Archivo de la categoría ‘Opinión’

Mensaje de Navidad del Banco de España

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 21:05

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/12/2018

Muchos estamos habituados a vivir con continuos bombardeos publicitarios para que aplacemos el pago de nuestras compras. Así, al pasar la tarjeta en una gran superficie recibimos inmediatamente en el móvil un mensaje de nuestra entidad financiera que nos ofrece trocear el importe en cómodos pagos. También es habitual que una pantalla nos incite a aceptar el crédito que tenemos preconcedido al sacar dinero del cajero o cuando consultamos nuestra cuenta on line. O en cualquier establecimiento, si el gasto es de cierta importancia, la pregunta siempre es la misma: ¿aplaza el pago? Sin embargo, a otras muchas personas estas ofertas no suelen llegarle porque no cuentan con las garantías necesarias que exigen los bancos o los establecimientos financieros tradicionales. Y como suelen ser las que realmente lo necesitan se ven abocadas a solicitar créditos rápidos a entidades que ni siquiera están supervisadas por el Banco de España.

Los créditos rápidos son “préstamos de importes pequeños que suelen ser concedidos de forma inmediata, a través de internet o por teléfono, sin que prácticamente se requiera documentación a la persona que lo solicita”. Pero todas esas facilidades terminan teniendo un precio bien alto. Resulta lógico que los intereses y comisiones sean mayores por el riesgo que conllevan estos créditos de rápida concesión y menores garantías exigidas. Pero lo que no resulta aceptable es que se eleven de forma desproporcionada. La TAE resultante supera el 4.000% en algunas entidades.

¡Cuidado con los créditos rápidos! es el mensaje de Navidad que nos ha dejado esta semana el Banco de España, a través del Portal del Cliente Bancario. En esta época se disparan las compras y es más posible ceder a la tentación de pedir prestado. Nos advierte de todos los créditos rápidos, pero especialmente advirtiendo de las entidades que escapan a su control. Hace así un llamamiento al consumo responsable, haciendo notar el tremendo error que supone acudir para cubrir caprichitos a este tipo de créditos.

Pero haría bien el Banco de España en acordarse durante todo el año de los que acuden a ellos no para superficialidades, sino por la necesidad de dinero rápido extra hasta el día del cobro de nómina para un apuro por una compra no planificada o para pagar una factura inesperada. El documental de Netflix, dentro de la serie Dirty Money, sensibiliza de forma extraordinaria con estas situaciones en las que este tipo de préstamos es la única solución para muchas personas, y que en numerosas ocasiones quedan atrapadas y tienen que renovar y renovar, volviéndose insoportable.

El Tribunal Supremo recientemente ha puesto límite a los intereses de estos créditos, concluyendo que aquellos que dupliquen el interés medio del mercado deben considerarse usurarios y, por tanto, nulos. Aún está en vigor la Ley de Represión de la Usura de 1908. Pero a pesar de esto, siguen ejerciendo su actividad empresas que aplican no el doble sino 500 veces más. Esperemos que el Banco de España lance otro mensaje de Navidad, al Gobierno estatal y autonómicos: que no permitan que estas entidades desarrollen su actividad con semejantes condiciones.

Se terminó

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 21:02

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/12/2018

Ayer, tras la última reunión del año del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi confirmó que el programa de compras de activos se daba por terminado. Tal y como estaba previsto, las compras netas cesarán este diciembre. El saldo final es espectacular: desde marzo de 2015 el BCE ha comprado bonos por más de 2,6 billones de euros, de los que el 80% han sido bonos soberanos. De España, en concreto, 259.000 millones, más del 22% de toda nuestra deuda pública. Y llega el final y llega su aprobación, ambas cosas al mismo tiempo. Ha querido el destino que esta misma semana este programa reciba las bendiciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea: Draghi hizo lo correcto.

La finalización llega en un momento complicado: el crecimiento de la zona euro se ha ralentizado. Draghi así lo reconoció y comunicó crecimientos previstos para los tres próximos años, ligeramente a la baja: 1,7 %, 1,7% y 1,5 %. En cuanto la inflación, las estimaciones del BCE son del 1,6%, 1,7% y 1,8%. Tampoco los riesgos que ahora mismo están presentes han sido determinantes para que retrocediera en la decisión, aunque la guerra comercial/tecnológica entre EEUU y China, ese Brexit que no termina de aclarase, las crisis de algunos países emergentes, la complicada situación de una Italia estancada o la conflictividad de Francia supongan un entorno más desafiante para la zona euro.

Pero volverse para atrás hubiera sido incluso contraproducente. En economía las expectativas lo son todo. Además, sigue disponiendo de un arsenal enorme. El balance no va a incrementarse, pero sí va a mantenerse, reinvirtiendo el importe de los bonos que venzan todo el tiempo que sea necesario, incluso hasta después de la subida de tipos. Ayer no aclaró más la política de reinversión, pero previsiblemente será en deuda pública, cambiando bonos de vencimiento a corto plazo por otros a medio y largo plazo, para conseguir reducir los tipos de largo plazo. O incluso vendiéndolos antes de vencimiento para conseguir mayores plazos, como ya hizo la Reserva Federal -operación Twist- en 2011. También tiene en su poder administrar el calendario de subidas de los tipos oficiales y manejar la disponibilidad de préstamos a largo plazo para los bancos de la zona euro.

Por tanto, nuestras economías van a seguir estimuladas por mucho tiempo. Y esas medidas de política monetaria tan agresivas han supuesto, y seguirán suponiendo, una ayuda a los estados de la zona euro por la puerta falsa. De ahí la denuncia que interpusieron en su día un grupo de alemanes: los estatutos del BCE le prohíben que apoye directamente a los gobiernos comprándoles deuda pública. Ahora, los jueces de la UE le han dado legitimidad a este programa: no ha sido una ayuda directa -las compras no se han producido en el mercado primario- y además esas medidas eran fundamentales para que el BCE cumpliera su mandato. La apelación constante de Draghi a los estados para que sean rigurosos con la disciplina fiscal, lleven a cabo las necesarias reformas estructurales, constituyan colchones fiscales o completen la Unión Bancaria es su forma de intentar evitar que la Historia le dé en un futuro la razón moral a los demandantes.

El CO2 no entiende de fronteras

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 20:59

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/12/2018

Los incendios forestales. Las erupciones volcánicas. Un sinfín de seres vivos respirando. La generación de electricidad. Las industrias, especialmente las de cemento, el acero o el amoniaco. Los medios de transporte. Todos expulsando C02 y otros gases de efecto invernadero. Muchas de esas fuentes de emisión son inevitables; a otras, la voluntad humana puede modularlas. Las emisiones de estos gases, después de permanecer constantes -por la crisis- durante el periodo 2012-2016, han vuelto a recuperar su ritmo de crecimiento. La atmósfera es común, las emisiones no entienden de fronteras, conseguir que el planeta no siga calentándose es necesariamente tarea de todos. El compromiso existe: 159 países firmaron el Acuerdo de París en 2015. Pero no basta con las palabras. En esta semana se celebra la cumbre anual del cambio climático en Katowice, Polonia, para definir cómo llevarlo a la práctica. No será nada fácil. Colaborar en este reto global conlleva asumir costes nacionales propios.

Y el contexto actual no ayuda. Vivimos momentos de repliegue de los países hacia los intereses de dentro de su territorio. El America First de Donald Trump se reproduce, con mayor o menor radicalidad, en los demás países que también miran por sus intereses primero.

EEUU, responsable del 15% de las emisiones totales, se retiró del Acuerdo de París. Jair Bolsonaro, el presidente brasileño, insinuó durante su campaña que también se retiraría. En Australia acaba de ser rechazado el plan de reducción de emisiones. Partidos populistas de todo el mundo enfocan sus esfuerzos en los derechos de su gente, y el cambio climático o es despreciado o mandado a un segundo plano. Y que algunos países se retiren o no se impliquen con fuerza desanima al resto.

Además, no todos están en la misma posición para contribuir. Colectivos concretos se niegan a ser ellos los que soporten los costes y condicionan la actuación de sus países. Hemos tenido esta semana un buen ejemplo: las protestas de los chalecos amarillos convirtieron el centro de París en un campo de batalla. Se niegan a una nueva subida de las tasas a los carburantes: ¿los que no llegan a final de mes son los que tienen que frenar el cambio climático? El mismo planteamiento se hacen los países pobres o los que arrastran una situación histórica. Como Polonia, la anfitriona de la Cumbre, muy dependiente del carbón, que se pregunta qué hacer con los 112.500 trabajadores de ese sector si tienen que eliminarlo.

La transición debea ser justa. Este es uno de los temas claves de la Cumbre que se está desarrollando en Polonia. Otro es poner sobre la mesa la necesidad de que todos los países comprometidos sean aún más ambiciosos. Los modelos atmosféricos predicen aún mayores temperaturas en las próximas años. Los objetivos fijados se han vuelto cortos. Hace falta dinero para poner en marcha todas las medidas que ya se sabe que paliarían las emisiones y para apoyar la innovación y el desarrollo tecnológico con las que descubrir otras. La generosidad se hace indispensable. Sólo se conseguirá si la lucha contra el cambio climático trasciende las fronteras y se convierte en la religión de cada uno de nosotros.

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‘In Gold we trust’

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 20:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/11/2018

En la historia del dinero, 1971 es un momento crucial. Fue el año en que se acabó definitivamente con el patrón oro y a partir del cual se comenzó a operar con un sistema monetario basado exclusivamente en el factor confianza. Así, el billete de dólar -la divisa internacional- pasó de ser un documento al portador canjeable por oro o plata en el banco central a convertirse en un trozo de papel con la frase impresa In God we trust (En Dios confiamos). Pero es posible que tras décadas de abuso de este sistema, que carece de límites, esa confianza esté bien resentida. Algo así es lo que concluye el informe In Gold we trust (En el Oro confiamos). Los autores reflexionan sobre el oro en el contexto de la coyuntura macroeconómica mundial y determinan que las circunstancias actuales están exigiendo una vuelta al pasado, un retorno al oro.

Señalan tres acontecimientos, que ellos denominan mareas, que van a conmocionar de forma profunda al sistema monetario mundial. El primero es el cambio de política monetaria: de flexibilización cuantitativa (QE) a ajuste cuantitativo (QT). Los 5 grandes bancos centrales han aumentado sus balances en más de 14 billones de dólares en estos últimos años. Y dejar de vivir encharcados en liquidez no va a ser nada fácil. Este proceso de retirada -comenzado ya por la Fed y que el BCE apenas ha iniciado- va a enfrentar a los mercados -con los precios de los activos financieros sobrevalorados- a una verdadera prueba.

La segunda marea es un cambio de rumbo en el sistema monetario global, lejos del dólar estadounidense. La disminución lenta del dólar estadounidense como la reserva global dominante se desarrolla junto con un renacimiento del oro como reserva de divisas. De hecho, los bancos centrales de los países emergentes están desde el inicio de la crisis incrementando fuertemente sus reservas de oro. En concreto, en estos últimos diez años, los de China, Rusia, Turquía e India han pasado de poseer 1.524 toneladas de oro ( 5,1% del total oficial de las reservas de oro) a mantener 4.804 toneladas (el 14,3% del total) en sus balances.

La tercera hace referencia al vertiginoso cambio tecnológico que se está produciendo y que está afectando profundamente al mundo financiero. Hay multitud de innovaciones en numerosísimos campos, pero especialmente el impacto en el mundo monetario vendrá como consecuencia de la tecnología blockchain. Las criptomonedas, sean de una naturaleza u otra, están aquí para quedarse, y si van ligadas al oro se conjugarán las fortalezas de ambos.

Los autores se atreven incluso a vaticinar el paso de un mundo unipolar a otro multipolar, con un nuevo orden monetario global que se negociará entre los países en función de su oro. Dicen que sólo hay que esperar para que la demanda de oro como un refugio seguro tradicional regrese a que las consecuencias del reciente cambio de rumbo en la política monetaria se vuelvan obvias y a que la amenaza de recesión se avecine en el horizonte. Nosotros podemos darle o no credibilidad a sus conclusiones, pero los cambios que ellos refieren los estamos viendo todos. Además, el riesgo de no poseer oro es mucho mayor que el de poseerlo: In Gold I trust!

Atreverse con el MARF

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 13:01

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/11/2018

La reciente crisis puso de manifiesto el alto grado de bancarización de nuestra economía, y la vulnerabilidad que supone para las empresas esta dependencia. Para superarla, en 2013, Bolsas y Mercados Españoles (BME) puso en marcha el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF). Este mercado se diseñó, en línea con los de otros países europeos, con las características adecuadas para que empresas de menor tamaño, con pocos años de actividad o que tuvieran una naturaleza innovadora pudieran captar financiación ajena mediante la emisión de pagarés y bonos. El número de sociedades admitidas a negociación ha crecido de forma continua y actualmente son 47. Sin embargo, a pesar del crecimiento que ha experimentado este mercado, el volumen de financiación canalizado es todavía muy reducido. Son muchas las empresas españolas que cumplen los requisitos y podrían también atreverse.

Esta iniciativa se enmarca dentro del proceso de desintermediación financiera que se viene produciendo en nuestro país en estos últimos años, impulsado en parte por determinados cambios normativos y fiscales que se han llevado a cabo. Según datos del Banco de España , “en el periodo 2009-2017 las empresas no financieras han captado financiación por un valor medio anual de 50.000 millones a través de los mercados de valores, frente a un descenso en media anual de 34.000 millones vía préstamos bancarios”. Y especialmente destaca cómo los valores de renta fija en relación con el total de los pasivos exigibles con coste se ha duplicado, pasando del 7% en 2007 al 14% en 2017.

Pero el grueso de esa financiación se debe a las emisiones de grandes empresas. El reto ahora es que se animen a emitir también muchas más de las que tienen un tamaño algo más pequeño. Para ello, los requisitos de acceso al MARF son más flexibles, permiten una mayor agilidad y la tramitación de las emisiones supone un menor coste. Entre las empresas emisoras están Copasa, Pikolín, El Corte Inglés o Barceló. También han entrado otras de mayor tamaño, como Sacyr o Masmóvil. En Andalucía, sólo una empresa, Inmobiliaria del Sur, se ha lanzado a esta forma de financiación, emitiendo un programa de pagarés para financiarse a corto plazo. Se estima que el MARF habrá admitido a cotización en todo 2018 unos 5.000 millones de euros, con emisiones de un volumen medio de 50 millones.

Las ventajas que puede aportarle a una empresa financiarse en el MARF va más allá de diversificar las fuentes de financiación y de ganar independencia frente a la banca. Cotizando en el mercado se gana visibilidad internacional y confianza. Además, cumplir con las exigencias en el momento de la salida y con las obligaciones de información al mercado de carácter periódico suele conducir a una mejora de la gestión interna y a una mayor calidad del gobierno corporativo. Pero queda mucho por hacer hasta que los empresarios se familiaricen con esta forma de financiación. Y en este sentido, es muy interesante la plataforma El Entorno Premercado, creada por BME y Big Ban Angels dentro de la Bolsa de Valencia para formar financieramente a las empresas, ayudarlas a superar las barreras de entrada y preparar su salida a los mercados.

Riesgo soberano

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 12:59

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/11/2018

Tiene el mismo riesgo un bono del Estado alemán que uno emitido por el Estado italiano? No, no todos los estados son igual de confiables. De hecho, las notas que les otorgan las agencias de calificación marcan las disparidades. Así, la puntuación otorgada por Moody´s a los bonos de Italia es Baa3, a un escalón del bono basura; a los españoles, Baa1; o Aaa, la propia de un país completamente solvente, a los bonos alemanes. También sus primas de riesgo deberían reflejar las diferencias, pero las compras masivas del BCE las tienen a todas completamente distorsionadas y mejoradas. Pues bien, pese a no ser iguales, todos los bonos soberanos europeos son tratados como si fueran alemanes: de nulo riesgo. Y, por tanto, sin que les supongan a los bancos europeos consumo de capital alguno por tenerlos en sus balances.

La regulación de estos aspectos le corresponde al Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, el foro internacional de supervisión bancaria. Es ahí donde se determinan las reglas mundiales del juego bancario. Basilea establece que los bancos tienen que valorar el riesgo que asumen con los bonos soberanos que poseen y respaldarlo con cierto nivel de capital. Pero la norma admite cierta flexibilidad, y fue utilizada por la Comisión Europea para permitir que los bancos de la eurozona consideren como carentes de riesgo los bonos europeos soberanos.

La mayor parte de los bonos que poseen los bancos europeos es de su propio Estado. Los españoles, por ejemplo, tienen unos 200.000 millones de euros de deuda pública española en sus balances; o los italianos, más de 143.000 millones de la suya propia. Y, aunque menor, también tienen exposiciones cruzadas: los bancos españoles tienen 27.000 millones de deuda italiana. Estrictamente, toda la deuda que no sea triple A tendría que computar como riesgo a efectos del cálculo de la solvencia bancaria.

Esta situación lleva años discutiéndose. Alemania no deja de reclamar que el trato regulatorio preferente asignado a la deuda soberana debería revisarse: los bonos estatales deben estar respaldados con una cantidad de capital adecuada al riesgo y hay que poner coto a la financiación que los Tesoros obtienen de los bancos. Pero pasa el tiempo y las cosas siguen exactamente iguales. Ni le interesa cambiar a los estados, porque supone un incentivo para que los bancos les compren su deuda, ni a los bancos, ya que muchos se verían en serias dificultades.

Estado y banca mantienen una relación tan intensa que ya no se sabe dónde empieza uno y termina la otra. Él ha desarrollado en el tiempo una dependencia excesiva, sólo consigue crecer si ella se anima a expandir deuda entre empresas y particulares. Él quiere someterla a base de regulación, pero ella siempre intenta escaparse. Ella, por su parte, necesita que él sea fuerte, que la respalde, que garantice a sus depositantes: la disciplina fiscal se hace necesaria. Y ahí está el bono soberano, como barómetro de esta relación conflictiva y complicada. Aunque esté maquillado para las cuentas de la banca, el riesgo existe: y cuando se eleva, como nos pasó o le sucede ahora a Italia, la toxicidad de la relación Estado-banca puede volverse insoportable.

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La financiación empresarial del futuro

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 12:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/11/2018

Los retos a los que se enfrenta el sector bancario español, que son compartidos en gran medida por otros sistemas bancarios de la eurozona, son objeto frecuente de análisis en nuestros días. Menos usual, sin embargo, es la reflexión sobre la forma en que esta reconversión en la que está inmersa la banca, y que la hará ser distinta en el futuro, va a repercutir en la financiación de las empresas. Y al contrario, cómo el cambio que las empresas están a su vez experimentando hará que la banca modifique su modelo de negocio.

Uno de los retos que suele señalarse como clave para el sector bancario es el de incrementar su fortaleza. Todavía le queda mucho por hacer en cuanto a la reducción de activos deteriorados por la crisis y tienen que continuar adaptándose a los cambios regulatorios pendientes. En este sentido, hay que ser conscientes de que esta conveniente presión regulatoria hará que las entidades sean más sólidas,’ pero es más que posible que esto se traduzca en un mayor coste de financiación para la empresas.

Las nuevas tecnologías también está transformando la financiación empresarial, al facilitar la llegada de nuevos, numerosos y diferentes competidores financieros: desde pequeñas empresas fintech hasta las grandes tecnológicas que se están introduciendo en el mundo financiero. Asimismo, plataformas de crowdlending o esquemas basados en las redes sociales, que ofrecen factoringconfirming o hipotecas. Y fondos que invierten en préstamos corporativos de distinta naturaleza. Así, a las empresas del futuro se les está abriendo un panorama muy positivo, con gran diversificación de las fuentes a las que acudir, pero que exigirá de ellas una mejor formación financiera.

A la banca, por el contrario, esta intensa competencia le obliga a transformarse en una banca con menores costes, más eficiente y mucho más cercana si no quiere perder la vinculación con sus empresas clientes. Un enorme reto, porque además parte de unos niveles de rentabilidad muy debilitados por el impacto de la crisis y por la reestructuración acometida -oficinas y trabajadores- para adaptarse a un menor volumen de negocio.

La tendencia creciente hacia la desintermediación viene a intensificar el efecto anterior. Cada vez en mayor medida la gran empresa está financiándose en los mercados. Y también se están poniendo las condiciones -el Mercado Alternativo de Renta Fija- para que se animen las que no son tan grandes. Ante esto, la banca tendrá que reorientar su modelo de negocio, convirtiéndose en una banca de servicios para las empresas, estableciendo una relación directa y especializada con ellas, que permita que los ingresos por comisiones palien los menores de la concesión de crédito.

Por último, la empresa del futuro será diferente porque tendrá un mayor peso de la inversión en activos intangibles. Los intangibles no son colaterales claros debido a su carácter específico, a las asimetrías de información en su valoración en uso y a su bajo valor de liquidación. A la banca se le plantea otro gran reto: tan dependiente hasta ahora de las garantías físicas, no tendrá más remedio que adaptar sus sistemas de valoración y de supervisión de riesgos.

Banca y cambio climático

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/11/2018

Este martes, Sabine Lautenschläger, miembro del BCE, pronunció en Nassau un excelente discurso, Diez años después de la crisis financiera: riesgos, normas y supervisión, en el que se preguntó si el sector bancario se ha convertido en un lugar más seguro. Aunque su respuesta es afirmativa, advierte de que este negocio evoluciona constantemente. Lo que es seguro hoy podría no serlo mañana. Repasa muchos riesgos que ya tiene encima la banca, como el Brexit, el cambio de política monetaria, las tensiones comerciales, los activos improductivos, la revolución tecnológica o la banca en la sombra. Pero también se detiene especialmente en unos riesgos que pueden convertirse en problemas del futuro: los relacionados con el cambio climático.

Cita los riesgos físicos, como tormentas, inundaciones, sequías, olas de calor o el aumento del nivel del mar. Estos fenómenos, que están siendo más frecuentes y más severos, en la medida que no estén convenientemente asegurados, tienen efectos muy directos sobre el riesgo crediticio de los bancos, entre otras cosas, a causa de las garantías dañadas.

También se refiere a todo el negocio que se está desarrollando en torno a la financiación verde. En este sentido, ya tuvimos ocasión de contar aquí hace unos meses el aumento espectacular que están teniendo los bonos verdes, cuyo volumen ha pasado de los 2.600 millones de dólares en 2013 a los 150.000 millones de dólares en 2017.

Lautenschläger señala que la innovación financiera puede ser muy positiva, pero advierte de la importancia de controlar las finanzas verdes tal como lo haríamos con cualquier otro tipo de innovación financiera. Sin embargo, como también recogimos aquí en otra tribuna, ya hay ejemplos de querer caminar hacia una economía más sostenible a costa de alterar la estabilidad financiera. El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, propuso que se estudiara la posibilidad de reducir los requisitos de capital para los préstamos verdes bancarios.

Por otra parte, también menciona cómo las políticas relacionadas con la transición a una economía baja en carbono puede tener consecuencias de gran alcance para muchos clientes de los bancos, como los fabricantes de automóviles o los proveedores de energía. O por lo que pudieran impactar en los precios de los commodities y la energía, que afectarían a su vez al riesgo de mercado bancario.

Resulta gratificante esta intención de “obligar a los bancos a prepararse para la tormenta cuando el sol está brillando”. Pero de nada sirve que los supervisores detecten las nubes que se acercan sin que los políticos esté alineados con ellos. Y es para echarse a temblar al escuchar lo que Lautenschläger nos dice: se repite la Historia; en tiempos de crisis todos están de acuerdo en fijar reglas estrictas. Pero tan pronto como las cosas comienzan a mejorar, las reglas se ven repentinamente como un impedimento para que los bancos hagan buenos negocios y la economía crezca. También es descorazonador oírla reconocer la lucha titánica que mantienen para evitar el arbitraje regulatorio, citando casos en los que se demuestra lo bien que saben los bancos maniobrar para sortear las reglas.

Ay, Italia

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/10/2018

El otro día se vivió en el Parlamento europeo una escena bochornosa. El eurodiputado de la ultraderechista Liga del Norte, Angelo Ciocca, cogió los papeles que acababa de leer el comisario europeo, Pierre Moscovici, los puso sobre la mesa y con uno de sus zapatos en la mano los pisoteó, dejando grabar su actuación en un vídeo. Su enfado provenía de que la Comisión europea había rechazado los presupuestos que habían presentado para 2019. Los que, según ellos, van a mejorar la vida de los italianos: “Italia merece respeto y estos euroimbéciles lo tienen que entender”. Están cerrados en banda. Al día siguiente, el ministro del Interior, Matteo Salvini, lo dijo claro: “Aunque la Comisión mande doce cartas, el Gobierno italiano no cambiará sus presupuestos”.

“Nosotros proponemos una receta distinta porque apostamos por el crecimiento de Italia”. Y ese crecimiento lo piensan conseguir a base de aumentar el gasto público; tanto como para que las cuentas arrojen un déficit del 2,4% del PIB en 2019. Pero con un PIB creciendo al 1,5%, como pretenden alcanzar, les sería posible revertir el crecimiento del ratio de deuda pública sobre el PIB. Así, lo sitúan el año que viene en el 130% del PIB, algo menor que el valor actual del ratio.

Pero la Comisión no confía en estas cuentas. Considera que los gastos se cumplirán seguro, pero que no son ciertos los ingresos. No otorga credibilidad al ritmo de crecimiento que ellos dicen; lo rebajan al 0,9%. Y si los ingresos no alcanzan los niveles presupuestados, el déficit en el que incurrirán será incluso mayor del 2,4%, siendo éste además el triple de lo inicialmente acordado. La desviación es de casi 25.000 millones de euros. La deuda pública se desmandaría, según los cálculos europeos.

Ese nivel de déficit lo han presentado en muchas ocasiones otros países de la Eurozona, pero el elevado nivel de deuda pone a Italia, y a toda Europa, en una situación muy delicada. El problema de sus presupuestos son los intereses de la deuda, que alcanzan los 65.000 millones de euros. Y pueden elevarse: su prima de riesgo supera los 300 puntos básicos. ¡Esto se debe a una conspiración contra los bonos italianos!, diría Salvini. El mes pasado manifestaba al periódico Deustsche Welle que si la prima de riesgo italiana se ha duplicado desde que ellos llegaron al poder es porque los Lords of the spread están conspirando contra los populistas de Italia.

Que se deje de cuentos. Muy al contrario, si ha habido una conspiración ha sido a su favor por el Banco Central Europeo (BCE), que lleva años cuidando de todas de las primas de riesgo europeas, porque lo necesitaban algunos países, especialmente Italia. Ayer, el Consejo de Gobierno del BCE mantuvo la ruta prefijada: las compras de deuda cesarán en diciembre. Eso no supone acabar con la política monetaria, Draghi reiteró que seguirá siendo muy acomodaticia gracias a la reinversión de vencimientos. Será poco para los populistas italianos, que reclamarán que prosigan las compras o que el BCE les perdone la deuda. Así que, cualquier día, en algunas de esas reuniones, algún miembro del Gobierno de Italia quizá zapateará también los papeles con las decisiones de política monetaria.

 

Teatro financiero

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:28

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/1o/2018

Una de las propuestas contenidas en el acuerdo de Presupuestos Generales del Estado de 2019, pactado entre el Gobierno y Unidos Podemos, es la de gravar determinadas transacciones financieras. Se podría esperar de esta coalición que liderara iniciativas, aquí y en Europa, para reformar en profundidad el sistema financiero, que está tan lleno de privilegios. Pero no, lo que proponen es aplicarle un Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), con la que sólo se conseguirá recaudar una cantidad, que no será muy alta por las características del impuesto y que, además, terminará pagando el inversor medio. Por su parte, el mundo financiero protesta, pero en el fondo tiene que estar encantado con lo que podía haber sido y, sin embargo, en lo que ha quedado este impuesto.

Este impuesto, y más duro, ya se trató de poner en marcha desde Europa en 2011. Desde entonces, una serie de países, como el Reino Unido, se opusieron a seguir para adelante; otros decidieron continuar unidos con el proyecto. Pero finalmente cada uno ha dispuesto a su antojo, y en todos los casos de manera mucho más débil que la versión original propuesta. Y, dicho sea de paso, no debe estar muy orgullosa la Comisión Europea con esta fragmentación, cuando no deja de afirmar lo mucho que se está trabajando para alcanzar una Unión de Mercados de Capitales auténtica.

El ITF español, en línea con los otros países europeos, afectará exclusivamente a lo más básico: las compras de acciones. Y no a todas. Sólo a las acciones de empresas cotizadas y que tengan una capitalización bursátil superior a 1.000 millones de euros. En total, unas 65 empresas, incluyendo todas las del Íbex 35. Queda fuera del impuesto, por tanto, la renta fija pública y privada. Tampoco alcanza a las operaciones con derivados, y seguramente estarán exentas las operaciones intradiarias: todas las más profesionales y especulativas, y por las que se podría recaudar más dinero.

Tomando como referencia lo que sucede en Francia, y contando con la estructura de nuestro mercado y con las características específicas con las que se ha diseñado el impuesto español, con un tipo del 0,2%, se estima que la recaudación no superará los 700 millones de euros. Eso en el mejor de los casos, porque puede provocar la disminución de la negociación, perjudicando así la profundidad y liquidez del mercado. O que, con la libertad que tienen los capitales para circular por este mundo tan globalizado, empresas e inversores emigren hacia otras plazas financieras.

Así, este impuesto es puro teatro. El Gobierno y Unidos Podemos lo utilizan de escaparate electoral, como si fuera un freno a la especulación financiera, como una batalla ganada a las perversas instituciones financieras, cuando no viene a mejorar en absoluto la esencia del sistema financiero. También ocultan a la población que la recaudación terminará saliendo de sus bolsillos, directamente o a costa de la rentabilidad de sus fondos de inversión o planes de pensiones. Por su parte, las instituciones financieras se quejan como si les fuera a dañar gravemente, sabiendo que tienen bien controlada la situación en Europa y en todos los países que han implantado el impuesto.

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