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Fusiones e innovación en la banca

Carmen Pérez | 17 de abril de 2021 a las 16:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/4/2021

La semana pasada, Caixabank debutó como banco único en el Íbex 35, tras el adiós de Bankia al parqué español, una vez que la fusión se hizo jurídicamente efectiva. Por otra parte, la otra fusión, la protagonizada por Unicaja y Liberbank para crear la quinta mayor entidad financiera del país, también dio un paso más al recibir el visto bueno de sus respectivas juntas de accionistas. Ambas fusiones persiguen un objetivo, compartido y prioritario en todos los bancos europeos: incrementar la rentabilidad.

El supervisor europeo, la Autoridad Bancaria Europea, no para de denunciar que tal como están no son viables, y pide a los bancos que remuevan Roma con Santiago para mejorar sus cuentas. En su Panel de Riesgos para el último trimestre de 2020 continúa sacándoles bandera roja: “La rentabilidad se mantiene en niveles muy bajos y es un riesgo clave para la sostenibilidad a largo plazo de muchos bancos”. Además, a corto plazo, por la pandemia, la perspectiva es que la presión sobre la rentabilidad se mantenga persistentemente alta.

También este informe señala que la viabilidad a largo plazo de las instituciones pasa por optimizar su estructura operativa, con más inversiones en nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y por la racionalización de las redes de sucursales, aunque impliquen costes sustanciales a corto y medio plazo. En definitiva, que se reconviertan y generen la banca del futuro: digital y por el móvil.

El proceso está siendo doloroso. Y se comprende que José María Roldán, presidente de la patronal bancaria española, pida que se entienda esta lógica empresarial ante las críticas que reciben por los continuos cierres de sucursales y despidos masivos, y por las que recibirán, porque las fusiones no harán más que acrecentarlos. Además, Roldán también se defiende de otra crítica: que la reducción del número de entidades crediticias no va en detrimento de la competencia bancaria porque nuevos operadores están penetrando en los nichos rentables de la actividad bancaria: medios de pago, pero también financiación empresarial y de consumo.

Efectivamente, las fintech y bigtech les están comiendo el terreno. Su irrupción en el ámbito financiero han sido uno de los principales detonantes de la crisis del sector bancario. Así dice Roldán que “obliga a los bancos a acometer una auténtica revolución digital para hacerles frente”. La competencia es lo que tiene (de bueno). Benditos operadores que han venido a espabilar a una banca protegida y acomodada. Están introduciendo innovación a espuertas y obligando a la banca a apuntarse a este proceso. Sin ellos, esa maravilla de Bizum, por ejemplo, no la hubieran alumbrado nunca los bancos.

Y no vale acusarles de competencia desleal. Su regulación es más laxa, pero esto es así porque no entran en lo más peliagudo de la actividad de la banca: la toma de depósitos. Esta función la ejercen en exclusiva. Su negocio es así, para lo malo y para lo bueno: sufren un exceso de regulación porque el ahorro de la población es vigilado con el máximo celo, pero a la vez también disfrutan de enormes privilegios. Quizá le innovación actual termine desembocando con el fin de la intermediación bancaria.

Fusiones ineludibles

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/11/2019

El noviazgo que mantuvieron en el pasado las entidades bancarias Unicaja y Liberbank no llegó a buen puerto. El 14 de mayo rompieron. Por entonces habían conseguido tener resueltos muchos de los escollos que se plantean en una fusión, como dónde estaría la sede y quiénes ocuparían los altos cargos. Pero finalmente no consiguieron ponerse de acuerdo en “qué vale lo que aporto yo” y “qué vale lo que aportas tú”; esto es, en la ecuación de canje. Ahora estas dos entidades -a iniciativa de algunos accionistas- vuelven a tantearse, a retomar por donde lo dejaron, a ver si por fin se encuentran. El motivo que les había llevado a considerar casarse -el ahorro de costes- incluso se ha vuelto más acuciante. Y la evolución de las entidades desde aquellas fechas puede ayudar a situar la solución cerca del 60% para Unicaja y del 40% para Liberbank, unas proporciones que para esta última fueron inaceptables.

Si terminaran uniéndose las dos, se convertirían en la sexta entidad bancaria española por volumen de activos, unos 97.981 millones de euros (el 57% de Unicaja). Dispondrían de 1.687 oficinas (64%, Unicaja) con más de 10.000 trabajadores (64,2%, Unicaja). El volumen de crédito conjunto ascendería a 51.811 (54%, Unicaja) frente a unos depósitos de 67.982 millones de euros (54,8%, Unicaja). El nivel de activos dudosos sería de 4.355 millones de euros, de los que 2.711 millones procederían de Unicaja (62%).

Además de todas estas variables, para determinar la ecuación de canje es de la mayor importancia la proporción que arrojan los beneficios respectivos actuales. Así, de los 255 millones de euros conjuntos, el 37,6% los aportaría Liberbank frente al 62,35% de Unicaja. También fundamental resulta la cotización de las acciones. Liberbank la ha reducido un 29,4% en lo que va de año y su capitalización asciende a 927 millones de euros. Unicaja, por su parte, se ha desvalorizado un 17,52% en 2019 y su capitalización es de 1.473 millones, el 61,66% de la capitalización conjunta de ambas entidades.

La complicada situación de falta de rentabilidad y la presión añadida que supone un horizonte de ralentización económica pueden empujar a que en esta ocasión la fusión salga. El reto es enorme para entidades medianas como éstas. Las sinergias que en mayo se estimaron que podrían conseguirse, de 100 a 200 millones de euros anuales, se han vuelto relativamente mucho más importantes. Tampoco tendrían que pasar por una ampliación de capital, disuasoria dada la pésima situación del mercado, porque sería suficiente ahora con una emisión de cocos de 500 millones de euros.

Desde el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales se insta a los bancos europeos a fusionarse, y a invertir en tecnología para ganar eficiencia y a reducir sus altos costes. Luis de Guindos, el vicepresidente del BCE, calificó hace unos días de ineludibles a las fusiones bancarias. Las entidades europeas no fallan ahora en solvencia, como pasó tras la crisis; cumplen las normas. Pero fallan en rentabilidad, y rentabilidad y solvencia -para bien y para mal- se retroalimentan. Las perspectivas económicas no ayudan nada. De ahí la honda preocupación de los supervisores.