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Evitar un naufragio financiero

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:48

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/10/2020

Que nos quede algo claro. Desde la crisis de 2008 no hemos levantado cabeza. En Europa tuvimos unos cuantos años de crecimiento, pero fue gracias a los descomunales estímulos monetarios aplicados: la economía creció como la espuma, sin sustancia ni fundamento. Y los riesgos para la estabilidad financiera, entrelazados y que se perjudican mutuamente, se han ido incrementando, sin hacer absolutamente nada respecto a ellos. Ya antes de la pandemia, la situación macroeconómica de la zona del euro se volvía a deteriorar y los riesgos financieros se agudizaron: vuelta a insuflar más gas monetario. Ahora, esos riesgos están en alerta máxima.

Aludió a ellos Luis de Guindos el pasado lunes, en el XI Encuentro Financiero organizado por Expansión y KPMG. Se los debe saber de carretilla porque los ha denunciado hasta la saciedad desde que es vicepresidente del Banco Central Europeo.

Primero, enfrentó el problema de la deuda. Antes de que el virus arribara, los niveles de deuda pública eran ya muy elevados. El alivio de los tipos de interés bajos fue aprovechado por muchos países para gastar más, no para contenerla. Por su parte, la deuda corporativa, a pesar de su descenso, se la podía seguir calificando de sobreendeudamiento. Ambas se han disparado con la pandemia. Guindos dio datos: la deuda pública europea supera el 100% del PIB y la corporativa, el 150%. Todo saltará por los aires si los tipos de interés se elevan. Y volvió a predicar: en cuanto el virus se vaya, hay que buscar la sostenibilidad de las finanzas.

La segunda de sus advertencias fue respecto al sector no bancario, que se ha duplicado en estos diez últimos años, y que ha seguido una tendencia creciente hacia los fondos de inversión de mayor riesgo, disminuyendo sus colchones de liquidez al mismo tiempo. De Guindos señaló que en marzo hubo importantes tensiones de liquidez que, gracias a la ayuda del BCE, consiguieron solventarse, pero que el riesgo sigue persistiendo. Y volvió a predicar: para el futuro hay que actuar en este campo.

Y, por último, De Guindos abordó el problema de los bancos. Si demoledora es la aseveración: “El 75% de los bancos en Europa no son rentables” que el presidente repetía en conferencias del año pasado, pone los vellos de puntas escucharlo describir la situación del sector esta semana. Se ha reclutado a un ejército de bancos, se les ha armado hasta los dientes a cargo público y ellos han hecho un extraordinario esfuerzo, pero la debilidad de partida era enorme y pueden terminar sucumbiendo. Y volvió a predicar: los bancos tienen que hacer algo.

Apuntalar una economía podrida una y otra vez desde las finanzas no conseguirá que levantemos cabeza. Además, conduce a una mayor inestabilidad financiera. Los que están al mando han hecho oídos sordos ante estos peligros. Todo han sido patadas financieras hacia adelante sin abordar a fondo los problemas. Con la pandemia se han dado muchas más y más intensas. Sin embargo, Europa también ha decidido poner a la economía real en el centro. Ahora tiene que tener la firmeza de exigir reformas, saneamientos y que se aproveche bien y a tope el Fondo de Reconstrucción Europeo. Podemos terminar destruidos en un naufragio financiero.

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Hipotecas aberrantes

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/10/2020

Hace más de cinco años que aparecieron las primeras noticias sobre los préstamos a tipos negativos. Financial Times publicó un artículo el 8 de abril de 2015 sobre Dinamarca (Denmark highlights naked truth about negative lending), señalando que una terapeuta sexual danesa había saltado a la fama no por su oficio, sino por endeudarse a tipos negativos: recibía dinero y encima cobraba por ello un -0,0172% anual. Era el primer ejemplo de un mundo financiero al revés. Muchos por entonces eran escépticos sobre que esto lo veríamos aquí; también, cuando se pronosticaba que no era algo puntual, sino que continuarían por mucho tiempo. Pero así ha sido.

En poco tiempo las anomalías en préstamos llegaron a Europa, el Euríbor se volvió negativo a comienzos de 2016 y comenzaron a aparecer los primeros casos, todavía esporádicos, ligados a algunos trabajadores de la banca que disfrutaban de diferenciales preferentes. Ahora esta circunstancia empieza a extenderse por la profundización del euríbor en terreno negativo. El Euríbor a 12 meses cerró ayer en el -0,468%. Se estima que el volumen de hipotecas que tienen pactado un diferencial por debajo es de 300.000 millones de euros.

Los bancos se resisten a ello. Desde junio del año pasado, con la reforma hipotecaria, los nuevos contratos nacen con cláusulas que limitan la bajada hasta el 0%. Pero no tienen nada que hacer con los antiguos, en los que no se incluía ese suelo (¡quién iba a pensar esto!). La defensa que aluden sobre que es algo irracional que contradice la esencia de la actividad prestamista se cae por su propio peso: los bancos son los primeros que se endeudan a tipos negativos con su banco central. Y los Estados reciben financiación a tipos negativos. En España sólo pasa con las letras y los bonos de menor plazo, pero a Alemania le llegan hasta sus bonos a 20 años (-0,349%).

Lo ha tenido que reconocer José Manuel Campa, presidente de la Autoridad Bancaria Europea, en su intervención en el Parlamento Europeo de este martes, preguntado por el eurodiputado Luis Garicano: los bancos tendrán que pagar a los particulares por sus préstamos si la suma del Euríbor y el diferencial pactado resulta negativa, y el contrato no tiene límite inferior señalado.

Ahora bien, las anomalías también empezaron a llegar desde 2015 por el otro lado, cuando los bancos comenzaron a cobrar a sus mayores clientes corporativos e institucionales por el dinero depositado en sus cuentas. Siguiendo la aberración financiera instalada deberían aplicar lo mismo al público en general en las cuentas corrientes y depósitos. El miedo a corridas bancarias los retiene. De momento.

Todo esto es producto del desmadre de la deuda durante décadas, que continúa, aunque desplazado al sector público. Nada nuevo. En Mesopotamia ya se producían crisis de deuda y se tomaba ante ellas una solución radical: hacer borrón y cuenta nueva. La Biblia también recogió esta tradición con la institución del jubileo: como Dios así lo manda: cada 50 años se debe hacer con las deudas tabla rasa (Levítico, 25, 8 y ss.). En la actualidad esto es inadmisible, y la purga se hace con los tipos negativos, pero este camino es lento, muy lento.

El euro digital, en primera plana

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/10/2020

Estas últimas semanas, el euro digital está teniendo un protagonismo indiscutible. El 18 de septiembre, el Parlamento Europeo aprobó una resolución con recomendaciones en el campo de las finanzas digitales. Entre otras, insta al Banco Central Europeo a desarrollar un análisis de las oportunidades y los riesgos que presenta el establecimiento de un euro digital y a que mantenga un diálogo internacional sobre este tema. Hace unos meses era impensable que el Parlamento europeo tratara este tema. Algo se mueve, y rápido.

Esta recomendación llega a posteriori: el BCE lleva tiempo implicado en el asunto. Pero que se trate expresamente en el Parlamento supone un espaldarazo político para que avance en su desarrollo. Sólo 15 días después, el 2 de octubre, el BCE publicó un extenso informe -On a digital euro- analizando numerosos aspectos sobre la emisión de un euro digital. Al mismo tiempo, anunció una consulta pública -el 12 de octubre- por la que se mantendrán contactos frecuentes con ciudadanos, el mundo académico, el sector financiero y las autoridades públicas para valorar en detalle los beneficios y retos que esperan de un euro digital.

El Banco de España, por su parte, ese mismo día también publicaba una nota informativa notificando que el BCE está intensificando su trabajo sobre un euro digital. En ella se hace eco de las declaraciones de la gobernadora, Christine Lagarde: “El euro pertenece a los europeos y nuestra misión es salvaguardarlo. Los europeos eligen cada vez más los medios digitales para gastar, ahorrar e invertir. Nuestro papel es garantizar la confianza en el dinero, lo que significa asegurar que el euro sea adecuado para la era digital. Debemos estar preparados para emitir un euro digital si fuera necesario”.

Y, por último, también el mismo 2 de octubre, Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, publicaba una entrada en el blog del BCE en la que explica de forma pedagógica de qué va todo esto: “Contamos con medios de pago digitales, como transferencias electrónicas. Y, por supuesto, tenemos dinero físico del banco central en forma de efectivo. Lo que no tenemos es una moneda digital emitida por el banco central y que todos podamos usar en la vida diaria. En otras palabras, no tenemos un equivalente digital de los billetes en euros”.

Los que llevamos mucho tiempo siguiendo este tema, ahora vemos en las más altas instancias el reconocimiento de que resulta completamente necesario: han asumido que está en peligro la soberanía pública del dinero. La amenaza está en posibles iniciativas privadas, como la propuesta de Mark Zuckerberg, con el anuncio de Facebook de lanzar la moneda libra. Pero la amenaza también se encuentra en la emisión de otras públicas, como la moneda digital china, que ya se está probando en la práctica, y que no sólo persigue dominar los pagos domésticos de China, sino expandir su uso e influencia. La recomendación del Parlamento es más bien una exigencia: resolved los desafíos que plantea. Entre ellos, el impacto que tendría en el sistema bancario: ¿qué puede pasar con estas entidades si se abre la posibilidad de tener nuestro dinero seguro en un colchón electrónico?

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El deterioro de las empresas

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:43

TRIBUNA ECONÓMICA,  2/10/2020

Que a las empresas nos les ha ido nada bien durante el primer semestre es algo que todos podíamos intuir; ahora tristemente podemos constatarlo estadísticamente y concienciarnos de la magnitud del impacto. Del artículo Resultados de las empresas no financieras hasta el segundo trimestre de 2020, publicado esta semana por el Banco de España, pueden extraerse varias conclusiones sobre el estado de nuestro tejido empresarial después de las medidas introducidas para la contención de la pandemia. Ninguna buena.

El Valor Añadido Bruto, la primera parada en la cuenta de resultados, fruto de la diferencia entre el Valor de la Producción y los Consumos intermedios, ha descendido un 21,6% en el primer semestre en comparación con el del año anterior. Entre sus componentes destaca la caída de las ventas, tanto dentro como, en mayor medida, fuera de España (-22,5%); el decremento de las compras (-29,7%), algo más intensa en las importaciones que en las compras nacionales; y los menores gastos de explotación (-8,7%). El impacto ha sido muy heterogéneo, afectándose en mayor medida el sector del transporte (-40%) y el industrial (-37,6%), y menos el de la energía (5,5%) y el de información y comunicaciones (13,5%).

Con ese menor valor añadido bruto han tenido que enfrentar los gastos de personal, que si bien también han descendido (-4,8%), no lo han hecho en la misma medida, haciendo que el Resultado Bruto se redujera con intensidad (un 39,1%) en el primer semestre de 2020. Por su parte, el Resultado Neto, una vez considerados ingresos y gastos financieros y amortizaciones, mostró una brusca contracción (un 69,6%), cuando en el mismo período de 2019 había aumentado un 1,8%. El resultado neto final presenta un valor agregado negativo, lo que no sucedía en estos informes periódicos del Banco de España desde 2002.

Consecuentemente a estos resultados, la ratio de rentabilidad sobre el activo ha descendido a la mitad, del 4% al 2%, y la ratio de rentabilidad respecto a los recursos propios tres puntos, pasando del 5,5% al 2,1%. Un elevado porcentaje de empresas presentaron valores negativos en estos indicadores (un 37,1% en el caso de la rentabilidad del activo y un 39,7% en el de la correspondiente a los recursos propios), superando, en más de 11%, los valores registrados un año antes.

Derivado de esta fuerte caída de la actividad, un 58% de las empresas de la muestra presentaron déficit de liquidez, especialmente las industriales y las de comercio y hostelería. Esta situación ha conducido a que aumentaran su endeudamiento y a que haya crecido ligeramente el porcentaje de los beneficios ordinarios destinado al pago de intereses, quebrándose la tendencia descendente de esta ratio desde 2015.

El deterioro, por tanto, ha sido muy acusado, máxime cuando este semestre incluye los tres primeros meses antes de la pandemia. Habrá que esperar al próximo informe para constatar si con el levantamiento del confinamiento se ha ido corrigiendo este impacto o si, por el contrario, en muchas de ellas haya sido tan fuerte que no han podido levantar cabeza, sobre todo en aquellos sectores para los que la normalidad aún, y parece que por mucho tiempo, no se ha instalado.

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Desaguar la morosidad

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/9/2020

El miércoles, la agencia Reuters publicó una entrevista que le había concedido en exclusiva Edward O’Brien. En ella, este alto funcionario del Banco Central Europeo explicaba que se está diseñando un mecanismo -al estilo Amazon o eBay- para vender créditos morosos. Se ha extendido la noticia como algo novedoso, pero para nada lo es. El BCE lleva tiempo trabajando en ello. El elevado volumen de préstamos dudosos es un problema muy serio desde la anterior crisis y ahora el Covid-19 va a provocar que de nuevo crezcan como la espuma en los balances bancarios. No es de extrañar que en estos momentos O’Brien haya desempolvado el tema: hay que buscar imperiosamente la manera de que los bancos puedan desaguarlos, y a buen precio.

Las cifras de préstamos morosos dan vértigo. En 2014 los bancos europeos acumularon cerca de un billón de euros, con una ratio de morosidad que superaba el 8%. Todavía quedan de aquellos créditos sin resolver 500.000 de millones de euros. Y las previsiones apuntan a que van a volver a crecer con fuerza. En España, el Banco de España ya ha constatado un alza en los créditos dudosos desde el inicio de la pandemia y avisa del incremento cuando venzan las moratorias y avales del ICO si no se adoptan medidas que lo amortigüen.

De ese billón, según un estudio de Deloitte, más de 450.000 mil millones fueron comprados entre 2014 y 2019 por grandes fondos internacionales, que asumen su gestión y soportan la larga espera hasta el cobro. Es un mercado concentrado en tan pocos que pueden presionar y conseguir adjudicárselos a precios de saldo. Aproximadamente la mitad fueron comprados por Cerberus, Blackstone, Lone Star y Goldman Sachs. Y esto es lo que el BCE se propuso solucionar en julio de 2017, cuando definió un plan para el desarrollo de un mercado secundario a través de los cuales los bancos puedan transferir a inversores no bancarios el riesgo de mantener estos préstamos.

Las circunstancias actuales han provocado que vuelvan a reactivar el proyecto. Con una plataforma como la que propone ahora O’Brien el mercado podría abrirse a muchos más operadores, aunque tengan menor capacidad de compra, y a la vez darle mayor transparencia a las transacciones que se lleven a cabo: “La idea es abrir el mercado a compradores de carteras más pequeñas, con un mercado al estilo de Amazon o eBay, donde se puede navegar… Eso puede hacer que el mercado se mueva”

En esta sociedad en la que el crecimiento y el empleo están basados de forma excesiva en la deuda, resulta fundamental que los bancos sigan prestando, y si no desaguan, su capacidad se ve limitada. En España se creó con este fin la Sareb, el “banco malo”, que permitió a las antiguas cajas de ahorro dar salida a estos préstamos y a las propiedades inmobiliarias que se adjudicaban. El BCE, también en 2017, se propuso copiarlo pero haciéndolo público y a escala europea. El proyecto no ha prosperado porque supondría la actuación conjunta de todos los países y porque choca con la normativa de ayudas del Estado. Además, sería un suma y sigue en la ya intensísima implicación Estado-Banca. Mucho mejor esta solución que ha reactivado O’Brien, que resuelve en el ámbito privado.

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Las cifras de la ayuda europea a España

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/9/2020

A estas alturas todos sabemos que Europa no nos va a dejar a nuestra suerte, que va a echarnos una mano. Otra vez, porque ya lo hizo en la anterior crisis. La novedad ahora estriba en que la asistencia no vendrá sólo desde el ámbito monetario sino que también se ha orquestado un gran paquete europeo de estímulos fiscales que nos va a beneficiar especialmente. Sin embargo, con todo lo bueno que tiene esto, sólo supone un leve consuelo ante el negro panorama que tenemos por delante. Las previsiones del Banco de España y de otras entidades solventes son cada vez más crudas, intensificando la profundidad del impacto y, lo que es peor, su extensión en el tiempo, y advierten además que puede seguir empeorando. ¡Qué bien nos vendría haber contenido la deuda en 2014 cuando volvimos al crecimiento!

En el ámbito fiscal, tres iniciativas se pusieron enseguida en marcha: el Support mitigating Unemployment Risks in Emergency, SURE, para proteger el empleo, por el que Europa nos va a prestar 21.300 millones de euros; un nuevo programa del Mecanismo Europeo de Estabilidad, MEDE, para ayudar en los gastos sanitarios, en el que España puede pedir un préstamo -aún no lo ha hecho- de hasta 24.900 millones de euros; y un nuevo fondo en el Banco Europeo de Inversiones, BEI, para asegurar la liquidez de las empresas, con el que se asistirá a entidades financieras -como el ICO o Cersa- para conseguir ese objetivo a través de ellas.

Posteriormente, se ha negociado el presupuesto plurianual (2021-2027) por valor de 1,1 billones de euros, que además contará con el apoyo en los primeros años de un fondo de reconstrucción -el denominado Next Generation EU- por 750.000 millones, del que llegarán a España 72.700 millones en forma de subsidio y por el que podrá adicionalmente pedir prestado hasta 67.300 millones de euros.

En total, por tanto, Europa nos va a facilitar -si se solicita al máximo- hasta 186.200 millones de euros para sufragar los gastos que está conllevando la pandemia y desarrollar medidas que ayuden a la recuperación. Pero hay que puntualizar dos aspectos: el primero, que gran parte de ellos serían préstamos -113.500 millones- que hay que retribuir, aunque en condiciones muy favorables, y devolverlos; el segundo, que España recibe un subsidio pero que otros países también: Europa -España incluida- asume una deuda conjunta de 390.000 millones de euros.

Tanto por el volumen de dinero que se está necesitando y se necesitará -recordemos que la deuda pública se elevó sólo en los tres primeros años de la crisis financiera pasada, de 2009 a 2013, en 325.000 millones de euros- como por el plazo de recepción de gran parte de los fondos europeos, que se extenderá hasta 2026, España se enfrenta de nuevo a acudir sumamente debilitada a buscar financiación en los mercados financieros. Y otra vez nuestra supervivencia económica dependerá de que el Banco Central Europeo consiga que no se dispare nuestra prima de riesgo. El repunte inicial que experimentó en marzo fue rápidamente sofocado por la fenomenal bazoka que el BCE ha disparado, pero ¿hasta cuándo podrá sostenernos?, ¿hasta cuándo les será rentable seguir con España a nuestros socios europeos?

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Dólar vs. Euro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:35

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/9/2020

Hasta ahora perseguir que la inflación se moviera por debajo del 2% era como un acuerdo tácito entre los bancos centrales, pero la Reserva Federal lo rompió en su última reunión flexibilizando este objetivo. Se comprometió a no actuar subiendo los tipos de interés aunque la inflación superara ese porcentaje; que siempre que no fueran desviaciones significativas al alza, iba a permitir inflaciones superiores, porque a partir de ahora se pasaba a atender a una inflación promedio. Esto es un cambio de juego en toda regla. Y con un importante efecto secundario: afecta directamente al valor de la moneda, depreciándola. Así, el dólar se cambia desde entonces a 1,18 euros y ha tocado hasta 1,20 en alguna de las sesiones.

Gracias a la actuación rápida y descomunal de la Reserva Federal incrementando la oferta monetaria -iniciada en el segundo semestre del año pasado por las tensiones de liquidez en el mercado de repos e intensificada con la pandemia- el dólar ha venido debilitándose. El cambio de objetivo ha sido la puntilla. El BCE no ha actuado ni con tanta contundencia ni con la misma rapidez; las compras de activos que ha establecido también son elevadísimas pero desplegadas en el tiempo. Por otra parte, la vuelta a la recuperación y el acuerdo alcanzado en Europa con el fondo Next Generation Eu empujan al euro al alza: la unión hace fuerte a la moneda.

Con un dólar débil las cosas se complican para Europa. Las exportaciones se encarecen, entorpeciendo a nuestras empresas colocar sus productos en el exterior. Al mismo tiempo, las importaciones se abaratan, perjudicando a nuestros productos y disminuyendo su demanda interna. La recuperación así resulta más difícil en una economía tan abierta como la europea, en la que la mitad de su PIB procede de los flujos con terceros. Y los precios para mantenerse competitivos tienden a la baja.

Los bancos centrales nunca toman decisiones reconociendo explícitamente que van encaminadas a modificar el tipo de cambio. Pero es absurdo pensar que sea una variable que no consideran. El tipo de cambio afecta enormemente a la marcha de una economía, deprimiendo la actividad y los precios, y, consecuentemente, puede ser un lastre para la inflación, que es el objetivo reconocido. Se estima que por cada subida del 10% del euro, se produce una bajada del 0,4% de la inflación.

Así, Christine Lagarde, ante las insistentes preguntas de los periodistas tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE de ayer, dijo lo que tenía que decir: “Nuestro objetivo no es el tipo de cambio”. De momento, con optimismo ante la recuperación y con previsiones sobre la inflación similares a las de junio, no han cambiado nada. Pero si el euro se sigue apreciando, está cantado que en diciembre se reforzará el programa de compras y/o se deprimirá aún más la tasa de depósito, o bien, el BCE se verá obligado a acelerar la revisión estratégica que tiene en marcha, haciendo suyo el nuevo objetivo de política monetaria. Lo que sí ha quedado clara es la amenaza. En el discurso de ayer, Lagarde reconoce de forma expresa -y esto es lo novedoso- que evaluarán la evolución del tipo de cambio por las implicaciones para la inflación a medio plazo.

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Expandemia y Pospandemia

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:33

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/9/2020

Ahora todo es por culpa de la pandemia, de la grandísima pandemia. Y es verdad que ha supuesto un shock impresionante, pero conviene no olvidar cómo estaban las cosas antes de ella, porque para muchos asuntos llueve sobre mojado. Esta semana se ha hablado mucho de la necesidad de que los bancos europeos se fusionen entre ellos. Nada nuevo, esto es algo que el BCE lleva reclamando desde hace años como una posible solución al grave problema que arrastran. Si expandemia la rentabilidad de estas entidades era insuficiente, con la pandemia está siendo pésima.

El martes, en un seminario en la Universidad Menéndez Pelayo, el vicepresidente del BCE, nuestro De Guindos, pedía fusiones rápidas y urgentes. Advertía de que el Covid-19 ha traído una caída de los ingresos y una mayor morosidad. Y apuntaba la receta: “La consolidación bancaria puede ser un instrumento útil para eso”. Lo había dicho el 22 de julio, en su discurso Construyendo el sistema financiero del siglo XXI, en Fráncfort: que las previsiones sobre la rentabilidad bancaria para 2020 se han sometido recientemente a importantes revisiones a la baja y que las fusiones bancarias, nacionales o transfronterizas, eran el camino.

Pero el 6 de febrero, antes de que el virus nos afectara, también en Santander, en su discurso El sector financiero de la zona del euro: oportunidades y desafíos pintaba la que ya era una situación insostenible: el rendimiento sobre el capital de los bancos importantes (ROE) fue inferior al 6% en los 12 meses hasta septiembre de 2019, por debajo de su costo de capital, que se estima en alrededor del 8% al 10%. Y que así estaban las valoraciones bursátiles: con una relación precio / valor contable medio de alrededor de 0,6. Con la pandemia, los bancos se han debilitado aún más, cayendo esa ratio hasta el 0,4 en marzo, estimando el mercado un ROE medio del 2% este año y un 3% en 2021.

Los problemas estructurales de este sector existían y siguen existiendo. El sector está condicionado por la herencia del pasado, sometido a una intensa revolución tecnológica, con una competencia creciente por parte de los mercados, las grandes tecnológicas y las Fintech, y tendrá que seguir conviviendo por muchísimo tiempo -Jerome Powell lo ha sentenciado en la última reunión de la Reserva Federal- con bajísimos tipos de interés, tan incómodos para su negocio. El virus ha supuesto una lupa de su deficiencia; también de lo vital del sistema financiero para el funcionamiento económico.

Ahora se invoca a las fusiones, incluso antes del verano el BCE flexibilizó la normativa para facilitarlas al máximo. Pero las fusiones no son el bálsamo de fierabrás, que todo lo cura. Sólo serán tabla de salvación si conllevan mejoras de rentabilidad. Tamaño por tamaño no tiene sentido, sólo conduce a entidades más difíciles de resolver y, por tanto, con mayor probabilidad de que tengamos que pagar la factura los contribuyentes. Postpandemia, el plan de reconstrucción de la economía europeo debe ir unido a un plan de profunda reforma de una banca tan dependiente de lo público y tan ineficiente. Y lo mismo es conveniente fusionar algunas y a otras, en este mundo digitalizado, partirlas.

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Las empresas andaluzas ante un ‘Brexit’ duro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/8/2020

Aunque a causa del Covid-19, el Brexit ha pasado a segundo plano, el 31 de diciembre está muy cerca, y a partir de esa fecha regirá una nueva relación comercial entre la Unión europea y el Reino Unido. Las condiciones que se establezcan en las negociaciones que se están llevando a cabo determinarán el grado de impacto negativo que sufrirán las empresas europeas. Para España este acuerdo es de enorme relevancia porque el 7% de nuestras exportaciones van dirigidas al mercado británico.

Esta semana, el Banco de España ha publicado un estudio que evalúa cuál será el grado de sufrimiento de cada región española. Sitúa a Andalucía como la cuarta que más exporta al Reino Unido (el 12% del total de las exportaciones españolas), por detrás de Cataluña, Valencia y Madrid, aunque la importancia de esta exposición hay que matizarla algo a la baja porque del total exportado desde Andalucía, las británicas representan el 7% cuando otras -Murcia o Cataluña- están más volcadas en ese territorio. Y sólo suponen el 1,3% de nuestro PIB, por debajo de la media española (1,5%) y lejos de otras, como la Región de Murcia, en la que sus exportaciones superan el 3%.

Pero no sólo cuenta la intensidad exportadora, sino también el tipo de productos que se exporte, ya que soportan diferentes niveles de tarifas arancelarias. Los aranceles medios aplicados por los países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) son muy dispersos: oscilan entre el 39% sobre los aceites y las grasas y el 0,7% sobre los materiales crudos no comestibles.

Considerando ambos aspectos -el peso relativo del comercio bilateral con el mercado británico y la especialización exportadora- y suponiendo aranceles iguales a la media de los aplicados a los productos de la UE por el conjunto de los países pertenecientes a la OMC, el estudio estima que las exportaciones españolas estarían gravadas un 7% por término medio. Y que Murcia, Valencia, Galicia, Aragón y Andalucía (con un arancel medio cercano al 8%) serían, por ese orden, las más afectadas.

Atendiendo a datos más actuales -el estudio del Banco de España maneja los de 2018- las exportaciones andaluzas se han vuelto más importantes para España. A junio de 2020 ya es la tercera comunidad que más exporta al Reino Unido. Sólo han caído sus exportaciones un 4,8%, cuando la caída media nacional ha sido del 20%, y han sido espectaculares los descensos en el País Vasco (-44%), Cataluña (-30%) o Valencia (-25%). Esta contención ha sido posible al incremento de las exportaciones de Frutas, Legumbres y Hortalizas frescas y Grasas.

El impacto negativo final dependerá de los aranceles definitivos que se determinen en el acuerdo europeo. La Junta debe exigirle al Gobierno central que defienda nuestras exportaciones, y que presione para no sean mal tratados nuestros productos. También, y como bien y con acertada previsión viene haciendo Extenda, debe ayudar a las empresas andaluzas exportadoras a mantener su negocio en el Reino Unido y/o a diversificar sus destinos. Si antes de la pandemia las exportaciones eran fundamentales para nuestra economía, son vitales ahora que otros sectores, como el turístico, están debilitados.

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¡Oigan a Draghi!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/8/2020

El martes Mario Draghi volvió a hablar. Llevaba callado desde que dejó el Banco Central Europeo en noviembre del año pasado. Le confiaron el discurso de apertura de un importante Encuentro en Rimini (Italia). A decir del presidente de la organización, fue elegido para esa tarea porque “es muy importante escuchar a las personas que han tomado decisiones valientes y altamente competentes en momentos históricos de dificultad”. Draghi habló para los suyos, los italianos, pero sus palabras son perfectamente trasladables para España.

Lanzó una advertencia sobre el alto incremento de deuda que se está produciendo por la pandemia y de cómo ésta puede ser buena o mala dependiendo de uso que se haga de ella. Utilizarla con fines productivos marcará la diferencia: “Invertir en capital humano, en infraestructuras claves, en investigación y desarrollo… es el único modo en el que puede convertirse en deuda buena”. Sin tener un norte claro la incertidumbre minará el empleo, la inversión y el consumo, y la deuda se hará insostenible aunque los tipos de interés sean bajos.

Realizó un desesperado alegato en favor de los jóvenes, calificando de deber moral enfocarse en ellos porque serán los que tendrán que reembolsar esa montaña de deuda. Privar a un joven del futuro es una de las formas más graves de desigualdad. La participación en la sociedad del futuro requerirá que los jóvenes de hoy tengan aún mayores capacidades de discernimiento y adaptación: la educación y la inversión en los jóvenes debe ser prioritario.

Valoró positivamente el fondo de recuperación de 750.000 millones de euros establecido por la Comisión Europea, fundamental para asistir a los países del sur, y pidió que la unión conseguida no sea de carácter temporal. La crisis debe servir para fortalecer Europa, avanzando en la construcción de un presupuesto propio y que se siga emitiendo deuda de forma conjunta, haciendo de este inicio el germen de un ministerio del Tesoro europeo.

Y recriminó a los políticos que no comiencen desde ya a reflexionar sobre el uso que van a dar a los nuevos recursos: “ahora es el momento de tener sabiduría para elegir el futuro que queremos construir”. Que piensen en el largo plazo, que dejen de lado las disputas electorales, que es inaceptable -siempre, pero más en estos momentos- que los gobiernos actúen movidos por objetivos con beneficio político inmediato.

El caso es que estas cuatro recomendaciones no son diferentes a las que Draghi ya hizo durante sus ocho años de mandato al frente del BCE, pidiendo de forma machacona tanto reformas estructurales nacionales como el perfeccionamiento del funcionamiento de Europa. Su falta de éxito en este sentido ha sido una de las principales críticas que ha recibido: que la ayuda a los gobiernos facilitándoles que se financiaran barato sólo servía para que se acomodaran. Nueva crisis y nuevos apoyos, y ahora no sólo desde el ámbito monetario. La ayuda para España será cuantiosa y se nos exigirá total responsabilidad a la hora de utilizarla. Esperemos no tener que suplicar que vengan hombres de negro desde Europa porque nuestros políticos sean incapaces de alcanzar un pacto de Estado para relanzar a España.

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