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Salir de la droga financiera no será fácil

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/4/2018

No, no va a ser fácil acabar con el dopaje del Banco Central Europeo. La buena marcha de la economía del pasado año permitió a Mario Draghi iniciar el abandono de los estímulos. Por entonces, dejó planificado el camino hacia la normalización financiera, aunque de forma muy gradual y sin cerrar ninguna puerta. Ayer se celebró una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE. En esta ocasión, con la expectación puesta en si la debilidad de los datos económicos recientes de la eurozona iban a obligarle a reevaluar sus cálculos. No obstante, Draghi no ha alterado en absoluto su hoja de ruta.

“El misterio de la desaceleración de la Eurozona”, “La economía de la Eurozona: ¿una desagradable sorpresa?” o “La debilidad de la zona del euro plantea la perspectiva de una larga despedida para el estímulo de la crisis” son los títulos de algunos artículos del Financial Times de estas de estas últimas semanas donde se resaltan las debilidades de la eurozona. Es verdad que algunos autores de ese periódico suelen ser agoreros, no sin cierta alegría, con nuestra economía. Pero contienen datos. Y los datos no son subjetivos.

La producción industrial cayó un 1,6% en febrero. Las exportaciones descendieron un 3,2% desde enero, la mayor caída desde agosto de 2015. En Alemania, el indicador ZEW, uno de los más vigilados del país, que mide la confianza en la economía, cayó en marzo a un mínimo de cinco años. El índice Sentix, que evalúa el sentimiento de los inversores para la eurozona, descendió en marzo por tercer mes consecutivo. Gavyn Davis, el autor de uno de esos artículos, lo resume: “El optimismo se ha debilitado por una desaceleración repentina y bastante brusca de la actividad en la zona del euro, una región que hasta hace poco lideraba la expansión mundial”.

Draghi, ayer, reconoció la existencia de este estancamiento: “Casi todos los países de la zona euro han experimentado una moderación del crecimiento o una pérdida de momentum“. Sin embargo, prefirió darle a la economía el beneficio de la duda y no cambiar en nada el plan programado. Confía en que el crecimiento se mantenga sólido, y achaca esta situación a factores puntuales como el frío extremo, las huelgas, la fecha de la Semana Santa, y a la amenaza de guerra comercial lanzada por EEUU.

La reunión de junio será decisiva. Entonces no tendrá más remedio que pronunciarse sobre si la compra de bonos seguirá el próximo año, lo que conllevaría que el aumento de las tasas de interés se retrasaría. Además, todo dependerá de la inflación, la única variable por la que el BCE decide actuar en uno u otro sentido. Las estimaciones la mantienen en los próximos años por debajo del 2% objetivo. Si se disparara, por el incremento de los precios de la energía o de las materias primas, se aceleraría sin más remedio la retirada de estímulos. Si deja margen, y persiste la debilidad de la eurozona, podría incluso incrementarlos. En este último caso, la tragedia estaría al llegar la próxima recesión, que llegará, porque el BCE se encontraría con sus armas gastadas: sin salir del dopaje actual, tendría que diseñar una nueva droga que suministrar para volver a activar la economía.

Foro de Davos, BCE y la calidad del crecimiento

Carmen Pérez | 27 de enero de 2018 a las 10:24

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/1/2018

2,24 billones de euros después, la recuperación de la Eurozona es una realidad . Las cifras macroeconómicas así lo indican, tanto en términos de crecimiento como de generación de empleo y consumo. En este clima de euforia, se esperaba con expectación la intervención de ayer de Mario Draghi, tras la primera reunión del año del Banco Central Europeo. Toda la atención a sus palabras, para escudriñar si iba a acelerar el ritmo de la normalización monetaria. También esta semana, las miradas están puestas en los discursos del Foro Económico Mundial, que se celebra en Davos. Allí los planteamientos son distintos. Se discute, entre otros asuntos, sobre desigualdad y capitalismo sostenible.

Draghi no varió, respecto de la última reunión, ni una coma. Mantuvo sin cambios los tipos de interés, las compras de activos de 30.000 millones de euros mensuales hasta septiembre, la reinversión de las cantidades que fueran venciendo y la posibilidad de ampliar las compras si fuera necesario. Reiteró también que los tipos de interés no subirán hasta mucho más allá de que la compra de activos finalice. Todo un compás de espera, porque la inflación sigue por debajo del 2%, y por los posibles efectos deflacionarios derivados de la fortaleza del euro, que cotiza ya a 1,25 dólares.

Y a pesar de que las previsiones de crecimiento para la Eurozona, que se han vuelto a revisar otra vez más al alza, invitan al optimismo, Draghi volvió a insistir en la necesidad de acometer reformas estructurales, de colchones fiscales en los países muy endeudados, de finalizar la Unión Bancaria y la Unión del Mercado de Capitales o de sostener unas finanzas públicas más favorables al crecimiento. Podría haber utilizado perfectamente la metáfora a la que acude Alberto Gallo en su artículo del Financial Times del miércoles: “Al igual que un equipo de fútbol que intenta defender una ventaja frágil de la primera mitad, Europa necesita soluciones concretas para mantener bajo el riesgo y el impulso del crecimiento”.

Tampoco, en el Foro de Davos, conscientes de la creciente desigualdad, se apuntan a la euforia por los incrementos del PIB que se están experimentando: la recuperación no está llegando a todos, no está conllevando un desarrollo inclusivo. El presidente francés, Emmanuel Macron, es uno de los líderes que lo han dicho más claro. En su discurso reconoció que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente, porque ha dejado fuera del progreso a muchas personas.

En Europa, los movimientos populistas y euroescépticos se han contenido. De momento. Pero pueden recrudecerse si los políticos no reforman y fortalecen la Eurozona. No deberían desperdiciar el tiempo que está concediendo la favorable política monetaria. Porque el principal riesgo ahora está en la inflación. JP Morgan la considera uno de los riesgos globales más importantes para 2018. Si las previsiones fallan y los precios sorprenden elevándose rápido, los bancos centrales echarían el freno de forma inmediata. Entonces, ni los 2,24 billones de euros que lleva comprados el BCE ni el esfuerzo que se le está imponiendo a los inversores minoristas habrán servido para que Europa gane el segundo tiempo.

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El norte financiero

Carmen Pérez | 28 de diciembre de 2017 a las 11:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/12/2017

Esta semana ha coincidido que muchos de los más importantes bancos centrales del mundo han tenido reuniones de sus consejos de gobierno. Entre ellos, la Reserva Federal (Fed), el Banco de Inglaterra (BoE) y el Banco Central Europeo (BCE). Desde el comienzo de la crisis, hace más de diez años, estos encuentros despiertan una enorme expectación. No es nada extraño. A ellos se les entregó el timón para que combatieran la crisis a través de sus decisiones de política monetaria. La inflación es la Estrella Polar que los guía, aunque en EEUU también se orientan mirando otra estrella: la tasa de paro.

Por eso, el miércoles, Janet Yellen volvió a subir -por tercera vez este año- los tipos de interés 0,25%, hasta situarlos en el rango de 1,25-1,5%, a pesar de que la inflación sigue sin estar donde debiera. Pero la tasa de desempleo es del 4,1%, la mínima en 17 años, y se espera que siga cayendo. Además, está por delante la reforma impositiva de Donald Trump, que podría estimular aún más el crecimiento, aunque posiblemente a costa de un mayor endeudamiento público. Desde enero, será Jerome Powell el que seguirá con la normalización monetaria, con los tres incrementos de tipos programados para 2018.

En cambio, en el Reino Unido, la inflación constituye un problema. Ha alcanzado el 3,1%, claramente por encima del objetivo del 2%. La ortodoxia financiera exigiría en este caso subir los tipos, como ya se hiciera el mes pasado, si el BoE no quiere comprometer su credibilidad. Sin embargo, ayer, su gobernador, Mark Carney, mantiene los tipos y el resto de los estímulos a pesar de la alta inflación. Tiene miedo a perjudicar la economía, porque elevarlos puede desanimar la demanda agregada.

También ayer Mario Draghi comunicó las decisiones acordadas: el plan sigue tal y como se había configurado en octubre, en lo planificado para las compras y en los tipos de interés, que no subirán probablemente en mucho tiempo. La estimulación, por tanto, continúa, aunque más moderada, en coherencia con las previsiones de inflación, que se sitúan en 1,4%, 1,5% y 1,7% para los tres próximos años. Al final de la conferencia instó a los gobiernos a realizar reformas estructurales, a constituir colchones fiscales a los países con alto endeudamiento y a corregir los desequilibrios macroeconómicos, tanto por exceso como por defecto.

Draghi se queja porque las medidas para combatir la crisis han sido y siguen siendo de naturaleza exclusivamente monetaria, las tomadas por ellos. De hecho, la crisis actual no ha provocado revolución alguna en la economía como sucedió con las crisis del pasado. Aquí en la Eurozona apenas un esbozo de Unión Bancaria. No hay atrevimiento para enfrentar con firmeza los muchos retos que nuestra sociedad tiene planteados. Como la lucha contra el cambio climático. Los gobernadores de los bancos centrales hacen bien en seguir a sus estrellas para guiarse, pero al mismo tiempo los gobernantes políticos deberían llevar el timón y tener claro cuál debe ser el puerto de llegada. Se da la coincidencia de que también esta semana se ha celebrado en París la cumbre global Un Planeta: Emmanuel Macron siempre sabe dónde está el Norte.

Brechas y subidas salariales

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/9/2017

Recientemente hemos conocido dos iniciativas encaminadas a disminuir brechas salariales que existen entre los empleados. Una procede del Reino Unido, promovida por la primera ministra, Theresa May, y su secretario de economía, Greg Clark; y la otra es más cercana, del Partido Socialista Obrero Español, anunciada por Carmen Calvo, la responsable de Igualdad en la Ejecutiva Federal del PSOE. La propuesta británica persigue que se acorten las diferencias entre los sueldos de los trabajadores y los directivos dentro de las empresas; la socialista, que se acorten las distancias entre lo que cobran mujeres y hombres. Ambas utilizan la misma arma para la luchar por sus objetivos: una mayor transparencia con los salarios.

En el Reino Unido, dentro de un amplio paquete de medidas para mejorar el gobierno corporativo, se contempla una norma que obligará a las empresas a publicar anualmente una ratio que mida la relación entre la remuneración de los ejecutivos y la media de la retribución de los empleados. Como señala Sarah O´Connor, en su artículo del Financial Times, el impacto real de esta política no será que bajen los salarios de los jefes, sino que presionará para que se inflen el de todos los demás trabajadores. De hecho, los altos salarios de los ejecutivos se deben en gran parte a la transparencia que siempre ha habido en estos niveles de sueldos en el mercado: las empresas han tenido que competir entre sí para captarlos. Del mismo modo, que los empleados conozcan en qué grado relativo se le está pagando puede empujarlos a pedir aumentos o a cambiar de trabajo.

Por su parte, Carmen Calvo presentará en el Congreso de los Diputados un proyecto de ley de igualdad laboral y salarial para atacar la brecha entre hombres y mujeres, que incluirá la obligatoriedad para las empresas de publicar un cuadro -tablas salariales- con las retribuciones de sus empleados. Esta plena transparencia afectaría también a los directivos y altos cargos, porque la mayor discriminación se da precisamente en los puestos de mayor cualificación y responsabilidad. La medida, mucho más radical que la inglesa, porque no se limita a una ratio, tendría un efecto no sólo en una mayor igualdad de género, sino que conduciría igualmente a sueldos más altos.

Ambas iniciativas se impulsan además en un contexto generalizado de reivindicaciones de subidas salariales. Es como si la Comisión europea les hubiese dado el pistoletazo de salida este verano al determinar que la crisis económica ya había terminado. Hasta Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, señaló hace unos días en su intervención en el Parlamento que “ha llegado el momento de que los salarios suban en Europa”. En España, también esta semana se ha hablado de aumentos salariales para los próximos años. Se están negociando los de los empleados públicos, con la importancia que esto supone para las negociaciones que se desarrollan en el sector privado. Después de una larga crisis, ha llegado la hora de que la recuperación económica nos alcance a todos, y que de camino se lleve por delante las brechas salariales que no estén justificadas.

 

La subida de tipos de interés se atrasa

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/9/2017

Desde que en julio de 2012 Mario Draghi pronunció aquella frase -“Haré todo lo que sea necesario para preservar al euro, y créanme será suficiente”-, ha sido consecuente: fue bajando los tipos de interés hasta llevarlos a terreno negativo y ha realizado un monumental programa de compras de activos financieros, fundamentalmente bonos soberanos europeos. Puede decirse que Draghi ha cumplido su palabra: la economía de la zona euro ha salido del pozo en el que se encontraba. Ayer hubo una nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), y Draghi prosigue con la misma autoridad en esta nueva y delicada fase, en la que hay que determinar cuándo y cómo se va a proceder a la retirada de los estímulos monetarios, resistiendo las fuertes presiones de algunos países europeos, y también de la banca, que están en desacuerdo con lo que él está desarrollando.

Draghi sabe que una salida prematura o demasiado radical podría revertir la recuperación y arruinar su éxito. Tiene muy presente el mal que supuso para la economía de la Eurozona -especialmente para España- que Jean-Claude Trichet, el gobernador del BCE por entonces, subiera los tipos de interés en 2011. Así, aunque la buena previsión en cuanto al crecimiento -se ha elevado hasta el 2,2% para 2017- empuja a iniciar la retirada, ayer Draghi siguió sin mover ficha, manteniendo los mismos tipos de interés y las compras hasta diciembre, como estaban planificadas.

Y es que otra variable -la fortaleza del euro de estos últimos meses- se ha vuelto condicionante para la eliminación de los estímulos, o incluso para reavivarlos. Actualmente el euro cotiza a 1,2 dólares, tras una subida del 13% en este año. Un euro fuerte puede perjudicar la recuperación económica, por el efecto negativo en las exportaciones; y porque puede presionar la inflación a la baja, por el abaratamiento de las importaciones. Aunque Draghi no quiso darle demasiada importancia a este tema, señalando que “el tipo de cambio no es objetivo de la política monetaria”, terminó reconociendo que afecta a la estabilidad de los precios, por lo que hay que vigilarlo de forma estrecha.

“Este otoño revisaremos y decidiremos el calibre de nuestra política monetaria”, dijo, remitiendo a la reunión de octubre para los detalles de qué pasará a partir de enero con las compras. En cuanto a los tipos de interés subrayó repetidamente que seguiría manteniéndolos en los niveles actuales hasta mucho más allá de las compras de activos. Y todo hace pensar desde ayer que esa fecha se atrasa. Por las previsiones de inflación que manejó, 1,5%, 1,2% y 1,5% para 2017, 2018 y 2019, que están lejos del objetivo del 2%. Y porque puede acentuarse la escalada del euro frente al dólar si la Reserva Federal reduce el ritmo de subidas de sus tipos de interés y si persisten los graves problemas políticos de EEUU con Corea del Norte. Así lo interpretó el mercado: los futuros sobre los tipos de interés marcaban una probabilidad sólo del 34% de que subieran el próximo año. Esta probabilidad era del 90% hace seis meses, y del 46% justo antes de que la reunión de Draghi empezara.

‘Winter is coming’

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/7/2017

Esta semana se celebraron dos nuevas subastas de valores del Tesoro. Da gusto ver sus resultados, esos tipos de interés tan negativos a corto y tan mínimos a largo. Proporciona alivio saber con el bajo coste con el que el Reino de España se está financiando. Pero, a la vez, producen el sentimiento de ver algo falso, artificial, impostado, que van ir desapareciendo en un breve plazo: “ya los días son más cortos y el frío empieza a calarnos”. En la última comunicación del Banco Central Europeo (BCE), de 8 de junio, se retiró la coletilla “y más negativos si fuese necesario”. Y en las actas de esa reunión se recogía la posibilidad de eliminar “prolongar las compras más allá de 2017 si fuera necesario”. También, en el castillo de Sintra las trompetas de retirada sonaron. Ayer volvió a hablar Draghi. Winter is coming, pero como en Juego de Tronos, aún se tomará su tiempo.

De momento, como en estos últimos años, el sol seguirá calentando. En la subasta del pasado martes, el Tesoro colocó 2.981 millones de euros en letras a 3 y a 9 meses, obteniendo nuevos récords de tipos a corto plazo: -0,48% y del -0,39%, respectivamente. En la subasta de ayer jueves, colocó 4.577 millones de euros, la mayor parte a diez años, con una rentabilidad, 1,64%, algo superior a la de la última subasta; el resto, en bonos a tres y cinco años, con rendimientos, 0,02% y 0,31%, aún menores que los anteriores. La prima de riesgo se mantiene muy baja, ayer descendió hasta los 93 puntos básicos.

Las subastas sienten la magia de Draghi. De los 1,12 billones de euros de deuda del conjunto de las administraciones públicas españolas, el BCE es el dueño del 16,33%, es el principal acreedor del Reino de España. De los 221.364 millones de euros que emitió el Tesoro en 2016, el BCE arrambló con 93.514 millones. Es una mano fuerte. Y cuando en un mercado hay un comprador dispuesto a comprarlo todo, ya se sabe, suben los precios, o sea, bajan los rendimientos.

Ya han pasado ocho años desde que el BCE comenzara a actuar para paliar los efectos negativos de la crisis sobre la inflación, la actividad y la estabilidad financiera. Winter is coming se repite como un mantra desde hace meses. Sin embargo, ayer no se cambió ni una coma respecto al último comunicado. Se mantienen intactos los tipos de interés y el programa de compras como estaba previsto hasta finales de 2017. En la conferencia posterior, Draghi no quiso hablar de fechas. “Hay que ser prudente, persistente y paciente”. Y es que gestiona la retirada de estímulos con delicadeza, para evitar que los mercados de deudas reaccionen excesivamente.

“Este cambio de estación que se acerca” no afecta igual a todos. “Cada pueblo tiene sus propias reglas, misticismos y liturgias”. La política monetaria expansiva supone una represión financiera, e implica una transferencia del coste de la crisis a los ahorradores. Para algunos, el invierno que se acerca será cálido. En el Reino de España, por el contrario, las subastas se irán enfriando. En las condiciones actuales, cuesta poco mantener la deuda. Pero hay que ir preparándose. En septiembre, puede ser una realidad que el invierno se acerque.

Inflación y mercado de trabajo

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/6/2017

Vaya despliegue de conceptos económicos hizo Mario Draghi esta semana, en su discurso de apertura del Foro organizado por el BCE en Sintra. Sacó a relucir la curva de Phillips, la holgura económica, o las tasas U6 y Nairu. El discurso fue todo un alegato a favor de su política monetaria. Y es que su actuación está siendo muy cuestionada por los que se sienten perjudicados: ahorradores, algunos países y la banca. Pero, sobre todo, necesita defenderse del ataque a la premisa mayor: que su política monetaria no está funcionando. Tras años con bajísimos tipos de interés, y de haber llevado el balance del BCE a superar los 4 billones de euros -el 38,2% del PIB de la zona euro-, no ha conseguido cumplir con su mandato. Así que fue directo al grano: ¿por qué la inflación se resiste a alcanzar el objetivo del 2%? Y señala el comportamiento del mercado laboral como una de las causas.

Sí está funcionando -defiende- sus efectos en la economía real se están notando con claridad. Ahí están los 16 trimestres consecutivos de crecimiento, con poca dispersión además entre los países, y ahí están las tasas de crecimiento del empleo: 6,4 millones de puestos de trabajo nuevos en la Eurozona desde el inicio de la recuperación. Sin embargo, esta reactivación de la economía no se está traduciendo en inflación a la velocidad que debiera. Y apunta varias causas. Alguna, más que comentada en el pasado, como los bajos precios en los mercados de energía y de materias primas a nivel mundial. Algunas otras, que por primera vez desarrolla, como la situación del mercado de trabajo.

El empleo que se está creando es precario: a muchos trabajadores les gustaría trabajar más horas o tienen trabajos temporales y quieren ser fijos. Así, en las negociaciones priorizan conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. Además, la cifra de paro oficial es engañosa, debería incluirse en ella a los desempleados, a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. De esta forma, el paro en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa. Por otra parte, la misma baja inflación provoca que suban poco los salarios, se retroalimentan, porque suelen estar indexados.

Confianza, persistencia y prudencia son las tres palabras que destacan en el discurso de Draghi: las pone en cursiva y las repite hasta tres veces. Con ellas afirmaba que va a seguir manteniendo un caldo de cultivo propicio para la recuperación. Y considera que circunstancias concretas, como la baja calidad del mercado de trabajo, retrasan pero no van a impedir que se alcance el objetivo de inflación. Pero el desplazamiento que hace desde los conceptos financieros habituales a los económicos es muy significativo. Ya no habla en abstracto, sino que desciende a señalar problemas económicos concretos que tienen que resolverse: defendía su actuación, pero a la vez estaba lanzando una nueva llamada -como tantas lleva hechas- para que las políticas fiscales acompañen a las monetarias.

(Un año ya a cargo de esta Tribuna Económica. Muchas gracias a todos mis lectores. Espero haber sido útil.)

Sutileza financiera

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/6/2017

Nueva cita ayer con Draghi. Otra vez el mismo rito. Nota de prensa a las 13:45 comunicando las decisiones de política monetaria del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE). Conferencia posterior, a las 14:30, justificando esas decisiones. Y preguntas finales de los periodistas, indagando sobre las circunstancias en las que se han tomado, sobre si el acuerdo ha sido unánime o por la influencia que han tenido los acontecimientos políticos recientes o los que están por venir en un tiempo próximo. Y en esta ocasión, además, el Banco Popular acaparó parte del espacio. Pero la nota de prensa y el discurso posterior tienen siempre tan parecido formato que permite comparar frase a frase, detectando las variaciones de una cita a otra. Como hace el BBVA Research, que con el “control de cambios” del procesador de textos señala las que permanecen, las nuevas y las que se han eliminado.

Se esperaban cambios en la política monetaria, pero en la reunión de ayer no se abordaron. Se mantuvieron los tipos de interés en los mismos niveles que estaban, y se confirmó que las compras de activos mensuales por valor de 60.000 millones de euros seguirán realizándose -como estaba previsto- hasta finales de 2017. Casi que podían haber cogido la nota de prensa de hace seis semanas y haberla reutilizado, salvo por unas palabras en las ya habituales coletillas a ambas decisiones que sí han variado: se continua precisando que se podría ampliar el volumen y/o la duración del programa de compras si fuese necesario, pero ya sólo se espera que los tipos se mantengan en los niveles actuales por un largo tiempo: “O en niveles inferiores” se ha tachado.

Esto puede interpretarse como un sutilísimo gesto de cambio de tendencia, el inicio hacia la normalización monetaria. Se esperaba esto como mínimo, dado el consistente crecimiento de la economía de la Eurozona. No obstante, las previsiones de la inflación han sido retocadas a la baja: el 1,5% para 2017, el 1,3% para 2018 y el 1,6% para 2019. Por eso Draghi fue firme defendiendo que hay que seguir manteniendo la actual política monetaria, que no procede discutir por ahora la retirada. Ya lo había anticipado en la conferencia que impartió en Madrid el 29 de mayo: “Hay que mantener los estímulos a un nivel sustancial pese a que los riesgos se hayan equilibrado”.

El presidente del Bundesbank, el banco central de Alemania, Jens Weidmann, comparó el lunes pasado la política monetaria del BCE con la Coca-Cola. Por sus efectos estimulantes y sus adversos efectos secundarios. Fue muy suave al añadir lo de Cola. La economía de la Eurozona está demasiado enganchada a los bajos tipos de interés y a las compras. Su vigor actual puede venirse abajo si se suprime la droga. Al final de su discurso, Draghi volvió a pedir a los países que acometan reformas estructurales y que intensifiquen sus esfuerzos para lograr una composición de las finanzas públicas más favorable al crecimiento. El “control de cambios” lleva ya muchas citas sin modificar en las frases sobre estas peticiones ni una palabra. Y mientras persistan, quizá tampoco Draghi podrá tachar las de su política monetaria.

Draghi y la innovación financiera

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:23

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/6/2017

Discurso de Mario Draghi hace unos días en Bruselas. Ante la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo. En esta ocasión no habló, como suele hacer, de política monetaria, sino de innovación financiera. Y empezó por señalar algo obvio: la innovación financiera no es nueva; en el pasado han ido surgiendo continuamente novedades en los instrumentos, en los servicios, en las infraestructuras, en la organización de los mercados financieros. Sólo hay que pensar, por ejemplo, en lo que nos ha cambiado la vida con los cajeros automáticos o las tarjetas de crédito. Hoy en día, la aplicación de las nuevas tecnologías, lo que se conoce como el mundo Fintech, es lo que está revolucionando los servicios bancarios y financieros.

En su discurso señaló los intensos cambios que las Fintech están produciendo en el campo de los medios de pagos, o lo importante que puede ser la actividad de estas empresas financieras para hogares y empresas, ya que están abriendo nuevos canales de crédito, como las plataformas de préstamos peer-to-peer. Con el efecto añadido de que están siendo un revulsivo para los bancos, incitándolos a mejorar su modelo de negocio.

Pero especialmente interesante es la tecnología de cadena de bloques o blockchain, que Draghi mencionó expresamente. Esta tecnología permite el intercambio de un valor -material o inmaterial- entre dos partes que no se conocen de forma rápida y eficaz sin necesidad de que intervenga una autoridad que proporcione la confianza. Con la blockchain es la propia red de usuarios la que vigila su cumplimiento. El ahorro de costes para la industria financiera puede ser enorme. El mismo Banco Central Europeo está estudiando la posibilidad de aplicarla a la TARGET2, el sistema de pagos al por mayor europeo.

Draghi aplaudió todas las innovaciones financieras que se están produciendo por su potencial para mejorar el sector financiero, y a la economía en general, pero también dedicó tiempo a señalar sus riesgos. Muchos y nuevos jugadores a los que hay que supervisar estrechamente y garantizar la igualdad de condiciones con los operadores tradicionales. Y no sólo eso, además resaltó que en este entorno mucho más diversificado se multiplican los riesgos derivados de la seguridad cibernética.

De la tecnología de cadena de bloques advirtió del posible aumento de la fragmentación del mercado si se desarrolla de forma aislada por cada Estado miembro. Pero esto es quedarse corto con las posibles consecuencias. En este sentido, más radical se muestra Julie Maupin, investigadora del Centro Internacional de Innovación de la Gobernanzas del G20, en un informe del pasado marzo: “esta tecnología podría desplazar o sobrepasar las capacidades de algunos intermediarios en quienes los gobiernos históricamente han confiado para implementar mecanismos de seguridad regulatorios de importancia”. Y es que la blockchain no es una innovación financiera cualquiera. Puede hacer posible en el futuro que intermediarios, bancos, cámaras de compensación y bancos centrales pierdan la hegemonía que ahora tienen sobre la red financiera y sobre la moneda.

El límite de Draghi

Carmen Pérez | 25 de mayo de 2017 a las 15:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/4/2017

La política de comunicación es una herramienta esencial en política monetaria. Mario Draghi, como cualquier presidente de un banco central moderno, en cada una de sus intervenciones tiene que elegir con sumo cuidado sus palabras. De la credibilidad que trasmita depende en gran parte la eficacia de su política monetaria. En la situación actual, para que la economía siga reactivándose, necesita persuadir a los agentes económicos de que los tipos de interés seguirán siendo por mucho tiempo bajos.

Las palabras que utilizó ayer, tras la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, fueron prácticamente idénticas a las de la reunión anterior y a las que pronunció el pasado 21 de abril, en la reunión del Comité Monetario y Financiero Internacional, en Washington. De momento, no cambia nada; se mantienen los tipos de interés en el 0%, y la facilidad de depósito en el -0,40 %. Y en cuanto a las compras de activos, que ya han empezado a un ritmo inferior, de 60.000 millones de euros mensuales, continuarán como estaban previstas, hasta final de 2017.

Pero para reforzar el mensaje en estos momentos de hipersensibilidad, Draghi viene comunicando además anticipos de la conducta futura. Así, sobre los tipos de interés afirmó ayer que se mantendrán en los niveles actuales o, incluso, en niveles inferiores por mucho tiempo, más allá del final del programa de compras de activos. Por su parte, de dicho programa aseguró que si es necesario podría ampliarse en volumen y/o en duración.

El reto de Draghi es hacer todo esto creíble, a sabiendas de que no tendría más remedio que adaptarse a nuevos escenarios porque su compromiso con la estabilidad de los precios es ineludible. Como ya dijera hace años Paul Krugman, la política monetaria es efectiva si el banco central puede comprometerse a ser irresponsable. Pero Draghi no puede, ni los alemanes le dejarían. Su mandato es claro: mantener la tasa de inflación por debajo, aunque próxima, al 2%. Incluso su famosa frase de julio de 2012, “el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro”, iba precedida del condicional “Dentro de nuestro mandato” que lo limitaba.

En su conferencia, Draghi señaló que las últimas proyecciones de los expertos del BCE para la zona euro sitúan la inflación subyacente en el 1,7% para este año, en el 1,6% para 2018, y el 1,7% para 2019. El margen respecto al objetivo, por tanto, se estrecha. Posiblemente a Draghi le gustaría ser imprudente, proseguir e incluso intensificar los estímulos hasta que la recuperación económica fuera bien clara. Aunque se pasara de la raya.

Es el dilema de los bancos centrales con un objetivo tan concreto: confiere credibilidad a su actuación, pero también la maniata. Por eso, en sus comunicaciones, Draghi se muestra firme para animar a los agentes económicos, pero no deja a la vez de apelar a los gobiernos nacionales para que su contribución individual sea más decisiva, que actualmente es “subóptima”: algunos Estados Miembros tiene que tomar medidas para cumplir con las normas fiscales; y otros tienen que utilizar el espacio fiscal del que disponen, en clara referencia a Alemania.