Desaceleración: más presión para la banca

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:08

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/10/2019

En los últimos años los bancos se ha quejado sistemáticamente del daño que le hacen a la rentabilidad de sus entidades los bajos tipos de interés fijados por el Banco Central Europeo. Este argumento es fácilmente rebatible. Sólo tienen que pensar si hubieran podido sobrevivir en una economía deprimida. Les habrá supuesto costes, pero los años de fuerte crecimiento que la política monetaria ha propiciado les ha permitido recuperar la actividad crediticia, reducir la morosidad y disfrutar de valoraciones más altas de los activos financieros y reales de sus balances. Ahora la situación ha cambiado: en los próximos años tendrán que convivir con tipos incluso más bajos y además con un débil crecimiento, tanto más exiguo en función de que se materialicen los diferentes riesgos que lo amenazan. Mucha presión para sus poco lozanas cuentas de resultados.

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, explicaba esta semana cómo afecta el deterioro macroeconómico a las entidades de depósito: “A la disminución del valor de algunos de sus activos se uniría una demanda de crédito menor. Además, la calidad del activo podría empeorar, dado que la capacidad de pago de sus acreditados se vería negativamente afectada. Encontrarían asimismo más dificultades para continuar desprendiéndose de sus activos improductivos”. Y lo peor es que esta mala perspectiva llega a un sector en el que su rentabilidad es actualmente claramente inferior al coste del capital exigido por los accionistas. La banca española parte de una mejor situación respecto a sus homólogos europeos, pero en el primer semestre ha recortado un 11,5 % sus beneficios, signo de la creciente probabilidad de materialización de este riesgo.

También Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, en uno de sus últimos discursos fue drástico al diagnosticar la situación actual bancaria: “El 90% de los bancos europeos presentan un ROE menor que su coste de capital, lo que explica que la cotización media se sitúe por debajo del 50% de su valor contable”. Esto complica la posibilidad de captar capital propio en los mercados y que no se generen suficientes recursos propios internamente. La disminución de dividendos para reforzar el capital tampoco parece factible porque podría ahuyentar más al inversor, que mira por los rendimientos a corto plazo.

Ahora los bancos europeos son (algo) más resistentes que antes de la crisis, pero siguen siendo muy vulnerables ante un cambio en el ciclo económico. Su reto es seguir mejorando la calidad de sus balances, reducir el exceso de capacidad e incrementar la eficiencia, reduciendo costes, pero sin abandonar el cambio hacia un modelo de negocio que les permita competir en un sistema financiero en el que cada vez entran más y mayores operadores, y mucho más cercanos a los clientes. Enorme presión, por tanto, para la banca europea y, por ende, presión para todos, porque le tenemos confiados en gran medida nuestros ahorros. Y los españoles, los que más. El Banco de España publicaba esta semana la cifra: les tenemos prestados a los bancos 860.958 millones de euros, y eso sólo contando lo que mantenemos en cuentas a la vista y depósitos.

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Mucho más que aranceles

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:04

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/10/2019

Desde que en marzo de 2018 se inició la guerra comercial entre EEUU y China, hemos visto cómo Donald Trump ha ido imponiendo aranceles a China -y luego aplazarlos, subirlos o ampliarlos-, y cómo seguidamente se producían las contrarréplicas correspondientes por parte de Xi Jinping. En estos días negocian una tregua. Pero incluso aunque se consiga no es de esperar que sea por mucho tiempo porque la guerra comercial es uno de los medios por el que se está desarrollado una mucho más importante y a largo plazo: una guerra por el poder en el mundo. Así, los disparos continuarán entre Washington y Beijing. Y en medio, y no sólo geográficamente, está Europa.

Hace unos días Trump anunció la subida de aranceles a exportaciones europeas por valor de 7.500 millones de dólares. En esta ocasión la medida venía autorizada por la Organización Mundial del Comercio, OMC, que falló a favor de EEUU debido a las ayudas públicas recibidas por la aeronáutica Airbus. Pero Trump no se ha limitado a golpear a esta compañía aeroespacial. Ha buscado llamar la atención, que le luzca un montante que no es para tanto, aplicando aranceles a sectores de mucha influencia en Europa.

Trump ha aprovechado la coyuntura, y como la OMC le permite aplicar “aranceles de compensación”, además del 10% a Airbus, que fue la que motivó la disputa, ha marcado en la lista a numerosos productos europeos hasta con el 25%, muchos de ellos de carácter agroalimentario. A España le afecta en los cítricos, el aceite de oliva, el queso, a determinados productos porcinos como el jamón, el marisco y algunos lácteos. El golpe más duro se lo lleva Andalucía. La estrategia de negociación de Trump es sembrar el caos, también introduciendo diferencias injustificables entre unos países europeos y otros.

Estos aranceles aún no son definitivos. El próximo lunes, día 14, se celebrará en Ginebra una reunión en la que la UE intentará negociar con EEUU para desactivarlos. Cuenta con otro fallo de la OMC a su favor porque por su parte también EEUU ayudó a Boeing. La penalización se espera para mayo de 2020. También cuenta con que en el pasado Europa no aplicó en toda su extensión 4.000 millones de euros que la OMC le autorizó a imponerles. Es posible que se consiga paralizarlos, que esperen a un acuerdo más completo en la que también se resuelva la amenaza -mucho más grave- de Trump de imponer para noviembre aranceles al sector del automóvil y sus componentes.

La UE tiene que saber jugar su papel en la guerra de este siglo. A China le interesa que esté debilitada y desunida. Nunca la tendrá de su lado por las profundas diferencias ideológicas pero intentará ejercer influencia ganándose por medio de la economía a algunos países, como ha hecho con Italia al incorporarla al proyecto Belt and Road. Por su parte, EEUU, aliado natural, presionará a la UE para que se alinee con sus estrategias: seguramente en esa negociación sobre aranceles se pondrán más cosas sobre la mesa. En estas circunstancias, nuestra neutralidad y nuestro poder dependerá de cuánta unidad demostremos. Sólo defendiendo nuestros intereses colectivamente podremos salir airosos. Como tan bien estamos haciendo con el Brexit.

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Por una campaña económica

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/10/2019

No sé ustedes, pero yo aún puedo sentir el dolor que nos produjo la pasada crisis. Por el goteo incesante de tantos dramas individuales de personas que iban engrosando las listas del paro o que se veían abocadas a cerrar su negocio. Y por la tragedia colectiva que suponía vivir en un país en el que todo se desbarataba. En estos últimos años nos hemos ido recuperando, aún las perspectivas son de crecimiento en los próximos años, pero los temores resurgen. Se han encendido luces amarillas en el cuadro de mando y numerosos riesgos externos amenazan con agravarlas. Dentro de dos meses elegimos -de nuevo- a los pilotos que tienen que llevar nuestra nave los cuatro próximos años. En la campaña deberían ocupar un lugar central las explicaciones de cómo piensan enfrentar el escenario de ralentización económica que nos acompaña.

A diario recibimos noticias del deterioro. Las previsiones sobre el crecimiento del PIB décima a décima se va rebajando; el Banco de España lo ha reducido del 2,4% al 2% y también ha corregido las estimaciones de los próximos años a la baja. El mercado de trabajo se enfría, la creación de empleo en septiembre ha sido la menor en este mes desde 2013. Escuchamos cómo China se ralentiza, que si el Brexit, que Alemania se ha parado, que Italia está estancada o los problemas que han empezado a surgir en EEUU, donde el miércoles el indicador de la actividad manufacturera se derrumbó hasta un nivel que no se daba desde hace diez años. Lo último es que Trump pretende imponer aranceles a España, y pueden perjudicar especialmente a los productos andaluces agrarios. La lista no para.

También hemos escuchado a Draghi expresando su escepticismo acerca de que sus estímulos monetarios puedan seguir impulsando el consumo y la inversión, y cómo en su última intervención apelaba directamente a los gobiernos para que actuaran. Pero la angustia es que la receta de estímulos fiscales tampoco está disponible para España: ¡carecemos de margen! La deuda pública sigue de récord en récord, ya alcanza los 1,21 billones de euros y continuará al alza. El déficit público, según comunicaba esta semana la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se sitúa ya en el 2,14% del PIB, esto es, el exceso de gastos sobre ingresos públicos rondará los 30.000 millones de euros este año. Y también está el toro de las pensiones.

Y ante tanto mal dato, las empresas descartan nuevas inversiones y el ciudadano cierra el bolsillo, deja de consumir y ahorra. Y si la demanda interna se debilita provoca a su vez que la caída sea más rápida. En estos momentos resulta fundamental la confianza y ésta se incrementará si percibimos que los que tendrán que tomar las decisiones están preocupados y ocupados en diseñar cómo enfrentar las actuales circunstancias, si encontramos que hay contenido en ese amor a España -o al “país”, como dicen los que tienen alergia a su nombre- que tanto proclaman. Esperamos que todos coincidan en que hay que ser sumamente escrupulosos con la eficiencia en el gasto. Pero en otras soluciones las diferencias serán amplias. Nos merecemos que nos las den a conocer con detalle en la campaña para que antes de votar podamos valorarlas.

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Dinero y confianza

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/9/2019

Yves Mersch, miembro de la Junta Ejecutiva del BCE, empezó su conferencia a principios de septiembre en Fráncfort destacando el vínculo entre el dinero y la confianza. Acudió a las palabras que pronunció en 1787 James Madison, en pleno debate sobre la adopción de la Constitución de los Estados Unidos: “La circulación de la confianza es mejor que la circulación del dinero”. Con ellas quería recalcar que el dinero sólo puede funcionar si se confía en él, en su estabilidad y su aceptación, y que esto va íntimamente ligado a la confianza en su emisor. Tras esta premisa, Mersch habló de libra, la moneda que Facebook quiere lanzar en el primer semestre de 2020.

¿Se puede confiar en libra? De momento, es una moneda que nace de la mano de personas que vienen desacreditadas por la incorrecta utilización de los datos personales de los usuarios de sus redes sociales en el pasado reciente. Pero además de esta falta de credibilidad de partida de los emisores, como está planteado el funcionamiento de libra la hace poco acreedora de confianza para canalizar los pagos, mantener los ahorros, y supone una amenaza para la estabilidad de los sistemas monetarios y financieros mundiales.

La operativa con libra será similar a la del bitcoin, los usuarios pueden obtenerla a cambio de monedas convencionales y se moverá entre ellos utilizando la tecnología blockchain. Pero, a diferencia del bitcoin o de otras criptomonedas, no será una red descentralizada, sino que el manejo de libra queda al arbitrio de un grupo de empresas privadas -la Asociación Libra- que recauda el dinero procedente de los canjes y decide dónde y cómo tenerlo invertido para preservar la estabilidad de su valor. Y “como un cartel” designarán la red de revendedores autorizados, centralizando el control sobre el acceso público a libra. Así, pasar de tener euros o cualquier otra moneda soberana a tener libras supone dejar de disfrutar de la confianza que aporta un emisor soberano y “confiar en ese conglomerado de empresas que sólo son responsables ante sus accionistas”. En definitiva, aunque Mersch no lo exprese de forma tan cruda: libra no es una moneda privada sino la utilización privada de las monedas soberanas.

Pero con ese discurso queda claro también que el desafío está ahí, y ha puesto de manifiesto la necesidad de que el dinero se mueva digital, globalmente y a bajo coste. Y algo tendrán que hacer. Si libra u otras propuestas posteriores consiguen aceptación, los bancos centrales pueden perder el control sobre sus monedas y sobre la política monetaria. Actualmente, cada uno se concentra en la emisión de su dinero digital soberano. Podrían también coordinarse para construir sobre estos -como propone el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney- una moneda digital sintética. El órdago de Facebook resucita así la vieja propuesta de bancor, la unidad monetaria internacional ideada por Keynes. Entonces el dólar se impuso y de nuevo EEUU se resistirá en esta ocasión a perder su posición hegemónica. Además, con el enorme poder que tiene ahora China, la cooperación internacional es aún menos pensable. ¿Terminará el mundo fragmentado en dos áreas monetarias digitales soberanas?

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La rentabilidad empresarial: ¡alerta!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/9/2019

El Banco de España ha publicado esta semana un análisis sobre el comportamiento de la rentabilidad de las empresas no financieras españolas. Compara los resultados en tres momentos del tiempo: los que se obtenían antes de que comenzara la crisis; los de 2013, el año peor de ésta; y los de la situación actual, a 2017, último año del que se disponen datos. Pues bien, la rentabilidad -ratio entre el resultado de la actividad ordinaria de explotación y el nivel de los recursos propios- descendió intensamente, del 14,5% al 5,2%, y posteriormente fue subiendo hasta alcanzar el 9,7%.  Es decir, pese a la importante mejora experimentada, en 2017 aún se situaba casi un 5% por debajo del nivel precrisis. Este perfil se observa tanto en grandes empresas como en pymes, aunque las de mayor dimensión siempre mantuvieron unos niveles de rentabilidad superiores a los de las más pequeñas.

No obstante, estas medias esconden sustanciales diferencias entre los sectores. Algunos -industria, comercio y hostelería, y transporte y almacenamiento- se han recuperado totalmente. Sin embargo, el de la construcción, cuya rentabilidad llegó a ser negativa en 2013, en 2017 estaba aún muy lejos (2%) de su nivel precrisis (12%). Y los sectores de energía e información y comunicaciones experimentaron fuertes descensos en su rentabilidad hasta 2013 pero sus niveles medios han continuado decreciendo, de forma más moderada, hasta 2017, porque no sólo acusaron el impacto de la crisis sino también el de una creciente competencia en ambas ramas.

La variable que más explica el comportamiento de la rentabilidad es el resultado económico bruto, que contribuyó en mayor medida tanto a su descenso durante la crisis como a su posterior recuperación. Pero también inciden los menores gastos financieros durante todo el periodo analizado, debido al proceso de desendeudamiento y a las sucesivas caídas de tipos de interés. Y, por último, viene determinado por el incremento del denominador de la ratio, los recursos propios, que aumentó notablemente entre 2007 y 2013, favoreciendo la caída de la rentabilidad en este período, sobre todo en las empresas grandes y en algunos sectores concretos (energía, construcción, e información y comunicaciones).

La importancia de esta ratio radica en que es un buen indicador de la salud económica y financiera de las empresas, refleja la capacidad de resistencia que tienen ante perturbaciones adversas y su propensión a invertir. Y el Banco de España, además de señalar que no han conseguido volver a disfrutar del tono que tenían antes de la crisis, nos deja dos conclusiones adversas más. Atendiendo a la distribución de las empresas, en 2017 había proporcionalmente mayor número de ellas con rentabilidades relativamente reducidas (aunque positivas), lo que implica una alta sensibilidad ante un eventual shock negativo en el entorno macrofinanciero. Y la segunda, para la que utiliza otra base de datos menos robusta pero válida para observar tendencias, es que la rentabilidad siguió subiendo en 2018 pero ha ido cayendo en los primeros seis meses del presente año: las empresas están acusando ya la desaceleración económica.

Draghi: “Es el momento de la política fiscal”

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/9/2019

Las reuniones del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, lejos de pasar desapercibidas, siguen teniendo igual o más intensidad incluso que en plena crisis. Las expectativas con la de ayer eran muy altas. En julio Mario Draghi ya dio señales de que volvería a actuar y de manera contundente. Y lo ha hecho, a él no le tiembla el pulso para apoyar desde su ámbito a la economía de la eurozona. Estableció un pack completo, interviniendo de varios maneras. Sin embargo, lo más importante fue el mensaje que trasmitió durante su conferencia, la penúltima antes de darle paso a Christine Lagarde, a los países del euro: “Es el momento de que la política fiscal coja el testigo de la política monetaria”.

Justificó las medidas adoptadas por los datos estadísticos recibidos desde la última reunión, que apuntan a una debilidad más prolongada en la economía de la zona euro: “La desaceleración económica de la zona euro ha sido más acusada de lo esperado”, y porque “los riesgos en torno a las perspectivas de crecimiento de la Eurozona siguen inclinados a la baja”. De hecho, el BCE ha rebajado una décima las previsiones del crecimiento del PIB para este año (1,1%) y dos para el próximo (1,2%). Y de igual modo, corrige a la baja las previsiones de inflación: 1,2% para este año desde el 1,3%, y del 1% para 2020, desde el 1,4% pronosticado anteriormente.

La intención con este paquete de medidas es seguir apoyando el acceso a la financiación, en particular para las pequeñas y medianas empresas. En concreto, se elimina el límite temporal -verano de 2020- que estaba marcado para la subida de los tipos de interés, dejando esta posibilidad abierta, indefinida, hasta que haga falta. Continuarán las reinversiones de los activos que vayan venciendo, pero además se establece un nuevo programa de compras netas de activos -sin especificar cuáles- después del descanso de 9 meses. El ritmo será de 20 mil millones de euros al mes a partir del 1 de noviembre, sin plazo. Se baja el tipo de depósito del -0,4% al -0,5%-, con un nuevo sistema escalonado para compensar parte del impacto negativo en la rentabilidad bancaria. Y, por último, se retoca la nueva serie de TLTRO III en términos financieros más favorables para la banca.

Conforme a su mandato, el BCE ha brindado de nuevo, y seguirá haciéndolo en el futuro, apoyo monetario. Pero por sí solo será claramente insuficiente. Al pedir Draghi el relevo de la política monetaria está declarando su desconfianza en la eficiencia que puedan tener más estímulos monetarios en una economía ya completamente estimulada. Las medidas están perdiendo efectividad para conseguir potenciar la inversión privada. No sirven para nada si el apetito por la deuda no las acompañan. Así, el protagonismo han de cogerlo necesariamente los gobiernos de la eurozona, acometiendo reformas estructurales, bajando impuestos o gastando. Aunque de ningún modo debería tratarse de gastar por gastar, por mucho margen fiscal del que se disponga, sino de invertir, de acometer proyectos -de infraestructuras, en redes de comunicación, digitalización o descarbonización- que no supongan para el futuro contribuyente una carga.

¡Gasta, Alemania, gasta!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/9/2019

l miércoles Christine Lagarde recibió el respaldo de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios de la Eurocámara para que presida el Banco Central Europeo (BCE) a partir del 1 de noviembre. En el discurso que pronunció en ese acto de nominación, la sucesora de Draghi advirtió de que “los desafíos que justifican la política actual del BCE no han desaparecido” y que, por tanto, estaba a favor de continuar con una política monetaria muy acomodaticia durante un largo período de tiempo. Pero también dejó claro que “ella no es un hada” y que “los bancos centrales no son el único juego en la ciudad”, reclamando a los gobiernos europeos el desarrollo de una política fiscal que estimule la debilidad de la economía de la eurozona. Tampoco es que esta petición sea una novedad, ha sido la rogativa con la que Mario Draghi ha cerrado todas sus intervenciones estos últimos años. Sin éxito.

Pero, por supuesto, se refieren a que gasten más los gobiernos más ricos de la Eurozona: “Los que tienen la capacidad de utilizar el espacio fiscal disponible deberían gastar en mejorar su infraestructura”. Son la mayoría, apuntó, pero su petición especialmente iba dirigida a Alemania. Hay que recordar que la economía alemana dejó atrás los altos déficits del principio de la crisis en 2014 y ha ido incrementando sus superávits fiscales hasta situarse en el 1,7% en 2018. Por su parte, y consecuentemente, su deuda pública ha caído del 80% del PIB de entonces hasta al 60,9%.

El estímulo presupuestario de esos países que tienen margen fiscal no sólo tendría un impacto positivo en los que lo llevan a cabo, sino que se extendería también al resto de los países de la eurozona. Por eso, también Lagarde abogó al mismo tiempo porque se institucionalice más la cooperación, reforzando el presupuesto embrionario de la eurozona, cuyo fondo serviría para potenciar de forma centralizada a las economías con problemas. Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, que se pronunció días antes en la misma línea que Lagarde, señaló que el presupuesto federal en EEUU suaviza cerca de un 10% las perturbaciones económicas.

Pero por ahora la política fiscal la deciden, bajo ciertas normas de equilibrio presupuestario, los países por sí solos. Alemania no ha querido adoptar una posición inversora estos últimos años que podría haber beneficiado a todos. Tampoco en política monetaria ha mirado por sus socios, atacando durante toda la crisis las medidas del BCE que tanto bien les han hecho a países como España. Afortunadamente la política monetaria se diseña tomando en consideración la situación del conjunto de la eurozona. Y bien que les ha venido, porque sus condiciones de financiación ahora son excelentes. El bono a diez años alemán cotiza actualmente en el entorno del -0,7% e incluso consiguió el 21 de agosto colocar deuda a 30 años a tipos negativos. Su ministro de finanzas, Olaf Scholz, ha anunciado que podrían invertir hasta 50.000 mil millones de euros, algo menos del superávit que tuvo en 2018. Todo apunta a que Lagarde tendrá éxito y su rogativa será escuchada por Alemania. Pero, eso sí, lo hará por combatir su recesión, no por redimirnos al resto.

CBDC: China será la primera

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/8/2019

A principios de julio comentaba en este espacio (El dinero digital soberano, más cerca) que son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital (Central Bank Digital Currency, CBDC), y cómo el anuncio de Facebook de emitir libra, una moneda digital e internacional, iba a acelerar estos procesos. Entonces señalé que dos de los países más adelantados eran Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto; y Suecia, donde el Riksbank ya está sopesando las posibilidades tecnológicas para implementarla. Pero China los va a dejar rezagados.

Forbes, la revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, publicaba este miércoles la noticia: el banco central de China (PBOC) lanzará una criptomoneda respaldada por el Estado el 11 de noviembre, el día de mayores compras, el Singles Day.

Para ponerla en circulación, el PBOC se apoyará en siete instituciones de confianza: los dos bancos más grandes del mundo -el Banco Industrial y Comercial de China y el Banco de China-, el Banco Agrícola de China, dos de las compañías de tecnología financiera más grandes de China -Alibaba y Tencent-, y Union Pay, una asociación de bancos chinos. Estas entidades pagarán al banco central el 100% de la emisión y luego las diseminarán entre los 1.300 millones de ciudadanos chinos, aunque el plan es que también pueda utilizarse fuera del país a través de bancos corresponsales.

Forbes pone la fecha pero el contenido lo había adelantado Mu Changchun, alto directivo del PBOC, en sus declaraciones del 10 de agosto, cuando describió con detalle este sistema dual. No es un blockchain puro porque no necesita esperar a que los grupos de transacciones se establezcan en un bloque, y gracias a esto el sistema diseñado tiene una potencia de 300.000 transacciones por segundo (libra, sólo para 1.000). También, a diferencia del bitcoin, ni es una moneda descentralizada ni utiliza un algoritmo que limite su volumen, sino que el banco central chino la administrará y decidirá su mayor o menor suministro. Será, por tanto, dinero digital seguro, como los billetes y monedas físicas, por su total respaldo soberano, pero con una diferencia: será rastreable, lo que incrementa la capacidad de vigilar a los usuarios.

Los objetivos son múltiples, aunque el fundamental es el que desean todos los bancos centrales: evitar perder la soberanía pública de la moneda y seguir controlando la política monetaria. Pero para China también supone un paso más en su plan a largo plazo de convertirse en la primera potencia mundial. Con esta nueva moneda digital soberana quiere internacionalizar el yuan, plantarle cara al sistema monetario de los EEUU y a que sea al dólar estadounidense la moneda de reserva global. “El plan estratégico de China es integrarse más estrechamente con el resto del mundo”, decía Mu el 10 de agosto. En Occidente, la lentitud que conlleva la democracia y el poder de los lobbys perjudican el cambio. Así, China será la primera en emitir dinero digital soberano. El autoritarismo chino lo facilita, y además allí el Gobierno es el dueño de los bancos.

Exportaciones andaluzas: ¡ánimo valientes!

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:43

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/8/2019

El miércoles se publicaron los datos de exportaciones relativos al primer semestre de 2019. Una frase que resumiría su comportamiento para toda España podría ser la siguiente: nuevo récord, con 147.408 millones de euros. Sin embargo, no daría buena cuenta de la realidad si no se añade un comentario que matiza esa euforia: el crecimiento respecto al mismo periodo del año anterior ha sido del 1,7%, el más bajo en los últimos cinco años, y por debajo del 2,6% que crecieron como media en Europa. Para Andalucía, la situación es peor, porque no es que crezcan poco, es que decrecen. En nuestra región se exportaron productos por valor de 17.116 millones de euros, lo que supone un descenso del 0,6% respecto de enero a junio de 2018.

Los principales sectores exportadores que siguen tenido un buen comportamiento en Andalucía son el agroalimentario -pese a la disminución de las exportaciones de aceite de oliva-, el aeronáutico y los combustibles y aceites minerales. Por el contrario, los descensos más acusados son los relacionados con las materias primas, cuyos precios están cayendo en el mercado internacional: minerales, escoria y cenizas, cobre y sus manufacturas, y fundición, hierro y acero. También registró una bajada importante el capítulo de aparatos y materiales eléctricos.

Por destinos, de los tres principales países extracomunitarios, en dos han crecido las exportaciones, EEUU, con una subida del 13,2%, y Marruecos, con un 6% más; y descienden las de China, un 10,9% menos. Por su parte, de los siete países comunitarios más importantes para las ventas andaluzas, suben en tres de ellos: Alemania, con un aumento del 13,8%, Italia y Países Bajos, con un 12,7% y un 12%, respetivamente. Sin embargo, descienden en Francia (-4,8%), Reino Unido (-15,5%), Portugal (-8,5%) y Bélgica (-12,5%).

En conjunto, las exportaciones andaluzas han roto la excelente trayectoria que habían seguido desde hace tres años. 2018 se cerró con un crecimiento del 4,9% respecto a 2017 y los datos del primer cuatrimestre de este año seguían arrojando un aumento del 2,6% respecto al mismo periodo del año anterior, con un mes de abril histórico. Ha sido en los dos últimos meses cuando ha cambiado esta tendencia y Andalucía ha perdido incluso el segundo lugar en favor de la Comunidad de Madrid en el ranking nacional que lidera Cataluña.

De momento, la causa parece concentrarse principalmente en la bajada de los precios de las materias primas, pero no hay que obviar que en general la ralentización económica mundial irá impactando de forma negativa en nuestras exportaciones. Especialmente preocupante es la recesión económica en Alemania, el país al que más productos exportamos. Recordemos que el sector exterior ha sido el “milagro” que nos ha sacado de la crisis y que ha contribuido enormemente a la convergencia de nuestra comunidad con el resto de regiones españolas. Mérito y proeza de las empresas andaluzas. La Junta de Andalucía tiene que intensificar su papel para animarlas, facilitarles y ayudarlas para que prosigan y se sumen más de ellas a esa dura tarea. Nos resulta vital la diversificación exportadora en productos y destinos.

¿Colapsará la banca?

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/8/2019

¿Hasta dónde pueden caer las cotizaciones bancarias? Seguro que muchos de nosotros nos hemos hecho esta pregunta estos días pasados al verlas caer y caer de forma importante. Y no sólo respecto a la banca española, sino a toda la europea. Las debilidad del sector lleva mucho tiempo mostrándose. Desde el gran batacazo de hace 10 años los bancos han recuperado algo de valor en varias ocasiones, pero sólo temporalmente. Sus cotizaciones ahora están prácticamente en los bajísimos niveles en los que cayeron entonces, incluso muchas en mínimos históricos. Una inversión de 100 euros replicando el índice Euro Stoxx Banks en 2008 se hubiera convertido en este enero en 40 euros. Y durante este año ha ido a peor: el sector está soportando una ola de ventas -un sell-off, en la jerga bursátil- en toda regla.

La baja rentabilidad es la causa y no hay visos de que pueda mejorarse en el futuro. Les perjudica el entorno de tipos de interés bajos que va a proseguir durante un largo periodo de tiempo. Y en septiembre se espera que el Banco Central Europeo baje el tipo de depósito -hasta el -0,50%-, y aunque lo haga de forma escalonada tendrá un impacto negativo sobre sus márgenes. Además, el deterioro de las perspectivas macroeconómicas también afectará al ritmo de crecimiento del crédito. El miércoles la agencia estadística Eurostat confirmó el frenazo de la economía europea y Alemania anunció la contracción de su economía. Italia está estancada y Francia creció un exiguo 0,2%.

El BCE, en el Boletín de Supervisión Bancaria de agosto, aborda este problema: “La rentabilidad está mejorando, pero no lo suficiente”. En 2018 la rentabilidad se elevó, nos dice, pero de forma escasa y sin calidad, porque sólo se debió a que ya no soportan tanta carga de la crisis y porque el entorno macroeconómico fue favorable. Pero en esto ya hay poco espacio para la mejora; a la vista de las perspectivas, al contrario. Los bancos necesitan imperiosamente hacer cambios estructurales que conlleven mejorar la eficiencia, generar ganancias -subir los ingresos y bajar costes- acordes a su nivel de riesgo, y así garantizar su sostenibilidad.

Los supervisores no ocultan su preocupación por la fragilidad de la banca. No es para menos. Todos tenemos reciente los enormes costes que suponen cuando entran en crisis, por el apoyo directo que hay que suministrarles y, más aún, por los efectos devastadores que provocan en la economía y, por tanto, en la sociedad. En el magnífico libro El Traje Nuevo del Banquero, Anat Admati (Universidad de Stanford) y Martin Hellwig (Instituto Max Planck) defienden que habría que obligarlos a tener mucho más capital y a recurrir menos al endeudamiento para que fueran más seguros. Pero a ver cómo incrementan sus ratios de capital con esa baja rentabilidad.

Si ya no son atractivos para los inversores, menos lo serían reteniendo ganancias a costa de disminuir los dividendos. Y es una locura que intenten captar en las condiciones actuales nuevo capital propio. Sin solidez y sin rentabilidad siguen subsistiendo. Y empieza a no ser un escenario descabellado que los estados tengan que hacerse cargo de ellos si las cotizaciones siguen cayendo.