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El bucle diabólico

Carmen Pérez | 11 de junio de 2018 a las 8:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/6/2018

Esta semana el bucle diabólico que se establece entre la deuda soberana y la banca se ha dejado ver otra vez. Cuando la confianza de los inversores en un Estado se debilita, su banca -cargada de deuda soberana- se perjudica. Y si la banca atraviesa dificultades, el Estado -garante de la estabilidad financiera de esa banca- acusa la factura. Y vuelta a empezar. No es nuevo. Este bucle ya lo vivimos algunos países europeos hace unos años, y a lo grande. Ahora la complicada situación política italiana volvió a activarlo, contagiando a otros países periféricos, como Portugal y España. En nuestro país, además, la chispa se encontró el campo abonado por la inestabilidad política propia.

El riesgo político desató el pánico vendedor de bonos. Se activaron en la mente de los inversores los mecanismos que conectan las finanzas a las emociones: la aversión a la pérdida, el efecto manada o el recuerdo del pasado. De este modo, la prima de riesgo llegó a subir en España hasta los 137 puntos, y en Italia a los 310 puntos básicos.

Este pánico también se ha reflejado en las Bolsas. El índice MIB de Milán ha perdido un 10% en la última quincena de mayo y el Íbex 35 más del 6%. Pero, dentro de sus valores, son los bancos los que más han sufrido. En España, el Íbex 35 Banks, índice que aglutina a las seis principales entidades financieras, ha experimentado un retroceso del 12% en las últimas 15 sesiones. No es de extrañar que sean los que más acusen el golpe, el riesgo soberano en ellos es muy alto: los bancos españoles mantienen en sus balances deuda soberana española por más de 167.000 millones de euros, y la exposición a la deuda italiana supera los 31.000 millones.

Con todo, no estamos en la situación de 2012. El estado fiscal de estas dos economías está mucho mejor ahora. Pero persisten importantes riesgos en España y, más intensos, en Italia: sus bancos no están todavía saneados totalmente y soportan unas deudas públicas muy elevadas: el 98% y el 132% de PIB, respectivamente. A esto se añade la incertidumbre sobre hacia dónde caminarán los gobiernos de ambas naciones.

La situación sigue tensa, y ha mostrado que el bucle sigue ahí, en equilibrio inestable. Los remedios para deshacerlo fueron bien diagnosticados tras la crisis. El apoyo público al Fondo Único de Resolución, el establecimiento de un Fondo de Garantía Europeo o los eurobonos son medidas que se han propuesto para desacoplar de una vez por todas el riesgo país del riesgo bancario. Significarían apostar por un proyecto europeo en el que se asuma el riesgo futuro en común. Pero no terminan de aplicarse.

Así seguimos viendo países europeos, pero no vemos a Europa. Y se está desaprovechando para avanzar en este sentido el precioso tiempo que brindan la política monetaria ultraflexible del Banco Central Europeo y la recuperación económica mundial, no solo europea. Tampoco se ha empleado este tiempo para llevar a cabo todas las reformas internas necesarias que impulsen el crecimiento económico estructuralmente. Y ya lo dijo Confucio: “si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”.

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Desertización financiera

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/1/2017

Hace algunos años pasear por determinadas calles de ciudades españolas era como recorrer una feria financiera regional permanente. Podías encontrar una oficina de Kutxabank, junto a otra de Caja de Badajoz, alguna de Caixa Galicia, otra de Caja Duero, y muchas más de los diferentes bancos y cajas que en su origen tenían un carácter local o autonómico. Todos ellos se habían lanzado a establecer sucursales fuera de su ámbito propio movidas por el gran volumen de negocio financiero que por entonces generaba la economía. Al recorrer estas calles ahora es como si un huracán hubiera pasado llevándose a la mayoría, aunque persisten sus huellas: en las fachadas se observan todavía los huecos de los cajeros que en su día estuvieron operativos. Igual proceso, e incluso más intenso, se ha experimentado en los barrios de la periferia y en los pueblos, llegando en muchos de ellos a desaparecer por completo la presencia financiera. Y no es nada fácil vivir, incluso disponiendo de internet, en un desierto financiero.

El proceso de reestructuración del sector bancario en nuestro país ha sido muy intenso: de unas 50 entidades relevantes sólo quedan 14, con una concentración muy alta: Santander, BBVA y La Caixa acaparan el 50% del mercado. Se fueron uniendo unas con otras en sucesivas fases, desapareciendo prácticamente en el camino las cajas de ahorro y perdiendo en la mayor parte de los casos su identidad territorial. Paralelamente, la reducción de oficinas bancarias ha sido drástica: a nivel nacional, de las 46.118 oficinas bancarias de 2008 quedan 29.325 (-36,4%); en Andalucía, de 7.007, subsisten 4.689 (-33%). Y estos procesos siguen abiertos.

Para mucha parte de la población la nueva situación supone sólo una mayor molestia: las oficinas están más alejadas y hay colas en los cajeros. Pero para otros muchos ciudadanos significa tener que vivir sin asistencia financiera. Siempre han existido pueblos muy pequeños en esta situación pero en estos últimos años se están multiplicando: por ejemplo, en Huelva son 10.000 personas las afectadas; o en Granada, que de 172 municipios, 95 no cuentan con ninguna oficina bancaria.

Es cierto que por internet podemos solucionar muchas de las transacciones financieras, pero hay que disponer de conexión y hay que saber utilizarlo. Y por mucho que el uso de las tarjetas se esté imponiendo, el dinero físico es aún necesario. El colectivo más dañado es el de mayor edad y el de las pymes, sobre todo las turísticas, que se encuentran con esta dificultad añadida para llevar para adelante sus negocios. Se hace esencial, por tanto, buscar soluciones para acabar con estos desiertos financieros. Como mínimo dotarlos con un cajero y de un agente financiero autorizado. O, como ya se hace en algunos municipios, habilitar autobuses que periódicamente transporten a los ciudadanos a los pueblos vecinos o, al contrario, poner en funcionamiento oficinas ambulantes que los atiendan. Y un dato de otro sector a tener en cuenta: Telefónica, 100% privada, tiene la obligación de instalar una línea fija de teléfono al usuario que lo solicite, así viva en el cerro más escondido de las Alpujarras.

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Ahorradores condenados al riesgo

Carmen Pérez | 10 de enero de 2015 a las 20:20

En su reunión del 4 de septiembre de 2014, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, BCE, decidió establecer el tipo de interés aplicable a las operaciones principales de financiación en el 0,05%, el tipo de interés aplicable a la facilidad marginal de crédito en el 0,30%, y el tipo de interés aplicable a la facilidad de depósito en el -0,20%. Estos tipos de interés no se han cambiado desde entonces, veremos qué ocurre en próximos días que toca nueva revisión.

De esta forma (Ver “Instrumentos de política monetaria” en  https://www.ecb.europa.eu/ecb/educational/movies/html/index.es.html), el banco que le pida dinero al BCE tendrá que pagar un 0,05% o el 0,30%, dependiendo del instrumento utilizado, y, si por el contrario tiene exceso de liquidez y el banco quiere depositarlo en el BCE, tendrá que pagar un 0,20%. Sí, extraño, pagar por prestar es algo que rechaza nuestro entendimiento porque supone un total desorden financiero.

Estas decisiones de política monetaria pueden parecernos de altas finanzas, de carácter macroeconómico, y que poco tienen que ver con nosotros. Nada más lejos, porque ese mismo esquema es el que los bancos trasladan en sus relaciones con la clientela. Es lo que se pretende. La receta empuja al endeudamiento y complica el ahorro.

Centrándonos en el ahorro, tenemos que tener claro que se acabó el percibir intereses con total seguridad. Las imposiciones a plazo o  depósitos, garantizadas por el Estado hasta 100.000 euros por cuenta y depositante, se moverán por debajo del 0,5%. O menos, porque algunos bancos alemanes ya están cobrando a sus depositantes, aunque es cierto que para cuentas de más de 500.000 euros. No parece una hipótesis realista que llegue a España y para ahorradores de escasa cuantía, pero no del todo descabellada si el BCE incrementa el 0,20% para la facilidad de depósito para los bancos en las próximas revisiones.

Tampoco el comportamiento de las Letras del Tesoro es ajeno a éstas y a otras decisiones que está tomando el BCE. Sólo hace unos meses estuvieron a punto de adjudicarse en una de las subastas a rendimientos negativos. De haberse producido este hecho los inversores a corto plazo habrían tenido que pagarle al Estado español por prestarle su dinero.

Así, el trasvase de depositantes a fondos de inversión y a otras alternativas financieras está siendo masivo. Pero todas ellas implican asumir un mayor o menor nivel de riesgo, o entrar en mayores plazos, lo que dificulta recuperar la inversión en caso de necesidad. Es más, con las compras de títulos que está realizando el BCE, y las que se esperan, tampoco se obtendrán rendimientos positivos con las opciones más conservadoras, como los fondos de renta fija. No hay escapatoria, los ahorradores están condenados o a asumir riesgos, o a resignarse y dejar su dinero en cuenta corriente.

Dos últimas cosas. La primera, aconsejar al inversor no experto: 1) si no entiende lo que va a comprar, no lo haga, busque asesoramiento en otra parte; 2) el nombre del producto puede no reflejar la realidad, desconfíe de las promesas de rentabilidad “elevada”, “garantizada”, “cubierta” o “absoluta” porque pueden resultar engañosas; 3) sea precavido si necesita liquidez antes de que venza la inversión; 4) asegúrese de entender cuáles son los costes totales; y 5) puede haber disponibles productos similares menos complejos con costes inferiores. La segunda: desearle suerte.