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El rol público en la salida de la crisis

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/6/2020

Desde la delegación de Andalucía del Instituto Español de Analistas Financieros, IEAF, hemos elaborado un extenso informe proponiendo acciones concretas que pueden contribuir a la reestructuración de la economía. El objetivo a conseguir es la supervivencia del mayor número de empresas porque sin la regeneración del tejido empresarial no hay salida para la crisis. Son ellas las que generan riqueza y empleo, permitiendo así el sostenimiento de las finanzas públicas y del estado del bienestar. Y son ellas las que deben tomar sus propias decisiones, pero también el rol público es importante, y en estos momentos se requiere tomar medidas de calado con el mayor acuerdo social y político posible.

El prolongado confinamiento, la incertidumbre y los cambios estructurales han impactado en la confianza de los agentes, restringiendo inversiones y consumo, transformando un inicial problema de liquidez en uno de solvencia a medio y largo plazo. En Andalucía la situación se ve agravada porque existe una estructura empresarial de menor tamaño, menos profesionalizada, escasamente capitalizada y con más dificultad de acceso a la financiación alternativa. La reestructuración debe aprovecharse para solucionar estos males endémicos de la empresa andaluza.

Desde el IEAF entendemos que siempre es preferible para los problemas de solvencia encontrar cauces de solución privados, vía operaciones corporativas y de entrada de capital privado. Necesitamos un marco que lo favorezca para que así se capitalicen empresas viables, se fomente su crecimiento y se facilite el desarrollo de nuevas empresas que sustituyan a las que no tengan continuidad. La regulación y tramitación administrativa no debe ser un impedimento.

Si hubiera que acudir a la financiación pública, lo más eficiente es movilizar recursos privados paralelos, utilizando instrumentos financieros atractivos para ello. De ser necesarias, las transferencias de capital públicas habría que hacerlas a través de alternativas híbridas que respeten la propiedad privada, y en función del valor añadido por empleado. No obstante, la forma más eficiente de contribuir a la solvencia de las empresas viables es vía reducción de impuestos, de manera coyuntural, condicionando a objetivos de empleo o reinversión de beneficios.

Por otra parte, habría que potenciar la inversión pública, con un papel dinamizador de la economía muy importante, y la manera más eficiente es a través de la colaboración público-privada. En este sentido, se proponen medidas para solucionar el déficit de infraestructuras, para cubrir el gap de inversión para cumplir los objetivos de desarrollo sostenible, ODS 2030, y para acelerar las inversiones realizadas por terceros con mecanismos “fuera de balance”, que no supongan incrementar el déficit y la deuda pública.

El apoyo debe otorgarse a los sectores que suponen un efecto arrastre, para los que en el informe se proponen acciones específicas, y especialmente a los emergentes en los últimos años y que esta crisis ha venido a consolidar, en especial los vinculados a la economía digital, sostenibilidad y la “nueva industria”. La comunicación permanente entre lo público y lo privado se hace imprescindible.

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Sectores de futuro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/6/2020

El momento actual es de máxima trascendencia para España y para el resto de países de la Unión Europea. Tras el bestial impacto que han tenido en sus economías ahora tienen que decidir cómo van a afrontar la recuperación. Las medidas que se están tomando para combatir el Covid-19 en todos sus frentes van a provocar que tanto estos países como sus empresas acaben con un nivel de endeudamiento más alto. Se necesita, por tanto, y de forma imperiosa, que se vuelva al crecimiento para que no terminen sucumbiendo ante las deudas. Pero en esta tarea los gobernantes no deberían limitarse a apostar por más de lo mismo, sino que tendrían que convertir esta situación crítica (la etimología de esta palabra es “que separa lo bueno de lo malo”) en una oportunidad de cambio, canalizando correctamente los recursos que se van a movilizar hacia inversiones -de capital físico y humano- en sectores de futuro.

En España ya disponemos del ejemplo de Alemania, que ha sido el primer país en detallar cómo piensa enfrentar la activación de su economía. El plan presentado asciende a 130.000 millones de euros, cerca del 4% de su PIB, con numerosas y variadas medidas de política económica. 50.000 millones se dedicarán a avanzar hacia un futuro sostenible, apoyando especialmente la movilidad eléctrica, las energías renovables y las inversiones en campos innovadores que mejoren la competitividad de su industria, como la computación cuántica, la tecnología 5G, la tecnología del hidrógeno o la inteligencia artificial.

Además, España cuenta con las recomendaciones específicas de la Comisión Europea, animándola a “centrar la inversión en la transición ecológica y digital, y particularmente en el fomento de la investigación e innovación, en la producción y utilización de fuentes de energía limpias y eficientes, la infraestructura energética, la gestión de los recursos hídricos y de los residuos y el transporte sostenible”. Recordemos la mala situación de España en materia de innovación, ya que todas las regiones están por debajo de la media de la UE y sus empresas están menos preparadas para competir en una economía basada en el conocimiento.

Otras instituciones han manifestado la conveniencia de invertir más en salud pública y en tecnologías de la comunicación, o en sectores en los que, según señalan diferentes estudios, España tiene potencial para ser competitiva: tecnologías verdes, biosanitario y educación.

El primer escollo con el que se encuentra España para desarrollar su plan de recuperación es la falta de margen de maniobra propio, porque antes de la pandemia su deuda pública ya se situaba cerca del 100% del PIB. No obstante, es muy posible que quede solventado porque se recibirá ayuda de Europa. Pero aún en ese caso, persisten dos problemas: que los gobernantes cedan ante las presiones de sectores que quieren continuar con sus negocios tal cual, aunque a todas luces tengan pendiente una reconversión; y que la apuesta de los políticos sea cortoplacista, sólo buscando obtener réditos electorales, negándose a abrir la economía al futuro porque los resultados por esta vía no sean tan rápidos. ¡Exijamos que el futuro de España no quede doblemente hipotecado!

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Hacia la UE del futuro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/6/2020

Algo ha cambiado en Europa. De momento, la actuación mutualizada que todo indica que va a producirse tiene un estricto carácter temporal, encaminada a luchar específicamente contra la pandemia. Pero es un gran paso para una Europa que se ha negado sistemáticamente a funcionar como un conjunto. La palabra solidaridad estaba maldita y, sin embargo, ahora el plan de reconstrucción que se está negociando bajo el mando de la presidenta de la Comisión Europea, la conciliadora Ursula von der Leyen, será financiado directamente por los impuestos de la Unión Europea. Para llegar a este punto, el cambio de actitud de Angela Merkel, la canciller alemana, ha sido decisivo. Posiblemente no la han animado motivos altruistas pero ha tenido la capacidad de comprender la gravedad de la situación y de la posibilidad de que esta crisis económica derive en una financiera. En todo caso, ha constituido otro momento “todo lo que sea necesario” para salvar al euro.

La presión de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha sido crucial para que se cruce este rubicón. Al igual que siempre hizo su antecesor, desde que accedió a la presidencia ha defendido que había que actuar desde el ámbito fiscal al mismo tiempo que desde el lado monetario. Pero el tono de ella ha sido más duro, más firme, casi de exigencia. En la reunión del Consejo de Gobierno del BCE de ayer jueves se congratuló de la propuesta del plan de recuperación “dedicado a apoyar a las regiones y sectores más afectados por la pandemia, al fortalecimiento del mercado único y a la construcción de una recuperación duradera y próspera”. No obstante, éste no elimina la necesidad de que el banco central continúe prestando su respaldo. Y ella tampoco ha defraudado.

Ayer amplió el programa de compra de emergencia pandémica, PEPP, en 600 mil millones de euros, hasta un total de 1.350 mil millones, medida fundamental porque al ritmo que se ha estado comprando desde marzo el programa se hubiera quedado corto. Las compras están dotadas de total flexibilidad: “en todas las clases de activos y entre jurisdicciones”. Además, extendió el horizonte para estas compras hasta finales de junio de 2021, y anunció que se reinvertirán los importes que vayan venciendo al menos hasta finales de 2022. Por su parte, continuará el anterior programa APP en las condiciones establecidas, con una ampliación hasta final de año de 120 mil millones.?

No sólo con el plan de reconstrucción, desde el BCE también se ha dado un gran paso en la formación de la Europa del futuro. No por la fuerza de los estímulos que está estableciendo por el Covid-19, porque el BCE ya había actuado contundentemente en el pasado. Tampoco porque Lagarde esté en cierta manera obviando el reciente fallo del Tribunal constitucional de Alemania desafiando la independencia del BCE, porque en su día también Mario Draghi soslayó las denuncias judiciales alemanas. El hecho que marca una actuación radicalmente diferente es la flexibilidad con la que se ha dotado ahora el BCE para actuar asimétricamente, aportando solidaridad a Europa por la vía monetaria. Christine Lagarde, Angela Merkel y Ursula van del Leyen: ¡vaya tres mujeres!

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El Fondo de recuperación europeo y la banca

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:52

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/5/2020

Esta semana, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso en el Parlamento Europeo un plan de reconstrucción mutualizado de 750.000 millones de euros. También esta semana, la Autoridad Bancaria Europea, EBA, publicó una evaluación preliminar del impacto de la pandemia en el sector bancario europeo, señalando los desafíos sin precedentes que se le plantean. Es de imperiosa necesidad que ese plan se emprenda: la morosidad acecha. O los estados activan la economía y prestan un decidido apoyo al sector empresarial o terminarán rescatando a los bancos, desatándose así bucles diabólicos entre deuda bancaria y deuda soberana. Europa entera saldría perjudicada.

Von der Leyen advertía de que los problemas son demasiado graves para ser solucionados de forma individual y animaba a los países a recorrer juntos el camino para consolidar el proyecto europeo para las generaciones venideras. Del total, 500.000 millones serán para ayudas directas a los países en función del impacto del coronavirus y 250.000 para préstamos. La financiación la afrontará el presupuesto de la UE sin necesidad de que las contribuciones estatales anuales se eleven porque éste se incrementará con impuestos al carbono, plásticos, empresas digitales y grandes corporaciones.

Hay que conseguir sí o sí que la recuperación sea lo más cercana a una V. Mientras más se tarde en volver a la normalidad mayor será el impacto en las cuentas de resultados de los bancos y, por ende, en su solvencia. La EBA lo dice claro: “A medida que se desarrolle la crisis, es probable que los bancos enfrenten crecientes volúmenes de préstamos morosos, que pueden alcanzar niveles similares a los registrados después de la crisis de 2008″. Y ahora además se parte de una exigua rentabilidad bancaria.

Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, esta semana ha sido muy explícito sobre este tema: “Si teníamos un problema de rentabilidad antes, ahora lo tenemos agravado”. Los datos son demoledores: si la rentabilidad media de la banca europea estaba en torno al 6%, muy por debajo del 10% que exigen los inversores, puede caer al 2,5% en el bienio 2020-21. Este deterioro se está reflejando en las valoraciones bursátiles bancarias, que han pasado de tener descuentos medios del 55% sobre su valor en libros al 70%, y algunas entidades financieras alcanzan el 90%.

El plan aún tiene que negociarse. Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia están en contra. Pero cuenta con el apoyo de Angela Merkel, la canciller alemana, que consiente en la mutualización porque es consciente de que el peligro es para todos. Por su parte, Christine Lagarde, presidenta del BCE, presiona amenazando con que, si no se lleva a cabo, tendrá que practicar la solidaridad por la vía monetaria. Por último, la presión que estará ejerciendo el lobby bancario debe estar siendo enorme: está en juego su supervivencia. Europa y su banca comparten destino, ahora no sólo por el buen fin de los depósitos, sino por lo miles de millones de préstamos avalados. Cada vez está más difuminado dónde empieza una y termina la otra. El plan saldrá para adelante. ¡A ver con qué tino y con qué responsabilidad se desarrolla!

El CBDC y el Covid-19

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/5/2020

La emisión de dinero digital por parte de los bancos centrales (Central Bank Digital Currency, CBDC) estaba pasando por un momento intenso antes de la pandemia. El anuncio de Facebook de lanzar la moneda digital e internacional Libra avivó el debate académico y político y los bancos centrales tomaron conciencia del desafío monetario que suponía ese lanzamiento y de la necesidad de responder con urgencia. Durante estos meses, debido a la gravedad de las circunstancias, podría suponerse que se habría detenido, pero no, no ha dejado de continuar su avance.

Los dos países que más desarrollados tenían sus proyectos lo han llevado a la práctica en medio de esta crisis global. El Banco Popular de China ha puesto en marcha el yuan digital apoyado en sus grandes empresas de pago. La población allí está totalmente familiarizada con el uso de herramientas digitales para mover el dinero. Por su parte, Suecia, donde los billetes y monedas van teniendo un uso residual, comenzó en febrero a probar la corona electrónica o e-krona, con idea de que empiece a funcionar efectivamente dentro de un año.

En la Eurozona, las posturas son contradictorias debido a las diferencias entre los países. El pasado martes, el Banco Central de los Países Bajos advirtió que el uso del efectivo físico está disminuyendo claramente en su país y que con el Covid-19 está tendencia se intensifica, y se ofreció a liderar el desarrollo de un CBDC en Europa. Sin embargo, hace unos días, en el evento de criptomonedas más grande a nivel mundial, Consensus 2020, Yves Mersch, miembro del BCE, en su discurso An ECB digital currency – a flight of fancy? precisaba que esa tendencia no es generalizada en la zona del euro -el 76% de las transacciones utilizan dinero físico- y que la pandemia había incluso incrementado su demanda. Eso no es óbice para reconocer la necesidad de disponer de un euro digital.

Los promotores de un dólar digital, en ese mismo evento, manifestaban cuánto hubiera facilitado éste a la administración americana a combatir los efectos negativos del Covid-19. El envío masivo de cheques a cada uno de los americanos para impulsar la economía resulta costoso, inseguro y lento. Si cada ciudadano tuviera una cuenta directamente en el banco central ese traspaso monetario hubiera sido sencillo. El inconveniente del modelo que proponen es que no sólo cambiaría la política monetaria sino que la desintermediación bancaria podría irse al traste por la posible fuga de los depósitos bancarios hacia esas cuentas en moneda digital soberana.

Pero hay múltiples diseños, hay que encontrar el adecuado. En Occidente no podemos negarnos al cambio cuando la tecnología pide paso: sería un completo retraso. China avanza, y su sistema híbrido ya en funcionamiento está marcando el camino.Yves Mersch nos invita a darle vuelo a la fantasía: sueño con la Libra de Facebook, modificada para que la operativa sea privada pero contando con el respaldo y total control de los soberanos occidentales coordinados. El Covid-19 debe animarnos a caminar hacia una sociedad nueva: los medios de pago internacionales pueden mejorar extraordinariamente y es posible otro sistema financiero más perfecto.

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‘Achinizado’ y desacoplado de China

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:49

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/5/2020

El desacople de EEUU de la economía china es una tendencia que ya estaba patente pero que este “virus del demonio” puede acelerar y radicalizar. Durante 2018 y 2019 asistimos a crudos enfrentamientos entre estos países que quedaron apaciguados a principios de este mismo año cuando firmaron el acuerdo denominado “Fase uno”. Sin embargo, con la pandemia, China ha reconocido serias dificultades para satisfacer las compras a las que se comprometió y Donald Trump ha puesto sobre la mesa la posibilidad de dinamitarlo, y además ahora está buscando iniciar un desacoplamiento financiero.

Alegando razones de seguridad nacional, el presidente americano desencadenó en el pasado una guerra de aranceles, mostró su rechazo a la migración de las cadenas de suministro de los Estados Unidos a China, limitó las adquisiciones chinas de empresas estadounidenses e incluso los acusó de espionaje tecnológico. Todo esto puede ahora recrudecerse. Las acusaciones recíprocas entre EEUU y China de ser culpables del virus han tensado aún más las relaciones entre ellos. La penuria económica y la necesidad de salir airosos de esta crisis ante sus ciudadanos puede empujarles a posturas más enconadas.

Así, Trump ha añadido esta semana más leña a la candela sugiriéndole al principal fondo de pensiones del gobierno americano que no invierta en acciones de compañías chinas. La reacción de Pekín a esta afrenta ha sido templada, limitándose a señalar que los inversores estadounidenses perderán oportunidades. Ellos no hablan, actúan, y no pierden comba: han lanzado ya el yuang digital, con el que pretenden expandir la influencia de su moneda y escapar del sistema bancario global, controlado por EEUU. Y cuentan con la baza de ser uno de los principales tenedores de la deuda pública americana.

Estos dos países están cada vez más separados y cada vez también se parecen más. Hace más de cuarenta años que China emprendió una reforma económica y su apertura al exterior que la ha transformado hasta convertirla en la segunda potencia económica del mundo, y con pretensiones claras a ocupar el primer puesto. Ahora, por el contrario, es EEUU el que converge hacia China, y no sólo en lo económico. A las políticas proteccionistas, a su actitud cada vez más nacionalista, a la censura creciente, al control de las fronteras o al mayor poder gubernamental, con la pandemia se le suma la intervención directa del Estado en las actividades del sector privado, tomando participaciones en sus empresas.

Y este peligro de achinización no sólo sucede en EEUU, Europa también está experimentándolo. El protagonismo de los gobiernos se acrecienta para mantener el bienestar de la población y las nacionalizaciones -parciales o totales- van a extenderse. La Unión Europea ha intentado ponerles límites y que la participación pública en las empresas sea temporal, pero está por ver cuánto tiempo tardan las salidas en producirse. Por otra parte, la pandemia también está provocando mayor desconfianza en la Unión -la sentencia alemana contra el BCE es un reflejo claro-, lo que dificultará a sus economías -las más abiertas del mundo – mantener su independencia respecto a los dos bloques.

 

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OK, tomamos nota

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/5/2020

En plena pandemia y con Europa inmersa en una descomunal crisis económica, va el Tribunal Constitucional alemán y le da una patada al proyecto europeo. Ha dictaminado que el programa de compra de deuda que puso en marcha Mario Draghi en 2015 -el Public sector purchase programme (PSPP)- es “desproporcional” y le da al BCE un plazo de tres meses para demostrar que no se ha extralimitado en sus competencias. Parece que estos jueces alemanes han olvidado que las naciones de la Eurozona no tienen poder para cuestionar lo que se decide respecto a la política monetaria. Hay que recordarles que cedieron soberanía a una entidad supranacional e independiente para que actuara con total autonomía en este aspecto.

Si algún tribunal puede vigilar esa actuación del BCE es el Tribunal Constitucional Europeo, y éste ya falló en 2018 avalando su legalidad. Por eso, el BCE no se ha inmutado y se ha limitado a comunicar escuetamente que toma nota, pero que seguirá haciendo todo lo necesario. O sea, que piensa seguir con dicho programa, con el nuevo -el Pandemic emergency purchase programme (PEPP)-, con el resto de medidas que ha adoptado, y lo que haga falta. También podría haberle aclarado a los alemanes que mientras que pertenezcan al club, el Bundesbank tendrá que hacer lo que se le ordene, porque en política monetaria es sólo la sucursal operativa que tiene en ese territorio europeo.

Ni son las formas adecuadas ni es a nivel nacional como hay que plantear el necesario debate sobre el papel que se le está haciendo jugar al BCE. Con la crisis de 2008, tuvo que tomar el mando y sacar las castañas del fuego. Desde entonces, en una constante huida hacia adelante, la eurozona ha desperdiciado doce años sin enfrentar las incoherencias y debilidades del proyecto europeo. De nuevo, con la pandemia, el BCE también se ve sin el acompañamiento de una respuesta fiscal contundente común europea. Si los alemanes se muestran así con el PSPP, a saber cómo reaccionarán con el PEPP, con el que el BCE se ha dotado de mucha mayor libertad de movimiento.

Y es que esta forma de solidaridad por la puerta falsa que supone la actuación del BCE termina finalmente siendo más controvertida y generando más resentimiento. Así lo advertían hace unos días 80 economistas holandeses -los Países Bajos están siendo aún más críticos que los alemanes- en el diario Volkskrant. Pedían “al Gobierno holandés que cambie de rumbo y que apoye un enfoque europeo” porque, en otro caso, el BCE actuará por su cuenta nuevamente y esto, dicen, supone una clara falta de legitimidad y de orientación política.

Están de acuerdo, como reclamamos desde España, en que ahora es el momento de una respuesta europea contundente y generosa, aunque, eso sí, señalan que en el futuro habrá que exigir a los países reformas y que ordenen sus cuentas. Lo decente sería que los necesitados de ayuda no esperen a que se les obligue a esto, sino que deberían voluntariamente y desde ya actuar para ganarse la credibilidad y la confianza del resto: no se puede apelar al esfuerzo común pero no querer ni un poco de sufrimiento propio: es la postura del gobierno español que pide y pide y no hace ni el mínimo gesto.

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¡Se trata de Europa!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:44

TRIBUNA, 1/5/2020

Hablemos claro, el desastre que tiene encima Europa sólo se arregla de una forma: con más Europa. Y el motivo para que apuesten por ello los diferentes países no es el de la solidaridad sino el de la estricta conveniencia propia. Éste es el mismo argumento que ya Immanuel Kant en su día esgrimió para que las potencias europeas renunciaran a la guerra y firmaran un compromiso común por la paz: el interés propio. Y así ha sido, cuando siglos después los europeos se decidieron a hacerle caso. Ahora el objetivo de Europa es otro: hacer frente a la recesión más importante en tiempos de paz. Esperemos que ahora comprendan más rápido que les seguirá yendo mejor unidos que por separado.

Muchas voces autorizadas están clamando por esto. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la primera. Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, en una entrevista esta semana incluso se esforzó en convencer dando razones: por salud, por el riesgo de segundas olas si los países más débiles no pueden desconfinarse adecuadamente por agobios económicos; por política, ya que la población perdería la confianza en la unión; y por economía, porque al estar tan estrechamente interconectados, si sufre uno, sufren todos.

Y también Elisa Ferreira, la comisaria europea de Cohesión, advertía hace unos días que “el daño no será sólo para los llamados países menos eficientes, sino para toda Europa”. Un fondo europeo solo a base de créditos dejaría fuera a los países que no pueden endeudarse más allá de cierto nivel, y esta desproporción distorsionaría el mercado: “Sólo las ayudas de Berlín a Adidas, con 2.400 millones, o a TUI, con 1.500 millones, ya superan las que han dado algunos estados a todas sus pequeñas y medianas empresas”. Se necesita que las empresas viables resistan la crisis independientemente del lugar en el que estén ubicadas.

Europa se enfrenta a que la pandemia en determinados países derive en una crisis financiera que contagie al resto o en que alguno diga basta y se rompa el euro. Por ello, Christine Lagarde en su conferencia de ayer, tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, insistió en que una respuesta fiscal “ambiciosa y coordinada” es crítica. Aplaudió los 540 mil millones de euros aprobados como red de seguridad para trabajadores, empresas y soberanos, pero reclamó un programa de reconstrucción conjunto “rápido, firme y flexible”.

Sin embargo, esto no termina de engendrarse. Mario Draghi se pasó ocho años reclamando “más Europa” y ahora Lagarde lo hace en circunstancias aún más dramáticas. Por el momento, la situación está contenida por las compras del BCE. Así, ante la rebaja de Fitch a la deuda italiana, hasta BBB, casi bono basura, no ha habido reacción en el mercado. Pero la presión será cada vez más intensa. Ayer, Lagarde, se limitó a mejorar las condiciones de liquidez y retribución a la banca. Espera la respuesta fiscal mutualizada. Si falla, quizá los miembros del Consejo tendrían que hacer gala de su independencia y consentir que las compras de deuda incumplan la clave de capital y se atienda más al país más necesitado, y salvar al euro dando una respuesta mutualizada por la vía monetaria.

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Sin los empresarios no saldremos adelante

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/4/2020

Sin los empresarios no saldremos adelante. Todos deberíamos tener grabada en nuestra frente esta frase. Y bajo ese título hay que englobar tanto a grandes empresas como a pymes, autónomos y emprendedores: los componentes del ecosistema económico que con su actividad sostienen al resto, los motores indiscutibles que lo ponen en funcionamiento y lo mantienen en marcha. Conviene resaltar esto siempre, pero aún más en época de crisis porque dependemos de ellos para superarla. Una parte de la sociedad no termina de reconocerles la enorme importancia del papel que desarrollan y muchos incluso se dedican a desacreditarlos constantemente cuando son imprescindibles para hacer posible el Estado del bienestar del que disfrutamos.

Ellos, como diría Maquiavelo, “saben lidiar con la fortuna”, y así buscarán cómo ofrecer sus servicios de otra manera, redefiniendo sus negocios para adaptarlos a las nuevas normas sanitarias. Ya estamos viendo cómo inventan miles de propuestas: hoteles “inmunes”, con check-in a través del móvil o con kits de desayunos individuales; restaurantes reformados con mamparas, con personal protegido contra el virus, preparados para llevar el menú a casa o servirlos en el local, con mesas de servicio laterales para que el contacto con los camareros sea escaso; tiendas con probadores reconvertidos e higienizados; gimnasios con menor aforo; playas parceladas…

Y como los empresarios llevan en su ADN el ser innovadores, se atreverán a crear, a sacar de la nada algo que todavía no existe y materializarlo. Encontrarán las circunstancias que ofrece la fortuna en cada instante y reorientarán sus modelos de negocio para adaptarse a la nueva demanda de una sociedad diferente en la que la salud, los cuidados, el servicio a domicilio, el comercio electrónico y el teletrabajo se han instalado para siempre. Explorarán nuevos sectores que explotar y en los que diversificarse, como la transformación digital y energética, la sanidad, la agroindustria o el sector farmacéutico….

Del mismo modo, surgirán oportunidades del replanteamiento que necesariamente tendrán que hacer muchas empresas sobre dónde obtener los suministros que alimentan sus cadenas productivas. Alrededor de una quinta parte de las empresas se han visto afectadas, según la Encuesta empresarial sobre el impacto de la crisis del Covid-19, que ha publicado el Banco de España esta semana. Sin duda, el coste de ruptura adquirirá una importancia que convertirá en competitivas a empresas más cercanas que en su día fueron descartadas: las pymes estarán al quite en este cambio.

Con todo, para despertar del coma inducido y volver a competir en un terreno de juego con nuevas reglas, estarán necesitados de ayuda. De momento se les ha tirado la cuerda de la financiación y estos días se negocia en Europa un plan de reconstrucción europeo de hasta dos billones de euros para sacarlos del pozo. El endeudamiento que provocará será enorme, pero mucho peor aún será si no se gestionan esos recursos de forma inteligente. La desgracia del virus hay que tornarla en oportunidad. El que tropieza y no cae, adelanta: para conseguirlo hay que darle voz y valor al empresario.

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Apriétense los machos

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/4/2020

A estas alturas numerosas instituciones han empezado a cuantificar el desastre económico que tenemos encima. Como el Fondo Monetario Internacional, que publicó esta semana las previsiones para las principales economías del mundo. Para España espera que el PIB se desplome un 8% en 2020. Los ingresos fiscales experimentarán una caída descomunal y los gastos, por el contrario, subirán como la espuma: el déficit alcanzará este año el 9,5% del PIB, frente al 2,6% con el que cerró 2019. Para cubrir este desfase, estima que la deuda pública se disparará hasta el 114% del PIB, muy por encima del 95,5% del ejercicio pasado. Pero estas previsiones del FMI respecto al endeudamiento público son muy suaves en comparación con las que otros organismos, igual de solventes, han realizado estos días. Así que, apriétense los machos porque nos quedan por vivir unos años bien complicados.

La cuestión es si España podrá soportarlo, si serán sostenibles esos niveles de deuda. Prestarnos, nos prestarán los inversores, pero lo dramático puede ser a qué coste estarán dispuestos a hacerlo. El montante de intereses que se pagaron por la deuda pública en 2019 ascendió a la barbaridad de 29.300 millones de euros. Según las previsiones del FMI, se elevaría a 32.000 millones de euros en 2020. Pero esa cantidad resulta asumiendo que se seguiría manteniendo el mismo coste medio -aproximadamente un 2,46%- que el pasado año y esto es una hipótesis muy ingenua.

Este martes el Tesoro ha emitido letras a seis y doce meses. En ambos casos las rentabilidades exigidas por los inversores se han incrementado. Del mismo modo, las rentabilidades en las emisiones de bonos de este mismo jueves y en la negociación de estos en el mercado secundario han seguido esa misma tendencia al alza. Por hacernos una idea, de subir el coste medio de la deuda sólo un 1%, ese 114% de deuda sobre el PIB generaría unos intereses de 49.400 millones de euros al año, ¡1.000 euros al año por español, contando incluso a los niños! Y mejor no hacer los cálculos para esas otras previsiones más realistas que elevan la cifra de deuda mucho más, llegando al 145% del PIB.

Es verdad que España cuenta con el respaldo del BCE, al igual que ha contado desde la crisis financiera de 2008. El Pandemic Emergency Purchase Program contempla la compra de deuda pública por 750.000 millones de euros, a sumar a los 120.000 millones anteriormente comprometidos. Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, en una entrevista esta semana cifraba la cantidad que le corresponde a España entre 120.000 y 130.000 millones de euros. Pero España necesitará emitir mucho más que eso.

Realmente el Covid-19 es un virus del diablo, como lo calificó en su día Xi Jinping y que parece ser la única verdad que ha salido de su boca a la vista de todo lo que desde entonces está pasando. Muchos españoles se han tenido y se tienen que apretar los machos para combatir los estragos que el virus perpetra en sus cuerpos. Todos lo estamos haciendo, con nuestro confinamiento, para minimizar su carnicería. Los que tienen que apretárselo, y bien fuerte, son nuestros gobernantes, porque son ellos los que están lidiando con esta peligrosísima evolución de la deuda.

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