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La financiación de la innovación

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:28

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/6/2019

Nadie discute el papel fundamental de la innovación en la capacidad competitiva de las empresas a medio y a largo plazo, y, consecuentemente, lo mucho que significa para la economía de un país. Innovar consiste en que la empresa consiga hacer algo completamente nuevo y que con ello mejore sus resultados. No sólo se trata de desarrollar nuevos productos o servicios sino también de seguir haciendo algo tradicional pero bajo un enfoque nuevo, introduciendo cambios en los procesos de producción o de comercialización, o mediante una manera diferente de organizar la empresa o de gestionarla. Pero con lo necesarios que son los proyectos innovadores para su supervivencia y crecimiento, las empresas encuentran mayores dificultades para financiarlos.

Esto se debe a sus características intrínsecas. La recuperación de este tipo de inversiones suele exigir un plazo muy largo, normalmente superior a 3 o 5 años. Y eso en el mejor de los casos, porque la probabilidad de que ni siquiera se recupere es elevada. Además, consisten en muchas ocasiones en intangibles -tecnologías de la información y las comunicaciones, I+D, bases de datos, software o diseños artísticos- desarrolladas específicamente para la empresa, que no sirven de garantía para los acreedores por su nulo valor residual. Tampoco juega a favor la asimetría en la información entre prestamistas y prestatarios. La complejidad técnica que puede acompañarlos hace que no comprendan exactamente la importancia de lo que estarían financiando.

Cuando la empresa que innova tiene una dimensión suficiente, lo más habitual es que recurra a los beneficios no distribuidos, aunque, en todo caso, para ellas encontrar financiación bancaria para este tipo de proyectos es mucho más fácil. Al estar consolidada dispone de activos reales para respaldarlos, viene generando cashflow o incluso es posible que forme parte de un grupo empresarial. Mucho más crudo lo tienen las que están en sus inicios -startups- o las que aún presentan un tamaño reducido.

Para éstas resultan esenciales las redes de inversores privados o business angels, la actividad de fondos y sociedades de capital riesgo, los fondos de inversión en pymes, las plataformas de crowdfunding y crowdlending dedicadas a proyectos innovadores, los mercados MARF y MAB, y las SGR, ya que gracias a su aval se mejora el acceso a la financiación bancaria de emprendedores y pymes. Y no sólo eso, para las que están naciendo son fundamentales las incubadoras y aceleradoras de empresas, que las apoyen con espacios físicos, recursos, asesoramiento y networking.

Intensificar, promover y divulgar todas estas alternativas financieras deberían constituir renglones principales de la política de apoyo a la innovación. Así, la intervención pública directa se podría limitar a casos estrictamente necesarios. El sistema financiero, a pesar del altísimo grado de sofisticación que ha conseguido alcanzar y de su enorme tamaño, tiene que seguir evolucionando para prestar una atención mayor y más particularizada a las necesidades de la pequeña empresa. La innovación empresarial demanda que la diversificación y la especialización también llegue al mundo de las finanzas.

Atreverse con el MARF

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 13:01

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/11/2018

La reciente crisis puso de manifiesto el alto grado de bancarización de nuestra economía, y la vulnerabilidad que supone para las empresas esta dependencia. Para superarla, en 2013, Bolsas y Mercados Españoles (BME) puso en marcha el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF). Este mercado se diseñó, en línea con los de otros países europeos, con las características adecuadas para que empresas de menor tamaño, con pocos años de actividad o que tuvieran una naturaleza innovadora pudieran captar financiación ajena mediante la emisión de pagarés y bonos. El número de sociedades admitidas a negociación ha crecido de forma continua y actualmente son 47. Sin embargo, a pesar del crecimiento que ha experimentado este mercado, el volumen de financiación canalizado es todavía muy reducido. Son muchas las empresas españolas que cumplen los requisitos y podrían también atreverse.

Esta iniciativa se enmarca dentro del proceso de desintermediación financiera que se viene produciendo en nuestro país en estos últimos años, impulsado en parte por determinados cambios normativos y fiscales que se han llevado a cabo. Según datos del Banco de España , “en el periodo 2009-2017 las empresas no financieras han captado financiación por un valor medio anual de 50.000 millones a través de los mercados de valores, frente a un descenso en media anual de 34.000 millones vía préstamos bancarios”. Y especialmente destaca cómo los valores de renta fija en relación con el total de los pasivos exigibles con coste se ha duplicado, pasando del 7% en 2007 al 14% en 2017.

Pero el grueso de esa financiación se debe a las emisiones de grandes empresas. El reto ahora es que se animen a emitir también muchas más de las que tienen un tamaño algo más pequeño. Para ello, los requisitos de acceso al MARF son más flexibles, permiten una mayor agilidad y la tramitación de las emisiones supone un menor coste. Entre las empresas emisoras están Copasa, Pikolín, El Corte Inglés o Barceló. También han entrado otras de mayor tamaño, como Sacyr o Masmóvil. En Andalucía, sólo una empresa, Inmobiliaria del Sur, se ha lanzado a esta forma de financiación, emitiendo un programa de pagarés para financiarse a corto plazo. Se estima que el MARF habrá admitido a cotización en todo 2018 unos 5.000 millones de euros, con emisiones de un volumen medio de 50 millones.

Las ventajas que puede aportarle a una empresa financiarse en el MARF va más allá de diversificar las fuentes de financiación y de ganar independencia frente a la banca. Cotizando en el mercado se gana visibilidad internacional y confianza. Además, cumplir con las exigencias en el momento de la salida y con las obligaciones de información al mercado de carácter periódico suele conducir a una mejora de la gestión interna y a una mayor calidad del gobierno corporativo. Pero queda mucho por hacer hasta que los empresarios se familiaricen con esta forma de financiación. Y en este sentido, es muy interesante la plataforma El Entorno Premercado, creada por BME y Big Ban Angels dentro de la Bolsa de Valencia para formar financieramente a las empresas, ayudarlas a superar las barreras de entrada y preparar su salida a los mercados.

La financiación empresarial del futuro

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 12:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/11/2018

Los retos a los que se enfrenta el sector bancario español, que son compartidos en gran medida por otros sistemas bancarios de la eurozona, son objeto frecuente de análisis en nuestros días. Menos usual, sin embargo, es la reflexión sobre la forma en que esta reconversión en la que está inmersa la banca, y que la hará ser distinta en el futuro, va a repercutir en la financiación de las empresas. Y al contrario, cómo el cambio que las empresas están a su vez experimentando hará que la banca modifique su modelo de negocio.

Uno de los retos que suele señalarse como clave para el sector bancario es el de incrementar su fortaleza. Todavía le queda mucho por hacer en cuanto a la reducción de activos deteriorados por la crisis y tienen que continuar adaptándose a los cambios regulatorios pendientes. En este sentido, hay que ser conscientes de que esta conveniente presión regulatoria hará que las entidades sean más sólidas,’ pero es más que posible que esto se traduzca en un mayor coste de financiación para la empresas.

Las nuevas tecnologías también está transformando la financiación empresarial, al facilitar la llegada de nuevos, numerosos y diferentes competidores financieros: desde pequeñas empresas fintech hasta las grandes tecnológicas que se están introduciendo en el mundo financiero. Asimismo, plataformas de crowdlending o esquemas basados en las redes sociales, que ofrecen factoringconfirming o hipotecas. Y fondos que invierten en préstamos corporativos de distinta naturaleza. Así, a las empresas del futuro se les está abriendo un panorama muy positivo, con gran diversificación de las fuentes a las que acudir, pero que exigirá de ellas una mejor formación financiera.

A la banca, por el contrario, esta intensa competencia le obliga a transformarse en una banca con menores costes, más eficiente y mucho más cercana si no quiere perder la vinculación con sus empresas clientes. Un enorme reto, porque además parte de unos niveles de rentabilidad muy debilitados por el impacto de la crisis y por la reestructuración acometida -oficinas y trabajadores- para adaptarse a un menor volumen de negocio.

La tendencia creciente hacia la desintermediación viene a intensificar el efecto anterior. Cada vez en mayor medida la gran empresa está financiándose en los mercados. Y también se están poniendo las condiciones -el Mercado Alternativo de Renta Fija- para que se animen las que no son tan grandes. Ante esto, la banca tendrá que reorientar su modelo de negocio, convirtiéndose en una banca de servicios para las empresas, estableciendo una relación directa y especializada con ellas, que permita que los ingresos por comisiones palien los menores de la concesión de crédito.

Por último, la empresa del futuro será diferente porque tendrá un mayor peso de la inversión en activos intangibles. Los intangibles no son colaterales claros debido a su carácter específico, a las asimetrías de información en su valoración en uso y a su bajo valor de liquidación. A la banca se le plantea otro gran reto: tan dependiente hasta ahora de las garantías físicas, no tendrá más remedio que adaptar sus sistemas de valoración y de supervisión de riesgos.