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El euro digital, en primera plana

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/10/2020

Estas últimas semanas, el euro digital está teniendo un protagonismo indiscutible. El 18 de septiembre, el Parlamento Europeo aprobó una resolución con recomendaciones en el campo de las finanzas digitales. Entre otras, insta al Banco Central Europeo a desarrollar un análisis de las oportunidades y los riesgos que presenta el establecimiento de un euro digital y a que mantenga un diálogo internacional sobre este tema. Hace unos meses era impensable que el Parlamento europeo tratara este tema. Algo se mueve, y rápido.

Esta recomendación llega a posteriori: el BCE lleva tiempo implicado en el asunto. Pero que se trate expresamente en el Parlamento supone un espaldarazo político para que avance en su desarrollo. Sólo 15 días después, el 2 de octubre, el BCE publicó un extenso informe -On a digital euro- analizando numerosos aspectos sobre la emisión de un euro digital. Al mismo tiempo, anunció una consulta pública -el 12 de octubre- por la que se mantendrán contactos frecuentes con ciudadanos, el mundo académico, el sector financiero y las autoridades públicas para valorar en detalle los beneficios y retos que esperan de un euro digital.

El Banco de España, por su parte, ese mismo día también publicaba una nota informativa notificando que el BCE está intensificando su trabajo sobre un euro digital. En ella se hace eco de las declaraciones de la gobernadora, Christine Lagarde: “El euro pertenece a los europeos y nuestra misión es salvaguardarlo. Los europeos eligen cada vez más los medios digitales para gastar, ahorrar e invertir. Nuestro papel es garantizar la confianza en el dinero, lo que significa asegurar que el euro sea adecuado para la era digital. Debemos estar preparados para emitir un euro digital si fuera necesario”.

Y, por último, también el mismo 2 de octubre, Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, publicaba una entrada en el blog del BCE en la que explica de forma pedagógica de qué va todo esto: “Contamos con medios de pago digitales, como transferencias electrónicas. Y, por supuesto, tenemos dinero físico del banco central en forma de efectivo. Lo que no tenemos es una moneda digital emitida por el banco central y que todos podamos usar en la vida diaria. En otras palabras, no tenemos un equivalente digital de los billetes en euros”.

Los que llevamos mucho tiempo siguiendo este tema, ahora vemos en las más altas instancias el reconocimiento de que resulta completamente necesario: han asumido que está en peligro la soberanía pública del dinero. La amenaza está en posibles iniciativas privadas, como la propuesta de Mark Zuckerberg, con el anuncio de Facebook de lanzar la moneda libra. Pero la amenaza también se encuentra en la emisión de otras públicas, como la moneda digital china, que ya se está probando en la práctica, y que no sólo persigue dominar los pagos domésticos de China, sino expandir su uso e influencia. La recomendación del Parlamento es más bien una exigencia: resolved los desafíos que plantea. Entre ellos, el impacto que tendría en el sistema bancario: ¿qué puede pasar con estas entidades si se abre la posibilidad de tener nuestro dinero seguro en un colchón electrónico?

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Los pagos y el dinero del futuro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:59

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/6/2020

Los sistemas de pago son el conjunto de instrumentos, procedimientos y reglas para que se produzca la transferencia de fondos entre dos partes. El documento Central banks and payments in the digital era, publicado esta semana por el Banco de Pagos Internacional (BIS), señala el motivo de sus inicios: el mal -la desconfianza- es la raíz de todo el dinero, nos dice, citando a John Moore y a Nobu Kiyotaki. Los sistemas de pagos, que palian esa falta de confianza entre las partes, no han dejado de evolucionar a lo largo de la historia. No obstante, los particulares y las empresas seguimos exigiendo que los pagos sean aún más seguros y eficientes. Además, en la actualidad, se impone mejorarlos en un entorno digital y completamente globalizado.

Así, las circunstancias actuales añaden otras reivindicaciones a las tradicionales de seguridad y menores costes y plazos. La digitalización plantea un problema de acceso, porque cientos de millones de personas y empresas en todo el mundo están vinculados al efectivo como su único medio de pago. Por su parte, la globalización exige que la eficiencia se consiga en los pagos transfronterizos, que no sólo suelen ser opacos sino que también son especialmente costosos y a menudo tardan días en liquidarse.

Nuevas formas de gestionar los pagos han tratado de solventar y capitalizar estas nuevas deficiencias. Así, ha motivado el desarrollo del Bitcoin y otras criptomonedas. También ha sido el objetivo tanto de la propuesta de Facebook para desarrollar la moneda Libra como de los acuerdos privados globales que se ensayan para generar monedas estables. Por último, ha conllevado la incursión de las grandes empresas tecnológicas y fintech en los servicios financieros.

Ante esto, los bancos centrales han decidido tomar cartas en el asunto. Como garantes que son de los sistemas de pagos combaten sus amenazas, como el riesgo sistémico, el fraude, la falsificación del efectivo, el financiamiento ilícito, el lavado de dinero o las cibernéticas. Pero la honda preocupación actual no es sólo por estos aspectos. Tampoco porque se vean responsables de mejorar la eficiencia. El problema real que subyace para los bancos centrales, aunque no se exponga así en el informe, son las enormes implicaciones que conllevan esas propuestas privadas: perder la soberanía monetaria y la eficacia de la política monetaria.

Por eso, la actitud actual es totalmente favorable hacia la única manera de escapar a esas pérdidas: la emisión de monedas digitales soberanas (CBDC). Se afanan por estudiar las características para que sean como el dinero físico, no supongan una destrucción abrupta del sistema bancario y puedan interactuar entre ellas. Parece que se han inclinado ya por un sistema a dos niveles, como en China, en el que los bancos centrales emiten el dinero digital y los bancos y multitud de operadores se encargan de diseminarlo. Los pagos del futuro -totalmente digitales y globales- están forzando la aparición del dinero del futuro: ahora, sólo disponemos de un dinero digital: el bancario convertible en dinero físico; pronto, dispondremos de billetes y monedas digitales directamente en billeteras electrónicas de nuestro móvil.

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