Archivos para el tag ‘Deuda Pública’

Unión bancaria: compartir riesgos, pero no desmanes

Carmen Pérez | 28 de septiembre de 2015 a las 6:49

SI alguno de nosotros tuviera que aceptar que el día de mañana le podría tocar rascarse el bolsillo a cuenta de lo que hagan mal otros en un negocio común, se lo pensaría muy mucho y amarraría bien bajo qué condiciones. Porque puede asumirse el riesgo propio de la causa compartida, pero en ningún caso que las pérdidas sean provocadas por los desmanes de alguna de las partes. Esto es lo que piensa Alemania ante la creación de un Fondo de Garantías de Depósitos Europeo, la última fase de la Unión Bancaria: que sí, que este fondo es muy conveniente, pero con la condición de que el comportamiento de cada país en cuanto a la gestión de sus cuentas públicas sea el correcto.

Lo primero que se puso de manifiesto tras la crisis económico-financiera fue que no era lógico que cada país tuviera respecto a sus bancos diferentes, y no las adecuadas, reglas de juego. Felizmente se han mejorado, se han ampliado, y desde el 1 de enero de 2014 ya las comparten todos los bancos de la zona euro. También, se determinó en su día que la supervisión había que apartarla del control nacional por eso de evitar que se hiciera la vista gorda cuando se trataba de los bancos propios, o sea, que fuera imposible barrer para dentro. Dicho y hecho, el Mecanismo Único de Supervisión (MUS), el primer pilar de la Unión Bancaria Europea, culminó con éxito el pasado año y los 123 grupos bancarios de mayor tamaño, con sus test de stress de entrada en la boca, han pasado a ser supervisados por el Banco Central Europeo.

Pero con lo anterior no era suficiente, era absurdo pensar que porque se vigilen estrechamente a los bancos pueda descartarse completamente que alguno termine quebrando. También dicho y hecho, se desarrolló el Mecanismo Único de Resolución (MUR), segundo pilar de la Unión Bancaria Europea, que comenzará a ser operativo en enero de 2016. Su objetivo es claro: ahorrar a los contribuyentes el coste de futuras resoluciones bancarias. Accionistas, tenedores de preferentes y obligaciones subordinadas, bonistas y finalmente depositantes con saldos superiores a 100.000 euros será el orden que regirá a la hora de afrontar las pérdidas en las liquidaciones bancarias. Y si aun así es preciso inyectar dinero, se acudiría al Fondo Único de Resolución (FUR), creado recientemente, financiado por el sector bancario, y que en 2023 dispondrá de unos 55.000 millones de euros.

Pero lo cierto es que todo lo anterior no sirve de nada si quiebra más de un banco importante o vuelve a haber una crisis sistémica. Con 55.000 millones -aproximadamente el 1% de los depósitos cubiertos en la zona del euro- no hay, como suele decirse, ni para pipas. Por eso es fundamental el respaldo público de última instancia que puede proporcionar este Fondo de Garantía Europeo, el tercer y último pilar de la Unión Bancaria, que ahora se cuestiona.

Llegados a este punto, lo que fue una de las causas para impulsar la Unión Bancaria Europea, esto es, evitar los círculos viciosos entre dificultades bancarias y deuda soberana, se ha vuelto el obstáculo a salvar para finalizar su desarrollo. Y es que el círculo vicioso también funciona en el otro sentido: son los bancos nacionales, tras obtener dinero del BCE, los que financian a sus estados. Y los desmanes de los estados pueden complicar a sus bancos. Por eso Alemania exige, entre otras cosas, que se limite el porcentaje de deuda soberana en manos de los bancos antes de meterse en el charco del Fondo de Garantía de Depósitos Europeo.

En el mundo de los negocios se sabe que el que quiere firmar el contrato muy rápido, sin meditar ni discutir las condiciones, es justo porque no piensa cumplirlo, o porque no va a cargar con las consecuencias adversas. Alemania no quiere dejar ningún cabo suelto antes de comprometerse, porque sabe que puede tocarle pagar, y lo hará, si llega el caso. Y sinceramente, no es de extrañar su actitud dada la débil recuperación económica, el alto gasto público comprometido que caracteriza las cuentas públicas de los estados europeos en nuestros días y, como alerta el BCE, el auge de los populismos y “sus recetas para el desastre”.