Italia pone al euro “contra las cuerdas”

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/3/2018

En los últimos años se han planteado algunos combates electorales, como en Francia o Alemania, en los que se cuestionaba gravemente al euro. Sin embargo, afortunadamente, sus adversarios ni siquiera consiguieron entrar al ring porque las urnas no les dieron las suficientes papeletas para hacerlo. En las elecciones italianas, el 65% de los votos han subido al cuadrilátero a tres partidos políticos dispuestos a poner al euro contra las cuerdas. Han recogido la decepción de los ciudadanos contra las élites (los de arriba) o contra los extranjeros (los de enfrente). También son portadores de las quejas internas, de unos contra otros, que dividen norte-sur a la nación italiana. Los que fueron de los más entusiastas del proyecto europeo, ahora culpan al euro de todas sus desgracias.

Al golpe que le tiene más miedo Bruselas es al que pueda asestarle el Movimiento 5 Estrellas (32,6%), porque los otros son mucho más improbables o por el efecto contagio que pueda extenderse. No piden la salida del euro, pero sus propuestas de políticas sociales, incluida la renta básica universal, suponen todo un desafío al cumplimiento de las reglas -déficit y deuda pública- europeas.

Más radical es la postura de la Liga del Norte (18%). Les gustaría salirse de lo que consideran una “moneda fallida”, un “euro asesino”. Claman contra los “pobres y vagos” del Sur y se sienten abandonados por Europa en cuanto a la política migratoria. El impuesto plano del 23% que defienden tampoco es compatible con lo que determina Europa.

Y el tercer ataque al euro, el de La Forza de Italia (14%), es puro diseño italiano. Su propuesta no es dejar el euro, sino pervertirlo, creando una moneda paralela, para poder desarrollar una especie de política monetaria propia: en el país en el que se creó el Derecho, hecha la ley, hecha la trampa.

Por su parte, la única fuerza europeísta, el Partido Democrático, ha sufrido un gran descalabro (19%). Ningún partido político tiene mayoría suficiente para formar gobierno y todas las combinaciones resultan problemáticas. Nada nuevo en Italia, que siempre ha salido airosa de situaciones similares: para ellos no son definitivos ni el sí ni el no, todo es negociable. Pero esa incertidumbre política se superpone ahora a una delicada situación económica: bajo crecimiento, un sistema bancario no saneado y una deuda pública del 140%.

Harían bien en hacer crítica interna de cómo han llegado a esta situación y no sólo arremeter contra el euro. Podrían analizar la corrupción que padecen, la falta de control o la mala gestión que llevan años y años desarrollando, como con el chorro de fondos que le han llegado al Sur desde Europa. También deberían acordarse del inmenso apoyo que están recibiendo de su compatriota Draghi desde el Banco Central Europeo.

Pero Bruselas también tiene que enfrentar con soluciones este combate, que hasta ahora se había podido ir esquivando. La insatisfacción de la población y la inmigración son problemas compartidos con otros muchos países europeos. Ahora van a plantearse desde el poder. Y desde Italia, un país demasiado grande para caer: sus golpes pueden dejarnos KO a todos.

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El BCE y la gestión del miedo

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/3/2018

El que piense que el protagonismo del Banco Central Europeo va a ser menor ahora que la las economías de la Eurozona están recuperadas se equivoca. La etapa actual es incluso más delicada que la pasada. Durante estos últimos años, el BCE ha comprado masivamente activos financieros, engordando su balance hasta los 4,5 billones de euros. No le va a resultar nada fácil deshacerse de todo eso. Tampoco va a ser moco de pavo subir los tipos de interés después de haberlos mantenido tanto tiempo por los suelos. El BCE quiere que la transición sea muy lenta, para no fastidiar la recuperación económica y para que no se produzcan turbulencias en los mercados financieros. Pero cualquier señal que augure un ritmo más rápido puede desatar el miedo. Y, como dijo Montaigne, “no hay cosa a la que se tenga que tener más miedo que al mismo miedo”.

Ha pasado en EEUU, que nos lleva la delantera en este desarrollo. El conocido como el “indicador del miedo”, tras una anormal calma chicha de meses y meses, dio de repente un respingo y subió a más del doble en una sola sesión de febrero. La Bolsa sufrió un importante descenso. Llevaba años creciendo gracias a la política monetaria, que fue debilitando el sentido del riesgo. Ha sido una primera cura de verdad: si los tipos de interés suben, esos precios no son correctos. La posibilidad de que la subida se acelerara por la política fiscal de Trump, que añade palos a una economía que arde con fuerza, desencadenó el proceso.

No le viene mal este suceso al BCE, porque ayuda a que en la Eurozona se tome conciencia de que progresivamente también aquí se irá caminando hacia la normalización financiera. De hecho, ayer, el BCE, que celebró un nuevo Consejo de Gobierno, dio un pasito más en esta línea, suprimiendo la posibilidad de aumentar el volumen de las compras, aunque mantuvo que podrían prolongarse en los términos actuales más allá de septiembre. Los tipos de interés permanecen sin cambios, y así seguirán hasta más allá de que el programa de compras cese.

Draghi se mostró optimista en cuanto al crecimiento, elevando una décima el esperado para la zona euro este año (2,4%). También afirmó que aún no hay presiones inflacionistas preocupantes. Y mientras la inflación lo permita, la retirada de los estímulos será muy gradual, y el BCE podrá conseguir que no decaigan las inversiones de las empresas, y que sigan generando empleo; que no se venga abajo el consumo de los ciudadanos; y que no haya pánicos en los mercados financieros.

Pero en la conferencia posterior salieron a relucir importantes riesgos que podrían perjudicar este proceso, como la guerra comercial que ha declarado Trump o la elevada deuda de algunos países europeos. No son los únicos riesgos. La incertidumbre política de Italia, la actividad económica de China o el problema catalán en España son otros, que aunque no se nombraran están sobre la mesa. Y de fondo de escenario, un mundo con una descomunal deuda, el 318% del PIB, por la que cada subida de tipos causará un gran efecto. En este complicado contexto, el BCE tiene que gestionar bien que no se desmande el miedo. Porque, como decía Sófocles, “todo son ruidos, para quién tiene miedo”.

En defensa del efectivo

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/3/2018

Cada día, haciendo las compras, nos es posible observar cómo nos estamos añadiendo masivamente al pago con tarjeta. Hasta para pagar el pan o el tabaco. Con las nuevas tarjetas contactless no hay ni que introducir el PIN si el importe no supera los 20 euros. Ir al cajero, que cada vez está más lejos y en el que siempre hay que guardar cola, nos está resultando una lata. Los bancos están encantados con esta tendencia y nos empujan a seguirla. En Suecia, que van años por delante en este proceso, el cartel No se acepta dinero en efectivo está colgado con frecuencia en tiendas, restaurantes y demás comercios. Los pagos digitales son tan cómodos, tan asépticos, tan rápidos… Sin embargo, también nos es posible observar en las declaraciones de los dirigentes de los bancos centrales que están preocupados por la desaparición del dinero físico.

Hace unos días, el gobernador del Banco Central de Suecia, Stefan Ingves, salió en defensa del efectivo, señalando que el Risksbank está analizando atentamente esta evolución, y advirtió a los bancos que tienen la obligación de dar cambio en efectivo a los clientes que así lo soliciten. También, hace pocos días, Yves Mersch, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, en su discurso, The role of euro banknotes as legal tender, se pronunció en el mismo sentido.

Aludió a la libertad: los ciudadanos pueden usar efectivo para ejercer sus derechos fundamentales sin que el Estado u otros terceros puedan rastrear inmediatamente las transacciones financieras involucradas. Y ante el argumento de su conexión con las actividades criminales, señaló que el enfoque debe estar en la lucha contra el crimen, que el dinero en efectivo no debe convertirse en el chivo expiatorio. Además, apeló a la igualdad y la participación: el efectivo por su fácil acceso favorece especialmente a los ancianos, a los socialmente vulnerables y a los menores. Por último, mencionó la seguridad y la protección: el efectivo siempre funciona, no está sujeto a posibles fallos de Internet o informáticos.

Y de forma vehemente terminó asegurando que el eurosistema seguirá garantizando la existencia de efectivo en euros. Que es la única forma “en la que el banco central puede salvaguardar el papel que juegan los billetes y monedas en la protección de los derechos y las libertades fundamentales de los pueblos de Europa”.

Pero resulta difícil pensar que esta tendencia hacia los pagos digitales pueda pararse. Actualmente, los billetes y monedas en circulación ascienden sólo a 1,1 billones de euros, frente a los 17,5 billones de euros depositados en instituciones bancarias. Y ahí reside la verdadera preocupación de los bancos centrales: la creación de dinero está quedando en poder de la banca. De ningún modo pueden permitir que se rompan los lazos que el dinero físico establece entre los bancos centrales y las personas. Stefan Ingves mencionó que están analizando la creación de una e-corona sueca para pagos digitales a partir de finales del próximo año. El BCE también está estudiando la implantación del e-euro. Y mientras llegan las monedas digitales soberanas, los billetes y monedas que manejamos estarán actuando como límite y contrapunto a la banca.

La transformación digital de la empresa andaluza

Carmen Pérez | 27 de febrero de 2018 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/2/2018

En poco más de un mes se han celebrado en Sevilla dos jornadas, con la presencia de Susana Díaz y de Soraya Sáenz de Santamaría en ellas, dedicadas a la transformación digital de la empresa en Andalucía. No han sido las únicas. Por toda la geografía andaluza y en todos los sectores se están planteando cómo les afecta una revolución tecnológica que no es que esté por venir, sino que ya está entre nosotros. El tema es de la máxima relevancia y además reviste urgencia: abordar el proceso de digitalización no es una opción para las empresas, es cuestión de supervivencia.

Los avances tecnológicos están planteando nuevos retos a las empresas, exigiéndoles que ganen en flexibilidad y en eficiencia. Por una parte, la tecnología ha propiciado que el poder se desplace hacia los clientes, al permitirles acceder a más información y a tener una gran capacidad de influencia. Asimismo, la tecnología ha conllevado que se incremente espectacularmente la competencia, porque ha disminuido las barreras de entrada en prácticamente todos los sectores y ha contribuido a que la globalidad de los mercados sea un hecho. Superar estos retos sólo es posible si también ellas aprovechan las oportunidades que ofrece la tecnología para optimizar la forma de hacer negocios, tanto de cara al cliente como internamente.

En la jornada que se celebró a mediados de enero en la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) se presentó una de las iniciativas del Plan de Acción Empresa Digital 2020 que puso hace unos meses en marcha la Junta de Andalucía: 30 millones de euros se van a destinar a impulsar las Tecnologías de la Información y Comunicación, TIC, en las pymes. Pero este plan contempla otras muchas actuaciones encaminadas a cubrir tres objetivos: concienciar a las pymes de la importancia de la transformación digital, aumentar sus competencias digitales e impulsar la transformación digital de estas compañías.

La otra jornada, celebrada el pasado martes, organizada por Cesur, la Asociación de Empresarios del Sur de España, estuvo más focalizada hacia la transformación digital de la industria. La Secretaria General de Industria y Pyme, Begoña Cristeto, expuso las medidas que su Ministerio está desarrollando para avanzar hacia la Industria 4.0. Además de concienciar, divulgar, formar o fomentar entornos y plataformas colaborativas, ayudarán a las industrias en cada una de las fases que tienen que pasar hasta volverse inteligentes, y puedan explotar así el potencial de vincular el mundo virtual al físico.

Pero son las empresas las que tienen que dar el paso. Están convencidas de que la digitalización está suponiendo un cambio tan profundo que necesariamente les obliga a revisar sus modelos de negocio. Pero, sin embargo, según el informe La transformación digital de las empresa andaluza, elaborado por la multinacional Business Integration Partners con la colaboración de la Escuela de Organización Industrial, todavía sólo el 11% de las encuestadas disponen de la figura de responsable digital y más del 50% no tienen una estrategia de digitalización definida.

Los poco rentables planes de pensiones

Carmen Pérez | 27 de febrero de 2018 a las 8:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/2/2018

Con los problemas financieros que está atravesando la Seguridad Social, que no harán más que agravarse por el envejecimiento progresivo de la población, se presenta un panorama sombrío sobre las cuantías públicas que percibirán los jubilados del futuro. Así, cada vez más se les pone frente a la necesidad de ahorrar para cuando lleguen a la jubilación. Y un producto por el que pueden canalizar sus ahorros a largo plazo es el plan de pensiones. Con esta opción deberían beneficiarse de las bondades derivadas de la inversión colectiva, entregando la gestión a profesionales, con profundos conocimientos de los mercados financieros, que pueden diversificar adecuadamente y aprovechar las economías de escala derivadas de administrar un volumen importante de fondos. Sin embargo, la realidad es bien distinta.

La conclusión que alcanzan los profesores Pablo Fernández y Pablo e Isabel Fernández Acín en su estudio sobre la rentabilidad de los planes de pensiones en España en el periodo 2002-2017 es demoledora: la rentabilidad que han conseguido los partícipes en los fondos de pensiones es mucho menor que si hubieran invertido directamente en el Íbex 35 o en bonos del Estado. En dicho plazo, la rentabilidad del Íbex 35 fue del 226% y la de los bonos del Estado a 15 años del 97%. Sin embargo, la rentabilidad media de los fondos de pensiones fue tan sólo del 60%. Entre los 356 fondos de pensiones con 15 años de historia, sólo 4 superaron la rentabilidad del Íbex 35, y sólo 47 superaron la rentabilidad de los bonos del Estado a 15 años. También hay que señalar que hay excelentes gestores, que no son necesariamente ni los de mayor patrimonio ni los que cuentan con más partícipes.

El gancho de estos planes es su favorable tratamiento fiscal. Las aportaciones reducen la base imponible, con un límite de 8.000 euros anuales, disminuyendo el dinero a pagar por IRPF. Se tributa cuando se rescata ese dinero, porque entonces se considerarán como rentas del trabajo tanto las aportaciones realizadas como sus rendimientos. Además, el Estado recientemente ha reformado su régimen, dotándolos de mayor liquidez. Así, los propietarios de planes de pensiones podrán retirar, a partir de 2025, todas las aportaciones que tienen más de 10 años de antigüedad. Actualmente, según Inverco, los fondos de pensiones del sistema individual cuentan con 7.633.830 partícipes, con un patrimonio de más de 74.000 millones de euros.

Esta preferencia que el Estado muestra hacia los planes de pensiones, a la vista de los resultados de este estudio, debería ser cuestionada. Como concluyen los autores, la ventaja fiscal no siempre termina beneficiando a los inversores en fondos de pensiones sino que se disipa por el efecto de las comisiones y las ineficiencias en inversión y gestión. Por eso proponen que el Estado abra la posibilidad de ahorrar con la misma ventaja fiscal a través de otros productos financieros. Podría, para los muchísimos ahorradores conservadores, añado yo, potenciar la inversión en deuda pública, emitiendo bonos para la jubilación, a largo plazo, en los que se reciba todo el rendimiento, exento de impuestos, a vencimiento.

Líneas ICO 2018

Carmen Pérez | 27 de febrero de 2018 a las 8:39

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/2/2018

El pasado mes de enero el Instituto de Crédito Oficial (ICO) firmó de nuevo los acuerdos de colaboración con 10 bancos para la concesión de préstamos a través de las Líneas ICO. A finales de este mes se empezarán a tramitar operaciones, y estarán abiertas hasta diciembre de 2018. Los autónomos y pymes que consigan que se canalice su financiación por estas líneas estarán de enhorabuena porque verán mejoradas las condiciones financieras respecto a las usuales que rigen en el mercado. Pero el alcance de este instrumento, por su propio funcionamiento, termina siendo muy limitado. En 2017 sólo se concedieron préstamos ICO por 4.594 millones de euros, cifra muy escasa frente al total de crédito nuevo a empresas, que superó los 300.000 millones de euros.

La Línea Empresas y Emprendedores está orientada a financiar inversiones productivas o necesidades de liquidez de pymes y autónomos. Pero también da cabida a peticiones de fundaciones, ONG y administraciones públicas, y de particulares y comunidades de propietarios para la rehabilitación de sus viviendas. El importe máximo es de 12,5 millones de euros, con plazos hasta 4 años si se financia liquidez, y hasta 20, para inversiones. Las TAE máximas, que incluyen las comisiones, oscilan entre el 2,30% y el 4,30%. Similares condiciones se fijan en la Línea Internacional, que busca financiar el proceso de internacionalización y la actividad exportadora de las empresas españolas.

Por su parte, mediante la Línea de Eficiencia Energética se financiarán proyectos industriales que reduzcan las emisiones de carbono y el consumo de energía, o a empresas de hostelería en este campo. Aquí varían los importes máximos, que son, respectivamente, de 3 y 1,5 millones de euros. Y, por último, la Línea Crédito Comercial permite a autónomos y empresas anticipar el importe de las facturas procedentes de su actividad comercial o prefinanciar la producción, con una TAE máxima del 2,30%.

Para tramitar la operación, los autónomos o pymes deben acudir a los bancos colaboradores, que la canalizarán a través del ICO si las condiciones se ajustan y si previamente superan el análisis de riesgo que le practican. Como los bancos asumen el riesgo, son los que deciden sobre la aprobación. Así, la banca concede las operaciones que de todas formas concedería, y en las condiciones actuales de exceso de liquidez tiene pocos alicientes para no ofrecerlas por su cuenta.

Necesariamente tiene que ser así, porque si el riesgo lo asumiera el ICO no quedaría garantizado el rigor al concederse las operaciones. Sin embargo, invalida a estas líneas como instrumento de apoyo para proyectos que, siendo viables, no encajan en los patrones bancarios. Como solución, el ICO ha establecido la línea SGR-Saeca, aunque no viene funcionando: si entra en juego el aval, sobra el ICO, porque por sí mismo facilita el acceso y mejora incluso aún más las condiciones financieras. El ICO, además de definir mejor esta línea para que sea operativa, debería fomentar otros mecanismos de apoyo para estos proyectos, propios de emprendedores y empresas innovadoras. Ahí es dónde se produce realmente el fallo del mercado.

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¿Qué es eso del ‘blockchain’?

Carmen Pérez | 27 de febrero de 2018 a las 8:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/2/2018

Blockchain es la palabra de moda en los últimos tiempos, aunque en general no se sepa bien todavía en qué consiste ni las posibilidades que esta nueva tecnología encierra. Se ha popularizado porque es la tecnología que utilizan las criptomonedas, como el bitcoin, pero éstas son sólo sus primeras aplicaciones de alcance. Para dejar clara la diferencia se suele señalar que “blockchain es a bitcoin como internet es al email“. Y, sin entrar en sus complejos detalles técnicos, al menos es posible acercarse a la esencia de este nuevo gran sistema electrónico y a la importantísima innovación que incorpora: blockchain es como un nuevo internet, que permite no sólo compartir información sino que añade valor porque al mismo tiempo se comparte confianza.

En esta confianza reside la clave. Acudamos a un ejemplo. Supongamos que formamos parte de un grupo de Whatsapp. Y decidimos que los que quieran pueden compartir un billete de lotería: sólo tiene que comprarlo y mandar la foto. Imaginemos que muchos participan y que uno de los números sale premiado. El que lo compró, intentando librarse de repartir el premio, borra el mensaje enviado y niega que hubiera participado. Los demás empuñarían sus teléfonos: ¡qué dices, lo tenemos grabado!

Acerquémonos un poco más con una posible aplicación concreta con blockchain. Supongamos que se construye una base de datos con las viviendas españolas mediante esta tecnología. Sería la génesis, el primer bloque. Cada propietario -un nodo- guarda una copia. Entre todos conforman un registro distribuido, descentralizado y sincronizado. Y cada unos diez minutos se actualizaría el bloque con las transacciones realizadas, dando lugar a otro. De ahí blockchain: cadena de bloques. Cada paso parte del resultado anterior. Nadie puede vender algo que no sea suyo porque para que la transacción se valide tiene que contar con el ok del resto: en cada nodo se investiga el pasado para determinar que es correcta.

Todos son notarios, haciendo posible prescindir de intermediarios, y de sus comisiones. Las aplicaciones son inmensas porque nuestros procedimientos en todos los ámbitos están basados en la eliminación de la desconfianza mediante un tercero que dé fe. Las criptomonedas han sido el inicio, pero les seguirán los pagos y transferencias o la compensación y liquidación de valores. Fuera del mundo financiero, puede aplicarse en registros, almacenamiento de datos, seguros o incluso para las votaciones. También para los smart contracts, porque las transacciones pueden ir unidas al cumplimiento de determinados parámetros.

Actualmente hay miles de proyectos basados en blockchain en busca de financiación. No todos saldrán adelante. Al respecto, Miguel Jaureguizar, en la magnífica conferencia Tecnología Bockchain, organizada hace unos días por el Instituto Español de Analistas Financieros en Madrid, recordaba la burbuja puntocom, tras el desarrollo de internet, y cómo grandes empresas, como Yahoo, American online o GeoCities, han terminado desapareciendo. O nuestra Terra. Con todo, internet ha supuesto una total revolución de la información. En el futuro, blockchain habrá transformado nuestras vidas.

Foro de Davos, BCE y la calidad del crecimiento

Carmen Pérez | 27 de enero de 2018 a las 10:24

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/1/2018

2,24 billones de euros después, la recuperación de la Eurozona es una realidad . Las cifras macroeconómicas así lo indican, tanto en términos de crecimiento como de generación de empleo y consumo. En este clima de euforia, se esperaba con expectación la intervención de ayer de Mario Draghi, tras la primera reunión del año del Banco Central Europeo. Toda la atención a sus palabras, para escudriñar si iba a acelerar el ritmo de la normalización monetaria. También esta semana, las miradas están puestas en los discursos del Foro Económico Mundial, que se celebra en Davos. Allí los planteamientos son distintos. Se discute, entre otros asuntos, sobre desigualdad y capitalismo sostenible.

Draghi no varió, respecto de la última reunión, ni una coma. Mantuvo sin cambios los tipos de interés, las compras de activos de 30.000 millones de euros mensuales hasta septiembre, la reinversión de las cantidades que fueran venciendo y la posibilidad de ampliar las compras si fuera necesario. Reiteró también que los tipos de interés no subirán hasta mucho más allá de que la compra de activos finalice. Todo un compás de espera, porque la inflación sigue por debajo del 2%, y por los posibles efectos deflacionarios derivados de la fortaleza del euro, que cotiza ya a 1,25 dólares.

Y a pesar de que las previsiones de crecimiento para la Eurozona, que se han vuelto a revisar otra vez más al alza, invitan al optimismo, Draghi volvió a insistir en la necesidad de acometer reformas estructurales, de colchones fiscales en los países muy endeudados, de finalizar la Unión Bancaria y la Unión del Mercado de Capitales o de sostener unas finanzas públicas más favorables al crecimiento. Podría haber utilizado perfectamente la metáfora a la que acude Alberto Gallo en su artículo del Financial Times del miércoles: “Al igual que un equipo de fútbol que intenta defender una ventaja frágil de la primera mitad, Europa necesita soluciones concretas para mantener bajo el riesgo y el impulso del crecimiento”.

Tampoco, en el Foro de Davos, conscientes de la creciente desigualdad, se apuntan a la euforia por los incrementos del PIB que se están experimentando: la recuperación no está llegando a todos, no está conllevando un desarrollo inclusivo. El presidente francés, Emmanuel Macron, es uno de los líderes que lo han dicho más claro. En su discurso reconoció que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente, porque ha dejado fuera del progreso a muchas personas.

En Europa, los movimientos populistas y euroescépticos se han contenido. De momento. Pero pueden recrudecerse si los políticos no reforman y fortalecen la Eurozona. No deberían desperdiciar el tiempo que está concediendo la favorable política monetaria. Porque el principal riesgo ahora está en la inflación. JP Morgan la considera uno de los riesgos globales más importantes para 2018. Si las previsiones fallan y los precios sorprenden elevándose rápido, los bancos centrales echarían el freno de forma inmediata. Entonces, ni los 2,24 billones de euros que lleva comprados el BCE ni el esfuerzo que se le está imponiendo a los inversores minoristas habrán servido para que Europa gane el segundo tiempo.

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Préstamos verdes: ¿aire limpio o riesgo bancario?

Carmen Pérez | 25 de enero de 2018 a las 18:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/1/2018

La Cumbre One Planet, que el pasado 12 de diciembre se celebró en París, llevó los objetivos que se establecieron en el Acuerdo de París al terreno práctico, a la búsqueda de soluciones concretas para alcanzarlos. El cumplimiento de los compromisos adquiridos depende de que se lleven a cabo inversiones, sólo así se podrá avanzar hacia una economía baja en carbono. ¿Cómo hacerlas atractivas para que el sector privado las acometa? Y acotando aún más el problema. Se estima que las necesidades de financiación de dichas inversiones superan los 180.000 millones de euros: ¿cómo conseguir que las instituciones financieras se involucren y dirijan los flujos financieros hacia ellas? Poco tiempo después de la Cumbre, el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, anunció una primera propuesta, de criticable rigurosidad financiera.

Dombrovskis comunicó que Bruselas está estudiando la posibilidad de reducir los requisitos de capital para los préstamos verdes, esto es, los destinados a financiar acciones o actividades ambientalmente sostenibles. Traducido a palabras más fáciles, el mensaje europeo sería el siguiente: “bancos, teñid vuestros balances de verde, conceded préstamos verdes, que os dejamos que el riesgo de vuestro negocio se eleve”. Por supuesto, los bancos estarían encantados con la idea. Para ellos se abre la posibilidad de atacar un pastel, de un volumen de negocio enorme, con las exigencias de recursos propios suavizadas. Incluso han asegurado que los costes de financiación de esos préstamos verdes serían menores, porque el ahorro que les produciría esta reducción de capital propio lo podrían trasladar a los clientes.

La noticia, en principio, puede parecer estupenda. Reguladores y bancos alineados con unos valores con los que la mayor parte de la población puede verse identificada. El fin a conseguir predispone favorablemente.

Pero, precisamente, para valorar su alcance, hay que prescindir del destino del dinero de esos préstamos, y verlos como lo que son: préstamos. Y con la medida propuesta se viste el santo medioambiental desvistiendo el de la estabilidad financiera. En este mismo sentido se ha pronunciado Moody´s, una de las mayores agencias de calificación de crédito: “Es negativo para la solvencia.

El establecimiento de requisitos de capital que subestimen los riesgos reales de los activos verdes puede debilitar a los bancos”.

La postura política de la Cumbre One Planet tiene sentido, hace falta que se alienten iniciativas verdes. Pero, para empezar, se tendría que definir con claridad qué proyectos se consideran verdes, para que no entren en el saco gatos por liebres. Después, buscar la forma adecuada para incentivarlos: con beneficios fiscales, a través de la cofinanciación público-privada, imponiendo cuotas verdes obligatorias a los grandes inversores institucionales o mediante ayudas financieras a los consumidores de productos verdes. Pero establecer requisitos de capital en función de los objetivos de la política, en éste o en cualquier otro tema, sin atender al riesgo de los préstamos, es una forma segura de gestar una nueva crisis.

Deuda pública y pensiones

Carmen Pérez | 25 de enero de 2018 a las 18:23

TRIBUNA ECONÓMICA, 1271/2018

Esta semana el Tesoro ha hecho pública su Estrategia de Financiación para 2018. En esta ocasión, para ilustrar el documento utiliza las imágenes de algunos de nuestros mejores Teatros. Es de suponer que con estas muestras del rico patrimonio con el que contamos quiere hacernos más digerible el angustioso panorama que nos pone por delante el texto: el Tesoro tiene que conseguir el próximo año en los mercados 220.145 millones de euros.

De ellos, 180.000 millones es para pagarles a los inversores que compraron en el pasado Letras del Tesoro y Bonos y Obligaciones del Estado, y les llega el vencimiento. Es decir, pide dinero de nuevo a los mercados para poder atender las amortizaciones que llegan. Además, el Tesoro recabará otros 40.000 millones de euros para hacer frente a la necesidad adicional de dinero, porque el Estado seguirá gastando más de lo que ingresa por impuestos. Se cuenta en estas previsiones con atender el déficit anual y con que se vuelva a conceder un nuevo préstamo a la Seguridad Social de 15.000 millones de euros, que se suma a los 10.000 millones que se le prestaron en 2017.

Iremos viendo en qué condiciones consigue el Tesoro los fondos a lo largo de las 48 subastas que tiene programadas para 2018. Estos últimos años, los bajos tipos de interés con los que ha colocado los títulos ha permitido reducir de forma importante la factura de intereses a pagar cada año. También ha ido extendiendo la deuda en el tiempo para conseguir que se vuelva menos vulnerable a estas peticiones periódicas.

Pero este año empieza a ser diferente. Desde este mismo mes de enero inicia la retirada el que ha sido el principal comprador de nuestra deuda: el Banco Central Europeo. Y, en principio, nos dejará en septiembre solos a nuestras propias fuerzas ante los mercados financieros. A nuestro rating, BBB+ por la agencia Fitch, no le corresponde nuestra prima de riesgo actual de 105 puntos básicos. Aunque no esté totalmente correlacionado, países como México tienen una prima mucho más alta con igual calificación que la española.

La normalización de la política monetaria en la zona euro, por muy suave y lenta que sea, con seguridad encarecerá a medio plazo la deuda. Resulta temerario seguir incrementando su volumen cuando ya supera los 1,15 billones de euros. Es inevitable hacerlo para cubrir los déficits programados para los próximos años, pero solucionar el déficit de las pensiones mediante préstamos del Tesoro es una patada hacia delante, no abordar el problema de fondo. Máxime cuando las previsiones de las necesidades de la Seguridad Social las sitúan entre 61.000 y 83.500 millones de euros anuales en un futuro próximo.

Los estudios sobre las distintas posibilidades están más que hechos. De todos los colores. Con sus efectos colaterales, sus implicaciones económicas o los colectivos afectados. Urge tomar decisiones, que sean creíbles, viables, consensuadas, por muy impopulares que sean. Lo que es inadmisible es demorar el problema más tiempo, poniendo en riesgo la sostenibilidad de la deuda para hacer sostenible el sistema de pensiones.