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El búho Lagarde

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/12/2019

Otra reunión -la última del año- del Consejo de Gobierno del BCE. Después de ocho años siguiendo intensamente las comunicaciones de Mario Draghi, nos toca acostumbrarnos a la nueva presidenta, Christine Lagarde. Ella lo quiso dejar claro, que el BCE afronta una nueva etapa, que ahora es su tiempo: “Voy a tener mi propio estilo, voy a ser yo misma”. Y no quiere etiquetas, ni que la tachen de halcón ni de paloma. Lo había dicho hace unos días tras una conferencia y en la de ayer volvió a repetirlo: “Espero ser un búho. Me gustan los búhos. Son animales muy sabios”. De momento, continuidad -su predecesor le había dejado los deberes hechos- aunque también, sin decir cuáles, anuncio de reformas.

Lagarde ha mantenido exactamente igual el plan de acción que Draghi marcó en septiembre. Era lo que se esperaba. En su primera reunión y sin que haya habido cambios de envergadura en el cuadro macroeconómico europeo no iba a mover ficha. Las previsiones siguen señalando -décima arriba o décima abajo- un crecimiento débil y una baja inflación hasta 2022. Pero la nueva presidenta las ha acompañado con dos esperanzas: que se aprecian señales iniciales de estabilización en la desaceleración económica y un leve avance de la inflación subyacente; y que los riesgos que amenazan el crecimiento siguen inclinados, pero menos, a la baja.

La continuidad con Draghi también se sintió en el toque de atención que le dio a los gobiernos. El mensaje fue el mismo: todos los países deberían hacer más para alcanzar el potencial de crecimiento; es fundamental que se lleven a cabo las reformas estructurales necesarias; que los que tengan una deuda alta cumplan el equilibrio presupuestario y que los que tengan espacio fiscal, por favor, que lo utilicen. Y del mismo modo, apeló a mejorar el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria.

La novedad la puso cuando confirmó que “la revisión de la estrategia del BCE comenzará en enero y estará completa antes de fin año”. En semanas pasadas ya había dejado claro que la gestión que se hace en los bancos centrales desde hace dos décadas puede resultar obsoleta y procede revisarla. En este sentido, sólo afirmó que no tiene en mente cambiar el mandato, esto es, la estabilidad de los precios. Eso no está en su mano, implicaría modificar el estatuto, pero podría redefinir en cómo se concreta. El “por debajo, pero cerca, del 2%”, es arbitrario. Como lo de Groucho Marx: si no consigo el objetivo, pues lo cambio.

Tampoco dio pistas sobre si se utilizarán otros instrumentos diferentes. Los actuales, incluso los no convencionales, ciertamente han resultado poco eficientes, pero no mencionó en qué otros está pensando: ¿se atreverá a utilizar herramientas radicales, como el helicóptero monetario, y repartir dinero entre la gente?, ¿impulsará la implantación del e-euro para mejorar la trasmisión de la política monetaria?… Y por último, también avanzó que la entidad abordará cómo participar en un objetivo que en absoluto es competencia de un banco central, sino de los gobiernos: el cambio climático.

En definitiva, muchos posibles y controvertidos cambios. Tendremos que ir viendo reunión a reunión cómo ulula el búho Lagarde.

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Inestabilidad financiera: ¿cómo nadie hizo nada?

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/11/2019

¿Cómo nadie advirtió esta caída?, le preguntó la reina Isabel II de Inglaterra en 2008 a los economistas presentes en la inauguración de un nuevo edificio de la prestigiosa London School of Economics. Acababa de estallar la crisis financiera más intensa de la historia. El caso es que sí hubo algunas advertencias previas pero nunca fueron escuchadas. Interesó más negarlas y seguir bailando. Desde entonces, los análisis y estudios sobre los riesgos potenciales para la estabilidad financiera se han multiplicado. En la Eurozona, dos veces al año, el BCE publica un informe para que políticos, la industria financiera y el público en general tomen conciencia de las vulnerabilidades financieras. El miércoles conocimos la segunda entrega de 2019.

Los altos niveles de deuda pública en algunos de los países constituye uno de los riesgos más importantes de la Eurozona. Pero poco caso le están haciendo los políticos. Esta semana la Comisión Europea recriminó a Italia, Francia y España que no habían aprovechado los buenos años económicos para reducir sus deudas. Es más, gracias a la política monetaria disfrutan de unas condiciones financieras excepcionales: sólo sirven para sustituir intereses por más gasto.

Por otra parte, el precio de los activos está disparatado, y los inversores deberían tomar nota para no llamarse en el futuro a engaño. El informe lo dice claro. Las valoraciones de activos, que dependen de bajas tasas de interés, podrían enfrentar importantes correcciones futuras. El volumen de bonos con rendimientos negativos ha crecido hasta alcanzar el 25% de los bonos mundiales. Hasta ahora el descenso continuado de los tipos de interés ha ido generando un efecto plusvalía pero es poco probable que esto se mantenga.

Demoledora también es la aseveración de Luis de Guindos en la conferencia que impartió el lunes y en la que anticipó este informe: “El 75% de los bancos en Europa no son rentables”. El vicepresidente del BCE vino a decirles que no se quejen de la política monetaria, que sin ella no hubieran recuperado los volúmenes de préstamos ni mejorado la morosidad ni se habrían beneficiado de la mayor valoración de los activos. Y les culpó de no estar haciendo lo suficiente para mejorar la rentabilidad, ajustando sus modelos de negocio y con fusiones.

También las entidades financieras no bancarias son otro gran foco de vulnerabilidad. Han ido creciendo en tamaño y para incrementar la rentabilidad han aumentado su exposición a valores más arriesgados, menos líquidos y más dependiente de las economías emergentes. Ante bajadas importantes de los precios de los activos, los partícipes pueden hacer desbandada general obligando a los fondos a vender masivamente, provocando que los precios caigan aún más, retroalimentando el problema.

Estos cuatro riesgos -claramente entrelazados y con potencial para perjudicarse mutuamente- ya fueron señalados en informes pasados. La diferencia es que ahora se encuentran agudizados porque la situación macroeconómica de la zona del euro se ha deteriorado y existen circunstancias que pueden deprimirla aún más. ¿Quién será el que pregunte el día de mañana cómo nadie hizo nada?

¡gracias, Draghi!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:12

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/10/2019

La reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo de ayer fue la última que presidió Mario Draghi, el hombre que llevó a cabo en 2012 una gran hazaña: salvar al euro. “Supermario” llegó en un momento delicadísimo para la Eurozona, pero cogió el mando con determinación y valentía, y pronunció un puñado de palabras que resultaron mágicas. Sin duda, su “haré lo que sea necesario para salvar al euro y, créanme, será suficiente” pasará a la historia. El efecto que causaron fue sorprendente. El euro estaba inmerso en una insoportable tormenta, con bucles diabólicos entre deuda soberana y banca, y con ellas el mago logró calmarla.

La simple comunicación de sus intenciones restauraron la confianza en el euro, y ésta siguió afianzándose a medida con que con sus acciones se comprobaba que no eran palabras vanas. Persistente en su lucha, constante en su propósito, sin rendirse ante la dificultad y paciente ante la lenta obtención de resultados. Mostrando seguridad y calma, incluso cuando le tiraron confetis a la cara. Con inteligencia para saber elegir cuidadosamente las palabras y el tono con el que pronunciarlas: con él la comunicación se convirtió en uno de los instrumentos más importantes de su política monetaria.

Rebelde, se ha enfrentado en todo momento a quienes no compartían sus órdenes, resistiendo a los halcones, alemanes principalmente, que llevaron -sin éxito- hasta el Tribunal Constitucional alemán sus decisiones. También ha soportado duras acusaciones, como la del ministro alemán, Wolfang Schäuble, de haber provocado el ascenso en su país de la extrema derecha. Y ha sido firme ante la fuerte y constante presión desde la banca. Todos ellos han ido denunciando los efectos colaterales que su política provocaba, como el castigo al ahorrador conservador, la anomalía financiera a la que conducía o las burbujas en los precios de los activos, y han cuestionado la debilidad de los resultados en comparación con el esfuerzo monetario realizado.

Al final de su mandato las críticas se han disparado. La vuelta atrás en el crecimiento y en la inflación europeos le llevaron en septiembre a intensificar sus estímulos monetarios. Y volvió a pedir alto y claro que desde otros ámbitos se actuara. Desde su primera intervención reclamó reformas estructurales nacionales, estímulos por parte de los países con capacidad fiscal y una reforma europea: Unión Bancaria, Unión del Mercado de Capitales y un presupuesto europeo fuerte con el que puedan activarse mecanismos contracíclicos estabilizadores.

Y hasta ayer mismo lo ha seguido reclamando. No ha dejado de marcar el camino que había de recorrerse pero sin poder para exigir que se ejecutara. Él, desde el ámbito monetario, sólo podía comprar tiempo para que pudiera llevarse a cabo. En septiembre, en su discurso de despedida ante el Parlamento Europeo, señaló que no se había hecho prácticamente nada. Los políticos europeos, dentro de sus fronteras, han preferido confiarse al “salvador” y a nivel europeo han seguido siendo “tímidamente europeos”, justo la posición que Emmanuel Macron dijo que había que superar cuando llegó a la presidencia de Francia. Adiós y gracias, Mario Draghi.

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Desaceleración: más presión para la banca

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:08

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/10/2019

En los últimos años los bancos se ha quejado sistemáticamente del daño que le hacen a la rentabilidad de sus entidades los bajos tipos de interés fijados por el Banco Central Europeo. Este argumento es fácilmente rebatible. Sólo tienen que pensar si hubieran podido sobrevivir en una economía deprimida. Les habrá supuesto costes, pero los años de fuerte crecimiento que la política monetaria ha propiciado les ha permitido recuperar la actividad crediticia, reducir la morosidad y disfrutar de valoraciones más altas de los activos financieros y reales de sus balances. Ahora la situación ha cambiado: en los próximos años tendrán que convivir con tipos incluso más bajos y además con un débil crecimiento, tanto más exiguo en función de que se materialicen los diferentes riesgos que lo amenazan. Mucha presión para sus poco lozanas cuentas de resultados.

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, explicaba esta semana cómo afecta el deterioro macroeconómico a las entidades de depósito: “A la disminución del valor de algunos de sus activos se uniría una demanda de crédito menor. Además, la calidad del activo podría empeorar, dado que la capacidad de pago de sus acreditados se vería negativamente afectada. Encontrarían asimismo más dificultades para continuar desprendiéndose de sus activos improductivos”. Y lo peor es que esta mala perspectiva llega a un sector en el que su rentabilidad es actualmente claramente inferior al coste del capital exigido por los accionistas. La banca española parte de una mejor situación respecto a sus homólogos europeos, pero en el primer semestre ha recortado un 11,5 % sus beneficios, signo de la creciente probabilidad de materialización de este riesgo.

También Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, en uno de sus últimos discursos fue drástico al diagnosticar la situación actual bancaria: “El 90% de los bancos europeos presentan un ROE menor que su coste de capital, lo que explica que la cotización media se sitúe por debajo del 50% de su valor contable”. Esto complica la posibilidad de captar capital propio en los mercados y que no se generen suficientes recursos propios internamente. La disminución de dividendos para reforzar el capital tampoco parece factible porque podría ahuyentar más al inversor, que mira por los rendimientos a corto plazo.

Ahora los bancos europeos son (algo) más resistentes que antes de la crisis, pero siguen siendo muy vulnerables ante un cambio en el ciclo económico. Su reto es seguir mejorando la calidad de sus balances, reducir el exceso de capacidad e incrementar la eficiencia, reduciendo costes, pero sin abandonar el cambio hacia un modelo de negocio que les permita competir en un sistema financiero en el que cada vez entran más y mayores operadores, y mucho más cercanos a los clientes. Enorme presión, por tanto, para la banca europea y, por ende, presión para todos, porque le tenemos confiados en gran medida nuestros ahorros. Y los españoles, los que más. El Banco de España publicaba esta semana la cifra: les tenemos prestados a los bancos 860.958 millones de euros, y eso sólo contando lo que mantenemos en cuentas a la vista y depósitos.

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Draghi: “Es el momento de la política fiscal”

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/9/2019

Las reuniones del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, lejos de pasar desapercibidas, siguen teniendo igual o más intensidad incluso que en plena crisis. Las expectativas con la de ayer eran muy altas. En julio Mario Draghi ya dio señales de que volvería a actuar y de manera contundente. Y lo ha hecho, a él no le tiembla el pulso para apoyar desde su ámbito a la economía de la eurozona. Estableció un pack completo, interviniendo de varios maneras. Sin embargo, lo más importante fue el mensaje que trasmitió durante su conferencia, la penúltima antes de darle paso a Christine Lagarde, a los países del euro: “Es el momento de que la política fiscal coja el testigo de la política monetaria”.

Justificó las medidas adoptadas por los datos estadísticos recibidos desde la última reunión, que apuntan a una debilidad más prolongada en la economía de la zona euro: “La desaceleración económica de la zona euro ha sido más acusada de lo esperado”, y porque “los riesgos en torno a las perspectivas de crecimiento de la Eurozona siguen inclinados a la baja”. De hecho, el BCE ha rebajado una décima las previsiones del crecimiento del PIB para este año (1,1%) y dos para el próximo (1,2%). Y de igual modo, corrige a la baja las previsiones de inflación: 1,2% para este año desde el 1,3%, y del 1% para 2020, desde el 1,4% pronosticado anteriormente.

La intención con este paquete de medidas es seguir apoyando el acceso a la financiación, en particular para las pequeñas y medianas empresas. En concreto, se elimina el límite temporal -verano de 2020- que estaba marcado para la subida de los tipos de interés, dejando esta posibilidad abierta, indefinida, hasta que haga falta. Continuarán las reinversiones de los activos que vayan venciendo, pero además se establece un nuevo programa de compras netas de activos -sin especificar cuáles- después del descanso de 9 meses. El ritmo será de 20 mil millones de euros al mes a partir del 1 de noviembre, sin plazo. Se baja el tipo de depósito del -0,4% al -0,5%-, con un nuevo sistema escalonado para compensar parte del impacto negativo en la rentabilidad bancaria. Y, por último, se retoca la nueva serie de TLTRO III en términos financieros más favorables para la banca.

Conforme a su mandato, el BCE ha brindado de nuevo, y seguirá haciéndolo en el futuro, apoyo monetario. Pero por sí solo será claramente insuficiente. Al pedir Draghi el relevo de la política monetaria está declarando su desconfianza en la eficiencia que puedan tener más estímulos monetarios en una economía ya completamente estimulada. Las medidas están perdiendo efectividad para conseguir potenciar la inversión privada. No sirven para nada si el apetito por la deuda no las acompañan. Así, el protagonismo han de cogerlo necesariamente los gobiernos de la eurozona, acometiendo reformas estructurales, bajando impuestos o gastando. Aunque de ningún modo debería tratarse de gastar por gastar, por mucho margen fiscal del que se disponga, sino de invertir, de acometer proyectos -de infraestructuras, en redes de comunicación, digitalización o descarbonización- que no supongan para el futuro contribuyente una carga.

¡Gasta, Alemania, gasta!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/9/2019

l miércoles Christine Lagarde recibió el respaldo de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios de la Eurocámara para que presida el Banco Central Europeo (BCE) a partir del 1 de noviembre. En el discurso que pronunció en ese acto de nominación, la sucesora de Draghi advirtió de que “los desafíos que justifican la política actual del BCE no han desaparecido” y que, por tanto, estaba a favor de continuar con una política monetaria muy acomodaticia durante un largo período de tiempo. Pero también dejó claro que “ella no es un hada” y que “los bancos centrales no son el único juego en la ciudad”, reclamando a los gobiernos europeos el desarrollo de una política fiscal que estimule la debilidad de la economía de la eurozona. Tampoco es que esta petición sea una novedad, ha sido la rogativa con la que Mario Draghi ha cerrado todas sus intervenciones estos últimos años. Sin éxito.

Pero, por supuesto, se refieren a que gasten más los gobiernos más ricos de la Eurozona: “Los que tienen la capacidad de utilizar el espacio fiscal disponible deberían gastar en mejorar su infraestructura”. Son la mayoría, apuntó, pero su petición especialmente iba dirigida a Alemania. Hay que recordar que la economía alemana dejó atrás los altos déficits del principio de la crisis en 2014 y ha ido incrementando sus superávits fiscales hasta situarse en el 1,7% en 2018. Por su parte, y consecuentemente, su deuda pública ha caído del 80% del PIB de entonces hasta al 60,9%.

El estímulo presupuestario de esos países que tienen margen fiscal no sólo tendría un impacto positivo en los que lo llevan a cabo, sino que se extendería también al resto de los países de la eurozona. Por eso, también Lagarde abogó al mismo tiempo porque se institucionalice más la cooperación, reforzando el presupuesto embrionario de la eurozona, cuyo fondo serviría para potenciar de forma centralizada a las economías con problemas. Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, que se pronunció días antes en la misma línea que Lagarde, señaló que el presupuesto federal en EEUU suaviza cerca de un 10% las perturbaciones económicas.

Pero por ahora la política fiscal la deciden, bajo ciertas normas de equilibrio presupuestario, los países por sí solos. Alemania no ha querido adoptar una posición inversora estos últimos años que podría haber beneficiado a todos. Tampoco en política monetaria ha mirado por sus socios, atacando durante toda la crisis las medidas del BCE que tanto bien les han hecho a países como España. Afortunadamente la política monetaria se diseña tomando en consideración la situación del conjunto de la eurozona. Y bien que les ha venido, porque sus condiciones de financiación ahora son excelentes. El bono a diez años alemán cotiza actualmente en el entorno del -0,7% e incluso consiguió el 21 de agosto colocar deuda a 30 años a tipos negativos. Su ministro de finanzas, Olaf Scholz, ha anunciado que podrían invertir hasta 50.000 mil millones de euros, algo menos del superávit que tuvo en 2018. Todo apunta a que Lagarde tendrá éxito y su rogativa será escuchada por Alemania. Pero, eso sí, lo hará por combatir su recesión, no por redimirnos al resto.

Draghi espera a Powell

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:35

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/7/2019

En junio, en la reunión anual de bancos centrales en Sintra, Mario Draghi declaró sus intenciones: “En ausencia de mejora, se requerirá un estímulo adicional”. En este sentido, Pierre Moscovici, el comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea, advertía hace unos días del debilitamiento de la economía de la Eurozona. Esto nos puede parecer extraño porque la economía española se mueve -por ahora- a contracorriente, pero Alemania está bordeando la recesión técnica, Italia está estancada y Francia también ha ido reduciendo varias décimas sus previsiones de crecimiento. Y el temor es que los negros nubarrones que sobrevuelan la economía mundial -la guerra tecnológica entre EEUU y China, un ahora más que probable Brexit sin acuerdo, la vulnerabilidad de los países emergentes o la tensión creciente en Oriente Medio- descarguen con fuerza. Ayer Draghi preparó las armas y se colocó en posición de tiro, pero disparará en septiembre. Mientras verá lo que hace su homólogo americano, Jerome Powell.

De la reunión cabe destacar tres novedades. La primera es que abrió la puerta a una futura rebaja de los tipos. En el comunicado oficial y en la conferencia posterior se informó que “al menos hasta la primera mitad de 2020 los tipos de interés se mantendrán iguales o -esto es lo nuevo- “por debajo” de los actuales.

La segunda, que se está estudiando “el diseño de un sistema escalonado para la remuneración de las reservas bancarias”, dando a entender que se penalizarán aún más -ahora en -0,4%- aunque buscando la manera de que afecte lo menos posible a la rentabilidad bancaria.

Y la tercera novedad es que se están analizando opciones para determinar el tamaño y la composición de nuevas compras de activos netos potenciales. Un nuevo QE en el que muchos analistas esperan que se incluyan acciones.

No sólo el BCE se está replanteado nuevas medidas de política monetaria. Es bastante probable que el próximo 31 de julio la Reserva Federal reduzca las tasas de interés por primera vez tras casi una década. La presión que está ejerciendo Donald Trump sobre su gobernador es intensa. Una reducción de tipos en la Eurozona ahora podría provocar que Powell los recortara con más fuerza. Draghi ha preferido esperar a que él dispare y que sea en otoño, en las dos reuniones más que le quedan, cuando continúe con el compromiso que adquirió en 2012 de “hacer todo lo que fuera necesario”, dejando además el inicio del mandato de su sucesora, Christine Lagarde, cubierto.

Los bancos centrales actúan condicionados en gran medida por los movimientos de los otros y tienen que hacerlo con cautela para no provocar una escalada en la protección de las monedas o incluso que pueda afectar a otros ámbitos económicos. De hecho, Trump acusó en Sintra de manipulador de divisas a Draghi cuando éste anunció que estaba dispuesto para nuevos estímulos monetarios. Incluso de forma cínica entonces lanzó un tweet afirmando que quería para liderar la Reserva Federal a “un Draghi”. El malestar por las intervenciones monetarias puede condicionar las relaciones comerciales entre los Estados Unidos y Europa, y especialmente en el sector automotriz podría hacernos un enorme daño.

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Pagar por los depósitos y cobrar por las deudas

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/6/2019

El Consejo de Gobierno del BCE toma decisiones para que tengan consecuencias, para conseguir resultados en la inflación -su objetivo prioritario- y en el crecimiento económico. La semana pasada, entre otras decisiones, acordó mantener la tasa de depósito al -0,4% y abrió la posibilidad de bajarla aún más. Para los bancos ha sido un jarro de agua helada. Reclamaban que se les suavizara esa tasa, que les penaliza por tener aparcados sus sobrantes de reservas en el BCE. Esta semana Draghi les ha indicado la solución: que les cobren a su vez a sus depositantes corporativos. El BCE quiere que la tasa de depósito del -0,4% actúe sobre la economía real en un doble sentido: forzando a los bancos a prestar y, si la trasladan, empujando a invertir a las empresas.

Los particulares -salvo si disponen de saldos millonarios- no tienen que temer que se les cobre por los depósitos, pero han de olvidarse de que vuelvan los tiempos en que eran remunerados. El límite del 0% es muy difícil de socavar, las entidades no van a arriesgarse a que la población vaya en masa a sus sucursales a por billetes para guardarlos en sus casas. Pero el escenario sí puede cambiar para las empresas, especialmente para las grandes corporaciones: aunque tengan coste, no van a dejar de tener el dinero en los bancos, necesitan operar con los depósitos.

Esto no es nuevo en Europa, aunque ahora puede extenderse y generalizarse. Actualmente los tipos negativos afectan al 5% de los depósitos totales y cerca del 20% de los depósitos de grandes empresas en la zona euro. Pero estas proporciones varían según los países. Las empresas belgas, alemanas y holandesas ya pagan por su liquidez en el 50% de depósitos. Esto no es casual, sus bancos son los más afectados con esa tasa de depósito negativa y son los que más se han apresurado en trasladarla.

La efectividad de esta tasa para influir positivamente en la economía real viene avalada por un informe publicado por el BCE esta misma semana. En él se demuestra que a las empresas que se les cobra por la liquidez, reducen sus tenencias de efectivo y aumentan su inversión en activos tangibles e intangibles. También rechaza el efecto negativo para la banca: pueden pasar las tasas negativas a sus depositantes corporativos sin que estos se les vayan. Eso sí, si son bancos sólidos, lo que induce a pensar en que aumentará la competencia, con movimientos de depósitos hacia los mejores, aunque por ello les cobren.

Las grandes empresas pagarán por sus depósitos pero tampoco podemos olvidar que están disfrutando de unos costes financieros históricamente bajos. Muchas de ellas se han beneficiado de otras políticas del BCE -compra de bonos privados- que les han llevado incluso a financiarse con tipos negativos. Así es el surrealismo financiero en el que vivimos: empresas pagando por sus depósitos y cobrando por sus deudas. La críticas les llueven al BCE. A nadie se le escapan las consecuencias indeseadas de sus medidas, y es discutible si son suficientes los resultados en relación a su enorme intervención. Pero el euro ha sobrevivido. Además, ¿cuál era la alternativa?, ¿se le hubiera perdonado que se quedara al margen?

Listos para actuar

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:22

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/6/2019

No todas las reuniones que periódicamente mantiene el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) levantan el mismo nivel de expectación. Las decisiones que se han tomado en muchas de ellas eran en gran medida predecibles. Sin embargo, en otras, como pasaba con la de ayer, la incertidumbre sobre lo que se comunicaría era alta. En esta ocasión Mario Draghi estaba sometido a una enorme presión, principalmente por dos motivos: por las palabras del miércoles del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que anticipan sin tapujos una próxima bajada de tipos; y por los datos de Eurostat de esta semana sobre la inflación, el objetivo del BCE, que cayó del 1,7% de abril al 1,2% en mayo.

En su conferencia Draghi reconoció que a pesar de que los datos en la eurozona eran algo mejores de lo esperado para el primer trimestre, la información más reciente indica que los vientos globales en contra continúan afectando a las perspectivas de la zona euro. Y señaló las causas, agregando: “La presencia prolongada de incertidumbres relacionadas con factores geopolíticos, la creciente amenaza del proteccionismo y las vulnerabilidades en los mercados emergentes está dejando su huella en el sentimiento económico”.

Tanto los riesgos que señaló, como otros que no nombró explícitamente -los problemas con el presupuesto italiano y el Brexit- no sólo siguen presentes sino que se están agudizando, y resulta difícil cuantificar los efectos negativos que finalmente tendrán sobre el crecimiento. Por ahora, en Europa existe una aparente incoherencia, porque las encuestas y los indicadores muestran un empeoramiento de la confianza, especialmente en el sector manufacturero, pero los datos de PIB y de empleo siguen mostrando resistencia. Descontando Italia, las noticias más sombrías provienen de la economía alemana, con un crecimiento escaso y donde el paro se ha elevado en el último mes por primera vez desde 2013.

La respuesta de Draghi ante esta prolongación de la incertidumbre ha sido retrasar de nuevo una posible subida de los tipos de interés, hasta al menos el primer semestre de 2020. Además ha vuelto a recalcar que se seguirá reinvirtiendo en comprar bonos los reembolsos de los que tienen en cartera y vayan venciendo. Ni se bajaron los tipos ni se retomaron las compras, pero dejó bien claro que el Consejo de gobierno del BCE está listo para actuar en caso de contingencias adversas, ajustando todos sus instrumentos según proceda. Exactamente la misma postura que adoptó Jerome Powell dos días antes.

Tampoco Draghi cedió ayer a la presión del sector bancario. Pese a las reiteradas reivindicaciones para que subiera la tasa de depósito, la ha mantenido en el -0,4%. Además, las condiciones de las TLTRO III que empezarán en septiembre son generosas para los bancos que presten, pero penalizan -respecto al TLTRO II- a los que no lo hagan y prefieran en cambio dedicarse al carry trade. Así, el coste de las nuevas líneas de liquidez será de un 0,1% frente al 0% de las pasadas, pero los bancos pueden reducir este coste hasta el -0,3% si su volumen de préstamos supera el índice de referencia. Ante esto, los bancos reaccionaron en Bolsa cayendo con fuerza.

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Noticia buena mala

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/5/2019

Al final del año pasado, los economistas advertíamos de que el coste de financiación de nuestra deuda subiría cuando se retirara el que había sido su principal comprador, el BCE, aunque siguiera reinvirtiendo los importes de los bonos que le fueran venciendo: equivocación. El coste del bono español ha ido descendiendo desde el 1,73% de octubre hasta el 0,72% que marcó esta semana. Increíble, porque no estamos hablando de la financiación a corto plazo, sino a 10 años. De mantenerse en estos niveles significará un alivio de intereses para países como España, con una deuda pública que sigue marcando en valores absolutos record tras record. Desde esta perspectiva, la noticia es espléndida.

Este efecto no sólo ha dado en España. Las bajadas del rendimiento de los bonos hasta situarse en mínimos históricos la experimentan también países como Grecia o Portugal y se ha suavizado incluso la tensión en la deuda italiana. El bono alemán profundiza en los tipos negativos: Alemania cobra un 0,17% anual porque le presten dinero a 10 años. Y tampoco se descarta que el bono de EEUU descienda del 2% por primera vez desde finales de 2017.

La causa de la oleada de compras de bonos públicos puede resumirse en una palabra: miedo. La guerra China-EEUU siembra pesimismo y lleva a los inversores a buscar activos más seguros. Esta semana saltaron las alarmas tras la visita del presidente Xi Jinping a una planta de procesamiento de tierras raras, donde se obtienen unos elementos químicos que son completamente necesarios para fabricar productos tecnológicos.

El temor es que China -productor del 71%- contraataque utilizando el suministro de estos elementos como arma. En el parte de guerra semanal también hay que incluir la acusación de Trump a China por manipulación del yuan y la petición de China a EEUU de que declare inconstitucional el veto a su tecnológica.

Pero más allá de esta guerra, aunque agudizada por ella, la perspectiva de desaceleración económica global, incluso de recesión, es lo que subyace en el comportamiento de la renta fija pública. Carmen Reinhart (Universidad de Harvard) destacaba esta semana que la ralentización de China es más profunda y duradera que lo que se esperaba. Por su parte, el Bundesbank también esta semana afirmaba que la mejoría del primer trimestre alemán se debió a factores extraordinarios pero que la tendencia económica en general continua siendo débil. De hecho, Alemania registró en mayo el primer incremento de la tasa de paro desde noviembre de 2013.

Con este panorama la volatilidad en los mercados financieros será elevada. La FED podría bajar los tipos de interés. Al BCE -el 6 de junio tiene Consejo de Gobierno- la opción de subirlos se le aleja y se aviva la posibilidad de que reinicie las compras. En España -con un crecimiento del PIB del 2,4%- la ralentización económica está siendo mucho más moderada.

Además, ahora se encuentra con el beneficio del menor coste de financiación y el estímulo fiscal indirecto que supone que particulares y empresas vayan a seguir endeudados tan baratos. Pero España no podrá evitar el contagio de lo que está pasando, mejor ser conscientes del mal que esta buena noticia lleva incorporado.