Pressing Cash » BCE

Archivos para el tag ‘BCE’

¡Oigan a Draghi!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/8/2020

El martes Mario Draghi volvió a hablar. Llevaba callado desde que dejó el Banco Central Europeo en noviembre del año pasado. Le confiaron el discurso de apertura de un importante Encuentro en Rimini (Italia). A decir del presidente de la organización, fue elegido para esa tarea porque “es muy importante escuchar a las personas que han tomado decisiones valientes y altamente competentes en momentos históricos de dificultad”. Draghi habló para los suyos, los italianos, pero sus palabras son perfectamente trasladables para España.

Lanzó una advertencia sobre el alto incremento de deuda que se está produciendo por la pandemia y de cómo ésta puede ser buena o mala dependiendo de uso que se haga de ella. Utilizarla con fines productivos marcará la diferencia: “Invertir en capital humano, en infraestructuras claves, en investigación y desarrollo… es el único modo en el que puede convertirse en deuda buena”. Sin tener un norte claro la incertidumbre minará el empleo, la inversión y el consumo, y la deuda se hará insostenible aunque los tipos de interés sean bajos.

Realizó un desesperado alegato en favor de los jóvenes, calificando de deber moral enfocarse en ellos porque serán los que tendrán que reembolsar esa montaña de deuda. Privar a un joven del futuro es una de las formas más graves de desigualdad. La participación en la sociedad del futuro requerirá que los jóvenes de hoy tengan aún mayores capacidades de discernimiento y adaptación: la educación y la inversión en los jóvenes debe ser prioritario.

Valoró positivamente el fondo de recuperación de 750.000 millones de euros establecido por la Comisión Europea, fundamental para asistir a los países del sur, y pidió que la unión conseguida no sea de carácter temporal. La crisis debe servir para fortalecer Europa, avanzando en la construcción de un presupuesto propio y que se siga emitiendo deuda de forma conjunta, haciendo de este inicio el germen de un ministerio del Tesoro europeo.

Y recriminó a los políticos que no comiencen desde ya a reflexionar sobre el uso que van a dar a los nuevos recursos: “ahora es el momento de tener sabiduría para elegir el futuro que queremos construir”. Que piensen en el largo plazo, que dejen de lado las disputas electorales, que es inaceptable -siempre, pero más en estos momentos- que los gobiernos actúen movidos por objetivos con beneficio político inmediato.

El caso es que estas cuatro recomendaciones no son diferentes a las que Draghi ya hizo durante sus ocho años de mandato al frente del BCE, pidiendo de forma machacona tanto reformas estructurales nacionales como el perfeccionamiento del funcionamiento de Europa. Su falta de éxito en este sentido ha sido una de las principales críticas que ha recibido: que la ayuda a los gobiernos facilitándoles que se financiaran barato sólo servía para que se acomodaran. Nueva crisis y nuevos apoyos, y ahora no sólo desde el ámbito monetario. La ayuda para España será cuantiosa y se nos exigirá total responsabilidad a la hora de utilizarla. Esperemos no tener que suplicar que vengan hombres de negro desde Europa porque nuestros políticos sean incapaces de alcanzar un pacto de Estado para relanzar a España.

Etiquetas: ,

Una parada en el camino

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/7/2020

Como se esperaba, el Banco Central Europeo no movió ficha en la reunión de ayer. Desde que empezó la pandemia ha puesto mucha carne en el asador y era momento de hacer una pausa. El éxito conseguido hasta el momento, conteniendo la bajada de la inflación y dejando bajo control las primas de riesgo soberanas, le ha permitido tomarse un respiro. También la pausa ha sido posible porque las proyecciones macroeconómicas -caídas del PIB- no han sido tan desastrosamente malas como podrían haber sido. En el comunicado, sin embargo, reitera que ahí están ellos, dispuestos a lo que sea necesario: “El Consejo de Gobierno sigue estando preparado para ajustar todos sus instrumentos según proceda”.

Y es que el camino promete ser largo. Hace poco, el economista jefe del BCE, Philip Lane, advertía que “la débil demanda, las continuas restricciones de oferta y las continuas restricciones de distanciamiento social están obstaculizando la normalización de la actividad económica”. Dio por hecho que no se volverá a los niveles previos a la pandemia hasta finales de 2022, como pronto. Y los temores a una segunda oleada del virus que comprometa esta recuperación que apenas se ha iniciado son fuertes. Así que, posiblemente en septiembre o en diciembre vuelvan a la carga, bien incrementando las compras o bien flexibilizando más las actuaciones que pusieron en marcha.

Pero hacer esta parada también le permite al BCE esperar y ver qué hacen desde la Comisión Europea. La cumbre de líderes europeos para negociar los pormenores del fondo de reconstrucción comienza mañana. No está fácil el acuerdo. Angela Merkel ha manifestado su disposición a comprometerse a que parte de los 750 mil millones de euros sean en forma de donaciones, pero no todos los países están dispuestos a secundarla. Esta misma semana pidió a los otros líderes “mirar más allá de las cifras”, pero el primer ministro holandés, Mark Rutte, uno de los principales opositores, manifiesta cada vez que tiene ocasión que está “sombrío” alcanzarlo.

Ayer Christine Lagarde alabó las tres redes de seguridad ya aprobadas, por valor de 540 mil millones de euros, pero no lo considera suficiente. Manifestó que “la UE debe alcanzar un acuerdo rápido y ambicioso”, con medidas de carácter específico y temporal que apoyen a las regiones y sectores más afectados, basado en políticas estructurales sólidas para rejuvenecer las economías, y enfocado en áreas prioritarias como las transiciones verdes y digitales.

Ella no es una gobernadora al uso, su pasado político la condiciona, recordemos que fue ministra de finanzas en Francia y presidenta del FMI. Y eso le lleva a entrometerse en lo que debe hacerse desde el ámbito fiscal. Pero tampoco es de extrañar que lo haga, porque valiente “marronazo” le cae si ese acuerdo no se alcanza. Tendría que remediar con instrumentos monetarios una recuperación desigual, con la dificultad que entraña conseguir que en esas condiciones se trasmita de forma uniforme la política monetaria. Y mejor no hablar de lo que le tocaría hacer si en algunos de los países más perjudicados y que parten de niveles de deuda elevados se desata el temido y perverso bucle banca y deuda soberana.

Etiquetas: ,

OK, tomamos nota

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/5/2020

En plena pandemia y con Europa inmersa en una descomunal crisis económica, va el Tribunal Constitucional alemán y le da una patada al proyecto europeo. Ha dictaminado que el programa de compra de deuda que puso en marcha Mario Draghi en 2015 -el Public sector purchase programme (PSPP)- es “desproporcional” y le da al BCE un plazo de tres meses para demostrar que no se ha extralimitado en sus competencias. Parece que estos jueces alemanes han olvidado que las naciones de la Eurozona no tienen poder para cuestionar lo que se decide respecto a la política monetaria. Hay que recordarles que cedieron soberanía a una entidad supranacional e independiente para que actuara con total autonomía en este aspecto.

Si algún tribunal puede vigilar esa actuación del BCE es el Tribunal Constitucional Europeo, y éste ya falló en 2018 avalando su legalidad. Por eso, el BCE no se ha inmutado y se ha limitado a comunicar escuetamente que toma nota, pero que seguirá haciendo todo lo necesario. O sea, que piensa seguir con dicho programa, con el nuevo -el Pandemic emergency purchase programme (PEPP)-, con el resto de medidas que ha adoptado, y lo que haga falta. También podría haberle aclarado a los alemanes que mientras que pertenezcan al club, el Bundesbank tendrá que hacer lo que se le ordene, porque en política monetaria es sólo la sucursal operativa que tiene en ese territorio europeo.

Ni son las formas adecuadas ni es a nivel nacional como hay que plantear el necesario debate sobre el papel que se le está haciendo jugar al BCE. Con la crisis de 2008, tuvo que tomar el mando y sacar las castañas del fuego. Desde entonces, en una constante huida hacia adelante, la eurozona ha desperdiciado doce años sin enfrentar las incoherencias y debilidades del proyecto europeo. De nuevo, con la pandemia, el BCE también se ve sin el acompañamiento de una respuesta fiscal contundente común europea. Si los alemanes se muestran así con el PSPP, a saber cómo reaccionarán con el PEPP, con el que el BCE se ha dotado de mucha mayor libertad de movimiento.

Y es que esta forma de solidaridad por la puerta falsa que supone la actuación del BCE termina finalmente siendo más controvertida y generando más resentimiento. Así lo advertían hace unos días 80 economistas holandeses -los Países Bajos están siendo aún más críticos que los alemanes- en el diario Volkskrant. Pedían “al Gobierno holandés que cambie de rumbo y que apoye un enfoque europeo” porque, en otro caso, el BCE actuará por su cuenta nuevamente y esto, dicen, supone una clara falta de legitimidad y de orientación política.

Están de acuerdo, como reclamamos desde España, en que ahora es el momento de una respuesta europea contundente y generosa, aunque, eso sí, señalan que en el futuro habrá que exigir a los países reformas y que ordenen sus cuentas. Lo decente sería que los necesitados de ayuda no esperen a que se les obligue a esto, sino que deberían voluntariamente y desde ya actuar para ganarse la credibilidad y la confianza del resto: no se puede apelar al esfuerzo común pero no querer ni un poco de sufrimiento propio: es la postura del gobierno español que pide y pide y no hace ni el mínimo gesto.

Etiquetas: ,

¡Se trata de Europa!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:44

TRIBUNA, 1/5/2020

Hablemos claro, el desastre que tiene encima Europa sólo se arregla de una forma: con más Europa. Y el motivo para que apuesten por ello los diferentes países no es el de la solidaridad sino el de la estricta conveniencia propia. Éste es el mismo argumento que ya Immanuel Kant en su día esgrimió para que las potencias europeas renunciaran a la guerra y firmaran un compromiso común por la paz: el interés propio. Y así ha sido, cuando siglos después los europeos se decidieron a hacerle caso. Ahora el objetivo de Europa es otro: hacer frente a la recesión más importante en tiempos de paz. Esperemos que ahora comprendan más rápido que les seguirá yendo mejor unidos que por separado.

Muchas voces autorizadas están clamando por esto. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la primera. Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, en una entrevista esta semana incluso se esforzó en convencer dando razones: por salud, por el riesgo de segundas olas si los países más débiles no pueden desconfinarse adecuadamente por agobios económicos; por política, ya que la población perdería la confianza en la unión; y por economía, porque al estar tan estrechamente interconectados, si sufre uno, sufren todos.

Y también Elisa Ferreira, la comisaria europea de Cohesión, advertía hace unos días que “el daño no será sólo para los llamados países menos eficientes, sino para toda Europa”. Un fondo europeo solo a base de créditos dejaría fuera a los países que no pueden endeudarse más allá de cierto nivel, y esta desproporción distorsionaría el mercado: “Sólo las ayudas de Berlín a Adidas, con 2.400 millones, o a TUI, con 1.500 millones, ya superan las que han dado algunos estados a todas sus pequeñas y medianas empresas”. Se necesita que las empresas viables resistan la crisis independientemente del lugar en el que estén ubicadas.

Europa se enfrenta a que la pandemia en determinados países derive en una crisis financiera que contagie al resto o en que alguno diga basta y se rompa el euro. Por ello, Christine Lagarde en su conferencia de ayer, tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, insistió en que una respuesta fiscal “ambiciosa y coordinada” es crítica. Aplaudió los 540 mil millones de euros aprobados como red de seguridad para trabajadores, empresas y soberanos, pero reclamó un programa de reconstrucción conjunto “rápido, firme y flexible”.

Sin embargo, esto no termina de engendrarse. Mario Draghi se pasó ocho años reclamando “más Europa” y ahora Lagarde lo hace en circunstancias aún más dramáticas. Por el momento, la situación está contenida por las compras del BCE. Así, ante la rebaja de Fitch a la deuda italiana, hasta BBB, casi bono basura, no ha habido reacción en el mercado. Pero la presión será cada vez más intensa. Ayer, Lagarde, se limitó a mejorar las condiciones de liquidez y retribución a la banca. Espera la respuesta fiscal mutualizada. Si falla, quizá los miembros del Consejo tendrían que hacer gala de su independencia y consentir que las compras de deuda incumplan la clave de capital y se atienda más al país más necesitado, y salvar al euro dando una respuesta mutualizada por la vía monetaria.

Etiquetas: ,

‘Tout le nécessaire’

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/2/2020

Al igual que le pasó a Mario Draghi, a la nueva presidenta del Banco Central Europeo le ha tocado lidiar una situación sumamente complicada al poco de llegar al cargo. Y como hizo él en su día, ella también se ha comprometido expresamente a hacer tout le nécessaire para preservar el euro. Ayer necesitaba trasmitir credibilidad en que sería capaz de hacerlo. Los mercados bursátiles europeos la esperaban con fuertes caídas, y especialmente condicionante para la toma de sus decisiones era la tremenda caída de la banca: en el último mes el índice Eurostoxx Banks había bajado un 38%.

Así, la presión sobre ella era máxima. Se esperaba que calmara el pánico que existe en el mercado a que se desencadene una recesión. Además, tenía que responder -partiendo de un margen operativo mucho más escaso- a los movimientos que habían ya dado los otros bancos centrales. La Reserva Federal intervino la semana pasada de urgencia bajando un 0,5% los tipos de interés y se espera que vuelva a actuar la próxima semana. También habían movido ficha el Banco de Inglaterra, el de Japón o el de Australia.

Su actuación se centró en tres nuevos frentes: se incrementarán las compras de activos por 120.000 millones de euros hasta final del año, asegurando una fuerte contribución de los programas de compra del sector privado; se realizarán temporalmente operaciones de refinanciación adicionales a más largo plazo para proporcionar liquidez inmediata al sistema financiero; y se lanzarán unas nuevas rondas de préstamos baratos -hasta un coste de -0,75%- para que “respalden los préstamos bancarios a los más afectados por la propagación del coronavirus, en particular las pequeñas y medianas empresas”. De forma paralela, la supervisión bancaria del BCE relajó temporalmente los requerimientos de capital y operativos en respuesta al coronavirus: mantiene en pie a los que tienen que, para activar la economía real, canalizar la política monetaria.

Pero este paquete de medidas a los mercados financieros les supo a poco. Esperaban cuanto menos que también bajara la tasa de depósito del -0.5% al -0.6%. Los índices bursátiles de la Eurozona respondieron ahondando en sus bajadas. Quizá se equivocó aunque también hay que considerar que el final de la sesión estuvo acompañado del dramático inicio de la sesión en Wall Street. El Eurostoxx cerró con caídas superiores al 12%. Nuestro Íbex 35, del 14%, la mayor de su historia.

No sabremos si los mercados se hubieran calmado en ese caso, porque el mercado americano también reaccionó a la baja y la intervención de la FED fue contundente. De fondo a lo que ocurría ayer estaba la guerra del petróleo, que amenaza con destruir el sector del gas de EEUU, la enorme tensión en el mercado de bonos americanos y el descomunal volumen mundial de deuda. La situación es sumamente grave. Ayer Lagarde volvió a reclamar “una postura fiscal ambiciosa y coordinada”. Sabe que por mucho que se haga desde la política monetaria no es en absoluto suficiente. El tout le nécessaire requiere de la acción conjunta de los gobiernos y bancos centrales occidentales. De ello depende que entremos o no en un escenario igual o peor que el de 2008.

Etiquetas: ,

“Escuchad, alemanes”

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:22

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/2/2020

Que nos quede claro a todos los alemanes: las críticas que se hacen desde nuestro país, Alemania, al Banco Central Europeo no están en absoluto justificadas”. Algo así es lo que vino a decirles este lunes a todos sus compatriotas Isabel Schnabel, ahora miembro del Comité Ejecutivo del BCE. Y no sólo lo dijo sino que lo argumentó en un discurso, Narratives about the ECB’s monetary policy – reality or fiction?, en Karlsruhe, ante la Sociedad Alemana de Investigación Jurídica.

Y es que Christine Lagarde, la nueva presidenta del BCE, la ha puesto en el cargo -entre otras cosas- para esto, para lavar la imagen del banco central en Alemania. Quiere rebajar la excesiva crítica que realizan los alemanes porque pone en peligro la confianza en la política monetaria única y socava la cohesión europea. Schnabel recuerda cómo entre otras lindezas se le ha llamado “conde Draghila” a Mario Draghi , el ex presidente, por “chupar” las cuentas de ahorro alemanas o cómo algunos políticos se han referido a él como “el sepulturero de los ahorradores alemanes”.

Este perjuicio a los ahorradores es lo que ocupa en gran medida su discurso, y también una reciente entrevista que ha concedido al diario Die Welt. Según ella es uno de los bulos que han extendido los críticos con la política monetaria expansiva de estos últimos años. Pero Schnabel se equivoca intentando derribar esto, porque es una realidad irrefutable. De hecho, sólo es capaz acudir a un argumento que poco consuelo puede proporcionar a los ahorradores: que hay que atender a las tasas reales de interés (tasas nominales menos la inflación) y que visto así, en comparación con otras épocas, no es tanto lo que pierden.

Aunque eso sí, Schnabel señala que Alemania no se compone sólo de ahorradores, sino también de prestatarios, contribuyentes, propietarios y, por supuesto, trabajadores. Y todos ellos han salido ganando. Schnabel proporciona datos que pueden abrirle los ojos a muchos alemanes: un ahorrador medio puede haber recibido unos 500 euros por año menos de intereses. Sin embargo, un prestatario medio ha pagado casi 2.000 euros menos de intereses. Además, el gobierno alemán ha ahorrado más de 40.000 de euros en intereses desde 2017, con los que podrían haber desarrollado políticas compensatorias.

Pero, en todo caso, las cuestiones de dinero nunca son en términos absolutos. Y los alemanes podrán seguir aduciendo que en relación a otros países con mayor endeudamiento -público y privado- ellos salen ganando menos. Por eso mejor camino que insistir en esas cuentas cicateras y miopes es hacerles ver que las medidas del BCE han respaldado la inversión, el crecimiento y la creación de empleo en toda la zona del euro, y especialmente en la economía alemana. Y que a ellos les ha ido bien en gran medida porque el resto se ha recuperado.

Para conseguir una mayor cohesión en la Eurozona se hacen necesarias grandes dosis de pedagogía para que todos los europeos comprendan que les va mejor juntos que por separado. Cuestión aparte, a la vista de la situación, además debería abrirse con urgencia un gran debate: ¿qué clase de sistema económico es éste que perjudica al que ahorra y premia al endeudado?

Christine Lagarde: se admiten ideas

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/1/2020

Todo apuntaba a que en la sesión de ayer del Consejo de Gobierno del BCE, liderado por Christine Lagarde, no se iba a mover nada. Aunque hay signos de estabilización en la economía de la Eurozona, persiste la debilidad del sector manufacturero. En cuanto a los riesgos, algunos -guerra EEUU y China o Brexit- están sólo anestesiados y ahora además puede abrirse un nuevo foco de tensión entre EEUU y la Unión Europea. Y respecto a la inflación, aunque las expectativas permanecen en niveles bajos, recientemente se han estabilizado o se han incrementado ligeramente. No obstante, para que pudiera darse un giro en la política monetaria el repunte de la economía debería ser claro y significativo, así que han decidido que a esperar y ver, dejando simplemente que prosiga el plan que dejó Draghi antes de marcharse.

Mientras, están dispuestos a replanteárselo todo. El equipo actual es más inexperto, con muchos recién llegados o con poco tiempo aún en los cargos, y quizás por eso es más osado. Ayer dieron inicio a la revisión estratégica de la política monetaria que ya Lagarde anunciara en su primera intervención en diciembre. La presidenta entonces manifestó que “cada piedra debe ser removida, cada opción tendrá que ser examinada”. Ayer lo confirmó: “Vamos a revisar una gran cantidad de problemas…”.

Pretenden un análisis exhaustivo y con apertura de miras. Desde el principio de su mandato ha pedido ayuda, quiere escuchar para que el BCE “no sólo esté predicando el evangelio que creemos que dominamos”. Y ha apelado a todos: políticos, académicos, legisladores, economistas y a la gente corriente. Quiere ideas fundamentalmente respecto al objetivo de la entidad. En 2003 se definió el objetivo de inflación “por debajo pero cerca del 2%”, pero tras los cambios radicales experimentados en la economía global procede sopesarlo. También requiere de ideas que ayuden a comprender la inflación o a repensar la forma de medirla; ideas sobre los instrumentos para cuantificar la marcha de la economía o para desarrollar la política monetaria; ideas sobre los efectos secundarios de los tipos negativos o sobre si debe priorizarse la estabilidad financiera… Si se desmenuzaran los epígrafes a revisar, la lista sería larga.

Y un asunto destaca por conflictivo. Lagarde lo anticipó ayer: “Sobre el cambio climático, sé que tendremos un debate sobre si debería ser el papel de los bancos centrales. También soy consciente del peligro de no hacer nada”. Habrá que ir viendo pero en principio hacer del cambio climático un objetivo de política monetaria parece un tremendo error, una novelería insensata. La independencia del banco central exige que no se interfiera en su acción pero también actúa en sentido contrario, y este es un tema político claro. Además, ¿cómo sería esa política monetaria verde?, ¿no sería un impuesto encubierto al carbono si se diera preferencia en las compras a los bonos verdes?, ¿penalizaría sin comprar sus bonos soberanos a países menos vinculados al cambio climático?; y si dejara de comprar activos, ¿cómo se abordaría el objetivo?… El proceso de revisión concluirá antes del final de 2020, así que nos vamos a pasar todo el año pensando.

Etiquetas: ,

El búho Lagarde

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/12/2019

Otra reunión -la última del año- del Consejo de Gobierno del BCE. Después de ocho años siguiendo intensamente las comunicaciones de Mario Draghi, nos toca acostumbrarnos a la nueva presidenta, Christine Lagarde. Ella lo quiso dejar claro, que el BCE afronta una nueva etapa, que ahora es su tiempo: “Voy a tener mi propio estilo, voy a ser yo misma”. Y no quiere etiquetas, ni que la tachen de halcón ni de paloma. Lo había dicho hace unos días tras una conferencia y en la de ayer volvió a repetirlo: “Espero ser un búho. Me gustan los búhos. Son animales muy sabios”. De momento, continuidad -su predecesor le había dejado los deberes hechos- aunque también, sin decir cuáles, anuncio de reformas.

Lagarde ha mantenido exactamente igual el plan de acción que Draghi marcó en septiembre. Era lo que se esperaba. En su primera reunión y sin que haya habido cambios de envergadura en el cuadro macroeconómico europeo no iba a mover ficha. Las previsiones siguen señalando -décima arriba o décima abajo- un crecimiento débil y una baja inflación hasta 2022. Pero la nueva presidenta las ha acompañado con dos esperanzas: que se aprecian señales iniciales de estabilización en la desaceleración económica y un leve avance de la inflación subyacente; y que los riesgos que amenazan el crecimiento siguen inclinados, pero menos, a la baja.

La continuidad con Draghi también se sintió en el toque de atención que le dio a los gobiernos. El mensaje fue el mismo: todos los países deberían hacer más para alcanzar el potencial de crecimiento; es fundamental que se lleven a cabo las reformas estructurales necesarias; que los que tengan una deuda alta cumplan el equilibrio presupuestario y que los que tengan espacio fiscal, por favor, que lo utilicen. Y del mismo modo, apeló a mejorar el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria.

La novedad la puso cuando confirmó que “la revisión de la estrategia del BCE comenzará en enero y estará completa antes de fin año”. En semanas pasadas ya había dejado claro que la gestión que se hace en los bancos centrales desde hace dos décadas puede resultar obsoleta y procede revisarla. En este sentido, sólo afirmó que no tiene en mente cambiar el mandato, esto es, la estabilidad de los precios. Eso no está en su mano, implicaría modificar el estatuto, pero podría redefinir en cómo se concreta. El “por debajo, pero cerca, del 2%”, es arbitrario. Como lo de Groucho Marx: si no consigo el objetivo, pues lo cambio.

Tampoco dio pistas sobre si se utilizarán otros instrumentos diferentes. Los actuales, incluso los no convencionales, ciertamente han resultado poco eficientes, pero no mencionó en qué otros está pensando: ¿se atreverá a utilizar herramientas radicales, como el helicóptero monetario, y repartir dinero entre la gente?, ¿impulsará la implantación del e-euro para mejorar la trasmisión de la política monetaria?… Y por último, también avanzó que la entidad abordará cómo participar en un objetivo que en absoluto es competencia de un banco central, sino de los gobiernos: el cambio climático.

En definitiva, muchos posibles y controvertidos cambios. Tendremos que ir viendo reunión a reunión cómo ulula el búho Lagarde.

Etiquetas: , ,

Inestabilidad financiera: ¿cómo nadie hizo nada?

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/11/2019

¿Cómo nadie advirtió esta caída?, le preguntó la reina Isabel II de Inglaterra en 2008 a los economistas presentes en la inauguración de un nuevo edificio de la prestigiosa London School of Economics. Acababa de estallar la crisis financiera más intensa de la historia. El caso es que sí hubo algunas advertencias previas pero nunca fueron escuchadas. Interesó más negarlas y seguir bailando. Desde entonces, los análisis y estudios sobre los riesgos potenciales para la estabilidad financiera se han multiplicado. En la Eurozona, dos veces al año, el BCE publica un informe para que políticos, la industria financiera y el público en general tomen conciencia de las vulnerabilidades financieras. El miércoles conocimos la segunda entrega de 2019.

Los altos niveles de deuda pública en algunos de los países constituye uno de los riesgos más importantes de la Eurozona. Pero poco caso le están haciendo los políticos. Esta semana la Comisión Europea recriminó a Italia, Francia y España que no habían aprovechado los buenos años económicos para reducir sus deudas. Es más, gracias a la política monetaria disfrutan de unas condiciones financieras excepcionales: sólo sirven para sustituir intereses por más gasto.

Por otra parte, el precio de los activos está disparatado, y los inversores deberían tomar nota para no llamarse en el futuro a engaño. El informe lo dice claro. Las valoraciones de activos, que dependen de bajas tasas de interés, podrían enfrentar importantes correcciones futuras. El volumen de bonos con rendimientos negativos ha crecido hasta alcanzar el 25% de los bonos mundiales. Hasta ahora el descenso continuado de los tipos de interés ha ido generando un efecto plusvalía pero es poco probable que esto se mantenga.

Demoledora también es la aseveración de Luis de Guindos en la conferencia que impartió el lunes y en la que anticipó este informe: “El 75% de los bancos en Europa no son rentables”. El vicepresidente del BCE vino a decirles que no se quejen de la política monetaria, que sin ella no hubieran recuperado los volúmenes de préstamos ni mejorado la morosidad ni se habrían beneficiado de la mayor valoración de los activos. Y les culpó de no estar haciendo lo suficiente para mejorar la rentabilidad, ajustando sus modelos de negocio y con fusiones.

También las entidades financieras no bancarias son otro gran foco de vulnerabilidad. Han ido creciendo en tamaño y para incrementar la rentabilidad han aumentado su exposición a valores más arriesgados, menos líquidos y más dependiente de las economías emergentes. Ante bajadas importantes de los precios de los activos, los partícipes pueden hacer desbandada general obligando a los fondos a vender masivamente, provocando que los precios caigan aún más, retroalimentando el problema.

Estos cuatro riesgos -claramente entrelazados y con potencial para perjudicarse mutuamente- ya fueron señalados en informes pasados. La diferencia es que ahora se encuentran agudizados porque la situación macroeconómica de la zona del euro se ha deteriorado y existen circunstancias que pueden deprimirla aún más. ¿Quién será el que pregunte el día de mañana cómo nadie hizo nada?

¡gracias, Draghi!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:12

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/10/2019

La reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo de ayer fue la última que presidió Mario Draghi, el hombre que llevó a cabo en 2012 una gran hazaña: salvar al euro. “Supermario” llegó en un momento delicadísimo para la Eurozona, pero cogió el mando con determinación y valentía, y pronunció un puñado de palabras que resultaron mágicas. Sin duda, su “haré lo que sea necesario para salvar al euro y, créanme, será suficiente” pasará a la historia. El efecto que causaron fue sorprendente. El euro estaba inmerso en una insoportable tormenta, con bucles diabólicos entre deuda soberana y banca, y con ellas el mago logró calmarla.

La simple comunicación de sus intenciones restauraron la confianza en el euro, y ésta siguió afianzándose a medida con que con sus acciones se comprobaba que no eran palabras vanas. Persistente en su lucha, constante en su propósito, sin rendirse ante la dificultad y paciente ante la lenta obtención de resultados. Mostrando seguridad y calma, incluso cuando le tiraron confetis a la cara. Con inteligencia para saber elegir cuidadosamente las palabras y el tono con el que pronunciarlas: con él la comunicación se convirtió en uno de los instrumentos más importantes de su política monetaria.

Rebelde, se ha enfrentado en todo momento a quienes no compartían sus órdenes, resistiendo a los halcones, alemanes principalmente, que llevaron -sin éxito- hasta el Tribunal Constitucional alemán sus decisiones. También ha soportado duras acusaciones, como la del ministro alemán, Wolfang Schäuble, de haber provocado el ascenso en su país de la extrema derecha. Y ha sido firme ante la fuerte y constante presión desde la banca. Todos ellos han ido denunciando los efectos colaterales que su política provocaba, como el castigo al ahorrador conservador, la anomalía financiera a la que conducía o las burbujas en los precios de los activos, y han cuestionado la debilidad de los resultados en comparación con el esfuerzo monetario realizado.

Al final de su mandato las críticas se han disparado. La vuelta atrás en el crecimiento y en la inflación europeos le llevaron en septiembre a intensificar sus estímulos monetarios. Y volvió a pedir alto y claro que desde otros ámbitos se actuara. Desde su primera intervención reclamó reformas estructurales nacionales, estímulos por parte de los países con capacidad fiscal y una reforma europea: Unión Bancaria, Unión del Mercado de Capitales y un presupuesto europeo fuerte con el que puedan activarse mecanismos contracíclicos estabilizadores.

Y hasta ayer mismo lo ha seguido reclamando. No ha dejado de marcar el camino que había de recorrerse pero sin poder para exigir que se ejecutara. Él, desde el ámbito monetario, sólo podía comprar tiempo para que pudiera llevarse a cabo. En septiembre, en su discurso de despedida ante el Parlamento Europeo, señaló que no se había hecho prácticamente nada. Los políticos europeos, dentro de sus fronteras, han preferido confiarse al “salvador” y a nivel europeo han seguido siendo “tímidamente europeos”, justo la posición que Emmanuel Macron dijo que había que superar cuando llegó a la presidencia de Francia. Adiós y gracias, Mario Draghi.

Etiquetas: ,