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Draghi: ¿qué hago con la banca?

Carmen Pérez | 3 de mayo de 2019 a las 9:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/4/2019

A ver, Mario Draghi necesita a los bancos. Hoy por hoy son el medio por el que se canaliza la política monetaria. El sistema financiero actual es así: la economía funciona si ellos prestan, aumentando la oferta monetaria y provocando que la economía se expanda. Esto explica la tasa de depósitos -el -0,4%- que actualmente el Banco Central Europeo les cobra. Es la forma de empujarlos a que no dejen su dinero aparcado allí y lo presten a particulares y empresas. El balance del BCE refleja que la liquidez de los bancos supera los 1,8 billones de euros, excediendo enormemente el importe de las reservas mínimas obligatorias, que ascienden a unos 128.000 millones de euros (datos a finales de 2018). Este exceso de liquidez les supone a los bancos de la Eurozona un coste -unos 7.000 millones de euros al año- que daña su rentabilidad.

Pero, mira, que no se quejen. Sus graves problemas de rentabilidad tienen otras muchas causas. Es un sector aún debilitado por la pasada crisis financiera, con más de 730.000 millones de préstamos dudosos en sus balances. Y se enfrenta a una intensa reconversión por su exceso de capacidad: el aumento de la competencia -fintechbigtech, fondos o entidades de pago y financiación- es progresivo e imparable; un trozo del negocio se está trasladando a los mercados financieros y la revolución tecnológica hace que sobre gran parte de su pesada estructura. Lo señaló Mario Draghi bien clarito este miércoles, tras la reunión del Consejo de Gobierno: el sector “está abarrotado”, está sobredimensionado “en oficinas y personas”. Y los ha animado a fusionarse.

Además, que piensen un poco. Esto del coste de la facilidad de depósitos les vendrá mal y los tipos de interés tan bajos no es el mejor de los escenarios para desarrollar su negocio, pero que imaginen por un momento lo que hubiera sido reponerse de sus desmanes pasados y afrontar la revolución tecnológica con una economía deprimida. La recuperación de estos años les ha venido de maravilla y no hubiera sido posible sin las medidas adoptadas de política monetaria. Y que se quejen de apoyo. ¿Es que no se acuerdan de que el sector público les tiene asegurados en última instancia los depósitos porque ellos por sí solos no inspiran confianza suficiente en el público para que les deje sus ahorros? ¿Es que no se acuerdan de los 734.381 millones de euros que les tiene prestados a largo plazo totalmente gratis el BCE? Mejor no seguir enumerando.

Eso sí, las medidas monetarias no afectan por igual a todos los bancos. Los que necesitan financiación la encuentran en el BCE a coste 0. La pide más la banca de Italia (32%) y de España (22%). Y sin embargo, el coste, por ejemplo, del exceso de liquidez para la banca española es de 281 millones y para la alemana de 2.484. Ahora el BCE se está planteando cómo hacerles la vida más fácil, aunque todavía en la reunión de esta semana no se han tomado decisiones. La ayuda podrá venir de elevar esa tasa de depósito, quizá de forma escalonada, y de aplicar tipos negativos a las nuevas rondas de financiación (TLTRO III). Draghi , y volvemos al principio, los necesita a todos, y hará lo que sea necesario, pero ojo, por el bien de la Eurozona.

Encaje de bolillos financiero

Carmen Pérez | 27 de marzo de 2019 a las 17:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/3/2019

Ayer Mario Draghi, tras una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE, prosiguió con al encaje de bolillos financiero que empezó hace más de siete años. Siguiendo esta técnica volvió a entretejer los hilos de la economía de la Eurozona, aquejada de distintos problemas. Y lo hizo, como siempre, colocando los alfileres que considera necesarios para sostenerla, sin olvidarse de que el tejido resultante tiene que parecerse al objetivo que tiene asignado, esto es, llevar la inflación al 2%. El paño durante todos estos años le ha ido saliendo, lo que ya es de por sí un gran éxito, porque por el 2012 los hilos estaban tan enrevesados que parecía imposible sacar nada bueno de ellos. Pero el parecido con el patrón se le resiste. Y no dejan de surgir problemas.

El hilo más difícil con el que le toca lidiar ahora es el del crecimiento del PIB de la Eurozona, que se ha venido abajo. El BCE ha reducido drásticamente su previsión para 2019, hasta el 1,1%, y las rebajas también se extienden a 2020 y 2021. Alemania crecerá sólo un 0,7%, el más bajo desde 2013. El caso de Italia es aún más grave, su PIB descenderá un -0,2%. Además, los riesgos a los que está sometido -que ya señaló Draghi que habían girado a peor- persisten.

La guerra comercial declarada por EEUU puede hacer mucho daño, de forma indirecta por lo que pase con China, pero también directamente por su comportamiento con Europa. Las palabras de Trump sobre la UE el pasado 25 de febrero, recogidas por Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano, dejan clara su actitud: “Les hemos dicho que tenemos que reunirnos. Y que si no nos reunimos vamos a machacarlos a aranceles”, en clara amenaza a los coches europeos. Y ahí sigue el Brexit, empantanado, cuando se acerca la fecha límite para llegar al acuerdo.

Ante todo esto había que actuar y Draghi lo ha hecho. Los tipos de interés siguen en el mismo nivel, pero ha retrasado posibles subidas hasta al menos finales de 2019. El programa de reinversión de bonos continua. Y ha puesto nuevos alfileres para lidiar con los bancos, que no son hilos sino sogas a su cuello. Así, en septiembre se pondrán en marcha las TLTRO III (préstamos gratuitos a dos años a los bancos, condicionados a que den crédito). Se quiere evitar que se encarezcan los préstamos bancarios cuando la actividad se ha debilitado, pero también apoyar a los bancos, especialmente italianos y españoles, que tienen que afrontar vencimientos de TLTRO pasadas por 380.000 millones de euros.

El retraso de los tipos le ha sentado mal a las bolsas, sobre todo a la banca: la desaceleración económica es muy seria. El refugio ha sido los Tesoros: el bono español bajó al 1%. Y es que hacer encaje de bolillos financiero es muy delicado y complejo. Draghi va a concluir su mandato con todos los alfileres puestos sin conseguir que la inflación llegue al modelo -está en el 1,2%- y con un recorte sustancial en las previsiones de crecimiento. Pero está harto de decirlo. El encaje para que sea sólido tendría que tejerse también desde el lado económico y no fiarlo todo al financiero: ha vuelto a suplicar a los gobiernos de la zona euro que apliquen políticas favorables al crecimiento.

A cámara lenta

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/1/2019

A los bancos centrales se le han puesto las cosas más difíciles. El camino hacia la normalización monetaria que comenzó hace ya años en la Reserva Federal (Fed) y en otros bancos centrales, como el de Canadá o el Banco de Inglaterra, se ha complicado. También para el nuestro, el Banco Central Europeo (BCE), que los sigue con retraso. La paciencia, que ha sido una de las palabras banderas de Mario Draghi -junto con prudencia y persistencia- se ha convertido también en la nueva palabra de la Fed. La desaceleración económica y la volatilidad en los mercados exigen estar a verlas venir, no hay otra. De momento no es que vayan a desviarse o retroceder en este proceso pero lo que sí han hecho es ponerlo a cámara lenta. Ahora, incluso algunos miembros de sus consejos, que eran claramente halcones, se han vuelto palomas.

Los datos de la revisión a la baja del crecimiento de EEUU -del 3% al 2,3%- y los descensos bruscos en Wall Street de diciembre, tras la última subida de tipos, constituyen un problema para la Fed. Se le acusa de alimentar la volatilidad financiera y de poner en riesgo el bienestar económico del país. De nada sirvió que de forma paralela a la subida de esos 25 puntos básicos. le acompañara una declaración de mayor suavidad para el año que viene. En una conferencia posterior Jerome Powell tuvo que suavizar aún más las cosas, aclarando que los tipos de interés ya han alcanzado el límite inferior de la tasa neutral: donde la Fed dijo que serían tres la alzas, y luego dos, ahora es posible que quede en una o en ninguna. También está por ver si detiene la reducción de su balance, que venía disminuyendo a razón de 50.000 dólares al mes. Todo dependerá de sus dos objetivos: la inflación y el empleo.

En cuanto al BCE, ayer tuvo lugar una nueva reunión de su Consejo de Gobierno. No se esperaba ningún cambio y así ha sido, aunque había cierta expectación por los comentarios que hiciera Mario Draghi tras lo sucedido en EEUU. En la Eurozona, aunque ya finalizó el programa de compra de activos, la economía seguirá muy estimulada por la promesa de reinversión de los activos que vayan venciendo. Esto no es poca cosa, significa que el BCE comprará hasta 200.000 millones de bonos este año, fundamentalmente bonos soberanos. En cuanto a los tipos de interés, ayer mantuvo que permanecerán en los niveles actuales “hasta al menos durante el verano de 2019″.

Pero las tasas de crecimiento “han seguido siendo más débiles de lo esperado” y “es probable que la inflación general disminuya aún más en los próximos meses”. Además, Draghi reconoció que existe “una larga lista de factores” que pueden influir en el crecimiento más allá del corto plazo”. Expresamente mencionó el Brexit, la amenaza proteccionista, la desaceleración en China y los problemas de la industria automovilística alemana ante el riesgo de aranceles. Su tono más pesimista y alarmista cabe esperar que también el BCE se ponga en cámara lenta y que la subida de tipos no llegue hasta finales de 2019 o que incluso haya que esperar a 2020. No sólo el BCE, a todos los bancos centrales no les queda más remedio que ir “ajustando todos sus instrumentos” sobre la marcha. No lo van a tener nada fácil.

 

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Cambio de tendencia

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/1/2019

En febrero de 2016 se produjo un hecho sorprendente. El euríbor a doce meses pasó a cotizar en negativo. Y no fue algo puntual sino que esta anomalía financiera día tras día se fue intensificando. Así, el euríbor fue descendiendo desde entonces hasta marcar en marzo del pasado año su mínimo histórico, -0,191%. A partir de ahí cambió la tendencia y emprendió el camino contrario: lleva 9 meses subiendo. Pero, a pesar de esto, el euríbor aún no ha dejado los valores negativos y ayer se situó en -0,118%. El miedo de todos los endeudados a tipo variable -particulares y empresas- es que siga creciendo y se encarezcan sus préstamos. Es lo que previsiblemente pasará, pero pueden estar tranquilos: el ritmo de subida será lento, muy lento.

Para hacernos idea del impacto de la subida que ha experimentado el euríbor estos últimos meses podemos acudir a un ejemplo. Una hipoteca media, de un importe de 150.000 euros, a 20 años y con un diferencial sobre el euríbor del 1%, a la que le tocara revisar el tipo de interés este mes de enero, vería incrementarse su cuota mensual de 677 a 682 euros, 5 euros más. Pero no hay que olvidar que este importe era y sigue siendo extraordinariamente bajo: hace diez años, en 2008, cuando el euríbor se situaba por encima del 5%, un préstamo de estas características suponía un pago de 1.085 euros: ¡400 euros más mensualmente!

Los endeudados no pueden tener quejas, han sido los grandes beneficiados -junto con los Estados- de las políticas del Banco Central Europeo. Aunque pueda pensarse que lo que se decide allí no nos afecta directamente a nuestro bolsillo no es en absoluto así. Los tipos de interés de referencia que establece el banco central en su relación con la banca (operaciones principales de financiación y la facilidad marginal de crédito y de depósito) condicionan completamente las operaciones que realizan los bancos entre ellos en el mercado interbancario, donde queda fijado el euríbor a los distintos plazos.

Ante esta remontada del euríbor, los expertos de fondos de inversión, entidades financieras, thinktanks, lanzan sus especulaciones: cada uno marca un ritmo de subida concreto. El escenario más moderado establece que el 0% se alcanzará al final del primer trimestre de 2019 y que el euríbor acabe el año en el entorno del 0,20%. Los más extremos sugieren que no se volverá positivo antes de final de año; o, por el contrario, que termine por encima del 0,5%.

Depende de Mario Draghi. En los últimos comunicados sobre las decisiones de política monetaria sólo se aclara que “El Consejo de Gobierno espera que los tipos de interés oficiales del BCE se mantengan en los niveles actuales hasta al menos durante el verano de 2019″, y luego añade una coletilla que les dota de flexibilidad para moverse en un sentido o en el contrario. Y el caso es que las circunstancias económicas actuales no están siendo muy favorables para que prosiga la normalización monetaria. De hecho, Jerome Powell ha manifestado esta semana que la Reserva Federal está preparada para dar marcha atrás si hace falta. El BCE sigue sus pasos, así que cabe la posibilidad incluso que este cambio de tendencia del euríbor quede finalmente en nada.

Vaya final de año

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/12/2018

El miércoles 20 de diciembre, el banco central de EEUU, la Reserva Federal (Fed), elevó los tipos de interés un cuarto de punto hasta un rango entre el 2,25% y el 2,5%. Es el noveno aumento desde que en 2015 comenzara a subir el precio del dinero. Días antes Donald Trump había dejado bien claro que no estaba en absoluto de acuerdo con esto. Conminó a Jerome Powell a que “sintiera el mercado” y expresó su incredulidad porque estuviera siquiera considerando otra subida “con un dólar muy fuerte y prácticamente sin inflación, el mundo exterior explotando a nuestro alrededor, París en llamas y China cayendo”. Pero Powell lo hizo, tenía que demostrar que la Fed es un organismo independiente: “Nada nos impedirá hacer lo que creemos que es lo correcto”. Pero también había otro motivo adicional para hacerlo: ¿cómo reaccionarían los inversores con las claras señales de desaceleración económica que existen si no se subieran los tipos de interés tal y como estaba descontado desde hacía tiempo?

Con todo, la Bolsa americana sufrió un importante descenso. Los mercados cayeron con fuerza, aún más sobre lo que ya llevaba todo el mes perdiendo. El índice S&P 500, considerado como el más representativo de la situación real del mercado, se situaba el 3 de diciembre en 2.790 puntos; el 24 de diciembre había descendido hasta los 2.351: un 15,73% menos. El indicador del miedo, VIX, subió en esa jornada hasta los 36 puntos, niveles no vistos desde principios de febrero, cuando el mercado tuvo la primera corrección seria. También entonces como ahora se desató el miedo.

Cuando la situación se pone así, cualquier cosa que pase o se diga puede acentuar la tendencia adversa. Incluso cuando lo que se intente con ello es calmar los nervios. Como en esta ocasión, que el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, comunicó este pasado domingo que los bancos más grandes del país le habían confirmado que disponen de mucha liquidez, que no había problemas. Trataba de tranquilizar a los mercados y lo que consiguió fue un día de Nochebuena negro. Los inversores se preguntarían alarmados: ¿qué ocurre, por qué tuvo Mnuchin necesidad de hablar de forma extraordinaria con los banqueros?

Tras las navidades, el índice S&P 500 resucitó y recuperó parte de las pérdidas. Este miércoles se disparó casi un 5%, registrando su mayor subida porcentual desde 2009. Pero luego vuelta a las pérdidas. Siempre los índices se mueven en dientes de sierra, hasta para continuar cayendo los precios tienen que rebotar antes con fuerza. En los próximos meses las turbulencias están aseguradas en los mercados financieros.

Los bancos centrales necesitan recuperar la normalidad monetaria retirando los estímulos financieros. Pero no les va a resultar nada fácil. Si suben los tipos de interés más rápido de la cuenta, mal asunto. Si se suavizan, también malo porque se interpreta que la desaceleración será más intensa; o peor, que la recesión económica está cerca. De hecho, las negras sesiones de estos pasados días se han producido tras la proyección de los miembros del Consejo de Gobierno de la Reserva Federal que apuntaba a dos subidas de tipos en 2019, en comparación con las tres que preveían en septiembre.

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Se terminó

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 21:02

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/12/2018

Ayer, tras la última reunión del año del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi confirmó que el programa de compras de activos se daba por terminado. Tal y como estaba previsto, las compras netas cesarán este diciembre. El saldo final es espectacular: desde marzo de 2015 el BCE ha comprado bonos por más de 2,6 billones de euros, de los que el 80% han sido bonos soberanos. De España, en concreto, 259.000 millones, más del 22% de toda nuestra deuda pública. Y llega el final y llega su aprobación, ambas cosas al mismo tiempo. Ha querido el destino que esta misma semana este programa reciba las bendiciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea: Draghi hizo lo correcto.

La finalización llega en un momento complicado: el crecimiento de la zona euro se ha ralentizado. Draghi así lo reconoció y comunicó crecimientos previstos para los tres próximos años, ligeramente a la baja: 1,7 %, 1,7% y 1,5 %. En cuanto la inflación, las estimaciones del BCE son del 1,6%, 1,7% y 1,8%. Tampoco los riesgos que ahora mismo están presentes han sido determinantes para que retrocediera en la decisión, aunque la guerra comercial/tecnológica entre EEUU y China, ese Brexit que no termina de aclarase, las crisis de algunos países emergentes, la complicada situación de una Italia estancada o la conflictividad de Francia supongan un entorno más desafiante para la zona euro.

Pero volverse para atrás hubiera sido incluso contraproducente. En economía las expectativas lo son todo. Además, sigue disponiendo de un arsenal enorme. El balance no va a incrementarse, pero sí va a mantenerse, reinvirtiendo el importe de los bonos que venzan todo el tiempo que sea necesario, incluso hasta después de la subida de tipos. Ayer no aclaró más la política de reinversión, pero previsiblemente será en deuda pública, cambiando bonos de vencimiento a corto plazo por otros a medio y largo plazo, para conseguir reducir los tipos de largo plazo. O incluso vendiéndolos antes de vencimiento para conseguir mayores plazos, como ya hizo la Reserva Federal -operación Twist- en 2011. También tiene en su poder administrar el calendario de subidas de los tipos oficiales y manejar la disponibilidad de préstamos a largo plazo para los bancos de la zona euro.

Por tanto, nuestras economías van a seguir estimuladas por mucho tiempo. Y esas medidas de política monetaria tan agresivas han supuesto, y seguirán suponiendo, una ayuda a los estados de la zona euro por la puerta falsa. De ahí la denuncia que interpusieron en su día un grupo de alemanes: los estatutos del BCE le prohíben que apoye directamente a los gobiernos comprándoles deuda pública. Ahora, los jueces de la UE le han dado legitimidad a este programa: no ha sido una ayuda directa -las compras no se han producido en el mercado primario- y además esas medidas eran fundamentales para que el BCE cumpliera su mandato. La apelación constante de Draghi a los estados para que sean rigurosos con la disciplina fiscal, lleven a cabo las necesarias reformas estructurales, constituyan colchones fiscales o completen la Unión Bancaria es su forma de intentar evitar que la Historia le dé en un futuro la razón moral a los demandantes.

‘In Gold we trust’

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 20:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/11/2018

En la historia del dinero, 1971 es un momento crucial. Fue el año en que se acabó definitivamente con el patrón oro y a partir del cual se comenzó a operar con un sistema monetario basado exclusivamente en el factor confianza. Así, el billete de dólar -la divisa internacional- pasó de ser un documento al portador canjeable por oro o plata en el banco central a convertirse en un trozo de papel con la frase impresa In God we trust (En Dios confiamos). Pero es posible que tras décadas de abuso de este sistema, que carece de límites, esa confianza esté bien resentida. Algo así es lo que concluye el informe In Gold we trust (En el Oro confiamos). Los autores reflexionan sobre el oro en el contexto de la coyuntura macroeconómica mundial y determinan que las circunstancias actuales están exigiendo una vuelta al pasado, un retorno al oro.

Señalan tres acontecimientos, que ellos denominan mareas, que van a conmocionar de forma profunda al sistema monetario mundial. El primero es el cambio de política monetaria: de flexibilización cuantitativa (QE) a ajuste cuantitativo (QT). Los 5 grandes bancos centrales han aumentado sus balances en más de 14 billones de dólares en estos últimos años. Y dejar de vivir encharcados en liquidez no va a ser nada fácil. Este proceso de retirada -comenzado ya por la Fed y que el BCE apenas ha iniciado- va a enfrentar a los mercados -con los precios de los activos financieros sobrevalorados- a una verdadera prueba.

La segunda marea es un cambio de rumbo en el sistema monetario global, lejos del dólar estadounidense. La disminución lenta del dólar estadounidense como la reserva global dominante se desarrolla junto con un renacimiento del oro como reserva de divisas. De hecho, los bancos centrales de los países emergentes están desde el inicio de la crisis incrementando fuertemente sus reservas de oro. En concreto, en estos últimos diez años, los de China, Rusia, Turquía e India han pasado de poseer 1.524 toneladas de oro ( 5,1% del total oficial de las reservas de oro) a mantener 4.804 toneladas (el 14,3% del total) en sus balances.

La tercera hace referencia al vertiginoso cambio tecnológico que se está produciendo y que está afectando profundamente al mundo financiero. Hay multitud de innovaciones en numerosísimos campos, pero especialmente el impacto en el mundo monetario vendrá como consecuencia de la tecnología blockchain. Las criptomonedas, sean de una naturaleza u otra, están aquí para quedarse, y si van ligadas al oro se conjugarán las fortalezas de ambos.

Los autores se atreven incluso a vaticinar el paso de un mundo unipolar a otro multipolar, con un nuevo orden monetario global que se negociará entre los países en función de su oro. Dicen que sólo hay que esperar para que la demanda de oro como un refugio seguro tradicional regrese a que las consecuencias del reciente cambio de rumbo en la política monetaria se vuelvan obvias y a que la amenaza de recesión se avecine en el horizonte. Nosotros podemos darle o no credibilidad a sus conclusiones, pero los cambios que ellos refieren los estamos viendo todos. Además, el riesgo de no poseer oro es mucho mayor que el de poseerlo: In Gold I trust!

Ay, Italia

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/10/2018

El otro día se vivió en el Parlamento europeo una escena bochornosa. El eurodiputado de la ultraderechista Liga del Norte, Angelo Ciocca, cogió los papeles que acababa de leer el comisario europeo, Pierre Moscovici, los puso sobre la mesa y con uno de sus zapatos en la mano los pisoteó, dejando grabar su actuación en un vídeo. Su enfado provenía de que la Comisión europea había rechazado los presupuestos que habían presentado para 2019. Los que, según ellos, van a mejorar la vida de los italianos: “Italia merece respeto y estos euroimbéciles lo tienen que entender”. Están cerrados en banda. Al día siguiente, el ministro del Interior, Matteo Salvini, lo dijo claro: “Aunque la Comisión mande doce cartas, el Gobierno italiano no cambiará sus presupuestos”.

“Nosotros proponemos una receta distinta porque apostamos por el crecimiento de Italia”. Y ese crecimiento lo piensan conseguir a base de aumentar el gasto público; tanto como para que las cuentas arrojen un déficit del 2,4% del PIB en 2019. Pero con un PIB creciendo al 1,5%, como pretenden alcanzar, les sería posible revertir el crecimiento del ratio de deuda pública sobre el PIB. Así, lo sitúan el año que viene en el 130% del PIB, algo menor que el valor actual del ratio.

Pero la Comisión no confía en estas cuentas. Considera que los gastos se cumplirán seguro, pero que no son ciertos los ingresos. No otorga credibilidad al ritmo de crecimiento que ellos dicen; lo rebajan al 0,9%. Y si los ingresos no alcanzan los niveles presupuestados, el déficit en el que incurrirán será incluso mayor del 2,4%, siendo éste además el triple de lo inicialmente acordado. La desviación es de casi 25.000 millones de euros. La deuda pública se desmandaría, según los cálculos europeos.

Ese nivel de déficit lo han presentado en muchas ocasiones otros países de la Eurozona, pero el elevado nivel de deuda pone a Italia, y a toda Europa, en una situación muy delicada. El problema de sus presupuestos son los intereses de la deuda, que alcanzan los 65.000 millones de euros. Y pueden elevarse: su prima de riesgo supera los 300 puntos básicos. ¡Esto se debe a una conspiración contra los bonos italianos!, diría Salvini. El mes pasado manifestaba al periódico Deustsche Welle que si la prima de riesgo italiana se ha duplicado desde que ellos llegaron al poder es porque los Lords of the spread están conspirando contra los populistas de Italia.

Que se deje de cuentos. Muy al contrario, si ha habido una conspiración ha sido a su favor por el Banco Central Europeo (BCE), que lleva años cuidando de todas de las primas de riesgo europeas, porque lo necesitaban algunos países, especialmente Italia. Ayer, el Consejo de Gobierno del BCE mantuvo la ruta prefijada: las compras de deuda cesarán en diciembre. Eso no supone acabar con la política monetaria, Draghi reiteró que seguirá siendo muy acomodaticia gracias a la reinversión de vencimientos. Será poco para los populistas italianos, que reclamarán que prosigan las compras o que el BCE les perdone la deuda. Así que, cualquier día, en algunas de esas reuniones, algún miembro del Gobierno de Italia quizá zapateará también los papeles con las decisiones de política monetaria.

 

¿Por qué los salarios no suben?

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/10/2018

En 2014 dejamos atrás la crisis y volvimos al crecimiento económico, y de forma potente. En los últimos tres años el PIB se ha incrementado a un ritmo medio superior al 3% anual. Sin embargo, la evolución de los salarios no ha acompañado como debiera a esta recuperación económica. Ni aquí en España ni en la mayor parte de las economías avanzadas. ¿Qué está fallando? El Banco de España ha publicado esta semana un artículo, La moderación salarial en España y en la UEM, que compara lo que teóricamente se esperaba que pasara y lo que realmente está pasando.

La tasa de paro es uno de los factores con el que usualmente la teoría económica ha explicado los crecimientos salariales. Así, a medida que escasea la disponibilidad de trabajadores en un ciclo expansivo, la presión sobre los salarios aumenta. Pero la realidad ha sido otra. Desde 2013 la tasa de paro ha ido disminuyendo y esta reducción no ha venido paralela al aumento en la tasa de crecimiento salarial que corresponde.

Esto pone de manifiesto que la tasa de paro como tradicionalmente se ha medido no refleja bien la situación del mercado de trabajo de hoy en día. El estudio señala el alto crecimiento de la tasa de trabajadores a tiempo parcial, que están así de forma involuntaria porque declaran estar dispuestos a trabajar más horas. También habría que contar con un porcentaje considerable de desempleados desanimados, que han dejado de buscar trabajo.

Estas conclusiones no son nuevas. Ya hizo referencia a este asunto Mario Draghi, en su discurso en el Foro de Bancos Centrales el año pasado en Sintra, denunciando el precario empleo que se está creando, que conlleva que en las negociaciones se priorice conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. También aludió a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. Y dio una cifra: el paro con estas premisas en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa.

Entonces Draghi explicaba que la inflación no sube si no se elevan los salarios. Pero también podría plantearse esta relación, como en este estudio, en sentido contrario. Así, las expectativas sobre la evolución de los precios presionan en la negociación de los convenios colectivos con el fin de que no se produzca un deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores. Y estas expectativas se han mantenido relativamente moderadas durante la recuperación económica, atascándose inflación y salarios mutuamente.

Con una holgura en el mercado de trabajo tan amplia sólo estaba, y está, en la responsabilidad de los empresarios trasladar a sus trabajadores parte de la mejora que ellos sí han estado experimentando en sus resultados estos últimos años. Sin embargo, la subida salarial sería un hecho con el pacto de PSOE y Podemos para situar el SMI en 900 euros. Y no sólo para los de ese escalón sino que esto presionaría para que mejoraran todos los escalones por encima. ¿Pero es oportuna y conveniente esa medida? Esta noticia saltó ayer a la vez del descenso de las Bolsas provocado en gran parte por las expectativas futuras de desaceleración económica…

Estructura empresarial y política monetaria

Carmen Pérez | 1 de octubre de 2018 a las 18:08

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/08/2018

El encuentro de este año en Jackson Hole (Wyoming) ha sido de lo más interesante. En esa localidad se produce cada final de verano una reunión de banqueros centrales, ministros de finanzas y académicos de todo el mundo. Hablaron de tipos de interés, inflación, o el camino adecuado a seguir hacia la normalización monetaria. También, de los temas candentes como la guerra comercial o la devaluación de la lira turca. Pero además este año se han centrado especialmente en otro tema no monetario, de economía real: los cambios que se están produciendo en la estructura empresarial, y de cómo esta evolución puede afectar a las decisiones de política monetaria.

Así, los conferenciantes han resaltado la mayor “liquidez” de las empresas de hoy en día. Los datos muestran que el menor nivel de inversiones en activos físicos va paralelo a la creciente importancia que está tomando el capital inmaterial: se invierte cada vez más en activos intangibles, como software de gestión empresarial, big datacloud computing y otras tecnologías de la información.

También han constatado que se está produciendo una alta concentración en la estructura empresarial. Desde finales de los noventa ha tenido lugar, y no solo en EEUU, una creciente concentración empresarial en el sector productivo y de servicios, y de forma muy acusada en el mundo financiero. Y este mayor poder de mercado de las grandes compañías provoca una reducción de la competencia.

Estos dos fenómenos -intangibilidad y concentración- no son ajenos, la intensidad en intangibles está correlacionada con las cuotas de mercado. Las propiedades económicas que posee el capital intangible puede ser un factor determinante en este aumento de la concentración, por las economías de escala que proporcionan o por la capacidad de excluir rivales que conllevan.

Otra características que se destacó fue la baja productividad de las empresas. Aumenta hoy en EEUU un 3,4% cuando lo hacía al 5,7% en los años noventa: la revolución actual -la digitalización- no parece estar incrementando la productividad a los niveles que sí lo hizo por entonces la computación. O bien pudiera pasar que esa productividad no es medible debido a la diferente composición de activos intangibles y físicos.

Esta nueva estructura, además, puede estar favoreciendo que las empresas se comporten como “monopsonios” en el mercado laboral: un único empleador interactúa con muchos posibles trabajadores para su empresa, y recurre además a técnicas, como el outsourcing, que rebajan el poder de negociación de estos. Esta concentración de los empleadores ayuda a explicar el bajo crecimiento de los salarios, inentendible en EEUU, que disfruta de pleno empleo.

En definitiva, pocos actores con mucho poder para fijar precios y con mucho poder para influir en los salarios. Amazon fue el ejemplo tratado en Jackson Hole. No es de extrañar que esto ocupe a los banqueros centrales, por la fuerza deflacionista que conlleva esta nueva estructura. Pero quienes también deberían implicarse de lleno son los gobiernos para ponerle límites al poder de estas empresas si merman la libre competencia y los derechos de los trabajadores.