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Andalucía y el retorno del péndulo

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/1/2021

En los últimos 150 años Andalucía ha pasado de ser la región más rica de España a la más pobre”. Así comienza el trabajo de Ángel Arcos, ganador del I Premio del Observatorio Económico de Andalucía, que se entregó el miércoles. Durante el siglo XIX Andalucía era la región más próspera de España, con el 25% del PIB, pero desde los años 30 su producción per cápita ha permanecido significativamente por debajo de la media española, compartiendo en las últimas décadas, junto con Extremadura, las últimas posiciones. El autor aborda cómo revertir esta situación, cómo conseguir el “retorno del péndulo”, recordando a Ortega y Gasset, que ya lo esperaba hace ochenta años.

Lo cierto es que en Andalucía vivimos con una calidad de vida que no nos corresponde. Podemos sostener este nivel de vida, unas fantásticas infraestructuras y unos buenos servicios públicos gracias a la solidaridad del resto de España. Así de claro y contundente. Y con razón dice el autor que no hay tiempo que perder: el Covid-19 nos ha golpeado más y la solidaridad interregional cada vez resulta más problemática. Añadamos una razón más genérica: no es digno acomodarse a ser dependientes.

Hay que reenfocar, pues, la economía andaluza. Y una mayor industrialización es una solución eficiente: sin industria no hay puestos de trabajo ni crecimiento. Pero, ¿cómo implicar en este proceso a los empresarios? Andalucía puntúa bien globalmente en Interés Empresarial, índice definido en el estudio como diferencia entre la productividad y el coste laboral medio, pero profundizando más, realmente sólo es atractiva en dos divisiones concretas: la metalurgia y el refino de petróleo.

El análisis encuentra que para incrementar la productividad, y por ende el Interés Empresarial, hay que actuar fundamentalmente en tres variables: peso de la gran empresa, capital productivo e intensidad de innovación. Además, propone aprender de los mejores, analizando qué hacen las regiones líderes en cada uno de los sectores. Junto a las “medidas clásicas”, aplican algunas novedosas, como atraer talento juvenil y potenciar la internacionalización, la personalización de productos, usando la economía circular y la eco-innovación, o la multilocalización productiva.

Estudios como éste son esenciales para que Andalucía salga del pozo, aunque no estaría de más, por seguir con Ortega, abordar al mismo tiempo nuestra realidad desde múltiples perspectivas: histórica, sociológica, educativa… O la psicológica. Precisamos de una terapia que nos descubra el porqué de nuestro carácter: el desinterés por las asociaciones económicas, el rechazo al empresario y al sobresaliente, el no enfocar la creatividad en la empresa o no considerar el estudio, el trabajo o el conocimiento como fuentes de placer. Y que analice cómo le influye disponer de un clima y una tierra tan propicios, decisiones políticas pasadas o si es un efecto nefasto de la sobreprotección. Al igual que en la vida particular, conocerse a fondo y reconocer los traumas es el primer paso para el cambio. Enderezando muchos frentes que se retroalimentan recíprocamente, quizá Andalucía pueda recuperar el lugar que por su historia le corresponde.

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El BCE y la caldera social

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:23

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/1/2021

“Por favor, Dios todopoderoso, que hagan lo que quieran con el dinero, a condición de que ese dinero controle el vapor…” Son palabras de la novela La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. El reverendo Reginald Bacon defendía que todo el dinero que él recibía para proyectos y obras sociales en Harlem, el Bronx o Brooklyn era una inversión muy beneficiosa porque conseguía que el vapor no se saliera de control. En las circunstancias actuales también es primordial que la caldera social se mantenga fría, aunque no se trata como en esa novela de aplacar problemas en barrios marginales y de contener conflictos raciales. La presión ahora la pueden elevar empresarios que se han quedado sin sus empresas, autónomos sin actividad, trabajadores de todos los niveles en el paro y jóvenes sin esperanza de obtener un empleo.

El Banco Central Europeo lleva más de una década enfriando el ambiente. Con la pandemia se ha equipado de nuevo con un descomunal depósito de agua para irla soltando con una manguera de gran diámetro. Con ella riega los depósitos de los diferentes gobiernos de una forma indirecta y sutil- abaratando el coste de su deuda- para que pueden gastar y gastar y rebajar así la temperatura de sus respectivos territorios. Igualmente, sus manguerazos también mojan directamente a familias y a empresas, ayudándolas a soportar su endeudamiento.

En España todo eso se concreta en los ERTE, prorrogados y prorrogados; en los ingresos mínimos vitales; en los préstamos a empresas avalados por el Estado; en las moratorias para los créditos de familias vulnerables; en las diferentes prestaciones, ayudas y subvenciones a grandes y a pequeñas empresas… Y en hacer sostenible la deuda total de España, que, según los datos de noviembre del Banco de España, se eleva a casi 3 billones de euros. ¡Que no pare, Dios todopoderoso, la manguera del BCE!

Ayer jueves, el Consejo de Gobierno del BCE se reunió y valoró la situación de nuevo. La tercera ola del Covid-19 puede subir muchos grados la temperatura de la caldera. La ansiada recuperación está en riesgo por las nuevas restricciones a la actividad y por la lentitud en la administración de las vacunas. De momento, ha decidido que con el volumen establecido de 1,85 billones de euros para compras de activos financieros es suficiente, pero Christine Lagarde ha advertido que esta dotación puede recalibrarse para mantener unas condiciones de financiación favorables si fuere necesario. La consigna es salir del aprieto y ya se verá qué hacer cuando el tsunami pase.

Pero hay que estar alerta porque, como en la novela, también podría haber quienes quisieran sacar tajada con todo esto. E incluso podrían, incrementando puntualmente la presión de la caldera, dejar escapar vapor a posta. Como hacía el reverendo Bacon, que aparentemente se mostraba defensor del lado débil – de los de Harlem, el Bronx o Brooklyn- y los azuzaba a rebelarse mientras que él especulaba para su interés con los Harlem Guaranty Securities al mismo tiempo. O como algunos políticos, que jugaban, según los casos, con el miedo de los blancos o con la ira de las minorías, agitando a la población para obtener beneficio electoral propio.

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Privacidad, por favor

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:21

TRIBUNA ECONÓMICA,  15/1/2021

El 12 de octubre, el Banco Central Europeo, pocos días después de que el Parlamento Europeo le instara a que resolviera los desafíos que plantea el establecimiento de un euro digital, anunció una consulta pública para que el mundo académico, el sector financiero, autoridades públicas, empresas y, en general, cualquier ciudadano, tuvieran la oportunidad de hablar sobre este tema. Esto es, que pudieran pronunciarse sobre la posibilidad de que, como complemento al efectivo físico actual, porque de momento no lo reemplazaría, se disponga del mismo dinero de siempre, pero en formato digital. El euro digital combinaría la seguridad de estar emitido por el banco central y la eficiencia y comodidad para los pagos diarios. El plazo terminó este martes. Y, según comunicó el BCE tras el cierre, ha sido todo un éxito.

En realidad, el BCE no investiga con esta consulta si habría que lanzar el euro digital, porque ya cuenta con razones contundentes para hacerlo. La más evidente es la significativa disminución del uso de efectivo como medio de pago, tendencia además agudizada con la pandemia, que está otorgando un protagonismo en exclusiva inaceptable al único dinero del que se dispone hasta ahora en formato digital: el dinero bancario. También urge emitirlo por la amenaza de lanzamientos de medios privados de pagos globales, como la propuesta de Facebook, que plantearían preocupaciones regulatorias, riesgos para la estabilidad financiera y para el consumidor, y que le robaría al banco central la soberanía sobre el dinero y le dejaría sin armas de política monetaria. Por último, porque otros bancos centrales, como el de China, ya lo están haciendo.

El BCE, por tanto, simplemente investiga sobre su diseño. Y nunca una consulta pública suya recibió tantas respuestas: 8.221. Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y presidente del grupo de trabajo sobre un euro digital, señaló que este elevado número de respuestas “muestra el gran interés de los ciudadanos y las empresas de Europa en dar forma a la visión de un euro digital”, aunque la verdad es que a las encuestas acuden fundamentalmente los que potencialmente pueden verse perjudicados. Quiénes han sido y qué han opinado se conocerá en un informe completo que se publicará en primavera.

Por el momento, sólo han proporcionado una primera valoración sobre las características de un potencial euro digital. Y lo más requerido fue que respetara la privacidad de los pagos, con un 41% de las respuestas. Sin duda, el anonimato del euro digital es uno de los aspectos más conflictivos. Si con el efectivo actual ya es enorme la lucha para combatir la financiación del terrorismo, el blanqueo, la economía sumergida y demás actividades ilícitas, con un euro digital anónimo esta lucha se acrecentaría aún más porque sería más fácil acumularlo y sin peligro de robo o deterioro. Así, el BCE tendrá que encontrar fórmulas que permitan mantener dinero digital en billeteras electrónicas en los móviles de forma anónima, aunque en cantidades reducidas, y al mismo tiempo posibilitar la apertura de cuentas para saldos mayores, de información conocida, aunque sólo utilizada ésta bajo supuestos determinados.

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Ahorro sin precedentes

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/1/2021

Es curioso observar que cuando un cuerpo tiene anemia, y más necesitado está de alimento para recuperarse, resulta que cierra el pico. A la anemia le suele acompañar la falta de apetito, y uno tiene que comer sin ganas si quiere sobreponerse. Pasa también en economía. Para salir de momentos de baja actividad económica, y con malas, o al menos inciertas, expectativas para el futuro, lo que convendría es que se incrementara el consumo. Pero no, se hace justo lo contrario: se cierra el bolsillo. Este comportamiento de incrementar el ahorro, por lo que pueda pasar, obedece a una lógica individual aplastante, pero resulta completamente contraproducente para la buena marcha de la evolución económica colectiva.

Por supuesto, el ahorro está relacionado con el nivel de rentas: si no hay de donde rascar es imposible hacerlo. Pero también depende enormemente del optimismo reinante. Así, en los primeros años tras la crisis de 2008, a pesar de que se hundía la masa salarial, las familias dedicaron muchos recursos al ahorro. Después, a medida que la renta de los hogares se iba incrementando, el consumo crecía incluso a un ritmo superior, cayendo la tasa de ahorro hasta situarse en el 5% en 2018. De nuevo, en 2019, cuando ya era notorio el deterioro de la situación económica, se produjo un cambio de tendencia y subió hasta el 7,4%.

Y la pandemia ha venido a agudizar este cambio. Ha sido tan intenso que la Fundación de las Cajas de Ahorros, Funcas, ha elegido la tasa de ahorro registrada en el segundo trimestre de 2020 como “el dato del año”. Entre abril y junio, coincidiendo con el confinamiento estricto, la tasa de ahorro de los hogares alcanzó el 22,5% de la renta disponible, un nivel nunca conocido en España (el anterior máximo fue en 2009, con el 12,1%).

Este mayor ahorro se refleja en la evolución de los depósitos bancarios, el producto financiero más conservador. Según los datos estadísticos que publicó el Banco de España el martes, en 2019 ya se había incrementado su saldo en 45.000 millones de euros y este pasado año ha seguido creciendo: a finales de noviembre de 2020 las familias españolas tenían ahorrado en este tipo de activo financiero 899.900 millones de euros, 48.000 millones más que en febrero, justo antes de la pandemia.

Una parte de este ahorro ha sido forzado por las circunstancias. Durante estos meses -los de confinamiento estricto, pero también en los de restricciones más light que hemos vivido y seguimos viviendo- no hay opción a consumir muchos de los bienes y servicios antes habituales. Menos viajes, menos salidas a bares y restaurantes, menores gastos en ropa, calzado o en desplazamientos, derivado todo ello de un tipo de vida más casero, con más teletrabajo y menor vida social. A esto se le añade la incertidumbre económica.

Además, en esta ocasión, los gobiernos están suministrando papillas para que la mayor parte de la población no baje drásticamente su nivel de ingresos, esperando que así se sostenga el consumo. Pero para curar la anemia hay que comérselas, y muchos de ellos, ante el miedo de que la recuperación se retrase o no llegue, están guardando todo lo que pueden. Esto explica el ahorro familiar sin precedentes.

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¿Volverá la inflación?

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/12/2021

La prestigiosa revista The Economist en el número de esta semana lleva esta pregunta, si volverá la inflación, nada menos que a su portada. Nos hemos acostumbrado tanto a que siempre esté tan baja, que resulta extraño que en plena depresión económica por la pandemia pueda plantearse siquiera que puedan cambiar las tornas y elevarse. Pero no sólo desde ahí se advierte; desde muchos frentes, y muy autorizados, se ofrecen argumentos sobre la posibilidad de que la inflación retorne.

Pero el miedo a la inflación se ha azuzado en numerosas ocasiones estos últimos años. Por eso, la alusión a la fábula de Pedro y el lobo está siendo recurrente. Tras cada una de las sucesivas propuestas de los bancos centrales incrementando la oferta monetaria, surgían rápidamente voces prediciendo que la inflación se desbocaría. Pero nada. Los tipos de interés cada vez más negativos y el respeto a las compras masivas de activos financieros completamente perdido… Y la inflación ni se cosca. Sin embargo, como pasó en el cuento, puede ser que ahora el peligro sea cierto.

También el prestigioso comentarista económico Martin Wolf el mes pasado se preguntaba Why inflation could be on the way back en su artículo semanal del Financial Times. Wolf lo hace al calor de la lectura de The Great Demographic Reversal (Goodhart y Pradhan). Según estos autores la economía mundial está a punto de cambiar de régimen. La última vez que sucedió esto fue en la década de 1980. Entonces, la globalización y la entrada de China en la economía mundial llevó a un mundo de baja inflación y de alto endeudamiento creciente. Pero esto, vaticinan, está terminando, e incluso se atreven a poner una cifra de inflación -entre el 5% y el 10%- para el próximo año.

Del mismo modo, Mark Machin, director del fondo de pensiones más grande de Canadá, esta misma semana defendía que las medidas de política en todo el mundo para abordar la pandemia de Covid-19 podrían impulsar la inflación después de años de estar baja. O en nuestro país, Jesús Sánchez-Quiñones, director de Renta 4, comenta en su magnífico blog que cuanto más tiempo transcurra con el mantenimiento de las políticas actuales, mayor el riesgo de que aflore la inflación: “De hecho, tanto la Fed como el BCE están haciendo todo lo posible para que aparezca la inflación. Cuidado con lo que se desea”.

Son sólo una muestra. Ninguno de ellos asegura en absoluto que se vaya a desencadenar un desastre inflacionario de forma inminente, pero todos subrayan el peligro de obviar su existencia. Incluso una pequeña elevación de la inflación que conllevara un aumento de los tipos de interés, impactaría como un terremoto contra el castillo de naipes monetario que tenemos montado, con gobiernos y empresas endeudados hasta las cejas, y con mercados de bonos y acciones, ¡ambos a la vez!, ignorando la posible inflación en sus valoraciones. Y no se puede olvidar que ahora se ensaya con un nuevo experimento: todos los países del mundo de forma sincronizada están aplicando a sus economías un cocktail de inmensos estímulos monetarios y fiscales simultáneos. Si algo nos ha enseñado la pandemia es que se presentan de repente eventos sorprendentes.

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¡Más madera!

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:14

TRIBUNA ECONÓMICA,  11/12/2021

El Tesoro Público español colocó este jueves 921 millones de euros en una nueva subasta de obligaciones a 10 años, cobrando a los inversores por primera vez en su historia para este plazo. Los portugueses se habían adelantado con los tipos negativos unos días antes. Otros países llevan tiempo disfrutándolos, como Francia, Bélgica o la que más, Alemania, que ya cobra porque le presten un 0,615%. Y anclados en esos bajísimos costes de financiación, las economías de la Eurozona miraban ávidas ayer a Fránckfort, a la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, esperando que inoculara más chutazos. Y los hubo, mayores incluso de los esperados.

Su presidenta, Christine Lagarde, justificó las nuevas medidas porque la segunda ola de la pandemia tendrá “un impacto pronunciado en la economía e incidirá en la inflación más de lo esperado”, afirmando que “la economía volverá a contraerse en el cuarto trimestre del año”. Así, amplía en 500.000 millones de euros la dotación del programa de compras de emergencia pandémica (PEPP), hasta un total de 1,85 billones de euros; alarga su horizonte hasta al menos finales de marzo de 2022; y extiende las reinversiones de estas compras como mínimo hasta fin de 2023. Además, y esto es especialmente interesante para España, reafirmó la flexibilidad con la que se actuará en las distintas jurisdicciones y activos según fuere adecuado.

Al mismo tiempo, el BCE ha reforzado la política monetaria clásica, esto es, a través de los bancos, prolongando doce meses -hasta junio de 2022- las líneas de financiación TLTRO III retribuidas al 1%, elevando el porcentaje que pueden solicitar, incrementando el número de operaciones que se realizarán, y prolongando hasta junio de 2022 el conjunto de medidas de flexibilización adoptadas en abril sobre los colaterales necesarios.

Con estas medidas, y algunas otras, pretenden incentivar a los bancos a solicitar financiación, y que dispongan así de suficiente liquidez para otorgar préstamos a hogares y empresas en condiciones favorables. Añadido a ese objetivo, el BCE persigue combatir la reciente fortaleza del euro, que ya cotiza a 1,21 dólares. Ayer, Lagarde mostraba su preocupación al afirmar expresamente que continuarán monitoreando la evolución del tipo de cambio por sus posibles implicaciones para las perspectivas de inflación a medio plazo.

La situación recuerda a una escena de una de las películas de los hermanos Marx. Groucho, junto a la caldera de un tren, grita una y otra vez: “más madera”. Sus hermanos, arrancando todo lo que fuera combustible, echan hasta los equipajes de los pasajeros para conseguir que la locomotora de vapor siga avanzando. También los bancos centrales -no sólo el BCE- llevan más de una década suministrando intensamente a la actividad económica estímulos monetarios. Y no se vislumbra cuando la caldera podrá funcionar sin su socorro. Antes de la pandemia se constató la dificultad de dejarlos. Ahora, el PEPP, se empezaría a revertir a partir de 2024, como muy pronto. Eso sí, el tren económico sigue, en un viaje de anormales tipos de interés negativos, pero marchando. Esperemos que no termine, como el de los Marx, destrozado y descarrilando

Con un nuevo préstamo a la espalda

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:53

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/12/2020

A estas alturas la caída de la actividad derivada de la pandemia les ha supuesto a decenas de miles de autónomos y pymes casi la ruina de sus negocios y, además, haberse echado un préstamo a la espalda. Para las administraciones públicas era fundamental que no se produjera un cierre rápido y masivo en estos colectivos -motores de la economía- y que no se desencadenara una nefasta cadena de impagos. Así, actuaron con diligencia suministrándole liquidez a manta. Como medida de contención de lo que hubiera sido una hecatombe no tiene tacha.

En este contexto hay que entender las líneas de avales ICO. La banca, como pasó en la crisis financiera, hubiera sido muy reacia a conceder operaciones a estos colectivos dado el deterioro de sus cuentas de resultados y la alta incertidumbre imperante, por lo que el Estado español -al igual que todos en Europa- sacó pecho y resolvió avalar las operaciones. Así, desde el inicio de la pandemia hasta noviembre los bancos les han concedido préstamos avalados por 92.000 millones de euros con condiciones muy ventajosas. En principio, tenían un plazo de hasta cinco años para pagarse, con un periodo de carencia de un año. Pero, a la vista de la segunda ola, hace unos días se ha extendido el vencimiento de estos préstamos tres años más y se ha prolongado la carencia otros doce meses.

También la Junta de Andalucía tuvo el acierto de concertar con Garántia -la Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) andaluza-, apoyándola con hasta 87 millones de euros, para que mediante su aval facilitara créditos por valor de 600 millones. Las micropymes y los autónomos andaluces han disfrutado del valor que aporta la intervención de nuestra SGR, obteniendo financiación en unas condiciones excepcionales de importes, plazo y tipos de interés (de 1,1 a 1,4%). El convenio también contempla que no tengan que enfrentar ni el coste del aval, ni la comisión de apertura ni los intereses en el periodo de carencia. La línea terminará 2020 utilizada por 217 millones de euros, pero sigue vigente hasta marzo de 2021. Además, también van a mejorarse las condiciones de plazo y carencia, al igual que los ICO.

La asistencia financiera, por tanto, ha sido más que suficiente. Iniciativas paralelas, como los ERTE, las ayudas estatales por cese de actividad o las varias que la Junta de Andalucía ha puesto en marcha también han sido vitales para ayudarles a sobrevivir este año. Pero, a tenor del artículo publicado esta semana por el Banco de España -El impacto de la crisis del Covid-19 sobre la situación financiera de las empresas no financieras en 2020-, van a terminarlo muy debilitados: sus niveles de rentabilidad han experimentado una brusca caída y se han elevado sus ratios de endeudamiento.

Ahora, las vacunas abren una gran esperanza de que puedan empezar pronto a recuperarse. Pero eso no debe ser óbice para que las administraciones públicas de todos los niveles no diseñen planes sectoriales para apoyar a las pymes y autónomos que hayan sabido capear el temporal y sigan siendo viables, no sólo a sobrellevar el sapo de los préstamos en los que muchos se han encontrado embarcados, sino también para que tengan capacidad para acometer las inversiones necesarias.

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Dinero gratis, palos y zanahorias

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:51

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/11/2020

La deuda pública española no deja de crecer tanto en términos absolutos como en relación con el PIB. A finales de septiembre ya alcanzó los 1.308.439 millones de euros, un 114% del PIB. Y ha seguido, sigue y seguirá subiendo. Y lo normal sería que el coste de financiación para el Estado se fuera incrementando a medida que crece su endeudamiento. Pero no, España se está financiando prácticamente gratis. La cotización del bono español a diez años es del 0,06%, y es negativa para las letras e incluso para los bonos a 3 y 5 años. Así de maravillosa es la situación: cuando España marca récords históricos de deuda pública es capaz de cobrar intereses por financiarse, en lugar de tener que pagarlos. Esta aparente violación de la más elemental lógica financiera tiene su explicación, y se llama Banco Central Europeo. Pero su bendita actuación no está exenta de incentivos perversos.

Desde 2012 los españoles tendríamos que levantarnos cada día dando gracias al BCE. Nos ha mantenido en pie desde entonces. Y lo está haciendo ahora de nuevo con la crisis del Covid-19, con el fenomenal programa de compras de bonos, el PEPP (Pandemic Emergency Purchase Programme) que puso en marcha en primavera. Su balance se ha multiplicado por nueve desde 2000 y ha crecido nada menos que un 40% desde el inicio de la pandemia. Así, el repunte que sufrió la prima de riesgo española en marzo se cortó radicalmente por la rápida y contundente intervención del banco central. Si no, hubiera ido escalando como pasó con la crisis financiera.

Pero ésta es una realidad que se silencia. Escuchamos a los miembros del gobierno pavonearse de que España se financia en condiciones muy ventajosas en los mercados financieros: “no tenemos problemas de financiación, hay una gran confianza”. ¿Qué confianza? Y cuando prefieren no pedir fondos bajo condicionalidad, aunque sea mínima, como con el préstamo de 25.000 millones de euros disponible en el Mecanismo de Estabilidad Europeo, presumen: “podemos endeudarnos por nuestras propias fuerzas”. ¿Qué fuerzas? ¡Qué manera de disfrazar la verdadera situación financiera de España!

Al mismo tiempo, las reglas fiscales europeas respecto al control de los niveles de déficit y de deuda pública se han suspendido temporalmente. Esto es: los Estados pueden lanzarse a gastar, y el endeudamiento será a tasas muy bajas, porque el BCE se encargará de ello; y pueden gastar sin rendir cuentas, porque la política monetaria se desarrolla sin condicionamientos. El incentivo no puede ser más peligroso. No empuja en absoluto a que los Estados se fortalezcan, a que persigan mejorar sus primas de riesgo por sí mismos, trabajando, haciendo las cosas bien, acometiendo las reformas necesarias, con objetivos a largo plazo: a que cada euro de gasto pese.

Más nos vale que esta carta de libertad para gastar, asistida por la política monetaria, no sea motivo para que las administraciones de todos los niveles sean desleales al espíritu europeo de sostenibilidad de las cuentas públicas. La disciplina fiscal volverá. Y cualquier día se acaba esta política del BCE “sin palos pero con zanahorias”. A ver con qué confianza y fuerzas propias contamos entonces.

El necesario veto a los dividendos bancarios

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:48

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/11/2020

Cuando en marzo el Covid-19 se extendió por Europa y EEUU, los reguladores mundiales “recomendaron” a los bancos que no repartieran dividendos, que se abstuvieran de recomprar acciones destinadas a retribuir a los accionistas y que aplicaran políticas prudentes en la remuneración variable a sus empleados. Así, el BCE fijó el plazo hasta al menos el 1 de octubre. Posteriormente, en julio extendió la recomendación hasta el 1 de enero de 2021. En diciembre está previsto que esta medida se revise, y es probable que se prolongue un año.  La razón los asiste, y no deberían ceder a las intensas quejas bancarias hasta más allá de que las vacunas no sean esperanzas sino hechos.

Las últimas declaraciones del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, apuntan en este sentido: “Dadas las actuales circunstancias, la prudencia en la distribución del dividendo tendrá que mantenerse”. Y este mismo martes, Carolyn Rogers, la secretaria general del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, se pronunciaba del mismo modo, afirmando que es demasiado pronto para que los bancos canten victoria con el coronavirus, y que los accionistas deberían permanecer en espera hasta que el impacto de la pandemia a largo plazo sea claro.

Esta segunda e intensa ola de la pandemia ennegrece el panorama futuro, pudiéndose desatar demasiado la morosidad –ahora contenida por los apoyos públicos, como la extensión del plazo y de la carencia de los préstamos avalados por los Estados– y complicar la solvencia de las entidades bancarias. Frente a esto no tienen otra vía para reforzar su capital que retener beneficios. Las bajísimas cotizaciones de sus acciones –es un sector en reconversión por múltiples causas– imposibilitan la captación de nuevo capital en los mercados.

Los argumentos que contraponen los bancos son falaces. Afirman que pagar dividendos es algo necesario, que las cotizaciones se deprimen aún más si no se hace. Pero a los accionistas –¡si realmente lo fueran!– les debería compensar ver a sus empresas reforzadas. Además, el capital no desaparece. Si el impacto finalmente no es tan fuerte, podrán recibirlos más adelante. También aducen que con esta medida se les incrementa el coste de capital. Tampoco es cierto. Precisamente esta medida les permite no tener que recurrir a la costosa financiación híbrida de cuasi capital.

Por último, los banqueros añaden una amenaza –“si sigue el veto, se restringirá el crédito”– a sabiendas de lo nefasto que resultaría esto para la recuperación económica. Es inadmisible.  Están funcionando con respiración asistida pública. Se les han puesto –desde el BCE y los Estados– las condiciones en bandeja de plata para que hagan su trabajo: prestar. Y no, no son deseables en absoluto las prohibiciones en la actividad privada, pero no hay otro remedio cuando los bancos están tan protegidos por el sector público que es quien finalmente tiene que sacarles las castañas del fuego cuando les llegan los problemas. Si los bancos fueran completamente independientes –¡ojalá!– no procedería este veto: serían ellos solitos los que en circunstancias como las actuales voluntariamente se autolimitarían los dividendos.

 

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Con Biden, pocas diferencias respecto a China

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/11/2020

Por supuesto que China quiere a Biden”, decía en uno de sus múltiples tuits el presidente Donald Trump durante la campaña. Incluso lo definió como “el candidato de Xi Jinping”. Defendía que esto obedecía a que él había sabido defender los intereses de su país: “He tomado millones de dólares de China y se los he dado a nuestros granjeros y a la oficina del Tesoro de EEUU”. Y advertía: “China se apoderará de EEUU si gana Biden”. Pero esto realmente no son más que argumentos electorales. Podrán cambiar las maneras, pero la postura del nuevo presidente no diferirá de la de su predecesor en este asunto. El propio Biden ha reconocido estos meses pasados que China es una amenaza por sus avances tecnológicos y sus prácticas represivas. Ha llamado “matón” a Xi Jinping y ha proclamado que “hará todo para que China se comporte de acuerdo a las reglas”. Olvidémonos de que vayan a mejorar las relaciones entre EEUU y China.

China es la segunda economía más grande del mundo, con un PIB de 14 billones de dólares, sólo por detrás de los EEUU, con un PIB de 21,3 billones de dólares. Desde hace años no deja de recortar distancias, y la rápida recuperación de China tras la crisis del Covid-19 acelerará el acercamiento. Además, si se mide la importancia económica a través del PIB en Paridad de Poder Adquisitivo -tomando la producción a precios de EEUU-, la china es ya la más grande del mundo, el 22,7% del PIB global, frente al 17,8% de la estadounidense o el 13,2% de la zona euro.

Tampoco descansa un instante por igualarse en el otro campo, el financiero. En este terreno las distancias son aún enormes, pero su Comité de Estabilidad Financiera y Desarrollo está aplicando multitud de medidas para conseguir la apertura de su sistema financiero. También, ha sido la primera en emitir dinero digital soberano. Todo para conseguir que el yuang se internacionalice. Y según Ray Dalio, el fundador de Bridgewater, la firma de fondos de cobertura más grande del mundo, “lo veremos”. Hace poco, en The New York Times, subrayaba el poder de China y cómo el tiempo juega a su favor, destacando que la cotización de empresas interesantes en los mercados de valores chinos está atrayendo capital y que las tasas de interés más altas de China significan que el gigante asiático está en una mejor posición para “no tener que imprimir dinero”.

Con Biden habrá cambios en numerosos temas, como el cambio climático, pero no demasiados respecto a la escalada comercial y tecnológica de China. Tampoco respecto a la militar; podrá suavizar la estrategia del actual secretario de Estado, Mike Pompeo, pero no tendrá más remedio que enfrentar el expansionismo militar de China en la región del Indo-Pacífico. El secretario general de la ONU, António Guterres habla de la posibilidad de una nueva “Guerra Fría”: “Nos movemos en una dirección muy peligrosa”. Y tampoco conviene ser ingenuos sobre la posición de Biden hacia Europa. Los aranceles son un arma más para presionar: con ellos o contra ellos. Emmanuel Macron tuiteó que no se puede dejar al mundo a merced del pulso entre las dos potencias. Ahí se encuentra una de las explicaciones del solidario Fondo de Reconstrucción europeo.

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