Archivo de la categoría ‘Opinión’

Garántia, para volcarse con pymes y autónomos

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/5/2019

La función de una Sociedad de Garantía Recíproca es facilitar el acceso a la financiación a pymes y autónomos y mejorar sus condiciones de plazo y de tipo de interés. La de Andalucía, Garántia SGR, ha experimentado un fuerte crecimiento este último año. Su Riego Vivo asciende ya a 393 millones de euros, con 7.789 operaciones activas. En 2008 formalizó 1.812 nuevas operaciones -un 32% más- por valor de 115 millones de euros. Con 16.000 socios se ha convertido en la tercera SGR en el ranking nacional, sólo por detrás de Elkargi e Iberaval, las del País Vasco y Castilla y León, respectivamente. Garántia quiere seguir creciendo y convertirse, como hacen esas dos SGR líderes, en un brazo instrumental de la Junta de Andalucía para la dinamización de la economía y la creación de empleo. Diferentes vías de colaboración pueden plantearse.

Incrementar el número de pymes y autónomos, y su calidad, es fundamental en toda España, pero más aún en Andalucía. Según el I Informe de Financiación a Pymes y Autónomos en Andalucía, publicado por Garántia la semana pasada, y el realizado en abril por la patronal Cesgar a nivel nacional, la densidad empresarial aquí es menor de la que corresponde en función del PIB y población (545.369 pymes y autónomos, el 15,17% del total español), tienen menor tamaño (el 95,7% tienen menos de 10 empleados, frente al 95,3% nacional) y se concentran más en el sector servicios (77,9% y 75,5%). Además, la base de pymes exportadoras también es menor (6,5% y 8,8%) e innovan menos (el 10% y 16,8%).

La financiación es uno de los aspectos importantes a cuidar si se quiere alcanzar ese objetivo. El Informe refleja que en 2018 el 32,9% de pymes y autónomos andaluces han requerido financiación, y lo positivo es que el 89% de ellas ha podido obtenerla. Ahora la banca está muy proclive a prestar y además nuevas alternativas de financiación están disponibles. Aun así, las SGR siguen teniendo un papel que jugar para mejorar las condiciones de financiación y en aquellas operaciones que, siendo viables, por falta de garantías o por su finalidad no acceden al crédito. Garántia -sin ánimo de lucro, con solvencia del 14,5% (el mínimo es del 8%) y supervisada por el Banco de España- cuenta con el reaval público estatal de Cersa, pero su potencial se amplificaría con el apoyo paralelo de su socio mayoritario, la Junta de Andalucía, al igual que se hace en otras comunidades.

La Junta podría aportar recursos al Fondo de Provisiones Técnicas o establecer un reaval para respaldar operaciones que impulsen el sector industrial o las de carácter innovador, exportador o de emprendimiento. O vincular la subvención del coste del aval a la creación de empleo. Los importes de las operaciones podrían proceder de la banca, de fintech o de fondos privados. O directamente de los fondos europeos, como apuntaron el presidente y el director de Garántia el día de la presentación del Informe, y ya se hace en Iberaval, por ejemplo. Son muchas las posibilidades y habría que analizarlas con el máximo cuidado para elegir aquellas que distorsionen menos al mercado y contribuyan en mayor medida a potenciar la economía y a crear empleo.

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Guerra EEUU-China, ¿y Europa?

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/5/2019

¿Está Donald Trump loco? En la última semana ha vuelto a calentar la guerra con China. ¿Está equivocado con su visión de que cómo no actúe así el futuro pasa por un mundo teñido de rojo? Cuesta trabajo pensar que el presidente con mayor poder del mundo no esté rodeado de los mejores asesores para evaluar la amenaza. Lo que extraña son las formas. Sus numerosos tuits y bravuconadas le dejan en una posición de debilidad respecto a su contrario, que calla y se muestra moderno, negociador, abierto, ¡típico occidental!: ¿sincero o arte? Los americanos disparan una nueva bala -más aranceles- junto con un tuit de Trump advirtiendo que no tomen represalias, y los chinos, desoyendo el comentario, también los suben. Y con seguridad, como en lo comercial no llevan las de ganar, andarán urdiendo en el más puro silencio otras muchas balas que lanzar en otros campos.

China lleva vendiendo bonos americanos desde septiembre. Sólo en marzo, por valor de 20.500 millones de dólares. EEUU está en guerra con su acreedor extranjero más importante: China mantiene 1,12 billones de deuda pública americana. Muchos analistas afirman que no puede esperarse que siga vendiendo masivamente, porque sería la primera en verse afectada por las pérdidas que experimentaría en su cartera. Pero, ¿quien dice que China no esté dispuesta a asumirlas como costes de guerra? Las guerras convencionales siempre han conllevado cuantiosos gastos. Además, la medida también haría sufrir a EEUU, por el mayor coste que tendría para financiar los altos déficits derivados de la bajada de impuestos y el enorme plan de inversiones públicas desarrollados.

El nerviosismo de Trump también obedece a que sabe que EEUU está librando una pelea con un brazo atado. ¿Qué se puede hacer contra un país con un régimen autoritario que no tiene límites a la hora de manejar a sus empresas y a su sistema financiero para alinearlas con sus intereses? Tampoco tendría restricción alguna para manipular a la población, para conseguir, por ejemplo, que dejaran de consumir productos americanos. De hecho, la propaganda ya está funcionando. El 13 de mayo, el presentador del programa de noticias más visto de China dijo: “Si quieres pelear, pelearemos contigo hasta el final”. La escena se hizo viral.

Los aranceles son el comienzo. China no es solamente un fuerte competidor en el terreno económico sino que lo que está en juego es la supremacía tecnológica. Y en esa guerra, ¿cómo queda Europa? El Banco de España publicó esta semana un análisis -anterior a los últimos movimientos- en el que se concluye que el impacto negativo en la economía europea es aún moderado, aunque también se expone el gran temor -por ahora disipado- a que EEUU imponga aranceles a Europa en el sector del automóvil. Y reconoce que perjudica las expectativas -tan importantes para la economía- de la población y el empresariado. Mike Pompeo, secretario de los EEUU, visitó Londres la semana pasada con un mensaje: “Permitan que Huawei construya las redes de comunicación 5G en Gran Bretaña y pueden despedirse de la relación especial con EEUU” (Philip Stephens, Financial Times). Loco o no, Trump exigirá a Europa que se decante.

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Los subvencionados dividendos bancarios

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 10/5/2019

Hubo un tiempo -en la primera mitad del siglo XIX- en que los banqueros respondían ante los acreedores y depositantes no sólo con los activos de sus bancos sino con sus propios patrimonios personales. Hubo un tiempo posterior -hasta bien entrado el siglo XX- en que esta responsabilidad ilimitada se acabó, pero en la que al menos los banqueros seguían comprometiendo recursos suficientes en sus bancos: el ratio de apalancamiento -proporción de capital propio en relación con la deuda con acreedores y depositantes- rondaba del 30% al 50%. Hay un tiempo, el actual, en que ese ratio está por los suelos. El de las entidades españolas se situó el pasado año en el 5,4%, algo superior al 5,3% medio europeo.

La normativa lo permite. Las exigencias de capital son extremadamente laxas, incluso después del endurecimiento de la regulación que se produjo tras la crisis financiera. Concretamente, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea fijó el ratio de apalancamiento mínimo en el 3%. Por entonces, Martin Wolf, en su artículo Basel: the mouse that did not roar (Basilea: el ratón que no rugía) de The Financial Times, hizo una valoración muy acertada: “el requisito de triplicar el mínimo anterior parece duro, pero sólo si uno se da cuenta que triplicar casi nada no es mucho”.

Así, las condiciones en las que trabajan los bancos distan enormemente de lo que dicta la lógica financiera. Lo adecuado sería que los bancos se fortalecieran ampliando capital. O más fácil, vía autofinanciación, dedicando los beneficios generados a incrementarlo. Por el contrario, en estos últimos años se han repartido sustanciosos dividendos. Ahora, los supervisores están poniendo el acento en este tema.

El Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España de 7 de mayo denuncia que el reparto de dividendos que vienen haciendo no permite que crezca el capital lo necesario para que las entidades estén preparadas para afrontar los riesgos. También, la subgobernadora Margarita Delgado en su conferencia del 8 de mayo señaló que “las políticas de retribución al accionista deben adecuarse a la necesidad de generación orgánica de capital de cada entidad”, insistiendo en que ser accionista conlleva depender del resultado obtenido, y que antes está la solvencia del banco. Ambos siguen las recomendaciones que ya hiciera el BCE en enero, con las que instaba a los bancos a ser conservadores a la hora de repartir los beneficios.

Pero, ¿por qué iban a cortarse repartiendo dividendos más allá del cumplimiento estricto de las normas si cuentan con el sector público para completarles su exigua solvencia? Ningún otro sector mantiene esos ratios de apalancamiento: los que les prestan se aseguran que los dueños estén pringados suficientemente. Depositantes y acreedores prestan a los bancos aunque sus accionistas estén tan poco implicados gracias al seguro público de depósitos y a la asistencia del BCE con la que cuentan. Somos los contribuyentes los que posibilitamos que los accionistas bancarios reciban dividendos: ellos ganan, la población soporta el riesgo. Se ha recorrido en la historia un camino perverso con la banca. Habrá un tiempo en el que todo esto reviente.

“Más pobres que sus padres”

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:10

TRIBUNA ECONÓMICA, 3/5/2019

Benoît Coeuré, miembro del Consejo del Banco Central Europeo y candidato a su presidencia cuando Mario Draghi se marche, se dirige a los jóvenes. Lo hace en Italia, en la Universidad Bocconi de Milán. Les habla a los que no han conocido otra moneda que el euro, a los que se les hace extraño, e incluso imposible, manejar los precios en liras italianas, francos o pesetas. Les habla a los que son Más pobres que sus padres (McKinsey Global Institute, 2016) o, peor, a los que tienen en sentido absoluto más riesgo en el futuro de ser pobres. Desde principios del siglo XX, cada generación ha disfrutado de mejores niveles de vida que la anterior, pero con los millennials se está rompiendo esa tendencia.

Aunque Benoît Coeuré no los nombra, Benoît Coeuré, miembro del Consejo del Banco Central Europeo y candidato a su presidencia cuando Mario Draghi se marche, se dirige a los jóvenes. Lo hace en Italia, en la Universidad Bocconi, y no es casual el momento en que pronuncia este discurso: las elecciones al Parlamento europeo están cerca. El próximo 26 de mayo, millones de ciudadanos de la Unión Europea (UE) están llamados a las urnas. En las últimas elecciones europeas, en 2014, en el tramo de edad de entre 18 y 24 años votó sólo un 27%, frente a una participación media del 43,8%. La lamentable situación de los jóvenes les lleva al escepticismo respecto a Europa. Se teme que en está ocasión la desafección sea aún más alta.

A pesar de que se ha remontado mucho desde la crisis, el desempleo juvenil sigue siendo dos veces más alto que la tasa de desempleo total. Además, las nuevas formas de empleo han afectado especialmente a los jóvenes. Desde el 2000, la proporción de jóvenes que trabajaban a tiempo parcial casi se ha duplicado. Y sus contratos son temporales, el doble que los trabajadores mayores. En la zona del euro, más del 50% de las personas de 15 a 24 años tienen contratos temporales, en comparación con menos del 10% en los Estados Unidos.

¿Qué puede hacer Europa por ellos? Coeuré reconoce que es necesario actuar a nivel nacional y de la UE. Señala dos campos de actuación esenciales: por una parte, gastar más en educación y, en cualquier caso, gastar mejor, elevando su calidad. Más matemáticas, más lectura y más educación científica son sus recetas. Por otra, paralelamente hay que maximizar las oportunidades de empleo, persiguiendo, por ejemplo, que Europa se convierta en líder, en lugar de un seguidor, en la cuarta revolución industrial, y esto no se consigue con un gasto en investigación y desarrollo (I + D) en torno al 2% del PIB, estancado en los últimos 20 años.

Según los datos del informe de la Subsecretaría de Empleo a junio de 2018, la situación en España respecto a Europa es aún peor: menos empleo, sobre todo para jóvenes con niveles de estudio bajos, y con condiciones económicas más deterioradas, con una tasa de temporalidad más alta, y en mayor proporción de carácter parcial. Además, los jóvenes están en esos tipos de contratos sin desearlo: las tasas de temporalidad y parcialidad involuntaria duplica a las europeas. Y un dato andaluz: el 22,3% de la población de 16-29 años son ninis: ni estudian ni trabajan. Acabamos de votar para el Parlamento español, hace poco para el de Andalucía, y pronto para el europeo. A ver qué hacen con este drama: nuestros hijos están afrontando el futuro sin esperanza.

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Democracia retirada

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:51

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/4/2019

Freedom in the World es un informe anual que valora, cuantitativa y cualitativamente, los derechos políticos y libertades civiles de numerosos países. La última edición señala una conclusión demoledora: la democracia está en retirada. En 2018 se registró el decimotercer año consecutivo de disminución de la libertad global. La regresión ha afectado a una variedad de naciones en todas las regiones, desde democracias de larga tradición como EEUU hasta regímenes autoritarios consolidados como China y Rusia. “Aunque el retroceso general aún es poco profundo en comparación con las avances logrados a finales del siglo XX, la tendencia es constante y siniestra”.

A nivel global, entre 1988 y 2005 se experimentó una notable mejoría (los países clasificados como No Libres pasaron del 37% al 23% y los Libres crecieron del 36% al 46%), pero desde entonces el proceso ha sido el contrario (los No Libres aumentaron al 26% y los Libres se redujeron al 44%). De los 195 países que cubre el análisis, Siria, Turkmenistán y Corea del Norte se encuentran entre los peores. Los campeones de la libertad son europeos -Noruega, Suecia y Finlandia-, pero han retrocedido Hungría, Austria, Eslovaquia, Serbia y Turquía. Y también Polonia, donde el gobierno ha reformado el sistema judicial afectando a su independencia.

El repaso que realizan es exhaustivo. Casos de manipulación de las elecciones, eliminación de los límites a los mandatos, infinitos ataques a la libertad de expresión y a los periodistas, proliferación de noticias falsas, desarrollo del autoritarismo digital, incumplimiento de las normas internacionales sobre migrantes y refugiados o limpieza étnica. Con todo, lo que más impacta es que naciones que han sido impulsoras de la libertad en el pasado son las que también ahora están experimentando una reversión o se encuentran en amenaza.

Los autores, americanos, hacen autocrítica: “Trump ha atacado instituciones y tradiciones esenciales, como la separación de poderes, una prensa libre, la administración imparcial de la justicia, las salvaguardias contra la corrupción y, lo más preocupante, la legitimidad de las elecciones”. También advierten que los presidentes anteriores contribuyeron: el declive no empezó con Trump, Trump es una consecuencia. EEUU tiene actualmente una puntuación de 86 sobre 100, por detrás de más de 50 países.

España tiene una excelente puntuación, 94 de 100, la misma que Alemania, por encima de Francia, Italia o el Reino Unido. Hemos construido una magnífica democracia y son enormes los logros alcanzados: una historia de éxito. Pero en los últimos tiempos se ha erosionado: la corrupción la ha dañado, la crisis ha hecho estragos y el problema catalán la está sometiendo a una prueba de fuego. Y las pequeñas cosas también cuentan, como los bochornosos debates de esta semana, con los candidatos llamándose mentirosos y utilizando información falsa o manipulada. Las instituciones resisten, sí, pero sólo hasta cierto punto. Si la desconfianza en nuestra democracia se sigue instalando, el peligro de que se abrace a un líder carismático, un salvador y protector, que empiece a revertir nuestra libertad se acrecienta.

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Notre dame y Europa

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/4/2019

Muchos han sido los artículos que se están escribiendo sobre Notre Dame desde que el pasado lunes la invadieran las llamas. Nos hemos enterado con ellos de los detalles del incendio, de su historia, de su importancia cultural o de las donaciones y campañas de crowdfunding iniciadas para sufragar su reconstrucción. Pero también muchos han resaltado el carácter simbólico de este desolador suceso: de que su ruina sea una advertencia del peligro de la ruina de Europa: hay que volver a levantar la catedral al igual que hay que revitalizar nuestro proyecto de convivencia. Lo reclama muy bien Bernard-Henri Lévy en su Oda a Nuestra Señora de Europa: “Espero que el sacrificio de Notre Dame despierte las conciencias dormidas”, que a través de este desastre la gente se dé cuenta de que “Europa es Notre Dame en grande”.

Ahora los dos proyectos quedan encarnados en el presidente francés, Enmanuelle Macron. El mismo lunes por la noche se comprometía con Notre Dame en un emotivo discurso: “Esta noche os lo digo solemnemente: esta catedral será reconstruida por todos nosotros juntos”. Apelaba a la unidad para reconstruirla como ha apelado como nadie estos últimos años a la unidad para reconstruir Europa. El legado europeo es demasiado importante para perderlo y Macron lo dijo claro desde que llegó a la presidencia: “No se puede ser tímidamente europeo”.

Y hace algo más de un mes, ante la proximidad de las elecciones europeas, volvió a hacer un llamamiento para refundar Europa. En su artículo Renacimiento Europeo propone numerosas iniciativas para los tres campos de actuación fundamentales: la libertad, la protección y la recuperación del espíritu del progreso. “No podemos dejar que los nacionalistas sin propuestas exploten la rabia de los pueblos. No podemos ser los sonámbulos de una Europa lánguida. No podemos estancarnos en la rutina y el encantamiento.”

El destino ha querido que el inicio del fuego coincidiera -¡qué casualidad!- con la reunión que tenía Macron con los chalecos amarillos, movimiento que le ha puesto contra las cuerdas y que condensa los dos problemas claves que él ha identificado -desigualdad y cambio climático- para recuperar el espíritu del progreso. El aumento del precio de los carburantes como forma de reducir las emisiones de CO2 motivaron las protestas iniciales de los chalecos amarillos -¿los que no llegan a final de mes son los que tienen que frenar el cambio climático?- aunque luego derivaron a reivindicaciones más amplias relativas sobre todo a la desigualdad social.

La portada de la revista satírica Charlie Hebdo reflejó inmediatamente un paralelismo entre el incendio de la catedral y las medidas que iba a anunciar en ese encuentro que podían incendiar Francia. Aunque el fuego y las revueltas se han desarrollado allí, la necesidad de redefinir nuestro modelo de sociedad -resolviendo éstas y otras muchas cuestiones referentes a la libertad y seguridad- no es exclusiva de ellos. Poner ladrillos físicos es fácil. Para recuperar Notre Dame sólo son necesarios tiempo y dinero. La dificultad estriba en colocar los ladrillos adecuados que permitan seguir construyendo el alma de Europa.

Draghi: ¿qué hago con la banca?

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/4/2019

A ver, Mario Draghi necesita a los bancos. Hoy por hoy son el medio por el que se canaliza la política monetaria. El sistema financiero actual es así: la economía funciona si ellos prestan, aumentando la oferta monetaria y provocando que la economía se expanda. Esto explica la tasa de depósitos -el -0,4%- que actualmente el Banco Central Europeo les cobra. Es la forma de empujarlos a que no dejen su dinero aparcado allí y lo presten a particulares y empresas. El balance del BCE refleja que la liquidez de los bancos supera los 1,8 billones de euros, excediendo enormemente el importe de las reservas mínimas obligatorias, que ascienden a unos 128.000 millones de euros (datos a finales de 2018). Este exceso de liquidez les supone a los bancos de la Eurozona un coste -unos 7.000 millones de euros al año- que daña su rentabilidad.

Pero, mira, que no se quejen. Sus graves problemas de rentabilidad tienen otras muchas causas. Es un sector aún debilitado por la pasada crisis financiera, con más de 730.000 millones de préstamos dudosos en sus balances. Y se enfrenta a una intensa reconversión por su exceso de capacidad: el aumento de la competencia -fintechbigtech, fondos o entidades de pago y financiación- es progresivo e imparable; un trozo del negocio se está trasladando a los mercados financieros y la revolución tecnológica hace que sobre gran parte de su pesada estructura. Lo señaló Mario Draghi bien clarito este miércoles, tras la reunión del Consejo de Gobierno: el sector “está abarrotado”, está sobredimensionado “en oficinas y personas”. Y los ha animado a fusionarse.

Además, que piensen un poco. Esto del coste de la facilidad de depósitos les vendrá mal y los tipos de interés tan bajos no es el mejor de los escenarios para desarrollar su negocio, pero que imaginen por un momento lo que hubiera sido reponerse de sus desmanes pasados y afrontar la revolución tecnológica con una economía deprimida. La recuperación de estos años les ha venido de maravilla y no hubiera sido posible sin las medidas adoptadas de política monetaria. Y que se quejen de apoyo. ¿Es que no se acuerdan de que el sector público les tiene asegurados en última instancia los depósitos porque ellos por sí solos no inspiran confianza suficiente en el público para que les deje sus ahorros? ¿Es que no se acuerdan de los 734.381 millones de euros que les tiene prestados a largo plazo totalmente gratis el BCE? Mejor no seguir enumerando.

Eso sí, las medidas monetarias no afectan por igual a todos los bancos. Los que necesitan financiación la encuentran en el BCE a coste 0. La pide más la banca de Italia (32%) y de España (22%). Y sin embargo, el coste, por ejemplo, del exceso de liquidez para la banca española es de 281 millones y para la alemana de 2.484. Ahora el BCE se está planteando cómo hacerles la vida más fácil, aunque todavía en la reunión de esta semana no se han tomado decisiones. La ayuda podrá venir de elevar esa tasa de depósito, quizá de forma escalonada, y de aplicar tipos negativos a las nuevas rondas de financiación (TLTRO III). Draghi , y volvemos al principio, los necesita a todos, y hará lo que sea necesario, pero ojo, por el bien de la Eurozona.

Los cuatro riesgos para la estabilidad financiera

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/4/2019

En su último informe anual, publicado hace unos días, el Banco Central Europeo identifica cuatro riesgos principales para la estabilidad financiera de la zona euro en los dos próximos años. Que tomemos nota de ellos es el objetivo del BCE. El mensaje, aunque no entra en detalles, es para todos: para la industria financiera, protagonista principal de estos riesgos; para el público -particulares y empresas-, que deben asumir lo que pueden esperar de sus inversiones financieras, y también para los gobernantes, que deberían orientar sus políticas teniéndolos bien presentes.

1 Riesgo de acusadas caídas de los precios de los activos

El peligro actualmente viene derivado de que el precio de los activos financieros a escala global está sobrevalorado y, como vivimos en un mundo con finanzas integradas, las alteraciones que se produzcan en alguno de los mercados pueden contagiarse a otros, intensificándose el problema. La incertidumbre política o el tipo de política económica que se desarrolle, un incremento de las tensiones en las economías emergentes o que gire bruscamente la situación macrofinanciera de EEUU son los posibles detonantes para que esto se desencadene.

2 La sostenibilidad de la deuda

En 2018 volvimos a asistir a turbulencias en los mercados de deuda soberana, en este caso en el de Italia. Su efecto contagio al resto de la Eurozona fue limitado, pero ha servido como un recordatorio de la rapidez con la que determinadas políticas pueden conducir a cambios en la confianza del mercado y activarse el riesgo. El endeudamiento de los estados sigue siendo muy alto e incluso algunos países ya altamente endeudados, como España, han seguido aumentando el volumen de deuda. En cuanto a la deuda privada, a pesar de su notable descenso, se la puede seguir calificando de sobreendeudamiento.

3 La perspectiva de baja rentabilidad de los bancos de la eurozona

La solvencia de los bancos de la Eurozona se mantuvo estable en el último año y se produjo un descenso considerable de los préstamos morosos en sus balances, pero el nivel de rentabilidad de muchos bancos sigue siendo muy inferior al requerido por los inversores. En 2018 la cotización media cayó alrededor de un 30%, y la ratio cotización/valor en libras se situó en un bajísimo 0,6. El BCE resalta la vulnerabilidad del sector ante un posible cambio en el ciclo económico.

4 Riesgo de liquidez en el sector de los fondos de inversión

El sector ha duplicado sus activos en estos diez últimos años y ha seguido una tendencia creciente hacia los fondos de mayor riesgo, pero al mismo tiempo sus colchones de liquidez disminuyeron. ¿Qué puede pasar? Si los inversores quisieran salir de ellos ante bajadas importantes de los precios de los activos, pidiendo el reembolso de sus participaciones, los fondos tendrían que hacer liquidez vendiendo partes relativamente considerables de sus carteras, provocando que los precios caigan aún más, retroalimentándose el problema.

El BCE termina el largo análisis con una frase contundente: “Estos cuatro riesgos están claramente entrelazados y tendrían, si se materializaran, el potencial de reforzarse mutuamente”. Advertidos quedamos.

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De la banca tradicional a un ecosistema financiero

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/3/2019

¿Y tengo que ir a la sucursal? Ésta es la pregunta que hará inmediatamente un joven cuando se le presente la ocasión de tener que abrir una cuenta bancaria. Los nuevos clientes han adoptado masivamente el smartphone en sus vidas. Fuera y dentro de casa: siempre conectados. A través de él se relacionan con las personas y con su entorno. Realizan sus compras, comparando productos y servicios, precios, y conociendo la experiencia que han tenido otros. El mundo financiero no escapa de este nuevo modelo de cliente: también así querrán solucionar cada necesidad que tengan en este campo. No tendrían ningún reparo en pedirle su hipoteca a Facebook o dejar financiada en Amazon la compra que han hecho. La banca ha dejado de ser un sitio al que se va, para convertirse en una serie de operaciones que se hacen.

Llegar al cliente y solucionar su problema financiero es clave. Y en esta nueva forma de hacer se erosionan las ventajas competitivas que tenía la banca tradicional. Las grandes tecnológicas -Google, Apple, Facebook o Amazon- son candidatos idóneos para irrumpir con fuerza y desempeñar un papel relevante. Google ya dispone de licencia bancaria, aunque aún sólo ofrece servicios de pagos y posee diferentes fintech para préstamos y crowdfunding. Apple, además de Apple Pay, ahora ofrece Apple Credit. En breve Facebook, que facilita los pagos entre amigos, se adentrará en más parcelas financieras y Amazon extenderá su plataforma Amazon Payments.

Todas tienen dinero -amasan más de 500.000 millones en efectivo y valores líquidos-. Disponen del “nuevo oro”, los datos, y les sobra talento y dominio de las últimas tecnologías para sacarles rendimiento. Además cuentan con millones y millones de clientes con los que establecen una relación cercana, natural. No tienen que esforzarse: el cliente entra voluntariamente y muchas veces a diario.

Pero no serán solo ellas. Las empresas de telecomunicaciones también quieren su parte del pastel. Ha empezado a funcionar Movistar Money, que ofrece productos financieros, con la colaboración de la LaCaixa. Pronto operará en España Orange Bank. Cientos de fintech están especializadas en segmentos específicos. Y en realidad, cualquier web -la que vende viajes o lo que sea- tiene la oportunidad de “vender” también productos financieros. Si no cuentan con soporte financiero propio, lo tendrán a sus espaldas.

Así, el negocio financiero se está convirtiendo en un ecosistema donde, como en los biológicos, habrá todo tipo de entidades, pequeñas y grandes; cada una con sus objetivos, su función y centrada en un nicho concreto. Y en ese ecosistema la banca tradicional tiene que defender su hueco. En el Manifiesto de banca digital: ¿El fin de los bancos?, el Instituto de Tecnología de Massachusetts ya les advirtió que no les basta con perfeccionar el modelo de negocios actual: “Los bancos están tratando de ser geniales y construir frontales digitales súper geniales … Pero es como ponerle un lápiz de labios a un cerdo; en última instancia sigue siendo un cerdo”. O se espabilan o su función se limitará a ser proveedores de aquellos que se relacionan con los clientes.

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Deutsche-Commerzbank y el panorama de la banca

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:15

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/3/2019

En general tenemos un poco mitificados a los alemanes, tendemos a pensar que lo hacen todo mejor que el resto. Sin embargo, su sistema financiero deja mucho que desear, al menos en rentabilidad. Decía, hace ya unos años, Jaime Caruana, el ex presidente del Banco de España, que los alemanes saben hacer coches, pero que no son eficientes en banca. Actualmente, el problema que tienen es tan severo que dos de los grandes bancos alemanes, Deutsche Bank y Commerzbank, están estudiando la posibilidad de fusionarse. Unidos se convertirían en el tercer banco de Europa, tras el británico HSBC y el francés BNP Paribas. ¿Buena solución o desesperada?

El caso es que los bancos alemanes se comportan mejor en algunas variables que determinan la salud de la banca. De los 730.000 millones de euros en activos problemáticos que todavía mantienen los bancos europeos, sólo el 5,6% son de los alemanes, frente a 23% de los italianos, el 17% de Francia o 13% de España. Su nivel de solvencia se encuentra por encima de la media europea. Tampoco su ratio préstamos respecto a depósitos es preocupante y cumple holgadamente el ratio de liquidez que se introdujo con Basilea III.

Es en rentabilidad donde fracasan. En ratio de eficiencia operativa -que mientras mayor, peor-, la banca alemana es la campeona: de 100 euros que ingresa, 74 se le van para cubrir los gastos de explotación. También Francia o Italia están de pena. De esto, al menos, España se salva: su eficiencia operativa es del 50%. Por otra parte, si se atiende a la rentabilidad sobre los recursos propios (ROE), lo alemanes también son los peores: 2,7%, frente al 5,7% de la Eurozona, ya de por sí bajísimo si lo comparamos con el 12% de la banca americana. La cotización de todos los bancos europeos lo refleja: el valor de mercado respecto a su valor contable (Price to book value) no llega a 0,7; para los alemanes, a 0,3.

La reconversión del sector bancario europeo, por mucho que ya se haya hecho, apenas ha empezado. El italiano, el francés o el alemán están para llorar, y el español aún está lleno de dudas. Siguen con exceso de capacidad y sin asumir la revolución tecnológica. Hay menos negocio que repartir y más competencia externa, y el horror será cuando desembarquen Google, Amazon y las demás grandes tecnológicas. La laxitud monetaria, que por una parte los salva pero por otra los ahoga, proseguirá por largo tiempo (ayer la FED marcó camino) y no ayuda, y aún menos a Alemania. Y si la ralentización del crecimiento se acentúa, las consecuencias para la banca pueden ser desastrosas.

Con este panorama, el Gobierno alemán aplaude la fusión de Deutsche y Commerzbank (15% propiedad estatal), pero los cinco sabios a los que suele recurrir para asesorarse están en contra: unir a dos enfermos no garantiza el nacimiento de una entidad sana. Por otra parte, su competencia nacional -1.200 bancos regionales, también con fusiones- ganan mucho más que ellos, pero lejos de las presiones del mercado no tienen incentivos para abordar el salto tecnológico. Así, Alemania tiene un grave problema con su sistema bancario, pero es un Estado fuerte y no dudará en hacer todo lo necesario para salvarlo.

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