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CBDC: China será la primera

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/8/2019

A principios de julio comentaba en este espacio (El dinero digital soberano, más cerca) que son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital (Central Bank Digital Currency, CBDC), y cómo el anuncio de Facebook de emitir libra, una moneda digital e internacional, iba a acelerar estos procesos. Entonces señalé que dos de los países más adelantados eran Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto; y Suecia, donde el Riksbank ya está sopesando las posibilidades tecnológicas para implementarla. Pero China los va a dejar rezagados.

Forbes, la revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, publicaba este miércoles la noticia: el banco central de China (PBOC) lanzará una criptomoneda respaldada por el Estado el 11 de noviembre, el día de mayores compras, el Singles Day.

Para ponerla en circulación, el PBOC se apoyará en siete instituciones de confianza: los dos bancos más grandes del mundo -el Banco Industrial y Comercial de China y el Banco de China-, el Banco Agrícola de China, dos de las compañías de tecnología financiera más grandes de China -Alibaba y Tencent-, y Union Pay, una asociación de bancos chinos. Estas entidades pagarán al banco central el 100% de la emisión y luego las diseminarán entre los 1.300 millones de ciudadanos chinos, aunque el plan es que también pueda utilizarse fuera del país a través de bancos corresponsales.

Forbes pone la fecha pero el contenido lo había adelantado Mu Changchun, alto directivo del PBOC, en sus declaraciones del 10 de agosto, cuando describió con detalle este sistema dual. No es un blockchain puro porque no necesita esperar a que los grupos de transacciones se establezcan en un bloque, y gracias a esto el sistema diseñado tiene una potencia de 300.000 transacciones por segundo (libra, sólo para 1.000). También, a diferencia del bitcoin, ni es una moneda descentralizada ni utiliza un algoritmo que limite su volumen, sino que el banco central chino la administrará y decidirá su mayor o menor suministro. Será, por tanto, dinero digital seguro, como los billetes y monedas físicas, por su total respaldo soberano, pero con una diferencia: será rastreable, lo que incrementa la capacidad de vigilar a los usuarios.

Los objetivos son múltiples, aunque el fundamental es el que desean todos los bancos centrales: evitar perder la soberanía pública de la moneda y seguir controlando la política monetaria. Pero para China también supone un paso más en su plan a largo plazo de convertirse en la primera potencia mundial. Con esta nueva moneda digital soberana quiere internacionalizar el yuan, plantarle cara al sistema monetario de los EEUU y a que sea al dólar estadounidense la moneda de reserva global. “El plan estratégico de China es integrarse más estrechamente con el resto del mundo”, decía Mu el 10 de agosto. En Occidente, la lentitud que conlleva la democracia y el poder de los lobbys perjudican el cambio. Así, China será la primera en emitir dinero digital soberano. El autoritarismo chino lo facilita, y además allí el Gobierno es el dueño de los bancos.

Exportaciones andaluzas: ¡ánimo valientes!

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:43

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/8/2019

El miércoles se publicaron los datos de exportaciones relativos al primer semestre de 2019. Una frase que resumiría su comportamiento para toda España podría ser la siguiente: nuevo récord, con 147.408 millones de euros. Sin embargo, no daría buena cuenta de la realidad si no se añade un comentario que matiza esa euforia: el crecimiento respecto al mismo periodo del año anterior ha sido del 1,7%, el más bajo en los últimos cinco años, y por debajo del 2,6% que crecieron como media en Europa. Para Andalucía, la situación es peor, porque no es que crezcan poco, es que decrecen. En nuestra región se exportaron productos por valor de 17.116 millones de euros, lo que supone un descenso del 0,6% respecto de enero a junio de 2018.

Los principales sectores exportadores que siguen tenido un buen comportamiento en Andalucía son el agroalimentario -pese a la disminución de las exportaciones de aceite de oliva-, el aeronáutico y los combustibles y aceites minerales. Por el contrario, los descensos más acusados son los relacionados con las materias primas, cuyos precios están cayendo en el mercado internacional: minerales, escoria y cenizas, cobre y sus manufacturas, y fundición, hierro y acero. También registró una bajada importante el capítulo de aparatos y materiales eléctricos.

Por destinos, de los tres principales países extracomunitarios, en dos han crecido las exportaciones, EEUU, con una subida del 13,2%, y Marruecos, con un 6% más; y descienden las de China, un 10,9% menos. Por su parte, de los siete países comunitarios más importantes para las ventas andaluzas, suben en tres de ellos: Alemania, con un aumento del 13,8%, Italia y Países Bajos, con un 12,7% y un 12%, respetivamente. Sin embargo, descienden en Francia (-4,8%), Reino Unido (-15,5%), Portugal (-8,5%) y Bélgica (-12,5%).

En conjunto, las exportaciones andaluzas han roto la excelente trayectoria que habían seguido desde hace tres años. 2018 se cerró con un crecimiento del 4,9% respecto a 2017 y los datos del primer cuatrimestre de este año seguían arrojando un aumento del 2,6% respecto al mismo periodo del año anterior, con un mes de abril histórico. Ha sido en los dos últimos meses cuando ha cambiado esta tendencia y Andalucía ha perdido incluso el segundo lugar en favor de la Comunidad de Madrid en el ranking nacional que lidera Cataluña.

De momento, la causa parece concentrarse principalmente en la bajada de los precios de las materias primas, pero no hay que obviar que en general la ralentización económica mundial irá impactando de forma negativa en nuestras exportaciones. Especialmente preocupante es la recesión económica en Alemania, el país al que más productos exportamos. Recordemos que el sector exterior ha sido el “milagro” que nos ha sacado de la crisis y que ha contribuido enormemente a la convergencia de nuestra comunidad con el resto de regiones españolas. Mérito y proeza de las empresas andaluzas. La Junta de Andalucía tiene que intensificar su papel para animarlas, facilitarles y ayudarlas para que prosigan y se sumen más de ellas a esa dura tarea. Nos resulta vital la diversificación exportadora en productos y destinos.

¿Colapsará la banca?

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/8/2019

¿Hasta dónde pueden caer las cotizaciones bancarias? Seguro que muchos de nosotros nos hemos hecho esta pregunta estos días pasados al verlas caer y caer de forma importante. Y no sólo respecto a la banca española, sino a toda la europea. Las debilidad del sector lleva mucho tiempo mostrándose. Desde el gran batacazo de hace 10 años los bancos han recuperado algo de valor en varias ocasiones, pero sólo temporalmente. Sus cotizaciones ahora están prácticamente en los bajísimos niveles en los que cayeron entonces, incluso muchas en mínimos históricos. Una inversión de 100 euros replicando el índice Euro Stoxx Banks en 2008 se hubiera convertido en este enero en 40 euros. Y durante este año ha ido a peor: el sector está soportando una ola de ventas -un sell-off, en la jerga bursátil- en toda regla.

La baja rentabilidad es la causa y no hay visos de que pueda mejorarse en el futuro. Les perjudica el entorno de tipos de interés bajos que va a proseguir durante un largo periodo de tiempo. Y en septiembre se espera que el Banco Central Europeo baje el tipo de depósito -hasta el -0,50%-, y aunque lo haga de forma escalonada tendrá un impacto negativo sobre sus márgenes. Además, el deterioro de las perspectivas macroeconómicas también afectará al ritmo de crecimiento del crédito. El miércoles la agencia estadística Eurostat confirmó el frenazo de la economía europea y Alemania anunció la contracción de su economía. Italia está estancada y Francia creció un exiguo 0,2%.

El BCE, en el Boletín de Supervisión Bancaria de agosto, aborda este problema: “La rentabilidad está mejorando, pero no lo suficiente”. En 2018 la rentabilidad se elevó, nos dice, pero de forma escasa y sin calidad, porque sólo se debió a que ya no soportan tanta carga de la crisis y porque el entorno macroeconómico fue favorable. Pero en esto ya hay poco espacio para la mejora; a la vista de las perspectivas, al contrario. Los bancos necesitan imperiosamente hacer cambios estructurales que conlleven mejorar la eficiencia, generar ganancias -subir los ingresos y bajar costes- acordes a su nivel de riesgo, y así garantizar su sostenibilidad.

Los supervisores no ocultan su preocupación por la fragilidad de la banca. No es para menos. Todos tenemos reciente los enormes costes que suponen cuando entran en crisis, por el apoyo directo que hay que suministrarles y, más aún, por los efectos devastadores que provocan en la economía y, por tanto, en la sociedad. En el magnífico libro El Traje Nuevo del Banquero, Anat Admati (Universidad de Stanford) y Martin Hellwig (Instituto Max Planck) defienden que habría que obligarlos a tener mucho más capital y a recurrir menos al endeudamiento para que fueran más seguros. Pero a ver cómo incrementan sus ratios de capital con esa baja rentabilidad.

Si ya no son atractivos para los inversores, menos lo serían reteniendo ganancias a costa de disminuir los dividendos. Y es una locura que intenten captar en las condiciones actuales nuevo capital propio. Sin solidez y sin rentabilidad siguen subsistiendo. Y empieza a no ser un escenario descabellado que los estados tengan que hacerse cargo de ellos si las cotizaciones siguen cayendo.

Partes de guerra (del bando azul)

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/8/2019

Jueves, 1 de agosto. El presidente, tras el fracaso de las recientes negociaciones que han tenido lugar en Shanghái, y ante el incumplimiento de China de su compromiso de comprar mayor cantidad de productos agrícolas americanos, anuncia la imposición a partir del 1 de septiembre de nuevos aranceles del 10% sobre importaciones chinas por valor de 300.000 millones de dólares.

(Sumados a los ya aplicados en el pasado, prácticamente la totalidad de las importaciones chinas quedan gravadas).

Lunes, 5 de agosto. El presidente no va a consentir que China manipule su divisa para robar nuestros negocios y nuestras fábricas. El Tesoro ha enviado un documento al Fondo Monetario Internacional por el que se le insta a tomar medidas al respecto. Se informa también que el Ministerio de Comercio chino ha comunicado la prohibición de importar productos agrícolas de EEUU.

(La ira de Trump se desató cuando la cotización del yuan superó la barrera psicológica de siete unidades por cada dólar. Tras los nuevos aranceles China dejó de cuidarlo para mantenerlo estable. Enseña así sus garras. Si el yuan se depreciara hasta un cambio de 7,8, anularía para las exportaciones chinas el efecto perjudicial de los aranceles americanos).

Martes, 6 de agosto. El presidente considera completamente necesario que el armamento monetario se ponga en marcha. La Bolsa americana ha sufrido importantes pérdidas. Exige que la Reserva Federal actúe con mayor contundencia para ayudar desde el frente financiero a ganar esta guerra. La reciente bajada de tipos de 0,25% es escasa frente a los movimientos del resto de bancos centrales.

(El tuit de Trump “¿Estás escuchando, Reserva Federal?” lo dice todo. En la guerra arancelaria tiene las de ganar Trump, pero se encuentra con la guerra de divisas. Desde el Gobierno se pueden realizar determinadas intervenciones monetarias, pero de poco calado. Necesita que la Fed le obedezca).

Miércoles, 7 de agosto. El presidente solicita con insistencia que la Fed determine más bajadas de tipos de interés y más rápidas.

(Nueva presión a la FED en respuesta a la carta publicada el martes de sus cuatro últimos gobernadores -Volcker, Greenspan, Bernanke y Yellen- defendiendo la independencia del banco central. Trump no admite no controlarlo, libra también esa guerra interna. Llega a decir que “el problema de los EEUU no es China, es la Fed”).

Jueves, 8 de agosto. Por seguridad nacional, se prohíbe usar teléfonos Huawei y de otras compañías de origen chino en todas las agencias federales.

(Los partes seguirán, la guerra no cesa. Con las armas que utilizan dañan al contrario y se dañan internamente. La administración americana está gastando grandes sumas para subsidiar a sus perjudicados por la guerra comercial. A China la depreciación puede suponerle importantes salidas de capital. Siguen declarando querer llegar a un acuerdo, pero cada vez las posiciones están más enconadas para encontrar el que ambos consideren “correcto”. Pierden los dos, y pierde el mundo entero. El miedo se acrecienta: turbulencias en las Bolsas y los inversores se refugian en los bonos soberano y en el oro, cuyos precios no dejan de batir récords).

El Euríbor negativo, un lento jubileo

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:36

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/8/2019

Tiene usted una hipoteca o un préstamo a tipo variable? ¿Cuál es el diferencial que tiene pactado para sumar al Euríbor y conformar el tipo de interés?, ¿es este diferencial menor del 0,30%? Si es así, desde este mes va a empezar a cobrar intereses. Pasará a pertenecer a un mundo loco, donde se perciben intereses por las deudas en vez de pagarlos. Los que tengan diferenciales mayores también lo notarán, verán cómo sus cuotas mensuales bajan, y quizá con el trascurso de los meses alcancen ese mundo invertido. Los endeudados llevamos años dándole las gracias a Mario Draghi cada mañana por aliviar nuestras cargas, y vamos a seguir -al menos otros pocos más- dándoselas.

Desde que se desató la crisis -una crisis por acumulación excesiva de deuda, recordemos-, el Banco Central Europeo ha ido afectando al Euríbor con sus decisiones. El Euríbor a doce meses -el indicador usualmente utilizado- fue bajando y bajando. Tanto, que en febrero de 2016 marcó un hito: su cotización empezó a estar por debajo del 0%. Y siguió descendiendo, adentrándose cada vez más en territorio negativo hasta alcanzar un mínimo, el -0,191%, en febrero del año pasado. Por entonces se dio la vuelta y emprendió el camino contrario. Se suponía -era lo planificado- que sería el retorno a la normalidad financiera. Pero esa situación duró poco. En los últimos meses los descensos han sido radicales. El mes de julio cerrará con una media de -0,30%.

Ante tal anomalía, resulta interesante revisar la Historia. En el magnífico libro Dinero (RBA, 2016), Félix Martín, su autor, cuenta que en Mesopotamia ya se producían crisis de deuda, y se tomaba ante ellas una solución radical: hacer borrón y cuenta nueva. Las pruebas más antiguas de que esto se aplicaba cuando la carga del endeudamiento se hacía insoportable datan del reinado de Enmetana de Lagash, sobre el año 2400 a.C. Posteriormente, la Biblia recogió esta tradición con la institución del jubileo. Puede leerse en el Levítico (25, 8 y ss.) como Dios así lo manda: cada 50 años se debe hacer con las deudas tabla rasa. En Grecia, el poeta y estadista Solón en el siglo VI a.C. importó esta práctica pero con una diferencia fundamental. La supresión de cargas no era un mandato divino, había que ejecutarla mediante decisiones emanadas de la política democrática.

Sorprende saber que desde siempre existieron crisis de deuda. Sólo nos hemos empeorado haciéndolas cada vez más enormes y sofisticadas. Y tanto antes como ahora, cuando el exceso de deuda hace que todo estalle, no queda más remedio que aligerarlas. Actualmente la responsabilidad la asumen en gran parte los bancos centrales con sus medidas de política monetaria. Esa solución tan drástica -e injusta- del pasado de perdonar y empezar de nuevo está completamente descartada, pero bien mirado tampoco la hemos cambiado tanto: la reestructuración sigue provocando que unos salgan perdiendo y otros salgan ganando. El Euríbor negativo es como una forma leve de jubileo que favorece a los endeudados y que se ceba con los ahorradores conservadores, esto es, con los depositantes. Ahora la deuda no se enjuaga de golpe sino que se suda a base de años.

Draghi espera a Powell

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:35

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/7/2019

En junio, en la reunión anual de bancos centrales en Sintra, Mario Draghi declaró sus intenciones: “En ausencia de mejora, se requerirá un estímulo adicional”. En este sentido, Pierre Moscovici, el comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea, advertía hace unos días del debilitamiento de la economía de la Eurozona. Esto nos puede parecer extraño porque la economía española se mueve -por ahora- a contracorriente, pero Alemania está bordeando la recesión técnica, Italia está estancada y Francia también ha ido reduciendo varias décimas sus previsiones de crecimiento. Y el temor es que los negros nubarrones que sobrevuelan la economía mundial -la guerra tecnológica entre EEUU y China, un ahora más que probable Brexit sin acuerdo, la vulnerabilidad de los países emergentes o la tensión creciente en Oriente Medio- descarguen con fuerza. Ayer Draghi preparó las armas y se colocó en posición de tiro, pero disparará en septiembre. Mientras verá lo que hace su homólogo americano, Jerome Powell.

De la reunión cabe destacar tres novedades. La primera es que abrió la puerta a una futura rebaja de los tipos. En el comunicado oficial y en la conferencia posterior se informó que “al menos hasta la primera mitad de 2020 los tipos de interés se mantendrán iguales o -esto es lo nuevo- “por debajo” de los actuales.

La segunda, que se está estudiando “el diseño de un sistema escalonado para la remuneración de las reservas bancarias”, dando a entender que se penalizarán aún más -ahora en -0,4%- aunque buscando la manera de que afecte lo menos posible a la rentabilidad bancaria.

Y la tercera novedad es que se están analizando opciones para determinar el tamaño y la composición de nuevas compras de activos netos potenciales. Un nuevo QE en el que muchos analistas esperan que se incluyan acciones.

No sólo el BCE se está replanteado nuevas medidas de política monetaria. Es bastante probable que el próximo 31 de julio la Reserva Federal reduzca las tasas de interés por primera vez tras casi una década. La presión que está ejerciendo Donald Trump sobre su gobernador es intensa. Una reducción de tipos en la Eurozona ahora podría provocar que Powell los recortara con más fuerza. Draghi ha preferido esperar a que él dispare y que sea en otoño, en las dos reuniones más que le quedan, cuando continúe con el compromiso que adquirió en 2012 de “hacer todo lo que fuera necesario”, dejando además el inicio del mandato de su sucesora, Christine Lagarde, cubierto.

Los bancos centrales actúan condicionados en gran medida por los movimientos de los otros y tienen que hacerlo con cautela para no provocar una escalada en la protección de las monedas o incluso que pueda afectar a otros ámbitos económicos. De hecho, Trump acusó en Sintra de manipulador de divisas a Draghi cuando éste anunció que estaba dispuesto para nuevos estímulos monetarios. Incluso de forma cínica entonces lanzó un tweet afirmando que quería para liderar la Reserva Federal a “un Draghi”. El malestar por las intervenciones monetarias puede condicionar las relaciones comerciales entre los Estados Unidos y Europa, y especialmente en el sector automotriz podría hacernos un enorme daño.

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Balance financiero de las familias españolas

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:33

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/7/2019

Cada familia española lleva su cuenta financiera particular. Por una parte, sabe de los dineros que tiene en casa, en el banco -en la cuenta corriente o en un depósito a plazo- o invertido en otros activos financieros, como fondos de inversión, acciones de empresas o quizá en algún plan de pensiones. Por otra parte, también sabe de los dineros que debe, por el saldo pendiente de la hipoteca de su casa habitual o de la segunda vivienda, o lo que le queda por pagar de algún préstamo al consumo al que recurrieron. La diferencia entre ambas cantidades constituye su patrimonio financiero neto. El Banco de España realiza este mismo balance agregando el de todas las familias españolas. Esta estadística -sector hogares- aparece dentro de las Cuentas Financieras de la Economía Española, cuyo último número ha sido publicado esta semana.

A finales de 2018, los hogares españoles poseían activos financieros por valor de 2,1 billones de euros, 36.000 millones menos que en 2017 debido al importante descenso de la cotización de algunos activos financieros a final de año. No obstante, supone un 17,3% más que en 2011, cuando su valor ascendió a 1,8 billones de euros. Un 41% de este montante está mantenido en efectivo o depositado en el banco. Otra parte importante -un 27%- la tienen invertida las familias en participaciones de capital en empresas, cotizadas o no. Un 14% en fondos de inversión y un 16% en seguros y fondos de pensiones. En relación al PIB, el valor de los activos financieros de las familias suponen un 177,7%.

En cuanto a sus deudas, prosigue el descenso. De los 877.876 millones de euros que debían en 2011 a los 711.136 de 2018, aunque cada vez baja a un ritmo menor. Así, respecto al avance del primer trimestre de 2019 sólo disminuye en 1.000 millones cuando los primeros años de la crisis la deuda familiar se recortaba en 30.000 millones cada año. Los préstamos son mayoritariamente a largo plazo, un 87,3%, aunque vienen creciendo con fuerza los préstamos al consumo a corto plazo. La proporción deuda/PIB sigue decreciendo, por al aumento de éste y pese al menor ritmo de descenso de aquélla.

De hecho, en el primer trimestre de este año se sitúa sólo en el 58,4% del PIB, el mismo nivel de la zona euro.

En resumen, la riqueza financiera de los hogares, deduciendo las deudas de los activos financieros totales, superó los 1,45 billones de euros a finales de marzo de 2019, un 4,1 % más medido en tasa interanual. En relación con el PIB, representa el 119,3 %, un 0,8% superior a la de un año antes. Dos últimos comentarios.

Primero, a muchos les sorprenderá este porcentaje de mayor riqueza al compararlo con el que arroja su balance financiero propio, por exceso o por defecto, pero ya se sabe que la estadística es la ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno. Y segundo, no es un balance global, sólo financiero. Aquí no cuenta la riqueza en otro tipo de activos, como el preferido por las familias españolas: los inmuebles. Esta otra riqueza supera actualmente los 5,2 billones de euros. El 75% del ahorro familiar está en ladrillos, cuando sólo pesa un 68% en la zona euro

Bonos verdes soberanos

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/7/2019

Los bonos verdes siguen floreciendo con fuerza. Se espera que estos bonos, que financian proyectos en energías renovables, transporte sostenible, eficiencia energética, adaptación al cambio climático o tratamiento de aguas, alcancen en 2019 un volumen de 174.000 millones de euros. Un crecimiento espectacular si tenemos en cuenta que en 2013 no suponían ni 3.000 millones. Cada vez hay más inversores -especialmente institucionales- comprometidos en estas causas. Buscan mantener toda o parte de sus carteras en verde, provocando que se amplíe el número y la diversidad de entidades que se deciden a emitirlos. Desde que hace doce años dieran el paso el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Mundial, organismos internacionales, ciudades y gobiernos regionales, entidades financieras y empresas de todo el mundo se han ido añadiendo. Y también los Estados, emitiendo bonos verdes soberanos.

Polonia fue el primer país en hacerlo en 2016. Poco después le siguió Francia, con el mayor volumen hasta esa fecha, 7.500 millones de euros. Bélgica, Lituania e Irlanda son los otros tres países europeos que posteriormente los emitieron. No es extraño que fueran Estados europeos los precursores porque Europa ha sido siempre la abanderada del desarrollo sostenible. Pero además cuentan ya con bonos verdes soberanos otros países, como Nigeria, Fiji, Indonesia, la República de Sheychelles o Chile.

Recientemente -en mayo- se subastaron en Holanda. Fue todo un éxito. Se adjudicaron los 6.000 millones de euros previstos, dando preferencia a inversores catalogados como verdes, frente a una enorme demanda de más de 21.200 millones de euros. Y esta misma semana, el Ministro de Finanzas de Alemania comunicó que se están explorando varias opciones para una emisión de un bono verde soberano el próximo año. También Egipto y Kenia lo están valorando.

Así, no dejan de brotar bonos verdes aquí y allá, y es de esperar que esto empuje a una progresiva transparencia, avanzando hacia la necesaria armonización internacional. Resulta completamente fundamental eliminar el riesgo de greenwashing, para que el inversor cuente con la total seguridad de que los proyectos que financian son verdes e incluso que conozca el grado de verdor que aportan. Por otra parte, el aumento del volumen y su estandarización contribuirán a incrementar la liquidez de estos activos, la otra debilidad de este mercado.

En España, las emisiones verdes alcanzan unos 5.000 millones. Más de la mitad fueron realizadas por empresas, como Iberdrola -la pionera-, Repsol -la primera empresa de hidrocarburos que lo hizo en el mundo- o Telefónica. El 17%, por compañías financieras, como BBVA y Santander; y el restante porcentaje por entidades públicas, como Adif, Comunidades Autónomas o el ICO. Falta el Estado, aunque este junio la ministra Teresa Ribera señaló que lo están contemplando. España debería implicarse y emitir bonos verdes soberanos. No sólo porque se beneficiaría de ampliar la base de inversores al captar recursos, que cada vez están más ávidos de bonos verdes, sino porque además tendría un efecto arrastre de inversores y emisores en todos los sectores de actividad y sobre la opinión pública.

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El dinero digital soberano, más cerca

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/7/2019

Son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, los que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital. La mayoría aún se encuentran en fase de estudio, pero otros están más avanzados. Como el de Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto de alcance limitado; o como el Riksbank sueco, que tras dos años investigando si la corona debe emitirse en forma electrónica, la e-krona, este mes ha decidido dar un paso más y analizar ya las posibilidades tecnológicas para implementarla. Ahora, el ritmo de todos estos procesos puede cambiar: el anuncio de Facebook de emitir Libra, una moneda digital e internacional, va a acelerarlos.

Aún no se tiene claro qué diseño concreto sería el ideal. La mayoría parece decantarse por un moneda digital no anónima, o con un enfoque híbrido, anónimo para pequeñas tenencias o transacciones, y rastreable para las grandes. También tienen que decidir si los particulares y empresas mantendrían los depósitos directamente en los bancos centrales, y si estos podrían estar remunerados o penalizados en función de la política monetaria. O incluso si la opción más correcta sería apoyar monedas fiduciaria digitales del sector privado, esto es, que la emisión fuera privada pero con respaldado soberano.

Según se escogiera uno u otro enfoque, su emisión tendría diferentes consecuencias para la estabilidad financiera, para la estructura del sector bancario y para la transmisión de la política monetaria. Y en cada caso habría que perfilar con sumo cuidado cómo se llevaría a cabo la transición hacia el nuevo sistema financiero y monetario, porque algunos modelos de moneda digital soberana podrían implicar hasta la desaparición de la banca.

Los motivos para emitir monedas digitales soberanas son muy variados. Si Suecia tiene tanta prisa es por la intensa disminución del uso del dinero físico en su territorio. Según una encuesta del Riksbank, solo el 13% de la población pagó en efectivo su última compra. De desaparecer, se eliminaría completamente la esencial conexión del banco central con el ciudadano. Para otros países con finanzas poco desarrollados, sin embargo, su principal interés es darle solución a la exclusión financiera. Aumentar la eficiencia y reducir los costes de los pagos, mejorar la trasmisión de la política monetaria o acabar con las dolorosas y costosísimas crisis bancarias constituyen otras razones de peso para que los bancos centrales decidan lanzarse.

Pero más allá de todo eso, hay un motivo más fundamental. La tecnología está propiciando que proliferen multitud de monedas privadas. Libra, el órdago de Facebook, va mucho más allá que todas esas criptomonedas. Seguramente con la intervención de los supervisores y reguladores no llegará a ninguna parte o lo hará de forma descafeinada, pero su simple anuncio ha puesto sobre la mesa la imperiosa necesidad de que los Estados y bancos centrales reaccionen y procedan a adaptar las monedas nacionales al nuevo marco tecnológico. Sólo así protegerán la supremacía del dinero público en un sistema financiero digitalizado. Urge que actúen antes de que sea demasiado tarde.

La financiación de la innovación

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:28

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/6/2019

Nadie discute el papel fundamental de la innovación en la capacidad competitiva de las empresas a medio y a largo plazo, y, consecuentemente, lo mucho que significa para la economía de un país. Innovar consiste en que la empresa consiga hacer algo completamente nuevo y que con ello mejore sus resultados. No sólo se trata de desarrollar nuevos productos o servicios sino también de seguir haciendo algo tradicional pero bajo un enfoque nuevo, introduciendo cambios en los procesos de producción o de comercialización, o mediante una manera diferente de organizar la empresa o de gestionarla. Pero con lo necesarios que son los proyectos innovadores para su supervivencia y crecimiento, las empresas encuentran mayores dificultades para financiarlos.

Esto se debe a sus características intrínsecas. La recuperación de este tipo de inversiones suele exigir un plazo muy largo, normalmente superior a 3 o 5 años. Y eso en el mejor de los casos, porque la probabilidad de que ni siquiera se recupere es elevada. Además, consisten en muchas ocasiones en intangibles -tecnologías de la información y las comunicaciones, I+D, bases de datos, software o diseños artísticos- desarrolladas específicamente para la empresa, que no sirven de garantía para los acreedores por su nulo valor residual. Tampoco juega a favor la asimetría en la información entre prestamistas y prestatarios. La complejidad técnica que puede acompañarlos hace que no comprendan exactamente la importancia de lo que estarían financiando.

Cuando la empresa que innova tiene una dimensión suficiente, lo más habitual es que recurra a los beneficios no distribuidos, aunque, en todo caso, para ellas encontrar financiación bancaria para este tipo de proyectos es mucho más fácil. Al estar consolidada dispone de activos reales para respaldarlos, viene generando cashflow o incluso es posible que forme parte de un grupo empresarial. Mucho más crudo lo tienen las que están en sus inicios -startups- o las que aún presentan un tamaño reducido.

Para éstas resultan esenciales las redes de inversores privados o business angels, la actividad de fondos y sociedades de capital riesgo, los fondos de inversión en pymes, las plataformas de crowdfunding y crowdlending dedicadas a proyectos innovadores, los mercados MARF y MAB, y las SGR, ya que gracias a su aval se mejora el acceso a la financiación bancaria de emprendedores y pymes. Y no sólo eso, para las que están naciendo son fundamentales las incubadoras y aceleradoras de empresas, que las apoyen con espacios físicos, recursos, asesoramiento y networking.

Intensificar, promover y divulgar todas estas alternativas financieras deberían constituir renglones principales de la política de apoyo a la innovación. Así, la intervención pública directa se podría limitar a casos estrictamente necesarios. El sistema financiero, a pesar del altísimo grado de sofisticación que ha conseguido alcanzar y de su enorme tamaño, tiene que seguir evolucionando para prestar una atención mayor y más particularizada a las necesidades de la pequeña empresa. La innovación empresarial demanda que la diversificación y la especialización también llegue al mundo de las finanzas.