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CBDC: China será la primera

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/8/2019

A principios de julio comentaba en este espacio (El dinero digital soberano, más cerca) que son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital (Central Bank Digital Currency, CBDC), y cómo el anuncio de Facebook de emitir libra, una moneda digital e internacional, iba a acelerar estos procesos. Entonces señalé que dos de los países más adelantados eran Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto; y Suecia, donde el Riksbank ya está sopesando las posibilidades tecnológicas para implementarla. Pero China los va a dejar rezagados.

Forbes, la revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, publicaba este miércoles la noticia: el banco central de China (PBOC) lanzará una criptomoneda respaldada por el Estado el 11 de noviembre, el día de mayores compras, el Singles Day.

Para ponerla en circulación, el PBOC se apoyará en siete instituciones de confianza: los dos bancos más grandes del mundo -el Banco Industrial y Comercial de China y el Banco de China-, el Banco Agrícola de China, dos de las compañías de tecnología financiera más grandes de China -Alibaba y Tencent-, y Union Pay, una asociación de bancos chinos. Estas entidades pagarán al banco central el 100% de la emisión y luego las diseminarán entre los 1.300 millones de ciudadanos chinos, aunque el plan es que también pueda utilizarse fuera del país a través de bancos corresponsales.

Forbes pone la fecha pero el contenido lo había adelantado Mu Changchun, alto directivo del PBOC, en sus declaraciones del 10 de agosto, cuando describió con detalle este sistema dual. No es un blockchain puro porque no necesita esperar a que los grupos de transacciones se establezcan en un bloque, y gracias a esto el sistema diseñado tiene una potencia de 300.000 transacciones por segundo (libra, sólo para 1.000). También, a diferencia del bitcoin, ni es una moneda descentralizada ni utiliza un algoritmo que limite su volumen, sino que el banco central chino la administrará y decidirá su mayor o menor suministro. Será, por tanto, dinero digital seguro, como los billetes y monedas físicas, por su total respaldo soberano, pero con una diferencia: será rastreable, lo que incrementa la capacidad de vigilar a los usuarios.

Los objetivos son múltiples, aunque el fundamental es el que desean todos los bancos centrales: evitar perder la soberanía pública de la moneda y seguir controlando la política monetaria. Pero para China también supone un paso más en su plan a largo plazo de convertirse en la primera potencia mundial. Con esta nueva moneda digital soberana quiere internacionalizar el yuan, plantarle cara al sistema monetario de los EEUU y a que sea al dólar estadounidense la moneda de reserva global. “El plan estratégico de China es integrarse más estrechamente con el resto del mundo”, decía Mu el 10 de agosto. En Occidente, la lentitud que conlleva la democracia y el poder de los lobbys perjudican el cambio. Así, China será la primera en emitir dinero digital soberano. El autoritarismo chino lo facilita, y además allí el Gobierno es el dueño de los bancos.

El dinero digital soberano, más cerca

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/7/2019

Son muchos los bancos centrales, tanto de economías avanzadas como emergentes y en vías de desarrollo, los que están explorando la posibilidad de emitir dinero digital. La mayoría aún se encuentran en fase de estudio, pero otros están más avanzados. Como el de Uruguay, que la ha emitido mediante un programa piloto de alcance limitado; o como el Riksbank sueco, que tras dos años investigando si la corona debe emitirse en forma electrónica, la e-krona, este mes ha decidido dar un paso más y analizar ya las posibilidades tecnológicas para implementarla. Ahora, el ritmo de todos estos procesos puede cambiar: el anuncio de Facebook de emitir Libra, una moneda digital e internacional, va a acelerarlos.

Aún no se tiene claro qué diseño concreto sería el ideal. La mayoría parece decantarse por un moneda digital no anónima, o con un enfoque híbrido, anónimo para pequeñas tenencias o transacciones, y rastreable para las grandes. También tienen que decidir si los particulares y empresas mantendrían los depósitos directamente en los bancos centrales, y si estos podrían estar remunerados o penalizados en función de la política monetaria. O incluso si la opción más correcta sería apoyar monedas fiduciaria digitales del sector privado, esto es, que la emisión fuera privada pero con respaldado soberano.

Según se escogiera uno u otro enfoque, su emisión tendría diferentes consecuencias para la estabilidad financiera, para la estructura del sector bancario y para la transmisión de la política monetaria. Y en cada caso habría que perfilar con sumo cuidado cómo se llevaría a cabo la transición hacia el nuevo sistema financiero y monetario, porque algunos modelos de moneda digital soberana podrían implicar hasta la desaparición de la banca.

Los motivos para emitir monedas digitales soberanas son muy variados. Si Suecia tiene tanta prisa es por la intensa disminución del uso del dinero físico en su territorio. Según una encuesta del Riksbank, solo el 13% de la población pagó en efectivo su última compra. De desaparecer, se eliminaría completamente la esencial conexión del banco central con el ciudadano. Para otros países con finanzas poco desarrollados, sin embargo, su principal interés es darle solución a la exclusión financiera. Aumentar la eficiencia y reducir los costes de los pagos, mejorar la trasmisión de la política monetaria o acabar con las dolorosas y costosísimas crisis bancarias constituyen otras razones de peso para que los bancos centrales decidan lanzarse.

Pero más allá de todo eso, hay un motivo más fundamental. La tecnología está propiciando que proliferen multitud de monedas privadas. Libra, el órdago de Facebook, va mucho más allá que todas esas criptomonedas. Seguramente con la intervención de los supervisores y reguladores no llegará a ninguna parte o lo hará de forma descafeinada, pero su simple anuncio ha puesto sobre la mesa la imperiosa necesidad de que los Estados y bancos centrales reaccionen y procedan a adaptar las monedas nacionales al nuevo marco tecnológico. Sólo así protegerán la supremacía del dinero público en un sistema financiero digitalizado. Urge que actúen antes de que sea demasiado tarde.

Sobre la nueva moneda Libra

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:26

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/6/2019

Esta semana Facebook ha presentado su nuevo proyecto. En realidad, dos proyectos, aunque vayan unidos: la creación de una moneda global, Libra, y la creación de una red para utilizarla. La frase que pronunció Mark Zuckerberg los resume: “El mundo necesita de una divisa digital en la que se pueda confiar, acompañada de una estructura que pueda convertirse en el internet del dinero”. Ambos vienen idealizados y cargados de tintes sociales. El nombre elegido alude al signo astrológico caracterizado por la armonía, la justicia, la igualdad y el equilibrio. Y su uso se presentó como una solución para los 1.700 millones de personas que no tienen cuenta bancaria, un 31% de la población del mundo. Pero conviene profundizar en estos proyectos tan épicos.

Con la estructura -tecnología blockchain- se pretende que sea tan fácil mandar dinero desde los teléfonos móviles como mandar un mensaje, y casi gratis. No la utilizaría sólo Facebook, pero sí sería la pionera. Su subsidiaria financiera, Calibra, gestionaría el primer monedero digital para almacenar y utilizar Libra. Muchos interrogantes surgen: ¿sería su operativa segura?, ¿servirían sus cuentas seudónimas de soporte para el blanqueo de dinero y actividades delictivas? y, fundamental, ¿qué harían con nuestros datos financieros? Facebook y privacidad no es que hayan venido en el pasado unidas.

Hasta aquí, nada novedoso, WeChat ya lo hace en China. Lo innovador en este proyecto es su vocación internacional mediante la utilización de una moneda global. A través de casas de cambios, cada usuario tendría que cambiar su divisa por libras. La cantidad de libras existentes dependerá del dinero que se traspase desde monedas convencionales, dinero que quedará ingresado en una reserva para respaldar el valor y la estabilidad de Libra.

La encargada de mantener y gestionar las reservas y controlar la estructura será una entidad sin ánimo de lucro y con sede en Suiza, la Asociación Libra, una especie de banco central, con una red de custodios distribuidos geográficamente. Hay ya 27 empresas involucradas: Mastercard, Vodafone, Paypal, Spotify… Facebook sería sólo una más de ellas. Todas han aportado diez millones de dólares para la puesta en marcha, y recibirán en el futuro los rendimientos que generen las reservas.

El peligro de este proyecto es que permita mantener depósitos en libras. Zuckerberg habla de una moneda confiable, pero ¿qué garantías hay del buen hacer de la Asociación Libra?, ¿quién la auditaría? Dicen que las divisas obtenidas por las libras se depositarán en bancos: ¿qué bancos?, y se comprarán bonos soberanos de calidad: ¿con qué criterio? En su inicio, una Libra valdrá un dólar: ¿quién fija en el tiempo los múltiples tipos de cambio? No, Libra no sería en absoluto dinero seguro. Además, con miles de millones de clientes, por poco saldo que mantuvieran, la Asociación Libra se convertiría en sistémica, con gravísimos riesgos para la estabilidad financiera y para la política monetaria. Los reguladores y bancos centrales deberían negarse en rotundo. Y si el proyecto se limitara exclusivamente a ser una solución global, novedosa tecnológicamente, de pagos y cambios, ¿para qué pasar por Libra?

El futuro del dinero y la banca

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:34

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/1/2019

Este miércoles celebramos en la Facultad de Turismo y Finanzas de la Universidad de Sevilla una jornada sobre el futuro del dinero y la banca. Los ponentes que me acompañaron en la Mesa fueron Carlos Arenillas, ex vicepresidente de la CNMV; Ignacio Ozcáriz, CEO en Grupo RFintech Plc, y el catedrático de Economía Aplicada, Juan Torres. Además, contamos con Jesús Manuel Utrilla, coorganizador del evento y presidente de Dinero Positivo, la rama española de una estructura internacional que lleva años reivindicando que el sector público recupere el poder de creación de dinero que ha ido acaparando cada vez más la banca.

La primera cuestión que abordamos pretendía dejar claro el punto en el que nos encontramos. Hemos pasado la mayor crisis de la Historia, hace unos meses se conmemoraba los 10 años de la quiebra de Lehman Brothers, ¿pero hemos superado el peligro de caer en otra crisis financiera? Repasamos causas, consecuencias, las reformas propuestas y las finalmente realizadas. La conclusión unánime es que la banca es ahora más sólida, pero no se han cambiado sus fundamentos absolutamente en nada: sigue asentada en el barro de la inestabilidad y los privilegios, sólo se le han puesto puntales -mayormente públicos- para conseguir que no se desmorone.

La situación, por otra parte, incluso se ha complicado por la revolución tecnológica, que está impactando de lleno en el mundo de las finanzas. Nos referimos a la imparable desaparición del dinero en efectivo en favor de los pagos digitales. Actualmente, los billetes y monedas en circulación ascienden sólo a 1,1 billones de euros, frente a los 17,5 billones de euros depositados en instituciones bancarias. Así, la creación de dinero está quedando completamente en poder de la banca, porque ellos son los que generan los depósitos al prestar dinero y porque además están desde el sector público garantizados.

Esta tendencia está siendo motivo de preocupación para los bancos centrales. Por ello, abordamos también la solución que vienen barajando: la emisión de dinero digital soberano; esto es, que podamos mantener tanto los particulares y las empresas nuestros depósitos directamente en el banco central y no en la banca. ¿Cuál sería entonces el papel del sistema bancario? La banca quedaría despojada del poder de crear dinero, que debe ser una función del Estado, y sería sólo financiadora de la economía real, función que sí debe desarrollarse desde el ámbito privado. El seguro de depósitos ya no tendría sentido. No habría temor a los bancos too big to fail. Se eliminaría tantísima regulación y tanto personal que requiere gestionarla. Y también estaría controlada el nivel de deuda.

La solución parece maravillosa, ¿pero qué problemas conllevaría que la decisión estuviera concentrada en un comité de banqueros centrales y no como ahora descentralizada?, ¿cómo podría llevarse a cabo la transición de un sistema a otro cuando se ha construido el Estado del bienestar sobre una montaña de deuda?, ¿estamos obligados a una huida hacia adelante? El debate, por tanto, está abierto. Mientras, la deuda del mundo sigue subiendo: ya supera los 244 billones de dólares, el 318% del PBI global.