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Partes de guerra (del bando azul)

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/8/2019

Jueves, 1 de agosto. El presidente, tras el fracaso de las recientes negociaciones que han tenido lugar en Shanghái, y ante el incumplimiento de China de su compromiso de comprar mayor cantidad de productos agrícolas americanos, anuncia la imposición a partir del 1 de septiembre de nuevos aranceles del 10% sobre importaciones chinas por valor de 300.000 millones de dólares.

(Sumados a los ya aplicados en el pasado, prácticamente la totalidad de las importaciones chinas quedan gravadas).

Lunes, 5 de agosto. El presidente no va a consentir que China manipule su divisa para robar nuestros negocios y nuestras fábricas. El Tesoro ha enviado un documento al Fondo Monetario Internacional por el que se le insta a tomar medidas al respecto. Se informa también que el Ministerio de Comercio chino ha comunicado la prohibición de importar productos agrícolas de EEUU.

(La ira de Trump se desató cuando la cotización del yuan superó la barrera psicológica de siete unidades por cada dólar. Tras los nuevos aranceles China dejó de cuidarlo para mantenerlo estable. Enseña así sus garras. Si el yuan se depreciara hasta un cambio de 7,8, anularía para las exportaciones chinas el efecto perjudicial de los aranceles americanos).

Martes, 6 de agosto. El presidente considera completamente necesario que el armamento monetario se ponga en marcha. La Bolsa americana ha sufrido importantes pérdidas. Exige que la Reserva Federal actúe con mayor contundencia para ayudar desde el frente financiero a ganar esta guerra. La reciente bajada de tipos de 0,25% es escasa frente a los movimientos del resto de bancos centrales.

(El tuit de Trump “¿Estás escuchando, Reserva Federal?” lo dice todo. En la guerra arancelaria tiene las de ganar Trump, pero se encuentra con la guerra de divisas. Desde el Gobierno se pueden realizar determinadas intervenciones monetarias, pero de poco calado. Necesita que la Fed le obedezca).

Miércoles, 7 de agosto. El presidente solicita con insistencia que la Fed determine más bajadas de tipos de interés y más rápidas.

(Nueva presión a la FED en respuesta a la carta publicada el martes de sus cuatro últimos gobernadores -Volcker, Greenspan, Bernanke y Yellen- defendiendo la independencia del banco central. Trump no admite no controlarlo, libra también esa guerra interna. Llega a decir que “el problema de los EEUU no es China, es la Fed”).

Jueves, 8 de agosto. Por seguridad nacional, se prohíbe usar teléfonos Huawei y de otras compañías de origen chino en todas las agencias federales.

(Los partes seguirán, la guerra no cesa. Con las armas que utilizan dañan al contrario y se dañan internamente. La administración americana está gastando grandes sumas para subsidiar a sus perjudicados por la guerra comercial. A China la depreciación puede suponerle importantes salidas de capital. Siguen declarando querer llegar a un acuerdo, pero cada vez las posiciones están más enconadas para encontrar el que ambos consideren “correcto”. Pierden los dos, y pierde el mundo entero. El miedo se acrecienta: turbulencias en las Bolsas y los inversores se refugian en los bonos soberano y en el oro, cuyos precios no dejan de batir récords).

El Euríbor negativo, un lento jubileo

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:36

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/8/2019

Tiene usted una hipoteca o un préstamo a tipo variable? ¿Cuál es el diferencial que tiene pactado para sumar al Euríbor y conformar el tipo de interés?, ¿es este diferencial menor del 0,30%? Si es así, desde este mes va a empezar a cobrar intereses. Pasará a pertenecer a un mundo loco, donde se perciben intereses por las deudas en vez de pagarlos. Los que tengan diferenciales mayores también lo notarán, verán cómo sus cuotas mensuales bajan, y quizá con el trascurso de los meses alcancen ese mundo invertido. Los endeudados llevamos años dándole las gracias a Mario Draghi cada mañana por aliviar nuestras cargas, y vamos a seguir -al menos otros pocos más- dándoselas.

Desde que se desató la crisis -una crisis por acumulación excesiva de deuda, recordemos-, el Banco Central Europeo ha ido afectando al Euríbor con sus decisiones. El Euríbor a doce meses -el indicador usualmente utilizado- fue bajando y bajando. Tanto, que en febrero de 2016 marcó un hito: su cotización empezó a estar por debajo del 0%. Y siguió descendiendo, adentrándose cada vez más en territorio negativo hasta alcanzar un mínimo, el -0,191%, en febrero del año pasado. Por entonces se dio la vuelta y emprendió el camino contrario. Se suponía -era lo planificado- que sería el retorno a la normalidad financiera. Pero esa situación duró poco. En los últimos meses los descensos han sido radicales. El mes de julio cerrará con una media de -0,30%.

Ante tal anomalía, resulta interesante revisar la Historia. En el magnífico libro Dinero (RBA, 2016), Félix Martín, su autor, cuenta que en Mesopotamia ya se producían crisis de deuda, y se tomaba ante ellas una solución radical: hacer borrón y cuenta nueva. Las pruebas más antiguas de que esto se aplicaba cuando la carga del endeudamiento se hacía insoportable datan del reinado de Enmetana de Lagash, sobre el año 2400 a.C. Posteriormente, la Biblia recogió esta tradición con la institución del jubileo. Puede leerse en el Levítico (25, 8 y ss.) como Dios así lo manda: cada 50 años se debe hacer con las deudas tabla rasa. En Grecia, el poeta y estadista Solón en el siglo VI a.C. importó esta práctica pero con una diferencia fundamental. La supresión de cargas no era un mandato divino, había que ejecutarla mediante decisiones emanadas de la política democrática.

Sorprende saber que desde siempre existieron crisis de deuda. Sólo nos hemos empeorado haciéndolas cada vez más enormes y sofisticadas. Y tanto antes como ahora, cuando el exceso de deuda hace que todo estalle, no queda más remedio que aligerarlas. Actualmente la responsabilidad la asumen en gran parte los bancos centrales con sus medidas de política monetaria. Esa solución tan drástica -e injusta- del pasado de perdonar y empezar de nuevo está completamente descartada, pero bien mirado tampoco la hemos cambiado tanto: la reestructuración sigue provocando que unos salgan perdiendo y otros salgan ganando. El Euríbor negativo es como una forma leve de jubileo que favorece a los endeudados y que se ceba con los ahorradores conservadores, esto es, con los depositantes. Ahora la deuda no se enjuaga de golpe sino que se suda a base de años.

Draghi espera a Powell

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:35

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/7/2019

En junio, en la reunión anual de bancos centrales en Sintra, Mario Draghi declaró sus intenciones: “En ausencia de mejora, se requerirá un estímulo adicional”. En este sentido, Pierre Moscovici, el comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea, advertía hace unos días del debilitamiento de la economía de la Eurozona. Esto nos puede parecer extraño porque la economía española se mueve -por ahora- a contracorriente, pero Alemania está bordeando la recesión técnica, Italia está estancada y Francia también ha ido reduciendo varias décimas sus previsiones de crecimiento. Y el temor es que los negros nubarrones que sobrevuelan la economía mundial -la guerra tecnológica entre EEUU y China, un ahora más que probable Brexit sin acuerdo, la vulnerabilidad de los países emergentes o la tensión creciente en Oriente Medio- descarguen con fuerza. Ayer Draghi preparó las armas y se colocó en posición de tiro, pero disparará en septiembre. Mientras verá lo que hace su homólogo americano, Jerome Powell.

De la reunión cabe destacar tres novedades. La primera es que abrió la puerta a una futura rebaja de los tipos. En el comunicado oficial y en la conferencia posterior se informó que “al menos hasta la primera mitad de 2020 los tipos de interés se mantendrán iguales o -esto es lo nuevo- “por debajo” de los actuales.

La segunda, que se está estudiando “el diseño de un sistema escalonado para la remuneración de las reservas bancarias”, dando a entender que se penalizarán aún más -ahora en -0,4%- aunque buscando la manera de que afecte lo menos posible a la rentabilidad bancaria.

Y la tercera novedad es que se están analizando opciones para determinar el tamaño y la composición de nuevas compras de activos netos potenciales. Un nuevo QE en el que muchos analistas esperan que se incluyan acciones.

No sólo el BCE se está replanteado nuevas medidas de política monetaria. Es bastante probable que el próximo 31 de julio la Reserva Federal reduzca las tasas de interés por primera vez tras casi una década. La presión que está ejerciendo Donald Trump sobre su gobernador es intensa. Una reducción de tipos en la Eurozona ahora podría provocar que Powell los recortara con más fuerza. Draghi ha preferido esperar a que él dispare y que sea en otoño, en las dos reuniones más que le quedan, cuando continúe con el compromiso que adquirió en 2012 de “hacer todo lo que fuera necesario”, dejando además el inicio del mandato de su sucesora, Christine Lagarde, cubierto.

Los bancos centrales actúan condicionados en gran medida por los movimientos de los otros y tienen que hacerlo con cautela para no provocar una escalada en la protección de las monedas o incluso que pueda afectar a otros ámbitos económicos. De hecho, Trump acusó en Sintra de manipulador de divisas a Draghi cuando éste anunció que estaba dispuesto para nuevos estímulos monetarios. Incluso de forma cínica entonces lanzó un tweet afirmando que quería para liderar la Reserva Federal a “un Draghi”. El malestar por las intervenciones monetarias puede condicionar las relaciones comerciales entre los Estados Unidos y Europa, y especialmente en el sector automotriz podría hacernos un enorme daño.

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Balance financiero de las familias españolas

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:33

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/7/2019

Cada familia española lleva su cuenta financiera particular. Por una parte, sabe de los dineros que tiene en casa, en el banco -en la cuenta corriente o en un depósito a plazo- o invertido en otros activos financieros, como fondos de inversión, acciones de empresas o quizá en algún plan de pensiones. Por otra parte, también sabe de los dineros que debe, por el saldo pendiente de la hipoteca de su casa habitual o de la segunda vivienda, o lo que le queda por pagar de algún préstamo al consumo al que recurrieron. La diferencia entre ambas cantidades constituye su patrimonio financiero neto. El Banco de España realiza este mismo balance agregando el de todas las familias españolas. Esta estadística -sector hogares- aparece dentro de las Cuentas Financieras de la Economía Española, cuyo último número ha sido publicado esta semana.

A finales de 2018, los hogares españoles poseían activos financieros por valor de 2,1 billones de euros, 36.000 millones menos que en 2017 debido al importante descenso de la cotización de algunos activos financieros a final de año. No obstante, supone un 17,3% más que en 2011, cuando su valor ascendió a 1,8 billones de euros. Un 41% de este montante está mantenido en efectivo o depositado en el banco. Otra parte importante -un 27%- la tienen invertida las familias en participaciones de capital en empresas, cotizadas o no. Un 14% en fondos de inversión y un 16% en seguros y fondos de pensiones. En relación al PIB, el valor de los activos financieros de las familias suponen un 177,7%.

En cuanto a sus deudas, prosigue el descenso. De los 877.876 millones de euros que debían en 2011 a los 711.136 de 2018, aunque cada vez baja a un ritmo menor. Así, respecto al avance del primer trimestre de 2019 sólo disminuye en 1.000 millones cuando los primeros años de la crisis la deuda familiar se recortaba en 30.000 millones cada año. Los préstamos son mayoritariamente a largo plazo, un 87,3%, aunque vienen creciendo con fuerza los préstamos al consumo a corto plazo. La proporción deuda/PIB sigue decreciendo, por al aumento de éste y pese al menor ritmo de descenso de aquélla.

De hecho, en el primer trimestre de este año se sitúa sólo en el 58,4% del PIB, el mismo nivel de la zona euro.

En resumen, la riqueza financiera de los hogares, deduciendo las deudas de los activos financieros totales, superó los 1,45 billones de euros a finales de marzo de 2019, un 4,1 % más medido en tasa interanual. En relación con el PIB, representa el 119,3 %, un 0,8% superior a la de un año antes. Dos últimos comentarios.

Primero, a muchos les sorprenderá este porcentaje de mayor riqueza al compararlo con el que arroja su balance financiero propio, por exceso o por defecto, pero ya se sabe que la estadística es la ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno. Y segundo, no es un balance global, sólo financiero. Aquí no cuenta la riqueza en otro tipo de activos, como el preferido por las familias españolas: los inmuebles. Esta otra riqueza supera actualmente los 5,2 billones de euros. El 75% del ahorro familiar está en ladrillos, cuando sólo pesa un 68% en la zona euro

Bonos verdes soberanos

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/7/2019

Los bonos verdes siguen floreciendo con fuerza. Se espera que estos bonos, que financian proyectos en energías renovables, transporte sostenible, eficiencia energética, adaptación al cambio climático o tratamiento de aguas, alcancen en 2019 un volumen de 174.000 millones de euros. Un crecimiento espectacular si tenemos en cuenta que en 2013 no suponían ni 3.000 millones. Cada vez hay más inversores -especialmente institucionales- comprometidos en estas causas. Buscan mantener toda o parte de sus carteras en verde, provocando que se amplíe el número y la diversidad de entidades que se deciden a emitirlos. Desde que hace doce años dieran el paso el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Mundial, organismos internacionales, ciudades y gobiernos regionales, entidades financieras y empresas de todo el mundo se han ido añadiendo. Y también los Estados, emitiendo bonos verdes soberanos.

Polonia fue el primer país en hacerlo en 2016. Poco después le siguió Francia, con el mayor volumen hasta esa fecha, 7.500 millones de euros. Bélgica, Lituania e Irlanda son los otros tres países europeos que posteriormente los emitieron. No es extraño que fueran Estados europeos los precursores porque Europa ha sido siempre la abanderada del desarrollo sostenible. Pero además cuentan ya con bonos verdes soberanos otros países, como Nigeria, Fiji, Indonesia, la República de Sheychelles o Chile.

Recientemente -en mayo- se subastaron en Holanda. Fue todo un éxito. Se adjudicaron los 6.000 millones de euros previstos, dando preferencia a inversores catalogados como verdes, frente a una enorme demanda de más de 21.200 millones de euros. Y esta misma semana, el Ministro de Finanzas de Alemania comunicó que se están explorando varias opciones para una emisión de un bono verde soberano el próximo año. También Egipto y Kenia lo están valorando.

Así, no dejan de brotar bonos verdes aquí y allá, y es de esperar que esto empuje a una progresiva transparencia, avanzando hacia la necesaria armonización internacional. Resulta completamente fundamental eliminar el riesgo de greenwashing, para que el inversor cuente con la total seguridad de que los proyectos que financian son verdes e incluso que conozca el grado de verdor que aportan. Por otra parte, el aumento del volumen y su estandarización contribuirán a incrementar la liquidez de estos activos, la otra debilidad de este mercado.

En España, las emisiones verdes alcanzan unos 5.000 millones. Más de la mitad fueron realizadas por empresas, como Iberdrola -la pionera-, Repsol -la primera empresa de hidrocarburos que lo hizo en el mundo- o Telefónica. El 17%, por compañías financieras, como BBVA y Santander; y el restante porcentaje por entidades públicas, como Adif, Comunidades Autónomas o el ICO. Falta el Estado, aunque este junio la ministra Teresa Ribera señaló que lo están contemplando. España debería implicarse y emitir bonos verdes soberanos. No sólo porque se beneficiaría de ampliar la base de inversores al captar recursos, que cada vez están más ávidos de bonos verdes, sino porque además tendría un efecto arrastre de inversores y emisores en todos los sectores de actividad y sobre la opinión pública.

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El dinero digital soberano, más cerca

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/7/2019

Son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, los que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital. La mayoría aún se encuentran en fase de estudio, pero otros están más avanzados. Como el de Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto de alcance limitado; o como el Riksbank sueco, que tras dos años investigando si la corona debe emitirse en forma electrónica, la e-krona, este mes ha decidido dar un paso más y analizar ya las posibilidades tecnológicas para implementarla. Ahora, el ritmo de todos estos procesos puede cambiar: el anuncio de Facebook de emitir Libra, una moneda digital e internacional, va a acelerarlos.

Aún no se tiene claro qué diseño concreto sería el ideal. La mayoría parece decantarse por un moneda digital no anónima, o con un enfoque híbrido, anónimo para pequeñas tenencias o transacciones, y rastreable para las grandes. También tienen que decidir si los particulares y empresas mantendrían los depósitos directamente en los bancos centrales, y si estos podrían estar remunerados o penalizados en función de la política monetaria. O incluso si la opción más correcta sería apoyar monedas fiduciaria digitales del sector privado, esto es, que la emisión fuera privada pero con respaldado soberano.

Según se escogiera uno u otro enfoque, su emisión tendría diferentes consecuencias para la estabilidad financiera, para la estructura del sector bancario y para la transmisión de la política monetaria. Y en cada caso habría que perfilar con sumo cuidado cómo se llevaría a cabo la transición hacia el nuevo sistema financiero y monetario, porque algunos modelos de moneda digital soberana podrían implicar hasta la desaparición de la banca.

Los motivos para emitir monedas digitales soberanas son muy variados. Si Suecia tiene tanta prisa es por la intensa disminución del uso del dinero físico en su territorio. Según una encuesta del Riksbank, solo el 13% de la población pagó en efectivo su última compra. De desaparecer, se eliminaría completamente la esencial conexión del banco central con el ciudadano. Para otros países con finanzas poco desarrollados, sin embargo, su principal interés es darle solución a la exclusión financiera. Aumentar la eficiencia y reducir los costes de los pagos, mejorar la trasmisión de la política monetaria o acabar con las dolorosas y costosísimas crisis bancarias constituyen otras razones de peso para que los bancos centrales decidan lanzarse.

Pero más allá de todo eso, hay un motivo más fundamental. La tecnología está propiciando que proliferen multitud de monedas privadas. Libra, el órdago de Facebook, va mucho más allá que todas esas criptomonedas. Seguramente con la intervención de los supervisores y reguladores no llegará a ninguna parte o lo hará de forma descafeinada, pero su simple anuncio ha puesto sobre la mesa la imperiosa necesidad de que los Estados y bancos centrales reaccionen y procedan a adaptar las monedas nacionales al nuevo marco tecnológico. Sólo así protegerán la supremacía del dinero público en un sistema financiero digitalizado. Urge que actúen antes de que sea demasiado tarde.

La financiación de la innovación

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:28

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/6/2019

Nadie discute el papel fundamental de la innovación en la capacidad competitiva de las empresas a medio y a largo plazo, y, consecuentemente, lo mucho que significa para la economía de un país. Innovar consiste en que la empresa consiga hacer algo completamente nuevo y que con ello mejore sus resultados. No sólo se trata de desarrollar nuevos productos o servicios sino también de seguir haciendo algo tradicional pero bajo un enfoque nuevo, introduciendo cambios en los procesos de producción o de comercialización, o mediante una manera diferente de organizar la empresa o de gestionarla. Pero con lo necesarios que son los proyectos innovadores para su supervivencia y crecimiento, las empresas encuentran mayores dificultades para financiarlos.

Esto se debe a sus características intrínsecas. La recuperación de este tipo de inversiones suele exigir un plazo muy largo, normalmente superior a 3 o 5 años. Y eso en el mejor de los casos, porque la probabilidad de que ni siquiera se recupere es elevada. Además, consisten en muchas ocasiones en intangibles -tecnologías de la información y las comunicaciones, I+D, bases de datos, software o diseños artísticos- desarrolladas específicamente para la empresa, que no sirven de garantía para los acreedores por su nulo valor residual. Tampoco juega a favor la asimetría en la información entre prestamistas y prestatarios. La complejidad técnica que puede acompañarlos hace que no comprendan exactamente la importancia de lo que estarían financiando.

Cuando la empresa que innova tiene una dimensión suficiente, lo más habitual es que recurra a los beneficios no distribuidos, aunque, en todo caso, para ellas encontrar financiación bancaria para este tipo de proyectos es mucho más fácil. Al estar consolidada dispone de activos reales para respaldarlos, viene generando cashflow o incluso es posible que forme parte de un grupo empresarial. Mucho más crudo lo tienen las que están en sus inicios -startups- o las que aún presentan un tamaño reducido.

Para éstas resultan esenciales las redes de inversores privados o business angels, la actividad de fondos y sociedades de capital riesgo, los fondos de inversión en pymes, las plataformas de crowdfunding y crowdlending dedicadas a proyectos innovadores, los mercados MARF y MAB, y las SGR, ya que gracias a su aval se mejora el acceso a la financiación bancaria de emprendedores y pymes. Y no sólo eso, para las que están naciendo son fundamentales las incubadoras y aceleradoras de empresas, que las apoyen con espacios físicos, recursos, asesoramiento y networking.

Intensificar, promover y divulgar todas estas alternativas financieras deberían constituir renglones principales de la política de apoyo a la innovación. Así, la intervención pública directa se podría limitar a casos estrictamente necesarios. El sistema financiero, a pesar del altísimo grado de sofisticación que ha conseguido alcanzar y de su enorme tamaño, tiene que seguir evolucionando para prestar una atención mayor y más particularizada a las necesidades de la pequeña empresa. La innovación empresarial demanda que la diversificación y la especialización también llegue al mundo de las finanzas.

Sobre la nueva moneda Libra

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:26

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/6/2019

Esta semana Facebook ha presentado su nuevo proyecto. En realidad, dos proyectos, aunque vayan unidos: la creación de una moneda global, Libra, y la creación de una red para utilizarla. La frase que pronunció Mark Zuckerberg los resume: “El mundo necesita de una divisa digital en la que se pueda confiar, acompañada de una estructura que pueda convertirse en el internet del dinero”. Ambos vienen idealizados y cargados de tintes sociales. El nombre elegido alude al signo astrológico caracterizado por la armonía, la justicia, la igualdad y el equilibrio. Y su uso se presentó como una solución para los 1.700 millones de personas que no tienen cuenta bancaria, un 31% de la población del mundo. Pero conviene profundizar en estos proyectos tan épicos.

Con la estructura -tecnología blockchain- se pretende que sea tan fácil mandar dinero desde los teléfonos móviles como mandar un mensaje, y casi gratis. No la utilizaría sólo Facebook, pero sí sería la pionera. Su subsidiaria financiera, Calibra, gestionaría el primer monedero digital para almacenar y utilizar Libra. Muchos interrogantes surgen: ¿sería su operativa segura?, ¿servirían sus cuentas seudónimas de soporte para el blanqueo de dinero y actividades delictivas? y, fundamental, ¿qué harían con nuestros datos financieros? Facebook y privacidad no es que hayan venido en el pasado unidas.

Hasta aquí, nada novedoso, WeChat ya lo hace en China. Lo innovador en este proyecto es su vocación internacional mediante la utilización de una moneda global. A través de casas de cambios, cada usuario tendría que cambiar su divisa por libras. La cantidad de libras existentes dependerá del dinero que se traspase desde monedas convencionales, dinero que quedará ingresado en una reserva para respaldar el valor y la estabilidad de Libra.

La encargada de mantener y gestionar las reservas y controlar la estructura será una entidad sin ánimo de lucro y con sede en Suiza, la Asociación Libra, una especie de banco central, con una red de custodios distribuidos geográficamente. Hay ya 27 empresas involucradas: Mastercard, Vodafone, Paypal, Spotify… Facebook sería sólo una más de ellas. Todas han aportado diez millones de dólares para la puesta en marcha, y recibirán en el futuro los rendimientos que generen las reservas.

El peligro de este proyecto es que permita mantener depósitos en libras. Zuckerberg habla de una moneda confiable, pero ¿qué garantías hay del buen hacer de la Asociación Libra?, ¿quién la auditaría? Dicen que las divisas obtenidas por las libras se depositarán en bancos: ¿qué bancos?, y se comprarán bonos soberanos de calidad: ¿con qué criterio? En su inicio, una Libra valdrá un dólar: ¿quién fija en el tiempo los múltiples tipos de cambio? No, Libra no sería en absoluto dinero seguro. Además, con miles de millones de clientes, por poco saldo que mantuvieran, la Asociación Libra se convertiría en sistémica, con gravísimos riesgos para la estabilidad financiera y para la política monetaria. Los reguladores y bancos centrales deberían negarse en rotundo. Y si el proyecto se limitara exclusivamente a ser una solución global, novedosa tecnológicamente, de pagos y cambios, ¿para qué pasar por Libra?

Pagar por los depósitos y cobrar por las deudas

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/6/2019

El Consejo de Gobierno del BCE toma decisiones para que tengan consecuencias, para conseguir resultados en la inflación -su objetivo prioritario- y en el crecimiento económico. La semana pasada, entre otras decisiones, acordó mantener la tasa de depósito al -0,4% y abrió la posibilidad de bajarla aún más. Para los bancos ha sido un jarro de agua helada. Reclamaban que se les suavizara esa tasa, que les penaliza por tener aparcados sus sobrantes de reservas en el BCE. Esta semana Draghi les ha indicado la solución: que les cobren a su vez a sus depositantes corporativos. El BCE quiere que la tasa de depósito del -0,4% actúe sobre la economía real en un doble sentido: forzando a los bancos a prestar y, si la trasladan, empujando a invertir a las empresas.

Los particulares -salvo si disponen de saldos millonarios- no tienen que temer que se les cobre por los depósitos, pero han de olvidarse de que vuelvan los tiempos en que eran remunerados. El límite del 0% es muy difícil de socavar, las entidades no van a arriesgarse a que la población vaya en masa a sus sucursales a por billetes para guardarlos en sus casas. Pero el escenario sí puede cambiar para las empresas, especialmente para las grandes corporaciones: aunque tengan coste, no van a dejar de tener el dinero en los bancos, necesitan operar con los depósitos.

Esto no es nuevo en Europa, aunque ahora puede extenderse y generalizarse. Actualmente los tipos negativos afectan al 5% de los depósitos totales y cerca del 20% de los depósitos de grandes empresas en la zona euro. Pero estas proporciones varían según los países. Las empresas belgas, alemanas y holandesas ya pagan por su liquidez en el 50% de depósitos. Esto no es casual, sus bancos son los más afectados con esa tasa de depósito negativa y son los que más se han apresurado en trasladarla.

La efectividad de esta tasa para influir positivamente en la economía real viene avalada por un informe publicado por el BCE esta misma semana. En él se demuestra que a las empresas que se les cobra por la liquidez, reducen sus tenencias de efectivo y aumentan su inversión en activos tangibles e intangibles. También rechaza el efecto negativo para la banca: pueden pasar las tasas negativas a sus depositantes corporativos sin que estos se les vayan. Eso sí, si son bancos sólidos, lo que induce a pensar en que aumentará la competencia, con movimientos de depósitos hacia los mejores, aunque por ello les cobren.

Las grandes empresas pagarán por sus depósitos pero tampoco podemos olvidar que están disfrutando de unos costes financieros históricamente bajos. Muchas de ellas se han beneficiado de otras políticas del BCE -compra de bonos privados- que les han llevado incluso a financiarse con tipos negativos. Así es el surrealismo financiero en el que vivimos: empresas pagando por sus depósitos y cobrando por sus deudas. La críticas les llueven al BCE. A nadie se le escapan las consecuencias indeseadas de sus medidas, y es discutible si son suficientes los resultados en relación a su enorme intervención. Pero el euro ha sobrevivido. Además, ¿cuál era la alternativa?, ¿se le hubiera perdonado que se quedara al margen?

Listos para actuar

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:22

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/6/2019

No todas las reuniones que periódicamente mantiene el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) levantan el mismo nivel de expectación. Las decisiones que se han tomado en muchas de ellas eran en gran medida predecibles. Sin embargo, en otras, como pasaba con la de ayer, la incertidumbre sobre lo que se comunicaría era alta. En esta ocasión Mario Draghi estaba sometido a una enorme presión, principalmente por dos motivos: por las palabras del miércoles del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que anticipan sin tapujos una próxima bajada de tipos; y por los datos de Eurostat de esta semana sobre la inflación, el objetivo del BCE, que cayó del 1,7% de abril al 1,2% en mayo.

En su conferencia Draghi reconoció que a pesar de que los datos en la eurozona eran algo mejores de lo esperado para el primer trimestre, la información más reciente indica que los vientos globales en contra continúan afectando a las perspectivas de la zona euro. Y señaló las causas, agregando: “La presencia prolongada de incertidumbres relacionadas con factores geopolíticos, la creciente amenaza del proteccionismo y las vulnerabilidades en los mercados emergentes está dejando su huella en el sentimiento económico”.

Tanto los riesgos que señaló, como otros que no nombró explícitamente -los problemas con el presupuesto italiano y el Brexit- no sólo siguen presentes sino que se están agudizando, y resulta difícil cuantificar los efectos negativos que finalmente tendrán sobre el crecimiento. Por ahora, en Europa existe una aparente incoherencia, porque las encuestas y los indicadores muestran un empeoramiento de la confianza, especialmente en el sector manufacturero, pero los datos de PIB y de empleo siguen mostrando resistencia. Descontando Italia, las noticias más sombrías provienen de la economía alemana, con un crecimiento escaso y donde el paro se ha elevado en el último mes por primera vez desde 2013.

La respuesta de Draghi ante esta prolongación de la incertidumbre ha sido retrasar de nuevo una posible subida de los tipos de interés, hasta al menos el primer semestre de 2020. Además ha vuelto a recalcar que se seguirá reinvirtiendo en comprar bonos los reembolsos de los que tienen en cartera y vayan venciendo. Ni se bajaron los tipos ni se retomaron las compras, pero dejó bien claro que el Consejo de gobierno del BCE está listo para actuar en caso de contingencias adversas, ajustando todos sus instrumentos según proceda. Exactamente la misma postura que adoptó Jerome Powell dos días antes.

Tampoco Draghi cedió ayer a la presión del sector bancario. Pese a las reiteradas reivindicaciones para que subiera la tasa de depósito, la ha mantenido en el -0,4%. Además, las condiciones de las TLTRO III que empezarán en septiembre son generosas para los bancos que presten, pero penalizan -respecto al TLTRO II- a los que no lo hagan y prefieran en cambio dedicarse al carry trade. Así, el coste de las nuevas líneas de liquidez será de un 0,1% frente al 0% de las pasadas, pero los bancos pueden reducir este coste hasta el -0,3% si su volumen de préstamos supera el índice de referencia. Ante esto, los bancos reaccionaron en Bolsa cayendo con fuerza.

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