Sobre la nueva moneda Libra

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:26

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/6/2019

Esta semana Facebook ha presentado su nuevo proyecto. En realidad, dos proyectos, aunque vayan unidos: la creación de una moneda global, Libra, y la creación de una red para utilizarla. La frase que pronunció Mark Zuckerberg los resume: “El mundo necesita de una divisa digital en la que se pueda confiar, acompañada de una estructura que pueda convertirse en el internet del dinero”. Ambos vienen idealizados y cargados de tintes sociales. El nombre elegido alude al signo astrológico caracterizado por la armonía, la justicia, la igualdad y el equilibrio. Y su uso se presentó como una solución para los 1.700 millones de personas que no tienen cuenta bancaria, un 31% de la población del mundo. Pero conviene profundizar en estos proyectos tan épicos.

Con la estructura -tecnología blockchain- se pretende que sea tan fácil mandar dinero desde los teléfonos móviles como mandar un mensaje, y casi gratis. No la utilizaría sólo Facebook, pero sí sería la pionera. Su subsidiaria financiera, Calibra, gestionaría el primer monedero digital para almacenar y utilizar Libra. Muchos interrogantes surgen: ¿sería su operativa segura?, ¿servirían sus cuentas seudónimas de soporte para el blanqueo de dinero y actividades delictivas? y, fundamental, ¿qué harían con nuestros datos financieros? Facebook y privacidad no es que hayan venido en el pasado unidas.

Hasta aquí, nada novedoso, WeChat ya lo hace en China. Lo innovador en este proyecto es su vocación internacional mediante la utilización de una moneda global. A través de casas de cambios, cada usuario tendría que cambiar su divisa por libras. La cantidad de libras existentes dependerá del dinero que se traspase desde monedas convencionales, dinero que quedará ingresado en una reserva para respaldar el valor y la estabilidad de Libra.

La encargada de mantener y gestionar las reservas y controlar la estructura será una entidad sin ánimo de lucro y con sede en Suiza, la Asociación Libra, una especie de banco central, con una red de custodios distribuidos geográficamente. Hay ya 27 empresas involucradas: Mastercard, Vodafone, Paypal, Spotify… Facebook sería sólo una más de ellas. Todas han aportado diez millones de dólares para la puesta en marcha, y recibirán en el futuro los rendimientos que generen las reservas.

El peligro de este proyecto es que permita mantener depósitos en libras. Zuckerberg habla de una moneda confiable, pero ¿qué garantías hay del buen hacer de la Asociación Libra?, ¿quién la auditaría? Dicen que las divisas obtenidas por las libras se depositarán en bancos: ¿qué bancos?, y se comprarán bonos soberanos de calidad: ¿con qué criterio? En su inicio, una Libra valdrá un dólar: ¿quién fija en el tiempo los múltiples tipos de cambio? No, Libra no sería en absoluto dinero seguro. Además, con miles de millones de clientes, por poco saldo que mantuvieran, la Asociación Libra se convertiría en sistémica, con gravísimos riesgos para la estabilidad financiera y para la política monetaria. Los reguladores y bancos centrales deberían negarse en rotundo. Y si el proyecto se limitara exclusivamente a ser una solución global, novedosa tecnológicamente, de pagos y cambios, ¿para qué pasar por Libra?

Pagar por los depósitos y cobrar por las deudas

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/6/2019

El Consejo de Gobierno del BCE toma decisiones para que tengan consecuencias, para conseguir resultados en la inflación -su objetivo prioritario- y en el crecimiento económico. La semana pasada, entre otras decisiones, acordó mantener la tasa de depósito al -0,4% y abrió la posibilidad de bajarla aún más. Para los bancos ha sido un jarro de agua helada. Reclamaban que se les suavizara esa tasa, que les penaliza por tener aparcados sus sobrantes de reservas en el BCE. Esta semana Draghi les ha indicado la solución: que les cobren a su vez a sus depositantes corporativos. El BCE quiere que la tasa de depósito del -0,4% actúe sobre la economía real en un doble sentido: forzando a los bancos a prestar y, si la trasladan, empujando a invertir a las empresas.

Los particulares -salvo si disponen de saldos millonarios- no tienen que temer que se les cobre por los depósitos, pero han de olvidarse de que vuelvan los tiempos en que eran remunerados. El límite del 0% es muy difícil de socavar, las entidades no van a arriesgarse a que la población vaya en masa a sus sucursales a por billetes para guardarlos en sus casas. Pero el escenario sí puede cambiar para las empresas, especialmente para las grandes corporaciones: aunque tengan coste, no van a dejar de tener el dinero en los bancos, necesitan operar con los depósitos.

Esto no es nuevo en Europa, aunque ahora puede extenderse y generalizarse. Actualmente los tipos negativos afectan al 5% de los depósitos totales y cerca del 20% de los depósitos de grandes empresas en la zona euro. Pero estas proporciones varían según los países. Las empresas belgas, alemanas y holandesas ya pagan por su liquidez en el 50% de depósitos. Esto no es casual, sus bancos son los más afectados con esa tasa de depósito negativa y son los que más se han apresurado en trasladarla.

La efectividad de esta tasa para influir positivamente en la economía real viene avalada por un informe publicado por el BCE esta misma semana. En él se demuestra que a las empresas que se les cobra por la liquidez, reducen sus tenencias de efectivo y aumentan su inversión en activos tangibles e intangibles. También rechaza el efecto negativo para la banca: pueden pasar las tasas negativas a sus depositantes corporativos sin que estos se les vayan. Eso sí, si son bancos sólidos, lo que induce a pensar en que aumentará la competencia, con movimientos de depósitos hacia los mejores, aunque por ello les cobren.

Las grandes empresas pagarán por sus depósitos pero tampoco podemos olvidar que están disfrutando de unos costes financieros históricamente bajos. Muchas de ellas se han beneficiado de otras políticas del BCE -compra de bonos privados- que les han llevado incluso a financiarse con tipos negativos. Así es el surrealismo financiero en el que vivimos: empresas pagando por sus depósitos y cobrando por sus deudas. La críticas les llueven al BCE. A nadie se le escapan las consecuencias indeseadas de sus medidas, y es discutible si son suficientes los resultados en relación a su enorme intervención. Pero el euro ha sobrevivido. Además, ¿cuál era la alternativa?, ¿se le hubiera perdonado que se quedara al margen?

Listos para actuar

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:22

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/6/2019

No todas las reuniones que periódicamente mantiene el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) levantan el mismo nivel de expectación. Las decisiones que se han tomado en muchas de ellas eran en gran medida predecibles. Sin embargo, en otras, como pasaba con la de ayer, la incertidumbre sobre lo que se comunicaría era alta. En esta ocasión Mario Draghi estaba sometido a una enorme presión, principalmente por dos motivos: por las palabras del miércoles del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que anticipan sin tapujos una próxima bajada de tipos; y por los datos de Eurostat de esta semana sobre la inflación, el objetivo del BCE, que cayó del 1,7% de abril al 1,2% en mayo.

En su conferencia Draghi reconoció que a pesar de que los datos en la eurozona eran algo mejores de lo esperado para el primer trimestre, la información más reciente indica que los vientos globales en contra continúan afectando a las perspectivas de la zona euro. Y señaló las causas, agregando: “La presencia prolongada de incertidumbres relacionadas con factores geopolíticos, la creciente amenaza del proteccionismo y las vulnerabilidades en los mercados emergentes está dejando su huella en el sentimiento económico”.

Tanto los riesgos que señaló, como otros que no nombró explícitamente -los problemas con el presupuesto italiano y el Brexit- no sólo siguen presentes sino que se están agudizando, y resulta difícil cuantificar los efectos negativos que finalmente tendrán sobre el crecimiento. Por ahora, en Europa existe una aparente incoherencia, porque las encuestas y los indicadores muestran un empeoramiento de la confianza, especialmente en el sector manufacturero, pero los datos de PIB y de empleo siguen mostrando resistencia. Descontando Italia, las noticias más sombrías provienen de la economía alemana, con un crecimiento escaso y donde el paro se ha elevado en el último mes por primera vez desde 2013.

La respuesta de Draghi ante esta prolongación de la incertidumbre ha sido retrasar de nuevo una posible subida de los tipos de interés, hasta al menos el primer semestre de 2020. Además ha vuelto a recalcar que se seguirá reinvirtiendo en comprar bonos los reembolsos de los que tienen en cartera y vayan venciendo. Ni se bajaron los tipos ni se retomaron las compras, pero dejó bien claro que el Consejo de gobierno del BCE está listo para actuar en caso de contingencias adversas, ajustando todos sus instrumentos según proceda. Exactamente la misma postura que adoptó Jerome Powell dos días antes.

Tampoco Draghi cedió ayer a la presión del sector bancario. Pese a las reiteradas reivindicaciones para que subiera la tasa de depósito, la ha mantenido en el -0,4%. Además, las condiciones de las TLTRO III que empezarán en septiembre son generosas para los bancos que presten, pero penalizan -respecto al TLTRO II- a los que no lo hagan y prefieran en cambio dedicarse al carry trade. Así, el coste de las nuevas líneas de liquidez será de un 0,1% frente al 0% de las pasadas, pero los bancos pueden reducir este coste hasta el -0,3% si su volumen de préstamos supera el índice de referencia. Ante esto, los bancos reaccionaron en Bolsa cayendo con fuerza.

Etiquetas: ,

Noticia buena mala

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/5/2019

Al final del año pasado, los economistas advertíamos de que el coste de financiación de nuestra deuda subiría cuando se retirara el que había sido su principal comprador, el BCE, aunque siguiera reinvirtiendo los importes de los bonos que le fueran venciendo: equivocación. El coste del bono español ha ido descendiendo desde el 1,73% de octubre hasta el 0,72% que marcó esta semana. Increíble, porque no estamos hablando de la financiación a corto plazo, sino a 10 años. De mantenerse en estos niveles significará un alivio de intereses para países como España, con una deuda pública que sigue marcando en valores absolutos record tras record. Desde esta perspectiva, la noticia es espléndida.

Este efecto no sólo ha dado en España. Las bajadas del rendimiento de los bonos hasta situarse en mínimos históricos la experimentan también países como Grecia o Portugal y se ha suavizado incluso la tensión en la deuda italiana. El bono alemán profundiza en los tipos negativos: Alemania cobra un 0,17% anual porque le presten dinero a 10 años. Y tampoco se descarta que el bono de EEUU descienda del 2% por primera vez desde finales de 2017.

La causa de la oleada de compras de bonos públicos puede resumirse en una palabra: miedo. La guerra China-EEUU siembra pesimismo y lleva a los inversores a buscar activos más seguros. Esta semana saltaron las alarmas tras la visita del presidente Xi Jinping a una planta de procesamiento de tierras raras, donde se obtienen unos elementos químicos que son completamente necesarios para fabricar productos tecnológicos.

El temor es que China -productor del 71%- contraataque utilizando el suministro de estos elementos como arma. En el parte de guerra semanal también hay que incluir la acusación de Trump a China por manipulación del yuan y la petición de China a EEUU de que declare inconstitucional el veto a su tecnológica.

Pero más allá de esta guerra, aunque agudizada por ella, la perspectiva de desaceleración económica global, incluso de recesión, es lo que subyace en el comportamiento de la renta fija pública. Carmen Reinhart (Universidad de Harvard) destacaba esta semana que la ralentización de China es más profunda y duradera que lo que se esperaba. Por su parte, el Bundesbank también esta semana afirmaba que la mejoría del primer trimestre alemán se debió a factores extraordinarios pero que la tendencia económica en general continua siendo débil. De hecho, Alemania registró en mayo el primer incremento de la tasa de paro desde noviembre de 2013.

Con este panorama la volatilidad en los mercados financieros será elevada. La FED podría bajar los tipos de interés. Al BCE -el 6 de junio tiene Consejo de Gobierno- la opción de subirlos se le aleja y se aviva la posibilidad de que reinicie las compras. En España -con un crecimiento del PIB del 2,4%- la ralentización económica está siendo mucho más moderada.

Además, ahora se encuentra con el beneficio del menor coste de financiación y el estímulo fiscal indirecto que supone que particulares y empresas vayan a seguir endeudados tan baratos. Pero España no podrá evitar el contagio de lo que está pasando, mejor ser conscientes del mal que esta buena noticia lleva incorporado.

Garántia, para volcarse con pymes y autónomos

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/5/2019

La función de una Sociedad de Garantía Recíproca es facilitar el acceso a la financiación a pymes y autónomos y mejorar sus condiciones de plazo y de tipo de interés. La de Andalucía, Garántia SGR, ha experimentado un fuerte crecimiento este último año. Su Riego Vivo asciende ya a 393 millones de euros, con 7.789 operaciones activas. En 2008 formalizó 1.812 nuevas operaciones -un 32% más- por valor de 115 millones de euros. Con 16.000 socios se ha convertido en la tercera SGR en el ranking nacional, sólo por detrás de Elkargi e Iberaval, las del País Vasco y Castilla y León, respectivamente. Garántia quiere seguir creciendo y convertirse, como hacen esas dos SGR líderes, en un brazo instrumental de la Junta de Andalucía para la dinamización de la economía y la creación de empleo. Diferentes vías de colaboración pueden plantearse.

Incrementar el número de pymes y autónomos, y su calidad, es fundamental en toda España, pero más aún en Andalucía. Según el I Informe de Financiación a Pymes y Autónomos en Andalucía, publicado por Garántia la semana pasada, y el realizado en abril por la patronal Cesgar a nivel nacional, la densidad empresarial aquí es menor de la que corresponde en función del PIB y población (545.369 pymes y autónomos, el 15,17% del total español), tienen menor tamaño (el 95,7% tienen menos de 10 empleados, frente al 95,3% nacional) y se concentran más en el sector servicios (77,9% y 75,5%). Además, la base de pymes exportadoras también es menor (6,5% y 8,8%) e innovan menos (el 10% y 16,8%).

La financiación es uno de los aspectos importantes a cuidar si se quiere alcanzar ese objetivo. El Informe refleja que en 2018 el 32,9% de pymes y autónomos andaluces han requerido financiación, y lo positivo es que el 89% de ellas ha podido obtenerla. Ahora la banca está muy proclive a prestar y además nuevas alternativas de financiación están disponibles. Aun así, las SGR siguen teniendo un papel que jugar para mejorar las condiciones de financiación y en aquellas operaciones que, siendo viables, por falta de garantías o por su finalidad no acceden al crédito. Garántia -sin ánimo de lucro, con solvencia del 14,5% (el mínimo es del 8%) y supervisada por el Banco de España- cuenta con el reaval público estatal de Cersa, pero su potencial se amplificaría con el apoyo paralelo de su socio mayoritario, la Junta de Andalucía, al igual que se hace en otras comunidades.

La Junta podría aportar recursos al Fondo de Provisiones Técnicas o establecer un reaval para respaldar operaciones que impulsen el sector industrial o las de carácter innovador, exportador o de emprendimiento. O vincular la subvención del coste del aval a la creación de empleo. Los importes de las operaciones podrían proceder de la banca, de fintech o de fondos privados. O directamente de los fondos europeos, como apuntaron el presidente y el director de Garántia el día de la presentación del Informe, y ya se hace en Iberaval, por ejemplo. Son muchas las posibilidades y habría que analizarlas con el máximo cuidado para elegir aquellas que distorsionen menos al mercado y contribuyan en mayor medida a potenciar la economía y a crear empleo.

Etiquetas: , , ,

Guerra EEUU-China, ¿y Europa?

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/5/2019

¿Está Donald Trump loco? En la última semana ha vuelto a calentar la guerra con China. ¿Está equivocado con su visión de que cómo no actúe así el futuro pasa por un mundo teñido de rojo? Cuesta trabajo pensar que el presidente con mayor poder del mundo no esté rodeado de los mejores asesores para evaluar la amenaza. Lo que extraña son las formas. Sus numerosos tuits y bravuconadas le dejan en una posición de debilidad respecto a su contrario, que calla y se muestra moderno, negociador, abierto, ¡típico occidental!: ¿sincero o arte? Los americanos disparan una nueva bala -más aranceles- junto con un tuit de Trump advirtiendo que no tomen represalias, y los chinos, desoyendo el comentario, también los suben. Y con seguridad, como en lo comercial no llevan las de ganar, andarán urdiendo en el más puro silencio otras muchas balas que lanzar en otros campos.

China lleva vendiendo bonos americanos desde septiembre. Sólo en marzo, por valor de 20.500 millones de dólares. EEUU está en guerra con su acreedor extranjero más importante: China mantiene 1,12 billones de deuda pública americana. Muchos analistas afirman que no puede esperarse que siga vendiendo masivamente, porque sería la primera en verse afectada por las pérdidas que experimentaría en su cartera. Pero, ¿quien dice que China no esté dispuesta a asumirlas como costes de guerra? Las guerras convencionales siempre han conllevado cuantiosos gastos. Además, la medida también haría sufrir a EEUU, por el mayor coste que tendría para financiar los altos déficits derivados de la bajada de impuestos y el enorme plan de inversiones públicas desarrollados.

El nerviosismo de Trump también obedece a que sabe que EEUU está librando una pelea con un brazo atado. ¿Qué se puede hacer contra un país con un régimen autoritario que no tiene límites a la hora de manejar a sus empresas y a su sistema financiero para alinearlas con sus intereses? Tampoco tendría restricción alguna para manipular a la población, para conseguir, por ejemplo, que dejaran de consumir productos americanos. De hecho, la propaganda ya está funcionando. El 13 de mayo, el presentador del programa de noticias más visto de China dijo: “Si quieres pelear, pelearemos contigo hasta el final”. La escena se hizo viral.

Los aranceles son el comienzo. China no es solamente un fuerte competidor en el terreno económico sino que lo que está en juego es la supremacía tecnológica. Y en esa guerra, ¿cómo queda Europa? El Banco de España publicó esta semana un análisis -anterior a los últimos movimientos- en el que se concluye que el impacto negativo en la economía europea es aún moderado, aunque también se expone el gran temor -por ahora disipado- a que EEUU imponga aranceles a Europa en el sector del automóvil. Y reconoce que perjudica las expectativas -tan importantes para la economía- de la población y el empresariado. Mike Pompeo, secretario de los EEUU, visitó Londres la semana pasada con un mensaje: “Permitan que Huawei construya las redes de comunicación 5G en Gran Bretaña y pueden despedirse de la relación especial con EEUU” (Philip Stephens, Financial Times). Loco o no, Trump exigirá a Europa que se decante.

Etiquetas: , ,

Los subvencionados dividendos bancarios

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 10/5/2019

Hubo un tiempo -en la primera mitad del siglo XIX- en que los banqueros respondían ante los acreedores y depositantes no sólo con los activos de sus bancos sino con sus propios patrimonios personales. Hubo un tiempo posterior -hasta bien entrado el siglo XX- en que esta responsabilidad ilimitada se acabó, pero en la que al menos los banqueros seguían comprometiendo recursos suficientes en sus bancos: el ratio de apalancamiento -proporción de capital propio en relación con la deuda con acreedores y depositantes- rondaba del 30% al 50%. Hay un tiempo, el actual, en que ese ratio está por los suelos. El de las entidades españolas se situó el pasado año en el 5,4%, algo superior al 5,3% medio europeo.

La normativa lo permite. Las exigencias de capital son extremadamente laxas, incluso después del endurecimiento de la regulación que se produjo tras la crisis financiera. Concretamente, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea fijó el ratio de apalancamiento mínimo en el 3%. Por entonces, Martin Wolf, en su artículo Basel: the mouse that did not roar (Basilea: el ratón que no rugía) de The Financial Times, hizo una valoración muy acertada: “el requisito de triplicar el mínimo anterior parece duro, pero sólo si uno se da cuenta que triplicar casi nada no es mucho”.

Así, las condiciones en las que trabajan los bancos distan enormemente de lo que dicta la lógica financiera. Lo adecuado sería que los bancos se fortalecieran ampliando capital. O más fácil, vía autofinanciación, dedicando los beneficios generados a incrementarlo. Por el contrario, en estos últimos años se han repartido sustanciosos dividendos. Ahora, los supervisores están poniendo el acento en este tema.

El Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España de 7 de mayo denuncia que el reparto de dividendos que vienen haciendo no permite que crezca el capital lo necesario para que las entidades estén preparadas para afrontar los riesgos. También, la subgobernadora Margarita Delgado en su conferencia del 8 de mayo señaló que “las políticas de retribución al accionista deben adecuarse a la necesidad de generación orgánica de capital de cada entidad”, insistiendo en que ser accionista conlleva depender del resultado obtenido, y que antes está la solvencia del banco. Ambos siguen las recomendaciones que ya hiciera el BCE en enero, con las que instaba a los bancos a ser conservadores a la hora de repartir los beneficios.

Pero, ¿por qué iban a cortarse repartiendo dividendos más allá del cumplimiento estricto de las normas si cuentan con el sector público para completarles su exigua solvencia? Ningún otro sector mantiene esos ratios de apalancamiento: los que les prestan se aseguran que los dueños estén pringados suficientemente. Depositantes y acreedores prestan a los bancos aunque sus accionistas estén tan poco implicados gracias al seguro público de depósitos y a la asistencia del BCE con la que cuentan. Somos los contribuyentes los que posibilitamos que los accionistas bancarios reciban dividendos: ellos ganan, la población soporta el riesgo. Se ha recorrido en la historia un camino perverso con la banca. Habrá un tiempo en el que todo esto reviente.

“Más pobres que sus padres”

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:10

TRIBUNA ECONÓMICA, 3/5/2019

Benoît Coeuré, miembro del Consejo del Banco Central Europeo y candidato a su presidencia cuando Mario Draghi se marche, se dirige a los jóvenes. Lo hace en Italia, en la Universidad Bocconi de Milán. Les habla a los que no han conocido otra moneda que el euro, a los que se les hace extraño, e incluso imposible, manejar los precios en liras italianas, francos o pesetas. Les habla a los que son Más pobres que sus padres (McKinsey Global Institute, 2016) o, peor, a los que tienen en sentido absoluto más riesgo en el futuro de ser pobres. Desde principios del siglo XX, cada generación ha disfrutado de mejores niveles de vida que la anterior, pero con los millennials se está rompiendo esa tendencia.

Aunque Benoît Coeuré no los nombra, Benoît Coeuré, miembro del Consejo del Banco Central Europeo y candidato a su presidencia cuando Mario Draghi se marche, se dirige a los jóvenes. Lo hace en Italia, en la Universidad Bocconi, y no es casual el momento en que pronuncia este discurso: las elecciones al Parlamento europeo están cerca. El próximo 26 de mayo, millones de ciudadanos de la Unión Europea (UE) están llamados a las urnas. En las últimas elecciones europeas, en 2014, en el tramo de edad de entre 18 y 24 años votó sólo un 27%, frente a una participación media del 43,8%. La lamentable situación de los jóvenes les lleva al escepticismo respecto a Europa. Se teme que en está ocasión la desafección sea aún más alta.

A pesar de que se ha remontado mucho desde la crisis, el desempleo juvenil sigue siendo dos veces más alto que la tasa de desempleo total. Además, las nuevas formas de empleo han afectado especialmente a los jóvenes. Desde el 2000, la proporción de jóvenes que trabajaban a tiempo parcial casi se ha duplicado. Y sus contratos son temporales, el doble que los trabajadores mayores. En la zona del euro, más del 50% de las personas de 15 a 24 años tienen contratos temporales, en comparación con menos del 10% en los Estados Unidos.

¿Qué puede hacer Europa por ellos? Coeuré reconoce que es necesario actuar a nivel nacional y de la UE. Señala dos campos de actuación esenciales: por una parte, gastar más en educación y, en cualquier caso, gastar mejor, elevando su calidad. Más matemáticas, más lectura y más educación científica son sus recetas. Por otra, paralelamente hay que maximizar las oportunidades de empleo, persiguiendo, por ejemplo, que Europa se convierta en líder, en lugar de un seguidor, en la cuarta revolución industrial, y esto no se consigue con un gasto en investigación y desarrollo (I + D) en torno al 2% del PIB, estancado en los últimos 20 años.

Según los datos del informe de la Subsecretaría de Empleo a junio de 2018, la situación en España respecto a Europa es aún peor: menos empleo, sobre todo para jóvenes con niveles de estudio bajos, y con condiciones económicas más deterioradas, con una tasa de temporalidad más alta, y en mayor proporción de carácter parcial. Además, los jóvenes están en esos tipos de contratos sin desearlo: las tasas de temporalidad y parcialidad involuntaria duplica a las europeas. Y un dato andaluz: el 22,3% de la población de 16-29 años son ninis: ni estudian ni trabajan. Acabamos de votar para el Parlamento español, hace poco para el de Andalucía, y pronto para el europeo. A ver qué hacen con este drama: nuestros hijos están afrontando el futuro sin esperanza.

Etiquetas:

Democracia retirada

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:51

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/4/2019

Freedom in the World es un informe anual que valora, cuantitativa y cualitativamente, los derechos políticos y libertades civiles de numerosos países. La última edición señala una conclusión demoledora: la democracia está en retirada. En 2018 se registró el decimotercer año consecutivo de disminución de la libertad global. La regresión ha afectado a una variedad de naciones en todas las regiones, desde democracias de larga tradición como EEUU hasta regímenes autoritarios consolidados como China y Rusia. “Aunque el retroceso general aún es poco profundo en comparación con las avances logrados a finales del siglo XX, la tendencia es constante y siniestra”.

A nivel global, entre 1988 y 2005 se experimentó una notable mejoría (los países clasificados como No Libres pasaron del 37% al 23% y los Libres crecieron del 36% al 46%), pero desde entonces el proceso ha sido el contrario (los No Libres aumentaron al 26% y los Libres se redujeron al 44%). De los 195 países que cubre el análisis, Siria, Turkmenistán y Corea del Norte se encuentran entre los peores. Los campeones de la libertad son europeos -Noruega, Suecia y Finlandia-, pero han retrocedido Hungría, Austria, Eslovaquia, Serbia y Turquía. Y también Polonia, donde el gobierno ha reformado el sistema judicial afectando a su independencia.

El repaso que realizan es exhaustivo. Casos de manipulación de las elecciones, eliminación de los límites a los mandatos, infinitos ataques a la libertad de expresión y a los periodistas, proliferación de noticias falsas, desarrollo del autoritarismo digital, incumplimiento de las normas internacionales sobre migrantes y refugiados o limpieza étnica. Con todo, lo que más impacta es que naciones que han sido impulsoras de la libertad en el pasado son las que también ahora están experimentando una reversión o se encuentran en amenaza.

Los autores, americanos, hacen autocrítica: “Trump ha atacado instituciones y tradiciones esenciales, como la separación de poderes, una prensa libre, la administración imparcial de la justicia, las salvaguardias contra la corrupción y, lo más preocupante, la legitimidad de las elecciones”. También advierten que los presidentes anteriores contribuyeron: el declive no empezó con Trump, Trump es una consecuencia. EEUU tiene actualmente una puntuación de 86 sobre 100, por detrás de más de 50 países.

España tiene una excelente puntuación, 94 de 100, la misma que Alemania, por encima de Francia, Italia o el Reino Unido. Hemos construido una magnífica democracia y son enormes los logros alcanzados: una historia de éxito. Pero en los últimos tiempos se ha erosionado: la corrupción la ha dañado, la crisis ha hecho estragos y el problema catalán la está sometiendo a una prueba de fuego. Y las pequeñas cosas también cuentan, como los bochornosos debates de esta semana, con los candidatos llamándose mentirosos y utilizando información falsa o manipulada. Las instituciones resisten, sí, pero sólo hasta cierto punto. Si la desconfianza en nuestra democracia se sigue instalando, el peligro de que se abrace a un líder carismático, un salvador y protector, que empiece a revertir nuestra libertad se acrecienta.

Etiquetas:

Notre dame y Europa

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/4/2019

Muchos han sido los artículos que se están escribiendo sobre Notre Dame desde que el pasado lunes la invadieran las llamas. Nos hemos enterado con ellos de los detalles del incendio, de su historia, de su importancia cultural o de las donaciones y campañas de crowdfunding iniciadas para sufragar su reconstrucción. Pero también muchos han resaltado el carácter simbólico de este desolador suceso: de que su ruina sea una advertencia del peligro de la ruina de Europa: hay que volver a levantar la catedral al igual que hay que revitalizar nuestro proyecto de convivencia. Lo reclama muy bien Bernard-Henri Lévy en su Oda a Nuestra Señora de Europa: “Espero que el sacrificio de Notre Dame despierte las conciencias dormidas”, que a través de este desastre la gente se dé cuenta de que “Europa es Notre Dame en grande”.

Ahora los dos proyectos quedan encarnados en el presidente francés, Enmanuelle Macron. El mismo lunes por la noche se comprometía con Notre Dame en un emotivo discurso: “Esta noche os lo digo solemnemente: esta catedral será reconstruida por todos nosotros juntos”. Apelaba a la unidad para reconstruirla como ha apelado como nadie estos últimos años a la unidad para reconstruir Europa. El legado europeo es demasiado importante para perderlo y Macron lo dijo claro desde que llegó a la presidencia: “No se puede ser tímidamente europeo”.

Y hace algo más de un mes, ante la proximidad de las elecciones europeas, volvió a hacer un llamamiento para refundar Europa. En su artículo Renacimiento Europeo propone numerosas iniciativas para los tres campos de actuación fundamentales: la libertad, la protección y la recuperación del espíritu del progreso. “No podemos dejar que los nacionalistas sin propuestas exploten la rabia de los pueblos. No podemos ser los sonámbulos de una Europa lánguida. No podemos estancarnos en la rutina y el encantamiento.”

El destino ha querido que el inicio del fuego coincidiera -¡qué casualidad!- con la reunión que tenía Macron con los chalecos amarillos, movimiento que le ha puesto contra las cuerdas y que condensa los dos problemas claves que él ha identificado -desigualdad y cambio climático- para recuperar el espíritu del progreso. El aumento del precio de los carburantes como forma de reducir las emisiones de CO2 motivaron las protestas iniciales de los chalecos amarillos -¿los que no llegan a final de mes son los que tienen que frenar el cambio climático?- aunque luego derivaron a reivindicaciones más amplias relativas sobre todo a la desigualdad social.

La portada de la revista satírica Charlie Hebdo reflejó inmediatamente un paralelismo entre el incendio de la catedral y las medidas que iba a anunciar en ese encuentro que podían incendiar Francia. Aunque el fuego y las revueltas se han desarrollado allí, la necesidad de redefinir nuestro modelo de sociedad -resolviendo éstas y otras muchas cuestiones referentes a la libertad y seguridad- no es exclusiva de ellos. Poner ladrillos físicos es fácil. Para recuperar Notre Dame sólo son necesarios tiempo y dinero. La dificultad estriba en colocar los ladrillos adecuados que permitan seguir construyendo el alma de Europa.