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El tamaño empresarial importa

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:14

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/4/2018

En un mundo globalizado la dimensión de la empresa es un factor esencial para su competitividad. La media de trabajadores en España es de 4,7 frente a los 11,7 de Alemania, 11 del Reino Unido ó 5,7 de Francia. Nuestro tejido productivo necesita más empresas, pero también que sean más grandes. Ésta es la conclusión que alcanza el reciente estudio “El tamaño empresarial como palanca de la productividad, la inversión y el crecimiento económico”, auspiciado por el Instituto Español de Analistas Financieros (IEAF): tras una década de crisis, el tamaño empresarial sigue lastrando el crecimiento y la productividad a medio y largo plazo. ¿Qué hacer para que las empresas sean más grandes?, ¿cómo facilitar que crezcan?

Este estudio subraya que el impacto de este menor tamaño no es poca cosa: “Si la estructura de las empresas convergiese con la media europea, el PIB aumentaría el 3,5%; y si fuera similar a la de Alemania, el 6%”. Las empresas pequeñas encuentran mayores dificultades para llevar a cabo proyectos de inversión, especialmente en I+D+i y TIC, así como para internacionalizarse. El acceso a la financiación o la cualificación de los equipos gestores y el gobierno corporativo son otras variables determinantes de la productividad que están relacionadas con el tamaño. En resumen, tienen más dificultades para exportar, innovar y aprovechar las economías de escala.

Ante este diagnóstico, urge solventar las causas que provocan esta situación. Y algunas de las más importantes se derivan de un marco institucional inadecuado. Así, el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad se propone revisar hasta 130 regulaciones que ha encontrado que juegan un papel desincentivador para ganar tamaño: la empresa se retiene de saltar a otro segmento mayor porque se activan normativas que perjudican los costes o dificultan la gestión.

Del mismo modo, mejorar el clima de negocio es otro aspecto fundamental. Hay que facilitar la apertura de empresas, agilizar y abaratar el coste de registros y permisos, y mejorar la financiación, el sistema judicial, la fiscalidad y la normativa laboral. Tampoco ayuda que existan tantas diferencias regulatorias entre las diferentes comunidades autónomas, que obligan al empresario a asumir cargas administrativas duplicadas y a afrontar trámites y requisitos distintos en cada una de las regiones. Así, todas estas actuaciones deberían ser abordadas en estrecha cooperación entre el gobierno central y los autonómicos.

En Andalucía, la necesidad de mejora del marco institucional para que las empresas no encuentren obstáculos si quieren crecer ya fue puesta de manifiesto en la Jornada El reto del dimensionamiento empresarial, que fue organizada por la Confederación Empresarial de Andalucía (CEA) a finales del pasado año. En nuestra comunidad, por una parte, hace falta aumentar el censo total de empresas, cerca de cien mil más para igualar la densidad media empresarial a nivel nacional. Pero, por otra, también hace falta que ganen dimensión porque el tamaño medio de la plantilla de las empresas andaluzas se sitúa incluso por debajo del ya de por sí reducido tamaño medio de España.

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Rentabilidad y deuda de las empresas españolas

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/6/2017

¿A cuáles se parecen más nuestras empresas, a las de los países de Europa Central, como Alemania o Austria, o a las de los países Periféricos, también llamados de forma más peyorativa, PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)? El Banco de España publicó recientemente un análisis de la evolución de las compañías españolas en el periodo 2005-2015, comparándolas con las de estos dos grupos de países. De los muchos indicadores que se analizan, dos son especialmente relevantes: la rentabilidad de activo y el ratio de endeudamiento.

Pues bien, la rentabilidad de las empresas españolas en 2005 era igual a la de las empresas de los países del centro de Europa (6,5%). Diez años después, éstas últimas prácticamente han recuperado ese nivel, pero las nuestras no lo han conseguido todavía y su rentabilidad sólo alcanza el 4,5%. Respecto a las empresas de los países periféricos, la rentabilidad de las nuestras era superior hasta 2011, manteniéndose desde entonces en porcentajes cercanos hasta 2014, año en el que vuelven a despegarse con fuerza y a aproximarse de nuevo a las empresas del núcleo central. Y esta tendencia se confirma con las previsiones de cierre de 2016.

Pero estos datos para el total de empresas esconde un desigual comportamiento entre las pymes y las grandes empresas. Así, las pymes españolas siempre han generado una rentabilidad similar a la de los países periféricos, incluso algo por debajo durante los años más duros de la crisis. La brecha con las pymes de los países centrales es de más del 2%, y llegó a ampliarse hasta casi un 5% en 2012.

Sin embargo, la rentabilidad de las grandes empresas españolas es la que hace que la media del total de empresas se acerque a la de los países de Europa Central. En 2005, la rentabilidad de nuestras grandes empresas era incluso más alta (7,7% frente al 6,7% y el 5% de los otros dos grupos), y aunque sufrieron un deterioro importante y continuado durante la crisis que las distanció, desde 2014 la tendencia es a volver a igualarse. De hecho, las del sector industrial ya lo han conseguido.

En cuanto a la deuda, los resultados son muy distintos. Todas las pymes europeas han ido reduciendo el ratio de endeudamiento progresivamente desde 2005; las españolas, hasta situarse en un 50%, un 7% menor que diez años antes. Esta tendencia descendente prosigue en 2016. Además, comparativamente, las nuestras se han mantenido siempre un 10% por debajo de los niveles observados en las pymes de los otros dos grupos de países. En cuanto a las grandes empresas, el endeudamiento de las españolas se ha reducido más de un 6%, hasta situarse en 2015 en el 60%, convergiendo con los niveles de los países de la Europa central, y distanciándose del 65% de endeudamiento de las de los países periféricos.

En definitiva, nuestras pymes se parecen a las de los países del grupo en el que suelen incluirnos, y es posible que su menor acceso a la financiación ajena sea un factor limitante para mejorar su rentabilidad. Nuestras grandes empresas, sin embargo, son similares -crisis aparte- a las de los países de Europa Central, tanto en generación de beneficio como en niveles de deuda

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