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Los pagos y el dinero del futuro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:59

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/6/2020

Los sistemas de pago son el conjunto de instrumentos, procedimientos y reglas para que se produzca la transferencia de fondos entre dos partes. El documento Central banks and payments in the digital era, publicado esta semana por el Banco de Pagos Internacional (BIS), señala el motivo de sus inicios: el mal -la desconfianza- es la raíz de todo el dinero, nos dice, citando a John Moore y a Nobu Kiyotaki. Los sistemas de pagos, que palian esa falta de confianza entre las partes, no han dejado de evolucionar a lo largo de la historia. No obstante, los particulares y las empresas seguimos exigiendo que los pagos sean aún más seguros y eficientes. Además, en la actualidad, se impone mejorarlos en un entorno digital y completamente globalizado.

Así, las circunstancias actuales añaden otras reivindicaciones a las tradicionales de seguridad y menores costes y plazos. La digitalización plantea un problema de acceso, porque cientos de millones de personas y empresas en todo el mundo están vinculados al efectivo como su único medio de pago. Por su parte, la globalización exige que la eficiencia se consiga en los pagos transfronterizos, que no sólo suelen ser opacos sino que también son especialmente costosos y a menudo tardan días en liquidarse.

Nuevas formas de gestionar los pagos han tratado de solventar y capitalizar estas nuevas deficiencias. Así, ha motivado el desarrollo del Bitcoin y otras criptomonedas. También ha sido el objetivo tanto de la propuesta de Facebook para desarrollar la moneda Libra como de los acuerdos privados globales que se ensayan para generar monedas estables. Por último, ha conllevado la incursión de las grandes empresas tecnológicas y fintech en los servicios financieros.

Ante esto, los bancos centrales han decidido tomar cartas en el asunto. Como garantes que son de los sistemas de pagos combaten sus amenazas, como el riesgo sistémico, el fraude, la falsificación del efectivo, el financiamiento ilícito, el lavado de dinero o las cibernéticas. Pero la honda preocupación actual no es sólo por estos aspectos. Tampoco porque se vean responsables de mejorar la eficiencia. El problema real que subyace para los bancos centrales, aunque no se exponga así en el informe, son las enormes implicaciones que conllevan esas propuestas privadas: perder la soberanía monetaria y la eficacia de la política monetaria.

Por eso, la actitud actual es totalmente favorable hacia la única manera de escapar a esas pérdidas: la emisión de monedas digitales soberanas (CBDC). Se afanan por estudiar las características para que sean como el dinero físico, no supongan una destrucción abrupta del sistema bancario y puedan interactuar entre ellas. Parece que se han inclinado ya por un sistema a dos niveles, como en China, en el que los bancos centrales emiten el dinero digital y los bancos y multitud de operadores se encargan de diseminarlo. Los pagos del futuro -totalmente digitales y globales- están forzando la aparición del dinero del futuro: ahora, sólo disponemos de un dinero digital: el bancario convertible en dinero físico; pronto, dispondremos de billetes y monedas digitales directamente en billeteras electrónicas de nuestro móvil.

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El CBDC y el Covid-19

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/5/2020

La emisión de dinero digital por parte de los bancos centrales (Central Bank Digital Currency, CBDC) estaba pasando por un momento intenso antes de la pandemia. El anuncio de Facebook de lanzar la moneda digital e internacional Libra avivó el debate académico y político y los bancos centrales tomaron conciencia del desafío monetario que suponía ese lanzamiento y de la necesidad de responder con urgencia. Durante estos meses, debido a la gravedad de las circunstancias, podría suponerse que se habría detenido, pero no, no ha dejado de continuar su avance.

Los dos países que más desarrollados tenían sus proyectos lo han llevado a la práctica en medio de esta crisis global. El Banco Popular de China ha puesto en marcha el yuan digital apoyado en sus grandes empresas de pago. La población allí está totalmente familiarizada con el uso de herramientas digitales para mover el dinero. Por su parte, Suecia, donde los billetes y monedas van teniendo un uso residual, comenzó en febrero a probar la corona electrónica o e-krona, con idea de que empiece a funcionar efectivamente dentro de un año.

En la Eurozona, las posturas son contradictorias debido a las diferencias entre los países. El pasado martes, el Banco Central de los Países Bajos advirtió que el uso del efectivo físico está disminuyendo claramente en su país y que con el Covid-19 está tendencia se intensifica, y se ofreció a liderar el desarrollo de un CBDC en Europa. Sin embargo, hace unos días, en el evento de criptomonedas más grande a nivel mundial, Consensus 2020, Yves Mersch, miembro del BCE, en su discurso An ECB digital currency – a flight of fancy? precisaba que esa tendencia no es generalizada en la zona del euro -el 76% de las transacciones utilizan dinero físico- y que la pandemia había incluso incrementado su demanda. Eso no es óbice para reconocer la necesidad de disponer de un euro digital.

Los promotores de un dólar digital, en ese mismo evento, manifestaban cuánto hubiera facilitado éste a la administración americana a combatir los efectos negativos del Covid-19. El envío masivo de cheques a cada uno de los americanos para impulsar la economía resulta costoso, inseguro y lento. Si cada ciudadano tuviera una cuenta directamente en el banco central ese traspaso monetario hubiera sido sencillo. El inconveniente del modelo que proponen es que no sólo cambiaría la política monetaria sino que la desintermediación bancaria podría irse al traste por la posible fuga de los depósitos bancarios hacia esas cuentas en moneda digital soberana.

Pero hay múltiples diseños, hay que encontrar el adecuado. En Occidente no podemos negarnos al cambio cuando la tecnología pide paso: sería un completo retraso. China avanza, y su sistema híbrido ya en funcionamiento está marcando el camino.Yves Mersch nos invita a darle vuelo a la fantasía: sueño con la Libra de Facebook, modificada para que la operativa sea privada pero contando con el respaldo y total control de los soberanos occidentales coordinados. El Covid-19 debe animarnos a caminar hacia una sociedad nueva: los medios de pago internacionales pueden mejorar extraordinariamente y es posible otro sistema financiero más perfecto.

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El futuro monetario nos alcanza

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/12/2019

Hace un par de semanas la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard llevó a cabo un ejercicio muy interesante. Sentó en una mesa a diez personas de la máxima relevancia, ex altos cargos de la Administración americana y líderes de opinión -Larry Summers, entre ellos- que simularon una sesión del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. El escenario planteado se situaba dentro de dos años. Tenían que debatir qué respuesta dar a una gran crisis de seguridad provocada por una prueba de misiles nucleares de Corea del Norte. El proyecto se había financiado evitando el sistema bancario global. Ponían sobre la mesa las consecuencias que estaba comportando que el yuan digital llevara ya 20 meses de vida. Es decir, aventuraban qué podrá pasar con lo que va a ocurrir de forma inminente.

Estamos inmersos en una completa revolución del sistema monetario mundial. El anuncio de Facebook de lanzar la moneda libra la ha avivado y acelerado. A Mark Zuckerberg hay que agradecerle el haber conseguido que los gobiernos occidentales se den cuenta del desafío monetario y de que tienen que responder antes de que sea demasiado tarde. La amenaza está en las iniciativas privadas que puedan comprometer la soberanía pública del dinero pero también en la emisión de otras públicas, como la moneda digital china, que no persigue sólo dominar los pagos domésticos de China, sino expandir su uso e influencia.

Kenneth Rogoff en un artículo reciente plantea de manera muy clara este segundo problema. El poder americano y la primacía del dólar están fuera de dudas y será difícil que un yuan digital soberano los desbanque, pero éste facilitaría de forma extraordinaria que se agrandara la “economía subterránea global” que escapa al control americano. Así, como la simulación de Harvard representó, Corea del Norte podría usarlo para contratar a científicos nucleares rusos o para comprar materias primas escapando de las sanciones americanas.

La Academia se está volcando con este asunto. No se da abasto para leer la gran cantidad de informes, conferencias y artículos que se están publicando. Y, de igual modo, el asunto se debate en los más altos niveles políticos. El septiembre pasado dos congresistas norteamericanos se dirigieron al gobernador de la Reserva Federal: “Nos preocupa que la primacía del dólar estadounidense pueda estar en peligro”. Y Jerome Powell les contestó por carta que efectivamente puede ser cada vez más imperativo que la Fed desarrolle una moneda digital en dólares estadounidenses.

En la Eurozona las cosas también se aceleran. El Instituto Bruegel publicó hace tres días un documento que ha preparado para la Comisión de Asuntos Monetarios del Parlamento Europeo, donde se analiza el papel que podrían jugar la moneda digital soberana. Y, Dirk Bullman, el jefe de innovación del BCE, confirmó en Málaga, durante el reciente Congreso Global Blockchain, que hay un equipo dedicado a contestar las tres preguntas claves sobre el euro digital: cuál es la motivación, cómo debería ser exactamente el diseño y cómo implementarlo. El título de su panel bien podría haber sido el del encuentro de Harvard: ¿Está el mundo listo para las monedas digitales globales?

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Dinero y confianza

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 21:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/9/2019

Yves Mersch, miembro de la Junta Ejecutiva del BCE, empezó su conferencia a principios de septiembre en Fráncfort destacando el vínculo entre el dinero y la confianza. Acudió a las palabras que pronunció en 1787 James Madison, en pleno debate sobre la adopción de la Constitución de los Estados Unidos: “La circulación de la confianza es mejor que la circulación del dinero”. Con ellas quería recalcar que el dinero sólo puede funcionar si se confía en él, en su estabilidad y su aceptación, y que esto va íntimamente ligado a la confianza en su emisor. Tras esta premisa, Mersch habló de libra, la moneda que Facebook quiere lanzar en el primer semestre de 2020.

¿Se puede confiar en libra? De momento, es una moneda que nace de la mano de personas que vienen desacreditadas por la incorrecta utilización de los datos personales de los usuarios de sus redes sociales en el pasado reciente. Pero además de esta falta de credibilidad de partida de los emisores, como está planteado el funcionamiento de libra la hace poco acreedora de confianza para canalizar los pagos, mantener los ahorros, y supone una amenaza para la estabilidad de los sistemas monetarios y financieros mundiales.

La operativa con libra será similar a la del bitcoin, los usuarios pueden obtenerla a cambio de monedas convencionales y se moverá entre ellos utilizando la tecnología blockchain. Pero, a diferencia del bitcoin o de otras criptomonedas, no será una red descentralizada, sino que el manejo de libra queda al arbitrio de un grupo de empresas privadas -la Asociación Libra- que recauda el dinero procedente de los canjes y decide dónde y cómo tenerlo invertido para preservar la estabilidad de su valor. Y “como un cartel” designarán la red de revendedores autorizados, centralizando el control sobre el acceso público a libra. Así, pasar de tener euros o cualquier otra moneda soberana a tener libras supone dejar de disfrutar de la confianza que aporta un emisor soberano y “confiar en ese conglomerado de empresas que sólo son responsables ante sus accionistas”. En definitiva, aunque Mersch no lo exprese de forma tan cruda: libra no es una moneda privada sino la utilización privada de las monedas soberanas.

Pero con ese discurso queda claro también que el desafío está ahí, y ha puesto de manifiesto la necesidad de que el dinero se mueva digital, globalmente y a bajo coste. Y algo tendrán que hacer. Si libra u otras propuestas posteriores consiguen aceptación, los bancos centrales pueden perder el control sobre sus monedas y sobre la política monetaria. Actualmente, cada uno se concentra en la emisión de su dinero digital soberano. Podrían también coordinarse para construir sobre estos -como propone el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney- una moneda digital sintética. El órdago de Facebook resucita así la vieja propuesta de bancor, la unidad monetaria internacional ideada por Keynes. Entonces el dólar se impuso y de nuevo EEUU se resistirá en esta ocasión a perder su posición hegemónica. Además, con el enorme poder que tiene ahora China, la cooperación internacional es aún menos pensable. ¿Terminará el mundo fragmentado en dos áreas monetarias digitales soberanas?

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CBDC: China será la primera

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/8/2019

A principios de julio comentaba en este espacio (El dinero digital soberano, más cerca) que son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital (Central Bank Digital Currency, CBDC), y cómo el anuncio de Facebook de emitir libra, una moneda digital e internacional, iba a acelerar estos procesos. Entonces señalé que dos de los países más adelantados eran Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto; y Suecia, donde el Riksbank ya está sopesando las posibilidades tecnológicas para implementarla. Pero China los va a dejar rezagados.

Forbes, la revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, publicaba este miércoles la noticia: el banco central de China (PBOC) lanzará una criptomoneda respaldada por el Estado el 11 de noviembre, el día de mayores compras, el Singles Day.

Para ponerla en circulación, el PBOC se apoyará en siete instituciones de confianza: los dos bancos más grandes del mundo -el Banco Industrial y Comercial de China y el Banco de China-, el Banco Agrícola de China, dos de las compañías de tecnología financiera más grandes de China -Alibaba y Tencent-, y Union Pay, una asociación de bancos chinos. Estas entidades pagarán al banco central el 100% de la emisión y luego las diseminarán entre los 1.300 millones de ciudadanos chinos, aunque el plan es que también pueda utilizarse fuera del país a través de bancos corresponsales.

Forbes pone la fecha pero el contenido lo había adelantado Mu Changchun, alto directivo del PBOC, en sus declaraciones del 10 de agosto, cuando describió con detalle este sistema dual. No es un blockchain puro porque no necesita esperar a que los grupos de transacciones se establezcan en un bloque, y gracias a esto el sistema diseñado tiene una potencia de 300.000 transacciones por segundo (libra, sólo para 1.000). También, a diferencia del bitcoin, ni es una moneda descentralizada ni utiliza un algoritmo que limite su volumen, sino que el banco central chino la administrará y decidirá su mayor o menor suministro. Será, por tanto, dinero digital seguro, como los billetes y monedas físicas, por su total respaldo soberano, pero con una diferencia: será rastreable, lo que incrementa la capacidad de vigilar a los usuarios.

Los objetivos son múltiples, aunque el fundamental es el que desean todos los bancos centrales: evitar perder la soberanía pública de la moneda y seguir controlando la política monetaria. Pero para China también supone un paso más en su plan a largo plazo de convertirse en la primera potencia mundial. Con esta nueva moneda digital soberana quiere internacionalizar el yuan, plantarle cara al sistema monetario de los EEUU y a que sea al dólar estadounidense la moneda de reserva global. “El plan estratégico de China es integrarse más estrechamente con el resto del mundo”, decía Mu el 10 de agosto. En Occidente, la lentitud que conlleva la democracia y el poder de los lobbys perjudican el cambio. Así, China será la primera en emitir dinero digital soberano. El autoritarismo chino lo facilita, y además allí el Gobierno es el dueño de los bancos.