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La propuesta de Garicano para la Unión Bancaria

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:14

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/1/2020

El martes, Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, explicó cómo la solvencia de la banca y la solvencia del Estado están íntimamente relacionadas: el riesgo bancario y el riesgo soberano mantienen un vínculo recíproco y se retroalimentan: si los bancos van mal, arrastran a su Estado, que se ve obligado a apoyarlos deteriorando su propia solvencia; si el país va mal, sus bonos soberanos bajan de valor, perjudicando los balances bancarios llenitos de ellos y elevando así sus necesidades de recapitalización; y vuelta al círculo. Delgado lo explicaba en el Club Diálogos para la Democracia, disertando sobre La Unión Bancaria Europea, la receta que tras la crisis se prescribió contra ese problema. Pero le faltó a la subgobernadora ahondar en cómo está este debate actualmente.

La UBE no pretende cambiar las relaciones banca-Estado, no cuestiona en absoluto los fundamentos del sistema bancario (¡ay, si esto se removiera no haría falta la UBE!), sólo pretende que ese vínculo perverso se desarrolle a nivel europeo, para que sea más difícil que se desencadene y porque además sólo así resulta igual un euro depositado en cualquier banco. Ya desde Europa se supervisa a los bancos y se decide qué hacer si quiebra alguno (¡esto daría mucho para hablar!). Falta acordar que será el contribuyente europeo el que pondrá el dinero si finalmente hay que rescatarlo, sea éste del país que sea. O sea, que el MEDE respalde al fondo de resolución y establecer un fondo de garantía de depósitos global con el apoyo implícito de la Eurozona.

Alemania e Italia -con sus sistemas bancarios muy debilitados- son los que están más enzarzados en el conflicto. Alemania parece dispuesta a avanzar un “poco” en la mutualización -un reaseguro europeo- si se avanza un “mucho” en la disminución del riesgo bancario exige que los bonos soberanos ponderen adecuadamente en el cálculo de capital (actualmente ponderan todos al 0%, ya sea AAA, como el alemán, o BBB, como el italiano) y que se limite la concentración que puede tener un banco en bonos de su país.

Por su parte, Italia, con una deuda del 134% del PIB, sólo está dispuesta a quedarse sin la posibilidad actual de llamar a sus bancos para que les financien los déficits si la mutualización es plena.

La propuesta de Luis Garicano (Cs) en el Parlamento europeo persigue disolver este enconamiento. Sugiere que sea una cartera diversificada con todos los bonos de los gobiernos de la Eurozona la que pondere al 0% en el cálculo del capital bancario. Así, todos los bancos de la Eurozona estarían incentivados para mantener bonos de todos los gobiernos, desalentando la acumulación de los del propio país. Esta solución, que habrá que explorar y desarrollar con más detalle, al menos podría contar con una mayor aceptación política que la rechazada iniciativa de los eurobonos. ¡Bienvenidas todas las proposiciones imaginativas que puedan desbloquear el tema! La integración europea se inició y progresó a instancias económicas, y con la UBE terminada la Eurozona quedaría completamente amalgamada por su banca. Se agradece que sea un político español el que se adentre en las altas finanzas.

¿Somos tontos o listos con nuestros ahorros?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 10/10/2020

Nada menos que 842.000 millones de euros mantenemos las familias españolas en cuentas corrientes y depósitos bancarios. El Banco de España publicó hace unos días datos estadísticos sobre este concepto. En estos dos últimos años la tendencia ha sido claramente al alza. Y el caso es que esta evolución es algo sorprendente porque su retribución no ha dejado de descender en ese mismo periodo. Queda lejos el tiempo en el que por el dinero aparcado en la banca se podía obtener cierta rentabilidad; en la actualidad no sólo no renta nada sino que incluso es posible que los bancos puedan terminar cobrando.

Si atendemos a los datos de Inverco, también puede observarse cómo en el primer semestre de 2019 hemos apostado más por ahorrar en este producto financiero: los flujos financieros de las familias han incrementado las posiciones de depósitos bancarios (31.921 millones) y productos de seguro (19.043 millones) y fondos de pensiones (745 millones), en detrimento de inversiones con mayor riesgo: 2.508 millones de retirada de los fondos de inversión y 5.983 millones menos de inversiones directas en renta fija y acciones.

Esto además sucede en un periodo en el que de los 132.635 millones de ahorro financiero total de los hogares españoles, dos de cada tres euros realmente proceden de la revalorización de los activos que ya poseían, derivado del buen comportamiento de los mercados en ese periodo. Esto es, nos hemos girado algo más a los depósitos al tiempo que otras alternativas subían de forma significativa su rentabilidad. La explicación reside tanto en una reacción por las importantes rentabilidades negativas de los mercados en 2018 como a que hemos estado sometidos a multitud de noticias económicas adversas que ensombrecen el horizonte.

Pero, no obstante a este repunte de los depósitos, comparándonos con las familias europeas el porcentaje que les dedicamos de nuestro ahorro financiero no es tan extraño. La media europea es sólo del 30% (la nuestra, el 39,9%) pero sobre todo por culpa de algunos países concretos, como Suecia o Dinamarca, que tiran de ella fuertemente a la baja. Alemania, por ejemplo, tiene un nivel de depósitos exactamente igual al nuestro y nos superan ampliamente Portugal y Austria.

En lo que realmente nos diferenciamos de los europeos es en el porcentaje que dedicamos a los fondos de pensiones y seguros. Aquí puntuamos más que fatal. Para ellos es la forma de resguardarse para la vejez; los españoles, sin embargo, no confiamos en los mercados e intermediarios para nuestro mañana, lo que queremos es nuestra primera e incluso nuestra segunda vivienda pagada: estamos encantados con vivir en nuestro país hasta la muerte (¡y a ellos también les encantaría, sólo hay que ver a qué ritmo están comprando nuestras casas!). El sobrante de ahorro es lo que dedicamos a productos financieros. Y sí, tendremos muchos depósitos pero cuando nos ponemos a invertir nos ponemos: el porcentaje que destinamos a las alternativas de más riesgo -fondos de inversión, renta fija y acciones cotizadas- es mayor que en la mayoría de los países: 21,3% frente al 18,8% alemán, el 11,3% francés o el 14,7% italiano.

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Los límites al programa PSOE-Unidas Podemos

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:10

TRIBUNA, 3/1/2020

los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, firmaron el pasado martes en el Congreso de los Diputados el documento Coalición progresista. Un nuevo acuerdo para España, donde presentan las líneas maestras que presidirán su gobierno. Un gobierno que incorporará dos novedades: será, desde que se reinició la democracia, el primero de coalición y el primero con comunistas dentro. Declaran que es un programa con “acento social”, aunque millones de españoles lo perciben más bien con “aliento fatal”: más gastos, más impuestos y más intervención del Estado. Nada raro, justo lo que corresponde a un equipo de izquierda y ultraizquierda. No obstante, son solo palabras, no hay una sola cifra cuantificando. Y se encontrarán con límites cuando intenten materializarlo.

Primero, desde el Partido Nacionalista Vasco. Estos piensan sacar buen jugo a cambio de sus votos: mayores transferencias para completar su autonomía, modificaciones legales para que se reconozcan las identidades territoriales y que se abra la posibilidad de tener selecciones deportivas propias. Pero al igual -o también cabría decir, al contrario- que el de Cantabria ha declarado que el AVE no merece la ruptura de España, los del PNV no van a consentir que mientras se avance en la independencia estos de izquierdas le arruinen el país yendo en contra de su empresariado. La CEOE y Cepyme ya han declarado que medidas como la derogación de la reforma laboral y las importantes subidas del salario mínimo “impactarán de forma muy negativa en la creación de empleo, en el futuro de las empresas y desincentivarán cualquier posibilidad de inversión en España”.

Segundo, se toparán con Europa. No le arriendo las ganancias a la que volverá a ser ministra de economía, Nadia Calviño, cuando tenga que plasmar estas medidas en unos presupuestos. Le tocará pelear con la Comisión Europea que escudriñará el montante de los gastos propuestos (¡quién puede estar en contra de muchos de ellos!) y la suficiencia y veracidad de los ingresos -con las subidas de impuestos propuestas- para compensarlos, ante un panorama además de crecimiento económico escaso. Los objetivos de déficit hay que cumplirlo sí o sí y ya hemos visto cómo han tenido que sujetarse otros gobiernos, como el de Grecia o Italia, en el pasado reciente. Claro que también PSOE y Unidas Podemos pueden incumplir su programa y redefinir a los “ricos”.

Tercero, la comunidad inversora internacional estará vigilante a todo. Aunque la inclinación natural de estas formaciones políticas sería endeudarse y endeudarse, y más porque los intereses -dopados por el BCE- están muy bajos, Europa no va a consentir que la deuda pública/PIB suba del actual 97%. Pero los inversores no sólo valoran esta deuda explícita, afinan más en su análisis que lo que arroja simplemente ese ratio: atienden a todos los compromisos que está asumiendo el Estado: la sensible prima de riesgo lo va reflejando. Las propuestas sobre las pensiones y la renta mínima suponen dejar cautiva una mayor parte de la recaudación tributaria futura, aunque parece que, de momento, los inversores confían en que los límites harán que las cosas no se desmanden.

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Recapitulando 2019

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/12/2019

Termina el año y es tiempo de echar la vista atrás y recapitular sobre los acontecimientos económicos que lo han ocupado. A nivel internacional, dos revoluciones que venían amagando desde hace años se han puesto ya a las claras sobre la mesa. La primera es la guerra comercial y tecnológica entre EEUU y China por el control mundial y por situar sus monedas como la divisa de reserva. Y precisamente esta batalla monetaria además se libra digitalmente, la segunda revolución en marcha. En 2019 muchos países han tomado conciencia de la necesidad de defender su soberanía monetaria frente a las amenazas de monedas privadas, como Libra, la provocativa propuesta de Facebook y han iniciado el camino hacia la emisión de dinero digital soberano (CBDC). Para China, además, emitir yuanes digitales significa un paso más en su plan de internacionalizarlo y plantarle así cara al dólar como moneda de referencia.

De momento, la frágil tregua que se han dado está evitando que la economía mundial caiga en una recesión y que colapsen los mercados bursátiles. Europa, inmersa en este conflicto y en gran parte a causa de él, está sufriendo una ralentización económica y esto obligó a Mario Draghi a volver a intensificar este año los estímulos monetarios. Christine Lagarde, su sucesora, ha prometido innovar la agotada política monetaria actual y ha pedido un mayor esfuerzo fiscal paralelo. Además, este escenario de bajo crecimiento y persistencia de tipos negativos ahonda la debilidad de la banca europea, sometida a la intensa competencia de las fintech y bigtech que quieren llevarse al menos una parte de la cadena de valor bancaria. Si añadimos el Brexit a la ralentización económica y a la reconversión bancaria, la Eurozona tiene un difícil panorama por delante del que sólo con más integración podrá salir airosa.

Por su parte, España, reconcentrada en el problema de Cataluña, ha permanecido en gran medida ajena a esas cuestiones trascendentales que se están desarrollando en el mundo y no se la oye participar en la necesaria redefinición de Europa. En las múltiples campañas electorales todos estos temas han brillado por su ausencia: una política provinciana y mediocre. Pero es que tampoco se abordan los importantísimos debates financieros internos pendientes, como la sostenibilidad de la deuda o el futuro de las pensiones. Refugiados en el presente, se repite como un mantra que crecemos más que la media en Europa, haciendo oídos sordos a las dificultades que nos acechan.

Y finalmente, en Andalucía, el escepticismo se va apoderando sobre los aires de cambio con los que empezábamos este año. Se echa en falta una acción más enérgica en la reforma de la administración: no se atreven a meterle el diente. Pero lo peor es la poca altura que han mostrado en el manejo de temas como los ERE o con la prohibición por la ley vigente de salir a los mercados a financiarse. El temor es que se avance en ese sentido y lo que sí sigue soplando de ese aire nuevo, como lo que se dice y se hace desde la Consejería de Economía, que es modernidad y futuro para Andalucía, quede expulsado a la estratosfera, y acaparen todo el espacio los intereses partidistas y no los de nuestra tierra.

Suspenso en deuda

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:49

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/12/2019

El martes el Banco de España publicó la cifra mensual de deuda de las administraciones públicas españolas. Analizando este dato y el mismo en periodos anteriores se constata que, obviando las oscilaciones mensuales, en valores absolutos la deuda ha experimentado un aumento continuado desde 2008. A finales de octubre de 2019 el saldo se situó en 1,194 billones de euros. Comparada con un año atrás la deuda es ahora un 2,7% mayor, ha crecido en 31.727 millones de euros.

Ahora bien, mirando este dato en términos relativos -en relación al PIB- la interpretación es diferente. El sólido crecimiento de nuestra economía en estos últimos años ha conseguido que, a pesar del aumento del numerador, la ratio deuda/PIB haya ido descendido desde el máximo del 100,7% que marcó en 2014 hasta el 97,8% del tercer trimestre de 2019, 1,1% menos que en el mismo trimestre de 2018. Así, esta ratio lleva cinco años contenida, sólo con ligeros descensos.

Pero esto no es suficiente. La Comisión Europea, también el martes, publicó el Informe de Mecanismo de Alerta, en el que con once indicadores evalúa a los países europeos. España suspende -además de en paro, deuda empresarial e inversión- en deuda pública. Nos recuerda que estamos muy lejos del 60%, el máximo permitido. Su reprimenda podría expresarse de esta manera: la deuda no deja de subir porque no se mejoran las cuentas públicas, los déficits fiscales son “persistentes”, el numerador sube prácticamente al ritmo del denominador, y así incluso con los niveles de crecimiento tan importantes la ratio baja tan poco.

No sólo lo advierte Europa, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, Airef, ya lo señaló en el informe de noviembre. Viene a decir que se crece, pero que los mayores ingresos que se derivan de ese crecimiento se gastan totalmente e incluso se siguen sobrepasando. Y eso encima de que se está contando con la ventaja de que uno de los epígrafes importantes de gasto, el gasto financiero, se comporta a la baja. A España, gracias a la política monetaria adoptadas por el BCE, el coste de financiación de la deuda pública se le abarata. En 2019 el ahorro de intereses será de 2.371 millones de euros, aunque eso no significa que la cuenta no siga siendo muy abultada: 24.000 millones de intereses al año, casi tres millones cada hora.

En la medida en que haya suficiente crecimiento y que las buenas condiciones financieras persistan, la ratio de deuda no se desmandará. Pero además resulta fundamental que las diferentes administraciones respeten los límites asignados para sus presupuestos. No es de esperar que en ninguna se vaya a presentar con superávit de forma voluntaria para reducir deuda, siempre gastan a tope. Y cuidado los que creen que pueden elevar el gasto y equilibrar subiendo impuestos, porque ahogarán el crecimiento. Todos deberían sopesar muy bien el camino que toman porque una vez aprobado un incremento de gasto es muy difícil retroceder y bajarlo; y sin embargo, los ingresos futuros son siempre inciertos. Y también deben tener en cuenta la calidad del gasto: no es lo mismo el gasto corriente, con el que se le dice al dinero adiós, que el de inversión, al que se le dice hasta luego.

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El búho Lagarde

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/12/2019

Otra reunión -la última del año- del Consejo de Gobierno del BCE. Después de ocho años siguiendo intensamente las comunicaciones de Mario Draghi, nos toca acostumbrarnos a la nueva presidenta, Christine Lagarde. Ella lo quiso dejar claro, que el BCE afronta una nueva etapa, que ahora es su tiempo: “Voy a tener mi propio estilo, voy a ser yo misma”. Y no quiere etiquetas, ni que la tachen de halcón ni de paloma. Lo había dicho hace unos días tras una conferencia y en la de ayer volvió a repetirlo: “Espero ser un búho. Me gustan los búhos. Son animales muy sabios”. De momento, continuidad -su predecesor le había dejado los deberes hechos- aunque también, sin decir cuáles, anuncio de reformas.

Lagarde ha mantenido exactamente igual el plan de acción que Draghi marcó en septiembre. Era lo que se esperaba. En su primera reunión y sin que haya habido cambios de envergadura en el cuadro macroeconómico europeo no iba a mover ficha. Las previsiones siguen señalando -décima arriba o décima abajo- un crecimiento débil y una baja inflación hasta 2022. Pero la nueva presidenta las ha acompañado con dos esperanzas: que se aprecian señales iniciales de estabilización en la desaceleración económica y un leve avance de la inflación subyacente; y que los riesgos que amenazan el crecimiento siguen inclinados, pero menos, a la baja.

La continuidad con Draghi también se sintió en el toque de atención que le dio a los gobiernos. El mensaje fue el mismo: todos los países deberían hacer más para alcanzar el potencial de crecimiento; es fundamental que se lleven a cabo las reformas estructurales necesarias; que los que tengan una deuda alta cumplan el equilibrio presupuestario y que los que tengan espacio fiscal, por favor, que lo utilicen. Y del mismo modo, apeló a mejorar el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria.

La novedad la puso cuando confirmó que “la revisión de la estrategia del BCE comenzará en enero y estará completa antes de fin año”. En semanas pasadas ya había dejado claro que la gestión que se hace en los bancos centrales desde hace dos décadas puede resultar obsoleta y procede revisarla. En este sentido, sólo afirmó que no tiene en mente cambiar el mandato, esto es, la estabilidad de los precios. Eso no está en su mano, implicaría modificar el estatuto, pero podría redefinir en cómo se concreta. El “por debajo, pero cerca, del 2%”, es arbitrario. Como lo de Groucho Marx: si no consigo el objetivo, pues lo cambio.

Tampoco dio pistas sobre si se utilizarán otros instrumentos diferentes. Los actuales, incluso los no convencionales, ciertamente han resultado poco eficientes, pero no mencionó en qué otros está pensando: ¿se atreverá a utilizar herramientas radicales, como el helicóptero monetario, y repartir dinero entre la gente?, ¿impulsará la implantación del e-euro para mejorar la trasmisión de la política monetaria?… Y por último, también avanzó que la entidad abordará cómo participar en un objetivo que en absoluto es competencia de un banco central, sino de los gobiernos: el cambio climático.

En definitiva, muchos posibles y controvertidos cambios. Tendremos que ir viendo reunión a reunión cómo ulula el búho Lagarde.

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El futuro monetario nos alcanza

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/12/2019

Hace un par de semanas la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard llevó a cabo un ejercicio muy interesante. Sentó en una mesa a diez personas de la máxima relevancia, ex altos cargos de la Administración americana y líderes de opinión -Larry Summers, entre ellos- que simularon una sesión del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. El escenario planteado se situaba dentro de dos años. Tenían que debatir qué respuesta dar a una gran crisis de seguridad provocada por una prueba de misiles nucleares de Corea del Norte. El proyecto se había financiado evitando el sistema bancario global. Ponían sobre la mesa las consecuencias que estaba comportando que el yuan digital llevara ya 20 meses de vida. Es decir, aventuraban qué podrá pasar con lo que va a ocurrir de forma inminente.

Estamos inmersos en una completa revolución del sistema monetario mundial. El anuncio de Facebook de lanzar la moneda libra la ha avivado y acelerado. A Mark Zuckerberg hay que agradecerle el haber conseguido que los gobiernos occidentales se den cuenta del desafío monetario y de que tienen que responder antes de que sea demasiado tarde. La amenaza está en las iniciativas privadas que puedan comprometer la soberanía pública del dinero pero también en la emisión de otras públicas, como la moneda digital china, que no persigue sólo dominar los pagos domésticos de China, sino expandir su uso e influencia.

Kenneth Rogoff en un artículo reciente plantea de manera muy clara este segundo problema. El poder americano y la primacía del dólar están fuera de dudas y será difícil que un yuan digital soberano los desbanque, pero éste facilitaría de forma extraordinaria que se agrandara la “economía subterránea global” que escapa al control americano. Así, como la simulación de Harvard representó, Corea del Norte podría usarlo para contratar a científicos nucleares rusos o para comprar materias primas escapando de las sanciones americanas.

La Academia se está volcando con este asunto. No se da abasto para leer la gran cantidad de informes, conferencias y artículos que se están publicando. Y, de igual modo, el asunto se debate en los más altos niveles políticos. El septiembre pasado dos congresistas norteamericanos se dirigieron al gobernador de la Reserva Federal: “Nos preocupa que la primacía del dólar estadounidense pueda estar en peligro”. Y Jerome Powell les contestó por carta que efectivamente puede ser cada vez más imperativo que la Fed desarrolle una moneda digital en dólares estadounidenses.

En la Eurozona las cosas también se aceleran. El Instituto Bruegel publicó hace tres días un documento que ha preparado para la Comisión de Asuntos Monetarios del Parlamento Europeo, donde se analiza el papel que podrían jugar la moneda digital soberana. Y, Dirk Bullman, el jefe de innovación del BCE, confirmó en Málaga, durante el reciente Congreso Global Blockchain, que hay un equipo dedicado a contestar las tres preguntas claves sobre el euro digital: cuál es la motivación, cómo debería ser exactamente el diseño y cómo implementarlo. El título de su panel bien podría haber sido el del encuentro de Harvard: ¿Está el mundo listo para las monedas digitales globales?

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Fusiones ineludibles

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/11/2019

El noviazgo que mantuvieron en el pasado las entidades bancarias Unicaja y Liberbank no llegó a buen puerto. El 14 de mayo rompieron. Por entonces habían conseguido tener resueltos muchos de los escollos que se plantean en una fusión, como dónde estaría la sede y quiénes ocuparían los altos cargos. Pero finalmente no consiguieron ponerse de acuerdo en “qué vale lo que aporto yo” y “qué vale lo que aportas tú”; esto es, en la ecuación de canje. Ahora estas dos entidades -a iniciativa de algunos accionistas- vuelven a tantearse, a retomar por donde lo dejaron, a ver si por fin se encuentran. El motivo que les había llevado a considerar casarse -el ahorro de costes- incluso se ha vuelto más acuciante. Y la evolución de las entidades desde aquellas fechas puede ayudar a situar la solución cerca del 60% para Unicaja y del 40% para Liberbank, unas proporciones que para esta última fueron inaceptables.

Si terminaran uniéndose las dos, se convertirían en la sexta entidad bancaria española por volumen de activos, unos 97.981 millones de euros (el 57% de Unicaja). Dispondrían de 1.687 oficinas (64%, Unicaja) con más de 10.000 trabajadores (64,2%, Unicaja). El volumen de crédito conjunto ascendería a 51.811 (54%, Unicaja) frente a unos depósitos de 67.982 millones de euros (54,8%, Unicaja). El nivel de activos dudosos sería de 4.355 millones de euros, de los que 2.711 millones procederían de Unicaja (62%).

Además de todas estas variables, para determinar la ecuación de canje es de la mayor importancia la proporción que arrojan los beneficios respectivos actuales. Así, de los 255 millones de euros conjuntos, el 37,6% los aportaría Liberbank frente al 62,35% de Unicaja. También fundamental resulta la cotización de las acciones. Liberbank la ha reducido un 29,4% en lo que va de año y su capitalización asciende a 927 millones de euros. Unicaja, por su parte, se ha desvalorizado un 17,52% en 2019 y su capitalización es de 1.473 millones, el 61,66% de la capitalización conjunta de ambas entidades.

La complicada situación de falta de rentabilidad y la presión añadida que supone un horizonte de ralentización económica pueden empujar a que en esta ocasión la fusión salga. El reto es enorme para entidades medianas como éstas. Las sinergias que en mayo se estimaron que podrían conseguirse, de 100 a 200 millones de euros anuales, se han vuelto relativamente mucho más importantes. Tampoco tendrían que pasar por una ampliación de capital, disuasoria dada la pésima situación del mercado, porque sería suficiente ahora con una emisión de cocos de 500 millones de euros.

Desde el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales se insta a los bancos europeos a fusionarse, y a invertir en tecnología para ganar eficiencia y a reducir sus altos costes. Luis de Guindos, el vicepresidente del BCE, calificó hace unos días de ineludibles a las fusiones bancarias. Las entidades europeas no fallan ahora en solvencia, como pasó tras la crisis; cumplen las normas. Pero fallan en rentabilidad, y rentabilidad y solvencia -para bien y para mal- se retroalimentan. Las perspectivas económicas no ayudan nada. De ahí la honda preocupación de los supervisores.

Inestabilidad financiera: ¿cómo nadie hizo nada?

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/11/2019

¿Cómo nadie advirtió esta caída?, le preguntó la reina Isabel II de Inglaterra en 2008 a los economistas presentes en la inauguración de un nuevo edificio de la prestigiosa London School of Economics. Acababa de estallar la crisis financiera más intensa de la historia. El caso es que sí hubo algunas advertencias previas pero nunca fueron escuchadas. Interesó más negarlas y seguir bailando. Desde entonces, los análisis y estudios sobre los riesgos potenciales para la estabilidad financiera se han multiplicado. En la Eurozona, dos veces al año, el BCE publica un informe para que políticos, la industria financiera y el público en general tomen conciencia de las vulnerabilidades financieras. El miércoles conocimos la segunda entrega de 2019.

Los altos niveles de deuda pública en algunos de los países constituye uno de los riesgos más importantes de la Eurozona. Pero poco caso le están haciendo los políticos. Esta semana la Comisión Europea recriminó a Italia, Francia y España que no habían aprovechado los buenos años económicos para reducir sus deudas. Es más, gracias a la política monetaria disfrutan de unas condiciones financieras excepcionales: sólo sirven para sustituir intereses por más gasto.

Por otra parte, el precio de los activos está disparatado, y los inversores deberían tomar nota para no llamarse en el futuro a engaño. El informe lo dice claro. Las valoraciones de activos, que dependen de bajas tasas de interés, podrían enfrentar importantes correcciones futuras. El volumen de bonos con rendimientos negativos ha crecido hasta alcanzar el 25% de los bonos mundiales. Hasta ahora el descenso continuado de los tipos de interés ha ido generando un efecto plusvalía pero es poco probable que esto se mantenga.

Demoledora también es la aseveración de Luis de Guindos en la conferencia que impartió el lunes y en la que anticipó este informe: “El 75% de los bancos en Europa no son rentables”. El vicepresidente del BCE vino a decirles que no se quejen de la política monetaria, que sin ella no hubieran recuperado los volúmenes de préstamos ni mejorado la morosidad ni se habrían beneficiado de la mayor valoración de los activos. Y les culpó de no estar haciendo lo suficiente para mejorar la rentabilidad, ajustando sus modelos de negocio y con fusiones.

También las entidades financieras no bancarias son otro gran foco de vulnerabilidad. Han ido creciendo en tamaño y para incrementar la rentabilidad han aumentado su exposición a valores más arriesgados, menos líquidos y más dependiente de las economías emergentes. Ante bajadas importantes de los precios de los activos, los partícipes pueden hacer desbandada general obligando a los fondos a vender masivamente, provocando que los precios caigan aún más, retroalimentando el problema.

Estos cuatro riesgos -claramente entrelazados y con potencial para perjudicarse mutuamente- ya fueron señalados en informes pasados. La diferencia es que ahora se encuentran agudizados porque la situación macroeconómica de la zona del euro se ha deteriorado y existen circunstancias que pueden deprimirla aún más. ¿Quién será el que pregunte el día de mañana cómo nadie hizo nada?

Multimillonarios

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/11/2019

La desigualdad está siendo un tema central en los debates políticos del mundo y ha reavivado la cuestión sobre con qué tipos de impuestos y a qué nivel habría que gravar a las grandes fortunas. Elizabeth Warren y Bernie Sanders, ambos candidatos demócratas a la presidencia de EEUU, lo llevan en sus programas. Jeremy Corbyn, el líder laborista del Reino Unido, prometió en campaña electoral que los multimillonarios pagarán mucho más. En España, PSOE y Unidas Podemos también tienen a los ricos en el objetivo. La presión sobre los multimillonarios se está incrementando, pero no es en absoluto un asunto fácil. El bien y el mal no suelen ir desunidos.

Jean Pisani-Ferry, en El debate por el impuesto a las grandes fortunas, en Project Syndicate hace unos días, denuncia la innegable concentración de la riqueza en EEUU: el 1% de los hogares estadounidenses posee el 40% de la riqueza del país, mientras que el 90% inferior sólo posee la cuarta parte. El Global Wealth Report 2019 también concluye en este mismo sentido. Su radiografía mundial muestra que los ricos son cada vez más numerosos y más ricos.

Y es que, como escribe John Gapper en el Financial Times esta semana: “Los multimillonarios nunca lo han tenido tan fácil”. Actualmente la globalización y la tecnología ayudan a los empresarios más exitosos a obtener ganancias más rápido y a mayor escala, dice. Y después Gapper viene a desarrollar lo que ya sabemos: el dinero llama al dinero.

Así, la seguridad del dinero conseguido por el primer éxito les permite seguir sin miedo financiando ideas. Además, tras el mérito personal inicial, se refuerzan con los mejores y más informados asesores. Y les favorece que se graven los salarios más que el capital, la movilidad de la riqueza y la existencia de estructuras legales complejas.

The Economist también trata esta semana este tema, En defensa de los multimillonarios, pero desde otro punto de vista. Critica duramente la riqueza que se ha obtenido sobre bases injustas, por ejemplo, cuando la competencia empresarial falla o cuando resulta del cabildeo político. “Alrededor de una quinta parte de los multimillonarios de los Estados Unidos hicieron su dinero así”. Pero enaltece al resto, a la inmensa mayoría de multimillonarios que se generan cuando el capitalismo funciona bien y que producen grandes beneficios para la sociedad. ¿Quién no admira al que amasa una riqueza meritocrática, proceda del ámbito empresarial o del que sea?

Lo que parece claro es que para combatir la desigualdad lo primero que habría que hacer es enderezar el capitalismo en el que vivimos, que funciona a base de oligopolios y está podrido por el clientelismo político. Mientras, parece necesario cobrarles a los multimillonarios más impuestos. ¡Muchos de ellos están de acuerdo con esto!

Así lo pidieron en junio 18 multimillonarios estadounidenses en una carta a sus políticos. Pero esto tampoco significa un ataque tributario indiscriminado o considerar rico a cualquiera. Hay que estudiar la tributación -al patrimonio, a las ganancias y a las herencias- justa y que no nos haga quedarnos sin lo maravilloso que suelen hacer -la innovación- muchos de los que alcanzan esas riquezas.