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Draghi: ¿qué hago con la banca?

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/4/2019

A ver, Mario Draghi necesita a los bancos. Hoy por hoy son el medio por el que se canaliza la política monetaria. El sistema financiero actual es así: la economía funciona si ellos prestan, aumentando la oferta monetaria y provocando que la economía se expanda. Esto explica la tasa de depósitos -el -0,4%- que actualmente el Banco Central Europeo les cobra. Es la forma de empujarlos a que no dejen su dinero aparcado allí y lo presten a particulares y empresas. El balance del BCE refleja que la liquidez de los bancos supera los 1,8 billones de euros, excediendo enormemente el importe de las reservas mínimas obligatorias, que ascienden a unos 128.000 millones de euros (datos a finales de 2018). Este exceso de liquidez les supone a los bancos de la Eurozona un coste -unos 7.000 millones de euros al año- que daña su rentabilidad.

Pero, mira, que no se quejen. Sus graves problemas de rentabilidad tienen otras muchas causas. Es un sector aún debilitado por la pasada crisis financiera, con más de 730.000 millones de préstamos dudosos en sus balances. Y se enfrenta a una intensa reconversión por su exceso de capacidad: el aumento de la competencia -fintechbigtech, fondos o entidades de pago y financiación- es progresivo e imparable; un trozo del negocio se está trasladando a los mercados financieros y la revolución tecnológica hace que sobre gran parte de su pesada estructura. Lo señaló Mario Draghi bien clarito este miércoles, tras la reunión del Consejo de Gobierno: el sector “está abarrotado”, está sobredimensionado “en oficinas y personas”. Y los ha animado a fusionarse.

Además, que piensen un poco. Esto del coste de la facilidad de depósitos les vendrá mal y los tipos de interés tan bajos no es el mejor de los escenarios para desarrollar su negocio, pero que imaginen por un momento lo que hubiera sido reponerse de sus desmanes pasados y afrontar la revolución tecnológica con una economía deprimida. La recuperación de estos años les ha venido de maravilla y no hubiera sido posible sin las medidas adoptadas de política monetaria. Y que se quejen de apoyo. ¿Es que no se acuerdan de que el sector público les tiene asegurados en última instancia los depósitos porque ellos por sí solos no inspiran confianza suficiente en el público para que les deje sus ahorros? ¿Es que no se acuerdan de los 734.381 millones de euros que les tiene prestados a largo plazo totalmente gratis el BCE? Mejor no seguir enumerando.

Eso sí, las medidas monetarias no afectan por igual a todos los bancos. Los que necesitan financiación la encuentran en el BCE a coste 0. La pide más la banca de Italia (32%) y de España (22%). Y sin embargo, el coste, por ejemplo, del exceso de liquidez para la banca española es de 281 millones y para la alemana de 2.484. Ahora el BCE se está planteando cómo hacerles la vida más fácil, aunque todavía en la reunión de esta semana no se han tomado decisiones. La ayuda podrá venir de elevar esa tasa de depósito, quizá de forma escalonada, y de aplicar tipos negativos a las nuevas rondas de financiación (TLTRO III). Draghi , y volvemos al principio, los necesita a todos, y hará lo que sea necesario, pero ojo, por el bien de la Eurozona.

Los cuatro riesgos para la estabilidad financiera

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/4/2019

En su último informe anual, publicado hace unos días, el Banco Central Europeo identifica cuatro riesgos principales para la estabilidad financiera de la zona euro en los dos próximos años. Que tomemos nota de ellos es el objetivo del BCE. El mensaje, aunque no entra en detalles, es para todos: para la industria financiera, protagonista principal de estos riesgos; para el público -particulares y empresas-, que deben asumir lo que pueden esperar de sus inversiones financieras, y también para los gobernantes, que deberían orientar sus políticas teniéndolos bien presentes.

1 Riesgo de acusadas caídas de los precios de los activos

El peligro actualmente viene derivado de que el precio de los activos financieros a escala global está sobrevalorado y, como vivimos en un mundo con finanzas integradas, las alteraciones que se produzcan en alguno de los mercados pueden contagiarse a otros, intensificándose el problema. La incertidumbre política o el tipo de política económica que se desarrolle, un incremento de las tensiones en las economías emergentes o que gire bruscamente la situación macrofinanciera de EEUU son los posibles detonantes para que esto se desencadene.

2 La sostenibilidad de la deuda

En 2018 volvimos a asistir a turbulencias en los mercados de deuda soberana, en este caso en el de Italia. Su efecto contagio al resto de la Eurozona fue limitado, pero ha servido como un recordatorio de la rapidez con la que determinadas políticas pueden conducir a cambios en la confianza del mercado y activarse el riesgo. El endeudamiento de los estados sigue siendo muy alto e incluso algunos países ya altamente endeudados, como España, han seguido aumentando el volumen de deuda. En cuanto a la deuda privada, a pesar de su notable descenso, se la puede seguir calificando de sobreendeudamiento.

3 La perspectiva de baja rentabilidad de los bancos de la eurozona

La solvencia de los bancos de la Eurozona se mantuvo estable en el último año y se produjo un descenso considerable de los préstamos morosos en sus balances, pero el nivel de rentabilidad de muchos bancos sigue siendo muy inferior al requerido por los inversores. En 2018 la cotización media cayó alrededor de un 30%, y la ratio cotización/valor en libras se situó en un bajísimo 0,6. El BCE resalta la vulnerabilidad del sector ante un posible cambio en el ciclo económico.

4 Riesgo de liquidez en el sector de los fondos de inversión

El sector ha duplicado sus activos en estos diez últimos años y ha seguido una tendencia creciente hacia los fondos de mayor riesgo, pero al mismo tiempo sus colchones de liquidez disminuyeron. ¿Qué puede pasar? Si los inversores quisieran salir de ellos ante bajadas importantes de los precios de los activos, pidiendo el reembolso de sus participaciones, los fondos tendrían que hacer liquidez vendiendo partes relativamente considerables de sus carteras, provocando que los precios caigan aún más, retroalimentándose el problema.

El BCE termina el largo análisis con una frase contundente: “Estos cuatro riesgos están claramente entrelazados y tendrían, si se materializaran, el potencial de reforzarse mutuamente”. Advertidos quedamos.

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A cámara lenta

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/1/2019

A los bancos centrales se le han puesto las cosas más difíciles. El camino hacia la normalización monetaria que comenzó hace ya años en la Reserva Federal (Fed) y en otros bancos centrales, como el de Canadá o el Banco de Inglaterra, se ha complicado. También para el nuestro, el Banco Central Europeo (BCE), que los sigue con retraso. La paciencia, que ha sido una de las palabras banderas de Mario Draghi -junto con prudencia y persistencia- se ha convertido también en la nueva palabra de la Fed. La desaceleración económica y la volatilidad en los mercados exigen estar a verlas venir, no hay otra. De momento no es que vayan a desviarse o retroceder en este proceso pero lo que sí han hecho es ponerlo a cámara lenta. Ahora, incluso algunos miembros de sus consejos, que eran claramente halcones, se han vuelto palomas.

Los datos de la revisión a la baja del crecimiento de EEUU -del 3% al 2,3%- y los descensos bruscos en Wall Street de diciembre, tras la última subida de tipos, constituyen un problema para la Fed. Se le acusa de alimentar la volatilidad financiera y de poner en riesgo el bienestar económico del país. De nada sirvió que de forma paralela a la subida de esos 25 puntos básicos. le acompañara una declaración de mayor suavidad para el año que viene. En una conferencia posterior Jerome Powell tuvo que suavizar aún más las cosas, aclarando que los tipos de interés ya han alcanzado el límite inferior de la tasa neutral: donde la Fed dijo que serían tres la alzas, y luego dos, ahora es posible que quede en una o en ninguna. También está por ver si detiene la reducción de su balance, que venía disminuyendo a razón de 50.000 dólares al mes. Todo dependerá de sus dos objetivos: la inflación y el empleo.

En cuanto al BCE, ayer tuvo lugar una nueva reunión de su Consejo de Gobierno. No se esperaba ningún cambio y así ha sido, aunque había cierta expectación por los comentarios que hiciera Mario Draghi tras lo sucedido en EEUU. En la Eurozona, aunque ya finalizó el programa de compra de activos, la economía seguirá muy estimulada por la promesa de reinversión de los activos que vayan venciendo. Esto no es poca cosa, significa que el BCE comprará hasta 200.000 millones de bonos este año, fundamentalmente bonos soberanos. En cuanto a los tipos de interés, ayer mantuvo que permanecerán en los niveles actuales “hasta al menos durante el verano de 2019″.

Pero las tasas de crecimiento “han seguido siendo más débiles de lo esperado” y “es probable que la inflación general disminuya aún más en los próximos meses”. Además, Draghi reconoció que existe “una larga lista de factores” que pueden influir en el crecimiento más allá del corto plazo”. Expresamente mencionó el Brexit, la amenaza proteccionista, la desaceleración en China y los problemas de la industria automovilística alemana ante el riesgo de aranceles. Su tono más pesimista y alarmista cabe esperar que también el BCE se ponga en cámara lenta y que la subida de tipos no llegue hasta finales de 2019 o que incluso haya que esperar a 2020. No sólo el BCE, a todos los bancos centrales no les queda más remedio que ir “ajustando todos sus instrumentos” sobre la marcha. No lo van a tener nada fácil.

 

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Cambio de tendencia

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/1/2019

En febrero de 2016 se produjo un hecho sorprendente. El euríbor a doce meses pasó a cotizar en negativo. Y no fue algo puntual sino que esta anomalía financiera día tras día se fue intensificando. Así, el euríbor fue descendiendo desde entonces hasta marcar en marzo del pasado año su mínimo histórico, -0,191%. A partir de ahí cambió la tendencia y emprendió el camino contrario: lleva 9 meses subiendo. Pero, a pesar de esto, el euríbor aún no ha dejado los valores negativos y ayer se situó en -0,118%. El miedo de todos los endeudados a tipo variable -particulares y empresas- es que siga creciendo y se encarezcan sus préstamos. Es lo que previsiblemente pasará, pero pueden estar tranquilos: el ritmo de subida será lento, muy lento.

Para hacernos idea del impacto de la subida que ha experimentado el euríbor estos últimos meses podemos acudir a un ejemplo. Una hipoteca media, de un importe de 150.000 euros, a 20 años y con un diferencial sobre el euríbor del 1%, a la que le tocara revisar el tipo de interés este mes de enero, vería incrementarse su cuota mensual de 677 a 682 euros, 5 euros más. Pero no hay que olvidar que este importe era y sigue siendo extraordinariamente bajo: hace diez años, en 2008, cuando el euríbor se situaba por encima del 5%, un préstamo de estas características suponía un pago de 1.085 euros: ¡400 euros más mensualmente!

Los endeudados no pueden tener quejas, han sido los grandes beneficiados -junto con los Estados- de las políticas del Banco Central Europeo. Aunque pueda pensarse que lo que se decide allí no nos afecta directamente a nuestro bolsillo no es en absoluto así. Los tipos de interés de referencia que establece el banco central en su relación con la banca (operaciones principales de financiación y la facilidad marginal de crédito y de depósito) condicionan completamente las operaciones que realizan los bancos entre ellos en el mercado interbancario, donde queda fijado el euríbor a los distintos plazos.

Ante esta remontada del euríbor, los expertos de fondos de inversión, entidades financieras, thinktanks, lanzan sus especulaciones: cada uno marca un ritmo de subida concreto. El escenario más moderado establece que el 0% se alcanzará al final del primer trimestre de 2019 y que el euríbor acabe el año en el entorno del 0,20%. Los más extremos sugieren que no se volverá positivo antes de final de año; o, por el contrario, que termine por encima del 0,5%.

Depende de Mario Draghi. En los últimos comunicados sobre las decisiones de política monetaria sólo se aclara que “El Consejo de Gobierno espera que los tipos de interés oficiales del BCE se mantengan en los niveles actuales hasta al menos durante el verano de 2019″, y luego añade una coletilla que les dota de flexibilidad para moverse en un sentido o en el contrario. Y el caso es que las circunstancias económicas actuales no están siendo muy favorables para que prosiga la normalización monetaria. De hecho, Jerome Powell ha manifestado esta semana que la Reserva Federal está preparada para dar marcha atrás si hace falta. El BCE sigue sus pasos, así que cabe la posibilidad incluso que este cambio de tendencia del euríbor quede finalmente en nada.

Vaya final de año

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/12/2018

El miércoles 20 de diciembre, el banco central de EEUU, la Reserva Federal (Fed), elevó los tipos de interés un cuarto de punto hasta un rango entre el 2,25% y el 2,5%. Es el noveno aumento desde que en 2015 comenzara a subir el precio del dinero. Días antes Donald Trump había dejado bien claro que no estaba en absoluto de acuerdo con esto. Conminó a Jerome Powell a que “sintiera el mercado” y expresó su incredulidad porque estuviera siquiera considerando otra subida “con un dólar muy fuerte y prácticamente sin inflación, el mundo exterior explotando a nuestro alrededor, París en llamas y China cayendo”. Pero Powell lo hizo, tenía que demostrar que la Fed es un organismo independiente: “Nada nos impedirá hacer lo que creemos que es lo correcto”. Pero también había otro motivo adicional para hacerlo: ¿cómo reaccionarían los inversores con las claras señales de desaceleración económica que existen si no se subieran los tipos de interés tal y como estaba descontado desde hacía tiempo?

Con todo, la Bolsa americana sufrió un importante descenso. Los mercados cayeron con fuerza, aún más sobre lo que ya llevaba todo el mes perdiendo. El índice S&P 500, considerado como el más representativo de la situación real del mercado, se situaba el 3 de diciembre en 2.790 puntos; el 24 de diciembre había descendido hasta los 2.351: un 15,73% menos. El indicador del miedo, VIX, subió en esa jornada hasta los 36 puntos, niveles no vistos desde principios de febrero, cuando el mercado tuvo la primera corrección seria. También entonces como ahora se desató el miedo.

Cuando la situación se pone así, cualquier cosa que pase o se diga puede acentuar la tendencia adversa. Incluso cuando lo que se intente con ello es calmar los nervios. Como en esta ocasión, que el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, comunicó este pasado domingo que los bancos más grandes del país le habían confirmado que disponen de mucha liquidez, que no había problemas. Trataba de tranquilizar a los mercados y lo que consiguió fue un día de Nochebuena negro. Los inversores se preguntarían alarmados: ¿qué ocurre, por qué tuvo Mnuchin necesidad de hablar de forma extraordinaria con los banqueros?

Tras las navidades, el índice S&P 500 resucitó y recuperó parte de las pérdidas. Este miércoles se disparó casi un 5%, registrando su mayor subida porcentual desde 2009. Pero luego vuelta a las pérdidas. Siempre los índices se mueven en dientes de sierra, hasta para continuar cayendo los precios tienen que rebotar antes con fuerza. En los próximos meses las turbulencias están aseguradas en los mercados financieros.

Los bancos centrales necesitan recuperar la normalidad monetaria retirando los estímulos financieros. Pero no les va a resultar nada fácil. Si suben los tipos de interés más rápido de la cuenta, mal asunto. Si se suavizan, también malo porque se interpreta que la desaceleración será más intensa; o peor, que la recesión económica está cerca. De hecho, las negras sesiones de estos pasados días se han producido tras la proyección de los miembros del Consejo de Gobierno de la Reserva Federal que apuntaba a dos subidas de tipos en 2019, en comparación con las tres que preveían en septiembre.

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Deuda pública: de récord en récord

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2018 a las 14:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/8/2018

Esta semana hemos conocido que en España se ha batido un nuevo récord: nuestra deuda pública ha alcanzado los 1,163 billones de euros. Para comprender la magnitud del crecimiento que ha experimentado estos últimos años puede acudirse a un dato: en 2008 ascendía a 400.000 millones de euros. Desde el inicio de la crisis se ha multiplicado prácticamente por tres. Y aportemos dos datos más para terminar de hacernos una idea de su importancia: cada español debe unos 25.000 euros, o unos 65.000 euros si es por familia como se realiza este cálculo.

Si ese montante de deuda se mide en términos relativos -en función del PIB- la noticia es algo más llevadera. Actualmente representa el 98,2% frente al 39,5% del 2008. El máximo se consiguió en 2014, cuando alcanzó el 100,4% del PIB. Pero, con todo, sigue estando muy alejada de los criterios previstos por el Tratado de Maastricht, que considera que un país tiene unas finanzas saneadas si su deuda pública no supera el 60%.

Bajar el nivel ahora que hay crecimiento es lo que aconseja la prudencia. Lejos de eso, tanto la administración central como las autonómicas, como viene siendo su norma, siguen incrementándola. Pero sobre todo es la deuda de la Seguridad Social, por el gasto que suponen las pensiones, la que está subiendo como la espuma. Es tal el ritmo que lleva que en junio acumulaba una deuda de 34.888 millones de euros, 7.501 millones más que en mayo y 17.715 millones más que en junio de 2017. De hecho, este capítulo es la principal causa de que ya se esté incumpliendo el objetivo marcado para este año que estaba fijado en el 96,8% del PIB.

Para la sostenibilidad de ese enorme volumen de deuda resulta decisiva la intervención del Banco Central Europeo. Con el programa de compras de activos que ha desarrollado estos últimos años se ha convertido en propietario de 250.711 millones de euros, casi el 22% del total de nuestra deuda. Disponer de un comprador fuerte, que no mira precios, ha facilitado que la prima de riesgo española se mueva en niveles bajos, con el consecuente ahorro de intereses que esto supone anualmente. En las subastas de Letras a 3 y 9 meses que el Tesoro ha realizado este martes se ha seguido notando su efecto: seguimos cobrando por prestar dinero a corto plazo. Y el bono a diez años está por debajo del 1,4% anual.

España y otros países europeos no dejan de incrementar sus deudas, y luego apelan ansiosos al BCE. Se comportan como los adictos a la cocaína, que desarrollan una adicción paralela a pastillas que contrarrestan sus efectos. Nuestro caso ahora no es el más grave, pero sólo hay que mirar a Italia. La deuda italiana supera el 130% del PIB y su prima de riesgo este lunes cerró en 279 puntos, con el bono a diez años en el 3,1%. Esta semana sus dirigentes pedían a gritos que el BCE garantice la compra de deuda pública en el futuro para que su prima no se siga disparando. Incluso amenazan con que si este apoyo no continuaba “se desmantelará todo”, refiriéndose al euro. Pero por mucho que el BCE siga paliando, el único camino posible es parar el crecimiento de la deuda. España e Italia, sin embargo, están decididos a ir de récord en récord.

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Draghi, entre halcones y palomas

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2018 a las 14:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/7/2018

Podemos echar mano de la imaginación y visualizar la reunión de ayer de los miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo. Montones de datos sobre la mesa. Indicadores europeos de todo tipo procedentes de la economía real y otros tantos de carácter monetario. Discutiendo sobre qué medidas de política monetaria seguir tomando. Y la manera de comunicarlas, porque las expectativas lo son todo en el campo económico. Reinando sobre ellos, el dato de la inflación actual y las previsiones para los próximos años, por algo su control es el objetivo único, al menos formalmente, que debe moverlos.

El contexto internacional también cuenta. Lo que pasa en EEUU, donde hace unos días el gobernador de la Reserva Federal volvió a hacer unas declaraciones en las que dejaba claro que en lo que queda de año subirán por dos veces más los tipos de interés. Y en China, donde se están tomando importantes medidas de expansión monetaria. O lo que los otros bancos centrales, como el del Reino Unido o Japón, están haciendo.

Algunos de ellos, los denominados halcones, estarían abogando por ir más rápido en la retirada de los estímulos, que los tipos de interés suban cuanto antes. Argumentan los peligros de que se formen burbujas o la incapacidad de actuación ante una nueva crisis si llega y los tipos de interés siguen al 0%. Son escrupulosos con la inflación y recuerdan que la inflación interanual en junio ya se encuentra en el 2%. La credibilidad del Banco Central está en juego.

Otros, las palomas, insistiendo en que hay que seguir apoyando el crecimiento económico, aguantando las políticas monetarias expansivas al máximo. Por la reciente debilidad del crecimiento, que puede acentuarse con la guerra comercial abierta y con un posible Brexit duro; por las dificultades que supondría para los gobiernos sostener la deuda si los tipos suben; por el impacto negativo en el consumo o el freno para las inversiones. Y por lo que todo esto podría conllevar en Italia, la principal preocupación de la Eurozona en estos momentos.

Un debate apasionante de posturas contrapuestas. Siempre los ha habido en la Historia de la Economía. Como el que se desarrolló en su día respecto a la conveniencia de los aranceles. O como, en la época de David Ricardo, sobre si la oferta crea su propia demanda. Pero ahora con la complejidad de una economía completamente globalizada. Sin un pasado del que extraer consecuencias: nunca se aplicó una política monetaria tan intensa y extensa en el tiempo. Y además, por la dificultad de alcanzar una postura común para tantos países, cada uno con intereses diversos.

Pero ellos no son académicos. Tienen que terminar decidiendo. Lo hicieron, como siempre, a las 13:45 de la tarde. Después, Draghi, con Guindos a su vera, salió a explicar la resolución ante los medios. Sin novedades. En la reunión anterior cogieron algo de alas los halcones. Ayer, al mantenerse todo intacto a pesar de estar la inflación al 2%, volvieron a primar los argumentos de las palomas. El discurso estuvo, como siempre también, revestido de la suficiente flexibilidad como para inclinarse hacia un lado u otro en los próximos encuentros.

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¿Cómo nos impactaría una subida de tipos?

Carmen Pérez | 3 de julio de 2018 a las 10:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/6/2018

Realmente, cuando escuchamos las decisiones de política monetaria que ha tomado el Banco Central Europeo, como las de la última semana, lo que nos interesa es saber en qué pueden afectarnos y cuándo empezaríamos a notar sus efectos. El cese de las compras de activos o las subidas de tipos oficiales: ¿cómo se traducen luego a las operaciones financieras concretas que realizamos? Pues bien, el Banco de España (BdE) ha publicado esta semana un artículo en el que realiza una evaluación del impacto que tendría una hipotética subida de los tipos de interés –un 1%– en las cuentas públicas, en las empresas y en los hogares españoles en el horizonte temporal 2018-2020. Sin entrar en los aspectos metodológicos que lo sustentan, es posible entresacar algunas de las conclusiones que se alcanzan sobre en el grado en que se verían negativamente afectadas las rentas de los tres sectores.

La forma de financiarse de la Administración Pública, fundamentalmente a largo plazo y a tipo fijo, hace que las subidas o bajadas de los intereses oficiales tarden en notarse: el coste de la masa completa de deuda se mueve con inercia porque el impacto de los cambios en los tipos sólo se va acusando en la parte que se renueva. Aun así, la tendencia descendente que arrastra se paralizaría; y en el escenario más adverso, el estudio estima que la carga financiera neta se incrementarían en un 0,3% del PIB. Además, el BdE advierte que al haber crecido el volumen de deuda se ha vuelto más sensible a posibles variaciones de tipos de interés. También, que este aumento futuro del coste es muy relevante porque no hay margen para absorberlos en los presupuestos proyectados en el periodo analizado.

Por el contrario, las empresas y las familias enseguida notarían los cambios, dado que las renovaciones o vencimientos les llegan a corto plazo y están endeudadas a tipo variable. Para ambos colectivos, incluso sin elevaciones de tipos oficiales, el coste de financiación ya no seguirá bajando; y si suben ese 1% simulado, el impacto negativo neto para las empresas sería del 1,5% del excedente bruto de explotación; y para las familias, se consumiría un 0,6% más de la renta bruta disponible (RBD) al final del horizonte considerado. A diferencia de lo que ocurre en la administración pública, el impacto adverso global en estos dos sectores es menor que en simulaciones anteriores por el notable desendeudamiento durante los últimos años.

Este trabajo, como todos, hay que tomarlo con mucha cautela porque están llenos de supuestos de partida que pueden cambiar de un día para otro. De hecho, está realizado con anterioridad a las últimas decisiones monetarias. Pero, en todo caso, tenemos que ir asumiendo que el coste de la financiación se irá elevando. Lo harán poco a poco, como ha repetido Draghi en un discurso en Sintra esta semana: “Seremos pacientes a la hora de determinar el momento en que se producirá la primera subida de los tipos, y a partir de ese momento adoptaremos un enfoque gradual para ajustar la política paulatinamente”. Esto nos tranquiliza a los endeudados, pero esa paciencia de Draghi a los pequeños ahorradores los está haciendo santos.

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La inflación despierta, cesan las compras

Carmen Pérez | 3 de julio de 2018 a las 9:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/6/2018

Nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) y nuevas caras entre sus miembros: Luis de Guindos, vicepresidente de la entidad, y Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España. Se han estrenado en estos encuentros en un momento crucial. Ya lo había adelantado Peter Praet, miembro del Comité Ejecutivo, en una conferencia la pasada semana: en esta ocasión se evaluaría si la mejora de la situación económica permite el desmantelamiento del tinglado de bonos levantado estos últimos años. Así ha sido, y el final de las compras ha quedado fijado para diciembre de 2018. Y por primera vez se ha mencionado un plazo, aunque abierto, para poder empezar a subir el precio del dinero: a partir del verano de 2019.

Con seguridad esta decisión ha venido presionada por la aceleración en la normalización monetaria en EEUU. Tal y como se esperaba, el miércoles la FED subió un cuarto de punto los tipos de interés. Con un crecimiento del 2,8%, una tasa de paro en mínimos históricos y la inflación en el 2,8%, esta decisión estaba más que descontada. Pero también elevó el ritmo futuro, dejando establecido que subirán dos veces más a lo largo de este año, en lugar de una más, como estaba programado.

Pero, sobre todo, lo que habrá empujado con fuerza para tomarla es el repunte de la inflación del mes de mayo, que alcanzó el 1,9% en la zona euro. También lo había comentado ya Praet en su conferencia. La principal intersección entre el crecimiento y la inflación es el mercado laboral. Y la fuerte creación de empleo de estos últimos años está presionando los salarios al alza, y éstos a su vez al incremento de los precios. Ayer Draghi señaló que el BCE había elevado sus estimaciones de inflación (IAPC) para este año hasta el 1,7%, frente al 1,4% previsto en marzo, y que esta tasa se mantendrá en los dos años siguientes.

Así, el cese de las compras se ha determinado a pesar de que los indicadores económicos siguen apuntando a una ralentización de la expansión. De hecho, las previsiones del PIB de la Eurozona se han corregido a la baja. Pero Draghi consideró que era normal tras el alto crecimiento de los años anteriores. Además, afirmó que “los riesgos que rodean las perspectivas de crecimiento de la zona del euro siguen siendo ampliamente equilibrados”, en referencia al mayor proteccionismo comercial o a lo ocurrido en Italia.

No obstante la firmeza de la decisión de ayer, el BCE se ha guardado cartuchos muy importantes. Prolonga las compras, aunque a menor nivel, hasta diciembre. Cuenta con la reinversión de los títulos que van venciendo, que persistirá durante el tiempo necesario. Y ha dejado abierta la fecha de subida de tipos. El apoyo monetario, por tanto, continuará. Pero ha sido una contundente advertencia a los países europeos, para que no sigan obviando los habituales mensajes finales de los discursos de Draghi: la necesidad de reformas estructurales que potencien el crecimiento, de que los países muy endeudados construyan colchones fiscales, de que se respeten las normas del euro, y de que se complete la unión bancaria y de los mercados de capitales. Porque se acaba el tiempo.

Salir de la droga financiera no será fácil

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/4/2018

No, no va a ser fácil acabar con el dopaje del Banco Central Europeo. La buena marcha de la economía del pasado año permitió a Mario Draghi iniciar el abandono de los estímulos. Por entonces, dejó planificado el camino hacia la normalización financiera, aunque de forma muy gradual y sin cerrar ninguna puerta. Ayer se celebró una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE. En esta ocasión, con la expectación puesta en si la debilidad de los datos económicos recientes de la eurozona iban a obligarle a reevaluar sus cálculos. No obstante, Draghi no ha alterado en absoluto su hoja de ruta.

“El misterio de la desaceleración de la Eurozona”, “La economía de la Eurozona: ¿una desagradable sorpresa?” o “La debilidad de la zona del euro plantea la perspectiva de una larga despedida para el estímulo de la crisis” son los títulos de algunos artículos del Financial Times de estas de estas últimas semanas donde se resaltan las debilidades de la eurozona. Es verdad que algunos autores de ese periódico suelen ser agoreros, no sin cierta alegría, con nuestra economía. Pero contienen datos. Y los datos no son subjetivos.

La producción industrial cayó un 1,6% en febrero. Las exportaciones descendieron un 3,2% desde enero, la mayor caída desde agosto de 2015. En Alemania, el indicador ZEW, uno de los más vigilados del país, que mide la confianza en la economía, cayó en marzo a un mínimo de cinco años. El índice Sentix, que evalúa el sentimiento de los inversores para la eurozona, descendió en marzo por tercer mes consecutivo. Gavyn Davis, el autor de uno de esos artículos, lo resume: “El optimismo se ha debilitado por una desaceleración repentina y bastante brusca de la actividad en la zona del euro, una región que hasta hace poco lideraba la expansión mundial”.

Draghi, ayer, reconoció la existencia de este estancamiento: “Casi todos los países de la zona euro han experimentado una moderación del crecimiento o una pérdida de momentum“. Sin embargo, prefirió darle a la economía el beneficio de la duda y no cambiar en nada el plan programado. Confía en que el crecimiento se mantenga sólido, y achaca esta situación a factores puntuales como el frío extremo, las huelgas, la fecha de la Semana Santa, y a la amenaza de guerra comercial lanzada por EEUU.

La reunión de junio será decisiva. Entonces no tendrá más remedio que pronunciarse sobre si la compra de bonos seguirá el próximo año, lo que conllevaría que el aumento de las tasas de interés se retrasaría. Además, todo dependerá de la inflación, la única variable por la que el BCE decide actuar en uno u otro sentido. Las estimaciones la mantienen en los próximos años por debajo del 2% objetivo. Si se disparara, por el incremento de los precios de la energía o de las materias primas, se aceleraría sin más remedio la retirada de estímulos. Si deja margen, y persiste la debilidad de la eurozona, podría incluso incrementarlos. En este último caso, la tragedia estaría al llegar la próxima recesión, que llegará, porque el BCE se encontraría con sus armas gastadas: sin salir del dopaje actual, tendría que diseñar una nueva droga que suministrar para volver a activar la economía.