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Las cifras de la ayuda europea a España

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/9/2020

A estas alturas todos sabemos que Europa no nos va a dejar a nuestra suerte, que va a echarnos una mano. Otra vez, porque ya lo hizo en la anterior crisis. La novedad ahora estriba en que la asistencia no vendrá sólo desde el ámbito monetario sino que también se ha orquestado un gran paquete europeo de estímulos fiscales que nos va a beneficiar especialmente. Sin embargo, con todo lo bueno que tiene esto, sólo supone un leve consuelo ante el negro panorama que tenemos por delante. Las previsiones del Banco de España y de otras entidades solventes son cada vez más crudas, intensificando la profundidad del impacto y, lo que es peor, su extensión en el tiempo, y advierten además que puede seguir empeorando. ¡Qué bien nos vendría haber contenido la deuda en 2014 cuando volvimos al crecimiento!

En el ámbito fiscal, tres iniciativas se pusieron enseguida en marcha: el Support mitigating Unemployment Risks in Emergency, SURE, para proteger el empleo, por el que Europa nos va a prestar 21.300 millones de euros; un nuevo programa del Mecanismo Europeo de Estabilidad, MEDE, para ayudar en los gastos sanitarios, en el que España puede pedir un préstamo -aún no lo ha hecho- de hasta 24.900 millones de euros; y un nuevo fondo en el Banco Europeo de Inversiones, BEI, para asegurar la liquidez de las empresas, con el que se asistirá a entidades financieras -como el ICO o Cersa- para conseguir ese objetivo a través de ellas.

Posteriormente, se ha negociado el presupuesto plurianual (2021-2027) por valor de 1,1 billones de euros, que además contará con el apoyo en los primeros años de un fondo de reconstrucción -el denominado Next Generation EU- por 750.000 millones, del que llegarán a España 72.700 millones en forma de subsidio y por el que podrá adicionalmente pedir prestado hasta 67.300 millones de euros.

En total, por tanto, Europa nos va a facilitar -si se solicita al máximo- hasta 186.200 millones de euros para sufragar los gastos que está conllevando la pandemia y desarrollar medidas que ayuden a la recuperación. Pero hay que puntualizar dos aspectos: el primero, que gran parte de ellos serían préstamos -113.500 millones- que hay que retribuir, aunque en condiciones muy favorables, y devolverlos; el segundo, que España recibe un subsidio pero que otros países también: Europa -España incluida- asume una deuda conjunta de 390.000 millones de euros.

Tanto por el volumen de dinero que se está necesitando y se necesitará -recordemos que la deuda pública se elevó sólo en los tres primeros años de la crisis financiera pasada, de 2009 a 2013, en 325.000 millones de euros- como por el plazo de recepción de gran parte de los fondos europeos, que se extenderá hasta 2026, España se enfrenta de nuevo a acudir sumamente debilitada a buscar financiación en los mercados financieros. Y otra vez nuestra supervivencia económica dependerá de que el Banco Central Europeo consiga que no se dispare nuestra prima de riesgo. El repunte inicial que experimentó en marzo fue rápidamente sofocado por la fenomenal bazoka que el BCE ha disparado, pero ¿hasta cuándo podrá sostenernos?, ¿hasta cuándo les será rentable seguir con España a nuestros socios europeos?

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Dólar vs. Euro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:35

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/9/2020

Hasta ahora perseguir que la inflación se moviera por debajo del 2% era como un acuerdo tácito entre los bancos centrales, pero la Reserva Federal lo rompió en su última reunión flexibilizando este objetivo. Se comprometió a no actuar subiendo los tipos de interés aunque la inflación superara ese porcentaje; que siempre que no fueran desviaciones significativas al alza, iba a permitir inflaciones superiores, porque a partir de ahora se pasaba a atender a una inflación promedio. Esto es un cambio de juego en toda regla. Y con un importante efecto secundario: afecta directamente al valor de la moneda, depreciándola. Así, el dólar se cambia desde entonces a 1,18 euros y ha tocado hasta 1,20 en alguna de las sesiones.

Gracias a la actuación rápida y descomunal de la Reserva Federal incrementando la oferta monetaria -iniciada en el segundo semestre del año pasado por las tensiones de liquidez en el mercado de repos e intensificada con la pandemia- el dólar ha venido debilitándose. El cambio de objetivo ha sido la puntilla. El BCE no ha actuado ni con tanta contundencia ni con la misma rapidez; las compras de activos que ha establecido también son elevadísimas pero desplegadas en el tiempo. Por otra parte, la vuelta a la recuperación y el acuerdo alcanzado en Europa con el fondo Next Generation Eu empujan al euro al alza: la unión hace fuerte a la moneda.

Con un dólar débil las cosas se complican para Europa. Las exportaciones se encarecen, entorpeciendo a nuestras empresas colocar sus productos en el exterior. Al mismo tiempo, las importaciones se abaratan, perjudicando a nuestros productos y disminuyendo su demanda interna. La recuperación así resulta más difícil en una economía tan abierta como la europea, en la que la mitad de su PIB procede de los flujos con terceros. Y los precios para mantenerse competitivos tienden a la baja.

Los bancos centrales nunca toman decisiones reconociendo explícitamente que van encaminadas a modificar el tipo de cambio. Pero es absurdo pensar que sea una variable que no consideran. El tipo de cambio afecta enormemente a la marcha de una economía, deprimiendo la actividad y los precios, y, consecuentemente, puede ser un lastre para la inflación, que es el objetivo reconocido. Se estima que por cada subida del 10% del euro, se produce una bajada del 0,4% de la inflación.

Así, Christine Lagarde, ante las insistentes preguntas de los periodistas tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE de ayer, dijo lo que tenía que decir: “Nuestro objetivo no es el tipo de cambio”. De momento, con optimismo ante la recuperación y con previsiones sobre la inflación similares a las de junio, no han cambiado nada. Pero si el euro se sigue apreciando, está cantado que en diciembre se reforzará el programa de compras y/o se deprimirá aún más la tasa de depósito, o bien, el BCE se verá obligado a acelerar la revisión estratégica que tiene en marcha, haciendo suyo el nuevo objetivo de política monetaria. Lo que sí ha quedado clara es la amenaza. En el discurso de ayer, Lagarde reconoce de forma expresa -y esto es lo novedoso- que evaluarán la evolución del tipo de cambio por las implicaciones para la inflación a medio plazo.

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Expandemia y Pospandemia

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:33

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/9/2020

Ahora todo es por culpa de la pandemia, de la grandísima pandemia. Y es verdad que ha supuesto un shock impresionante, pero conviene no olvidar cómo estaban las cosas antes de ella, porque para muchos asuntos llueve sobre mojado. Esta semana se ha hablado mucho de la necesidad de que los bancos europeos se fusionen entre ellos. Nada nuevo, esto es algo que el BCE lleva reclamando desde hace años como una posible solución al grave problema que arrastran. Si expandemia la rentabilidad de estas entidades era insuficiente, con la pandemia está siendo pésima.

El martes, en un seminario en la Universidad Menéndez Pelayo, el vicepresidente del BCE, nuestro De Guindos, pedía fusiones rápidas y urgentes. Advertía de que el Covid-19 ha traído una caída de los ingresos y una mayor morosidad. Y apuntaba la receta: “La consolidación bancaria puede ser un instrumento útil para eso”. Lo había dicho el 22 de julio, en su discurso Construyendo el sistema financiero del siglo XXI, en Fráncfort: que las previsiones sobre la rentabilidad bancaria para 2020 se han sometido recientemente a importantes revisiones a la baja y que las fusiones bancarias, nacionales o transfronterizas, eran el camino.

Pero el 6 de febrero, antes de que el virus nos afectara, también en Santander, en su discurso El sector financiero de la zona del euro: oportunidades y desafíos pintaba la que ya era una situación insostenible: el rendimiento sobre el capital de los bancos importantes (ROE) fue inferior al 6% en los 12 meses hasta septiembre de 2019, por debajo de su costo de capital, que se estima en alrededor del 8% al 10%. Y que así estaban las valoraciones bursátiles: con una relación precio / valor contable medio de alrededor de 0,6. Con la pandemia, los bancos se han debilitado aún más, cayendo esa ratio hasta el 0,4 en marzo, estimando el mercado un ROE medio del 2% este año y un 3% en 2021.

Los problemas estructurales de este sector existían y siguen existiendo. El sector está condicionado por la herencia del pasado, sometido a una intensa revolución tecnológica, con una competencia creciente por parte de los mercados, las grandes tecnológicas y las Fintech, y tendrá que seguir conviviendo por muchísimo tiempo -Jerome Powell lo ha sentenciado en la última reunión de la Reserva Federal- con bajísimos tipos de interés, tan incómodos para su negocio. El virus ha supuesto una lupa de su deficiencia; también de lo vital del sistema financiero para el funcionamiento económico.

Ahora se invoca a las fusiones, incluso antes del verano el BCE flexibilizó la normativa para facilitarlas al máximo. Pero las fusiones no son el bálsamo de fierabrás, que todo lo cura. Sólo serán tabla de salvación si conllevan mejoras de rentabilidad. Tamaño por tamaño no tiene sentido, sólo conduce a entidades más difíciles de resolver y, por tanto, con mayor probabilidad de que tengamos que pagar la factura los contribuyentes. Postpandemia, el plan de reconstrucción de la economía europeo debe ir unido a un plan de profunda reforma de una banca tan dependiente de lo público y tan ineficiente. Y lo mismo es conveniente fusionar algunas y a otras, en este mundo digitalizado, partirlas.

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Las empresas andaluzas ante un ‘Brexit’ duro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/8/2020

Aunque a causa del Covid-19, el Brexit ha pasado a segundo plano, el 31 de diciembre está muy cerca, y a partir de esa fecha regirá una nueva relación comercial entre la Unión europea y el Reino Unido. Las condiciones que se establezcan en las negociaciones que se están llevando a cabo determinarán el grado de impacto negativo que sufrirán las empresas europeas. Para España este acuerdo es de enorme relevancia porque el 7% de nuestras exportaciones van dirigidas al mercado británico.

Esta semana, el Banco de España ha publicado un estudio que evalúa cuál será el grado de sufrimiento de cada región española. Sitúa a Andalucía como la cuarta que más exporta al Reino Unido (el 12% del total de las exportaciones españolas), por detrás de Cataluña, Valencia y Madrid, aunque la importancia de esta exposición hay que matizarla algo a la baja porque del total exportado desde Andalucía, las británicas representan el 7% cuando otras -Murcia o Cataluña- están más volcadas en ese territorio. Y sólo suponen el 1,3% de nuestro PIB, por debajo de la media española (1,5%) y lejos de otras, como la Región de Murcia, en la que sus exportaciones superan el 3%.

Pero no sólo cuenta la intensidad exportadora, sino también el tipo de productos que se exporte, ya que soportan diferentes niveles de tarifas arancelarias. Los aranceles medios aplicados por los países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) son muy dispersos: oscilan entre el 39% sobre los aceites y las grasas y el 0,7% sobre los materiales crudos no comestibles.

Considerando ambos aspectos -el peso relativo del comercio bilateral con el mercado británico y la especialización exportadora- y suponiendo aranceles iguales a la media de los aplicados a los productos de la UE por el conjunto de los países pertenecientes a la OMC, el estudio estima que las exportaciones españolas estarían gravadas un 7% por término medio. Y que Murcia, Valencia, Galicia, Aragón y Andalucía (con un arancel medio cercano al 8%) serían, por ese orden, las más afectadas.

Atendiendo a datos más actuales -el estudio del Banco de España maneja los de 2018- las exportaciones andaluzas se han vuelto más importantes para España. A junio de 2020 ya es la tercera comunidad que más exporta al Reino Unido. Sólo han caído sus exportaciones un 4,8%, cuando la caída media nacional ha sido del 20%, y han sido espectaculares los descensos en el País Vasco (-44%), Cataluña (-30%) o Valencia (-25%). Esta contención ha sido posible al incremento de las exportaciones de Frutas, Legumbres y Hortalizas frescas y Grasas.

El impacto negativo final dependerá de los aranceles definitivos que se determinen en el acuerdo europeo. La Junta debe exigirle al Gobierno central que defienda nuestras exportaciones, y que presione para no sean mal tratados nuestros productos. También, y como bien y con acertada previsión viene haciendo Extenda, debe ayudar a las empresas andaluzas exportadoras a mantener su negocio en el Reino Unido y/o a diversificar sus destinos. Si antes de la pandemia las exportaciones eran fundamentales para nuestra economía, son vitales ahora que otros sectores, como el turístico, están debilitados.

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¡Oigan a Draghi!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/8/2020

El martes Mario Draghi volvió a hablar. Llevaba callado desde que dejó el Banco Central Europeo en noviembre del año pasado. Le confiaron el discurso de apertura de un importante Encuentro en Rimini (Italia). A decir del presidente de la organización, fue elegido para esa tarea porque “es muy importante escuchar a las personas que han tomado decisiones valientes y altamente competentes en momentos históricos de dificultad”. Draghi habló para los suyos, los italianos, pero sus palabras son perfectamente trasladables para España.

Lanzó una advertencia sobre el alto incremento de deuda que se está produciendo por la pandemia y de cómo ésta puede ser buena o mala dependiendo de uso que se haga de ella. Utilizarla con fines productivos marcará la diferencia: “Invertir en capital humano, en infraestructuras claves, en investigación y desarrollo… es el único modo en el que puede convertirse en deuda buena”. Sin tener un norte claro la incertidumbre minará el empleo, la inversión y el consumo, y la deuda se hará insostenible aunque los tipos de interés sean bajos.

Realizó un desesperado alegato en favor de los jóvenes, calificando de deber moral enfocarse en ellos porque serán los que tendrán que reembolsar esa montaña de deuda. Privar a un joven del futuro es una de las formas más graves de desigualdad. La participación en la sociedad del futuro requerirá que los jóvenes de hoy tengan aún mayores capacidades de discernimiento y adaptación: la educación y la inversión en los jóvenes debe ser prioritario.

Valoró positivamente el fondo de recuperación de 750.000 millones de euros establecido por la Comisión Europea, fundamental para asistir a los países del sur, y pidió que la unión conseguida no sea de carácter temporal. La crisis debe servir para fortalecer Europa, avanzando en la construcción de un presupuesto propio y que se siga emitiendo deuda de forma conjunta, haciendo de este inicio el germen de un ministerio del Tesoro europeo.

Y recriminó a los políticos que no comiencen desde ya a reflexionar sobre el uso que van a dar a los nuevos recursos: “ahora es el momento de tener sabiduría para elegir el futuro que queremos construir”. Que piensen en el largo plazo, que dejen de lado las disputas electorales, que es inaceptable -siempre, pero más en estos momentos- que los gobiernos actúen movidos por objetivos con beneficio político inmediato.

El caso es que estas cuatro recomendaciones no son diferentes a las que Draghi ya hizo durante sus ocho años de mandato al frente del BCE, pidiendo de forma machacona tanto reformas estructurales nacionales como el perfeccionamiento del funcionamiento de Europa. Su falta de éxito en este sentido ha sido una de las principales críticas que ha recibido: que la ayuda a los gobiernos facilitándoles que se financiaran barato sólo servía para que se acomodaran. Nueva crisis y nuevos apoyos, y ahora no sólo desde el ámbito monetario. La ayuda para España será cuantiosa y se nos exigirá total responsabilidad a la hora de utilizarla. Esperemos no tener que suplicar que vengan hombres de negro desde Europa porque nuestros políticos sean incapaces de alcanzar un pacto de Estado para relanzar a España.

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¿Márcará el Euríbor un nuevo récord?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:28

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/8/2020

El 5 de febrero de 2016 se produjo un hecho sorprendente. El Euríbor (Euro Interbank Offered Rate) a doce meses cruzó el Rubicón y pasó a cotizar por debajo del 0%. Que el precio del dinero sea negativo no puede sino calificarse de anormalidad, de irregularidad, de rareza. Dice el refrán que “a todo se acostumbra uno menos a no comer, y eso porque cuando se está acostumbrando se muere”. Pues también ha pasado con el Euríbor: lejos de suponer aquello algo puntual, esta aberración financiera se ha hecho permanente. Son más de cuatro años los que llevamos así, en un mundo loco, donde incluso se perciben intereses por las deudas en vez de pagarlos. Y lo que nos queda.

Este indicador es de la máxima trascendencia porque el valor de los instrumentos y los contratos financieros que lo utilizan como referencia en la Eurozona superan los 500.000 millones de euros, y de ellos una parte importante son hipotecas. A lo largo de su historia, el Euríbor a doce meses se ha movido entre el máximo del 5,39%, que marcó en julio de 2008, y el mínimo de -0,399%, registrado el 21 de agosto de 2019.

Posteriormente, en octubre, el tiering que puso en marcha el BCE, cuyas decisiones condicionan al Euríbor, estableciendo dos niveles para el cobro al exceso de liquidez de la banca, implicó una leve subida, aunque sin abandonar en ningún momento el terreno negativo. De forma añadida, con la enorme incertidumbre que trajo la pandemia, el Euríbor también reaccionó con fuertes subidas que lo acercaron a niveles muy próximos a cero. Así, la media de este pasado mayo fue de -0,081%, un nivel que no se veía desde finales de 2016.

Pero estos meses de octubre a mayo han sido sólo un paréntesis, luego retornó a las bajas. El martes este indicador de referencia para derivados, hipotecas y préstamos se situó en el -0,356% y puede que en los próximos días se profundice la caída y el Euríbor marque nuevo récord. Las hipotecas y préstamos a tipo variable con diferenciales pactados menores irán pasando a cobrar intereses. Los que tengan diferenciales mayores quizá alcancen también ese mundo invertido negativo con el trascurso de los meses.

Con o sin récord, seguirá en negativo por tiempo. El BCE en su última intervención garantizó que no iba a subir los tipos de interés oficiales hasta al menos 2022 e incluso aseguró que todavía podría bajarlos más en el futuro si fuere necesario. Las cotizaciones de las permutas financieras -swaps sobre el Euríbor- lo sitúan en negativo a mucho más largo plazo. Y los bajísimos tipos hipotecarios fijos que la banca está ofertando también lo está señalando.

Una aberración financiera que delata que vivimos de prestado: todo lo arreglamos con más deuda. Ya la crisis de 2008 fue a causa de una descomunal deuda; desde entonces ha seguido aumentando y con el COVID-19 el ascenso será dramático. Según el FMI, en abril la deuda mundial ha experimentado el crecimiento más alto de la historia: 2,1 billones de dólares, más del doble de los 0,9 billones mensuales en que aumentó como media entre 2017 y 2019. Enfermos crónicos nos hemos acostumbrado a alimentarnos de deuda y de tipos de interés negativos para poder tragarla.

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El SURE, para empezar

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:26

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/8/2020

Hasta 17 países de los 27 europeos van a solicitar fondos del programa SURE (Support mitigating Unemployment Risks in Emergency). Este instrumento de carácter finalista fue puesto en marcha por la Comisión Europea para ayudar a proteger el empleo y a los trabajadores afectados por la pandemia de coronavirus. Está dotado con 100.000 millones de euros. España ha sido el primero en realizar una solicitud formal por 20.000 millones, el máximo al que puede optar según las normas establecidas; Bulgaria lo ha seguido con 511 millones de euros. El resto de peticiones irá llegando. La Comisión las evaluará y fijará las condiciones -importe, vencimiento e interés- en las que recibirán el dinero en forma de préstamos. Aunque España consiga el importe requerido, no será suficiente para atender al descomunal gasto que la ayuda al empleo está suponiendo.

SURE es un instrumento de solidaridad -temporal- entre los Estados miembros, porque es Europa la que toma los fondos prestados en los mercados financieros y los presta a su vez individualmente a cada uno de ellos en condiciones favorables: se benefician de la calificación crediticia de la UE y, por tanto, de sus bajos costes de endeudamiento. Se estima que estos bonos irán en línea con otros europeos ya existentes, que se están negociando en torno al 0,13%. Además, está diseñado para que sea de desarrollo rápido, los desembolsos de los importes se harán en varios tramos; el primero llegará en otoño y el resto a lo largo de 2021.

Son fondos, por tanto, que nos vienen como agua de mayo, pero que resultan escasos para financiar los ERTE, tanto las prestaciones como las cotizaciones sociales que se ahorra el empresario, la prestación extraordinaria que reciben los autónomos que hayan visto su actividad reducida o suspendida, la prestación por incapacidad temporal para personas que hayan estado de baja y el apoyo a trabajadores fijos discontinuos, en particular del sector turístico.

La Autoridad Fiscal Independiente, Airef, ha cuantificado que sólo por los ERTE habrá que enfrentar un gasto de 25.871 euros hasta el 30 de septiembre, a lo que habría que sumar lo que se deja de ingresar por exonerar las cotizaciones sociales, que viene a ser un 30%, y el coste de los otros conceptos señalados. Además, la Airef estima 3.400 millones de euros más por cada quincena que se extienda la cobertura desde entonces: la ayuda al empleo puede superar los 60.000 millones si se prorroga hasta diciembre.

La otra vía a la que puede acudir España es el Mecanismo Europeo de Estabilidad, MEDE, que ya nos asistió con 40.000 millones en 2012, para solventar otros frentes de gasto y liberar así margen para el endeudamiento propio. El presidente Sánchez ha afirmado que no recurrirá a esta vía -por absurdos motivos estéticos- pero está por ver si no lo hace, y a tope, si la pandemia sigue recrudeciéndose. En todo caso, la deuda pública española -la propia o la mediada por Europa (SURE, MEDE y Fondo de Reconstrucción)- se elevará considerablemente. Esperemos que cada euro que se gaste se haga con la máxima prudencia y eficiencia porque la solidaridad actual supone insolidaridad con las generaciones que vienen.

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Préparate para crecer

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:23

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/7/2020

Prepárate para crecer es el sugerente slogan con el que se presenta una interesantísima iniciativa, el Entono PreMercado, promovida por Bolsas y Mercados Españoles, BME, gestor de los mercados españoles, oficiales y alternativos, de renta fija y variable. El objetivo operativo es que las pymes en expansión -tanto startups como las que disponen de una trayectoria más amplia (segmento growth)- conozcan el funcionamiento de los mercados de capitales y empiecen a actuar como si estuvieran efectivamente incorporadas. El objetivo estratégico es que las compañías mediante este proceso se desarrollen y consigan tamaño.

Las empresas que se añaden al programa -17 empresas, por ahora- acceden a un programa de formación financiera general pero también específica sobre los mercados. Y la idea es que estos conocimientos no se queden en el terreno teórico sino que se lleven a la práctica. Con el asesoramiento directo de profesionales se les incita a cumplir con el plus de rigor, seriedad y profesionalidad que exige cotizar en los mercados, como acometer los cambios y adaptaciones necesarias en la estructura de capital y gobierno corporativo o cumplir con las mayores exigencias de información y transparencia. Un camino que presenta en sí mismo cuantiosos beneficios, con independencia de que finalmente las compañías se decidan o no a dar el salto.

Y no queda todo sólo ahí. De forma añadida a esta tarea que prepara a las empresas para contar con esta alternativa de financiación en los mercados, el Entorno PreMercado proporciona un lugar de encuentro con potenciales inversores que pueden interesarse en ellas, teniendo un acceso exclusivo a la información de las mismas. En definitiva, las compañías adquieren visibilidad -nacional e internacional- y presencia en los medios de comunicación y en el entorno financiero, lo que favorece su acceso a la inversión y a la financiación.

La otra pata fundamental de esta iniciativa son los Partners: asociaciones, fundaciones, escuelas de negocio, sociedades gestoras de entidades de capital riesgo, plataformas de financiación participativas y otras entidades interesadas en colaborar. Hasta el momento son 15, como la asociación de business angels, Big Ban Angels, la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España, el despacho Garrigues o, desde Andalucía, la Asociación de Empresarios del Sur de España, Cesur. Empresas y startups, inversores, profesionales de los mercados financieros y partners forman así un ecosistema que permite que surjan oportunidades y se desarrollen sinergias entre todos.

Desde el Instituto Español de Analistas Financieros, IEAF, Delegación de Andalucía, también les mostramos nuestro total apoyo. El contacto con inversores y la posibilidad de salir a los mercados a obtener recursos para financiar proyectos de expansión son dos magníficas vías para que las empresas se desarrollen y ganen tamaño, algo tan necesario en una tierra de micropymes como la nuestra. También, la mejora en la profesionalidad y en la formación financiera de los directivos que proporciona esta iniciativa paliaría otros dos de nuestros males endémicos. Aún no hay ninguna empresa andaluza incorporada: ¡ánimo!

Nuevas cuentas

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/7/2020

A estas alturas todos sabemos que “habemus pactum“. El martes a lascinco de la mañana, tras cuatro días de negociación, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, lo comunicó con un breve tuit: ¡Acuerdo! Un momento histórico en el que Europa da un nuevo paso en su construcción, como siempre, acuciada por una crisis. Ante el nefasto panorama económico, los 27 líderes nacionales se han visto empujados a endeudarse juntos: acordaron pedir 750.000 millones de euros y comprometerse a devolverlos y a pagar sus intereses de forma solidaria.

Y la solidaridad no acaba ahí. Todos son responsables de esa deuda pero no todos reciben igual parte del montante recabado, el reparto es asimétrico. En función de diferentes variables se distribuirán 390.000 millones de euros como donaciones y 360.000 millones se podrán pedir en préstamos. España es de los países que resultan más agraciados: recibirá hasta 140.000 millones de euros, de los que 72.700 no tendrán que ser devueltos.

Esto no significa que los gobiernos tengan carta blanca. No reciben esos fondos y luego deciden libremente qué hacer, sino al contrario: los planes van por delante. Cada país tiene que elaborarlos, atendiendo las recomendaciones de la Comisión Europea y alineándolos con las prioridades -transición ecológica y digitalización- que ésta ha fijado. Además, el proceso no va a estar exento de controles, aunque sean más light que lo que algunos países hubieran querido. Funcionará un freno de emergencia y por mayoría cualificada tendrán que resolverse las controversias.

En definitiva, no se trata de salir del hoyo de cualquier manera. Ursula von der Leyen lo decía claro: el objetivo es que se impulse la convergencia, la resiliencia y la transformación de Europa. No es momento para aplausos por tener la potencialidad de acceder a fondos, sino de afanarse por preparar los planes adecuados y aplicarlos con agilidad y eficiencia: sólo cuando la recuperación y la sostenibilidad a largo plazo sean hechos procederá que resuenen con fuerza.

Para superar la crisis de 2008, los países europeos tiraron de deuda, y no se esforzaron en reducirla después aprovechando el crecimiento y el apoyo del BCE. La deuda pública europea (sin Reino Unido) se situaba a finales de 2019 en unos 11 billones de euros, el 80% del PIB. Por sus altísimos niveles, algunos estados -Grecia (176%), Italia (134%), Portugal (117%), Bélgica (98%), Francia (98%) y España (95%)- no pueden apelar para superar esta nueva crisis otra vez a la deuda.

Con todos esos países (45% del PIB europeo) sin credibilidad, y estando además entre ellos los más castigados por la pandemia, no se ha tenido más remedio que recurrir a la confianza que da la Unión. A partir de ahora en Europa coexistirán dos cuentas de deuda pública: las nacionales y la europea. Con estos 750.000 millones de euros y con la caída del PIB prevista, la ratio europea pasará del 80% al 94% y esto sin contar con las subidas adicionales de las deudas estatales. Llegará la recuperación y el BCE también prestará su ayuda. Y entonces, debe exigirse firmemente que esa suma de deuda descienda. La confianza tiene siempre límite, hasta para la Unión Europea.

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Una parada en el camino

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/7/2020

Como se esperaba, el Banco Central Europeo no movió ficha en la reunión de ayer. Desde que empezó la pandemia ha puesto mucha carne en el asador y era momento de hacer una pausa. El éxito conseguido hasta el momento, conteniendo la bajada de la inflación y dejando bajo control las primas de riesgo soberanas, le ha permitido tomarse un respiro. También la pausa ha sido posible porque las proyecciones macroeconómicas -caídas del PIB- no han sido tan desastrosamente malas como podrían haber sido. En el comunicado, sin embargo, reitera que ahí están ellos, dispuestos a lo que sea necesario: “El Consejo de Gobierno sigue estando preparado para ajustar todos sus instrumentos según proceda”.

Y es que el camino promete ser largo. Hace poco, el economista jefe del BCE, Philip Lane, advertía que “la débil demanda, las continuas restricciones de oferta y las continuas restricciones de distanciamiento social están obstaculizando la normalización de la actividad económica”. Dio por hecho que no se volverá a los niveles previos a la pandemia hasta finales de 2022, como pronto. Y los temores a una segunda oleada del virus que comprometa esta recuperación que apenas se ha iniciado son fuertes. Así que, posiblemente en septiembre o en diciembre vuelvan a la carga, bien incrementando las compras o bien flexibilizando más las actuaciones que pusieron en marcha.

Pero hacer esta parada también le permite al BCE esperar y ver qué hacen desde la Comisión Europea. La cumbre de líderes europeos para negociar los pormenores del fondo de reconstrucción comienza mañana. No está fácil el acuerdo. Angela Merkel ha manifestado su disposición a comprometerse a que parte de los 750 mil millones de euros sean en forma de donaciones, pero no todos los países están dispuestos a secundarla. Esta misma semana pidió a los otros líderes “mirar más allá de las cifras”, pero el primer ministro holandés, Mark Rutte, uno de los principales opositores, manifiesta cada vez que tiene ocasión que está “sombrío” alcanzarlo.

Ayer Christine Lagarde alabó las tres redes de seguridad ya aprobadas, por valor de 540 mil millones de euros, pero no lo considera suficiente. Manifestó que “la UE debe alcanzar un acuerdo rápido y ambicioso”, con medidas de carácter específico y temporal que apoyen a las regiones y sectores más afectados, basado en políticas estructurales sólidas para rejuvenecer las economías, y enfocado en áreas prioritarias como las transiciones verdes y digitales.

Ella no es una gobernadora al uso, su pasado político la condiciona, recordemos que fue ministra de finanzas en Francia y presidenta del FMI. Y eso le lleva a entrometerse en lo que debe hacerse desde el ámbito fiscal. Pero tampoco es de extrañar que lo haga, porque valiente “marronazo” le cae si ese acuerdo no se alcanza. Tendría que remediar con instrumentos monetarios una recuperación desigual, con la dificultad que entraña conseguir que en esas condiciones se trasmita de forma uniforme la política monetaria. Y mejor no hablar de lo que le tocaría hacer si en algunos de los países más perjudicados y que parten de niveles de deuda elevados se desata el temido y perverso bucle banca y deuda soberana.

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