Aire nuevo para la Andalucía del siglo XXI

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/3/2019

La realidad es mejor no disfrazarla. Y un hecho incuestionable es que el PIB per cápita de Andalucía se ha mantenido durante décadas en un 75% de la media española y, lejos de converger, en estos últimos años la distancia se ha ampliado. Así que empecemos por admitirlo: nuestro modelo productivo no funciona. ¿Cuáles son las causas que hacen que esto sea así?, ¿qué hacer para revertirlas? Rogelio Velasco, consejero de Economía, Conocimiento, Empresa y Universidad de la Junta de Andalucía, contestó a estas preguntas el pasado miércoles, en Sevilla, en una nueva edición del Foro Joly. Su discurso sonó distinto a los que estamos acostumbrados: tuvo un toque académico, por la honestidad e independencia intelectual al enfrentarse al problema; un carácter científico, por el análisis reflexivo y minucioso de las áreas que hay que mejorar; pero también fue decididamente político, el de un hombre de acción dispuesto a que se produzca el cambio.

El primer paso para hacer frente a las deficiencias de la economía andaluza es tomar conciencia de ellas, sólo así es posible superarlas. Velasco, avalado con datos, se explayó. Nos faltan fábricas, equipos de transporte, TIC, maquinarias, y, en general, activos ligados a la inversión productiva. Nos falta un capital humano más formado. Nos faltan más empresas, mayores, más competitivas, que estén bien diversificadas y que sean más maduras tecnológicamente. Nos hace falta incrementar el peso de las que generan mayor valor añadido, como las intensivas en tecnología y conocimiento. Y fundamental, nos hace falta que el marco institucional en el que se muevan sea de mayor calidad, orientado al progreso, que favorezca y facilite la actividad económica.

Para combatir esta situación el consejero abogó por desarrollar políticas de oferta, que dinamicen la economía y hagan de Andalucía un sitio propicio para invertir. Las políticas que señaló abarcan ámbitos muy diversos. Educación, buscando la excelencia desde edades muy tempranas. Universidad, estrechando los vínculos con la empresa. Una administración pública regenerada, simple y ágil. Políticas industriales eficaces y eficientes. Internacionalizando la economía y captando inversiones extranjeras. Fomento del emprendimiento e incorporación plena de las empresas a las nuevas tecnologías digitales. Y especialmente actuando sobre el mercado de trabajo, para aumentar la estabilidad del empleo y reducir la tasa de paro.

Muchos de estos objetivos no son nuevos. Pero se insistía machaconamente en mantener un mismo comportamiento, que conducía a los mismos malos resultados. Ahora cambia la forma de enfrentarlos. Tendremos tiempo de criticar constructivamente las medidas que vayan proponiendo y de valorar sus resultados. De momento resulta muy positivo que haya entrado aire nuevo en Andalucía, que ha situado el centro de atención en la actividad económica privada y ha reivindicado el papel de la empresa como motor del crecimiento y de generación de empleo. Si se quiere conservar el Estado de bienestar e incluso mejorarlo, para seguir redistribuyendo la riqueza, resulta indispensable potenciar a las empresas porque son ellas las que la crean.

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Encaje de bolillos financiero

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/3/2019

Ayer Mario Draghi, tras una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE, prosiguió con al encaje de bolillos financiero que empezó hace más de siete años. Siguiendo esta técnica volvió a entretejer los hilos de la economía de la Eurozona, aquejada de distintos problemas. Y lo hizo, como siempre, colocando los alfileres que considera necesarios para sostenerla, sin olvidarse de que el tejido resultante tiene que parecerse al objetivo que tiene asignado, esto es, llevar la inflación al 2%. El paño durante todos estos años le ha ido saliendo, lo que ya es de por sí un gran éxito, porque por el 2012 los hilos estaban tan enrevesados que parecía imposible sacar nada bueno de ellos. Pero el parecido con el patrón se le resiste. Y no dejan de surgir problemas.

El hilo más difícil con el que le toca lidiar ahora es el del crecimiento del PIB de la Eurozona, que se ha venido abajo. El BCE ha reducido drásticamente su previsión para 2019, hasta el 1,1%, y las rebajas también se extienden a 2020 y 2021. Alemania crecerá sólo un 0,7%, el más bajo desde 2013. El caso de Italia es aún más grave, su PIB descenderá un -0,2%. Además, los riesgos a los que está sometido -que ya señaló Draghi que habían girado a peor- persisten.

La guerra comercial declarada por EEUU puede hacer mucho daño, de forma indirecta por lo que pase con China, pero también directamente por su comportamiento con Europa. Las palabras de Trump sobre la UE el pasado 25 de febrero, recogidas por Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano, dejan clara su actitud: “Les hemos dicho que tenemos que reunirnos. Y que si no nos reunimos vamos a machacarlos a aranceles”, en clara amenaza a los coches europeos. Y ahí sigue el Brexit, empantanado, cuando se acerca la fecha límite para llegar al acuerdo.

Ante todo esto había que actuar y Draghi lo ha hecho. Los tipos de interés siguen en el mismo nivel, pero ha retrasado posibles subidas hasta al menos finales de 2019. El programa de reinversión de bonos continua. Y ha puesto nuevos alfileres para lidiar con los bancos, que no son hilos sino sogas a su cuello. Así, en septiembre se pondrán en marcha las TLTRO III (préstamos gratuitos a dos años a los bancos, condicionados a que den crédito). Se quiere evitar que se encarezcan los préstamos bancarios cuando la actividad se ha debilitado, pero también apoyar a los bancos, especialmente italianos y españoles, que tienen que afrontar vencimientos de TLTRO pasadas por 380.000 millones de euros.

El retraso de los tipos le ha sentado mal a las bolsas, sobre todo a la banca: la desaceleración económica es muy seria. El refugio ha sido los Tesoros: el bono español bajó al 1%. Y es que hacer encaje de bolillos financiero es muy delicado y complejo. Draghi va a concluir su mandato con todos los alfileres puestos sin conseguir que la inflación llegue al modelo -está en el 1,2%- y con un recorte sustancial en las previsiones de crecimiento. Pero está harto de decirlo. El encaje para que sea sólido tendría que tejerse también desde el lado económico y no fiarlo todo al financiero: ha vuelto a suplicar a los gobiernos de la zona euro que apliquen políticas favorables al crecimiento.

Renta básica universal sí o no

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:09

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/3/2019

El pasado lunes, el catedrático de la Universidad de Sevilla, Juan Torres, presentó su último libro. En él aborda la Renta Básica (Deusto, 2019), un tema controvertido, que rápidamente despierta posicionamientos a favor o en contra en intelectuales, políticos y en la población en general, pero que los adoptan en numerosas ocasiones sin suficiente fundamento. A muchos les sorprendería saber que es defendida desde posiciones totalmente liberales y no sólo desde la izquierda: depende de cómo se plantee. Y como bien dice el autor en su primer capítulo es una propuesta que hay que conocer a fondo aunque en principio no se esté a favor de ella.

Existen versiones de Renta Básica para todos los gustos, en función de las características que se establezcan: ¿qué población tendría derecho a recibirla?, ¿por individuo o por hogar completo?, ¿con condiciones -de recursos o de comportamientos- o sin ellas? , ¿para todos por igual o modulada?, ¿temporal o perpetua?, ¿cómo se instrumentaría?, ¿eliminaría todas o parte de las prestaciones sociales que ya existen?, ¿seguiría existiendo la sanidad y la educación pública? Y el aspecto fundamental: ¿de dónde se sacarían los recursos para afrontarla?

En el libro se constata esa variedad -teóricas- a través de un recorrido histórico, desde las primeras formulaciones en la Grecia clásica hasta las últimas propuestas. Entre ellas, se destaca la que propuso el Colectivo Charles Fourier (Bélgica, 1984) por ser la primera de carácter universal, y que conllevaba la supresión de subsidios de todo tipo. También se señala la más radical, la de Charles Murray (2006) para el que la renta básica universal sería “un plan para reemplazar el Estado del Bienestar”. En la práctica, en poquísimos lugares está implantada. En dos, Alaska e Irán, está respaldada con sus pozos petrolíferos.

Pero a falta de un maná, hay que buscar qué fuente de financiación la sostendría. Los cálculos, (Arcaronons, Raventós y Torrens) para España de una renta de 7.451 euros anuales para todos los adultos y de un 20% de esta cantidad para los menores de 18 años arrojan un coste bruto de 280.092 millones de euros. Y por mucho que se apliquen reducciones a esta cifra, en todo caso, implicaría necesariamente que un colectivo importante tiene que estar trabajando y produciendo para poder financiar que la reciban otros.

El repaso de las ventajas e inconvenientes de una renta básica universal que se desarrolla en este libro, recogiendo los muchos argumentos y contraargumentos de partidarios y adversarios, constituye un riguroso esfuerzo para sentar las bases sobre el que desarrollar el debate. Particularmente, tras su lectura, me posiciono en contra porque considero que atenta a los principios de libertad y justicia. Además, en todo caso, sería inviable financieramente si se plantea de forma añadida a las políticas sociales actualmente establecidas, y totalmente rechazable si se plantea como alternativa. Un eficiente Estado del Bienestar y políticas económicas eficaces que fomenten el empleo y la igualdad de oportunidades para acceder a ellos son las mejores armas para luchar contra la desigualdad y la mejor manera de prevenir la pobreza.

 

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El impreciso y abierto coste de las hipotecas actuales

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:05

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/272019

Formalizar un préstamo hipotecario supone una importante decisión financiera por la elevada cantidad de dinero que suele conllevar y por el larguísimo periodo de tiempo que va a acompañarnos. Conviene, por tanto, conocer en profundidad las condiciones que aceptamos al firmarlo e informarse sobre cuál es el coste total que resulta de los muchos ingredientes de que se compone. Sin embargo, la competencia de las entidades por captar clientes ha llevado a éstas a desarrollar un camino que deja este coste impreciso y abierto, dificultando enormemente la comparación de las diferentes ofertas que pueden presentarnos y dejando el préstamo sujeto a desagradables sorpresas.

En principio, el principal componente de toda hipoteca es el tipo de interés nominal, fijo o variable. Es lo que las entidades financieras suelen utilizar como gancho cuando publicitan el producto. Sin embargo, si la comisión de apertura que acompaña al préstamo es elevada puede contrarrestar el menor tipo de interés de una alternativa que a primera vista pueda aparecer como muy ventajosa.

De forma añadida, el préstamo genera gastos de notaria, registro y gestoría, que con la nueva Ley Hipotecaria serán todos por cuenta del banco. No es así con los gastos de tasación, que recaen exclusivamente en el cliente. Por su parte, el gasto más elevado, el Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados, después de las idas y venidas del Tribunal Supremo, finalmente no tiene que soportarlo el hipotecado.

Algunas entidades se adelantaron a la Ley y optaron por asumir todos los gastos, aunque repercutiéndolos por vía indirecta: las estadísticas inmobiliarias señalan que el coste se ha elevado del 2,26% al 2,31% en el último trimestre. Es lo que seguirá ocurriendo. Y hay que tener presente que una ligera subida en el tipo de interés puede hacer que se termine pagando mucho más de lo que suponían los gastos eliminados.

¿Qué pesa más, el tipo de interés, la comisión, que no haya ningún gasto…? Con tantas variables resulta difícil elegir la opción más conveniente. Por eso, el Banco de España obliga a los bancos a informar de la Tasa Anual Equivalente (TAE), que las resume en una sola cifra aplicando las matemáticas financieras. Eso sí, es una aproximación imperfecta del coste total porque se incluyen en su cálculo sólo los gastos que determina la ley, no todos.

Además, en la situación actual esa TAE pierde su eficacia. Las entidades, para conceder la hipoteca o mejorar sus condiciones, están exigiendo el cumplimiento de requisitos adicionales: domiciliar una nómina o recibos, utilizar la tarjeta por un importe mínimo, contratar un plan de pensiones, un producto de inversión o diferentes seguros (de crédito, hogar, vida, coche). La nueva Ley Hipotecaria lo sigue permitiendo. El coste de la hipoteca queda así completamente dependiente de las condiciones particulares de cada uno de los productos vinculados, de los posibles costes de oportunidad que generen y de cómo evolucionen en el futuro. El Banco de España ya está recibiendo reclamaciones; por ejemplo, por la prima de un seguro vinculado que se vuelve mucho más elevada al año siguiente.

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Exportaciones andaluzas: barreras y tamaño

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:01

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/2/2019

Imponer aranceles a la importación es la forma de protección más común que utilizan los países. Y la más conocida. Todos los andaluces nos hemos enterado de cómo EEUU los imponía a nuestras aceitunas de mesa. Sin embargo, las políticas de protección se extienden a otras muchas medidas menos transparentes, pero que se han multiplicado en los países desarrollados estos últimos años. En este contexto, la firma de acuerdos comerciales por la Unión Europea que derriben todas las barreras -arancelarias o no- resulta fundamental para que el “milagro exportador” español siga produciéndose. Pero esto no es suficiente; paralelamente hace falta aumentar la capacidad de las empresas para que los aprovechen.

El proteccionismo, que con la llegada de Donald Trump se ha intensificado, arranca desde el inicio de la crisis financiera, en un intento de los países de paliar sus consecuencias adversas. Según un estudio del Banco de España, el número de nuevas medidas no arancelarias adoptadas por los países del G20 se han multiplicado por más de cuatro en el periodo 2009-2017. Entre ellas, ayudas financieras a la industria nacional, obstáculos técnicos innecesarios, condiciones en los proyectos públicos que excluya a los extranjeros o requisitos sanitarios y fitosanitarios fuera de los estándares. El impacto negativo de estas barreras en las exportaciones es muy relevante: el estudio concluye que el crecimiento anual desde 2009 de las exportaciones españolas podría hacer sido sin todas estas medidas en torno al 14% frente al 11% observado.

Por eso son tan importantes los acuerdos de nueva generación que está suscribiendo la UE, que eliminan todo tipo de barreras, como el CETA con Canadá, el de Japón o el de esta mismo semana con Singapur. Y especialmente interesantes son los que viene firmando con países de América latina porque pueden beneficiar a las empresas españolas por su cercanía cultural. Sin embargo, Andalucía, que era la cuarta región española en exportaciones a América latina en 2008, en 2017 había descendido al sexto puesto. Entre esos años, todas las grandes regiones exportadoras las incrementan, destacando Murcia (279%), Aragón (119%), Galicia (104%) y Valencia (100%), salvo Andalucía, que las disminuye en un 17%, si bien esto se explica por la caída espectacular de dos sectores concretos, combustibles y aeronáutico. Con todo, el crecimiento del resto de sectores ha sido del 30%, el menor de todos.

Y es que estos acuerdos abren las puertas a todas las empresas europeas, pero luego hay que atravesarlas. Andalucía, que ha ido de récord en récord estos últimos años, no puede bajar la guardia. Se necesitan más empresas que exporten y que además lo hagan regularmente, que no sólo se “busquen la vida” cuando desaparece la demanda interna. Y tanto para una cosa como para la otra, las estadísticas señalan que es fundamental el tamaño: en Andalucía más de la mitad de las empresas son unipersonales y el 96% tienen menos de 10 trabajadores. En manos de la Junta de Andalucía está poner en marcha estímulos que animen a las empresas a crecer, empezando por eliminar aquellos desincentivos que existen para que no lo hagan.

La deuda pública española: riesgos futuros

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 16:59

ANÁLISIS, 9/2/2019

Nuestro altísimo volumen de deuda pública somete al Estado a dos importantes retos cada año: conseguir dinero suficiente en los mercados para poder amortizar los títulos que van venciendo y soportar la pesada carga de intereses que genera. Para salir airoso de ambos resulta fundamental que España sea un país que ofrezca confianza, que los inversores acudan a las subastas y que lo hagan además sin exigir una retribución alta. Ahora estamos pasando un momento dulce. La amplia demanda para nuestras Letras, Bonos y Obligaciones del Estado y los bajísimos costes a los que se están colocando estos títulos están haciendo llevadero el elevado nivel de endeudamiento. Pero existen riesgos en el horizonte.

Deuda pública

Deuda pública DPTO. DE INFOGRAFÍA

Llegar a esta situación ha sido posible por la positiva evolución de nuestras variables macroeconómicas de estos últimos años -crecimiento del PIB, la contención del déficit público y la disminución de la tasa de paro-. Consecuentemente, las cuatro principales agencias de rating han ido mejorando la calificación crediticia de España hasta el nivel A- (Fitch). Nada que ver con la situación de 2012, cuando los inversores compraban deuda pública exigiendo un 7%. Ayer el bono a diez años cotizaba a 1,22%.

 Y para que esto se produjera ha resultado, y sigue resultando, decisiva la intervención del Banco Central Europeo (BCE). Hemos contado con un agente dispuesto a comprar y comprar nuestra deuda sin mirar precios, y que además ha mantenido los tipos de interés oficiales por los suelos. El Estado ha notado sus efectos por la menor carga de intereses en los presupuestos, pero también por el impulso que ha supuesto para la economía que las familias y empresas se aliviaran de intereses, pudiendo dedicar esa parte liberada a consumo y a inversión: un poderoso estímulo fiscal disfrazado de monetario.
Deuda públicaDeuda pública

Deuda pública DPTO. DE INFOGRAFÍA

La sostenibilidad de esta enorme deuda exige crecimiento. Y ahí está la clave de lo que pueda pasar éste y los próximos años. Las previsiones se están revisando a la baja. Este mismo jueves, la Comisión Europea –otra vez– ha rebajado seis décimas a su previsión de crecimiento de la Eurozona para 2019, hasta el 1,3%; para España, la ha dejado en el 2,1%. De la misma forma, también han retocado a la baja las estimaciones para 2020. Y el temor es que se sigan rebajando, porque son numerosos los riesgos geopolíticos -Italia, un Brexit sin acuerdo o la guerra entre EE.UU y China- que existen actualmente. En caso de materializarse alguno de ellos, tendría un efecto claro negativo sobre el crecimiento económico.

Deuda pública

Deuda pública DPTO. DE INFOGRAFÍA

En estas circunstancias, al BCE le va a ser difícil retirarse. Y en la medida que la desaceleración sea más o menos acusada no solo tendrá que seguir manteniendo sino volver a intensificar los estímulos monetarios. La deuda pública española, por tanto, seguirá contando con su importante respaldo; además, España espera unos crecimientos por encima de la Eurozona, y esto también será positivo porque nuestra deuda puede beneficiarse de la mejor situación relativa respecto a otros países como Italia o Francia. No obstante, no cabe la complacencia. Recordemos que cada punto de subida del interés medio de la deuda rebaña 11.000 millones de euros al presupuesto, y cuando se pierde el equilibrio, los bucles negativos empiezan a dispararse. España tiene –sí o sí– que seguir ofreciendo confianza. Y para ello, cada décima de crecimiento cuenta.

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¿Me espía mi Huawei?

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 16:55

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/2/2019

No sólo EEUU, también Japón, Australia y Nueva Zelanda han vetado a la compañía Huawei para implementar la quinta generación de telefonía móvil, conocida como 5G. Y están presionando a otros países para que hagan lo mismo. “Con nosotros o contra nosotros” es la postura de Donald Trump. Esta misma semana se debate en Alemania qué presencia debe tener esta empresa en la nueva red. Ayer se sumó Italia. Todos dicen temer que Huawei sea una espía para el Estado chino. Se le acusa de que las terminales de su compañía puedan contar con un software oculto preinstalado capaz de enviar datos de los usuarios a China.

Ren Zhengfei, el fundador de Huawei, se defiende: “Somos como una pequeña semilla de sésamo, atrapados en medio del conflicto entre dos grandes potencias”. Asimismo, en el reciente Foro de Davos afirmó que China nunca le ha pedido datos y que se negaría a hacerlo si sucediera. Y este mismo miércoles, en respuesta al debate alemán, Huawei comunicó que “da la bienvenida a todas aquellas iniciativas que contribuyan a construir y operar las futuras redes 5G de la forma más segura posible” Pero ni su pasado -era ingeniero en el Ejército Popular de Liberación de China- ni la legislación de su país -obliga a personas y empresas a cooperar con el Estado Chino- le aportan credibilidad al personaje.

La seguridad no es el único problema, y tampoco el más importante, con Huawei. El interés por lograr información lo comparten todos los países y todos tienen sofisticados sistemas para defenderse. Lo cierto es que esta compañía es también una amenaza para la economía de EEUU y para su liderazgo tecnológico. De hecho, ya ha habido otros encontronazos en el pasado que han terminado vetando la expansión de Huawei en EEUU. No es nada extraño. China ha prohibido que Facebook o Google desarrollen su actividad allí. No puede pretender tomar esta actitud y tener campo abierto para sus empresas en el resto del mundo.

Estos dos bloques están protegiendo sus territorios impidiendo el desarrollo de las tecnológicas contrarias y, a la vez, se enfrentan por el dominio en terceros países, como Brasil, India e Indonesia. Esto supone un cambio radical de lo que venía siendo lo habitual por la mayoría de los estados desde el final de la Segunda Guerra Mundial: apostar por el libre comercio. Y todos sentían que ganaban con ello. Ahora, sin embargo, la intensa desnacionalización de la economía que habíamos alcanzado ha emprendido su marcha atrás.

El problema es cómo deshacer lo que está tan íntimamente unido, porque la cadena de suministro de tecnología es global. La interdependencia es tal que, por ejemplo, Apple -la rival de Huawei- ensambla sus iPhones en Shenzhen, China, utilizando componentes provenientes de numerosos proveedores asiáticos y no asiáticos. O se consiguen acuerdos o se fracturará el mundo en dos y las empresas tendrán que replegar sus cadenas de suministro a la zona a la que pertenezcan. En estos días se libra una importante batalla en esta guerra: ambas superpotencias mantienen conversaciones para alcanzar un acuerdo comercial antes del 1 de marzo. Lo que está en juego es la tecnología, aunque se trate ahora del acero o de la soja.

¿Cuánto valdrán ahora los billetes de 500?

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/2/2019

En marzo de 2006 saltó la noticia. El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo había tomado la decisión de finalizar la producción de billetes de 500 euros -los bin laden-a finales de 2018. Y ya ha llegado el momento: desde el domingo pasado se han dejado de emitir. Algunos ni lo notaremos, y quienes los tengan no han de preocuparse porque seguirán siendo válidos indefinidamente. La razón que dio el BCE para tomar esta determinación es que este billete de tan alto valor facilita las actividades ilegales: drogas, armas, tráfico de personas y de órganos, evasión fiscal o lavado de dinero. Pero, a pesar de esta contundente razón, no falta quien se oponga a esta medida ni quien encuentre razones ocultas ni quien especule sobre cuál será su valor a partir de ahora.

Los alemanes protestaron por su desaparición. Ellos son grandes amantes del efectivo, fueron los que quisieron este billete cuando se creó el euro, como sustitución del de 1000 marcos alemanes (511 euros), que se eliminaba. Sin embargo, el español mayor era de 10.000 pesetas (60 euros). El temor es que a esta medida le sigan otras, hasta acabar completamente con el dinero físico, con la pérdida de libertad que esto conlleva: las transacciones electrónicas dejan rastro; bastará darle a un botón para reconstruir los pasos diarios de cualquiera, no sólo sobre qué ha comprado y cuánto ha pagado sino en qué horas y lugares ha estado. Se plantea, por tanto, la tensión entre seguridad y libertad, dos objetivos que con frecuencia actúan dialécticamente y en contradicción.

Por otra parte, esta decisión ha invitado a la suspicacia por el momento en que se toma: se han emitido durante 17 años, desde el inicio del euro, y nadie parecía preocuparse, y ahora que estamos inmersos en un mundo de tipos de interés bajísimos y que es posible que los bancos terminen cobrando por los depósitos, se dificulta que pueda guardarse el dinero debajo del colchón para no tener que pagar por él. Un millón de euros en billetes de 500 pesa solo 2,2 kilos; en billetes de 50 euros pesaría 20 kilos. Pero es un paso que ya se dio en otros países: EEUU, por ejemplo, eliminó los billetes de 1.000 y 500 dólares, dejando como más alto el de 100 dólares. En el Reino Unido el más grande es de 50 libras. Sólo en Suiza persiste el billete de 1.000 francos suizos (unos 877 euros), el más valioso del mundo.

Y lo más curioso respecto a este asunto es la encuesta sobre el futuro valor de los billetes de 500 euros que realizó la gestora británica de fondos M&G en 2016. Teóricamente, el valor debería ser el mismo, porque sigue en vigor como medio de pago, pero se planteaban dos argumentos. De un lado: intentar utilizarlos en una transacción podría ser una señal de que esa persona es un criminal o un evasor de impuestos: ¿deberán sus dueños venderlos con descuento? De otro lado: seguirá habiendo demanda por parte de personas que los ven como la forma de resguardar el dinero en metálico con menores costes de almacenamiento: ¿incrementará su valor? El 14% opinó que se intercambiará con descuento; el 36% que mantendría su valor; y el 50%, que cotizará con una prima. A ver cómo y por cuánto se deshacen de los suyos.

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A cámara lenta

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/1/2019

A los bancos centrales se le han puesto las cosas más difíciles. El camino hacia la normalización monetaria que comenzó hace ya años en la Reserva Federal (Fed) y en otros bancos centrales, como el de Canadá o el Banco de Inglaterra, se ha complicado. También para el nuestro, el Banco Central Europeo (BCE), que los sigue con retraso. La paciencia, que ha sido una de las palabras banderas de Mario Draghi -junto con prudencia y persistencia- se ha convertido también en la nueva palabra de la Fed. La desaceleración económica y la volatilidad en los mercados exigen estar a verlas venir, no hay otra. De momento no es que vayan a desviarse o retroceder en este proceso pero lo que sí han hecho es ponerlo a cámara lenta. Ahora, incluso algunos miembros de sus consejos, que eran claramente halcones, se han vuelto palomas.

Los datos de la revisión a la baja del crecimiento de EEUU -del 3% al 2,3%- y los descensos bruscos en Wall Street de diciembre, tras la última subida de tipos, constituyen un problema para la Fed. Se le acusa de alimentar la volatilidad financiera y de poner en riesgo el bienestar económico del país. De nada sirvió que de forma paralela a la subida de esos 25 puntos básicos. le acompañara una declaración de mayor suavidad para el año que viene. En una conferencia posterior Jerome Powell tuvo que suavizar aún más las cosas, aclarando que los tipos de interés ya han alcanzado el límite inferior de la tasa neutral: donde la Fed dijo que serían tres la alzas, y luego dos, ahora es posible que quede en una o en ninguna. También está por ver si detiene la reducción de su balance, que venía disminuyendo a razón de 50.000 dólares al mes. Todo dependerá de sus dos objetivos: la inflación y el empleo.

En cuanto al BCE, ayer tuvo lugar una nueva reunión de su Consejo de Gobierno. No se esperaba ningún cambio y así ha sido, aunque había cierta expectación por los comentarios que hiciera Mario Draghi tras lo sucedido en EEUU. En la Eurozona, aunque ya finalizó el programa de compra de activos, la economía seguirá muy estimulada por la promesa de reinversión de los activos que vayan venciendo. Esto no es poca cosa, significa que el BCE comprará hasta 200.000 millones de bonos este año, fundamentalmente bonos soberanos. En cuanto a los tipos de interés, ayer mantuvo que permanecerán en los niveles actuales “hasta al menos durante el verano de 2019″.

Pero las tasas de crecimiento “han seguido siendo más débiles de lo esperado” y “es probable que la inflación general disminuya aún más en los próximos meses”. Además, Draghi reconoció que existe “una larga lista de factores” que pueden influir en el crecimiento más allá del corto plazo”. Expresamente mencionó el Brexit, la amenaza proteccionista, la desaceleración en China y los problemas de la industria automovilística alemana ante el riesgo de aranceles. Su tono más pesimista y alarmista cabe esperar que también el BCE se ponga en cámara lenta y que la subida de tipos no llegue hasta finales de 2019 o que incluso haya que esperar a 2020. No sólo el BCE, a todos los bancos centrales no les queda más remedio que ir “ajustando todos sus instrumentos” sobre la marcha. No lo van a tener nada fácil.

 

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El futuro del dinero y la banca

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:34

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/1/2019

Este miércoles celebramos en la Facultad de Turismo y Finanzas de la Universidad de Sevilla una jornada sobre el futuro del dinero y la banca. Los ponentes que me acompañaron en la Mesa fueron Carlos Arenillas, ex vicepresidente de la CNMV; Ignacio Ozcáriz, CEO en Grupo RFintech Plc, y el catedrático de Economía Aplicada, Juan Torres. Además, contamos con Jesús Manuel Utrilla, coorganizador del evento y presidente de Dinero Positivo, la rama española de una estructura internacional que lleva años reivindicando que el sector público recupere el poder de creación de dinero que ha ido acaparando cada vez más la banca.

La primera cuestión que abordamos pretendía dejar claro el punto en el que nos encontramos. Hemos pasado la mayor crisis de la Historia, hace unos meses se conmemoraba los 10 años de la quiebra de Lehman Brothers, ¿pero hemos superado el peligro de caer en otra crisis financiera? Repasamos causas, consecuencias, las reformas propuestas y las finalmente realizadas. La conclusión unánime es que la banca es ahora más sólida, pero no se han cambiado sus fundamentos absolutamente en nada: sigue asentada en el barro de la inestabilidad y los privilegios, sólo se le han puesto puntales -mayormente públicos- para conseguir que no se desmorone.

La situación, por otra parte, incluso se ha complicado por la revolución tecnológica, que está impactando de lleno en el mundo de las finanzas. Nos referimos a la imparable desaparición del dinero en efectivo en favor de los pagos digitales. Actualmente, los billetes y monedas en circulación ascienden sólo a 1,1 billones de euros, frente a los 17,5 billones de euros depositados en instituciones bancarias. Así, la creación de dinero está quedando completamente en poder de la banca, porque ellos son los que generan los depósitos al prestar dinero y porque además están desde el sector público garantizados.

Esta tendencia está siendo motivo de preocupación para los bancos centrales. Por ello, abordamos también la solución que vienen barajando: la emisión de dinero digital soberano; esto es, que podamos mantener tanto los particulares y las empresas nuestros depósitos directamente en el banco central y no en la banca. ¿Cuál sería entonces el papel del sistema bancario? La banca quedaría despojada del poder de crear dinero, que debe ser una función del Estado, y sería sólo financiadora de la economía real, función que sí debe desarrollarse desde el ámbito privado. El seguro de depósitos ya no tendría sentido. No habría temor a los bancos too big to fail. Se eliminaría tantísima regulación y tanto personal que requiere gestionarla. Y también estaría controlada el nivel de deuda.

La solución parece maravillosa, ¿pero qué problemas conllevaría que la decisión estuviera concentrada en un comité de banqueros centrales y no como ahora descentralizada?, ¿cómo podría llevarse a cabo la transición de un sistema a otro cuando se ha construido el Estado del bienestar sobre una montaña de deuda?, ¿estamos obligados a una huida hacia adelante? El debate, por tanto, está abierto. Mientras, la deuda del mundo sigue subiendo: ya supera los 244 billones de dólares, el 318% del PBI global.