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¿Demasiado poder e independencia?

Carmen Pérez | 12 de noviembre de 2015 a las 18:24

El descomunal poder de los bancos centrales y la total independencia con la que actúan están levantando numerosas críticas. Esta es la idea que desarrolla el artículo Central banks: Peak Independence, de Ferdinando Giugliano (Londres), Sam Fleming (Washington) y Claire Jones (Frankfurt), el pasado domingo en el Financial Times.

Críticas, por los efectos que las medidas que están llevando a cabo puedan estar produciendo sobre la distribución del ingreso y la desigualdad o por la participación que supone en la política presupuestaria por la puerta de atrás.

Críticas, porque en muchas ocasiones no se limitan a su tarea, el control de la inflación, e intervienen en rescates a países o expresan opiniones acerca de cuestiones que no son exactamente su cometido, como el cambio climático.

Críticas, porque consideran que la independencia que disfrutan debería  ser actualizada a la luz de las herramientas que están utilizando, porque sus decisiones conllevan una gran carga política.

Críticas,  finalmente, por su falta de transparencia en sus vínculos con la industria financiera.

Resulta curioso leer estas críticas que de forma tan exhaustiva expone este artículo porque, salvo las últimas, suponen atacar precisamente las bases que quisieron defenderse de forma radical cuando se crearon. Independencia total y absoluta de la política, completa autonomía de gestión, objetivo claro a perseguir y una batería de herramientas para llevarlo a cabo: encadenados a sus objetivos, no tienen que mirar más consecuencias, los técnicos tan sólo han de limitarse a apretar el botón sin más problemas de decisión, por cuanto las reglas eliminan por completo la discreción.

Hemos tenido que verlos actuando tan cerca de su propio ideal para plantearnos si este ideal no lo era tanto.

http://www.ft.com/intl/cms/s/0/f0664634-7cd4-11e5-98fb-5a6d4728f74e.html#ft-article-comments

 

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Información Privilegiada

Carmen Pérez | 5 de noviembre de 2015 a las 20:36

Se llama así a la información a la que, por sus características, tienen acceso pocas personas, o lo tienen antes que otras muchas a las que también debe llegar. Justo la que recibieron los gestores de fondos de cobertura de boca de Benoît Cœuré, miembro del Consejo del BCE; y que era potencialmente rentable porque dicha información no se haría pública hasta la mañana siguiente. Cuando se conoció este hecho, el BCE lo ha calificó de “error de procedimiento interno”.

No habrá sido la primera ni será la última vez que ocurra algo así, pero en esta ocasión este tema ha causado un gran revuelo. Tanto como para que el Financial Times le dedicara el martes su editorial, al mismo tiempo que publicaba también el artículo ECB officials met bankers before key decisions, donde se ponen de manifiesto los encuentros mantenidos por consejeros del banco central con personalidades del mundo financiero días antes de decisiones claves.

Que mantienen habitualmente reuniones con los operadores del mercado es público y muchas aparecen en las agendas de Mario Dragui y de algunos de sus consejeros, colgadas en la web. Además, es lógico que existan. Pero, como dice la editorial, es fundamental que el BCE esté fuera de toda sospecha. Se sugiere que el BCE endurezca sus normas, que sólo impone al respecto un periodo de silencio. Sería deseable, nos dice, que se acercara al código de conducta del Banco de Inglaterra, que  prohíbe totalmente hablar sobre las decisiones de política monetaria los días antes de la toma de  decisiones.

Muy difícil de controlar este tema, y desde luego no le falta razón al Financial Times cuando aconseja al BCE que revise y endurezca las normas. Pero con eso no es suficiente, también sería aconsejable implantar un control a posteriori sobre las operaciones realizadas  (así se descubrió el escándalo de la manipulación del LIBOR) y, por supuesto, que se contemplen fuertes sanciones e incluso responsabilidades penales si finalmente se descubre que se utilizó  información privilegiada.

 

 

 

 

Dirigismo financiero

Carmen Pérez | 30 de octubre de 2015 a las 11:17

ESTAMOS acostumbrados a que cada mes y medio el Banco Central Europeo, BCE, realice un comunicado anunciando la decisión que ha tomado respecto a los tipos de interés, manteniendo, elevando o bajándolos respecto a los que habían quedado fijados en la reunión anterior, y explicando su por qué. Esa rutina periódica nos impide sorprendernos del mismo hecho en sí: que un puñado de hombres, los que conforman su Consejo de Gobierno, establezcan los tipos de interés, condicionando así intensamente la economía, que gira en torno a ellos. Y por si fuera poco el grado de intervención que esto significa, en los últimos años están aplicando además una serie de medidas -por ejemplo, la espectacular compra de activos financieros públicos y privados- con las que el BCE ha cambiado definitivamente el papel de mero analgésico que debería tener en la economía a ser protagonista, marcando una época de completo dirigismo financiero.

El mandato que les fue encomendado fue perseguir la estabilidad de los precios en la zona euro, pero actualmente tras este objetivo se están decidiendo cuestiones de una enorme trascendencia, como garantizar la solvencia de los estados miembros. Sólo hay que tomar conciencia de que el BCE se está convirtiendo en el mayor acreedor de los países respectivos. Decisiones que deberían ser tomadas en los parlamentos por los políticos elegidos democráticamente se están tomando implícitamente por esta entidad que tiene instrumentos a su alcance de rápida ejecución, frente a lo engorrosa y lenta que resulta la política.

Las decisiones del BCE además provocan importantes efectos secundarios. De esta forma, en pos del ideal común del control de la inflación resultan beneficiados o perjudicados determinados agentes de la economía. Por ejemplo, muchas familias y empresas endeudadas están de enhorabuena, porque nunca han pagado unos intereses tan escasos por sus deudas. Sin embargo, a los pequeños ahorradores se les ha dificultado enormemente conseguir rendimientos aceptables por su dinero y se ven obligados a invertir en productos financieros que incorporan niveles más altos de riesgo.

Tampoco sus decisiones están exentas de riesgos. Están provocando diferentes anomalías financieras, como que los inversores paguen por prestar, y ya viene siendo habitual que la deuda pública a corto plazo se coloque a rendimientos negativos, o que el Euríbor a los plazos menores cotice también en negativo. Están fomentando la formación de burbujas, porque el crédito barato y la abundante liquidez alimentan el precio de determinados activos por encima de lo racional. Y, por si todo lo anterior no fuera bastante, están produciendo una mala asignación de los recursos con efectos perversos en la economía real porque afectan a la estructura productiva: empresas que en un contexto normal no recibirían financiación o su coste sería muy elevado están recibiendo crédito barato, obstaculizándose el proceso de mutación económica, o como lo definió Schumpeter, el proceso de destrucción creativa.

Por otra parte, hay que ser conscientes de que sus instrumentos no atacan las causas profundas e incluso pueden perjudicar su solución. Así, la distorsión artificial que están provocando en los mercados de bonos persigue que los gobiernos endeudados puedan seguir disfrutando de un bajo coste, pero esta ilusión de sostenibilidad puede retrasar las reformas estructurales necesarias que permitan el desarrollo cuando las condiciones artificiales beneficiosas desaparezcan.

No debe ser nada fácil estar tomando estas decisiones. Cuando las comunican, cada mes y medio, intentan trasmitir una imagen de seguridad, pero es posible que tras sus fachadas tecnócratas se encuentren confusos, porque aunque todo se ha vuelto muy científico y sofisticado, lleno de datos, cálculos y predicciones, es dudoso que dominen plenamente las herramientas que utilizan, tanto las clásicas como las nuevas y brillantes ideas con las que están innovando. El caso es que en similares circunstancias se encuentran otros muchos países, como EEUU o el Reino Unido, en los que sus bancos centrales han tomado también el mando, reaccionando todos a cada movimiento de los otros, sin saber ninguno cuando se parará este proceso. Y menos sencillo aun resultará desandar lo andado. Nos quedan así muchos años de dirigismo financiero, pero bien pensado, es la consecuencia lógica del mundo completamente financiarizado que llevamos décadas alimentando.

Gracias, BCE

Carmen Pérez | 13 de octubre de 2015 a las 19:13

Subasta hoy, 13 de octubre, de letras del Tesoro a 6 y 12 meses. Las primeras se han adjudicado a un tipo de interés medio de  -0,007%, por lo que los inversores desembolsan hoy 1.000,04 euros para recibir dentro de 6 meses, concretamente el  8/04/2016, 1.000 euros.

El tipo de interés medio de las de 12 meses ha sido del 0,014%, pagando los inversores 999,86 euros hoy para recibir dentro de un año, el 14/10/2016, 1.000 euros.

Esto significa que España se financia prácticamente gratis a corto plazo, e que incluso cobramos en los plazos más cortos. A ver qué sucede el jueves con el largo plazo,  cuando se  emitirán bonos a tres años y obligaciones a diez y quince años, aunque es previsible que también se abaraten respecto a subastas anteriores.

Esta es la primera subasta de letras del Tesoro desde la reciente mejora de la calificación crediticia anunciada por Standard & Poor’s y  del retraso de la subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Pero es el apoyo del BCE lo que está siendo fundamental para abaratar la financiación de los Estados miembros, sobre todo para los países altamente endeudados como es el caso de España.

A cambio el BCE exige seriedad; no se cansa de repetir que  la economía española experimenta una fuerte recuperación   y que nuestro sector bancario se ha estabilizado, pero que seguimos teniendo por delante importantes retos, como seguir con las reformas y cumplir con el déficit público. Más que razonable.

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Revolución copernicana para la banca

Carmen Pérez | 14 de julio de 2015 a las 7:06

CUANDO Copérnico se enfrentó al modelo cosmológico vigente por entonces estuvo seguro de que algo andaba mal: no podían necesitarse esos presupuestos tan enrevesados y un esqueleto matemático de tantísima dificultad para encima explicar defectuosamente la realidad. Siguiendo la vieja convicción pitagórica, Copérnico desconfiaba de lo que necesitaba de tanta complejidad. Quitó la tierra del centro, colocó al sol en su lugar, y las previsiones teóricas empezaron a responder a las posiciones reales detectadas con mucha mayor simplicidad. También nuestro modelo bancario resulta complicadísimo para no conseguir la estabilidad que se requiere ni mantener al contribuyente a salvo de sus descalabros. Pitágoras, sin duda, nos aconsejaría también una revolución en este campo.

Prestar dinero a largo plazo y captarlo, a través de los depósitos, a corto, es una tarea tan delicada que, a los astronómicos niveles en los que se desarrolla, la banca precisa del apoyo público: de la garantía pública y explícita sobre los depósitos; y de la financiación continuada del Banco Central Europeo. El poder político se lo proporciona porque también la necesita: para canalizar la política monetaria; para que adquiera las emisiones de deuda pública que financian los estados, siempre sedientos de recursos; y como instrumento de recaudación, de pagos y de información de las Haciendas Públicas.

Y para que funcione esta simbiosis, se somete al sistema a una hiperregulación. La Autoridad Europea Bancaria, EBA, lo inunda cada año de miles de páginas de regulación procedentes de los reguladores nacionales, comunitarios y de los supervisores internacionales. Además, no sólo es excesiva en cantidad sino que han ido adquiriendo una enorme dificultad y conllevan la utilización de un sofisticado aparato matemático y estadístico, que produce verdadero cansancio existencial. Sin embargo, de nada ha servido tanta complejidad cuando hemos asistido a la mayor crisis financiera de la historia.

¿Qué cambiar? Las revoluciones extremas no aseguran resultados aceptables. Los copérnicos liberales eliminarían de golpe esta interrelación y dejarían que los bancos se comportaran como cualquier otra empresa, pudiendo quebrar. El contribuyente estaría así a salvo, pero dejaría a los depositantes desamparados, ya que tendrían que decidir a qué banco entregarle sus ahorros, analizando minuciosamente la solvencia de cada uno de ellos. Los copérnicos de izquierdas también lo tendrían claro: la nacionalizarían. La protección en este caso sería máxima, pero, dada las experiencias pasadas, el consumo de recursos públicos podría ser muy alto, y, por tanto, gravoso para el contribuyente, aunque no estuviera explicitado en forma de rescates.

Sin embargo, para el actual modelo intervencionista, también hay copérnicos por ahí con propuestas revolucionarias interesantes, muchas de ellas rescatadas del pasado, y que se están considerando. Algunos reclaman una total separación de la banca comercial, que es única que debe recibir el apoyo público, de la banca de inversión. Otros señalan que aunque es cierto que el sistema está hiperregulado, incluso más desde la crisis, a la vez presenta graves lagunas en aspectos claves, porque no limita adecuadamente ni el endeudamiento ni la liquidez de la banca. O denuncian que no se tocan otras cuestiones fundamentales, como el bajísimo coeficiente de caja (1%) que disfrutan, que fomenta una excesiva expansión crediticia. Y por citar alguna otra que va mucho más allá, la propuesta del banco central de Islandia, recogida hace unos días en el Financial Times por Alberto Gallo, en su artículo Rethink needed for monetary policy rol: permitirle a los bancos comerciales que presten sólo dentro de un rango máximo, revisado cada mes.

Si el modelo copernicano funcionaba mejor era porque estaba más cerca de la alineación real de los astros. Para que el modelo bancario funcionara mejor tendría que alinearse también a otra realidad: la lógica avaricia de la banca, la equivocada avaricia de los estados y la humana avaricia de la población, por ese orden, a las que sólo hay que prenderlas con bajos tipos de interés para que se desmanden todas ellas y organicen fenomenales burbujas, de las que sólo puede salirse creando otras.

La revolución copernicana que necesita el modelo bancario no es cuestión de mayor conocimiento, todo se sabe ya, sino de valentía: de la firme voluntad política, libre de la presión de los lobbies bancarios, de imponer un sistema que tenga los controles adecuados, pocos y simples pero rotundos, para que las diferentes avaricias se autosujeten. Pero, como ya dijo Upton Sinclair, “es difícil hacer que alguien entienda algo cuando su objetivo depende de no entender”.

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¿Están siendo los ahorradores “expropiados”?

Carmen Pérez | 8 de julio de 2015 a las 10:34

Ante la acusación de algunos medios de comunicación y de ciertos economistas alemanes de que se estaba produciendo una expropiación a los ahorradores  – como el banco central ha bajado tanto el tipo de interés básico (0,05%) se  está abaratando el crédito para los prestatarios pero los ciudadanos no están obteniendo intereses por sus ahorros- , el BCE vio la necesidad de encargar a unos especialistas que estudiaran este tema y otros relativos a la conveniencia de sus políticas monetarias. El informe resultante,  «Critique of accommodating central bank policies», ha sido publicado por el BCE recientemente.

Los autores concluyen negando este efecto. Sus argumentos pueden resumirse en estos puntos:

–  El BCE afecta a los rendimientos nominales, no a los rendimientos reales (una vez descontada la inflación), que son los que les interesan a los ahorradores.

–  Si los rendimiento reales del ahorro son bajos es porque estamos en una fase de débil crecimiento económico.

–  Para elevar los rendimientos reales  hay que aplicar  políticas favorables al crecimiento que  fortalezcan la economía real. No es la política monetaria la que puede cambiar esta situación, pero sí puede actuar en su apoyo.

–  Si el BCE no aplicara la política monetaria adecuada (minorando  los tipos de interés nominales a largo plazo ante  un escenario de debilidad económica y baja inflación, como el que tenemos ) podría frenarse la economía aun más, perjudicando las perspectivas de rendimiento real a largo plazo de los ahorradores. Además, el mandato del BCE es  garantizar la estabilidad de precios (objetivo inflación por debajo, pero cercano, al 2%).

En definitiva, nos dicen, si no actuara, las perspectivas futuras serían peores. Los ahorradores pueden estar perdiendo a corto plazo pero obtendrán más dinero a largo plazo. Que sus políticas monetarias son correctas, tanto por su mandato respecto a la inflación como para ayudar a la recuperación económica.

Todo esto está muy bien, pero si volvemos a la  pregunta inicial, la respuesta es afirmativa: los ahorradores actualmente están perjudicados con las tasas tan bajas que impone el BCE, aunque,  eso sí, es lo mejor que se puede hacer por ellos a largo plazo, y pueden tener esperanzas de que compensarán en el futuro. ¿Alguien se consuela?

https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpops/ecbop161.en.pdf

 

Tipos de intervención del BCE

Carmen Pérez | 3 de junio de 2015 a las 12:29

3 de JUNIO de 2015 – Decisiones de política monetaria

BCEEn su reunión de hoy, el Consejo de Gobierno del BCE ha decidido que los tipos de interés aplicables a las operaciones principales de financiación, la facilidad marginal de crédito y la facilidad de depósito se mantengan sin variación en el 0,05 %, el 0,30 % y el -0,20 % respectivamente. Es decir, mantener los tipos vigentes.

Ante estas decisiones periódicas del BCE conviene subrayar lo siguiente:

  • Son una forma de intervención muy importante en la economía. Estos tipos de interés que fija el BCE se trasmiten a la economía real, influyendo enormemente en todas las decisiones de inversión y financiación que finalmente tomamos las familias, las empresas, y las administraciones públicas. Aunque ciertamente vivimos en una economía de mercado, en donde no se planifica qué producir, cuánto producir y dónde producir, la intervención se realiza en la actualidad, entre otras vías, mediante el control de esta variable clave para todas las decisiones económicas.
  • Actualmente, el BCE persigue manteniendo estos tipos de interés tan bajos, e incluso negativos para la facilidad de depósito, que la inflación se eleve hasta el 2%, objetivo único fijado en sus Estatutos: así, estos tipos estimularán el consumo y la inversión, dando lugar a una recuperación económica, que debe traducirse en un aumento de los precios, También, favorecen la depreciación del euro y fomentan con ello las exportaciones y, por último, abaratan la financiación de los Estados.

(Para ver cómo se trasmiten desde el BCE los tipos de interés a la economía real, ver http://blogs.grupojoly.com/pressing-cash/2015/03/24/el-banco-central-europeo/ )

Esta vez es diferente

Carmen Pérez | 19 de mayo de 2015 a las 7:18

310647999_e47343d8ecThis time is different es el título del libro de los economistas americanos Carmen Reinhart y Keneth Rogoff, que se hizo famoso en plena crisis financiera. Es un detallado recorrido histórico y estadístico de la arrogancia financiera a través de los siglos, de cómo el hombre enloquece y no quiere creer que las burbujas que se forman, y que están bien patentes, terminarán pinchándose. Siempre existe un elemento novedoso al que se agarra para pensar que esta vez será diferente. Hybris le denominaban los griegos, y Eurípides lo explicaba muy bien en esta frase: Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.

Un total desmadre en la concesión de créditos caracterizó a los años del boom. Llevamos años corrigiendo la situación de sobreendeudamiento a la que llegamos y el apalancamiento de las empresas ha ido descendiendo, pero, aunque todavía queda mucho por hacer en sectores concretos, se está produciendo una nueva apertura del crédito.

Sí, los datos certifican que el crédito se está reactivando, y para nuevas operaciones crece ya a un 14% interanual. Lo fomentan de forma importante las TLTRO (Targeted Longer-term Refinancing Operations), por las que la banca capta recursos del Banco Central Europeo, BCE, a unas condiciones extremadamente buenas, y que deben ser utilizados de forma obligatoria para dar préstamos a empresas; y lo favorecen los bajos tipos de interés, derivados también de las políticas del BCE, que a pesar de superar a la media europea, siguen descendiendo.

A la vez, se están intensificando diferentes alternativas financieras, como el capital riesgo, los business angels, el crowdfunding o los fondos de inversión en deuda, por citar algunas. Del mismo modo, se está produciendo un aumento de la financiación directa de las empresas en los mercados financieros, mediante emisiones de deuda o de capital. Así, la reciente ley de fomento de la financiación empresarial es la respuesta legal para favorecer estos cambios. Todas ellas empujarán a que la proporción de financiación bancaria en nuestro país, que representa actualmente el 78% del total de la financiación empresarial, se acerque a los ratios de los países de nuestro entorno, que se sitúan en torno al 55%.

En definitiva, una oferta potencial de crédito importantísima de la que podría pensarse que desembocará en la misma concesión desaforada de préstamos previa a la crisis. Pero no, se ha instalado la prudencia, hoy en día los agentes financieros no quieren asumir riesgos, falta la confianza que entonces sobró. Existe un exceso de liquidez, pero nadie está dispuesto a prestar ni un euro si la demanda no es sobradamente solvente.

El considerable endurecimiento de la regulación bancaria y la experiencia de las entidades bancarias respecto a los altos costes que han soportado con la reestructuración y saneamiento realizados han incrementado su aversión al riesgo. La política de concesión de créditos será mucho más rigurosa a pesar de estar presionadas por la necesidad de obtener rentabilidad. Cuanto más cuando las empresas incorporan cada vez más riesgo en su actividad, ya que los activos intangibles, de menor valor liquidativo en caso de insolvencia, ganan peso en el conjunto de los activos de capital productivo.

La prudencia será necesaria entonces también en los empresarios. Les va a resultar más difícil transferir el riesgo de sus empresas a terceros, a través del endeudamiento, por lo que tendrán que dotarlas de una estructura financiera más sólida, trabajando con más proporción de recursos propios y menos deuda, intensificando además la autofinanciación, reinvirtiendo anualmente mayor parte de sus beneficios.

La crisis no ha pasado en vano, ha servido para detectar malas prácticas financieras, como el sobreendeudamiento empresarial, y reaccionar ante ellas. Pero se están gestando nuevas amenazas, como las derivadas de la intervención tan espectacular que están llevando a cabo el BCE y otros bancos centrales, que está provocando importantes anomalías financieras. Otra burbuja se está formando, ahora con el precio de los activos financieros. La hybris puede reaparecer y hacer pensar que esta vez la situación sí está controlada. Si se ignoran las crecientes señales de peligro, en cuando aparezcan acontecimientos que ahora ni sospechamos, las incógnitas desconocidas, una nueva crisis financiera estará servida. Y volverá a ser diferente.

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El euribor a 3 meses, a tipos negativos

Carmen Pérez | 22 de abril de 2015 a las 11:37

Ya está negativo el euríbor a 3 meses; los de plazos más altos siguen su descenso continuado, el doce meses, hoy 22/4 se ha situado en 0,175%. Seguirán bajando, sólo llevamos dos meses con las compras del BCE.

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Un mundo financiero al revés

Carmen Pérez | 9 de abril de 2015 a las 8:13

Conviene echar un vistazo a lo que pasa en otros países europeos porque es bastante posible que pronto esas mismas circunstancias las veamos por aquí. El Financial Times publica hoy un artículo sobre Dinamarca (Denmark highlights naked truth about negative lending, by Richard Milne). Resulta que una terapeuta sexual danesa ha saltado a la fama no por su oficio sino por endeudarse a tipos negativos: recibe dinero y encima cobra por ello un ´-0,0172 % anual.

Es sólo un ejemplo  de que lo que estamos viviendo: un mundo financiero al revés. Allí de forma más extrema a consecuencia de las medidas no convencionales tan radicales que ha tomado, al igual que ha sucedido en Suecia, el banco central danés, el primero en fijar la tasa repo en negativo y situar la facilidad permanente de depósito para sus bancos en un -0,75% (en el BCE, -0,20%).

No hay precedentes en la historia, los bancos centrales están realizando un experimento del que desconocemos sus consecuencias. Como declara un banquero danés para el artículo, para ellos es como aprender a conducir un coche hacia atrás. Así, muchos bancos daneses han comenzado a cobrar a sus mayores clientes corporativos e institucionales por depositar dinero en efectivo, y, si los propios bancos se ven obligados a pagar 0.75% en el caso de Dinamarca por el dinero líquido, entonces tiene sentido que quieran prestar a tasas negativas para compartir parte de esa carga con los clientes.

Es verdad que la mayoría de los bancos daneses han tenido cuidado y evitan penalizar al público en general en las cuentas corrientes, pero hay una excepción, el Erhvervsbank, un pequeño prestamista danés, que en febrero manifestó que cobraría un 0,5% en los depósitos.  Tampoco lo de obtener préstamos cobrando intereses está extendido. De momento, lo que sí se están planteando con urgencia son los problemas que pudieran surgir en los sistemas informáticos si tienen que tratar con estas tasas inusuales negativas para depósitos y préstamos de forma generalizada.

En estos países existe gran preocupación por lo que sucederá si persisten estas tasas negativas durante mucho tiempo. Todo es completamente nuevo y no es meramente coyuntural. Si impulsarán burbujas inmobiliarias, cuando en Dinamarca los precios ya se sitúan por encima de su máximo previo a la crisis. En Suecia, el Riksbank sigue profundamente preocupado porque se disparen los altos niveles en la deuda de los hogares.

A España todavía estas anomalías en préstamos y depósitos no han llegado, aunque existen ya casos, como los de algunos trabajadores de la banca, con condiciones preferentes, que ya están cobrando por sus préstamos. Pero ya sabemos lo que dice nuestro refranero: cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar, así que podemos ir todos rellenando los formularios para  solicitar nuestros préstamos.