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‘In Gold we trust’

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 20:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/11/2018

En la historia del dinero, 1971 es un momento crucial. Fue el año en que se acabó definitivamente con el patrón oro y a partir del cual se comenzó a operar con un sistema monetario basado exclusivamente en el factor confianza. Así, el billete de dólar -la divisa internacional- pasó de ser un documento al portador canjeable por oro o plata en el banco central a convertirse en un trozo de papel con la frase impresa In God we trust (En Dios confiamos). Pero es posible que tras décadas de abuso de este sistema, que carece de límites, esa confianza esté bien resentida. Algo así es lo que concluye el informe In Gold we trust (En el Oro confiamos). Los autores reflexionan sobre el oro en el contexto de la coyuntura macroeconómica mundial y determinan que las circunstancias actuales están exigiendo una vuelta al pasado, un retorno al oro.

Señalan tres acontecimientos, que ellos denominan mareas, que van a conmocionar de forma profunda al sistema monetario mundial. El primero es el cambio de política monetaria: de flexibilización cuantitativa (QE) a ajuste cuantitativo (QT). Los 5 grandes bancos centrales han aumentado sus balances en más de 14 billones de dólares en estos últimos años. Y dejar de vivir encharcados en liquidez no va a ser nada fácil. Este proceso de retirada -comenzado ya por la Fed y que el BCE apenas ha iniciado- va a enfrentar a los mercados -con los precios de los activos financieros sobrevalorados- a una verdadera prueba.

La segunda marea es un cambio de rumbo en el sistema monetario global, lejos del dólar estadounidense. La disminución lenta del dólar estadounidense como la reserva global dominante se desarrolla junto con un renacimiento del oro como reserva de divisas. De hecho, los bancos centrales de los países emergentes están desde el inicio de la crisis incrementando fuertemente sus reservas de oro. En concreto, en estos últimos diez años, los de China, Rusia, Turquía e India han pasado de poseer 1.524 toneladas de oro ( 5,1% del total oficial de las reservas de oro) a mantener 4.804 toneladas (el 14,3% del total) en sus balances.

La tercera hace referencia al vertiginoso cambio tecnológico que se está produciendo y que está afectando profundamente al mundo financiero. Hay multitud de innovaciones en numerosísimos campos, pero especialmente el impacto en el mundo monetario vendrá como consecuencia de la tecnología blockchain. Las criptomonedas, sean de una naturaleza u otra, están aquí para quedarse, y si van ligadas al oro se conjugarán las fortalezas de ambos.

Los autores se atreven incluso a vaticinar el paso de un mundo unipolar a otro multipolar, con un nuevo orden monetario global que se negociará entre los países en función de su oro. Dicen que sólo hay que esperar para que la demanda de oro como un refugio seguro tradicional regrese a que las consecuencias del reciente cambio de rumbo en la política monetaria se vuelvan obvias y a que la amenaza de recesión se avecine en el horizonte. Nosotros podemos darle o no credibilidad a sus conclusiones, pero los cambios que ellos refieren los estamos viendo todos. Además, el riesgo de no poseer oro es mucho mayor que el de poseerlo: In Gold I trust!

Finanzas ‘cárnicas’

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:47

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/8/2017

En pleno mes de agosto los móviles están que echan humo. No paran, especialmente el Whatsapp, por el que nos llegan fotos y mensajes desde todas las partes del mundo: del que se ha ido a recorrer las Highlands escocesas; de la que anda por los países nórdicos; de los que están visitando alguna Universidad latinoamericana, o de otros, que han escogido destinos más novedosos, como Vietnam o Birmania. Sitios muy diferentes entre sí pero que, sin embargo, comparten algo en común. En todos ellos se puede acudir a un McDonald’s para tomar una hamburguesa Big Mac. De hecho, 69 millones de clientes pasan cada día por estos establecimientos. Y esta circunstancia, que un mismo producto, con idénticas características, se sirva en restaurantes muy similares en 120 países, lo convierte en ideal para establecer comparaciones monetarias. Es lo que hace desde 1986 la revista The Economist al calcular el Big Mac Index.

Este indicador se basa en la teoría de la paridad del poder adquisitivo, que afirma que las tasas de cambio de los países deben ajustarse hasta ser iguales a los precios de una canasta de bienes y servicios. Para este índice la canasta estaría compuesta por un solo producto: el Big Mac. Comparando los precios en las monedas locales de esta hamburguesa y los tipos de cambio oficiales, el índice permite valorar de forma aproximada si las monedas están en su nivel correcto, sobre o infravaloradas respecto al dólar americano.

A julio de 2017, fecha de la última actualización, de las 34 monedas que se analizan, 31 están infravaloradas, aunque muchas han recuperado terreno frente al dólar en estos últimos seis meses. Sólo el franco suizo y las coronas noruega y sueca están más caras que el dólar, sobrevaluadas un 27%, 11% y 9%, respectivamente. A la cola, las monedas de Ucrania y Egipto, infravaloradas más del 67%.

En la Eurozona, el precio medio de un Big Mac es de 3,91 euros, ó 4,47 dólares al cambio de mercado. Como en Estados Unidos cuesta 5,30 dólares, esto implica que el euro está un 16% infravalorado: el cambio es a 0,88, pero el índice señala que realmente debería ser 0,74. No obstante, el euro ha mejorado porque en enero el descuento llegaba al 20%. Las políticas monetarias de la Reserva Federal y de otros bancos centrales, como el Banco Central Europeo o el de China, han distorsionado fuertemente los tipos de cambio, afectando más a las monedas de aquellos países que no se han defendido con estímulos propios.

A este índice se le acusa de poco científico, pero a pesar de sus limitaciones se ha convertido en una valiosa herramienta de análisis económico, prefiriéndose a estudios similares como los índices Ipod o Coca Cola. En todo caso, sus resultados indican hacia dónde deberían encaminarse los tipos de cambio, hay que enmarcarlos como comportamientos de las monedas en el largo plazo.

Repaso el destino de mis allegados y los cotejo en el Excel de The Economist. En Vietnam el precio de la Big Mac es de 60.000 dongs vietnamitas, 2,64 dólares al tipo de cambio actual: esta moneda está infravalorada un 50,2%. Casualmente me entra un whatsapp: “Este país va hacia arriba”. Contesto desde mi pueblo: “¿Me traerías dongs para España?”

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