Archivos para el tag ‘China’

Guerra EEUU-China, ¿y Europa?

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/5/2019

¿Está Donald Trump loco? En la última semana ha vuelto a calentar la guerra con China. ¿Está equivocado con su visión de que cómo no actúe así el futuro pasa por un mundo teñido de rojo? Cuesta trabajo pensar que el presidente con mayor poder del mundo no esté rodeado de los mejores asesores para evaluar la amenaza. Lo que extraña son las formas. Sus numerosos tuits y bravuconadas le dejan en una posición de debilidad respecto a su contrario, que calla y se muestra moderno, negociador, abierto, ¡típico occidental!: ¿sincero o arte? Los americanos disparan una nueva bala -más aranceles- junto con un tuit de Trump advirtiendo que no tomen represalias, y los chinos, desoyendo el comentario, también los suben. Y con seguridad, como en lo comercial no llevan las de ganar, andarán urdiendo en el más puro silencio otras muchas balas que lanzar en otros campos.

China lleva vendiendo bonos americanos desde septiembre. Sólo en marzo, por valor de 20.500 millones de dólares. EEUU está en guerra con su acreedor extranjero más importante: China mantiene 1,12 billones de deuda pública americana. Muchos analistas afirman que no puede esperarse que siga vendiendo masivamente, porque sería la primera en verse afectada por las pérdidas que experimentaría en su cartera. Pero, ¿quien dice que China no esté dispuesta a asumirlas como costes de guerra? Las guerras convencionales siempre han conllevado cuantiosos gastos. Además, la medida también haría sufrir a EEUU, por el mayor coste que tendría para financiar los altos déficits derivados de la bajada de impuestos y el enorme plan de inversiones públicas desarrollados.

El nerviosismo de Trump también obedece a que sabe que EEUU está librando una pelea con un brazo atado. ¿Qué se puede hacer contra un país con un régimen autoritario que no tiene límites a la hora de manejar a sus empresas y a su sistema financiero para alinearlas con sus intereses? Tampoco tendría restricción alguna para manipular a la población, para conseguir, por ejemplo, que dejaran de consumir productos americanos. De hecho, la propaganda ya está funcionando. El 13 de mayo, el presentador del programa de noticias más visto de China dijo: “Si quieres pelear, pelearemos contigo hasta el final”. La escena se hizo viral.

Los aranceles son el comienzo. China no es solamente un fuerte competidor en el terreno económico sino que lo que está en juego es la supremacía tecnológica. Y en esa guerra, ¿cómo queda Europa? El Banco de España publicó esta semana un análisis -anterior a los últimos movimientos- en el que se concluye que el impacto negativo en la economía europea es aún moderado, aunque también se expone el gran temor -por ahora disipado- a que EEUU imponga aranceles a Europa en el sector del automóvil. Y reconoce que perjudica las expectativas -tan importantes para la economía- de la población y el empresariado. Mike Pompeo, secretario de los EEUU, visitó Londres la semana pasada con un mensaje: “Permitan que Huawei construya las redes de comunicación 5G en Gran Bretaña y pueden despedirse de la relación especial con EEUU” (Philip Stephens, Financial Times). Loco o no, Trump exigirá a Europa que se decante.

Etiquetas: , ,

¿Me espía mi Huawei?

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 16:55

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/2/2019

No sólo EEUU, también Japón, Australia y Nueva Zelanda han vetado a la compañía Huawei para implementar la quinta generación de telefonía móvil, conocida como 5G. Y están presionando a otros países para que hagan lo mismo. “Con nosotros o contra nosotros” es la postura de Donald Trump. Esta misma semana se debate en Alemania qué presencia debe tener esta empresa en la nueva red. Ayer se sumó Italia. Todos dicen temer que Huawei sea una espía para el Estado chino. Se le acusa de que las terminales de su compañía puedan contar con un software oculto preinstalado capaz de enviar datos de los usuarios a China.

Ren Zhengfei, el fundador de Huawei, se defiende: “Somos como una pequeña semilla de sésamo, atrapados en medio del conflicto entre dos grandes potencias”. Asimismo, en el reciente Foro de Davos afirmó que China nunca le ha pedido datos y que se negaría a hacerlo si sucediera. Y este mismo miércoles, en respuesta al debate alemán, Huawei comunicó que “da la bienvenida a todas aquellas iniciativas que contribuyan a construir y operar las futuras redes 5G de la forma más segura posible” Pero ni su pasado -era ingeniero en el Ejército Popular de Liberación de China- ni la legislación de su país -obliga a personas y empresas a cooperar con el Estado Chino- le aportan credibilidad al personaje.

La seguridad no es el único problema, y tampoco el más importante, con Huawei. El interés por lograr información lo comparten todos los países y todos tienen sofisticados sistemas para defenderse. Lo cierto es que esta compañía es también una amenaza para la economía de EEUU y para su liderazgo tecnológico. De hecho, ya ha habido otros encontronazos en el pasado que han terminado vetando la expansión de Huawei en EEUU. No es nada extraño. China ha prohibido que Facebook o Google desarrollen su actividad allí. No puede pretender tomar esta actitud y tener campo abierto para sus empresas en el resto del mundo.

Estos dos bloques están protegiendo sus territorios impidiendo el desarrollo de las tecnológicas contrarias y, a la vez, se enfrentan por el dominio en terceros países, como Brasil, India e Indonesia. Esto supone un cambio radical de lo que venía siendo lo habitual por la mayoría de los estados desde el final de la Segunda Guerra Mundial: apostar por el libre comercio. Y todos sentían que ganaban con ello. Ahora, sin embargo, la intensa desnacionalización de la economía que habíamos alcanzado ha emprendido su marcha atrás.

El problema es cómo deshacer lo que está tan íntimamente unido, porque la cadena de suministro de tecnología es global. La interdependencia es tal que, por ejemplo, Apple -la rival de Huawei- ensambla sus iPhones en Shenzhen, China, utilizando componentes provenientes de numerosos proveedores asiáticos y no asiáticos. O se consiguen acuerdos o se fracturará el mundo en dos y las empresas tendrán que replegar sus cadenas de suministro a la zona a la que pertenezcan. En estos días se libra una importante batalla en esta guerra: ambas superpotencias mantienen conversaciones para alcanzar un acuerdo comercial antes del 1 de marzo. Lo que está en juego es la tecnología, aunque se trate ahora del acero o de la soja.

El comercio y la paz perpetua

Carmen Pérez | 24 de julio de 2018 a las 9:15

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/7/2018

Si miramos un mapa que refleje la situación tras la Segunda Guerra Mundial, vemos los diferentes países coloreados en dos tonos: de rojo, todos aquellos aliados de la Unión Soviética y otros países comunistas; y en tonos azul, los Estados Unidos y sus aliados capitalistas. También el mapa del mundo en los próximos años será bicolor: azul, para aquellos países en los que dominen las empresas tecnológicas americanas, conocidas por el acrónimo FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix, y Alphabet, matriz de Google); y en rojo, donde lo hagan sus homólogas chinas, los valores BAT (Baidu, Alibaba y Tencent).

En esta disputa entre Estados Unidos y China por el dominio tecnológico, las armas de la guerra arancelaria y comercial han comenzado a dispararse. El tweet que escribió Ray Dalio, el fundador de uno de los fondos de inversión más grandes del mundo, el 6 de julio, fecha de entrada en vigor de los aranceles del 25% a 800 productos procedentes de China, es significativo: “Hoy es el primer día de la guerra con China

Las tecnológicas chinas se benefician del salto tecnológico que supone que los usuarios accedan a internet por el móvil. Esto les ha permitido, entre otras cosas, un desarrollo espectacular de los servicios financieros digitales. También se benefician de menores exigencias regulatorias, a diferencia del mundo occidental, donde la mayor preocupación por la privacidad, la exigencia de mejores gobiernos corporativos o el rechazo a los monopolios son factores que juegan en contra de sus tecnológicas. Y el que las chinas trabajen alineadas con su gobernantes puede ser para ellas otra importante ventaja competitiva, sobre todo en países menos democráticos.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países fueron apostando por el libre comercio, fomentando la economización de la política internacional. Y durante las décadas posteriores parecía que las predicciones de Immanuel Kant se confirmaban. En su obra La paz perpetua vaticinaba que la creciente interdependencia entre las sociedades, por el intercambio de información, personas y especialmente con la expansión del comercio, serviría para avanzar hacia la asociación pacífica de los pueblos.

No fue el único ni el primero que consideró que el efecto natural del comercio era la paz. Sin embargo, ahora estos dos bloques están protegiendo sus territorios impidiendo la entrada de las tecnológicas contrarias, y a la vez se enfrentan por el dominio en terceros países, como Brasil, India e Indonesia. La intensa desnacionalización de la economía que habíamos alcanzado ha emprendido su marcha atrás. Una mala noticia para la paz.

“.

Etiquetas: , ,

Guerra por la supremacía económica

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/3/2018

Durante décadas nos hemos acostumbrado a ver en innumerables productos la frase made in China. Este país ha sido la fuerza bruta que fabricaba lo que en los países desarrollados se ideaba. Pero el Gobierno chino está decidido desde hace años a que esta etapa sea cosa del pasado. El plan de acción nacional chino señala la intención de seguir un modelo de crecimiento impulsado por la innovación, apoyando a las compañías de alta tecnología y de nueva economía. Quiere productos designed in China. China mira al futuro con estrategias a largo plazo sobre numerosos sectores, como el computacional, la Inteligencia Artificial o la tecnología 5G. Está dispuesta a ganarle a EEUU la guerra por la supremacía tecnológica.

La respuesta de Trump a esta batalla, sin embargo, se está centrando en proteger el pasado, bloqueando compras de empresas tecnológicas y subiendo aranceles. La forma de entender su America First es a base de aislamiento y de “políticas orientadas al interior”, como ahora se denomina eufemísticamente a sus medidas proteccionistas. Este comportamiento está siendo muy criticado desde numerosos ámbitos, desde donde se hace notar que China está haciendo ahora lo que EEUU hizo en los años cincuenta y que le proporcionó el éxito: incrementar la inversión pública en investigación básica, que requiere gran cantidad de recursos, y abrir el país a mentes brillantes procedentes de cualquier rincón del planeta.

El martes, en su primer discurso tras la eliminación del límite a los mandatos, el presidente chino, Xi Jinping, se expresaba ya como líder mundial: “Es hora de que tomemos el centro de la escena en el mundo y hagamos una mayor contribución a la humanidad”, e imploró a Trump que no se “guíe por las emociones”. Pero también a China hay mucho que reprocharle. Las regulaciones chinas obligan a las empresas extranjeras a transferir sus innovaciones tecnológicas a empresas nacionales chinas, con las que están obligadas a trabajar para obtener el acceso al mercado del país, de 1.300 millones de personas. De hecho, EEUU, Japón y la UE están considerando presentar ante la Organización Mundial del Comercio una demanda por robo de propiedad intelectual y transferencia forzada.

El PIB de EEUU, de más de 18 billones de dólares, todavía supera al de China, con cerca de doce billones. Pero el alto crecimiento anual de China, en torno al 6%, está cerrando poco a poco la brecha. Y puede repetirse la Historia. En su día, fue EEUU el que superó al Reino Unido, y décadas después el dólar sustituyó a la libra como moneda de referencia. China tendrá en su contra que el valor de una moneda no sólo depende del PIB, sino de la calidad de las instituciones que la respaldan. Pero está trabajando con fuerza para que el yuan se internacionalice. Desde 2016 el yuan está incluido en la cesta de monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional, con un 10,9%, por encima de la libra o del yen japonés. El dólar y el euro tienen un papel hegemónico, con un 41,7% y un 30,9%, respectivamente. Para China, que el yuan sea la moneda principal es sólo cuestión de tiempo. Ganar la guerra por la supremacía tecnológica es el primer paso.

Etiquetas: , ,

Finanzas de Occidente, finanzas de Oriente

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 13 Octubre, 2017

Conviene no perderle el ojo a los asuntos que se están cociendo a nivel global porque con algunos podemos terminar escaldándonos. Como el desequilibrio económico y financiero de China. Este gigante asiático reaccionó a la crisis financiera del mundo occidental apuntándose al modelo de crecimiento a base de deuda, con el desarrollo de productos financieros derivados consecuente. Actualmente su sector bancario es uno de los mayores y su progresión ha ido aparejada a una gran expansión de la actividad bancaria en la sombra. Una evolución que recuerda demasiado a la que experimentó EEUU, con los activos tóxicos derivados de las hipotecassubprime, y en la que las cuentas externas de China no fueron ajenas. Entonces, las finanzas de Occidente afectaron al mundo; ahora son las de Oriente las que pueden provocar el mismo caos financiero.

El punto de arranque del proceso de sobreendeudamiento fue la puesta en marcha por parte de su gobierno de un ambicioso plan fiscal y de fuertes estímulos monetarios a partir de 2008: quería que, pese a la crisis, la economía siguiera creciendo a ratios elevados. Según los datos de un reciente informe sobre China del Banco de España, su deuda, en porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB), pasó del 150% en 2008 hasta el 257% a finales de 2016. Sobre todo creció la deuda privada de las empresas no financieras, pero también la subida de la deuda de los hogares, por los préstamos para viviendas, ha sido espectacular en ese tiempo.

Esta expansión ha conllevado la proliferación paralela -fuera de la banca- de instrumentos financieros sobre los préstamos concedidos, y que se han distribuido masivamente a inversores minoristas y mayoristas. El nivel de créditos morosos oficialmente se cifra en el 5,3%, pero no faltan consultoras que lo elevan hasta el 25%. El aumento del tamaño, la complejidad y la interconexión entre el sector público, la banca regulada y la banca en la sombra han elevado de forma importante los riesgos financieros, lo que ha llevado a Moody’s y Standard&Poor’s a recortar la nota de su deuda soberana.

Y si estos riesgos latentes se materializaran se contagiarían más allá de sus fronteras. Se vería perjudicado el comercio internacional, descendería el precio de las materias primas y se afectarían el resto de sistemas financieros. En este sentido, esta misma semana, tanto Wolfang Schäuble, próximo presidente del Bundestag, como Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, han advertido de la posibilidad de una crisis financiera global causada por la rápida expansión del crédito en China.

Etiquetas: ,