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¿En qué puede afectar a mi préstamo el nuevo Euríbor?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:24

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/2/2020

Aunque ha tardado más de lo esperado, en 2020 ya se aplicará el nuevo Euríbor. El Instituto Europeo de Mercados Monetarios (EMMI), encargado de su gestión, se ha llevado varios años trabajando para cambiar su método de cálculo. La reforma se inició tras los escándalos que saltaron al descubrirse que numerosas entidades financieras habían manipulado este indicador, y por los que se les terminó imponiendo multas millonarias. Y es que no es poca cosa que este índice esté bien determinado: el valor de los instrumentos y los contratos financieros que lo utilizan como referencia en la eurozona superan los 500.000 millones de euros, y de ellos más de 1.000 millones son hipotecas minoristas. ¿Cómo se ven ahora afectados por este cambio?

El procedimiento que se diseñó y que ha estado funcionando desde el comienzo del euro pecaba de ingenuo y por ello el objetivo que se ha buscado con la reforma es que el riesgo de manipulación sea mínimo. Se ha pasado de una determinación basada en cotizaciones -el tipo de interés al que los bancos se prestan el dinero entre sí a distintos plazos en el mercado interbancario o, en su defecto, al que lo hubieran hecho de haber realizado esas transacciones- a una metodología híbrida que utiliza primordialmente operaciones reales proporcionadas por un panel de bancos.

Los titulares de hipotecas y préstamos a tipo variable no tienen que estar preocupados porque se aplique la nueva forma de cálculo. Hay que tener claro que no se les va a cambiar a una nueva referencia, sino que simplemente se ha actualizado y mejorado la forma en la que se establece. Según se ha afirmado desde el EMMI, las simulaciones que han ido realizando de forma simultánea no han arrojado diferencias significativas con el anterior método.

Seguirá oscilando como siempre, eso sí, al estar muy condicionado por las decisiones de política monetaria. A lo largo de su historia el Euríbor a doce meses se ha movido entre el máximo del 5,39%, que marcó en julio de 2008, y el mínimo del -0,36% de agosto de 2019. En octubre el tiering que puso en marcha el BCE implica una leve subida de los tipos de interés; se estableció desde entonces dos niveles para el cobro al exceso de liquidez de la banca, que dejó así de pagar un 0,5% por 800.000 millones de euros. El reflejo de esto en el Euríbor ha sido una suave subida desde ese mínimo de agosto hasta los niveles actuales, el -0,29%.

No obstante, sigue estando en terreno negativo. Por esta época se cumplen cuatro años -concretamente fue el 5 de febrero- en los que se mantiene esta anormalidad financiera. Y nada hace suponer que vaya a regresar a corto plazo a cotas positivas. Las tendencias apuntan a que seguirá en negativo al menos hasta 2022, porque el BCE en su última intervención garantizó que no iba a subir los tipos de interés oficiales hasta esa fecha e incluso aseguró que todavía podría bajarlos más en el futuro si fuere necesario. De hecho, las cotizaciones de las permutas financieras -swaps sobre el Euríbor- lo sitúan en negativo a mucho más largo plazo. Y los bajísimos tipos hipotecarios fijos que la banca está ofertando también lo está señalando.

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“Escuchad, alemanes”

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:22

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/2/2020

Que nos quede claro a todos los alemanes: las críticas que se hacen desde nuestro país, Alemania, al Banco Central Europeo no están en absoluto justificadas”. Algo así es lo que vino a decirles este lunes a todos sus compatriotas Isabel Schnabel, ahora miembro del Comité Ejecutivo del BCE. Y no sólo lo dijo sino que lo argumentó en un discurso, Narratives about the ECB’s monetary policy – reality or fiction?, en Karlsruhe, ante la Sociedad Alemana de Investigación Jurídica.

Y es que Christine Lagarde, la nueva presidenta del BCE, la ha puesto en el cargo -entre otras cosas- para esto, para lavar la imagen del banco central en Alemania. Quiere rebajar la excesiva crítica que realizan los alemanes porque pone en peligro la confianza en la política monetaria única y socava la cohesión europea. Schnabel recuerda cómo entre otras lindezas se le ha llamado “conde Draghila” a Mario Draghi , el ex presidente, por “chupar” las cuentas de ahorro alemanas o cómo algunos políticos se han referido a él como “el sepulturero de los ahorradores alemanes”.

Este perjuicio a los ahorradores es lo que ocupa en gran medida su discurso, y también una reciente entrevista que ha concedido al diario Die Welt. Según ella es uno de los bulos que han extendido los críticos con la política monetaria expansiva de estos últimos años. Pero Schnabel se equivoca intentando derribar esto, porque es una realidad irrefutable. De hecho, sólo es capaz acudir a un argumento que poco consuelo puede proporcionar a los ahorradores: que hay que atender a las tasas reales de interés (tasas nominales menos la inflación) y que visto así, en comparación con otras épocas, no es tanto lo que pierden.

Aunque eso sí, Schnabel señala que Alemania no se compone sólo de ahorradores, sino también de prestatarios, contribuyentes, propietarios y, por supuesto, trabajadores. Y todos ellos han salido ganando. Schnabel proporciona datos que pueden abrirle los ojos a muchos alemanes: un ahorrador medio puede haber recibido unos 500 euros por año menos de intereses. Sin embargo, un prestatario medio ha pagado casi 2.000 euros menos de intereses. Además, el gobierno alemán ha ahorrado más de 40.000 de euros en intereses desde 2017, con los que podrían haber desarrollado políticas compensatorias.

Pero, en todo caso, las cuestiones de dinero nunca son en términos absolutos. Y los alemanes podrán seguir aduciendo que en relación a otros países con mayor endeudamiento -público y privado- ellos salen ganando menos. Por eso mejor camino que insistir en esas cuentas cicateras y miopes es hacerles ver que las medidas del BCE han respaldado la inversión, el crecimiento y la creación de empleo en toda la zona del euro, y especialmente en la economía alemana. Y que a ellos les ha ido bien en gran medida porque el resto se ha recuperado.

Para conseguir una mayor cohesión en la Eurozona se hacen necesarias grandes dosis de pedagogía para que todos los europeos comprendan que les va mejor juntos que por separado. Cuestión aparte, a la vista de la situación, además debería abrirse con urgencia un gran debate: ¿qué clase de sistema económico es éste que perjudica al que ahorra y premia al endeudado?

¿Cómo favorecer la inversión empresarial?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:20

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/2/2020

El miércoles el Banco de España publicó un artículo (Determinants of investment in tangible and intangible fixed assets) donde se analiza qué características presentan las empresas que realizan inversiones en activos fijos tangibles e intangibles (software, bases de datos, I+D, patentes y mejoras en las habilidades de los empleados, en la estructura organizativa o en desarrollar la reputación de la marca). Conocer qué determina la inversión resulta de la mayor importancia por cuanto que, como subrayan los autores, la inversión empresarial es uno de los principales motores de la actividad económica al mismo tiempo que un factor condicionante clave de la productividad empresarial y, por lo tanto, del crecimiento futuro.

Según los análisis estadísticos que realizan, los autores encuentran que mientras más joven y rentable es la empresa más tiende a invertir en todo tipo de activos. También el tamaño es muy relevante: las empresas más grandes invierten más en activos intangibles, pero menos en tangibles. Sin embargo, la probabilidad de invertir en todo tipo de activos, incluidos los activos tangibles, aumenta con el tamaño. Esto significa que el tamaño es una barrera para la inversión, especialmente en el caso de los intangibles.

Si esto es así, en Andalucía, donde la mayoría de las empresas son muy pequeñas (de las 545.369 empresas andaluzas, el 95,7% pueden catalogarse como microempresas), poca inversión puede esperarse que hagan. La correlación entre tamaño e inversión que certifica este análisis, y no es el primero que lo hace, marca claramente la conveniencia de abordar políticas públicas destinadas a aumentar el tamaño empresarial, porque de forma paralela se conseguiría también promover la inversión.

Por otra parte, y en cuanto a la estructura financiera, los autores detectan que hay una relación cóncava entre endeudamiento e inversión, esto es, que a través del endeudamiento la empresa invierte más, pero sólo hasta un determinado punto. A partir de un nivel óptimo de apalancamiento en el que se maximiza la inversión, mayores aumentos en el apalancamiento la disminuyen. Y al analizar las fuentes de financiación que utilizan, encuentran que los flujos de caja son la fuente de financiación más importante para intangibles, mientras que la deuda es la fuente de financiación más importante para los activos materiales. La emisión de acciones se usa para financiar ambos tipos de activos.

Aunque este estudio se limita a señalar que la financiación de intangibles no se financia con deuda, otros estudios explican la causa: las mayores reticencias que pone la banca a financiar este activos, especialmente a las empresas de menor tamaño. Es por ello, que siendo los intangibles cada vez de mayor importancia en la economía, también desde los poderes públicos de Andalucía se debería favorecer el desarrollo de otras alternativas financieras: facilitar la salida de las empresas al Mercado Alternativo Bursátil (MAB), promover el desarrollo de las redes de Business Angels y el desarrollo del Capital Riesgo en nuestra región, fomentar el crowdfunding y apoyar a Garántia, la Sociedad de Garantía Recíproca andaluza.

¿Cuánto daño puede hacer ese virus del demonio?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:18

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/1/2020

Como “el virus del demonio” se ha referido el presidente de China, Xi Jinping, al coronavirus que ha causado la muerte ya a 170 personas, mantiene cerca de 8.000 contagiados y se ha extendido por 20 países. Él confía en ganarle la batalla. El presidente de un país que le disputa la hegemonía mundial a EEUU no puede fallar en esto. Así que no le ha temblado el pulso y ha cerrado ciudades, paralizando el transporte terrestre, ferroviario y aéreo desde ellas, ha prohibido a su población salir de China, ha ordenado que se construyan hospitales en tiempo récord, ha prolongado las fiestas… Su poder autoritario le permite tomar rápido tamañas decisiones.

La situación supone un caso práctico real de lo intensamente conectada que está la economía mundial hoy en día y lo esencial de China en ella y ha querido el destino que coincida con la firma del acuerdo comercial con EEUU. Las noticias son espectaculares por la inmensidad de empresas implicadas. Numerosas líneas áreas, como Iberia o British Airways, suspenden sus vuelos a China y los hoteles facilitan que se cancelen las reservas; una larga lista de multinacionales (Starbucks, McDonalds, Disney, Ikea, Microsoft, Amazon,…) cierra establecimientos, ordena a su personal trabajar desde casa, suspende los viajes de sus directivos o los pone en cuarentena si han vuelto de China recientemente. Por su parte, el sector del lujo se resiente, con el cierre de tiendas allí y con las ventas mermadas en las que los chinos, en sus viajes al extranjero, gastan copiosamente.

No son buenas noticias para una economía mundial que se desacelera, la misma China ha crecido el último año al 6%, el menor dato en décadas. La tregua comercial y Alemania consiguiendo evitar la recesión habían dado tranquilidad, pero ahora se presenta este virus. Su impacto dependerá de su gravedad, de cuán infeccioso sea y de los meses de permanencia. De momento, la cuarentena se alarga y se amplía a otras ciudades. El golpe en el sudeste asiático, incluida Australia, será alto por su interconectividad y la importancia del turismo chino en sus PIB. Pero también el resto del mundo se ve afectado. Wuhan -el foco del virus- es un importante centro automotriz en el que tienen plantas, entre otros, Nissan, Renault o General Motors y en el que se fabrican multitud de piezas necesarias para fabricar coches por todo el mundo. Y cerquita está Foxconn, donde se ensamblan la mitad de los iphones que vende Appel.

Los mercados de valores occidentales, anestesiados por la política monetaria y en medio de un mar de resultados, no están reaccionando de forma violenta. Esperan a ver si el episodio se prolonga y agrava. En el recuerdo el síndrome respiratorio severo SARS de 2003, que afectó a 8.000 personas, mató a unas 800 y tardó medio año en evaporarse. Entonces el perjuicio económico fue importante mientras sucedía, pero posteriormente la economía consiguió recuperar gran parte. El coste estimado fue de 30.000 a 100.000 millones de dólares. A favor esta vez juega que Xi Jinping está siendo drástico y (al menos parece) transparente. En contra, lo demoníaco del virus, que contagia antes de que se manifieste.

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Christine Lagarde: se admiten ideas

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/1/2020

Todo apuntaba a que en la sesión de ayer del Consejo de Gobierno del BCE, liderado por Christine Lagarde, no se iba a mover nada. Aunque hay signos de estabilización en la economía de la Eurozona, persiste la debilidad del sector manufacturero. En cuanto a los riesgos, algunos -guerra EEUU y China o Brexit- están sólo anestesiados y ahora además puede abrirse un nuevo foco de tensión entre EEUU y la Unión Europea. Y respecto a la inflación, aunque las expectativas permanecen en niveles bajos, recientemente se han estabilizado o se han incrementado ligeramente. No obstante, para que pudiera darse un giro en la política monetaria el repunte de la economía debería ser claro y significativo, así que han decidido que a esperar y ver, dejando simplemente que prosiga el plan que dejó Draghi antes de marcharse.

Mientras, están dispuestos a replanteárselo todo. El equipo actual es más inexperto, con muchos recién llegados o con poco tiempo aún en los cargos, y quizás por eso es más osado. Ayer dieron inicio a la revisión estratégica de la política monetaria que ya Lagarde anunciara en su primera intervención en diciembre. La presidenta entonces manifestó que “cada piedra debe ser removida, cada opción tendrá que ser examinada”. Ayer lo confirmó: “Vamos a revisar una gran cantidad de problemas…”.

Pretenden un análisis exhaustivo y con apertura de miras. Desde el principio de su mandato ha pedido ayuda, quiere escuchar para que el BCE “no sólo esté predicando el evangelio que creemos que dominamos”. Y ha apelado a todos: políticos, académicos, legisladores, economistas y a la gente corriente. Quiere ideas fundamentalmente respecto al objetivo de la entidad. En 2003 se definió el objetivo de inflación “por debajo pero cerca del 2%”, pero tras los cambios radicales experimentados en la economía global procede sopesarlo. También requiere de ideas que ayuden a comprender la inflación o a repensar la forma de medirla; ideas sobre los instrumentos para cuantificar la marcha de la economía o para desarrollar la política monetaria; ideas sobre los efectos secundarios de los tipos negativos o sobre si debe priorizarse la estabilidad financiera… Si se desmenuzaran los epígrafes a revisar, la lista sería larga.

Y un asunto destaca por conflictivo. Lagarde lo anticipó ayer: “Sobre el cambio climático, sé que tendremos un debate sobre si debería ser el papel de los bancos centrales. También soy consciente del peligro de no hacer nada”. Habrá que ir viendo pero en principio hacer del cambio climático un objetivo de política monetaria parece un tremendo error, una novelería insensata. La independencia del banco central exige que no se interfiera en su acción pero también actúa en sentido contrario, y este es un tema político claro. Además, ¿cómo sería esa política monetaria verde?, ¿no sería un impuesto encubierto al carbono si se diera preferencia en las compras a los bonos verdes?, ¿penalizaría sin comprar sus bonos soberanos a países menos vinculados al cambio climático?; y si dejara de comprar activos, ¿cómo se abordaría el objetivo?… El proceso de revisión concluirá antes del final de 2020, así que nos vamos a pasar todo el año pensando.

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La propuesta de Garicano para la Unión Bancaria

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:14

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/1/2020

El martes, Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, explicó cómo la solvencia de la banca y la solvencia del Estado están íntimamente relacionadas: el riesgo bancario y el riesgo soberano mantienen un vínculo recíproco y se retroalimentan: si los bancos van mal, arrastran a su Estado, que se ve obligado a apoyarlos deteriorando su propia solvencia; si el país va mal, sus bonos soberanos bajan de valor, perjudicando los balances bancarios llenitos de ellos y elevando así sus necesidades de recapitalización; y vuelta al círculo. Delgado lo explicaba en el Club Diálogos para la Democracia, disertando sobre La Unión Bancaria Europea, la receta que tras la crisis se prescribió contra ese problema. Pero le faltó a la subgobernadora ahondar en cómo está este debate actualmente.

La UBE no pretende cambiar las relaciones banca-Estado, no cuestiona en absoluto los fundamentos del sistema bancario (¡ay, si esto se removiera no haría falta la UBE!), sólo pretende que ese vínculo perverso se desarrolle a nivel europeo, para que sea más difícil que se desencadene y porque además sólo así resulta igual un euro depositado en cualquier banco. Ya desde Europa se supervisa a los bancos y se decide qué hacer si quiebra alguno (¡esto daría mucho para hablar!). Falta acordar que será el contribuyente europeo el que pondrá el dinero si finalmente hay que rescatarlo, sea éste del país que sea. O sea, que el MEDE respalde al fondo de resolución y establecer un fondo de garantía de depósitos global con el apoyo implícito de la Eurozona.

Alemania e Italia -con sus sistemas bancarios muy debilitados- son los que están más enzarzados en el conflicto. Alemania parece dispuesta a avanzar un “poco” en la mutualización -un reaseguro europeo- si se avanza un “mucho” en la disminución del riesgo bancario exige que los bonos soberanos ponderen adecuadamente en el cálculo de capital (actualmente ponderan todos al 0%, ya sea AAA, como el alemán, o BBB, como el italiano) y que se limite la concentración que puede tener un banco en bonos de su país.

Por su parte, Italia, con una deuda del 134% del PIB, sólo está dispuesta a quedarse sin la posibilidad actual de llamar a sus bancos para que les financien los déficits si la mutualización es plena.

La propuesta de Luis Garicano (Cs) en el Parlamento europeo persigue disolver este enconamiento. Sugiere que sea una cartera diversificada con todos los bonos de los gobiernos de la Eurozona la que pondere al 0% en el cálculo del capital bancario. Así, todos los bancos de la Eurozona estarían incentivados para mantener bonos de todos los gobiernos, desalentando la acumulación de los del propio país. Esta solución, que habrá que explorar y desarrollar con más detalle, al menos podría contar con una mayor aceptación política que la rechazada iniciativa de los eurobonos. ¡Bienvenidas todas las proposiciones imaginativas que puedan desbloquear el tema! La integración europea se inició y progresó a instancias económicas, y con la UBE terminada la Eurozona quedaría completamente amalgamada por su banca. Se agradece que sea un político español el que se adentre en las altas finanzas.

¿Somos tontos o listos con nuestros ahorros?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 10/10/2020

Nada menos que 842.000 millones de euros mantenemos las familias españolas en cuentas corrientes y depósitos bancarios. El Banco de España publicó hace unos días datos estadísticos sobre este concepto. En estos dos últimos años la tendencia ha sido claramente al alza. Y el caso es que esta evolución es algo sorprendente porque su retribución no ha dejado de descender en ese mismo periodo. Queda lejos el tiempo en el que por el dinero aparcado en la banca se podía obtener cierta rentabilidad; en la actualidad no sólo no renta nada sino que incluso es posible que los bancos puedan terminar cobrando.

Si atendemos a los datos de Inverco, también puede observarse cómo en el primer semestre de 2019 hemos apostado más por ahorrar en este producto financiero: los flujos financieros de las familias han incrementado las posiciones de depósitos bancarios (31.921 millones) y productos de seguro (19.043 millones) y fondos de pensiones (745 millones), en detrimento de inversiones con mayor riesgo: 2.508 millones de retirada de los fondos de inversión y 5.983 millones menos de inversiones directas en renta fija y acciones.

Esto además sucede en un periodo en el que de los 132.635 millones de ahorro financiero total de los hogares españoles, dos de cada tres euros realmente proceden de la revalorización de los activos que ya poseían, derivado del buen comportamiento de los mercados en ese periodo. Esto es, nos hemos girado algo más a los depósitos al tiempo que otras alternativas subían de forma significativa su rentabilidad. La explicación reside tanto en una reacción por las importantes rentabilidades negativas de los mercados en 2018 como a que hemos estado sometidos a multitud de noticias económicas adversas que ensombrecen el horizonte.

Pero, no obstante a este repunte de los depósitos, comparándonos con las familias europeas el porcentaje que les dedicamos de nuestro ahorro financiero no es tan extraño. La media europea es sólo del 30% (la nuestra, el 39,9%) pero sobre todo por culpa de algunos países concretos, como Suecia o Dinamarca, que tiran de ella fuertemente a la baja. Alemania, por ejemplo, tiene un nivel de depósitos exactamente igual al nuestro y nos superan ampliamente Portugal y Austria.

En lo que realmente nos diferenciamos de los europeos es en el porcentaje que dedicamos a los fondos de pensiones y seguros. Aquí puntuamos más que fatal. Para ellos es la forma de resguardarse para la vejez; los españoles, sin embargo, no confiamos en los mercados e intermediarios para nuestro mañana, lo que queremos es nuestra primera e incluso nuestra segunda vivienda pagada: estamos encantados con vivir en nuestro país hasta la muerte (¡y a ellos también les encantaría, sólo hay que ver a qué ritmo están comprando nuestras casas!). El sobrante de ahorro es lo que dedicamos a productos financieros. Y sí, tendremos muchos depósitos pero cuando nos ponemos a invertir nos ponemos: el porcentaje que destinamos a las alternativas de más riesgo -fondos de inversión, renta fija y acciones cotizadas- es mayor que en la mayoría de los países: 21,3% frente al 18,8% alemán, el 11,3% francés o el 14,7% italiano.

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Los límites al programa PSOE-Unidas Podemos

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:10

TRIBUNA, 3/1/2020

los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, firmaron el pasado martes en el Congreso de los Diputados el documento Coalición progresista. Un nuevo acuerdo para España, donde presentan las líneas maestras que presidirán su gobierno. Un gobierno que incorporará dos novedades: será, desde que se reinició la democracia, el primero de coalición y el primero con comunistas dentro. Declaran que es un programa con “acento social”, aunque millones de españoles lo perciben más bien con “aliento fatal”: más gastos, más impuestos y más intervención del Estado. Nada raro, justo lo que corresponde a un equipo de izquierda y ultraizquierda. No obstante, son solo palabras, no hay una sola cifra cuantificando. Y se encontrarán con límites cuando intenten materializarlo.

Primero, desde el Partido Nacionalista Vasco. Estos piensan sacar buen jugo a cambio de sus votos: mayores transferencias para completar su autonomía, modificaciones legales para que se reconozcan las identidades territoriales y que se abra la posibilidad de tener selecciones deportivas propias. Pero al igual -o también cabría decir, al contrario- que el de Cantabria ha declarado que el AVE no merece la ruptura de España, los del PNV no van a consentir que mientras se avance en la independencia estos de izquierdas le arruinen el país yendo en contra de su empresariado. La CEOE y Cepyme ya han declarado que medidas como la derogación de la reforma laboral y las importantes subidas del salario mínimo “impactarán de forma muy negativa en la creación de empleo, en el futuro de las empresas y desincentivarán cualquier posibilidad de inversión en España”.

Segundo, se toparán con Europa. No le arriendo las ganancias a la que volverá a ser ministra de economía, Nadia Calviño, cuando tenga que plasmar estas medidas en unos presupuestos. Le tocará pelear con la Comisión Europea que escudriñará el montante de los gastos propuestos (¡quién puede estar en contra de muchos de ellos!) y la suficiencia y veracidad de los ingresos -con las subidas de impuestos propuestas- para compensarlos, ante un panorama además de crecimiento económico escaso. Los objetivos de déficit hay que cumplirlo sí o sí y ya hemos visto cómo han tenido que sujetarse otros gobiernos, como el de Grecia o Italia, en el pasado reciente. Claro que también PSOE y Unidas Podemos pueden incumplir su programa y redefinir a los “ricos”.

Tercero, la comunidad inversora internacional estará vigilante a todo. Aunque la inclinación natural de estas formaciones políticas sería endeudarse y endeudarse, y más porque los intereses -dopados por el BCE- están muy bajos, Europa no va a consentir que la deuda pública/PIB suba del actual 97%. Pero los inversores no sólo valoran esta deuda explícita, afinan más en su análisis que lo que arroja simplemente ese ratio: atienden a todos los compromisos que está asumiendo el Estado: la sensible prima de riesgo lo va reflejando. Las propuestas sobre las pensiones y la renta mínima suponen dejar cautiva una mayor parte de la recaudación tributaria futura, aunque parece que, de momento, los inversores confían en que los límites harán que las cosas no se desmanden.

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Recapitulando 2019

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/12/2019

Termina el año y es tiempo de echar la vista atrás y recapitular sobre los acontecimientos económicos que lo han ocupado. A nivel internacional, dos revoluciones que venían amagando desde hace años se han puesto ya a las claras sobre la mesa. La primera es la guerra comercial y tecnológica entre EEUU y China por el control mundial y por situar sus monedas como la divisa de reserva. Y precisamente esta batalla monetaria además se libra digitalmente, la segunda revolución en marcha. En 2019 muchos países han tomado conciencia de la necesidad de defender su soberanía monetaria frente a las amenazas de monedas privadas, como Libra, la provocativa propuesta de Facebook y han iniciado el camino hacia la emisión de dinero digital soberano (CBDC). Para China, además, emitir yuanes digitales significa un paso más en su plan de internacionalizarlo y plantarle así cara al dólar como moneda de referencia.

De momento, la frágil tregua que se han dado está evitando que la economía mundial caiga en una recesión y que colapsen los mercados bursátiles. Europa, inmersa en este conflicto y en gran parte a causa de él, está sufriendo una ralentización económica y esto obligó a Mario Draghi a volver a intensificar este año los estímulos monetarios. Christine Lagarde, su sucesora, ha prometido innovar la agotada política monetaria actual y ha pedido un mayor esfuerzo fiscal paralelo. Además, este escenario de bajo crecimiento y persistencia de tipos negativos ahonda la debilidad de la banca europea, sometida a la intensa competencia de las fintech y bigtech que quieren llevarse al menos una parte de la cadena de valor bancaria. Si añadimos el Brexit a la ralentización económica y a la reconversión bancaria, la Eurozona tiene un difícil panorama por delante del que sólo con más integración podrá salir airosa.

Por su parte, España, reconcentrada en el problema de Cataluña, ha permanecido en gran medida ajena a esas cuestiones trascendentales que se están desarrollando en el mundo y no se la oye participar en la necesaria redefinición de Europa. En las múltiples campañas electorales todos estos temas han brillado por su ausencia: una política provinciana y mediocre. Pero es que tampoco se abordan los importantísimos debates financieros internos pendientes, como la sostenibilidad de la deuda o el futuro de las pensiones. Refugiados en el presente, se repite como un mantra que crecemos más que la media en Europa, haciendo oídos sordos a las dificultades que nos acechan.

Y finalmente, en Andalucía, el escepticismo se va apoderando sobre los aires de cambio con los que empezábamos este año. Se echa en falta una acción más enérgica en la reforma de la administración: no se atreven a meterle el diente. Pero lo peor es la poca altura que han mostrado en el manejo de temas como los ERE o con la prohibición por la ley vigente de salir a los mercados a financiarse. El temor es que se avance en ese sentido y lo que sí sigue soplando de ese aire nuevo, como lo que se dice y se hace desde la Consejería de Economía, que es modernidad y futuro para Andalucía, quede expulsado a la estratosfera, y acaparen todo el espacio los intereses partidistas y no los de nuestra tierra.

Suspenso en deuda

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:49

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/12/2019

El martes el Banco de España publicó la cifra mensual de deuda de las administraciones públicas españolas. Analizando este dato y el mismo en periodos anteriores se constata que, obviando las oscilaciones mensuales, en valores absolutos la deuda ha experimentado un aumento continuado desde 2008. A finales de octubre de 2019 el saldo se situó en 1,194 billones de euros. Comparada con un año atrás la deuda es ahora un 2,7% mayor, ha crecido en 31.727 millones de euros.

Ahora bien, mirando este dato en términos relativos -en relación al PIB- la interpretación es diferente. El sólido crecimiento de nuestra economía en estos últimos años ha conseguido que, a pesar del aumento del numerador, la ratio deuda/PIB haya ido descendido desde el máximo del 100,7% que marcó en 2014 hasta el 97,8% del tercer trimestre de 2019, 1,1% menos que en el mismo trimestre de 2018. Así, esta ratio lleva cinco años contenida, sólo con ligeros descensos.

Pero esto no es suficiente. La Comisión Europea, también el martes, publicó el Informe de Mecanismo de Alerta, en el que con once indicadores evalúa a los países europeos. España suspende -además de en paro, deuda empresarial e inversión- en deuda pública. Nos recuerda que estamos muy lejos del 60%, el máximo permitido. Su reprimenda podría expresarse de esta manera: la deuda no deja de subir porque no se mejoran las cuentas públicas, los déficits fiscales son “persistentes”, el numerador sube prácticamente al ritmo del denominador, y así incluso con los niveles de crecimiento tan importantes la ratio baja tan poco.

No sólo lo advierte Europa, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, Airef, ya lo señaló en el informe de noviembre. Viene a decir que se crece, pero que los mayores ingresos que se derivan de ese crecimiento se gastan totalmente e incluso se siguen sobrepasando. Y eso encima de que se está contando con la ventaja de que uno de los epígrafes importantes de gasto, el gasto financiero, se comporta a la baja. A España, gracias a la política monetaria adoptadas por el BCE, el coste de financiación de la deuda pública se le abarata. En 2019 el ahorro de intereses será de 2.371 millones de euros, aunque eso no significa que la cuenta no siga siendo muy abultada: 24.000 millones de intereses al año, casi tres millones cada hora.

En la medida en que haya suficiente crecimiento y que las buenas condiciones financieras persistan, la ratio de deuda no se desmandará. Pero además resulta fundamental que las diferentes administraciones respeten los límites asignados para sus presupuestos. No es de esperar que en ninguna se vaya a presentar con superávit de forma voluntaria para reducir deuda, siempre gastan a tope. Y cuidado los que creen que pueden elevar el gasto y equilibrar subiendo impuestos, porque ahogarán el crecimiento. Todos deberían sopesar muy bien el camino que toman porque una vez aprobado un incremento de gasto es muy difícil retroceder y bajarlo; y sin embargo, los ingresos futuros son siempre inciertos. Y también deben tener en cuenta la calidad del gasto: no es lo mismo el gasto corriente, con el que se le dice al dinero adiós, que el de inversión, al que se le dice hasta luego.

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