. Scholz exige, por ejemplo, unificar el marco legal de insolvencias a aplicar a los bancos pequeños, facilitar las fusiones transfronterizas y aplicar una misma fiscalidad para todos los bancos europeos. Además considera que los bancos tienen que seguir reduciendo los préstamos morosos en balance, que el riesgo de la deuda soberana europea -que no toda es AAA, como actualmente se considera- debe estar debidamente respaldado por capital propio y que la concentración de la exposiciones de los bancos a las deudas soberanas de sus países de origen debe estar limitada.

Sus peticiones -muy razonables- son las que siempre han sido. Y en la configuración del sistema de garantía de depósitos que propone sigue, también como siempre, siendo muy cauto: la responsabilidad nacional debe continuar siendo un elemento central para evitar que pueda incentivar a algunos países a trasladar deudas del nivel nacional al europeo. Así, si algún banco entrara en problemas, primero se acudiría al fondo de garantía nacional; si no es suficiente, a un fondo europeo de seguro de depósitos, administrado por la Junta Única de Resolución, que proporcionaría una liquidez adicional limitada a través de préstamos reembolsables. En tercer lugar, intervendrían el resto de socios, con el apoyo de un programa de rescate, utilizando el Mecanismo Europeo de Estabilidad, (MEDE).

Por tanto, la postura de los alemanes poco ha cambiado, salvo por algo sustancial: que ahora no empiezan con un Nein, sino con Ja, con el que parecen querer abrirse. Y es que de nuevo Europa le ve las orejas al lobo. La situación del sector bancario europeo es muy delicada, está muy fragmentado, con bajísima rentabilidad y algunos países con demasiadas instituciones pequeñas. Encima, la desaceleración económica imprime una mayor tensión a sus cuentas de resultados. Y en general, la situación internacional hace que sea más importante que nunca que Europa gane poder defendiendo sus intereses colectivamente. Hasta ahora se primó reducir el riesgo de la banca, luego vendría compartirlos con la Unión Bancaria. Pero ha aparecido otro riesgo -la viabilidad del negocio bancario europeo- que está invirtiendo el razonamiento: hay que atreverse a compartir los riesgos porque precisamente ésa es la forma de apaciguarlos.

Sólo un camino

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:18

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/11/2019

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, Sabine Lautenschläger; miembro hasta hoy del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, y Christine Lagarde, desde hoy también, presidenta del BCE, se han pronunciado en los últimos días. Han tratado diferentes temas, pero con un doble fondo común. Las tres reclaman con carácter de urgencia una mayor integración en la Eurozona. Las tres, además, ponen el acento en Alemania

Margarita Delgado disertó sobre la Unión Bancaria Europea en una mesa redonda organizada en el quinto aniversario de su creación. Se centró principalmente en la pata que le falta: el Sistema Europeo de Garantía de Depósitos. En un momento de su discurso mencionó las palabras de Mervin King, ex gobernador del Banco de Inglaterra: “Los bancos internacionales son siempre globales en vida, pero nacionales en su muerte”. Las señaló para subrayar el objetivo de la Unión Bancaria: que las entidades financieras sean una cuestión de la Eurozona, tanto en su vida como en su muerte. La situación de grave debilidad de la banca europea -con Alemania a la cabeza- está pidiendo a gritos la solidez que le conferiría concluir este proceso.

Por su parte, con el título A call for Europe, Sabine Lautenschläger hizo una exhaustiva defensa del proyecto europeo ante el nacionalismo y populismo crecientes. Frente al escepticismo -en 2007, el 57% de la polación confiaba en la Unión Europea, y ahora el 44%- recalcó los beneficios que nos ha reportado estar unidos en cuanto a paz, libertad y prosperidad. Y ante los importantes desafíos a los que nos enfrentamos actualmente, predominantemente globales -aumento de la competencia mundial, el cambio climático o el progreso tecnológico-, literalmente suplica: ¡Europa es nuestra oportunidad compartida!

Y Christine Lagarde, en una entrevista en una cadena francesa, insistió en el mensaje que su predecesor, Mario Draghi, trasmitió alto y claro en su despedida del BCE: la política monetaria tiene ya numerosas limitaciones y poco recorrido para seguir impactando sobre la economía real, urgen políticas más enfocadas al crecimiento en los países con cuentas públicas más holgadas. Pero ella dio un paso más, porque se atrevió a ponerles nombres a esos países, aludiendo explícitamente a Holanda y a Alemania: “¿Por qué no lo emplean e invierten en infraestructuras?, ¿por qué no invertir en educación o innovación?”.

Ante la desaceleración económica de la Eurozona -con Alemania a la cabeza-, la francesa apela directamente a Alemania. La española no la nombra, pero bien es sabido que la falta de avance de la Unión Bancaria se debe fundamentalmente a las reticencias alemanas. La alemana nombra nada menos que 18 veces a su tierra. “Esto no solo interesa a Europa, sino también a Alemania”, dijo, y recordó a Konrad Adenauer, uno de los padres de Europa: “Soy alemán y seguiré siéndolo, pero siempre he sido europeo y me he sentido como tal”. Ahora les falta a las tres repartir por toda Alemania, como octavillas, el magnífico artículo de Martin Wolf en Financial TimesHow the euro helped Germany avoid becoming Japan para que comprendan allí los beneficios que les ha proporcionado Europa.

¡gracias, Draghi!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:12

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/10/2019

La reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo de ayer fue la última que presidió Mario Draghi, el hombre que llevó a cabo en 2012 una gran hazaña: salvar al euro. “Supermario” llegó en un momento delicadísimo para la Eurozona, pero cogió el mando con determinación y valentía, y pronunció un puñado de palabras que resultaron mágicas. Sin duda, su “haré lo que sea necesario para salvar al euro y, créanme, será suficiente” pasará a la historia. El efecto que causaron fue sorprendente. El euro estaba inmerso en una insoportable tormenta, con bucles diabólicos entre deuda soberana y banca, y con ellas el mago logró calmarla.

La simple comunicación de sus intenciones restauraron la confianza en el euro, y ésta siguió afianzándose a medida con que con sus acciones se comprobaba que no eran palabras vanas. Persistente en su lucha, constante en su propósito, sin rendirse ante la dificultad y paciente ante la lenta obtención de resultados. Mostrando seguridad y calma, incluso cuando le tiraron confetis a la cara. Con inteligencia para saber elegir cuidadosamente las palabras y el tono con el que pronunciarlas: con él la comunicación se convirtió en uno de los instrumentos más importantes de su política monetaria.

Rebelde, se ha enfrentado en todo momento a quienes no compartían sus órdenes, resistiendo a los halcones, alemanes principalmente, que llevaron -sin éxito- hasta el Tribunal Constitucional alemán sus decisiones. También ha soportado duras acusaciones, como la del ministro alemán, Wolfang Schäuble, de haber provocado el ascenso en su país de la extrema derecha. Y ha sido firme ante la fuerte y constante presión desde la banca. Todos ellos han ido denunciando los efectos colaterales que su política provocaba, como el castigo al ahorrador conservador, la anomalía financiera a la que conducía o las burbujas en los precios de los activos, y han cuestionado la debilidad de los resultados en comparación con el esfuerzo monetario realizado.

Al final de su mandato las críticas se han disparado. La vuelta atrás en el crecimiento y en la inflación europeos le llevaron en septiembre a intensificar sus estímulos monetarios. Y volvió a pedir alto y claro que desde otros ámbitos se actuara. Desde su primera intervención reclamó reformas estructurales nacionales, estímulos por parte de los países con capacidad fiscal y una reforma europea: Unión Bancaria, Unión del Mercado de Capitales y un presupuesto europeo fuerte con el que puedan activarse mecanismos contracíclicos estabilizadores.

Y hasta ayer mismo lo ha seguido reclamando. No ha dejado de marcar el camino que había de recorrerse pero sin poder para exigir que se ejecutara. Él, desde el ámbito monetario, sólo podía comprar tiempo para que pudiera llevarse a cabo. En septiembre, en su discurso de despedida ante el Parlamento Europeo, señaló que no se había hecho prácticamente nada. Los políticos europeos, dentro de sus fronteras, han preferido confiarse al “salvador” y a nivel europeo han seguido siendo “tímidamente europeos”, justo la posición que Emmanuel Macron dijo que había que superar cuando llegó a la presidencia de Francia. Adiós y gracias, Mario Draghi.

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