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Las cifras de la ayuda europea a España

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/9/2020

A estas alturas todos sabemos que Europa no nos va a dejar a nuestra suerte, que va a echarnos una mano. Otra vez, porque ya lo hizo en la anterior crisis. La novedad ahora estriba en que la asistencia no vendrá sólo desde el ámbito monetario sino que también se ha orquestado un gran paquete europeo de estímulos fiscales que nos va a beneficiar especialmente. Sin embargo, con todo lo bueno que tiene esto, sólo supone un leve consuelo ante el negro panorama que tenemos por delante. Las previsiones del Banco de España y de otras entidades solventes son cada vez más crudas, intensificando la profundidad del impacto y, lo que es peor, su extensión en el tiempo, y advierten además que puede seguir empeorando. ¡Qué bien nos vendría haber contenido la deuda en 2014 cuando volvimos al crecimiento!

En el ámbito fiscal, tres iniciativas se pusieron enseguida en marcha: el Support mitigating Unemployment Risks in Emergency, SURE, para proteger el empleo, por el que Europa nos va a prestar 21.300 millones de euros; un nuevo programa del Mecanismo Europeo de Estabilidad, MEDE, para ayudar en los gastos sanitarios, en el que España puede pedir un préstamo -aún no lo ha hecho- de hasta 24.900 millones de euros; y un nuevo fondo en el Banco Europeo de Inversiones, BEI, para asegurar la liquidez de las empresas, con el que se asistirá a entidades financieras -como el ICO o Cersa- para conseguir ese objetivo a través de ellas.

Posteriormente, se ha negociado el presupuesto plurianual (2021-2027) por valor de 1,1 billones de euros, que además contará con el apoyo en los primeros años de un fondo de reconstrucción -el denominado Next Generation EU- por 750.000 millones, del que llegarán a España 72.700 millones en forma de subsidio y por el que podrá adicionalmente pedir prestado hasta 67.300 millones de euros.

En total, por tanto, Europa nos va a facilitar -si se solicita al máximo- hasta 186.200 millones de euros para sufragar los gastos que está conllevando la pandemia y desarrollar medidas que ayuden a la recuperación. Pero hay que puntualizar dos aspectos: el primero, que gran parte de ellos serían préstamos -113.500 millones- que hay que retribuir, aunque en condiciones muy favorables, y devolverlos; el segundo, que España recibe un subsidio pero que otros países también: Europa -España incluida- asume una deuda conjunta de 390.000 millones de euros.

Tanto por el volumen de dinero que se está necesitando y se necesitará -recordemos que la deuda pública se elevó sólo en los tres primeros años de la crisis financiera pasada, de 2009 a 2013, en 325.000 millones de euros- como por el plazo de recepción de gran parte de los fondos europeos, que se extenderá hasta 2026, España se enfrenta de nuevo a acudir sumamente debilitada a buscar financiación en los mercados financieros. Y otra vez nuestra supervivencia económica dependerá de que el Banco Central Europeo consiga que no se dispare nuestra prima de riesgo. El repunte inicial que experimentó en marzo fue rápidamente sofocado por la fenomenal bazoka que el BCE ha disparado, pero ¿hasta cuándo podrá sostenernos?, ¿hasta cuándo les será rentable seguir con España a nuestros socios europeos?

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El SURE, para empezar

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:26

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/8/2020

Hasta 17 países de los 27 europeos van a solicitar fondos del programa SURE (Support mitigating Unemployment Risks in Emergency). Este instrumento de carácter finalista fue puesto en marcha por la Comisión Europea para ayudar a proteger el empleo y a los trabajadores afectados por la pandemia de coronavirus. Está dotado con 100.000 millones de euros. España ha sido el primero en realizar una solicitud formal por 20.000 millones, el máximo al que puede optar según las normas establecidas; Bulgaria lo ha seguido con 511 millones de euros. El resto de peticiones irá llegando. La Comisión las evaluará y fijará las condiciones -importe, vencimiento e interés- en las que recibirán el dinero en forma de préstamos. Aunque España consiga el importe requerido, no será suficiente para atender al descomunal gasto que la ayuda al empleo está suponiendo.

SURE es un instrumento de solidaridad -temporal- entre los Estados miembros, porque es Europa la que toma los fondos prestados en los mercados financieros y los presta a su vez individualmente a cada uno de ellos en condiciones favorables: se benefician de la calificación crediticia de la UE y, por tanto, de sus bajos costes de endeudamiento. Se estima que estos bonos irán en línea con otros europeos ya existentes, que se están negociando en torno al 0,13%. Además, está diseñado para que sea de desarrollo rápido, los desembolsos de los importes se harán en varios tramos; el primero llegará en otoño y el resto a lo largo de 2021.

Son fondos, por tanto, que nos vienen como agua de mayo, pero que resultan escasos para financiar los ERTE, tanto las prestaciones como las cotizaciones sociales que se ahorra el empresario, la prestación extraordinaria que reciben los autónomos que hayan visto su actividad reducida o suspendida, la prestación por incapacidad temporal para personas que hayan estado de baja y el apoyo a trabajadores fijos discontinuos, en particular del sector turístico.

La Autoridad Fiscal Independiente, Airef, ha cuantificado que sólo por los ERTE habrá que enfrentar un gasto de 25.871 euros hasta el 30 de septiembre, a lo que habría que sumar lo que se deja de ingresar por exonerar las cotizaciones sociales, que viene a ser un 30%, y el coste de los otros conceptos señalados. Además, la Airef estima 3.400 millones de euros más por cada quincena que se extienda la cobertura desde entonces: la ayuda al empleo puede superar los 60.000 millones si se prorroga hasta diciembre.

La otra vía a la que puede acudir España es el Mecanismo Europeo de Estabilidad, MEDE, que ya nos asistió con 40.000 millones en 2012, para solventar otros frentes de gasto y liberar así margen para el endeudamiento propio. El presidente Sánchez ha afirmado que no recurrirá a esta vía -por absurdos motivos estéticos- pero está por ver si no lo hace, y a tope, si la pandemia sigue recrudeciéndose. En todo caso, la deuda pública española -la propia o la mediada por Europa (SURE, MEDE y Fondo de Reconstrucción)- se elevará considerablemente. Esperemos que cada euro que se gaste se haga con la máxima prudencia y eficiencia porque la solidaridad actual supone insolidaridad con las generaciones que vienen.

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Hacia la UE del futuro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/6/2020

Algo ha cambiado en Europa. De momento, la actuación mutualizada que todo indica que va a producirse tiene un estricto carácter temporal, encaminada a luchar específicamente contra la pandemia. Pero es un gran paso para una Europa que se ha negado sistemáticamente a funcionar como un conjunto. La palabra solidaridad estaba maldita y, sin embargo, ahora el plan de reconstrucción que se está negociando bajo el mando de la presidenta de la Comisión Europea, la conciliadora Ursula von der Leyen, será financiado directamente por los impuestos de la Unión Europea. Para llegar a este punto, el cambio de actitud de Angela Merkel, la canciller alemana, ha sido decisivo. Posiblemente no la han animado motivos altruistas pero ha tenido la capacidad de comprender la gravedad de la situación y de la posibilidad de que esta crisis económica derive en una financiera. En todo caso, ha constituido otro momento “todo lo que sea necesario” para salvar al euro.

La presión de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha sido crucial para que se cruce este rubicón. Al igual que siempre hizo su antecesor, desde que accedió a la presidencia ha defendido que había que actuar desde el ámbito fiscal al mismo tiempo que desde el lado monetario. Pero el tono de ella ha sido más duro, más firme, casi de exigencia. En la reunión del Consejo de Gobierno del BCE de ayer jueves se congratuló de la propuesta del plan de recuperación “dedicado a apoyar a las regiones y sectores más afectados por la pandemia, al fortalecimiento del mercado único y a la construcción de una recuperación duradera y próspera”. No obstante, éste no elimina la necesidad de que el banco central continúe prestando su respaldo. Y ella tampoco ha defraudado.

Ayer amplió el programa de compra de emergencia pandémica, PEPP, en 600 mil millones de euros, hasta un total de 1.350 mil millones, medida fundamental porque al ritmo que se ha estado comprando desde marzo el programa se hubiera quedado corto. Las compras están dotadas de total flexibilidad: “en todas las clases de activos y entre jurisdicciones”. Además, extendió el horizonte para estas compras hasta finales de junio de 2021, y anunció que se reinvertirán los importes que vayan venciendo al menos hasta finales de 2022. Por su parte, continuará el anterior programa APP en las condiciones establecidas, con una ampliación hasta final de año de 120 mil millones.?

No sólo con el plan de reconstrucción, desde el BCE también se ha dado un gran paso en la formación de la Europa del futuro. No por la fuerza de los estímulos que está estableciendo por el Covid-19, porque el BCE ya había actuado contundentemente en el pasado. Tampoco porque Lagarde esté en cierta manera obviando el reciente fallo del Tribunal constitucional de Alemania desafiando la independencia del BCE, porque en su día también Mario Draghi soslayó las denuncias judiciales alemanas. El hecho que marca una actuación radicalmente diferente es la flexibilidad con la que se ha dotado ahora el BCE para actuar asimétricamente, aportando solidaridad a Europa por la vía monetaria. Christine Lagarde, Angela Merkel y Ursula van del Leyen: ¡vaya tres mujeres!

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El Fondo de recuperación europeo y la banca

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:52

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/5/2020

Esta semana, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso en el Parlamento Europeo un plan de reconstrucción mutualizado de 750.000 millones de euros. También esta semana, la Autoridad Bancaria Europea, EBA, publicó una evaluación preliminar del impacto de la pandemia en el sector bancario europeo, señalando los desafíos sin precedentes que se le plantean. Es de imperiosa necesidad que ese plan se emprenda: la morosidad acecha. O los estados activan la economía y prestan un decidido apoyo al sector empresarial o terminarán rescatando a los bancos, desatándose así bucles diabólicos entre deuda bancaria y deuda soberana. Europa entera saldría perjudicada.

Von der Leyen advertía de que los problemas son demasiado graves para ser solucionados de forma individual y animaba a los países a recorrer juntos el camino para consolidar el proyecto europeo para las generaciones venideras. Del total, 500.000 millones serán para ayudas directas a los países en función del impacto del coronavirus y 250.000 para préstamos. La financiación la afrontará el presupuesto de la UE sin necesidad de que las contribuciones estatales anuales se eleven porque éste se incrementará con impuestos al carbono, plásticos, empresas digitales y grandes corporaciones.

Hay que conseguir sí o sí que la recuperación sea lo más cercana a una V. Mientras más se tarde en volver a la normalidad mayor será el impacto en las cuentas de resultados de los bancos y, por ende, en su solvencia. La EBA lo dice claro: “A medida que se desarrolle la crisis, es probable que los bancos enfrenten crecientes volúmenes de préstamos morosos, que pueden alcanzar niveles similares a los registrados después de la crisis de 2008″. Y ahora además se parte de una exigua rentabilidad bancaria.

Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, esta semana ha sido muy explícito sobre este tema: “Si teníamos un problema de rentabilidad antes, ahora lo tenemos agravado”. Los datos son demoledores: si la rentabilidad media de la banca europea estaba en torno al 6%, muy por debajo del 10% que exigen los inversores, puede caer al 2,5% en el bienio 2020-21. Este deterioro se está reflejando en las valoraciones bursátiles bancarias, que han pasado de tener descuentos medios del 55% sobre su valor en libros al 70%, y algunas entidades financieras alcanzan el 90%.

El plan aún tiene que negociarse. Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia están en contra. Pero cuenta con el apoyo de Angela Merkel, la canciller alemana, que consiente en la mutualización porque es consciente de que el peligro es para todos. Por su parte, Christine Lagarde, presidenta del BCE, presiona amenazando con que, si no se lleva a cabo, tendrá que practicar la solidaridad por la vía monetaria. Por último, la presión que estará ejerciendo el lobby bancario debe estar siendo enorme: está en juego su supervivencia. Europa y su banca comparten destino, ahora no sólo por el buen fin de los depósitos, sino por lo miles de millones de préstamos avalados. Cada vez está más difuminado dónde empieza una y termina la otra. El plan saldrá para adelante. ¡A ver con qué tino y con qué responsabilidad se desarrolla!

¡Se trata de Europa!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:44

TRIBUNA, 1/5/2020

Hablemos claro, el desastre que tiene encima Europa sólo se arregla de una forma: con más Europa. Y el motivo para que apuesten por ello los diferentes países no es el de la solidaridad sino el de la estricta conveniencia propia. Éste es el mismo argumento que ya Immanuel Kant en su día esgrimió para que las potencias europeas renunciaran a la guerra y firmaran un compromiso común por la paz: el interés propio. Y así ha sido, cuando siglos después los europeos se decidieron a hacerle caso. Ahora el objetivo de Europa es otro: hacer frente a la recesión más importante en tiempos de paz. Esperemos que ahora comprendan más rápido que les seguirá yendo mejor unidos que por separado.

Muchas voces autorizadas están clamando por esto. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la primera. Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, en una entrevista esta semana incluso se esforzó en convencer dando razones: por salud, por el riesgo de segundas olas si los países más débiles no pueden desconfinarse adecuadamente por agobios económicos; por política, ya que la población perdería la confianza en la unión; y por economía, porque al estar tan estrechamente interconectados, si sufre uno, sufren todos.

Y también Elisa Ferreira, la comisaria europea de Cohesión, advertía hace unos días que “el daño no será sólo para los llamados países menos eficientes, sino para toda Europa”. Un fondo europeo solo a base de créditos dejaría fuera a los países que no pueden endeudarse más allá de cierto nivel, y esta desproporción distorsionaría el mercado: “Sólo las ayudas de Berlín a Adidas, con 2.400 millones, o a TUI, con 1.500 millones, ya superan las que han dado algunos estados a todas sus pequeñas y medianas empresas”. Se necesita que las empresas viables resistan la crisis independientemente del lugar en el que estén ubicadas.

Europa se enfrenta a que la pandemia en determinados países derive en una crisis financiera que contagie al resto o en que alguno diga basta y se rompa el euro. Por ello, Christine Lagarde en su conferencia de ayer, tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, insistió en que una respuesta fiscal “ambiciosa y coordinada” es crítica. Aplaudió los 540 mil millones de euros aprobados como red de seguridad para trabajadores, empresas y soberanos, pero reclamó un programa de reconstrucción conjunto “rápido, firme y flexible”.

Sin embargo, esto no termina de engendrarse. Mario Draghi se pasó ocho años reclamando “más Europa” y ahora Lagarde lo hace en circunstancias aún más dramáticas. Por el momento, la situación está contenida por las compras del BCE. Así, ante la rebaja de Fitch a la deuda italiana, hasta BBB, casi bono basura, no ha habido reacción en el mercado. Pero la presión será cada vez más intensa. Ayer, Lagarde, se limitó a mejorar las condiciones de liquidez y retribución a la banca. Espera la respuesta fiscal mutualizada. Si falla, quizá los miembros del Consejo tendrían que hacer gala de su independencia y consentir que las compras de deuda incumplan la clave de capital y se atienda más al país más necesitado, y salvar al euro dando una respuesta mutualizada por la vía monetaria.

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‘Coronabonos': ¿Somos Europa?

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:34

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/3/2020

Nueve países de la Eurozona -entre los que se incluyen España, Italia y Francia- han pedido esta semana que la Eurozona emita bonos de forma conjunta. Incluso le han remitido al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, una carta subrayando la necesidad de este instrumento. Con estos coronabonos -así es como han sido denominados- se conseguiría financiar a largo plazo los gastos que provocan las políticas que se están desarrollando para combatir la pandemia del Covid-19, tanto en la vertiente sanitaria como en la económica. Sin embargo, la propuesta se ha topado con el rechazo radical por parte de otros miembros, principalmente Alemania y los Países Bajos. A la par que escribo estas líneas, está reunido el Consejo Europeo. Hoy, cuando las lean, puede ser -ojalá- que hayan dado el paso.

El caso es que esos países declaran estar decididos a prevenir una nueva crisis de deuda soberana, pero se resisten a esta posibilidad, no ven la necesidad de coronabonos. Están convencidos de que al menos por ahora las medidas que se han tomado son suficientes. Se han revocado las reglas de deuda y de déficits para permitir los gastos sanitarios y los programas de rescate masivos a la economía que se han puesto en marcha. Se ha activado el MEDE para que los diferentes países puedan pedir préstamos en condiciones favorables. Y el Banco Central Europeo se ha comprometido a comprar deuda soberana -programa no mutualizado- por 820 mil millones de euros para cuidar las primas de riesgo, e incluso se plantea un QE infinito si hace falta. Y hay que darles la razón con que con todo eso se está enviando ya un mensaje claro e intenso de estabilidad del euro.

Hasta ahí llegan. En una entrevista al diario alemán Handelsblatt el ministro de economía, Peter Altmaier, declaró que “el debate sobre los coronabonos es un debate fantasma”. Como siempre, los países del Norte siguen viendo con recelo adoptar medidas de mutualización de riesgos. Altmaier señala que lo más importante será fortalecer el desarrollo de una estrategia industrial y fomentar la competitividad internacional de Europa, y teme que con la asunción de riesgos en común algunos países se relajen. En esa entrevista expresamente declaró que “la innovación es más importante que el subsidio”. No le falta razón tampoco en destacar que ser responsable de los riesgos propios es un acicate enorme para espabilarse y emprender reformas.

Pero su postura también está llena de prejuicios y carece de una visión global de lo mucho que nos necesitamos unos a los otros, incluidos ellos. Esta situación excepcional requiere de este gesto de confianza. La Eurozona se está enfrentando a un “shock simétrico externo”, el problema no se deriva de posibles irresponsabilidades y no afecta a ningún país en particular sino a todos ellos. Además, la propuesta ha contado con el apoyo de Christine Lagarde, la presidenta del BCE, y de Ursula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Euopea. No dar paso a los coronabonos no sería ni ético ni estético. Que no olviden que cuando todo esto pase hay que seguir mirándose a la cara : ¿cómo se podría perdonar la soledad sentida en momentos de debilidad extrema?

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Sólo un camino

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:18

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/11/2019

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, Sabine Lautenschläger; miembro hasta hoy del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, y Christine Lagarde, desde hoy también, presidenta del BCE, se han pronunciado en los últimos días. Han tratado diferentes temas, pero con un doble fondo común. Las tres reclaman con carácter de urgencia una mayor integración en la Eurozona. Las tres, además, ponen el acento en Alemania

Margarita Delgado disertó sobre la Unión Bancaria Europea en una mesa redonda organizada en el quinto aniversario de su creación. Se centró principalmente en la pata que le falta: el Sistema Europeo de Garantía de Depósitos. En un momento de su discurso mencionó las palabras de Mervin King, ex gobernador del Banco de Inglaterra: “Los bancos internacionales son siempre globales en vida, pero nacionales en su muerte”. Las señaló para subrayar el objetivo de la Unión Bancaria: que las entidades financieras sean una cuestión de la Eurozona, tanto en su vida como en su muerte. La situación de grave debilidad de la banca europea -con Alemania a la cabeza- está pidiendo a gritos la solidez que le conferiría concluir este proceso.

Por su parte, con el título A call for Europe, Sabine Lautenschläger hizo una exhaustiva defensa del proyecto europeo ante el nacionalismo y populismo crecientes. Frente al escepticismo -en 2007, el 57% de la polación confiaba en la Unión Europea, y ahora el 44%- recalcó los beneficios que nos ha reportado estar unidos en cuanto a paz, libertad y prosperidad. Y ante los importantes desafíos a los que nos enfrentamos actualmente, predominantemente globales -aumento de la competencia mundial, el cambio climático o el progreso tecnológico-, literalmente suplica: ¡Europa es nuestra oportunidad compartida!

Y Christine Lagarde, en una entrevista en una cadena francesa, insistió en el mensaje que su predecesor, Mario Draghi, trasmitió alto y claro en su despedida del BCE: la política monetaria tiene ya numerosas limitaciones y poco recorrido para seguir impactando sobre la economía real, urgen políticas más enfocadas al crecimiento en los países con cuentas públicas más holgadas. Pero ella dio un paso más, porque se atrevió a ponerles nombres a esos países, aludiendo explícitamente a Holanda y a Alemania: “¿Por qué no lo emplean e invierten en infraestructuras?, ¿por qué no invertir en educación o innovación?”.

Ante la desaceleración económica de la Eurozona -con Alemania a la cabeza-, la francesa apela directamente a Alemania. La española no la nombra, pero bien es sabido que la falta de avance de la Unión Bancaria se debe fundamentalmente a las reticencias alemanas. La alemana nombra nada menos que 18 veces a su tierra. “Esto no solo interesa a Europa, sino también a Alemania”, dijo, y recordó a Konrad Adenauer, uno de los padres de Europa: “Soy alemán y seguiré siéndolo, pero siempre he sido europeo y me he sentido como tal”. Ahora les falta a las tres repartir por toda Alemania, como octavillas, el magnífico artículo de Martin Wolf en Financial TimesHow the euro helped Germany avoid becoming Japan para que comprendan allí los beneficios que les ha proporcionado Europa.

Notre dame y Europa

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/4/2019

Muchos han sido los artículos que se están escribiendo sobre Notre Dame desde que el pasado lunes la invadieran las llamas. Nos hemos enterado con ellos de los detalles del incendio, de su historia, de su importancia cultural o de las donaciones y campañas de crowdfunding iniciadas para sufragar su reconstrucción. Pero también muchos han resaltado el carácter simbólico de este desolador suceso: de que su ruina sea una advertencia del peligro de la ruina de Europa: hay que volver a levantar la catedral al igual que hay que revitalizar nuestro proyecto de convivencia. Lo reclama muy bien Bernard-Henri Lévy en su Oda a Nuestra Señora de Europa: “Espero que el sacrificio de Notre Dame despierte las conciencias dormidas”, que a través de este desastre la gente se dé cuenta de que “Europa es Notre Dame en grande”.

Ahora los dos proyectos quedan encarnados en el presidente francés, Enmanuelle Macron. El mismo lunes por la noche se comprometía con Notre Dame en un emotivo discurso: “Esta noche os lo digo solemnemente: esta catedral será reconstruida por todos nosotros juntos”. Apelaba a la unidad para reconstruirla como ha apelado como nadie estos últimos años a la unidad para reconstruir Europa. El legado europeo es demasiado importante para perderlo y Macron lo dijo claro desde que llegó a la presidencia: “No se puede ser tímidamente europeo”.

Y hace algo más de un mes, ante la proximidad de las elecciones europeas, volvió a hacer un llamamiento para refundar Europa. En su artículo Renacimiento Europeo propone numerosas iniciativas para los tres campos de actuación fundamentales: la libertad, la protección y la recuperación del espíritu del progreso. “No podemos dejar que los nacionalistas sin propuestas exploten la rabia de los pueblos. No podemos ser los sonámbulos de una Europa lánguida. No podemos estancarnos en la rutina y el encantamiento.”

El destino ha querido que el inicio del fuego coincidiera -¡qué casualidad!- con la reunión que tenía Macron con los chalecos amarillos, movimiento que le ha puesto contra las cuerdas y que condensa los dos problemas claves que él ha identificado -desigualdad y cambio climático- para recuperar el espíritu del progreso. El aumento del precio de los carburantes como forma de reducir las emisiones de CO2 motivaron las protestas iniciales de los chalecos amarillos -¿los que no llegan a final de mes son los que tienen que frenar el cambio climático?- aunque luego derivaron a reivindicaciones más amplias relativas sobre todo a la desigualdad social.

La portada de la revista satírica Charlie Hebdo reflejó inmediatamente un paralelismo entre el incendio de la catedral y las medidas que iba a anunciar en ese encuentro que podían incendiar Francia. Aunque el fuego y las revueltas se han desarrollado allí, la necesidad de redefinir nuestro modelo de sociedad -resolviendo éstas y otras muchas cuestiones referentes a la libertad y seguridad- no es exclusiva de ellos. Poner ladrillos físicos es fácil. Para recuperar Notre Dame sólo son necesarios tiempo y dinero. La dificultad estriba en colocar los ladrillos adecuados que permitan seguir construyendo el alma de Europa.

La psd2: ¿en qué nos afecta?

Carmen Pérez | 11 de junio de 2018 a las 8:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/5/2918

la PSD2 es como se conoce a la nueva Directiva europea sobre Servicios de Pagos. Ha entrado en vigor este año, aunque para que esté plenamente operativa en España hace falta que se produzca su trasposición a nuestro ordenamiento jurídico. Viene a actualizar la PSD de 2007, que sentó las bases para acabar con la fragmentación del mercado de servicio de pagos en Europa. Pero la aparición de nuevas tecnologías y la proliferación de entidades de servicios de pago desde entonces, incluidas las grandes compañías tecnológicas, han hecho necesario reformar la regulación. La nueva directiva busca que el usuario realice sus pagos electrónicos con total confianza, y también que le sean menos costosos, al fomentar la innovación y facilitar la competencia entre las entidades que ofrezcan estos servicios.

Para comprender la disrupción que supone esta normativa hay que recordar que los bancos son las únicas entidades financieras autorizadas para captar el dinero del público, a través de cuentas corrientes y depósitos. Los bancos son así los propietarios de la red de tuberías por donde circula el dinero. Pero ahora esta directiva obliga a los bancos a que otras entidades puedan acceder a las cuentas de los clientes, conocer las posiciones de estos y actuar sobre sus saldos. Las dos nuevas actividades que regula son la “iniciación de pagos” y el “acceso a la información de cuentas de pagos de los clientes bancarios”. Por la primera se podrá, por ejemplo, al hacer una compra on line autorizar al vendedor a que se cobre el importe directamente de la cuenta, sin necesidad de tarjeta. Con la segunda, nuevas entidades podrán tener una visión financiera completa de un cliente, pudiendo proponerle así soluciones a su situación concreta.

 Las entidades de pago tendrán que obtener la autorización del regulador y el consentimiento expreso de los clientes. La directiva exige que se establezcan mecanismos de autenticación reforzada y que las transacciones se realicen con todas las medidas de seguridad necesarias. Obliga a que se utilicen al menos dos mecanismos independientes: un PIN, que sólo conozca el cliente; algo material, como una tarjeta, o algún rasgo biométrico, como la huella o el iris.

Con esta directiva quedan reguladas muchas fintech, que podrán ofrecer nuevos sus servicios. Las grandes tecnológicas, como Facebook, Amazon, Apple o Google, están ya inmersas en el mundo de los pagos, funcionando como entidades de pago o de dinero electrónico, los dos tipos creados con la PSD. Ahora, con la PSD2, podrán desplegar todo su potencial sobre sus grandes masas de usuarios. Para las grandes cadenas de comercio, restauración o turismo también constituye una gran oportunidad, tanto iniciando los pagos, eliminando el coste de las tarjetas, como accediendo a datos que les permitan atender de forma más personaliza a sus clientes.

La PSD2 es un paso radical en la transformación del negocio financiero. Los bancos tradicionales tendrán que espabilarse, pues seguirán siendo los dueños de las tuberías del sistema financiero, pero toda la interacción con el cliente se la pueden arrebatar rivales tecnológicamente más cercanos y capaces.

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Italia pone al euro “contra las cuerdas”

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/3/2018

En los últimos años se han planteado algunos combates electorales, como en Francia o Alemania, en los que se cuestionaba gravemente al euro. Sin embargo, afortunadamente, sus adversarios ni siquiera consiguieron entrar al ring porque las urnas no les dieron las suficientes papeletas para hacerlo. En las elecciones italianas, el 65% de los votos han subido al cuadrilátero a tres partidos políticos dispuestos a poner al euro contra las cuerdas. Han recogido la decepción de los ciudadanos contra las élites (los de arriba) o contra los extranjeros (los de enfrente). También son portadores de las quejas internas, de unos contra otros, que dividen norte-sur a la nación italiana. Los que fueron de los más entusiastas del proyecto europeo, ahora culpan al euro de todas sus desgracias.

Al golpe que le tiene más miedo Bruselas es al que pueda asestarle el Movimiento 5 Estrellas (32,6%), porque los otros son mucho más improbables o por el efecto contagio que pueda extenderse. No piden la salida del euro, pero sus propuestas de políticas sociales, incluida la renta básica universal, suponen todo un desafío al cumplimiento de las reglas -déficit y deuda pública- europeas.

Más radical es la postura de la Liga del Norte (18%). Les gustaría salirse de lo que consideran una “moneda fallida”, un “euro asesino”. Claman contra los “pobres y vagos” del Sur y se sienten abandonados por Europa en cuanto a la política migratoria. El impuesto plano del 23% que defienden tampoco es compatible con lo que determina Europa.

Y el tercer ataque al euro, el de La Forza de Italia (14%), es puro diseño italiano. Su propuesta no es dejar el euro, sino pervertirlo, creando una moneda paralela, para poder desarrollar una especie de política monetaria propia: en el país en el que se creó el Derecho, hecha la ley, hecha la trampa.

Por su parte, la única fuerza europeísta, el Partido Democrático, ha sufrido un gran descalabro (19%). Ningún partido político tiene mayoría suficiente para formar gobierno y todas las combinaciones resultan problemáticas. Nada nuevo en Italia, que siempre ha salido airosa de situaciones similares: para ellos no son definitivos ni el sí ni el no, todo es negociable. Pero esa incertidumbre política se superpone ahora a una delicada situación económica: bajo crecimiento, un sistema bancario no saneado y una deuda pública del 140%.

Harían bien en hacer crítica interna de cómo han llegado a esta situación y no sólo arremeter contra el euro. Podrían analizar la corrupción que padecen, la falta de control o la mala gestión que llevan años y años desarrollando, como con el chorro de fondos que le han llegado al Sur desde Europa. También deberían acordarse del inmenso apoyo que están recibiendo de su compatriota Draghi desde el Banco Central Europeo.

Pero Bruselas también tiene que enfrentar con soluciones este combate, que hasta ahora se había podido ir esquivando. La insatisfacción de la población y la inmigración son problemas compartidos con otros muchos países europeos. Ahora van a plantearse desde el poder. Y desde Italia, un país demasiado grande para caer: sus golpes pueden dejarnos KO a todos.

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