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El deterioro de las empresas

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:43

TRIBUNA ECONÓMICA,  2/10/2020

Que a las empresas nos les ha ido nada bien durante el primer semestre es algo que todos podíamos intuir; ahora tristemente podemos constatarlo estadísticamente y concienciarnos de la magnitud del impacto. Del artículo Resultados de las empresas no financieras hasta el segundo trimestre de 2020, publicado esta semana por el Banco de España, pueden extraerse varias conclusiones sobre el estado de nuestro tejido empresarial después de las medidas introducidas para la contención de la pandemia. Ninguna buena.

El Valor Añadido Bruto, la primera parada en la cuenta de resultados, fruto de la diferencia entre el Valor de la Producción y los Consumos intermedios, ha descendido un 21,6% en el primer semestre en comparación con el del año anterior. Entre sus componentes destaca la caída de las ventas, tanto dentro como, en mayor medida, fuera de España (-22,5%); el decremento de las compras (-29,7%), algo más intensa en las importaciones que en las compras nacionales; y los menores gastos de explotación (-8,7%). El impacto ha sido muy heterogéneo, afectándose en mayor medida el sector del transporte (-40%) y el industrial (-37,6%), y menos el de la energía (5,5%) y el de información y comunicaciones (13,5%).

Con ese menor valor añadido bruto han tenido que enfrentar los gastos de personal, que si bien también han descendido (-4,8%), no lo han hecho en la misma medida, haciendo que el Resultado Bruto se redujera con intensidad (un 39,1%) en el primer semestre de 2020. Por su parte, el Resultado Neto, una vez considerados ingresos y gastos financieros y amortizaciones, mostró una brusca contracción (un 69,6%), cuando en el mismo período de 2019 había aumentado un 1,8%. El resultado neto final presenta un valor agregado negativo, lo que no sucedía en estos informes periódicos del Banco de España desde 2002.

Consecuentemente a estos resultados, la ratio de rentabilidad sobre el activo ha descendido a la mitad, del 4% al 2%, y la ratio de rentabilidad respecto a los recursos propios tres puntos, pasando del 5,5% al 2,1%. Un elevado porcentaje de empresas presentaron valores negativos en estos indicadores (un 37,1% en el caso de la rentabilidad del activo y un 39,7% en el de la correspondiente a los recursos propios), superando, en más de 11%, los valores registrados un año antes.

Derivado de esta fuerte caída de la actividad, un 58% de las empresas de la muestra presentaron déficit de liquidez, especialmente las industriales y las de comercio y hostelería. Esta situación ha conducido a que aumentaran su endeudamiento y a que haya crecido ligeramente el porcentaje de los beneficios ordinarios destinado al pago de intereses, quebrándose la tendencia descendente de esta ratio desde 2015.

El deterioro, por tanto, ha sido muy acusado, máxime cuando este semestre incluye los tres primeros meses antes de la pandemia. Habrá que esperar al próximo informe para constatar si con el levantamiento del confinamiento se ha ido corrigiendo este impacto o si, por el contrario, en muchas de ellas haya sido tan fuerte que no han podido levantar cabeza, sobre todo en aquellos sectores para los que la normalidad aún, y parece que por mucho tiempo, no se ha instalado.

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Préparate para crecer

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:23

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/7/2020

Prepárate para crecer es el sugerente slogan con el que se presenta una interesantísima iniciativa, el Entono PreMercado, promovida por Bolsas y Mercados Españoles, BME, gestor de los mercados españoles, oficiales y alternativos, de renta fija y variable. El objetivo operativo es que las pymes en expansión -tanto startups como las que disponen de una trayectoria más amplia (segmento growth)- conozcan el funcionamiento de los mercados de capitales y empiecen a actuar como si estuvieran efectivamente incorporadas. El objetivo estratégico es que las compañías mediante este proceso se desarrollen y consigan tamaño.

Las empresas que se añaden al programa -17 empresas, por ahora- acceden a un programa de formación financiera general pero también específica sobre los mercados. Y la idea es que estos conocimientos no se queden en el terreno teórico sino que se lleven a la práctica. Con el asesoramiento directo de profesionales se les incita a cumplir con el plus de rigor, seriedad y profesionalidad que exige cotizar en los mercados, como acometer los cambios y adaptaciones necesarias en la estructura de capital y gobierno corporativo o cumplir con las mayores exigencias de información y transparencia. Un camino que presenta en sí mismo cuantiosos beneficios, con independencia de que finalmente las compañías se decidan o no a dar el salto.

Y no queda todo sólo ahí. De forma añadida a esta tarea que prepara a las empresas para contar con esta alternativa de financiación en los mercados, el Entorno PreMercado proporciona un lugar de encuentro con potenciales inversores que pueden interesarse en ellas, teniendo un acceso exclusivo a la información de las mismas. En definitiva, las compañías adquieren visibilidad -nacional e internacional- y presencia en los medios de comunicación y en el entorno financiero, lo que favorece su acceso a la inversión y a la financiación.

La otra pata fundamental de esta iniciativa son los Partners: asociaciones, fundaciones, escuelas de negocio, sociedades gestoras de entidades de capital riesgo, plataformas de financiación participativas y otras entidades interesadas en colaborar. Hasta el momento son 15, como la asociación de business angels, Big Ban Angels, la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España, el despacho Garrigues o, desde Andalucía, la Asociación de Empresarios del Sur de España, Cesur. Empresas y startups, inversores, profesionales de los mercados financieros y partners forman así un ecosistema que permite que surjan oportunidades y se desarrollen sinergias entre todos.

Desde el Instituto Español de Analistas Financieros, IEAF, Delegación de Andalucía, también les mostramos nuestro total apoyo. El contacto con inversores y la posibilidad de salir a los mercados a obtener recursos para financiar proyectos de expansión son dos magníficas vías para que las empresas se desarrollen y ganen tamaño, algo tan necesario en una tierra de micropymes como la nuestra. También, la mejora en la profesionalidad y en la formación financiera de los directivos que proporciona esta iniciativa paliaría otros dos de nuestros males endémicos. Aún no hay ninguna empresa andaluza incorporada: ¡ánimo!

Sectores de futuro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/6/2020

El momento actual es de máxima trascendencia para España y para el resto de países de la Unión Europea. Tras el bestial impacto que han tenido en sus economías ahora tienen que decidir cómo van a afrontar la recuperación. Las medidas que se están tomando para combatir el Covid-19 en todos sus frentes van a provocar que tanto estos países como sus empresas acaben con un nivel de endeudamiento más alto. Se necesita, por tanto, y de forma imperiosa, que se vuelva al crecimiento para que no terminen sucumbiendo ante las deudas. Pero en esta tarea los gobernantes no deberían limitarse a apostar por más de lo mismo, sino que tendrían que convertir esta situación crítica (la etimología de esta palabra es “que separa lo bueno de lo malo”) en una oportunidad de cambio, canalizando correctamente los recursos que se van a movilizar hacia inversiones -de capital físico y humano- en sectores de futuro.

En España ya disponemos del ejemplo de Alemania, que ha sido el primer país en detallar cómo piensa enfrentar la activación de su economía. El plan presentado asciende a 130.000 millones de euros, cerca del 4% de su PIB, con numerosas y variadas medidas de política económica. 50.000 millones se dedicarán a avanzar hacia un futuro sostenible, apoyando especialmente la movilidad eléctrica, las energías renovables y las inversiones en campos innovadores que mejoren la competitividad de su industria, como la computación cuántica, la tecnología 5G, la tecnología del hidrógeno o la inteligencia artificial.

Además, España cuenta con las recomendaciones específicas de la Comisión Europea, animándola a “centrar la inversión en la transición ecológica y digital, y particularmente en el fomento de la investigación e innovación, en la producción y utilización de fuentes de energía limpias y eficientes, la infraestructura energética, la gestión de los recursos hídricos y de los residuos y el transporte sostenible”. Recordemos la mala situación de España en materia de innovación, ya que todas las regiones están por debajo de la media de la UE y sus empresas están menos preparadas para competir en una economía basada en el conocimiento.

Otras instituciones han manifestado la conveniencia de invertir más en salud pública y en tecnologías de la comunicación, o en sectores en los que, según señalan diferentes estudios, España tiene potencial para ser competitiva: tecnologías verdes, biosanitario y educación.

El primer escollo con el que se encuentra España para desarrollar su plan de recuperación es la falta de margen de maniobra propio, porque antes de la pandemia su deuda pública ya se situaba cerca del 100% del PIB. No obstante, es muy posible que quede solventado porque se recibirá ayuda de Europa. Pero aún en ese caso, persisten dos problemas: que los gobernantes cedan ante las presiones de sectores que quieren continuar con sus negocios tal cual, aunque a todas luces tengan pendiente una reconversión; y que la apuesta de los políticos sea cortoplacista, sólo buscando obtener réditos electorales, negándose a abrir la economía al futuro porque los resultados por esta vía no sean tan rápidos. ¡Exijamos que el futuro de España no quede doblemente hipotecado!

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Sin los empresarios no saldremos adelante

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/4/2020

Sin los empresarios no saldremos adelante. Todos deberíamos tener grabada en nuestra frente esta frase. Y bajo ese título hay que englobar tanto a grandes empresas como a pymes, autónomos y emprendedores: los componentes del ecosistema económico que con su actividad sostienen al resto, los motores indiscutibles que lo ponen en funcionamiento y lo mantienen en marcha. Conviene resaltar esto siempre, pero aún más en época de crisis porque dependemos de ellos para superarla. Una parte de la sociedad no termina de reconocerles la enorme importancia del papel que desarrollan y muchos incluso se dedican a desacreditarlos constantemente cuando son imprescindibles para hacer posible el Estado del bienestar del que disfrutamos.

Ellos, como diría Maquiavelo, “saben lidiar con la fortuna”, y así buscarán cómo ofrecer sus servicios de otra manera, redefiniendo sus negocios para adaptarlos a las nuevas normas sanitarias. Ya estamos viendo cómo inventan miles de propuestas: hoteles “inmunes”, con check-in a través del móvil o con kits de desayunos individuales; restaurantes reformados con mamparas, con personal protegido contra el virus, preparados para llevar el menú a casa o servirlos en el local, con mesas de servicio laterales para que el contacto con los camareros sea escaso; tiendas con probadores reconvertidos e higienizados; gimnasios con menor aforo; playas parceladas…

Y como los empresarios llevan en su ADN el ser innovadores, se atreverán a crear, a sacar de la nada algo que todavía no existe y materializarlo. Encontrarán las circunstancias que ofrece la fortuna en cada instante y reorientarán sus modelos de negocio para adaptarse a la nueva demanda de una sociedad diferente en la que la salud, los cuidados, el servicio a domicilio, el comercio electrónico y el teletrabajo se han instalado para siempre. Explorarán nuevos sectores que explotar y en los que diversificarse, como la transformación digital y energética, la sanidad, la agroindustria o el sector farmacéutico….

Del mismo modo, surgirán oportunidades del replanteamiento que necesariamente tendrán que hacer muchas empresas sobre dónde obtener los suministros que alimentan sus cadenas productivas. Alrededor de una quinta parte de las empresas se han visto afectadas, según la Encuesta empresarial sobre el impacto de la crisis del Covid-19, que ha publicado el Banco de España esta semana. Sin duda, el coste de ruptura adquirirá una importancia que convertirá en competitivas a empresas más cercanas que en su día fueron descartadas: las pymes estarán al quite en este cambio.

Con todo, para despertar del coma inducido y volver a competir en un terreno de juego con nuevas reglas, estarán necesitados de ayuda. De momento se les ha tirado la cuerda de la financiación y estos días se negocia en Europa un plan de reconstrucción europeo de hasta dos billones de euros para sacarlos del pozo. El endeudamiento que provocará será enorme, pero mucho peor aún será si no se gestionan esos recursos de forma inteligente. La desgracia del virus hay que tornarla en oportunidad. El que tropieza y no cae, adelanta: para conseguirlo hay que darle voz y valor al empresario.

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¿Cómo favorecer la inversión empresarial?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:20

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/2/2020

El miércoles el Banco de España publicó un artículo (Determinants of investment in tangible and intangible fixed assets) donde se analiza qué características presentan las empresas que realizan inversiones en activos fijos tangibles e intangibles (software, bases de datos, I+D, patentes y mejoras en las habilidades de los empleados, en la estructura organizativa o en desarrollar la reputación de la marca). Conocer qué determina la inversión resulta de la mayor importancia por cuanto que, como subrayan los autores, la inversión empresarial es uno de los principales motores de la actividad económica al mismo tiempo que un factor condicionante clave de la productividad empresarial y, por lo tanto, del crecimiento futuro.

Según los análisis estadísticos que realizan, los autores encuentran que mientras más joven y rentable es la empresa más tiende a invertir en todo tipo de activos. También el tamaño es muy relevante: las empresas más grandes invierten más en activos intangibles, pero menos en tangibles. Sin embargo, la probabilidad de invertir en todo tipo de activos, incluidos los activos tangibles, aumenta con el tamaño. Esto significa que el tamaño es una barrera para la inversión, especialmente en el caso de los intangibles.

Si esto es así, en Andalucía, donde la mayoría de las empresas son muy pequeñas (de las 545.369 empresas andaluzas, el 95,7% pueden catalogarse como microempresas), poca inversión puede esperarse que hagan. La correlación entre tamaño e inversión que certifica este análisis, y no es el primero que lo hace, marca claramente la conveniencia de abordar políticas públicas destinadas a aumentar el tamaño empresarial, porque de forma paralela se conseguiría también promover la inversión.

Por otra parte, y en cuanto a la estructura financiera, los autores detectan que hay una relación cóncava entre endeudamiento e inversión, esto es, que a través del endeudamiento la empresa invierte más, pero sólo hasta un determinado punto. A partir de un nivel óptimo de apalancamiento en el que se maximiza la inversión, mayores aumentos en el apalancamiento la disminuyen. Y al analizar las fuentes de financiación que utilizan, encuentran que los flujos de caja son la fuente de financiación más importante para intangibles, mientras que la deuda es la fuente de financiación más importante para los activos materiales. La emisión de acciones se usa para financiar ambos tipos de activos.

Aunque este estudio se limita a señalar que la financiación de intangibles no se financia con deuda, otros estudios explican la causa: las mayores reticencias que pone la banca a financiar este activos, especialmente a las empresas de menor tamaño. Es por ello, que siendo los intangibles cada vez de mayor importancia en la economía, también desde los poderes públicos de Andalucía se debería favorecer el desarrollo de otras alternativas financieras: facilitar la salida de las empresas al Mercado Alternativo Bursátil (MAB), promover el desarrollo de las redes de Business Angels y el desarrollo del Capital Riesgo en nuestra región, fomentar el crowdfunding y apoyar a Garántia, la Sociedad de Garantía Recíproca andaluza.

El tamaño empresarial importa

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:14

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/4/2018

En un mundo globalizado la dimensión de la empresa es un factor esencial para su competitividad. La media de trabajadores en España es de 4,7 frente a los 11,7 de Alemania, 11 del Reino Unido ó 5,7 de Francia. Nuestro tejido productivo necesita más empresas, pero también que sean más grandes. Ésta es la conclusión que alcanza el reciente estudio “El tamaño empresarial como palanca de la productividad, la inversión y el crecimiento económico”, auspiciado por el Instituto Español de Analistas Financieros (IEAF): tras una década de crisis, el tamaño empresarial sigue lastrando el crecimiento y la productividad a medio y largo plazo. ¿Qué hacer para que las empresas sean más grandes?, ¿cómo facilitar que crezcan?

Este estudio subraya que el impacto de este menor tamaño no es poca cosa: “Si la estructura de las empresas convergiese con la media europea, el PIB aumentaría el 3,5%; y si fuera similar a la de Alemania, el 6%”. Las empresas pequeñas encuentran mayores dificultades para llevar a cabo proyectos de inversión, especialmente en I+D+i y TIC, así como para internacionalizarse. El acceso a la financiación o la cualificación de los equipos gestores y el gobierno corporativo son otras variables determinantes de la productividad que están relacionadas con el tamaño. En resumen, tienen más dificultades para exportar, innovar y aprovechar las economías de escala.

Ante este diagnóstico, urge solventar las causas que provocan esta situación. Y algunas de las más importantes se derivan de un marco institucional inadecuado. Así, el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad se propone revisar hasta 130 regulaciones que ha encontrado que juegan un papel desincentivador para ganar tamaño: la empresa se retiene de saltar a otro segmento mayor porque se activan normativas que perjudican los costes o dificultan la gestión.

Del mismo modo, mejorar el clima de negocio es otro aspecto fundamental. Hay que facilitar la apertura de empresas, agilizar y abaratar el coste de registros y permisos, y mejorar la financiación, el sistema judicial, la fiscalidad y la normativa laboral. Tampoco ayuda que existan tantas diferencias regulatorias entre las diferentes comunidades autónomas, que obligan al empresario a asumir cargas administrativas duplicadas y a afrontar trámites y requisitos distintos en cada una de las regiones. Así, todas estas actuaciones deberían ser abordadas en estrecha cooperación entre el gobierno central y los autonómicos.

En Andalucía, la necesidad de mejora del marco institucional para que las empresas no encuentren obstáculos si quieren crecer ya fue puesta de manifiesto en la Jornada El reto del dimensionamiento empresarial, que fue organizada por la Confederación Empresarial de Andalucía (CEA) a finales del pasado año. En nuestra comunidad, por una parte, hace falta aumentar el censo total de empresas, cerca de cien mil más para igualar la densidad media empresarial a nivel nacional. Pero, por otra, también hace falta que ganen dimensión porque el tamaño medio de la plantilla de las empresas andaluzas se sitúa incluso por debajo del ya de por sí reducido tamaño medio de España.

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Rentabilidad y deuda de las empresas españolas

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/6/2017

¿A cuáles se parecen más nuestras empresas, a las de los países de Europa Central, como Alemania o Austria, o a las de los países Periféricos, también llamados de forma más peyorativa, PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)? El Banco de España publicó recientemente un análisis de la evolución de las compañías españolas en el periodo 2005-2015, comparándolas con las de estos dos grupos de países. De los muchos indicadores que se analizan, dos son especialmente relevantes: la rentabilidad de activo y el ratio de endeudamiento.

Pues bien, la rentabilidad de las empresas españolas en 2005 era igual a la de las empresas de los países del centro de Europa (6,5%). Diez años después, éstas últimas prácticamente han recuperado ese nivel, pero las nuestras no lo han conseguido todavía y su rentabilidad sólo alcanza el 4,5%. Respecto a las empresas de los países periféricos, la rentabilidad de las nuestras era superior hasta 2011, manteniéndose desde entonces en porcentajes cercanos hasta 2014, año en el que vuelven a despegarse con fuerza y a aproximarse de nuevo a las empresas del núcleo central. Y esta tendencia se confirma con las previsiones de cierre de 2016.

Pero estos datos para el total de empresas esconde un desigual comportamiento entre las pymes y las grandes empresas. Así, las pymes españolas siempre han generado una rentabilidad similar a la de los países periféricos, incluso algo por debajo durante los años más duros de la crisis. La brecha con las pymes de los países centrales es de más del 2%, y llegó a ampliarse hasta casi un 5% en 2012.

Sin embargo, la rentabilidad de las grandes empresas españolas es la que hace que la media del total de empresas se acerque a la de los países de Europa Central. En 2005, la rentabilidad de nuestras grandes empresas era incluso más alta (7,7% frente al 6,7% y el 5% de los otros dos grupos), y aunque sufrieron un deterioro importante y continuado durante la crisis que las distanció, desde 2014 la tendencia es a volver a igualarse. De hecho, las del sector industrial ya lo han conseguido.

En cuanto a la deuda, los resultados son muy distintos. Todas las pymes europeas han ido reduciendo el ratio de endeudamiento progresivamente desde 2005; las españolas, hasta situarse en un 50%, un 7% menor que diez años antes. Esta tendencia descendente prosigue en 2016. Además, comparativamente, las nuestras se han mantenido siempre un 10% por debajo de los niveles observados en las pymes de los otros dos grupos de países. En cuanto a las grandes empresas, el endeudamiento de las españolas se ha reducido más de un 6%, hasta situarse en 2015 en el 60%, convergiendo con los niveles de los países de la Europa central, y distanciándose del 65% de endeudamiento de las de los países periféricos.

En definitiva, nuestras pymes se parecen a las de los países del grupo en el que suelen incluirnos, y es posible que su menor acceso a la financiación ajena sea un factor limitante para mejorar su rentabilidad. Nuestras grandes empresas, sin embargo, son similares -crisis aparte- a las de los países de Europa Central, tanto en generación de beneficio como en niveles de deuda

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