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‘Achinizado’ y desacoplado de China

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:49

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/5/2020

El desacople de EEUU de la economía china es una tendencia que ya estaba patente pero que este “virus del demonio” puede acelerar y radicalizar. Durante 2018 y 2019 asistimos a crudos enfrentamientos entre estos países que quedaron apaciguados a principios de este mismo año cuando firmaron el acuerdo denominado “Fase uno”. Sin embargo, con la pandemia, China ha reconocido serias dificultades para satisfacer las compras a las que se comprometió y Donald Trump ha puesto sobre la mesa la posibilidad de dinamitarlo, y además ahora está buscando iniciar un desacoplamiento financiero.

Alegando razones de seguridad nacional, el presidente americano desencadenó en el pasado una guerra de aranceles, mostró su rechazo a la migración de las cadenas de suministro de los Estados Unidos a China, limitó las adquisiciones chinas de empresas estadounidenses e incluso los acusó de espionaje tecnológico. Todo esto puede ahora recrudecerse. Las acusaciones recíprocas entre EEUU y China de ser culpables del virus han tensado aún más las relaciones entre ellos. La penuria económica y la necesidad de salir airosos de esta crisis ante sus ciudadanos puede empujarles a posturas más enconadas.

Así, Trump ha añadido esta semana más leña a la candela sugiriéndole al principal fondo de pensiones del gobierno americano que no invierta en acciones de compañías chinas. La reacción de Pekín a esta afrenta ha sido templada, limitándose a señalar que los inversores estadounidenses perderán oportunidades. Ellos no hablan, actúan, y no pierden comba: han lanzado ya el yuang digital, con el que pretenden expandir la influencia de su moneda y escapar del sistema bancario global, controlado por EEUU. Y cuentan con la baza de ser uno de los principales tenedores de la deuda pública americana.

Estos dos países están cada vez más separados y cada vez también se parecen más. Hace más de cuarenta años que China emprendió una reforma económica y su apertura al exterior que la ha transformado hasta convertirla en la segunda potencia económica del mundo, y con pretensiones claras a ocupar el primer puesto. Ahora, por el contrario, es EEUU el que converge hacia China, y no sólo en lo económico. A las políticas proteccionistas, a su actitud cada vez más nacionalista, a la censura creciente, al control de las fronteras o al mayor poder gubernamental, con la pandemia se le suma la intervención directa del Estado en las actividades del sector privado, tomando participaciones en sus empresas.

Y este peligro de achinización no sólo sucede en EEUU, Europa también está experimentándolo. El protagonismo de los gobiernos se acrecienta para mantener el bienestar de la población y las nacionalizaciones -parciales o totales- van a extenderse. La Unión Europea ha intentado ponerles límites y que la participación pública en las empresas sea temporal, pero está por ver cuánto tiempo tardan las salidas en producirse. Por otra parte, la pandemia también está provocando mayor desconfianza en la Unión -la sentencia alemana contra el BCE es un reflejo claro-, lo que dificultará a sus economías -las más abiertas del mundo – mantener su independencia respecto a los dos bloques.

 

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¿Cuánto daño puede hacer ese virus del demonio?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:18

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/1/2020

Como “el virus del demonio” se ha referido el presidente de China, Xi Jinping, al coronavirus que ha causado la muerte ya a 170 personas, mantiene cerca de 8.000 contagiados y se ha extendido por 20 países. Él confía en ganarle la batalla. El presidente de un país que le disputa la hegemonía mundial a EEUU no puede fallar en esto. Así que no le ha temblado el pulso y ha cerrado ciudades, paralizando el transporte terrestre, ferroviario y aéreo desde ellas, ha prohibido a su población salir de China, ha ordenado que se construyan hospitales en tiempo récord, ha prolongado las fiestas… Su poder autoritario le permite tomar rápido tamañas decisiones.

La situación supone un caso práctico real de lo intensamente conectada que está la economía mundial hoy en día y lo esencial de China en ella y ha querido el destino que coincida con la firma del acuerdo comercial con EEUU. Las noticias son espectaculares por la inmensidad de empresas implicadas. Numerosas líneas áreas, como Iberia o British Airways, suspenden sus vuelos a China y los hoteles facilitan que se cancelen las reservas; una larga lista de multinacionales (Starbucks, McDonalds, Disney, Ikea, Microsoft, Amazon,…) cierra establecimientos, ordena a su personal trabajar desde casa, suspende los viajes de sus directivos o los pone en cuarentena si han vuelto de China recientemente. Por su parte, el sector del lujo se resiente, con el cierre de tiendas allí y con las ventas mermadas en las que los chinos, en sus viajes al extranjero, gastan copiosamente.

No son buenas noticias para una economía mundial que se desacelera, la misma China ha crecido el último año al 6%, el menor dato en décadas. La tregua comercial y Alemania consiguiendo evitar la recesión habían dado tranquilidad, pero ahora se presenta este virus. Su impacto dependerá de su gravedad, de cuán infeccioso sea y de los meses de permanencia. De momento, la cuarentena se alarga y se amplía a otras ciudades. El golpe en el sudeste asiático, incluida Australia, será alto por su interconectividad y la importancia del turismo chino en sus PIB. Pero también el resto del mundo se ve afectado. Wuhan -el foco del virus- es un importante centro automotriz en el que tienen plantas, entre otros, Nissan, Renault o General Motors y en el que se fabrican multitud de piezas necesarias para fabricar coches por todo el mundo. Y cerquita está Foxconn, donde se ensamblan la mitad de los iphones que vende Appel.

Los mercados de valores occidentales, anestesiados por la política monetaria y en medio de un mar de resultados, no están reaccionando de forma violenta. Esperan a ver si el episodio se prolonga y agrava. En el recuerdo el síndrome respiratorio severo SARS de 2003, que afectó a 8.000 personas, mató a unas 800 y tardó medio año en evaporarse. Entonces el perjuicio económico fue importante mientras sucedía, pero posteriormente la economía consiguió recuperar gran parte. El coste estimado fue de 30.000 a 100.000 millones de dólares. A favor esta vez juega que Xi Jinping está siendo drástico y (al menos parece) transparente. En contra, lo demoníaco del virus, que contagia antes de que se manifieste.

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El futuro monetario nos alcanza

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/12/2019

Hace un par de semanas la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard llevó a cabo un ejercicio muy interesante. Sentó en una mesa a diez personas de la máxima relevancia, ex altos cargos de la Administración americana y líderes de opinión -Larry Summers, entre ellos- que simularon una sesión del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. El escenario planteado se situaba dentro de dos años. Tenían que debatir qué respuesta dar a una gran crisis de seguridad provocada por una prueba de misiles nucleares de Corea del Norte. El proyecto se había financiado evitando el sistema bancario global. Ponían sobre la mesa las consecuencias que estaba comportando que el yuan digital llevara ya 20 meses de vida. Es decir, aventuraban qué podrá pasar con lo que va a ocurrir de forma inminente.

Estamos inmersos en una completa revolución del sistema monetario mundial. El anuncio de Facebook de lanzar la moneda libra la ha avivado y acelerado. A Mark Zuckerberg hay que agradecerle el haber conseguido que los gobiernos occidentales se den cuenta del desafío monetario y de que tienen que responder antes de que sea demasiado tarde. La amenaza está en las iniciativas privadas que puedan comprometer la soberanía pública del dinero pero también en la emisión de otras públicas, como la moneda digital china, que no persigue sólo dominar los pagos domésticos de China, sino expandir su uso e influencia.

Kenneth Rogoff en un artículo reciente plantea de manera muy clara este segundo problema. El poder americano y la primacía del dólar están fuera de dudas y será difícil que un yuan digital soberano los desbanque, pero éste facilitaría de forma extraordinaria que se agrandara la “economía subterránea global” que escapa al control americano. Así, como la simulación de Harvard representó, Corea del Norte podría usarlo para contratar a científicos nucleares rusos o para comprar materias primas escapando de las sanciones americanas.

La Academia se está volcando con este asunto. No se da abasto para leer la gran cantidad de informes, conferencias y artículos que se están publicando. Y, de igual modo, el asunto se debate en los más altos niveles políticos. El septiembre pasado dos congresistas norteamericanos se dirigieron al gobernador de la Reserva Federal: “Nos preocupa que la primacía del dólar estadounidense pueda estar en peligro”. Y Jerome Powell les contestó por carta que efectivamente puede ser cada vez más imperativo que la Fed desarrolle una moneda digital en dólares estadounidenses.

En la Eurozona las cosas también se aceleran. El Instituto Bruegel publicó hace tres días un documento que ha preparado para la Comisión de Asuntos Monetarios del Parlamento Europeo, donde se analiza el papel que podrían jugar la moneda digital soberana. Y, Dirk Bullman, el jefe de innovación del BCE, confirmó en Málaga, durante el reciente Congreso Global Blockchain, que hay un equipo dedicado a contestar las tres preguntas claves sobre el euro digital: cuál es la motivación, cómo debería ser exactamente el diseño y cómo implementarlo. El título de su panel bien podría haber sido el del encuentro de Harvard: ¿Está el mundo listo para las monedas digitales globales?

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Mucho más que aranceles

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:04

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/10/2019

Desde que en marzo de 2018 se inició la guerra comercial entre EEUU y China, hemos visto cómo Donald Trump ha ido imponiendo aranceles a China -y luego aplazarlos, subirlos o ampliarlos-, y cómo seguidamente se producían las contrarréplicas correspondientes por parte de Xi Jinping. En estos días negocian una tregua. Pero incluso aunque se consiga no es de esperar que sea por mucho tiempo porque la guerra comercial es uno de los medios por el que se está desarrollado una mucho más importante y a largo plazo: una guerra por el poder en el mundo. Así, los disparos continuarán entre Washington y Beijing. Y en medio, y no sólo geográficamente, está Europa.

Hace unos días Trump anunció la subida de aranceles a exportaciones europeas por valor de 7.500 millones de dólares. En esta ocasión la medida venía autorizada por la Organización Mundial del Comercio, OMC, que falló a favor de EEUU debido a las ayudas públicas recibidas por la aeronáutica Airbus. Pero Trump no se ha limitado a golpear a esta compañía aeroespacial. Ha buscado llamar la atención, que le luzca un montante que no es para tanto, aplicando aranceles a sectores de mucha influencia en Europa.

Trump ha aprovechado la coyuntura, y como la OMC le permite aplicar “aranceles de compensación”, además del 10% a Airbus, que fue la que motivó la disputa, ha marcado en la lista a numerosos productos europeos hasta con el 25%, muchos de ellos de carácter agroalimentario. A España le afecta en los cítricos, el aceite de oliva, el queso, a determinados productos porcinos como el jamón, el marisco y algunos lácteos. El golpe más duro se lo lleva Andalucía. La estrategia de negociación de Trump es sembrar el caos, también introduciendo diferencias injustificables entre unos países europeos y otros.

Estos aranceles aún no son definitivos. El próximo lunes, día 14, se celebrará en Ginebra una reunión en la que la UE intentará negociar con EEUU para desactivarlos. Cuenta con otro fallo de la OMC a su favor porque por su parte también EEUU ayudó a Boeing. La penalización se espera para mayo de 2020. También cuenta con que en el pasado Europa no aplicó en toda su extensión 4.000 millones de euros que la OMC le autorizó a imponerles. Es posible que se consiga paralizarlos, que esperen a un acuerdo más completo en la que también se resuelva la amenaza -mucho más grave- de Trump de imponer para noviembre aranceles al sector del automóvil y sus componentes.

La UE tiene que saber jugar su papel en la guerra de este siglo. A China le interesa que esté debilitada y desunida. Nunca la tendrá de su lado por las profundas diferencias ideológicas pero intentará ejercer influencia ganándose por medio de la economía a algunos países, como ha hecho con Italia al incorporarla al proyecto Belt and Road. Por su parte, EEUU, aliado natural, presionará a la UE para que se alinee con sus estrategias: seguramente en esa negociación sobre aranceles se pondrán más cosas sobre la mesa. En estas circunstancias, nuestra neutralidad y nuestro poder dependerá de cuánta unidad demostremos. Sólo defendiendo nuestros intereses colectivamente podremos salir airosos. Como tan bien estamos haciendo con el Brexit.

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CBDC: China será la primera

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/8/2019

A principios de julio comentaba en este espacio (El dinero digital soberano, más cerca) que son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital (Central Bank Digital Currency, CBDC), y cómo el anuncio de Facebook de emitir libra, una moneda digital e internacional, iba a acelerar estos procesos. Entonces señalé que dos de los países más adelantados eran Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto; y Suecia, donde el Riksbank ya está sopesando las posibilidades tecnológicas para implementarla. Pero China los va a dejar rezagados.

Forbes, la revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, publicaba este miércoles la noticia: el banco central de China (PBOC) lanzará una criptomoneda respaldada por el Estado el 11 de noviembre, el día de mayores compras, el Singles Day.

Para ponerla en circulación, el PBOC se apoyará en siete instituciones de confianza: los dos bancos más grandes del mundo -el Banco Industrial y Comercial de China y el Banco de China-, el Banco Agrícola de China, dos de las compañías de tecnología financiera más grandes de China -Alibaba y Tencent-, y Union Pay, una asociación de bancos chinos. Estas entidades pagarán al banco central el 100% de la emisión y luego las diseminarán entre los 1.300 millones de ciudadanos chinos, aunque el plan es que también pueda utilizarse fuera del país a través de bancos corresponsales.

Forbes pone la fecha pero el contenido lo había adelantado Mu Changchun, alto directivo del PBOC, en sus declaraciones del 10 de agosto, cuando describió con detalle este sistema dual. No es un blockchain puro porque no necesita esperar a que los grupos de transacciones se establezcan en un bloque, y gracias a esto el sistema diseñado tiene una potencia de 300.000 transacciones por segundo (libra, sólo para 1.000). También, a diferencia del bitcoin, ni es una moneda descentralizada ni utiliza un algoritmo que limite su volumen, sino que el banco central chino la administrará y decidirá su mayor o menor suministro. Será, por tanto, dinero digital seguro, como los billetes y monedas físicas, por su total respaldo soberano, pero con una diferencia: será rastreable, lo que incrementa la capacidad de vigilar a los usuarios.

Los objetivos son múltiples, aunque el fundamental es el que desean todos los bancos centrales: evitar perder la soberanía pública de la moneda y seguir controlando la política monetaria. Pero para China también supone un paso más en su plan a largo plazo de convertirse en la primera potencia mundial. Con esta nueva moneda digital soberana quiere internacionalizar el yuan, plantarle cara al sistema monetario de los EEUU y a que sea al dólar estadounidense la moneda de reserva global. “El plan estratégico de China es integrarse más estrechamente con el resto del mundo”, decía Mu el 10 de agosto. En Occidente, la lentitud que conlleva la democracia y el poder de los lobbys perjudican el cambio. Así, China será la primera en emitir dinero digital soberano. El autoritarismo chino lo facilita, y además allí el Gobierno es el dueño de los bancos.

Partes de guerra (del bando azul)

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/8/2019

Jueves, 1 de agosto. El presidente, tras el fracaso de las recientes negociaciones que han tenido lugar en Shanghái, y ante el incumplimiento de China de su compromiso de comprar mayor cantidad de productos agrícolas americanos, anuncia la imposición a partir del 1 de septiembre de nuevos aranceles del 10% sobre importaciones chinas por valor de 300.000 millones de dólares.

(Sumados a los ya aplicados en el pasado, prácticamente la totalidad de las importaciones chinas quedan gravadas).

Lunes, 5 de agosto. El presidente no va a consentir que China manipule su divisa para robar nuestros negocios y nuestras fábricas. El Tesoro ha enviado un documento al Fondo Monetario Internacional por el que se le insta a tomar medidas al respecto. Se informa también que el Ministerio de Comercio chino ha comunicado la prohibición de importar productos agrícolas de EEUU.

(La ira de Trump se desató cuando la cotización del yuan superó la barrera psicológica de siete unidades por cada dólar. Tras los nuevos aranceles China dejó de cuidarlo para mantenerlo estable. Enseña así sus garras. Si el yuan se depreciara hasta un cambio de 7,8, anularía para las exportaciones chinas el efecto perjudicial de los aranceles americanos).

Martes, 6 de agosto. El presidente considera completamente necesario que el armamento monetario se ponga en marcha. La Bolsa americana ha sufrido importantes pérdidas. Exige que la Reserva Federal actúe con mayor contundencia para ayudar desde el frente financiero a ganar esta guerra. La reciente bajada de tipos de 0,25% es escasa frente a los movimientos del resto de bancos centrales.

(El tuit de Trump “¿Estás escuchando, Reserva Federal?” lo dice todo. En la guerra arancelaria tiene las de ganar Trump, pero se encuentra con la guerra de divisas. Desde el Gobierno se pueden realizar determinadas intervenciones monetarias, pero de poco calado. Necesita que la Fed le obedezca).

Miércoles, 7 de agosto. El presidente solicita con insistencia que la Fed determine más bajadas de tipos de interés y más rápidas.

(Nueva presión a la FED en respuesta a la carta publicada el martes de sus cuatro últimos gobernadores -Volcker, Greenspan, Bernanke y Yellen- defendiendo la independencia del banco central. Trump no admite no controlarlo, libra también esa guerra interna. Llega a decir que “el problema de los EEUU no es China, es la Fed”).

Jueves, 8 de agosto. Por seguridad nacional, se prohíbe usar teléfonos Huawei y de otras compañías de origen chino en todas las agencias federales.

(Los partes seguirán, la guerra no cesa. Con las armas que utilizan dañan al contrario y se dañan internamente. La administración americana está gastando grandes sumas para subsidiar a sus perjudicados por la guerra comercial. A China la depreciación puede suponerle importantes salidas de capital. Siguen declarando querer llegar a un acuerdo, pero cada vez las posiciones están más enconadas para encontrar el que ambos consideren “correcto”. Pierden los dos, y pierde el mundo entero. El miedo se acrecienta: turbulencias en las Bolsas y los inversores se refugian en los bonos soberano y en el oro, cuyos precios no dejan de batir récords).

Noticia buena mala

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/5/2019

Al final del año pasado, los economistas advertíamos de que el coste de financiación de nuestra deuda subiría cuando se retirara el que había sido su principal comprador, el BCE, aunque siguiera reinvirtiendo los importes de los bonos que le fueran venciendo: equivocación. El coste del bono español ha ido descendiendo desde el 1,73% de octubre hasta el 0,72% que marcó esta semana. Increíble, porque no estamos hablando de la financiación a corto plazo, sino a 10 años. De mantenerse en estos niveles significará un alivio de intereses para países como España, con una deuda pública que sigue marcando en valores absolutos record tras record. Desde esta perspectiva, la noticia es espléndida.

Este efecto no sólo ha dado en España. Las bajadas del rendimiento de los bonos hasta situarse en mínimos históricos la experimentan también países como Grecia o Portugal y se ha suavizado incluso la tensión en la deuda italiana. El bono alemán profundiza en los tipos negativos: Alemania cobra un 0,17% anual porque le presten dinero a 10 años. Y tampoco se descarta que el bono de EEUU descienda del 2% por primera vez desde finales de 2017.

La causa de la oleada de compras de bonos públicos puede resumirse en una palabra: miedo. La guerra China-EEUU siembra pesimismo y lleva a los inversores a buscar activos más seguros. Esta semana saltaron las alarmas tras la visita del presidente Xi Jinping a una planta de procesamiento de tierras raras, donde se obtienen unos elementos químicos que son completamente necesarios para fabricar productos tecnológicos.

El temor es que China -productor del 71%- contraataque utilizando el suministro de estos elementos como arma. En el parte de guerra semanal también hay que incluir la acusación de Trump a China por manipulación del yuan y la petición de China a EEUU de que declare inconstitucional el veto a su tecnológica.

Pero más allá de esta guerra, aunque agudizada por ella, la perspectiva de desaceleración económica global, incluso de recesión, es lo que subyace en el comportamiento de la renta fija pública. Carmen Reinhart (Universidad de Harvard) destacaba esta semana que la ralentización de China es más profunda y duradera que lo que se esperaba. Por su parte, el Bundesbank también esta semana afirmaba que la mejoría del primer trimestre alemán se debió a factores extraordinarios pero que la tendencia económica en general continua siendo débil. De hecho, Alemania registró en mayo el primer incremento de la tasa de paro desde noviembre de 2013.

Con este panorama la volatilidad en los mercados financieros será elevada. La FED podría bajar los tipos de interés. Al BCE -el 6 de junio tiene Consejo de Gobierno- la opción de subirlos se le aleja y se aviva la posibilidad de que reinicie las compras. En España -con un crecimiento del PIB del 2,4%- la ralentización económica está siendo mucho más moderada.

Además, ahora se encuentra con el beneficio del menor coste de financiación y el estímulo fiscal indirecto que supone que particulares y empresas vayan a seguir endeudados tan baratos. Pero España no podrá evitar el contagio de lo que está pasando, mejor ser conscientes del mal que esta buena noticia lleva incorporado.

Guerra EEUU-China, ¿y Europa?

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/5/2019

¿Está Donald Trump loco? En la última semana ha vuelto a calentar la guerra con China. ¿Está equivocado con su visión de que cómo no actúe así el futuro pasa por un mundo teñido de rojo? Cuesta trabajo pensar que el presidente con mayor poder del mundo no esté rodeado de los mejores asesores para evaluar la amenaza. Lo que extraña son las formas. Sus numerosos tuits y bravuconadas le dejan en una posición de debilidad respecto a su contrario, que calla y se muestra moderno, negociador, abierto, ¡típico occidental!: ¿sincero o arte? Los americanos disparan una nueva bala -más aranceles- junto con un tuit de Trump advirtiendo que no tomen represalias, y los chinos, desoyendo el comentario, también los suben. Y con seguridad, como en lo comercial no llevan las de ganar, andarán urdiendo en el más puro silencio otras muchas balas que lanzar en otros campos.

China lleva vendiendo bonos americanos desde septiembre. Sólo en marzo, por valor de 20.500 millones de dólares. EEUU está en guerra con su acreedor extranjero más importante: China mantiene 1,12 billones de deuda pública americana. Muchos analistas afirman que no puede esperarse que siga vendiendo masivamente, porque sería la primera en verse afectada por las pérdidas que experimentaría en su cartera. Pero, ¿quien dice que China no esté dispuesta a asumirlas como costes de guerra? Las guerras convencionales siempre han conllevado cuantiosos gastos. Además, la medida también haría sufrir a EEUU, por el mayor coste que tendría para financiar los altos déficits derivados de la bajada de impuestos y el enorme plan de inversiones públicas desarrollados.

El nerviosismo de Trump también obedece a que sabe que EEUU está librando una pelea con un brazo atado. ¿Qué se puede hacer contra un país con un régimen autoritario que no tiene límites a la hora de manejar a sus empresas y a su sistema financiero para alinearlas con sus intereses? Tampoco tendría restricción alguna para manipular a la población, para conseguir, por ejemplo, que dejaran de consumir productos americanos. De hecho, la propaganda ya está funcionando. El 13 de mayo, el presentador del programa de noticias más visto de China dijo: “Si quieres pelear, pelearemos contigo hasta el final”. La escena se hizo viral.

Los aranceles son el comienzo. China no es solamente un fuerte competidor en el terreno económico sino que lo que está en juego es la supremacía tecnológica. Y en esa guerra, ¿cómo queda Europa? El Banco de España publicó esta semana un análisis -anterior a los últimos movimientos- en el que se concluye que el impacto negativo en la economía europea es aún moderado, aunque también se expone el gran temor -por ahora disipado- a que EEUU imponga aranceles a Europa en el sector del automóvil. Y reconoce que perjudica las expectativas -tan importantes para la economía- de la población y el empresariado. Mike Pompeo, secretario de los EEUU, visitó Londres la semana pasada con un mensaje: “Permitan que Huawei construya las redes de comunicación 5G en Gran Bretaña y pueden despedirse de la relación especial con EEUU” (Philip Stephens, Financial Times). Loco o no, Trump exigirá a Europa que se decante.

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¿Me espía mi Huawei?

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 16:55

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/2/2019

No sólo EEUU, también Japón, Australia y Nueva Zelanda han vetado a la compañía Huawei para implementar la quinta generación de telefonía móvil, conocida como 5G. Y están presionando a otros países para que hagan lo mismo. “Con nosotros o contra nosotros” es la postura de Donald Trump. Esta misma semana se debate en Alemania qué presencia debe tener esta empresa en la nueva red. Ayer se sumó Italia. Todos dicen temer que Huawei sea una espía para el Estado chino. Se le acusa de que las terminales de su compañía puedan contar con un software oculto preinstalado capaz de enviar datos de los usuarios a China.

Ren Zhengfei, el fundador de Huawei, se defiende: “Somos como una pequeña semilla de sésamo, atrapados en medio del conflicto entre dos grandes potencias”. Asimismo, en el reciente Foro de Davos afirmó que China nunca le ha pedido datos y que se negaría a hacerlo si sucediera. Y este mismo miércoles, en respuesta al debate alemán, Huawei comunicó que “da la bienvenida a todas aquellas iniciativas que contribuyan a construir y operar las futuras redes 5G de la forma más segura posible” Pero ni su pasado -era ingeniero en el Ejército Popular de Liberación de China- ni la legislación de su país -obliga a personas y empresas a cooperar con el Estado Chino- le aportan credibilidad al personaje.

La seguridad no es el único problema, y tampoco el más importante, con Huawei. El interés por lograr información lo comparten todos los países y todos tienen sofisticados sistemas para defenderse. Lo cierto es que esta compañía es también una amenaza para la economía de EEUU y para su liderazgo tecnológico. De hecho, ya ha habido otros encontronazos en el pasado que han terminado vetando la expansión de Huawei en EEUU. No es nada extraño. China ha prohibido que Facebook o Google desarrollen su actividad allí. No puede pretender tomar esta actitud y tener campo abierto para sus empresas en el resto del mundo.

Estos dos bloques están protegiendo sus territorios impidiendo el desarrollo de las tecnológicas contrarias y, a la vez, se enfrentan por el dominio en terceros países, como Brasil, India e Indonesia. Esto supone un cambio radical de lo que venía siendo lo habitual por la mayoría de los estados desde el final de la Segunda Guerra Mundial: apostar por el libre comercio. Y todos sentían que ganaban con ello. Ahora, sin embargo, la intensa desnacionalización de la economía que habíamos alcanzado ha emprendido su marcha atrás.

El problema es cómo deshacer lo que está tan íntimamente unido, porque la cadena de suministro de tecnología es global. La interdependencia es tal que, por ejemplo, Apple -la rival de Huawei- ensambla sus iPhones en Shenzhen, China, utilizando componentes provenientes de numerosos proveedores asiáticos y no asiáticos. O se consiguen acuerdos o se fracturará el mundo en dos y las empresas tendrán que replegar sus cadenas de suministro a la zona a la que pertenezcan. En estos días se libra una importante batalla en esta guerra: ambas superpotencias mantienen conversaciones para alcanzar un acuerdo comercial antes del 1 de marzo. Lo que está en juego es la tecnología, aunque se trate ahora del acero o de la soja.

El comercio y la paz perpetua

Carmen Pérez | 24 de julio de 2018 a las 9:15

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/7/2018

Si miramos un mapa que refleje la situación tras la Segunda Guerra Mundial, vemos los diferentes países coloreados en dos tonos: de rojo, todos aquellos aliados de la Unión Soviética y otros países comunistas; y en tonos azul, los Estados Unidos y sus aliados capitalistas. También el mapa del mundo en los próximos años será bicolor: azul, para aquellos países en los que dominen las empresas tecnológicas americanas, conocidas por el acrónimo FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix, y Alphabet, matriz de Google); y en rojo, donde lo hagan sus homólogas chinas, los valores BAT (Baidu, Alibaba y Tencent).

En esta disputa entre Estados Unidos y China por el dominio tecnológico, las armas de la guerra arancelaria y comercial han comenzado a dispararse. El tweet que escribió Ray Dalio, el fundador de uno de los fondos de inversión más grandes del mundo, el 6 de julio, fecha de entrada en vigor de los aranceles del 25% a 800 productos procedentes de China, es significativo: “Hoy es el primer día de la guerra con China

Las tecnológicas chinas se benefician del salto tecnológico que supone que los usuarios accedan a internet por el móvil. Esto les ha permitido, entre otras cosas, un desarrollo espectacular de los servicios financieros digitales. También se benefician de menores exigencias regulatorias, a diferencia del mundo occidental, donde la mayor preocupación por la privacidad, la exigencia de mejores gobiernos corporativos o el rechazo a los monopolios son factores que juegan en contra de sus tecnológicas. Y el que las chinas trabajen alineadas con su gobernantes puede ser para ellas otra importante ventaja competitiva, sobre todo en países menos democráticos.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países fueron apostando por el libre comercio, fomentando la economización de la política internacional. Y durante las décadas posteriores parecía que las predicciones de Immanuel Kant se confirmaban. En su obra La paz perpetua vaticinaba que la creciente interdependencia entre las sociedades, por el intercambio de información, personas y especialmente con la expansión del comercio, serviría para avanzar hacia la asociación pacífica de los pueblos.

No fue el único ni el primero que consideró que el efecto natural del comercio era la paz. Sin embargo, ahora estos dos bloques están protegiendo sus territorios impidiendo la entrada de las tecnológicas contrarias, y a la vez se enfrentan por el dominio en terceros países, como Brasil, India e Indonesia. La intensa desnacionalización de la economía que habíamos alcanzado ha emprendido su marcha atrás. Una mala noticia para la paz.

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