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¡Más madera!

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:14

TRIBUNA ECONÓMICA,  11/12/2021

El Tesoro Público español colocó este jueves 921 millones de euros en una nueva subasta de obligaciones a 10 años, cobrando a los inversores por primera vez en su historia para este plazo. Los portugueses se habían adelantado con los tipos negativos unos días antes. Otros países llevan tiempo disfrutándolos, como Francia, Bélgica o la que más, Alemania, que ya cobra porque le presten un 0,615%. Y anclados en esos bajísimos costes de financiación, las economías de la Eurozona miraban ávidas ayer a Fránckfort, a la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, esperando que inoculara más chutazos. Y los hubo, mayores incluso de los esperados.

Su presidenta, Christine Lagarde, justificó las nuevas medidas porque la segunda ola de la pandemia tendrá “un impacto pronunciado en la economía e incidirá en la inflación más de lo esperado”, afirmando que “la economía volverá a contraerse en el cuarto trimestre del año”. Así, amplía en 500.000 millones de euros la dotación del programa de compras de emergencia pandémica (PEPP), hasta un total de 1,85 billones de euros; alarga su horizonte hasta al menos finales de marzo de 2022; y extiende las reinversiones de estas compras como mínimo hasta fin de 2023. Además, y esto es especialmente interesante para España, reafirmó la flexibilidad con la que se actuará en las distintas jurisdicciones y activos según fuere adecuado.

Al mismo tiempo, el BCE ha reforzado la política monetaria clásica, esto es, a través de los bancos, prolongando doce meses -hasta junio de 2022- las líneas de financiación TLTRO III retribuidas al 1%, elevando el porcentaje que pueden solicitar, incrementando el número de operaciones que se realizarán, y prolongando hasta junio de 2022 el conjunto de medidas de flexibilización adoptadas en abril sobre los colaterales necesarios.

Con estas medidas, y algunas otras, pretenden incentivar a los bancos a solicitar financiación, y que dispongan así de suficiente liquidez para otorgar préstamos a hogares y empresas en condiciones favorables. Añadido a ese objetivo, el BCE persigue combatir la reciente fortaleza del euro, que ya cotiza a 1,21 dólares. Ayer, Lagarde mostraba su preocupación al afirmar expresamente que continuarán monitoreando la evolución del tipo de cambio por sus posibles implicaciones para las perspectivas de inflación a medio plazo.

La situación recuerda a una escena de una de las películas de los hermanos Marx. Groucho, junto a la caldera de un tren, grita una y otra vez: “más madera”. Sus hermanos, arrancando todo lo que fuera combustible, echan hasta los equipajes de los pasajeros para conseguir que la locomotora de vapor siga avanzando. También los bancos centrales -no sólo el BCE- llevan más de una década suministrando intensamente a la actividad económica estímulos monetarios. Y no se vislumbra cuando la caldera podrá funcionar sin su socorro. Antes de la pandemia se constató la dificultad de dejarlos. Ahora, el PEPP, se empezaría a revertir a partir de 2024, como muy pronto. Eso sí, el tren económico sigue, en un viaje de anormales tipos de interés negativos, pero marchando. Esperemos que no termine, como el de los Marx, destrozado y descarrilando

Un invierno difícil

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/10/2020

Tanto en la introducción del comunicado publicado ayer sobre las decisiones que el Banco Central Europeo había tomado en materia de política monetaria como en la conferencia posterior que impartió su presidenta, Christine Lagarde, en la que las explica, se dibuja un panorama bien sombrío para el futuro próximo. Los desafíos que presenta el resurgimiento de las infecciones por el coronavirus y, consecuentemente, la intensificación de medidas encaminadas a contenerlo, están provocando que la recuperación económica esté perdiendo impulso con más rapidez de lo esperado. Pero pese a que “los riesgos que rodean las perspectivas de crecimiento de la zona del euro se inclinan claramente a la baja” decidieron no tomar nuevas medidas. De momento.

Los tipos de interés se quedan como estaban: 0%, 0,25% y -0,50% para las operaciones principales de financiación, la facilidad marginal de crédito y la facilidad de depósito, respectivamente. Continuarán las compras en el marco del programa de compras de emergencia frente a la pandemia (PEPP), al que aún le queda margen de la dotación de 1,350 billones de euros con la que se inició en marzo. Asimismo, seguirán las compras bajo el programa de compras de activos (APP), con 20.000 millones de euros mensuales y con 120.000 millones de euros adicionales hasta final de año. Y continuarán apoyando a la banca, proporcionándole abundante liquidez a través de las diferentes operaciones de financiación.

Con todo ello, valoró Lagarde, tienen munición suficiente para seguir actuando. Y afirmó que utilizarán todos esos instrumentos a lo largo del tiempo con la flexibilidad con los que se han definido, tanto para discriminar libremente entre las distintas clases de activos como para actuar en la medida de lo necesario en las diferentes jurisdicciones.

No obstante, también dejó claramente marcado el camino para la próxima reunión de diciembre: más estímulos monetarios. Se reservan este tiempo para ir evaluando la información entrante, incluida la dinámica de la pandemia, para ir conociendo las perspectivas sobre el lanzamiento de vacunas y para seguir la evolución del tipo de cambio. Las nuevas proyecciones económicas que estarán disponibles en diciembre “permitirán una reevaluación completa de la economía y los riesgos”, y será “cuando recalibren sus instrumentos”.

La claridad con la que dejó abierta la puerta para más acción en diciembre implica que están seguros de que ese “deterioro en las perspectivas” se habrá materializado. La alta incertidumbre con esta segunda ola conducirá a que los consumidores sean aún más cautelosos y a que las empresas sigan posponiendo sus decisiones de inversión. La actividad comercial en los sectores de fabricación y servicios de Europa ya estaba en declive antes de que se anunciaran medidas más estrictas de confinamiento, y tras ellas, sólo cabe esperar que las principales economías europeas se contraigan de nuevo en el último trimestre de 2020. Así, esta semana, la canciller Angela Merkel, en un discurso en el parlamento, hablaba de un “invierno difícil”. Esperemos que las cosas no empeoren tanto y tan rápido como para que el BCE tenga que actuar antes de lo que ha planificado.

 

Una parada en el camino

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/7/2020

Como se esperaba, el Banco Central Europeo no movió ficha en la reunión de ayer. Desde que empezó la pandemia ha puesto mucha carne en el asador y era momento de hacer una pausa. El éxito conseguido hasta el momento, conteniendo la bajada de la inflación y dejando bajo control las primas de riesgo soberanas, le ha permitido tomarse un respiro. También la pausa ha sido posible porque las proyecciones macroeconómicas -caídas del PIB- no han sido tan desastrosamente malas como podrían haber sido. En el comunicado, sin embargo, reitera que ahí están ellos, dispuestos a lo que sea necesario: “El Consejo de Gobierno sigue estando preparado para ajustar todos sus instrumentos según proceda”.

Y es que el camino promete ser largo. Hace poco, el economista jefe del BCE, Philip Lane, advertía que “la débil demanda, las continuas restricciones de oferta y las continuas restricciones de distanciamiento social están obstaculizando la normalización de la actividad económica”. Dio por hecho que no se volverá a los niveles previos a la pandemia hasta finales de 2022, como pronto. Y los temores a una segunda oleada del virus que comprometa esta recuperación que apenas se ha iniciado son fuertes. Así que, posiblemente en septiembre o en diciembre vuelvan a la carga, bien incrementando las compras o bien flexibilizando más las actuaciones que pusieron en marcha.

Pero hacer esta parada también le permite al BCE esperar y ver qué hacen desde la Comisión Europea. La cumbre de líderes europeos para negociar los pormenores del fondo de reconstrucción comienza mañana. No está fácil el acuerdo. Angela Merkel ha manifestado su disposición a comprometerse a que parte de los 750 mil millones de euros sean en forma de donaciones, pero no todos los países están dispuestos a secundarla. Esta misma semana pidió a los otros líderes “mirar más allá de las cifras”, pero el primer ministro holandés, Mark Rutte, uno de los principales opositores, manifiesta cada vez que tiene ocasión que está “sombrío” alcanzarlo.

Ayer Christine Lagarde alabó las tres redes de seguridad ya aprobadas, por valor de 540 mil millones de euros, pero no lo considera suficiente. Manifestó que “la UE debe alcanzar un acuerdo rápido y ambicioso”, con medidas de carácter específico y temporal que apoyen a las regiones y sectores más afectados, basado en políticas estructurales sólidas para rejuvenecer las economías, y enfocado en áreas prioritarias como las transiciones verdes y digitales.

Ella no es una gobernadora al uso, su pasado político la condiciona, recordemos que fue ministra de finanzas en Francia y presidenta del FMI. Y eso le lleva a entrometerse en lo que debe hacerse desde el ámbito fiscal. Pero tampoco es de extrañar que lo haga, porque valiente “marronazo” le cae si ese acuerdo no se alcanza. Tendría que remediar con instrumentos monetarios una recuperación desigual, con la dificultad que entraña conseguir que en esas condiciones se trasmita de forma uniforme la política monetaria. Y mejor no hablar de lo que le tocaría hacer si en algunos de los países más perjudicados y que parten de niveles de deuda elevados se desata el temido y perverso bucle banca y deuda soberana.

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Christine Lagarde: se admiten ideas

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 24/1/2020

Todo apuntaba a que en la sesión de ayer del Consejo de Gobierno del BCE, liderado por Christine Lagarde, no se iba a mover nada. Aunque hay signos de estabilización en la economía de la Eurozona, persiste la debilidad del sector manufacturero. En cuanto a los riesgos, algunos -guerra EEUU y China o Brexit- están sólo anestesiados y ahora además puede abrirse un nuevo foco de tensión entre EEUU y la Unión Europea. Y respecto a la inflación, aunque las expectativas permanecen en niveles bajos, recientemente se han estabilizado o se han incrementado ligeramente. No obstante, para que pudiera darse un giro en la política monetaria el repunte de la economía debería ser claro y significativo, así que han decidido que a esperar y ver, dejando simplemente que prosiga el plan que dejó Draghi antes de marcharse.

Mientras, están dispuestos a replanteárselo todo. El equipo actual es más inexperto, con muchos recién llegados o con poco tiempo aún en los cargos, y quizás por eso es más osado. Ayer dieron inicio a la revisión estratégica de la política monetaria que ya Lagarde anunciara en su primera intervención en diciembre. La presidenta entonces manifestó que “cada piedra debe ser removida, cada opción tendrá que ser examinada”. Ayer lo confirmó: “Vamos a revisar una gran cantidad de problemas…”.

Pretenden un análisis exhaustivo y con apertura de miras. Desde el principio de su mandato ha pedido ayuda, quiere escuchar para que el BCE “no sólo esté predicando el evangelio que creemos que dominamos”. Y ha apelado a todos: políticos, académicos, legisladores, economistas y a la gente corriente. Quiere ideas fundamentalmente respecto al objetivo de la entidad. En 2003 se definió el objetivo de inflación “por debajo pero cerca del 2%”, pero tras los cambios radicales experimentados en la economía global procede sopesarlo. También requiere de ideas que ayuden a comprender la inflación o a repensar la forma de medirla; ideas sobre los instrumentos para cuantificar la marcha de la economía o para desarrollar la política monetaria; ideas sobre los efectos secundarios de los tipos negativos o sobre si debe priorizarse la estabilidad financiera… Si se desmenuzaran los epígrafes a revisar, la lista sería larga.

Y un asunto destaca por conflictivo. Lagarde lo anticipó ayer: “Sobre el cambio climático, sé que tendremos un debate sobre si debería ser el papel de los bancos centrales. También soy consciente del peligro de no hacer nada”. Habrá que ir viendo pero en principio hacer del cambio climático un objetivo de política monetaria parece un tremendo error, una novelería insensata. La independencia del banco central exige que no se interfiera en su acción pero también actúa en sentido contrario, y este es un tema político claro. Además, ¿cómo sería esa política monetaria verde?, ¿no sería un impuesto encubierto al carbono si se diera preferencia en las compras a los bonos verdes?, ¿penalizaría sin comprar sus bonos soberanos a países menos vinculados al cambio climático?; y si dejara de comprar activos, ¿cómo se abordaría el objetivo?… El proceso de revisión concluirá antes del final de 2020, así que nos vamos a pasar todo el año pensando.

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El búho Lagarde

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/12/2019

Otra reunión -la última del año- del Consejo de Gobierno del BCE. Después de ocho años siguiendo intensamente las comunicaciones de Mario Draghi, nos toca acostumbrarnos a la nueva presidenta, Christine Lagarde. Ella lo quiso dejar claro, que el BCE afronta una nueva etapa, que ahora es su tiempo: “Voy a tener mi propio estilo, voy a ser yo misma”. Y no quiere etiquetas, ni que la tachen de halcón ni de paloma. Lo había dicho hace unos días tras una conferencia y en la de ayer volvió a repetirlo: “Espero ser un búho. Me gustan los búhos. Son animales muy sabios”. De momento, continuidad -su predecesor le había dejado los deberes hechos- aunque también, sin decir cuáles, anuncio de reformas.

Lagarde ha mantenido exactamente igual el plan de acción que Draghi marcó en septiembre. Era lo que se esperaba. En su primera reunión y sin que haya habido cambios de envergadura en el cuadro macroeconómico europeo no iba a mover ficha. Las previsiones siguen señalando -décima arriba o décima abajo- un crecimiento débil y una baja inflación hasta 2022. Pero la nueva presidenta las ha acompañado con dos esperanzas: que se aprecian señales iniciales de estabilización en la desaceleración económica y un leve avance de la inflación subyacente; y que los riesgos que amenazan el crecimiento siguen inclinados, pero menos, a la baja.

La continuidad con Draghi también se sintió en el toque de atención que le dio a los gobiernos. El mensaje fue el mismo: todos los países deberían hacer más para alcanzar el potencial de crecimiento; es fundamental que se lleven a cabo las reformas estructurales necesarias; que los que tengan una deuda alta cumplan el equilibrio presupuestario y que los que tengan espacio fiscal, por favor, que lo utilicen. Y del mismo modo, apeló a mejorar el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria.

La novedad la puso cuando confirmó que “la revisión de la estrategia del BCE comenzará en enero y estará completa antes de fin año”. En semanas pasadas ya había dejado claro que la gestión que se hace en los bancos centrales desde hace dos décadas puede resultar obsoleta y procede revisarla. En este sentido, sólo afirmó que no tiene en mente cambiar el mandato, esto es, la estabilidad de los precios. Eso no está en su mano, implicaría modificar el estatuto, pero podría redefinir en cómo se concreta. El “por debajo, pero cerca, del 2%”, es arbitrario. Como lo de Groucho Marx: si no consigo el objetivo, pues lo cambio.

Tampoco dio pistas sobre si se utilizarán otros instrumentos diferentes. Los actuales, incluso los no convencionales, ciertamente han resultado poco eficientes, pero no mencionó en qué otros está pensando: ¿se atreverá a utilizar herramientas radicales, como el helicóptero monetario, y repartir dinero entre la gente?, ¿impulsará la implantación del e-euro para mejorar la trasmisión de la política monetaria?… Y por último, también avanzó que la entidad abordará cómo participar en un objetivo que en absoluto es competencia de un banco central, sino de los gobiernos: el cambio climático.

En definitiva, muchos posibles y controvertidos cambios. Tendremos que ir viendo reunión a reunión cómo ulula el búho Lagarde.

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