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Del ‘Nein’ al ‘Ja’

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/11/2019

En Europa se funciona a base de agobios. Gracias a la crisis se pusieron en marcha una serie de reformas para mejorar nuestra unión económica y monetaria. Entre ellas, la Unión Bancaria Europea. No resultaba razonable que no fuera exactamente igual depositar un euro en un banco español que en uno alemán o italiano. Siete años han pasado desde que se inició este proceso pero sigue sin concluir. Con la mejora de la situación económica y por las continuas negativas de Alemania, su última fase se había aparcado. Esta semana el ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, dio un paso importante para desbloquearlo: “Después de años de discusión, el punto muerto tiene que terminar”. En su artículo, publicado en Financial Times, además reconoce: “La necesidad de profundizar y completar la unión bancaria europea es innegable”. Del Nein al Ja.

Con todo, la propuesta alemana no es un Ja incondicional. Scholz exige, por ejemplo, unificar el marco legal de insolvencias a aplicar a los bancos pequeños, facilitar las fusiones transfronterizas y aplicar una misma fiscalidad para todos los bancos europeos. Además considera que los bancos tienen que seguir reduciendo los préstamos morosos en balance, que el riesgo de la deuda soberana europea -que no toda es AAA, como actualmente se considera- debe estar debidamente respaldado por capital propio y que la concentración de la exposiciones de los bancos a las deudas soberanas de sus países de origen debe estar limitada.

Sus peticiones -muy razonables- son las que siempre han sido. Y en la configuración del sistema de garantía de depósitos que propone sigue, también como siempre, siendo muy cauto: la responsabilidad nacional debe continuar siendo un elemento central para evitar que pueda incentivar a algunos países a trasladar deudas del nivel nacional al europeo. Así, si algún banco entrara en problemas, primero se acudiría al fondo de garantía nacional; si no es suficiente, a un fondo europeo de seguro de depósitos, administrado por la Junta Única de Resolución, que proporcionaría una liquidez adicional limitada a través de préstamos reembolsables. En tercer lugar, intervendrían el resto de socios, con el apoyo de un programa de rescate, utilizando el Mecanismo Europeo de Estabilidad, (MEDE).

Por tanto, la postura de los alemanes poco ha cambiado, salvo por algo sustancial: que ahora no empiezan con un Nein, sino con Ja, con el que parecen querer abrirse. Y es que de nuevo Europa le ve las orejas al lobo. La situación del sector bancario europeo es muy delicada, está muy fragmentado, con bajísima rentabilidad y algunos países con demasiadas instituciones pequeñas. Encima, la desaceleración económica imprime una mayor tensión a sus cuentas de resultados. Y en general, la situación internacional hace que sea más importante que nunca que Europa gane poder defendiendo sus intereses colectivamente. Hasta ahora se primó reducir el riesgo de la banca, luego vendría compartirlos con la Unión Bancaria. Pero ha aparecido otro riesgo -la viabilidad del negocio bancario europeo- que está invirtiendo el razonamiento: hay que atreverse a compartir los riesgos porque precisamente ésa es la forma de apaciguarlos.

Sólo un camino

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:18

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/11/2019

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, Sabine Lautenschläger; miembro hasta hoy del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, y Christine Lagarde, desde hoy también, presidenta del BCE, se han pronunciado en los últimos días. Han tratado diferentes temas, pero con un doble fondo común. Las tres reclaman con carácter de urgencia una mayor integración en la Eurozona. Las tres, además, ponen el acento en Alemania

Margarita Delgado disertó sobre la Unión Bancaria Europea en una mesa redonda organizada en el quinto aniversario de su creación. Se centró principalmente en la pata que le falta: el Sistema Europeo de Garantía de Depósitos. En un momento de su discurso mencionó las palabras de Mervin King, ex gobernador del Banco de Inglaterra: “Los bancos internacionales son siempre globales en vida, pero nacionales en su muerte”. Las señaló para subrayar el objetivo de la Unión Bancaria: que las entidades financieras sean una cuestión de la Eurozona, tanto en su vida como en su muerte. La situación de grave debilidad de la banca europea -con Alemania a la cabeza- está pidiendo a gritos la solidez que le conferiría concluir este proceso.

Por su parte, con el título A call for Europe, Sabine Lautenschläger hizo una exhaustiva defensa del proyecto europeo ante el nacionalismo y populismo crecientes. Frente al escepticismo -en 2007, el 57% de la polación confiaba en la Unión Europea, y ahora el 44%- recalcó los beneficios que nos ha reportado estar unidos en cuanto a paz, libertad y prosperidad. Y ante los importantes desafíos a los que nos enfrentamos actualmente, predominantemente globales -aumento de la competencia mundial, el cambio climático o el progreso tecnológico-, literalmente suplica: ¡Europa es nuestra oportunidad compartida!

Y Christine Lagarde, en una entrevista en una cadena francesa, insistió en el mensaje que su predecesor, Mario Draghi, trasmitió alto y claro en su despedida del BCE: la política monetaria tiene ya numerosas limitaciones y poco recorrido para seguir impactando sobre la economía real, urgen políticas más enfocadas al crecimiento en los países con cuentas públicas más holgadas. Pero ella dio un paso más, porque se atrevió a ponerles nombres a esos países, aludiendo explícitamente a Holanda y a Alemania: “¿Por qué no lo emplean e invierten en infraestructuras?, ¿por qué no invertir en educación o innovación?”.

Ante la desaceleración económica de la Eurozona -con Alemania a la cabeza-, la francesa apela directamente a Alemania. La española no la nombra, pero bien es sabido que la falta de avance de la Unión Bancaria se debe fundamentalmente a las reticencias alemanas. La alemana nombra nada menos que 18 veces a su tierra. “Esto no solo interesa a Europa, sino también a Alemania”, dijo, y recordó a Konrad Adenauer, uno de los padres de Europa: “Soy alemán y seguiré siéndolo, pero siempre he sido europeo y me he sentido como tal”. Ahora les falta a las tres repartir por toda Alemania, como octavillas, el magnífico artículo de Martin Wolf en Financial TimesHow the euro helped Germany avoid becoming Japan para que comprendan allí los beneficios que les ha proporcionado Europa.

¡Gasta, Alemania, gasta!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/9/2019

l miércoles Christine Lagarde recibió el respaldo de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios de la Eurocámara para que presida el Banco Central Europeo (BCE) a partir del 1 de noviembre. En el discurso que pronunció en ese acto de nominación, la sucesora de Draghi advirtió de que “los desafíos que justifican la política actual del BCE no han desaparecido” y que, por tanto, estaba a favor de continuar con una política monetaria muy acomodaticia durante un largo período de tiempo. Pero también dejó claro que “ella no es un hada” y que “los bancos centrales no son el único juego en la ciudad”, reclamando a los gobiernos europeos el desarrollo de una política fiscal que estimule la debilidad de la economía de la eurozona. Tampoco es que esta petición sea una novedad, ha sido la rogativa con la que Mario Draghi ha cerrado todas sus intervenciones estos últimos años. Sin éxito.

Pero, por supuesto, se refieren a que gasten más los gobiernos más ricos de la Eurozona: “Los que tienen la capacidad de utilizar el espacio fiscal disponible deberían gastar en mejorar su infraestructura”. Son la mayoría, apuntó, pero su petición especialmente iba dirigida a Alemania. Hay que recordar que la economía alemana dejó atrás los altos déficits del principio de la crisis en 2014 y ha ido incrementando sus superávits fiscales hasta situarse en el 1,7% en 2018. Por su parte, y consecuentemente, su deuda pública ha caído del 80% del PIB de entonces hasta al 60,9%.

El estímulo presupuestario de esos países que tienen margen fiscal no sólo tendría un impacto positivo en los que lo llevan a cabo, sino que se extendería también al resto de los países de la eurozona. Por eso, también Lagarde abogó al mismo tiempo porque se institucionalice más la cooperación, reforzando el presupuesto embrionario de la eurozona, cuyo fondo serviría para potenciar de forma centralizada a las economías con problemas. Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, que se pronunció días antes en la misma línea que Lagarde, señaló que el presupuesto federal en EEUU suaviza cerca de un 10% las perturbaciones económicas.

Pero por ahora la política fiscal la deciden, bajo ciertas normas de equilibrio presupuestario, los países por sí solos. Alemania no ha querido adoptar una posición inversora estos últimos años que podría haber beneficiado a todos. Tampoco en política monetaria ha mirado por sus socios, atacando durante toda la crisis las medidas del BCE que tanto bien les han hecho a países como España. Afortunadamente la política monetaria se diseña tomando en consideración la situación del conjunto de la eurozona. Y bien que les ha venido, porque sus condiciones de financiación ahora son excelentes. El bono a diez años alemán cotiza actualmente en el entorno del -0,7% e incluso consiguió el 21 de agosto colocar deuda a 30 años a tipos negativos. Su ministro de finanzas, Olaf Scholz, ha anunciado que podrían invertir hasta 50.000 mil millones de euros, algo menos del superávit que tuvo en 2018. Todo apunta a que Lagarde tendrá éxito y su rogativa será escuchada por Alemania. Pero, eso sí, lo hará por combatir su recesión, no por redimirnos al resto.

Deutsche-Commerzbank y el panorama de la banca

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:15

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/3/2019

En general tenemos un poco mitificados a los alemanes, tendemos a pensar que lo hacen todo mejor que el resto. Sin embargo, su sistema financiero deja mucho que desear, al menos en rentabilidad. Decía, hace ya unos años, Jaime Caruana, el ex presidente del Banco de España, que los alemanes saben hacer coches, pero que no son eficientes en banca. Actualmente, el problema que tienen es tan severo que dos de los grandes bancos alemanes, Deutsche Bank y Commerzbank, están estudiando la posibilidad de fusionarse. Unidos se convertirían en el tercer banco de Europa, tras el británico HSBC y el francés BNP Paribas. ¿Buena solución o desesperada?

El caso es que los bancos alemanes se comportan mejor en algunas variables que determinan la salud de la banca. De los 730.000 millones de euros en activos problemáticos que todavía mantienen los bancos europeos, sólo el 5,6% son de los alemanes, frente a 23% de los italianos, el 17% de Francia o 13% de España. Su nivel de solvencia se encuentra por encima de la media europea. Tampoco su ratio préstamos respecto a depósitos es preocupante y cumple holgadamente el ratio de liquidez que se introdujo con Basilea III.

Es en rentabilidad donde fracasan. En ratio de eficiencia operativa -que mientras mayor, peor-, la banca alemana es la campeona: de 100 euros que ingresa, 74 se le van para cubrir los gastos de explotación. También Francia o Italia están de pena. De esto, al menos, España se salva: su eficiencia operativa es del 50%. Por otra parte, si se atiende a la rentabilidad sobre los recursos propios (ROE), lo alemanes también son los peores: 2,7%, frente al 5,7% de la Eurozona, ya de por sí bajísimo si lo comparamos con el 12% de la banca americana. La cotización de todos los bancos europeos lo refleja: el valor de mercado respecto a su valor contable (Price to book value) no llega a 0,7; para los alemanes, a 0,3.

La reconversión del sector bancario europeo, por mucho que ya se haya hecho, apenas ha empezado. El italiano, el francés o el alemán están para llorar, y el español aún está lleno de dudas. Siguen con exceso de capacidad y sin asumir la revolución tecnológica. Hay menos negocio que repartir y más competencia externa, y el horror será cuando desembarquen Google, Amazon y las demás grandes tecnológicas. La laxitud monetaria, que por una parte los salva pero por otra los ahoga, proseguirá por largo tiempo (ayer la FED marcó camino) y no ayuda, y aún menos a Alemania. Y si la ralentización del crecimiento se acentúa, las consecuencias para la banca pueden ser desastrosas.

Con este panorama, el Gobierno alemán aplaude la fusión de Deutsche y Commerzbank (15% propiedad estatal), pero los cinco sabios a los que suele recurrir para asesorarse están en contra: unir a dos enfermos no garantiza el nacimiento de una entidad sana. Por otra parte, su competencia nacional -1.200 bancos regionales, también con fusiones- ganan mucho más que ellos, pero lejos de las presiones del mercado no tienen incentivos para abordar el salto tecnológico. Así, Alemania tiene un grave problema con su sistema bancario, pero es un Estado fuerte y no dudará en hacer todo lo necesario para salvarlo.

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La Chapuza

Carmen Pérez | 20 de septiembre de 2016 a las 19:36

TRIBUNA, 16/9/2016.

¿Alguien diría que la situación de Francia está tan al límite de la desprotección al ciudadano que su única solución es una revolución violenta? Es lo que defiende Frèderic Lordon, líder del movimiento de indignados francés Nuit Debout (Noche en Pie), movimiento que ha brotado a raíz de la reforma laboral impuesta por el presidente socialista François Hollande. “El desastre a menudo es la mejor opción de los dominados” o “un orden de dominación solo da su brazo a torcer si se le derriba por la fuerza” son frases -digna de ETA la primera- de su libro La chapuza, publicado recientemente, y en el que pese a las frases anteriores no está hablando de sí mismo. En sus conferencias, Lordon arenga a los aún edulcorados enragés franceses actuales para que -previa salida del euro- aniquilen por completo el sistema. Ese sistema que le ha permitido estudiar -es economista y filósofo-, en el que disfruta de libertad de expresión -colaborador habitual de Le Monde diplomatique- y del que es empleado público -director del Centre National de la Recherche Scientifique e investigador del Centre de Sociologie Europeènne-.

Hay que irse de Europa, defiende, porque permanecer implica cumplir normas -el control del déficit y de la deuda-, que no le dejan libertad al Gobierno francés para atender a su pueblo. También es preferible disponer de un banco central propio, sin mandatos, que pueda utilizarse sin límites y a conveniencia. Gastar todo lo necesario, que ya se imprimirá dinero para soportarlo, parece ser su propuesta. Así, tampoco hay problemas con la deuda, y no hay que entregarse a los acreedores ni a esos despiadados mercados. Y concentra su iras en un enemigo concreto: Alemania, a la que acusa de que “sólo piensa en ella”, aunque, de forma incoherente, en otros momentos afirme “que lidera una aventura colectiva que en realidad no le conviene”.

Como Europa es la “realización regional de la mundialización liberal” (¡sorprendente afirmación cuando en Francia el gasto público supera el 56,8% del PIB!), cree que hay que recuperar la soberanía perdida para ejercerla sin capitalismo, sin bancos, sin ricos, sin mercados. Aunque, él mismo lo reconoce, la revolución genere caos, dificultades económicas y probablemente un retroceso transitorio del nivel de vida. No hay otra solución, dice, porque la izquierda tradicional socialista francesa es una derecha acomplejada, que aún cree en reformas, cuando sólo existe la posibilidad de la revolución: “Europa no es coyunturalmente de derechas porque lo es a todos los efectos constitucionalmente”. Eso, al tiempo que Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional, partido de extrema derecha francés, acusa a la derecha tradicional de socialista…

Después de décadas de enormes avances sociales en los países europeos, los partidos tradicionales convergen, quizá más de la cuenta, en los aspectos fundamentales del modelo de sociedad y de sistema económico. Pero son muchas las deficiencias que la crisis ha puesto de manifiesto -la evolución histórica se desarrolla en espiral y no linealmente-, y si algo tiene de positivo La chapuza es sacarlas a debate: los bancos centrales, las políticas de austeridad, la configuración del sistema bancario, los oligopolios empresariales, la desigualdad o el exceso de deuda, por señalar algunas de las más importantes.

Frente a ellas, han resucitado por todos los rincones de Europa los populistas de ambos extremos, que ante los retos abiertos no proponen más solución que la ortodoxa de imponer sus ideologías radicales -contra las élites o los de arriba, o contra los extranjeros o los de enfrente-. Tanto el movimiento Nuit Debout -lejos aún de conformarse como partido político- como el Frente Nacional buscan el apoyo de los franceses decepcionados, y con métodos y medidas tan a menudo intercambiables, en una demostración más de que, como dijera hace ya casi dos siglos el insigne politólogo francés de origen suizo Benjamin Constant, los extremos no sólo se tocan, sino que se continúan. Y ambos extremos coinciden en la necesidad imperiosa de salir del euro: para que sus delirios puedan tener campo libre.

ANTONIO HERMOSA Y CARMEN PÉREZ

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Alemania está que trina

Carmen Pérez | 7 de junio de 2016 a las 14:33

DICE el refrán que nunca llueve a gusto de todos, y no faltan ocasiones para comprobarlo. Como con la política monetaria que está llevando a cabo el Banco Central Europeo, BCE, que no resulta igual de benéfica para todos los socios europeos. Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas de Alemania denuncia que “el BCE ha adoptado una política en la Eurozona -para los 19 estados miembros- que no es la óptima para ellos”. Incluso lo hace responsable del ascenso de Alternativa para Alemania (AfD), el partido antieuro y antiinmigrantes alemán. Parece claro que hay que recordarle que la actuación del BCE -organismo independiente- está encadenada a la consecución de su objetivo principal: la estabilidad de los precios; concretamente, a mantener la inflación por debajo, pero cercana, al 2%. Así lo marca de forma tajante su Estatuto. En 2012, el BCE, temiendo un repunte de la inflación, subió, a instancias de Alemania, los tipos de interés: tampoco era esto lo óptimo para España en aquellos momentos.

Llevan tiempo quejándose. Hace cerca de un año, ante la insistente acusación de que se estaba produciendo una expropiación a los ahorradores, el BCE encargó un trabajo sobre este tema,Critique of accommodating central bank policies, en el que los autores concluyen negando este efecto. En resumen, vienen a decir que si no actuara el BCE así las perspectivas futuras serían peores, que los ahorradores pueden estar perdiendo a corto plazo pero que obtendrán más dinero a largo plazo. Pero no hay quien los convenza: su percepción inmediata -la suya y la de todos, para qué vamos a engañarnos- es que están siendo perjudicados. Por mucho estudio que quiera rebatirlo, los tipos de interés tan bajos provocan una transferencia de renta de los países ahorradores a los países endeudados, y tanto más cuanto más endeudados estén sus empresas, sus familias y su Estado.

Del mismo modo, Alemania protesta porque su sector bancario, muy fragmentado, con muchas y pequeñas entidades, unas 1.500, ha sufrido especialmente los efectos de las tasas negativas de interés (aplicable a la facilidad de depósito). Esto no es una queja exclusiva alemana, sino de todos los bancos europeos, que, no sólo por esta causa, están viendo mermada su rentabilidad, y que se ven abocados a disminuir costes y a fusionarse entre ellos para adquirir tamaño: toda la banca ha de redefinir su modelo de negocio para ser viable, no sólo la alemana. Por otra parte, las compañías de seguro y los fondos de pensiones son otras entidades a las que les están afectando de forma muy negativa los bajos tipos de interés, y los alemanes, muy conservadores, invierten gran parte de sus rentas en seguros de vida con rentabilidad garantizada. Algunos medios han cuantificado que los ahorradores alemanes han perdido en total unos 200.000 millones de euros desde 2010 hasta la actualidad.

Pese a todas estas críticas, en su comparecencia del 2 de junio, el BCE ha mantenido sus políticas monetarias sin cambios respecto a la última reunión de marzo. La inflación interanual de la zona del euro se situó en -0,1 %, y el crecimiento económico, el empleo o el progreso social europeos -objetivos secundarios del BCE- siguen precisando que continúen los tipos de interés al 0% y del apoyo que suponen las otras medidas puestas en marcha: es necesario, por tanto, proseguir con este caldo de cultivo favorable hasta que la economía europea lo requiera.

Pero además Draghi ha vuelto a advertir que la política monetaria no es suficiente, y ha reclamado que las políticas fiscales nacionales -sin dejar de observar las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, PEC- también deberían apoyar la recuperación económica. Y añade la necesidad de que todos los países deben esforzarse por lograr una composición de las políticas fiscales más favorable al crecimiento europeo. En este sentido, Alemania, que el pasado año cerró el ejercicio con 12.100 millones de euros de superávit (0,75% de su PIB), tendría que valorar si está haciendo por su parte lo posible para elevar la inflación y ayudar a la recuperación, aplicando voluntariamente medidas para fortalecer su demanda interna, y por ende, a dinamizar la economía europea. Alemania, en el futuro, puede encontrarse que desde Europa se les obligue a ello, porque la holgura fiscal que permite el PEC no sólo establece máximos para los déficits sino también topes a los superávits. Entonces, llegado este caso, quizá tampoco sea lo óptimo para ellos.

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Las CCAA, según la solidaridad alemana

Carmen Pérez | 13 de mayo de 2016 a las 9:29

¿Cómo se repartirían los recursos entre nuestras Comunidades Autónomas, CCAA, si se aplicara el sistema de solidaridad interterritorial alemán? Un interesante estudio -elaborado por  Ángel de la Fuente (Fedea), Michael Thöne (FiFo, Uccaa alemanniversidad de Colonia) y Christian Kastrop (OCDE), y al que Expansión (artículo de Bernat García) hace referencia hoy- aborda esta cuestión. La conclusión que alcanza es que se reducirían las disparidades sin eliminarlas completamente: seríamos menos solidarios.  Así, las CCAA más ricas cederían menos: Madrid, Valencia y Cataluña incrementarían sus recursos en 1.600 millones, 500 y 800 millones de euros, respectivamente. Andalucía también saldría favorecida con el sistema alemán, recibiendo algo más de lo que obtiene por el reparto español. Las CCAA más perjudicadas serían Cantabria, Extremadura o La Rioja.

Yendo al estudio directamente, http://docuEmentos.fedea.net/pubs/fpp/2016/02/FPP2016-05.pdf, dentro de las conclusiones, además, señalan que en el método español hay una gran cantidad de fondos que se asignan en función de criterios muy diversos y a veces contradictorios. Esto es lo que arruina el resto del sistema y los resultados en una distribución final muy discutible. Por contra, en el sistema alemán las transferencias se realizan sobre una base comprensible y razonable.   Sin embargo, el sistema alemán carece de una ventaja que sí está presente en el español: atar las necesidades a indicadores vinculados a la demanda de los principales servicios públicos regionales.

Estudios como éste no sólo pueden ayudar a mejorar la distribución territorial en los dos países analizados, en futuras, y próximas, renegociaciones, sino que, como dicen los autores, pueden marcar el mejor camino a seguir en Europa.

 

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BCE independiente

Carmen Pérez | 12 de mayo de 2016 a las 9:54

Cuando estalló la crisis, y los años siguientes, se criticó mucho a Alemania por imponer sus criterios en el Banco Central Europeo, BCE. Ahora, que la política monetaria que lleva a cabo el BCE es contraria a los intereses alemanes, también se la sigue criticando. Tanto, como para que Martin Wolf titulara su artículo de ayer en el Financial Times: Alemania, el mayor problema de la eurozona.

(http://www.ft.com/intl/cms/s/0/7fcb38e8-15f5-11e6-9d98-00386a18e39d.html#axzz48QkbekUr).

Es cierto que Alemania se ha quejado de que los tipos de interés negativos y  la relajación cuantitativa que está llevando a cabo el BCE les perjudica, Esto, por mucho análisis lleno de estadísticas que haga el BCE para demostrar lo contrario, es cierto. Los alemanes están tan descontentos que Wolf  incluso destaca las declaraciones de Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas de Alemania, afirmando que esta circunstancia  era en gran parte responsable del aumento de la popularidad del partido alemán que está totalmente en contra del euro.

Pero la conclusión que extrae Wolf de todo esto no parece correcta: si se muestra a favor de la actual política monetaria del BCE  si reconoce que Alemania está perjudicada con ella, y si el BCE se está comportando de forma independiente, tomando las medidas que cree convenientes para el conjunto, pese a la oposición de uno de los socios más potentes:¿cómo puede concluir que Alemania es el problema de la eurozona? Alemania defiende sus intereses como un socio más,  y en su defensa señala los efectos negativos que conllevan las actuaciones del BCE, que los tiene. Lo único que cabe es alegrarse de que por fin la eurozona  esté actuando como eurozona, y esperar que esto siga siendo así siempre.