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Exportaciones andaluzas: ¡ánimo valientes!

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:43

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/8/2019

El miércoles se publicaron los datos de exportaciones relativos al primer semestre de 2019. Una frase que resumiría su comportamiento para toda España podría ser la siguiente: nuevo récord, con 147.408 millones de euros. Sin embargo, no daría buena cuenta de la realidad si no se añade un comentario que matiza esa euforia: el crecimiento respecto al mismo periodo del año anterior ha sido del 1,7%, el más bajo en los últimos cinco años, y por debajo del 2,6% que crecieron como media en Europa. Para Andalucía, la situación es peor, porque no es que crezcan poco, es que decrecen. En nuestra región se exportaron productos por valor de 17.116 millones de euros, lo que supone un descenso del 0,6% respecto de enero a junio de 2018.

Los principales sectores exportadores que siguen tenido un buen comportamiento en Andalucía son el agroalimentario -pese a la disminución de las exportaciones de aceite de oliva-, el aeronáutico y los combustibles y aceites minerales. Por el contrario, los descensos más acusados son los relacionados con las materias primas, cuyos precios están cayendo en el mercado internacional: minerales, escoria y cenizas, cobre y sus manufacturas, y fundición, hierro y acero. También registró una bajada importante el capítulo de aparatos y materiales eléctricos.

Por destinos, de los tres principales países extracomunitarios, en dos han crecido las exportaciones, EEUU, con una subida del 13,2%, y Marruecos, con un 6% más; y descienden las de China, un 10,9% menos. Por su parte, de los siete países comunitarios más importantes para las ventas andaluzas, suben en tres de ellos: Alemania, con un aumento del 13,8%, Italia y Países Bajos, con un 12,7% y un 12%, respetivamente. Sin embargo, descienden en Francia (-4,8%), Reino Unido (-15,5%), Portugal (-8,5%) y Bélgica (-12,5%).

En conjunto, las exportaciones andaluzas han roto la excelente trayectoria que habían seguido desde hace tres años. 2018 se cerró con un crecimiento del 4,9% respecto a 2017 y los datos del primer cuatrimestre de este año seguían arrojando un aumento del 2,6% respecto al mismo periodo del año anterior, con un mes de abril histórico. Ha sido en los dos últimos meses cuando ha cambiado esta tendencia y Andalucía ha perdido incluso el segundo lugar en favor de la Comunidad de Madrid en el ranking nacional que lidera Cataluña.

De momento, la causa parece concentrarse principalmente en la bajada de los precios de las materias primas, pero no hay que obviar que en general la ralentización económica mundial irá impactando de forma negativa en nuestras exportaciones. Especialmente preocupante es la recesión económica en Alemania, el país al que más productos exportamos. Recordemos que el sector exterior ha sido el “milagro” que nos ha sacado de la crisis y que ha contribuido enormemente a la convergencia de nuestra comunidad con el resto de regiones españolas. Mérito y proeza de las empresas andaluzas. La Junta de Andalucía tiene que intensificar su papel para animarlas, facilitarles y ayudarlas para que prosigan y se sumen más de ellas a esa dura tarea. Nos resulta vital la diversificación exportadora en productos y destinos.

Aire nuevo para la Andalucía del siglo XXI

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/3/2019

La realidad es mejor no disfrazarla. Y un hecho incuestionable es que el PIB per cápita de Andalucía se ha mantenido durante décadas en un 75% de la media española y, lejos de converger, en estos últimos años la distancia se ha ampliado. Así que empecemos por admitirlo: nuestro modelo productivo no funciona. ¿Cuáles son las causas que hacen que esto sea así?, ¿qué hacer para revertirlas? Rogelio Velasco, consejero de Economía, Conocimiento, Empresa y Universidad de la Junta de Andalucía, contestó a estas preguntas el pasado miércoles, en Sevilla, en una nueva edición del Foro Joly. Su discurso sonó distinto a los que estamos acostumbrados: tuvo un toque académico, por la honestidad e independencia intelectual al enfrentarse al problema; un carácter científico, por el análisis reflexivo y minucioso de las áreas que hay que mejorar; pero también fue decididamente político, el de un hombre de acción dispuesto a que se produzca el cambio.

El primer paso para hacer frente a las deficiencias de la economía andaluza es tomar conciencia de ellas, sólo así es posible superarlas. Velasco, avalado con datos, se explayó. Nos faltan fábricas, equipos de transporte, TIC, maquinarias, y, en general, activos ligados a la inversión productiva. Nos falta un capital humano más formado. Nos faltan más empresas, mayores, más competitivas, que estén bien diversificadas y que sean más maduras tecnológicamente. Nos hace falta incrementar el peso de las que generan mayor valor añadido, como las intensivas en tecnología y conocimiento. Y fundamental, nos hace falta que el marco institucional en el que se muevan sea de mayor calidad, orientado al progreso, que favorezca y facilite la actividad económica.

Para combatir esta situación el consejero abogó por desarrollar políticas de oferta, que dinamicen la economía y hagan de Andalucía un sitio propicio para invertir. Las políticas que señaló abarcan ámbitos muy diversos. Educación, buscando la excelencia desde edades muy tempranas. Universidad, estrechando los vínculos con la empresa. Una administración pública regenerada, simple y ágil. Políticas industriales eficaces y eficientes. Internacionalizando la economía y captando inversiones extranjeras. Fomento del emprendimiento e incorporación plena de las empresas a las nuevas tecnologías digitales. Y especialmente actuando sobre el mercado de trabajo, para aumentar la estabilidad del empleo y reducir la tasa de paro.

Muchos de estos objetivos no son nuevos. Pero se insistía machaconamente en mantener un mismo comportamiento, que conducía a los mismos malos resultados. Ahora cambia la forma de enfrentarlos. Tendremos tiempo de criticar constructivamente las medidas que vayan proponiendo y de valorar sus resultados. De momento resulta muy positivo que haya entrado aire nuevo en Andalucía, que ha situado el centro de atención en la actividad económica privada y ha reivindicado el papel de la empresa como motor del crecimiento y de generación de empleo. Si se quiere conservar el Estado de bienestar e incluso mejorarlo, para seguir redistribuyendo la riqueza, resulta indispensable potenciar a las empresas porque son ellas las que la crean.

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Exportaciones andaluzas: barreras y tamaño

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:01

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/2/2019

Imponer aranceles a la importación es la forma de protección más común que utilizan los países. Y la más conocida. Todos los andaluces nos hemos enterado de cómo EEUU los imponía a nuestras aceitunas de mesa. Sin embargo, las políticas de protección se extienden a otras muchas medidas menos transparentes, pero que se han multiplicado en los países desarrollados estos últimos años. En este contexto, la firma de acuerdos comerciales por la Unión Europea que derriben todas las barreras -arancelarias o no- resulta fundamental para que el “milagro exportador” español siga produciéndose. Pero esto no es suficiente; paralelamente hace falta aumentar la capacidad de las empresas para que los aprovechen.

El proteccionismo, que con la llegada de Donald Trump se ha intensificado, arranca desde el inicio de la crisis financiera, en un intento de los países de paliar sus consecuencias adversas. Según un estudio del Banco de España, el número de nuevas medidas no arancelarias adoptadas por los países del G20 se han multiplicado por más de cuatro en el periodo 2009-2017. Entre ellas, ayudas financieras a la industria nacional, obstáculos técnicos innecesarios, condiciones en los proyectos públicos que excluya a los extranjeros o requisitos sanitarios y fitosanitarios fuera de los estándares. El impacto negativo de estas barreras en las exportaciones es muy relevante: el estudio concluye que el crecimiento anual desde 2009 de las exportaciones españolas podría hacer sido sin todas estas medidas en torno al 14% frente al 11% observado.

Por eso son tan importantes los acuerdos de nueva generación que está suscribiendo la UE, que eliminan todo tipo de barreras, como el CETA con Canadá, el de Japón o el de esta mismo semana con Singapur. Y especialmente interesantes son los que viene firmando con países de América latina porque pueden beneficiar a las empresas españolas por su cercanía cultural. Sin embargo, Andalucía, que era la cuarta región española en exportaciones a América latina en 2008, en 2017 había descendido al sexto puesto. Entre esos años, todas las grandes regiones exportadoras las incrementan, destacando Murcia (279%), Aragón (119%), Galicia (104%) y Valencia (100%), salvo Andalucía, que las disminuye en un 17%, si bien esto se explica por la caída espectacular de dos sectores concretos, combustibles y aeronáutico. Con todo, el crecimiento del resto de sectores ha sido del 30%, el menor de todos.

Y es que estos acuerdos abren las puertas a todas las empresas europeas, pero luego hay que atravesarlas. Andalucía, que ha ido de récord en récord estos últimos años, no puede bajar la guardia. Se necesitan más empresas que exporten y que además lo hagan regularmente, que no sólo se “busquen la vida” cuando desaparece la demanda interna. Y tanto para una cosa como para la otra, las estadísticas señalan que es fundamental el tamaño: en Andalucía más de la mitad de las empresas son unipersonales y el 96% tienen menos de 10 trabajadores. En manos de la Junta de Andalucía está poner en marcha estímulos que animen a las empresas a crecer, empezando por eliminar aquellos desincentivos que existen para que no lo hagan.

El tamaño empresarial importa

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:14

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/4/2018

En un mundo globalizado la dimensión de la empresa es un factor esencial para su competitividad. La media de trabajadores en España es de 4,7 frente a los 11,7 de Alemania, 11 del Reino Unido ó 5,7 de Francia. Nuestro tejido productivo necesita más empresas, pero también que sean más grandes. Ésta es la conclusión que alcanza el reciente estudio “El tamaño empresarial como palanca de la productividad, la inversión y el crecimiento económico”, auspiciado por el Instituto Español de Analistas Financieros (IEAF): tras una década de crisis, el tamaño empresarial sigue lastrando el crecimiento y la productividad a medio y largo plazo. ¿Qué hacer para que las empresas sean más grandes?, ¿cómo facilitar que crezcan?

Este estudio subraya que el impacto de este menor tamaño no es poca cosa: “Si la estructura de las empresas convergiese con la media europea, el PIB aumentaría el 3,5%; y si fuera similar a la de Alemania, el 6%”. Las empresas pequeñas encuentran mayores dificultades para llevar a cabo proyectos de inversión, especialmente en I+D+i y TIC, así como para internacionalizarse. El acceso a la financiación o la cualificación de los equipos gestores y el gobierno corporativo son otras variables determinantes de la productividad que están relacionadas con el tamaño. En resumen, tienen más dificultades para exportar, innovar y aprovechar las economías de escala.

Ante este diagnóstico, urge solventar las causas que provocan esta situación. Y algunas de las más importantes se derivan de un marco institucional inadecuado. Así, el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad se propone revisar hasta 130 regulaciones que ha encontrado que juegan un papel desincentivador para ganar tamaño: la empresa se retiene de saltar a otro segmento mayor porque se activan normativas que perjudican los costes o dificultan la gestión.

Del mismo modo, mejorar el clima de negocio es otro aspecto fundamental. Hay que facilitar la apertura de empresas, agilizar y abaratar el coste de registros y permisos, y mejorar la financiación, el sistema judicial, la fiscalidad y la normativa laboral. Tampoco ayuda que existan tantas diferencias regulatorias entre las diferentes comunidades autónomas, que obligan al empresario a asumir cargas administrativas duplicadas y a afrontar trámites y requisitos distintos en cada una de las regiones. Así, todas estas actuaciones deberían ser abordadas en estrecha cooperación entre el gobierno central y los autonómicos.

En Andalucía, la necesidad de mejora del marco institucional para que las empresas no encuentren obstáculos si quieren crecer ya fue puesta de manifiesto en la Jornada El reto del dimensionamiento empresarial, que fue organizada por la Confederación Empresarial de Andalucía (CEA) a finales del pasado año. En nuestra comunidad, por una parte, hace falta aumentar el censo total de empresas, cerca de cien mil más para igualar la densidad media empresarial a nivel nacional. Pero, por otra, también hace falta que ganen dimensión porque el tamaño medio de la plantilla de las empresas andaluzas se sitúa incluso por debajo del ya de por sí reducido tamaño medio de España.

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Bonos andaluces, españoles y eurobonos

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/4/2018

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, manifestaba este lunes, con motivo de la presentación del Anuario Joly 2018 en Sevilla, que estos últimos años Andalucía había cumplido los deberes. Desde luego, en materia de deuda pública autonómica, esta afirmación es completamente cierta. Y los buenos datos la han animado a pedir al ministro Cristóbal Montoro volver a financiarse en los mercados. Quiere ir retirándose de los programas de asistencia financiera que se han ido poniendo a disposición de las Comunidades Autónomas (CCAA) porque a éstas con la crisis les era imposible obtener financiación solas. Andalucía ha cumplido. La presidenta tiene toda la razón. Pero, cuando Montoro manifiesta que este asunto no puede plantearse como si fuera una pugna política, también la tiene.

La deuda andaluza, dentro del horror de endeudamiento generalizado en el que se encuentra el mundo, ha evolucionado mejor que la del resto de CCAA. Ha pasado de 14.793 millones de euros en 2011 hasta los 34.260 actuales, sólo el 11,9% de la deuda total autonómica. La evolución del ratio deuda/habitante ha ido mejorando comparativamente en los últimos años: cada andaluz debe 4.088 euros frente a los 6.206 euros que resultan de la media nacional autonómica. Los andaluces somos los menos endeudados de España.

Además de crecer, la estructura de la deuda andaluza ha cambiado estos años. En 2011, era 50% bancaria y 50% a través de los mercados. Y en 2017: 15% bancaria, 11% vía mercados y el 74% lo ha prestado el Estado. Los Presupuestos Generales del Estado 2018 cifran el ahorro de las CCAA por la financiación vía Estado en 28.500 millones de euros en el período 2012-2017, 4.532 para Andalucía. Y si se considera toda la vida de los préstamos formalizados, el ahorro será de 51.900 millones de euros en 2027, 8.253 para Andalucía.

Resulta muy positivo que la Junta se atreva a salir de la tutela estatal y recuperar la autonomía financiera. Y no hay motivos para que Montoro lo niegue. Los momentos de asfixia financiera pasaron y puede ser el momento adecuado para que Andalucía dé el paso. Lo que no está tan claro, por mucha estabilidad política que haya en Andalucía y sus buenas cifras -relativas- de déficit y deuda, que las condiciones que consiga en los mercados vayan a ser mejores yendo sola. No somos el País Vasco, que tiene presupuesto fijo e independiente. El rating andaluz estará siempre condicionado al de España.

Pero lo que resulta absurdo es plantear esta cuestión como una disputa entre partidos políticos. Es más, deberían plantearse con seriedad si es conveniente abandonar completamente la financiación de las autonomías por bonos españoles. Ahora, están tan sobrados de optimismo que hasta olvidan que llegaran nuevos shocks, y no les van a coger con los bajísimos niveles de deuda de 2011. En Europa defienden la emisión de eurobonos porque se considera que la estabilidad europea se conseguiría con la financiación al menos parcial de la deuda de cada Estado con el respaldo del conjunto. ¿Por qué no se aplica esta receta de forma interna? ¿O es que se aplaude cofinanciarse con italianos pero no con valencianos?

La transformación digital de la empresa andaluza

Carmen Pérez | 27 de febrero de 2018 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/2/2018

En poco más de un mes se han celebrado en Sevilla dos jornadas, con la presencia de Susana Díaz y de Soraya Sáenz de Santamaría en ellas, dedicadas a la transformación digital de la empresa en Andalucía. No han sido las únicas. Por toda la geografía andaluza y en todos los sectores se están planteando cómo les afecta una revolución tecnológica que no es que esté por venir, sino que ya está entre nosotros. El tema es de la máxima relevancia y además reviste urgencia: abordar el proceso de digitalización no es una opción para las empresas, es cuestión de supervivencia.

Los avances tecnológicos están planteando nuevos retos a las empresas, exigiéndoles que ganen en flexibilidad y en eficiencia. Por una parte, la tecnología ha propiciado que el poder se desplace hacia los clientes, al permitirles acceder a más información y a tener una gran capacidad de influencia. Asimismo, la tecnología ha conllevado que se incremente espectacularmente la competencia, porque ha disminuido las barreras de entrada en prácticamente todos los sectores y ha contribuido a que la globalidad de los mercados sea un hecho. Superar estos retos sólo es posible si también ellas aprovechan las oportunidades que ofrece la tecnología para optimizar la forma de hacer negocios, tanto de cara al cliente como internamente.

En la jornada que se celebró a mediados de enero en la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) se presentó una de las iniciativas del Plan de Acción Empresa Digital 2020 que puso hace unos meses en marcha la Junta de Andalucía: 30 millones de euros se van a destinar a impulsar las Tecnologías de la Información y Comunicación, TIC, en las pymes. Pero este plan contempla otras muchas actuaciones encaminadas a cubrir tres objetivos: concienciar a las pymes de la importancia de la transformación digital, aumentar sus competencias digitales e impulsar la transformación digital de estas compañías.

La otra jornada, celebrada el pasado martes, organizada por Cesur, la Asociación de Empresarios del Sur de España, estuvo más focalizada hacia la transformación digital de la industria. La Secretaria General de Industria y Pyme, Begoña Cristeto, expuso las medidas que su Ministerio está desarrollando para avanzar hacia la Industria 4.0. Además de concienciar, divulgar, formar o fomentar entornos y plataformas colaborativas, ayudarán a las industrias en cada una de las fases que tienen que pasar hasta volverse inteligentes, y puedan explotar así el potencial de vincular el mundo virtual al físico.

Pero son las empresas las que tienen que dar el paso. Están convencidas de que la digitalización está suponiendo un cambio tan profundo que necesariamente les obliga a revisar sus modelos de negocio. Pero, sin embargo, según el informe La transformación digital de las empresa andaluza, elaborado por la multinacional Business Integration Partners con la colaboración de la Escuela de Organización Industrial, todavía sólo el 11% de las encuestadas disponen de la figura de responsable digital y más del 50% no tienen una estrategia de digitalización definida.

Las SGR en Andalucía, mucho por hacer

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2016 a las 9:03

El sector de garantías español ha experimentado una importantísima reducción de su actividad desde el inicio de la crisis en 2008, que se refleja tanto en la caída del importe de avales formalizados como en la evolución del riesgo vivo, que ha descendido, de forma más suave e irregular, desde los 6.419 millones de 2008 hasta los 4.691 millones de euros de 2014. Sin embargo, hay que señalar que este último año cambia la tendencia  y se incrementa el importe de avales formalizados, aunque de forma muy ligera, alcanzando los  1.003 millones de euros.

Estos años, por tanto, han venido a disminuir la importancia de estas entidades en nuestro sistema financiero, que no han conseguido todavía desarrollar un papel relevante como instrumento de ayuda a la financiación de las PYME: del millón y medio de empresas posibles clientes, sólo 52.169 están afectas a este sistema. Les queda mucho potencial, y el mayor apoyo recibido desde el Estado por la Compañía Estatal de Reafianzamiento, CERSA, con las mejoras que ha introducido en  el contrato de reafianzamiento, puede contribuir a ello. Además, sería necesaria una implicación mayor de las Comunidades Autónomas, CCAA, asistiendo, con aportaciones o mediante un reaval regional, a las SGR radicadas en sus territorios.

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Si lo anterior es la valoración general de la actividad del sector, además ésta dista mucho de ser homogénea en las diferentes CCAA. Destaca la alta actividad en el País Vasco, con el 22% del total sectorial. Le siguen Cataluña, con un 15%; Castilla y León, que alcanza el 14%; y Madrid con un 12%  Andalucía y Aragón se mueven en torno al 8%-9%; y el 10% restante del total sectorial se lo reparten todas las demás comunidades.

El riesgo vivo está más repartido, porque depende en gran medida de la antigüedad de cada una de ellas: la clasificación también la lidera El País Vasco, con un 21%, seguida de  Castilla y León, con un 12% del total del Riesgo Vivo.  Madrid,  Andalucía y Cataluña ocupan los siguientes puestos, con un 10-11%.

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Sin embargo, los porcentajes anteriores no son significativos ya que el potencial de cada una de las CCAA también es muy desigual, siendo, por tanto, más interesante calcular el cociente entre el riesgo vivo asumido y el número de PYME en cada una de ellas.

El País Vasco utiliza el sistema de garantías como una herramienta importante de apoyo a las PYME. La región con mayor número de PYME, Cataluña, apostó menos por esta alternativa financiera en el pasado pero  su SGR, de creación relativamente reciente, está posicionándose estos últimos años en los primeros puestos. Navarra y Castilla y León también utilizan este instrumento de apoyo con cierta intensidad. Murcia, Baleares y Galicia se sitúan por encima de la media nacional; Extremadura y Aragón mantienen niveles inferiores pero cerca de la media; Andalucía, Madrid y La Rioja se mueven claramente inferiores a la media.

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En Andalucía contamos con dos sociedades, Suraval y Avalunión, cuya  actividad se reparte al 50%, aunque  estos últimos años ha sido Suraval la que ha ganado algo más de peso, formalizando mayor cantidad de avales y consiguiendo superar en riesgo vivo a Avalunión.

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Como hemos podido ver, la actividad de garantías andaluz está lejos de la media nacional, y por separado, las dos entidades tienen una importancia muy escasa. Sin embargo, ambas entidades llevan muchos años negociando su fusión aunque lo cierto es que no acaba de producirse. Sumadas, Andalucía ocupa el quinto puesto nacional en cuanto a Riesgo Vivo, pero siendo, sin embargo, la segunda en número de empresas.

La Junta de Andalucía desde hace tiempo dejó de aportar recursos a sus SGR, quedando limitado su apoyo a determinados reavales para operaciones concretas, programa que también se ha paralizado desde el pasado diciembre. Sin embargo, existen varias razones por las que debería considerar su posición y colaborar de forma mucho más estrecha con ellas, tanto si se fusionan como si no:

  1. La colaboración público-privada resulta eficaz.

La gestión privada de las SGR les permite desarrollar  su actividad con total rigurosidad, evitando convertirse en instrumentos políticos por parte de las CCAA.  Las CCAA pueden direccionar su actuación modulando las ayudas hacia aquellos sectores que considere prioritarios para desarrollar su política económica.

  1. La calidad de su gestión.

Sus ratios de solvencia se mantienen por encima de los mínimos requeridos para las entidades de crédito. Además, la calidad de la gestión de las SGR andaluzas ha quedado demostrada ya que nunca se han excedido en sus saldos de fallidos como para incurrir en penalización alguna por parte de CERSA. Para el apoyo regional podrían establecerse ratios de calidad similares.

  1. Con el reaval, la Junta puede apoyarlas sin desembolso de recursos

Dado el funcionamiento de este instrumento, los importes de los préstamos son aportados por las entidades de crédito. La Junta, reavalando, asumiría sólo una parte del riesgo, produciendo desembolsos sólo en la cuantía de fallidos que tuvieran los programas puestos en marcha y en la proporción en que participara.

  1. Puede conseguirse que se mejoren las condiciones financieras de las PYME

Puede establecerse para los préstamos reavalados unas condiciones favorables para los préstamos reavalados por la Junta, de forma que se mejoren las condiciones financieras de las PYME garantizadas, ya que mientras más volumen formalicen las SGR más poder de negociación tendrán con las entidades de crédito. En este sentido, las SGR tendrían que asegurar largos plazos para las operaciones y tipos de interés similares o inferiores a los hipotecarios vigentes.

 

Por último, hay que señalar que los esfuerzos que realizara la Junta de Andalucía se verían intensificados con el apoyo de CERSA ya establecido, que depende directamente de la mayor o menor actividad desarrollada por la SGR. Sumados el reaval estatal y el regional se conseguiría multiplicar el efecto de los recursos públicos de forma considerable. En definitiva, sería una forma de atraer recursos estatales a nuestra Comunidad.

 

(basado en mi artículo “Apoyo a la financiación de PYMES: el reafianzamiento de CERSA a los sistemas regionales de garantías “, publicado en la revista Análisis Financiero, del Instituto Español de Analistas Financieros, segundo cuatrimestre de 2015, disponible en:

http://ieaf.es/new/analisis-financiero/version-espanola/numeros-publicados/item/2119-n%C2%BA-128-segundo-cuatrimestre-2015.html)

 

 

 

 

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¿Es necesario un banco público andaluz?

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 20:37

LA crisis económico-financiera fue como un terremoto para nuestro sistema financiero, terremoto que además de sus efectos propios puso de manifiesto las debilidades que el sistema ya tenía, derivadas de un inadecuado desarrollo mantenido durante largos años. Consecuentemente, el sistema ha experimentado una intensa reestructuración, produciéndose una reorganización de las entidades que lo componían hasta originar un modelo nuevo: más concentrado, con una organización territorial muy distinta, y de una naturaleza más homogénea, con la conversión casi completa de las cajas de ahorros en bancos. No se le ha dejado caer, cuantiosos recursos públicos se han invertido y han evitado su debacle, pero las modificaciones y saneamientos realizados no han conseguido que el nuevo sistema vuelva a cumplir una de las principales funciones que tiene encomendada: financiar a las pymes.

Pero si en este diagnóstico, agudizado en nuestra región, no hay discrepancias, sí que existen en las propuestas para solventarlo. El informe presentado ante al Parlamento andaluz por el grupo de trabajo que se constituyó al efecto así las refleja. IU-LV-CA, de quien partió la iniciativa, se muestra favorable a la creación de un banco público andaluz de carácter universal que palíe el problema. PSOE y PP, sin embargo, apuestan por potenciar una serie de instrumentos de apoyo a la financiación de las pymes que existen en nuestra comunidad y a poner en marcha algunos otros con pocas dificultades de implantación, aunque es cierto que el PSOE quiere dejar abierta la otra alternativa para el largo plazo.

La propuesta de IU-LV-CA, al margen del debate, que no es menor, de si queremos caminar hacia una administración pública de mayor tamaño, es una solución muy complicada. Ellos mismos son conscientes de las grandes dificultades que habría que superar, por los numerosos trámites que hay que cubrir para conseguir una ficha bancaria, por la falta de recursos que existen en la actualidad con los que dotar a este banco, y por el alto coste de financiación que tendría la entidad, dada la calificación crediticia actual de la Junta de Andalucía. La solución tardaría en llegar cuando el problema a resolver es acuciante, y además sería costosa.

Por otra parte, este banco público tendría que tener una dimensión considerable porque para proporcionar financiación a las pymes, y más en un contexto de crisis como el actual, la proximidad es muy importante, y acceder a la operativa de circulante de las empresas es vital para un correcto seguimiento de las operaciones, por lo que sería necesario una infraestructura poderosa que contara con numerosas sucursales repartidas por todo nuestro territorio.

En nuestra comunidad existen dos sociedades de garantía recíproca, Suraval y Avalunión, en las que la Junta de Andalucía es socio principal, cuya función es dinamizar el mercado de crédito mediante la otorgación de avales a las pymes, consiguiendo un importante apalancamiento de los recursos públicos; existen en la actualidad una docena de fondos reembolsables de carácter sectorial para este fin, con una dotación presupuestaria de unos 1.500 millones de euros, y con una ejecución aún muy escasa; disponemos de una entidad pública regional de capital riesgo, Invercaria, y de varias de carácter provincial; se pueden potenciar las redes de business angelsexistentes; es posible promover plataformas de crowdfunding; se puede incentivar a nuestras pymes de mayor tamaño para que coticen en el Mercado Alternativo Bursátil, MAB, o para que emitan títulos en el Mercado Alternativo de Renta Fija, MARF; buscar alianzas con el Instituto de Crédito Oficial, ICO, con la Empresa Nacional de Innovación, Enisa, con el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial, CDT, o el Banco Europeo de Inversiones, BEI; y tenemos un Instituto de Finanzas que puede empezar a operar en cualquier momento, al que se le pueden reorientar sus funciones para que acoja todo este conjunto de medidas, las coordine y las canalice de forme eficiente.

El estrepitoso fallo del mercado exige la intervención pública, no hay duda en ello. Tampoco puede dudarse de que en cualquiera de las soluciones posibles es absolutamente necesario que las operaciones financieras se analicen y se decidan con el mayor rigor financiero, dejando para la decisión política exclusivamente la asignación global de fondos. En el pasado han sido amargas las experiencias en las que la aprobación de las operaciones se ha realizado bajo criterios no estrictamente profesionales sino a instancias de la iniciativa pública, y, sin embargo, una estrecha colaboración público-privada en este campo está dando buenos resultados. En definitiva, y dadas las circunstancias actuales, el sentido común parece señalar con claridad que reciclar y vitalizar lo que ya disponemos es la solución más idónea, y que el banco público andaluz, cuanto menos, debería esperar.

Publicado el 17 de marzo de 2014.