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¡Se trata de Europa!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:44

TRIBUNA, 1/5/2020

Hablemos claro, el desastre que tiene encima Europa sólo se arregla de una forma: con más Europa. Y el motivo para que apuesten por ello los diferentes países no es el de la solidaridad sino el de la estricta conveniencia propia. Éste es el mismo argumento que ya Immanuel Kant en su día esgrimió para que las potencias europeas renunciaran a la guerra y firmaran un compromiso común por la paz: el interés propio. Y así ha sido, cuando siglos después los europeos se decidieron a hacerle caso. Ahora el objetivo de Europa es otro: hacer frente a la recesión más importante en tiempos de paz. Esperemos que ahora comprendan más rápido que les seguirá yendo mejor unidos que por separado.

Muchas voces autorizadas están clamando por esto. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la primera. Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, en una entrevista esta semana incluso se esforzó en convencer dando razones: por salud, por el riesgo de segundas olas si los países más débiles no pueden desconfinarse adecuadamente por agobios económicos; por política, ya que la población perdería la confianza en la unión; y por economía, porque al estar tan estrechamente interconectados, si sufre uno, sufren todos.

Y también Elisa Ferreira, la comisaria europea de Cohesión, advertía hace unos días que “el daño no será sólo para los llamados países menos eficientes, sino para toda Europa”. Un fondo europeo solo a base de créditos dejaría fuera a los países que no pueden endeudarse más allá de cierto nivel, y esta desproporción distorsionaría el mercado: “Sólo las ayudas de Berlín a Adidas, con 2.400 millones, o a TUI, con 1.500 millones, ya superan las que han dado algunos estados a todas sus pequeñas y medianas empresas”. Se necesita que las empresas viables resistan la crisis independientemente del lugar en el que estén ubicadas.

Europa se enfrenta a que la pandemia en determinados países derive en una crisis financiera que contagie al resto o en que alguno diga basta y se rompa el euro. Por ello, Christine Lagarde en su conferencia de ayer, tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, insistió en que una respuesta fiscal “ambiciosa y coordinada” es crítica. Aplaudió los 540 mil millones de euros aprobados como red de seguridad para trabajadores, empresas y soberanos, pero reclamó un programa de reconstrucción conjunto “rápido, firme y flexible”.

Sin embargo, esto no termina de engendrarse. Mario Draghi se pasó ocho años reclamando “más Europa” y ahora Lagarde lo hace en circunstancias aún más dramáticas. Por el momento, la situación está contenida por las compras del BCE. Así, ante la rebaja de Fitch a la deuda italiana, hasta BBB, casi bono basura, no ha habido reacción en el mercado. Pero la presión será cada vez más intensa. Ayer, Lagarde, se limitó a mejorar las condiciones de liquidez y retribución a la banca. Espera la respuesta fiscal mutualizada. Si falla, quizá los miembros del Consejo tendrían que hacer gala de su independencia y consentir que las compras de deuda incumplan la clave de capital y se atienda más al país más necesitado, y salvar al euro dando una respuesta mutualizada por la vía monetaria.

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Sin los empresarios no saldremos adelante

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/4/2020

Sin los empresarios no saldremos adelante. Todos deberíamos tener grabada en nuestra frente esta frase. Y bajo ese título hay que englobar tanto a grandes empresas como a pymes, autónomos y emprendedores: los componentes del ecosistema económico que con su actividad sostienen al resto, los motores indiscutibles que lo ponen en funcionamiento y lo mantienen en marcha. Conviene resaltar esto siempre, pero aún más en época de crisis porque dependemos de ellos para superarla. Una parte de la sociedad no termina de reconocerles la enorme importancia del papel que desarrollan y muchos incluso se dedican a desacreditarlos constantemente cuando son imprescindibles para hacer posible el Estado del bienestar del que disfrutamos.

Ellos, como diría Maquiavelo, “saben lidiar con la fortuna”, y así buscarán cómo ofrecer sus servicios de otra manera, redefiniendo sus negocios para adaptarlos a las nuevas normas sanitarias. Ya estamos viendo cómo inventan miles de propuestas: hoteles “inmunes”, con check-in a través del móvil o con kits de desayunos individuales; restaurantes reformados con mamparas, con personal protegido contra el virus, preparados para llevar el menú a casa o servirlos en el local, con mesas de servicio laterales para que el contacto con los camareros sea escaso; tiendas con probadores reconvertidos e higienizados; gimnasios con menor aforo; playas parceladas…

Y como los empresarios llevan en su ADN el ser innovadores, se atreverán a crear, a sacar de la nada algo que todavía no existe y materializarlo. Encontrarán las circunstancias que ofrece la fortuna en cada instante y reorientarán sus modelos de negocio para adaptarse a la nueva demanda de una sociedad diferente en la que la salud, los cuidados, el servicio a domicilio, el comercio electrónico y el teletrabajo se han instalado para siempre. Explorarán nuevos sectores que explotar y en los que diversificarse, como la transformación digital y energética, la sanidad, la agroindustria o el sector farmacéutico….

Del mismo modo, surgirán oportunidades del replanteamiento que necesariamente tendrán que hacer muchas empresas sobre dónde obtener los suministros que alimentan sus cadenas productivas. Alrededor de una quinta parte de las empresas se han visto afectadas, según la Encuesta empresarial sobre el impacto de la crisis del Covid-19, que ha publicado el Banco de España esta semana. Sin duda, el coste de ruptura adquirirá una importancia que convertirá en competitivas a empresas más cercanas que en su día fueron descartadas: las pymes estarán al quite en este cambio.

Con todo, para despertar del coma inducido y volver a competir en un terreno de juego con nuevas reglas, estarán necesitados de ayuda. De momento se les ha tirado la cuerda de la financiación y estos días se negocia en Europa un plan de reconstrucción europeo de hasta dos billones de euros para sacarlos del pozo. El endeudamiento que provocará será enorme, pero mucho peor aún será si no se gestionan esos recursos de forma inteligente. La desgracia del virus hay que tornarla en oportunidad. El que tropieza y no cae, adelanta: para conseguirlo hay que darle voz y valor al empresario.

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Apriétense los machos

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/4/2020

A estas alturas numerosas instituciones han empezado a cuantificar el desastre económico que tenemos encima. Como el Fondo Monetario Internacional, que publicó esta semana las previsiones para las principales economías del mundo. Para España espera que el PIB se desplome un 8% en 2020. Los ingresos fiscales experimentarán una caída descomunal y los gastos, por el contrario, subirán como la espuma: el déficit alcanzará este año el 9,5% del PIB, frente al 2,6% con el que cerró 2019. Para cubrir este desfase, estima que la deuda pública se disparará hasta el 114% del PIB, muy por encima del 95,5% del ejercicio pasado. Pero estas previsiones del FMI respecto al endeudamiento público son muy suaves en comparación con las que otros organismos, igual de solventes, han realizado estos días. Así que, apriétense los machos porque nos quedan por vivir unos años bien complicados.

La cuestión es si España podrá soportarlo, si serán sostenibles esos niveles de deuda. Prestarnos, nos prestarán los inversores, pero lo dramático puede ser a qué coste estarán dispuestos a hacerlo. El montante de intereses que se pagaron por la deuda pública en 2019 ascendió a la barbaridad de 29.300 millones de euros. Según las previsiones del FMI, se elevaría a 32.000 millones de euros en 2020. Pero esa cantidad resulta asumiendo que se seguiría manteniendo el mismo coste medio -aproximadamente un 2,46%- que el pasado año y esto es una hipótesis muy ingenua.

Este martes el Tesoro ha emitido letras a seis y doce meses. En ambos casos las rentabilidades exigidas por los inversores se han incrementado. Del mismo modo, las rentabilidades en las emisiones de bonos de este mismo jueves y en la negociación de estos en el mercado secundario han seguido esa misma tendencia al alza. Por hacernos una idea, de subir el coste medio de la deuda sólo un 1%, ese 114% de deuda sobre el PIB generaría unos intereses de 49.400 millones de euros al año, ¡1.000 euros al año por español, contando incluso a los niños! Y mejor no hacer los cálculos para esas otras previsiones más realistas que elevan la cifra de deuda mucho más, llegando al 145% del PIB.

Es verdad que España cuenta con el respaldo del BCE, al igual que ha contado desde la crisis financiera de 2008. El Pandemic Emergency Purchase Program contempla la compra de deuda pública por 750.000 millones de euros, a sumar a los 120.000 millones anteriormente comprometidos. Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, en una entrevista esta semana cifraba la cantidad que le corresponde a España entre 120.000 y 130.000 millones de euros. Pero España necesitará emitir mucho más que eso.

Realmente el Covid-19 es un virus del diablo, como lo calificó en su día Xi Jinping y que parece ser la única verdad que ha salido de su boca a la vista de todo lo que desde entonces está pasando. Muchos españoles se han tenido y se tienen que apretar los machos para combatir los estragos que el virus perpetra en sus cuerpos. Todos lo estamos haciendo, con nuestro confinamiento, para minimizar su carnicería. Los que tienen que apretárselo, y bien fuerte, son nuestros gobernantes, porque son ellos los que están lidiando con esta peligrosísima evolución de la deuda.

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Garántia y la Junta de Andalucía, contra el Covid-19

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 10/4/2020

Las situaciones críticas tienen la virtud de provocar cambios en el comportamiento de los agentes o, al menos, de acelerarlos. Así, con el Covid-19 la Junta de Andalucía se ha decidido a dar el paso y convertir a la Sociedad de Garantía Recíproca de Andalucía, Garántia, en su brazo instrumental para asistir financieramente a las pymes y autónomos andaluces. En estos meses en que todo son gastos sin gota de ingresos para ellos, resulta fundamental y urgente proveerlos de liquidez. No obtenerla podría suponer la desaparición de muchos negocios y además desencadenar nefastos impagos en cadena. Garántia -la Junta es su socio mayoritario- tiene características ideales para acometer esta tarea: es una sociedad sin ánimo de lucro sometida a la inspección del Banco de España, lo que le obliga a aplicar el máximo rigor financiero.

Las pymes y autónomos que desarrollen su principal actividad en Andalucía pueden pedir online el aval de Garántia y, adjuntando correctamente la documentación requerida, en pocos días obtendrán el crédito en alguna de las entidades financieras. Deben ser negocios que fueran viables a diciembre de 2019, sin morosidad, con sus obligaciones legales en regla y que se comprometan a mantener el empleo (sin contar los ERTE). Sólo están excluidos los sectores inmobiliario y del carbón, las pymes sin personal y las que tengan participación pública.

Las operaciones, para atender el 100% de las necesidades de tesorería provocadas por el coronavirus, pueden oscilar entre 12.000 y 50.000 euros, con plazo entre 3 y 5 años y con carencia de hasta 12 meses. El coste será del 3,25%, suma del 1,25% del coste del aval y el 2% del tipo de interés para la entidad financiera. Al inicio se devengará una comisión del 1% y también tendrán que desembolsar un 3% del nominal solicitado para asociarse a Garántia, aunque esta cantidad es recuperable al finalizar el préstamo. En definitiva, estas condiciones son incluso mejores a las que estos colectivos estaban acostumbrados antes de la pandemia.

El volumen de préstamos que esta SGR va a movilizar asciende a 500 millones de euros, lo que va a poder beneficiar a 20.000 pymes y autónomos andaluces si se atiende a un importe medio. Para ello la Junta de Andalucía reforzará la solvencia de esta entidad con hasta 36 millones de euros, que irá desembolsando a medida que se formalicen las operaciones, a razón del 7,2% de cada una de ellas. Simultáneamente, Garántia se verá amparada también por la Compañía Española de Reafianzamiento, Cersa, que para este programa ha decidido elevar su apoyo habitual del 50% al 75%.

Del buen hacer de Garántia dependerá que los recursos públicos que se han comprometido no se pierdan y persistan en la sociedad cuando finalicen los préstamos. A ella le toca analizar y evaluar las solicitudes recibidas, determinar las exigencias de garantías y con total autonomía conceder o denegar los avales. Si actúa con eficacia, rapidez y acierto en sus decisiones podrá conseguir ese reconocimiento tan anhelado como herramienta fundamental dentro de la política económica de la Junta de Andalucía y que este papel ahora coyuntural devenga en permanente.

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La banca: solución y problema

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:35

TRIBUNA EONÓMICA, 3/4/2020

En la pasada crisis financiera se hizo popular la utilización como metáfora del proverbio “se puede llevar el caballo al río, pero no se le puede obligar a beber”. El BCE inundaba de liquidez a la banca, pero ésta no prestaba ante la falta de demanda solvente. Ahora, aprendida la lección, se han hecho las cosas de manera diferente. Se ha vuelto a reclutar a la banca, que es la que dispone de la capilaridad suficiente para aplicarles una respiración financiera a los autónomos y pymes de forma rápida. El BCE vuelve a inundarla de liquidez, ahora remunerada, y le ha relajado los requisitos regulatorios para que pueda prestar con menos condicionamientos. Pero, además, en esta ocasión, su riesgo queda eliminado en un 80% a través de los programas de avales que los gobiernos europeos han puesto en marcha: “Bebe, que el agua está esterilizada”. Con todo, la banca puede pasar de ser parte de la solución a convertirse en el problema.

Sin duda, el plan orquestado permite ganar tiempo hasta que se destape la importancia definitiva de los daños. Pero, aunque soluciona la liquidez de los autónomos y las pymes, no remedia su posible insolvencia. Si la inactividad se alarga, muchas sucumbirán si no se les aplica una ayuda directa. Es aquí donde entra en juego el plan de reconstrucción del tejido productivo que se está negociando en Europa: que despegue un helicóptero monetario que compense, mediante subvenciones a la explotación, en cierta proporción los gastos que sin ingreso alguno las empresas han devengado. Sólo así podrán volver a la normalidad sin arrastrar costes o exceso de endeudamiento.

El volumen de recursos necesarios será enorme si la inactividad se alarga y vendría a añadirse a la importantísima cantidad de dinero que conllevará el gasto sanitario y el producido por el rescate a las personas: muchos estados de la eurozona no podrán soportarlo. El endeudamiento público medio es muy alto, y especialmente elevado en los países, como España e Italia, donde el virus más se está cebando. Resulta fundamental que Europa, con todos los controles y garantías que hagan falta, lo emprenda de forma conjunta. La solidaridad ya bastaría como motivo, pero es que además pueden desatarse problemas adicionales, salpicando también a los países reacios.

Una recesión importante en países de ese tamaño podría poner en dificultades a su banca, y contagiaría a todo el sector europeo bancario. La debilidad extrema de la banca antes ya de que el coronavirus apareciera es factor común a todos los países europeos. El grave problema de rentabilidad que sufren se agudizaría aún más en una recesión -los préstamos antiguos no están avalados- y llevaría a los bancos a problemas de solvencia. El BCE, que ve posible esta insolvencia, publicó hace unos días una nota “obligándolos” a que no repartan dividendos. Vedada la ampliación -las cotizaciones han caído más de un 40% este año-, el beneficio se convierte en la única posibilidad de mejorar los recursos propios. De que ese plan de reconstrucción conjunto se ponga en marcha, y que funcione, depende que cada país no se encuentre con un tejido productivo arrasado y al mismo tiempo teniendo que inyectarle recursos a su banca.

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‘Coronabonos': ¿Somos Europa?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:34

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/3/2020

Nueve países de la Eurozona -entre los que se incluyen España, Italia y Francia- han pedido esta semana que la Eurozona emita bonos de forma conjunta. Incluso le han remitido al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, una carta subrayando la necesidad de este instrumento. Con estos coronabonos -así es como han sido denominados- se conseguiría financiar a largo plazo los gastos que provocan las políticas que se están desarrollando para combatir la pandemia del Covid-19, tanto en la vertiente sanitaria como en la económica. Sin embargo, la propuesta se ha topado con el rechazo radical por parte de otros miembros, principalmente Alemania y los Países Bajos. A la par que escribo estas líneas, está reunido el Consejo Europeo. Hoy, cuando las lean, puede ser -ojalá- que hayan dado el paso.

El caso es que esos países declaran estar decididos a prevenir una nueva crisis de deuda soberana, pero se resisten a esta posibilidad, no ven la necesidad de coronabonos. Están convencidos de que al menos por ahora las medidas que se han tomado son suficientes. Se han revocado las reglas de deuda y de déficits para permitir los gastos sanitarios y los programas de rescate masivos a la economía que se han puesto en marcha. Se ha activado el MEDE para que los diferentes países puedan pedir préstamos en condiciones favorables. Y el Banco Central Europeo se ha comprometido a comprar deuda soberana -programa no mutualizado- por 820 mil millones de euros para cuidar las primas de riesgo, e incluso se plantea un QE infinito si hace falta. Y hay que darles la razón con que con todo eso se está enviando ya un mensaje claro e intenso de estabilidad del euro.

Hasta ahí llegan. En una entrevista al diario alemán Handelsblatt el ministro de economía, Peter Altmaier, declaró que “el debate sobre los coronabonos es un debate fantasma”. Como siempre, los países del Norte siguen viendo con recelo adoptar medidas de mutualización de riesgos. Altmaier señala que lo más importante será fortalecer el desarrollo de una estrategia industrial y fomentar la competitividad internacional de Europa, y teme que con la asunción de riesgos en común algunos países se relajen. En esa entrevista expresamente declaró que “la innovación es más importante que el subsidio”. No le falta razón tampoco en destacar que ser responsable de los riesgos propios es un acicate enorme para espabilarse y emprender reformas.

Pero su postura también está llena de prejuicios y carece de una visión global de lo mucho que nos necesitamos unos a los otros, incluidos ellos. Esta situación excepcional requiere de este gesto de confianza. La Eurozona se está enfrentando a un “shock simétrico externo”, el problema no se deriva de posibles irresponsabilidades y no afecta a ningún país en particular sino a todos ellos. Además, la propuesta ha contado con el apoyo de Christine Lagarde, la presidenta del BCE, y de Ursula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Euopea. No dar paso a los coronabonos no sería ni ético ni estético. Que no olviden que cuando todo esto pase hay que seguir mirándose a la cara : ¿cómo se podría perdonar la soledad sentida en momentos de debilidad extrema?

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Se llama a filas a la banca

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/3/2020

Se combate al virus en el campo sanitario y se combate al mismo tiempo la devastación económica que provocan la medidas necesarias para frenarlo. Y para librar esta guerra económica paralela se ha reclutado a la banca. La llamada a filas la inició el pasado jueves la presidenta del BCE, Christine Lagarde. Les abrió el arsenal para que se armaran de munición de forma barata: podrán disponer de todo el dinero que quieran, y si lo utilizan para prestárselo a las pymes afectadas por el coronavirus, además lo tendrán incentivado. De forma simultánea, la supervisión bancaria les relajó temporalmente los requerimientos regulatorios para dejarles con mayor libertad de movimiento.

Y también la presidenta Lagarde dejó orquestada la guinda imprescindible para que esta infantería que había convocado funcionara: el llamamiento a “una postura fiscal ambiciosa y coordinada”. En un momento en que los bancos no darían a las empresas ni un euro por las caídas en sus facturaciones y por la intensa incertidumbre que nos acompaña, se hacía preciso que desde lo público se sacara pecho y se asumiera el riesgo que esos préstamos llevan incorporado (Nótese esta esencial diferencia con la crisis de 2008). Lo ideal hubiera sido que fuera Europa la que diera el paso, pero incapaz de actuar unida se ha vuelto a decretar que cada palo aguante su vela, y a lo más que ha llegado es a consentir que los déficits puedan dispararse, pero cada país tendrá en el futuro que lidiar con ello de forma aislada.

En esa línea, nuestro presidente ha establecido esta semana el máximo riesgo que está dispuesto a asumir el Estado. Ha ofrecido avalar hasta 100.000 millones de euros los préstamos que conceda nuestro ejército bancario. A los bancos le interesa dar operaciones, es su negocio. Ayudar también es una oportunidad para limpiar su reputación que sigue aún dañada por la crisis financiera pasada. Además son los primeros interesados en que la economía no caiga; su situación es tan delicada que su supervivencia depende en gran medida del éxito de esta campaña que se ha puesto en marcha.

El riesgo público es muy alto. Incluso contando con la entrega y el mejor hacer de estas entidades, parte de esos 100.000 millones en avales se terminarán traduciendo en gasto por los préstamos que terminen fallando. Y la deuda pública se elevará a unos niveles más insostenibles de los que ya viene marcando. El coste del bono español a 10 años ha ido acusando esta posibilidad y se disparó del 0,2% al 1,3% .

El BCE ha salido también al quite de esto. Para evitar nuevos bucles perversos el miércoles noche se comprometió a comprar 750.000 millones más de bonos soberanos. Pero los gobiernos de la eurozona no deberían agarrarse sólo a esta magia financiera desplegada. Deberían actuar, ¡y ya!, para equilibrar la balanza fiscal por impopulares que sean las medidas que tengan que terminar planteando. No sólo eliminando todo gasto prescindible en estos momentos dramáticos sino con el sacrificio de aquellos colectivos con más holgura económica y de aquellos que no viven con angustia la evaporación de sus ingresos. Toca solidaridad para ajustar la economía por estas dos guerras que estamos librando.

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‘Tout le nécessaire’

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/2/2020

Al igual que le pasó a Mario Draghi, a la nueva presidenta del Banco Central Europeo le ha tocado lidiar una situación sumamente complicada al poco de llegar al cargo. Y como hizo él en su día, ella también se ha comprometido expresamente a hacer tout le nécessaire para preservar el euro. Ayer necesitaba trasmitir credibilidad en que sería capaz de hacerlo. Los mercados bursátiles europeos la esperaban con fuertes caídas, y especialmente condicionante para la toma de sus decisiones era la tremenda caída de la banca: en el último mes el índice Eurostoxx Banks había bajado un 38%.

Así, la presión sobre ella era máxima. Se esperaba que calmara el pánico que existe en el mercado a que se desencadene una recesión. Además, tenía que responder -partiendo de un margen operativo mucho más escaso- a los movimientos que habían ya dado los otros bancos centrales. La Reserva Federal intervino la semana pasada de urgencia bajando un 0,5% los tipos de interés y se espera que vuelva a actuar la próxima semana. También habían movido ficha el Banco de Inglaterra, el de Japón o el de Australia.

Su actuación se centró en tres nuevos frentes: se incrementarán las compras de activos por 120.000 millones de euros hasta final del año, asegurando una fuerte contribución de los programas de compra del sector privado; se realizarán temporalmente operaciones de refinanciación adicionales a más largo plazo para proporcionar liquidez inmediata al sistema financiero; y se lanzarán unas nuevas rondas de préstamos baratos -hasta un coste de -0,75%- para que “respalden los préstamos bancarios a los más afectados por la propagación del coronavirus, en particular las pequeñas y medianas empresas”. De forma paralela, la supervisión bancaria del BCE relajó temporalmente los requerimientos de capital y operativos en respuesta al coronavirus: mantiene en pie a los que tienen que, para activar la economía real, canalizar la política monetaria.

Pero este paquete de medidas a los mercados financieros les supo a poco. Esperaban cuanto menos que también bajara la tasa de depósito del -0.5% al -0.6%. Los índices bursátiles de la Eurozona respondieron ahondando en sus bajadas. Quizá se equivocó aunque también hay que considerar que el final de la sesión estuvo acompañado del dramático inicio de la sesión en Wall Street. El Eurostoxx cerró con caídas superiores al 12%. Nuestro Íbex 35, del 14%, la mayor de su historia.

No sabremos si los mercados se hubieran calmado en ese caso, porque el mercado americano también reaccionó a la baja y la intervención de la FED fue contundente. De fondo a lo que ocurría ayer estaba la guerra del petróleo, que amenaza con destruir el sector del gas de EEUU, la enorme tensión en el mercado de bonos americanos y el descomunal volumen mundial de deuda. La situación es sumamente grave. Ayer Lagarde volvió a reclamar “una postura fiscal ambiciosa y coordinada”. Sabe que por mucho que se haga desde la política monetaria no es en absoluto suficiente. El tout le nécessaire requiere de la acción conjunta de los gobiernos y bancos centrales occidentales. De ello depende que entremos o no en un escenario igual o peor que el de 2008.

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Ir más allá del dopaje

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:28

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/3/2020

Vaya sorpresa nos ha dado la Reserva Federal este martes. En la reunión -telefónica- que acababan de tener los del G-7 y los gobernadores de los bancos centrales habían acordado utilizar todas las herramientas apropiadas para lograr un crecimiento fuerte y sostenible. Pero de ahí a que Jerome Powell de forma inmediata tomara la decisión de recortar los tipos de interés había un trecho. Y dos aspectos le dan aún mayor trascendencia: primero, que el recorte haya sido de 50 puntos básicos, porque no se habían reducido tanto de golpe desde el inicio de la crisis financiera; y segundo, que no haya esperado un par de semanas para tomarla, cuando la reunión periódica habitual estaba programada para el 18 de marzo.

Al día siguiente conocimos la última encuesta nacional de la Reserva Federal sobre las condiciones comerciales -el libro beige-, donde los gobernadores de los distintos Estados ponían de manifiesto cómo el coronavirus ha comenzado a impactar en el turismo y a interrumpir las cadenas de fabricación en EEUU. Pero no sólo está pasando allí, el rosario de empresas afectadas por todas partes no acaba. La OCDE también había manifestado días antes que la depresión es claramente de naturaleza global, con China en el epicentro. “La economía global se ha vuelto sustancialmente más interconectada”, dijo, recordando que en 2002, la economía de China era igual al 6% de la economía mundial, y en 2019, del 17%.

Además, al igual que el médico mira el estado de salud previo al contagio del paciente, sabiendo que es decisivo para su evolución, la respuesta pública ha de mirarse a la luz de las patologías que sufría ya la economía antes del coronavirus. Y no hay que olvidar que estaba planteada una guerra económica entre EEUU y China, aunque estuviera calmada por una tregua; y que las economías no se habían recuperado limpiamente de la crisis, sino gracias a un fuerte dopaje por más de una década, y que aún así estaban volviendo a dar muestras de debilidad, intensa además en el caso europeo.

Con este panorama y con la incertidumbre sobre la duración que tendrá el brote, no sólo Powell, sino numerosos bancos centrales se han lanzado a inyectar nuevos chutazos. China o Australia ya habían tomado medidas monetarias antes. Luego le han seguido otros bancos centrales, como el Banco de Canadá o Inglaterra. Y la presión para que el BCE también actúe la próxima semana es máxima. Que lo hagan todos a la vez es algo que no se veía desde 2008.

Pero la eficacia de estos estímulos, dada la naturaleza de los shocks que está provocando el virus, puede ser escasa. Por ello, paralelamente también se están poniendo en marcha incentivos fiscales. Lo ha hecho el gobierno chino, están tramitándose en el Congreso americano… En Europa se ha decidido flexibilizar el déficit siempre que sea por paliar el brote pero se hace esencial tomar más medidas específicas. Así, Luis Garicano, de Ciudadanos, ha propuesto una batería de medidas urgentes de carácter temporal en el Parlamento Europeo en apoyo a autónomos y pymes afectadas. Aquí, en España y en Andalucía, se debería reaccionar también en este sentido para combatir desde ya el impacto económico de este virus.

 

‘Coronafinanzas’

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:26

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/2/2020

Las cifras de contagiados y de muertos por el coronavirus no son tan dramáticas. Sólo hay que compararlas con las de la gripe o incluso con las de la simple contaminación del aire. Pero, sin embargo, el pánico se ha desatado esta semana y las Bolsas han afrontado la peor semana desde 2011. Así somos; es la condición humana, tan poco racionales en situaciones como ésta. Ya lo dijo Montaigne: “no hay cosa a la que se tenga que tener más miedo que al mismo miedo”. El perjuicio económico que se está produciendo está siendo enorme. Parálisis mundial de personas y también parón global en las cadenas de suministros, por lo que no sólo están sufriendo las compañías aéreas, de viajes, las empresas hoteleras o del lujo sino las de prácticamente todos los sectores. Lo peor es con la debilidad con la que nos coge en Europa, porque, al igual que con los enfermos, el virus se cebará con las economías más vulnerables.

Como en China, que también está pasando un momento de desaceleración económica. Por eso la reacción del Banco Central Chino ha sido inmediata, inyectando liquidez al mercado -equivalente a unos 170.000 millones de dólares- , bajando los tipos de interés y con bastante probabilidad terminará toqueteando los tipos de cambio. Simultáneamente, desde el gobierno chino se anima a las empresas a que emitan coronabonos, esto es, bonos para controlar el virus, con los que las empresas deben comprometerse a gastar al menos el 10% en combatirlo. A cambio, será una deuda muy barata: los bancos estatales los suscribirán sin echar muchas cuentas de precios y riesgos.

En Europa, mientras el coronavirus estaba tan lejos, los efectos aún siendo importantes no comprometían seriamente al crecimiento. Pero ahora que lo tenemos encima, y que está llevando a Italia a bajar ese pequeño escalón que le separaba de la recesión, los mercados reaccionan. El miedo lleva a los inversores a refugiarse en activos seguros: liquidez, oro y bonos estatales de EEUU -con su bono a diez años tocando mínimos el martes- y de Alemania, que ha colocado esta semana bonos a 30 años a una tasa de interés medio del 0,07%.

El BCE estará nuevamente sometido a presión para que actúe en la próxima reunión del 12 de marzo. De hecho, el sector bancario ha acusado esta semana -con fuertes descensos en sus cotizaciones- esta posibilidad de una nueva bajada de tipos en la facilidad de depósito. Y sí, podrán seguir intensificando los instrumentos de política monetaria -los clásicos y los no convencionales- que actualmente se están utilizando. Pero todos ellos están ya desgastados -poco eficaces- de tanto usarse.

Por eso, a saber qué otras medidas financieras pueden llegar a implantarse si el virus avanza y el miedo se desmanda. Claire Jones, desde Financial Times, nos destaca que en medio de los cierres de fronteras y las cancelaciones de vuelos, llega un viaje que, de no ser por el coronavirus, nunca habría sucedido: el helicóptero de dinero. Ha pasado en Hong Kong, donde todos los residentes permanentes recibirán 1.200 dólares; en Macao, que ofrecerá a los residentes vales de compras; y en Singapur, que pagará entre 100 y 300 dólares a cada persona. ¡Lo mismo lo vemos por Europa!

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