Draghi: ¿qué hago con la banca?

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/4/2019

A ver, Mario Draghi necesita a los bancos. Hoy por hoy son el medio por el que se canaliza la política monetaria. El sistema financiero actual es así: la economía funciona si ellos prestan, aumentando la oferta monetaria y provocando que la economía se expanda. Esto explica la tasa de depósitos -el -0,4%- que actualmente el Banco Central Europeo les cobra. Es la forma de empujarlos a que no dejen su dinero aparcado allí y lo presten a particulares y empresas. El balance del BCE refleja que la liquidez de los bancos supera los 1,8 billones de euros, excediendo enormemente el importe de las reservas mínimas obligatorias, que ascienden a unos 128.000 millones de euros (datos a finales de 2018). Este exceso de liquidez les supone a los bancos de la Eurozona un coste -unos 7.000 millones de euros al año- que daña su rentabilidad.

Pero, mira, que no se quejen. Sus graves problemas de rentabilidad tienen otras muchas causas. Es un sector aún debilitado por la pasada crisis financiera, con más de 730.000 millones de préstamos dudosos en sus balances. Y se enfrenta a una intensa reconversión por su exceso de capacidad: el aumento de la competencia -fintechbigtech, fondos o entidades de pago y financiación- es progresivo e imparable; un trozo del negocio se está trasladando a los mercados financieros y la revolución tecnológica hace que sobre gran parte de su pesada estructura. Lo señaló Mario Draghi bien clarito este miércoles, tras la reunión del Consejo de Gobierno: el sector “está abarrotado”, está sobredimensionado “en oficinas y personas”. Y los ha animado a fusionarse.

Además, que piensen un poco. Esto del coste de la facilidad de depósitos les vendrá mal y los tipos de interés tan bajos no es el mejor de los escenarios para desarrollar su negocio, pero que imaginen por un momento lo que hubiera sido reponerse de sus desmanes pasados y afrontar la revolución tecnológica con una economía deprimida. La recuperación de estos años les ha venido de maravilla y no hubiera sido posible sin las medidas adoptadas de política monetaria. Y que se quejen de apoyo. ¿Es que no se acuerdan de que el sector público les tiene asegurados en última instancia los depósitos porque ellos por sí solos no inspiran confianza suficiente en el público para que les deje sus ahorros? ¿Es que no se acuerdan de los 734.381 millones de euros que les tiene prestados a largo plazo totalmente gratis el BCE? Mejor no seguir enumerando.

Eso sí, las medidas monetarias no afectan por igual a todos los bancos. Los que necesitan financiación la encuentran en el BCE a coste 0. La pide más la banca de Italia (32%) y de España (22%). Y sin embargo, el coste, por ejemplo, del exceso de liquidez para la banca española es de 281 millones y para la alemana de 2.484. Ahora el BCE se está planteando cómo hacerles la vida más fácil, aunque todavía en la reunión de esta semana no se han tomado decisiones. La ayuda podrá venir de elevar esa tasa de depósito, quizá de forma escalonada, y de aplicar tipos negativos a las nuevas rondas de financiación (TLTRO III). Draghi , y volvemos al principio, los necesita a todos, y hará lo que sea necesario, pero ojo, por el bien de la Eurozona.

Los cuatro riesgos para la estabilidad financiera

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/4/2019

En su último informe anual, publicado hace unos días, el Banco Central Europeo identifica cuatro riesgos principales para la estabilidad financiera de la zona euro en los dos próximos años. Que tomemos nota de ellos es el objetivo del BCE. El mensaje, aunque no entra en detalles, es para todos: para la industria financiera, protagonista principal de estos riesgos; para el público -particulares y empresas-, que deben asumir lo que pueden esperar de sus inversiones financieras, y también para los gobernantes, que deberían orientar sus políticas teniéndolos bien presentes.

1 Riesgo de acusadas caídas de los precios de los activos

El peligro actualmente viene derivado de que el precio de los activos financieros a escala global está sobrevalorado y, como vivimos en un mundo con finanzas integradas, las alteraciones que se produzcan en alguno de los mercados pueden contagiarse a otros, intensificándose el problema. La incertidumbre política o el tipo de política económica que se desarrolle, un incremento de las tensiones en las economías emergentes o que gire bruscamente la situación macrofinanciera de EEUU son los posibles detonantes para que esto se desencadene.

2 La sostenibilidad de la deuda

En 2018 volvimos a asistir a turbulencias en los mercados de deuda soberana, en este caso en el de Italia. Su efecto contagio al resto de la Eurozona fue limitado, pero ha servido como un recordatorio de la rapidez con la que determinadas políticas pueden conducir a cambios en la confianza del mercado y activarse el riesgo. El endeudamiento de los estados sigue siendo muy alto e incluso algunos países ya altamente endeudados, como España, han seguido aumentando el volumen de deuda. En cuanto a la deuda privada, a pesar de su notable descenso, se la puede seguir calificando de sobreendeudamiento.

3 La perspectiva de baja rentabilidad de los bancos de la eurozona

La solvencia de los bancos de la Eurozona se mantuvo estable en el último año y se produjo un descenso considerable de los préstamos morosos en sus balances, pero el nivel de rentabilidad de muchos bancos sigue siendo muy inferior al requerido por los inversores. En 2018 la cotización media cayó alrededor de un 30%, y la ratio cotización/valor en libras se situó en un bajísimo 0,6. El BCE resalta la vulnerabilidad del sector ante un posible cambio en el ciclo económico.

4 Riesgo de liquidez en el sector de los fondos de inversión

El sector ha duplicado sus activos en estos diez últimos años y ha seguido una tendencia creciente hacia los fondos de mayor riesgo, pero al mismo tiempo sus colchones de liquidez disminuyeron. ¿Qué puede pasar? Si los inversores quisieran salir de ellos ante bajadas importantes de los precios de los activos, pidiendo el reembolso de sus participaciones, los fondos tendrían que hacer liquidez vendiendo partes relativamente considerables de sus carteras, provocando que los precios caigan aún más, retroalimentándose el problema.

El BCE termina el largo análisis con una frase contundente: “Estos cuatro riesgos están claramente entrelazados y tendrían, si se materializaran, el potencial de reforzarse mutuamente”. Advertidos quedamos.

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De la banca tradicional a un ecosistema financiero

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/3/2019

¿Y tengo que ir a la sucursal? Ésta es la pregunta que hará inmediatamente un joven cuando se le presente la ocasión de tener que abrir una cuenta bancaria. Los nuevos clientes han adoptado masivamente el smartphone en sus vidas. Fuera y dentro de casa: siempre conectados. A través de él se relacionan con las personas y con su entorno. Realizan sus compras, comparando productos y servicios, precios, y conociendo la experiencia que han tenido otros. El mundo financiero no escapa de este nuevo modelo de cliente: también así querrán solucionar cada necesidad que tengan en este campo. No tendrían ningún reparo en pedirle su hipoteca a Facebook o dejar financiada en Amazon la compra que han hecho. La banca ha dejado de ser un sitio al que se va, para convertirse en una serie de operaciones que se hacen.

Llegar al cliente y solucionar su problema financiero es clave. Y en esta nueva forma de hacer se erosionan las ventajas competitivas que tenía la banca tradicional. Las grandes tecnológicas -Google, Apple, Facebook o Amazon- son candidatos idóneos para irrumpir con fuerza y desempeñar un papel relevante. Google ya dispone de licencia bancaria, aunque aún sólo ofrece servicios de pagos y posee diferentes fintech para préstamos y crowdfunding. Apple, además de Apple Pay, ahora ofrece Apple Credit. En breve Facebook, que facilita los pagos entre amigos, se adentrará en más parcelas financieras y Amazon extenderá su plataforma Amazon Payments.

Todas tienen dinero -amasan más de 500.000 millones en efectivo y valores líquidos-. Disponen del “nuevo oro”, los datos, y les sobra talento y dominio de las últimas tecnologías para sacarles rendimiento. Además cuentan con millones y millones de clientes con los que establecen una relación cercana, natural. No tienen que esforzarse: el cliente entra voluntariamente y muchas veces a diario.

Pero no serán solo ellas. Las empresas de telecomunicaciones también quieren su parte del pastel. Ha empezado a funcionar Movistar Money, que ofrece productos financieros, con la colaboración de la LaCaixa. Pronto operará en España Orange Bank. Cientos de fintech están especializadas en segmentos específicos. Y en realidad, cualquier web -la que vende viajes o lo que sea- tiene la oportunidad de “vender” también productos financieros. Si no cuentan con soporte financiero propio, lo tendrán a sus espaldas.

Así, el negocio financiero se está convirtiendo en un ecosistema donde, como en los biológicos, habrá todo tipo de entidades, pequeñas y grandes; cada una con sus objetivos, su función y centrada en un nicho concreto. Y en ese ecosistema la banca tradicional tiene que defender su hueco. En el Manifiesto de banca digital: ¿El fin de los bancos?, el Instituto de Tecnología de Massachusetts ya les advirtió que no les basta con perfeccionar el modelo de negocios actual: “Los bancos están tratando de ser geniales y construir frontales digitales súper geniales … Pero es como ponerle un lápiz de labios a un cerdo; en última instancia sigue siendo un cerdo”. O se espabilan o su función se limitará a ser proveedores de aquellos que se relacionan con los clientes.

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Deutsche-Commerzbank y el panorama de la banca

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:15

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/3/2019

En general tenemos un poco mitificados a los alemanes, tendemos a pensar que lo hacen todo mejor que el resto. Sin embargo, su sistema financiero deja mucho que desear, al menos en rentabilidad. Decía, hace ya unos años, Jaime Caruana, el ex presidente del Banco de España, que los alemanes saben hacer coches, pero que no son eficientes en banca. Actualmente, el problema que tienen es tan severo que dos de los grandes bancos alemanes, Deutsche Bank y Commerzbank, están estudiando la posibilidad de fusionarse. Unidos se convertirían en el tercer banco de Europa, tras el británico HSBC y el francés BNP Paribas. ¿Buena solución o desesperada?

El caso es que los bancos alemanes se comportan mejor en algunas variables que determinan la salud de la banca. De los 730.000 millones de euros en activos problemáticos que todavía mantienen los bancos europeos, sólo el 5,6% son de los alemanes, frente a 23% de los italianos, el 17% de Francia o 13% de España. Su nivel de solvencia se encuentra por encima de la media europea. Tampoco su ratio préstamos respecto a depósitos es preocupante y cumple holgadamente el ratio de liquidez que se introdujo con Basilea III.

Es en rentabilidad donde fracasan. En ratio de eficiencia operativa -que mientras mayor, peor-, la banca alemana es la campeona: de 100 euros que ingresa, 74 se le van para cubrir los gastos de explotación. También Francia o Italia están de pena. De esto, al menos, España se salva: su eficiencia operativa es del 50%. Por otra parte, si se atiende a la rentabilidad sobre los recursos propios (ROE), lo alemanes también son los peores: 2,7%, frente al 5,7% de la Eurozona, ya de por sí bajísimo si lo comparamos con el 12% de la banca americana. La cotización de todos los bancos europeos lo refleja: el valor de mercado respecto a su valor contable (Price to book value) no llega a 0,7; para los alemanes, a 0,3.

La reconversión del sector bancario europeo, por mucho que ya se haya hecho, apenas ha empezado. El italiano, el francés o el alemán están para llorar, y el español aún está lleno de dudas. Siguen con exceso de capacidad y sin asumir la revolución tecnológica. Hay menos negocio que repartir y más competencia externa, y el horror será cuando desembarquen Google, Amazon y las demás grandes tecnológicas. La laxitud monetaria, que por una parte los salva pero por otra los ahoga, proseguirá por largo tiempo (ayer la FED marcó camino) y no ayuda, y aún menos a Alemania. Y si la ralentización del crecimiento se acentúa, las consecuencias para la banca pueden ser desastrosas.

Con este panorama, el Gobierno alemán aplaude la fusión de Deutsche y Commerzbank (15% propiedad estatal), pero los cinco sabios a los que suele recurrir para asesorarse están en contra: unir a dos enfermos no garantiza el nacimiento de una entidad sana. Por otra parte, su competencia nacional -1.200 bancos regionales, también con fusiones- ganan mucho más que ellos, pero lejos de las presiones del mercado no tienen incentivos para abordar el salto tecnológico. Así, Alemania tiene un grave problema con su sistema bancario, pero es un Estado fuerte y no dudará en hacer todo lo necesario para salvarlo.

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Aire nuevo para la Andalucía del siglo XXI

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/3/2019

La realidad es mejor no disfrazarla. Y un hecho incuestionable es que el PIB per cápita de Andalucía se ha mantenido durante décadas en un 75% de la media española y, lejos de converger, en estos últimos años la distancia se ha ampliado. Así que empecemos por admitirlo: nuestro modelo productivo no funciona. ¿Cuáles son las causas que hacen que esto sea así?, ¿qué hacer para revertirlas? Rogelio Velasco, consejero de Economía, Conocimiento, Empresa y Universidad de la Junta de Andalucía, contestó a estas preguntas el pasado miércoles, en Sevilla, en una nueva edición del Foro Joly. Su discurso sonó distinto a los que estamos acostumbrados: tuvo un toque académico, por la honestidad e independencia intelectual al enfrentarse al problema; un carácter científico, por el análisis reflexivo y minucioso de las áreas que hay que mejorar; pero también fue decididamente político, el de un hombre de acción dispuesto a que se produzca el cambio.

El primer paso para hacer frente a las deficiencias de la economía andaluza es tomar conciencia de ellas, sólo así es posible superarlas. Velasco, avalado con datos, se explayó. Nos faltan fábricas, equipos de transporte, TIC, maquinarias, y, en general, activos ligados a la inversión productiva. Nos falta un capital humano más formado. Nos faltan más empresas, mayores, más competitivas, que estén bien diversificadas y que sean más maduras tecnológicamente. Nos hace falta incrementar el peso de las que generan mayor valor añadido, como las intensivas en tecnología y conocimiento. Y fundamental, nos hace falta que el marco institucional en el que se muevan sea de mayor calidad, orientado al progreso, que favorezca y facilite la actividad económica.

Para combatir esta situación el consejero abogó por desarrollar políticas de oferta, que dinamicen la economía y hagan de Andalucía un sitio propicio para invertir. Las políticas que señaló abarcan ámbitos muy diversos. Educación, buscando la excelencia desde edades muy tempranas. Universidad, estrechando los vínculos con la empresa. Una administración pública regenerada, simple y ágil. Políticas industriales eficaces y eficientes. Internacionalizando la economía y captando inversiones extranjeras. Fomento del emprendimiento e incorporación plena de las empresas a las nuevas tecnologías digitales. Y especialmente actuando sobre el mercado de trabajo, para aumentar la estabilidad del empleo y reducir la tasa de paro.

Muchos de estos objetivos no son nuevos. Pero se insistía machaconamente en mantener un mismo comportamiento, que conducía a los mismos malos resultados. Ahora cambia la forma de enfrentarlos. Tendremos tiempo de criticar constructivamente las medidas que vayan proponiendo y de valorar sus resultados. De momento resulta muy positivo que haya entrado aire nuevo en Andalucía, que ha situado el centro de atención en la actividad económica privada y ha reivindicado el papel de la empresa como motor del crecimiento y de generación de empleo. Si se quiere conservar el Estado de bienestar e incluso mejorarlo, para seguir redistribuyendo la riqueza, resulta indispensable potenciar a las empresas porque son ellas las que la crean.

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Encaje de bolillos financiero

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/3/2019

Ayer Mario Draghi, tras una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE, prosiguió con al encaje de bolillos financiero que empezó hace más de siete años. Siguiendo esta técnica volvió a entretejer los hilos de la economía de la Eurozona, aquejada de distintos problemas. Y lo hizo, como siempre, colocando los alfileres que considera necesarios para sostenerla, sin olvidarse de que el tejido resultante tiene que parecerse al objetivo que tiene asignado, esto es, llevar la inflación al 2%. El paño durante todos estos años le ha ido saliendo, lo que ya es de por sí un gran éxito, porque por el 2012 los hilos estaban tan enrevesados que parecía imposible sacar nada bueno de ellos. Pero el parecido con el patrón se le resiste. Y no dejan de surgir problemas.

El hilo más difícil con el que le toca lidiar ahora es el del crecimiento del PIB de la Eurozona, que se ha venido abajo. El BCE ha reducido drásticamente su previsión para 2019, hasta el 1,1%, y las rebajas también se extienden a 2020 y 2021. Alemania crecerá sólo un 0,7%, el más bajo desde 2013. El caso de Italia es aún más grave, su PIB descenderá un -0,2%. Además, los riesgos a los que está sometido -que ya señaló Draghi que habían girado a peor- persisten.

La guerra comercial declarada por EEUU puede hacer mucho daño, de forma indirecta por lo que pase con China, pero también directamente por su comportamiento con Europa. Las palabras de Trump sobre la UE el pasado 25 de febrero, recogidas por Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano, dejan clara su actitud: “Les hemos dicho que tenemos que reunirnos. Y que si no nos reunimos vamos a machacarlos a aranceles”, en clara amenaza a los coches europeos. Y ahí sigue el Brexit, empantanado, cuando se acerca la fecha límite para llegar al acuerdo.

Ante todo esto había que actuar y Draghi lo ha hecho. Los tipos de interés siguen en el mismo nivel, pero ha retrasado posibles subidas hasta al menos finales de 2019. El programa de reinversión de bonos continua. Y ha puesto nuevos alfileres para lidiar con los bancos, que no son hilos sino sogas a su cuello. Así, en septiembre se pondrán en marcha las TLTRO III (préstamos gratuitos a dos años a los bancos, condicionados a que den crédito). Se quiere evitar que se encarezcan los préstamos bancarios cuando la actividad se ha debilitado, pero también apoyar a los bancos, especialmente italianos y españoles, que tienen que afrontar vencimientos de TLTRO pasadas por 380.000 millones de euros.

El retraso de los tipos le ha sentado mal a las bolsas, sobre todo a la banca: la desaceleración económica es muy seria. El refugio ha sido los Tesoros: el bono español bajó al 1%. Y es que hacer encaje de bolillos financiero es muy delicado y complejo. Draghi va a concluir su mandato con todos los alfileres puestos sin conseguir que la inflación llegue al modelo -está en el 1,2%- y con un recorte sustancial en las previsiones de crecimiento. Pero está harto de decirlo. El encaje para que sea sólido tendría que tejerse también desde el lado económico y no fiarlo todo al financiero: ha vuelto a suplicar a los gobiernos de la zona euro que apliquen políticas favorables al crecimiento.

Renta básica universal sí o no

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:09

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/3/2019

El pasado lunes, el catedrático de la Universidad de Sevilla, Juan Torres, presentó su último libro. En él aborda la Renta Básica (Deusto, 2019), un tema controvertido, que rápidamente despierta posicionamientos a favor o en contra en intelectuales, políticos y en la población en general, pero que los adoptan en numerosas ocasiones sin suficiente fundamento. A muchos les sorprendería saber que es defendida desde posiciones totalmente liberales y no sólo desde la izquierda: depende de cómo se plantee. Y como bien dice el autor en su primer capítulo es una propuesta que hay que conocer a fondo aunque en principio no se esté a favor de ella.

Existen versiones de Renta Básica para todos los gustos, en función de las características que se establezcan: ¿qué población tendría derecho a recibirla?, ¿por individuo o por hogar completo?, ¿con condiciones -de recursos o de comportamientos- o sin ellas? , ¿para todos por igual o modulada?, ¿temporal o perpetua?, ¿cómo se instrumentaría?, ¿eliminaría todas o parte de las prestaciones sociales que ya existen?, ¿seguiría existiendo la sanidad y la educación pública? Y el aspecto fundamental: ¿de dónde se sacarían los recursos para afrontarla?

En el libro se constata esa variedad -teóricas- a través de un recorrido histórico, desde las primeras formulaciones en la Grecia clásica hasta las últimas propuestas. Entre ellas, se destaca la que propuso el Colectivo Charles Fourier (Bélgica, 1984) por ser la primera de carácter universal, y que conllevaba la supresión de subsidios de todo tipo. También se señala la más radical, la de Charles Murray (2006) para el que la renta básica universal sería “un plan para reemplazar el Estado del Bienestar”. En la práctica, en poquísimos lugares está implantada. En dos, Alaska e Irán, está respaldada con sus pozos petrolíferos.

Pero a falta de un maná, hay que buscar qué fuente de financiación la sostendría. Los cálculos, (Arcaronons, Raventós y Torrens) para España de una renta de 7.451 euros anuales para todos los adultos y de un 20% de esta cantidad para los menores de 18 años arrojan un coste bruto de 280.092 millones de euros. Y por mucho que se apliquen reducciones a esta cifra, en todo caso, implicaría necesariamente que un colectivo importante tiene que estar trabajando y produciendo para poder financiar que la reciban otros.

El repaso de las ventajas e inconvenientes de una renta básica universal que se desarrolla en este libro, recogiendo los muchos argumentos y contraargumentos de partidarios y adversarios, constituye un riguroso esfuerzo para sentar las bases sobre el que desarrollar el debate. Particularmente, tras su lectura, me posiciono en contra porque considero que atenta a los principios de libertad y justicia. Además, en todo caso, sería inviable financieramente si se plantea de forma añadida a las políticas sociales actualmente establecidas, y totalmente rechazable si se plantea como alternativa. Un eficiente Estado del Bienestar y políticas económicas eficaces que fomenten el empleo y la igualdad de oportunidades para acceder a ellos son las mejores armas para luchar contra la desigualdad y la mejor manera de prevenir la pobreza.

 

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El impreciso y abierto coste de las hipotecas actuales

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:05

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/272019

Formalizar un préstamo hipotecario supone una importante decisión financiera por la elevada cantidad de dinero que suele conllevar y por el larguísimo periodo de tiempo que va a acompañarnos. Conviene, por tanto, conocer en profundidad las condiciones que aceptamos al firmarlo e informarse sobre cuál es el coste total que resulta de los muchos ingredientes de que se compone. Sin embargo, la competencia de las entidades por captar clientes ha llevado a éstas a desarrollar un camino que deja este coste impreciso y abierto, dificultando enormemente la comparación de las diferentes ofertas que pueden presentarnos y dejando el préstamo sujeto a desagradables sorpresas.

En principio, el principal componente de toda hipoteca es el tipo de interés nominal, fijo o variable. Es lo que las entidades financieras suelen utilizar como gancho cuando publicitan el producto. Sin embargo, si la comisión de apertura que acompaña al préstamo es elevada puede contrarrestar el menor tipo de interés de una alternativa que a primera vista pueda aparecer como muy ventajosa.

De forma añadida, el préstamo genera gastos de notaria, registro y gestoría, que con la nueva Ley Hipotecaria serán todos por cuenta del banco. No es así con los gastos de tasación, que recaen exclusivamente en el cliente. Por su parte, el gasto más elevado, el Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados, después de las idas y venidas del Tribunal Supremo, finalmente no tiene que soportarlo el hipotecado.

Algunas entidades se adelantaron a la Ley y optaron por asumir todos los gastos, aunque repercutiéndolos por vía indirecta: las estadísticas inmobiliarias señalan que el coste se ha elevado del 2,26% al 2,31% en el último trimestre. Es lo que seguirá ocurriendo. Y hay que tener presente que una ligera subida en el tipo de interés puede hacer que se termine pagando mucho más de lo que suponían los gastos eliminados.

¿Qué pesa más, el tipo de interés, la comisión, que no haya ningún gasto…? Con tantas variables resulta difícil elegir la opción más conveniente. Por eso, el Banco de España obliga a los bancos a informar de la Tasa Anual Equivalente (TAE), que las resume en una sola cifra aplicando las matemáticas financieras. Eso sí, es una aproximación imperfecta del coste total porque se incluyen en su cálculo sólo los gastos que determina la ley, no todos.

Además, en la situación actual esa TAE pierde su eficacia. Las entidades, para conceder la hipoteca o mejorar sus condiciones, están exigiendo el cumplimiento de requisitos adicionales: domiciliar una nómina o recibos, utilizar la tarjeta por un importe mínimo, contratar un plan de pensiones, un producto de inversión o diferentes seguros (de crédito, hogar, vida, coche). La nueva Ley Hipotecaria lo sigue permitiendo. El coste de la hipoteca queda así completamente dependiente de las condiciones particulares de cada uno de los productos vinculados, de los posibles costes de oportunidad que generen y de cómo evolucionen en el futuro. El Banco de España ya está recibiendo reclamaciones; por ejemplo, por la prima de un seguro vinculado que se vuelve mucho más elevada al año siguiente.

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Exportaciones andaluzas: barreras y tamaño

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:01

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/2/2019

Imponer aranceles a la importación es la forma de protección más común que utilizan los países. Y la más conocida. Todos los andaluces nos hemos enterado de cómo EEUU los imponía a nuestras aceitunas de mesa. Sin embargo, las políticas de protección se extienden a otras muchas medidas menos transparentes, pero que se han multiplicado en los países desarrollados estos últimos años. En este contexto, la firma de acuerdos comerciales por la Unión Europea que derriben todas las barreras -arancelarias o no- resulta fundamental para que el “milagro exportador” español siga produciéndose. Pero esto no es suficiente; paralelamente hace falta aumentar la capacidad de las empresas para que los aprovechen.

El proteccionismo, que con la llegada de Donald Trump se ha intensificado, arranca desde el inicio de la crisis financiera, en un intento de los países de paliar sus consecuencias adversas. Según un estudio del Banco de España, el número de nuevas medidas no arancelarias adoptadas por los países del G20 se han multiplicado por más de cuatro en el periodo 2009-2017. Entre ellas, ayudas financieras a la industria nacional, obstáculos técnicos innecesarios, condiciones en los proyectos públicos que excluya a los extranjeros o requisitos sanitarios y fitosanitarios fuera de los estándares. El impacto negativo de estas barreras en las exportaciones es muy relevante: el estudio concluye que el crecimiento anual desde 2009 de las exportaciones españolas podría hacer sido sin todas estas medidas en torno al 14% frente al 11% observado.

Por eso son tan importantes los acuerdos de nueva generación que está suscribiendo la UE, que eliminan todo tipo de barreras, como el CETA con Canadá, el de Japón o el de esta mismo semana con Singapur. Y especialmente interesantes son los que viene firmando con países de América latina porque pueden beneficiar a las empresas españolas por su cercanía cultural. Sin embargo, Andalucía, que era la cuarta región española en exportaciones a América latina en 2008, en 2017 había descendido al sexto puesto. Entre esos años, todas las grandes regiones exportadoras las incrementan, destacando Murcia (279%), Aragón (119%), Galicia (104%) y Valencia (100%), salvo Andalucía, que las disminuye en un 17%, si bien esto se explica por la caída espectacular de dos sectores concretos, combustibles y aeronáutico. Con todo, el crecimiento del resto de sectores ha sido del 30%, el menor de todos.

Y es que estos acuerdos abren las puertas a todas las empresas europeas, pero luego hay que atravesarlas. Andalucía, que ha ido de récord en récord estos últimos años, no puede bajar la guardia. Se necesitan más empresas que exporten y que además lo hagan regularmente, que no sólo se “busquen la vida” cuando desaparece la demanda interna. Y tanto para una cosa como para la otra, las estadísticas señalan que es fundamental el tamaño: en Andalucía más de la mitad de las empresas son unipersonales y el 96% tienen menos de 10 trabajadores. En manos de la Junta de Andalucía está poner en marcha estímulos que animen a las empresas a crecer, empezando por eliminar aquellos desincentivos que existen para que no lo hagan.

La deuda pública española: riesgos futuros

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 16:59

ANÁLISIS, 9/2/2019

Nuestro altísimo volumen de deuda pública somete al Estado a dos importantes retos cada año: conseguir dinero suficiente en los mercados para poder amortizar los títulos que van venciendo y soportar la pesada carga de intereses que genera. Para salir airoso de ambos resulta fundamental que España sea un país que ofrezca confianza, que los inversores acudan a las subastas y que lo hagan además sin exigir una retribución alta. Ahora estamos pasando un momento dulce. La amplia demanda para nuestras Letras, Bonos y Obligaciones del Estado y los bajísimos costes a los que se están colocando estos títulos están haciendo llevadero el elevado nivel de endeudamiento. Pero existen riesgos en el horizonte.

Deuda pública

Deuda pública DPTO. DE INFOGRAFÍA

Llegar a esta situación ha sido posible por la positiva evolución de nuestras variables macroeconómicas de estos últimos años -crecimiento del PIB, la contención del déficit público y la disminución de la tasa de paro-. Consecuentemente, las cuatro principales agencias de rating han ido mejorando la calificación crediticia de España hasta el nivel A- (Fitch). Nada que ver con la situación de 2012, cuando los inversores compraban deuda pública exigiendo un 7%. Ayer el bono a diez años cotizaba a 1,22%.

 Y para que esto se produjera ha resultado, y sigue resultando, decisiva la intervención del Banco Central Europeo (BCE). Hemos contado con un agente dispuesto a comprar y comprar nuestra deuda sin mirar precios, y que además ha mantenido los tipos de interés oficiales por los suelos. El Estado ha notado sus efectos por la menor carga de intereses en los presupuestos, pero también por el impulso que ha supuesto para la economía que las familias y empresas se aliviaran de intereses, pudiendo dedicar esa parte liberada a consumo y a inversión: un poderoso estímulo fiscal disfrazado de monetario.
Deuda públicaDeuda pública

Deuda pública DPTO. DE INFOGRAFÍA

La sostenibilidad de esta enorme deuda exige crecimiento. Y ahí está la clave de lo que pueda pasar éste y los próximos años. Las previsiones se están revisando a la baja. Este mismo jueves, la Comisión Europea –otra vez– ha rebajado seis décimas a su previsión de crecimiento de la Eurozona para 2019, hasta el 1,3%; para España, la ha dejado en el 2,1%. De la misma forma, también han retocado a la baja las estimaciones para 2020. Y el temor es que se sigan rebajando, porque son numerosos los riesgos geopolíticos -Italia, un Brexit sin acuerdo o la guerra entre EE.UU y China- que existen actualmente. En caso de materializarse alguno de ellos, tendría un efecto claro negativo sobre el crecimiento económico.

Deuda pública

Deuda pública DPTO. DE INFOGRAFÍA

En estas circunstancias, al BCE le va a ser difícil retirarse. Y en la medida que la desaceleración sea más o menos acusada no solo tendrá que seguir manteniendo sino volver a intensificar los estímulos monetarios. La deuda pública española, por tanto, seguirá contando con su importante respaldo; además, España espera unos crecimientos por encima de la Eurozona, y esto también será positivo porque nuestra deuda puede beneficiarse de la mejor situación relativa respecto a otros países como Italia o Francia. No obstante, no cabe la complacencia. Recordemos que cada punto de subida del interés medio de la deuda rebaña 11.000 millones de euros al presupuesto, y cuando se pierde el equilibrio, los bucles negativos empiezan a dispararse. España tiene –sí o sí– que seguir ofreciendo confianza. Y para ello, cada décima de crecimiento cuenta.

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