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Multimillonarios

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/11/2019

La desigualdad está siendo un tema central en los debates políticos del mundo y ha reavivado la cuestión sobre con qué tipos de impuestos y a qué nivel habría que gravar a las grandes fortunas. Elizabeth Warren y Bernie Sanders, ambos candidatos demócratas a la presidencia de EEUU, lo llevan en sus programas. Jeremy Corbyn, el líder laborista del Reino Unido, prometió en campaña electoral que los multimillonarios pagarán mucho más. En España, PSOE y Unidas Podemos también tienen a los ricos en el objetivo. La presión sobre los multimillonarios se está incrementando, pero no es en absoluto un asunto fácil. El bien y el mal no suelen ir desunidos.

Jean Pisani-Ferry, en El debate por el impuesto a las grandes fortunas, en Project Syndicate hace unos días, denuncia la innegable concentración de la riqueza en EEUU: el 1% de los hogares estadounidenses posee el 40% de la riqueza del país, mientras que el 90% inferior sólo posee la cuarta parte. El Global Wealth Report 2019 también concluye en este mismo sentido. Su radiografía mundial muestra que los ricos son cada vez más numerosos y más ricos.

Y es que, como escribe John Gapper en el Financial Times esta semana: “Los multimillonarios nunca lo han tenido tan fácil”. Actualmente la globalización y la tecnología ayudan a los empresarios más exitosos a obtener ganancias más rápido y a mayor escala, dice. Y después Gapper viene a desarrollar lo que ya sabemos: el dinero llama al dinero.

Así, la seguridad del dinero conseguido por el primer éxito les permite seguir sin miedo financiando ideas. Además, tras el mérito personal inicial, se refuerzan con los mejores y más informados asesores. Y les favorece que se graven los salarios más que el capital, la movilidad de la riqueza y la existencia de estructuras legales complejas.

The Economist también trata esta semana este tema, En defensa de los multimillonarios, pero desde otro punto de vista. Critica duramente la riqueza que se ha obtenido sobre bases injustas, por ejemplo, cuando la competencia empresarial falla o cuando resulta del cabildeo político. “Alrededor de una quinta parte de los multimillonarios de los Estados Unidos hicieron su dinero así”. Pero enaltece al resto, a la inmensa mayoría de multimillonarios que se generan cuando el capitalismo funciona bien y que producen grandes beneficios para la sociedad. ¿Quién no admira al que amasa una riqueza meritocrática, proceda del ámbito empresarial o del que sea?

Lo que parece claro es que para combatir la desigualdad lo primero que habría que hacer es enderezar el capitalismo en el que vivimos, que funciona a base de oligopolios y está podrido por el clientelismo político. Mientras, parece necesario cobrarles a los multimillonarios más impuestos. ¡Muchos de ellos están de acuerdo con esto!

Así lo pidieron en junio 18 multimillonarios estadounidenses en una carta a sus políticos. Pero esto tampoco significa un ataque tributario indiscriminado o considerar rico a cualquiera. Hay que estudiar la tributación -al patrimonio, a las ganancias y a las herencias- justa y que no nos haga quedarnos sin lo maravilloso que suelen hacer -la innovación- muchos de los que alcanzan esas riquezas.

Algo menos pobres y algo menos desiguales

Carmen Pérez | 3 de julio de 2018 a las 10:04

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/6/2018

Las conclusiones que se desprenden de la Encuesta de Condiciones de Vida, publicada recientemente por el Instituto Nacional de Estadística, son positivas. En general, somos algo menos pobres si la referencia es Europa. Cada hogar tuvo por término medio unos ingresos netos mayores que el año anterior. Concretamente sus ingresos anuales subieron de 26.730 euros a 27.558 (3,1%). Del mismo modo, cada español ingresó más, pasando de los 10.708 euros hasta los 11.074 (3,4%) por persona. Pero estos mejores datos para el conjunto podrían esconder una distribución interna peor. No obstante, no es así: la encuesta refleja que también ha disminuido algo la desigualdad entre nosotros.

El INE, para analizar la desigualdad, cuantifica la población en riesgo de pobreza o personas que tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población. En esta ocasión, el umbral de riesgo de pobreza se situó, por ejemplo, en 17.896 euros al año para los hogares de dos adultos y dos niños, o en 8.522 euros para hogares de una sola persona. Pues bien, la proporción de la población que se encuentra por debajo del umbral, o tasa de riesgo de pobreza, ha descendido del 22,3% al 21,6%.

En Andalucía, aunque también hemos mejorado, la situación es peor que en otras comunidades. El ingreso medio por andaluz asciende a sólo 9.116 euros. Y nuestra tasa de pobreza se sitúa en el 31%, cuando la de Navarra está en el 8,3% o, la del País Vasco, en el 9,7%. Sólo Extremadura está por debajo nuestra. Y cuando el INE valora las dificultades económicas de los hogares, Andalucía aparece en las posiciones peores. Así, cerca de la mitad de la población no tiene capacidad para irse de vacaciones o no puede atender un gasto imprevisto; y el 13,9% de los hogares andaluces llega con dificultad a fin de mes, cuando en España esto le sucede al 9,3%.

El nivel de formación es una de las características determinantes de la pobreza: del segmento con educación superior, sólo el 9,7% se encuentra en riesgo de pobreza; y este porcentaje sube al 26,5% de los que poseen educación primaria. También, el tipo de hogar condiciona. Cuando no hay niños, la tasa disminuye. La situación peor se la llevan los hogares con un solo adulto con hijos, con un 40,6% en riesgo de pobreza. Por otra parte, sólo el 18% de la población de nacionalidad española está en riesgo de pobreza, frente al 52% de la extranjera no europea.

Pero si hay una variable determinante, ésa es el empleo: el 44,6% de los parados están en riesgo de pobreza, frente al 14,1% de los ocupados. Es, por tanto, la fuerte creación de empleo de estos últimos años lo que explica que las condiciones de vida estén mejorando para todos. Los datos de esta encuesta muestran una mejora débil, aunque hay que tener en cuenta que está realizada en 2017, en base a los ingresos percibidos en 2016. Con seguridad, las futuras reflejarán mayores ingresos y menores desigualdades. Pero aún así, hay que seguir creando empleo y elevando los salarios. No hemos recuperado el nivel precrisis. Basta echar mano de la Encuesta de 2008: la tasa de riesgo de pobreza entonces fue del 19,7%. O acudir al índice de Gini, que todavía se encuentra en 34,7 cuando estaba en 32 en 2008.

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