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Ay, Italia

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/10/2018

El otro día se vivió en el Parlamento europeo una escena bochornosa. El eurodiputado de la ultraderechista Liga del Norte, Angelo Ciocca, cogió los papeles que acababa de leer el comisario europeo, Pierre Moscovici, los puso sobre la mesa y con uno de sus zapatos en la mano los pisoteó, dejando grabar su actuación en un vídeo. Su enfado provenía de que la Comisión europea había rechazado los presupuestos que habían presentado para 2019. Los que, según ellos, van a mejorar la vida de los italianos: “Italia merece respeto y estos euroimbéciles lo tienen que entender”. Están cerrados en banda. Al día siguiente, el ministro del Interior, Matteo Salvini, lo dijo claro: “Aunque la Comisión mande doce cartas, el Gobierno italiano no cambiará sus presupuestos”.

“Nosotros proponemos una receta distinta porque apostamos por el crecimiento de Italia”. Y ese crecimiento lo piensan conseguir a base de aumentar el gasto público; tanto como para que las cuentas arrojen un déficit del 2,4% del PIB en 2019. Pero con un PIB creciendo al 1,5%, como pretenden alcanzar, les sería posible revertir el crecimiento del ratio de deuda pública sobre el PIB. Así, lo sitúan el año que viene en el 130% del PIB, algo menor que el valor actual del ratio.

Pero la Comisión no confía en estas cuentas. Considera que los gastos se cumplirán seguro, pero que no son ciertos los ingresos. No otorga credibilidad al ritmo de crecimiento que ellos dicen; lo rebajan al 0,9%. Y si los ingresos no alcanzan los niveles presupuestados, el déficit en el que incurrirán será incluso mayor del 2,4%, siendo éste además el triple de lo inicialmente acordado. La desviación es de casi 25.000 millones de euros. La deuda pública se desmandaría, según los cálculos europeos.

Ese nivel de déficit lo han presentado en muchas ocasiones otros países de la Eurozona, pero el elevado nivel de deuda pone a Italia, y a toda Europa, en una situación muy delicada. El problema de sus presupuestos son los intereses de la deuda, que alcanzan los 65.000 millones de euros. Y pueden elevarse: su prima de riesgo supera los 300 puntos básicos. ¡Esto se debe a una conspiración contra los bonos italianos!, diría Salvini. El mes pasado manifestaba al periódico Deustsche Welle que si la prima de riesgo italiana se ha duplicado desde que ellos llegaron al poder es porque los Lords of the spread están conspirando contra los populistas de Italia.

Que se deje de cuentos. Muy al contrario, si ha habido una conspiración ha sido a su favor por el Banco Central Europeo (BCE), que lleva años cuidando de todas de las primas de riesgo europeas, porque lo necesitaban algunos países, especialmente Italia. Ayer, el Consejo de Gobierno del BCE mantuvo la ruta prefijada: las compras de deuda cesarán en diciembre. Eso no supone acabar con la política monetaria, Draghi reiteró que seguirá siendo muy acomodaticia gracias a la reinversión de vencimientos. Será poco para los populistas italianos, que reclamarán que prosigan las compras o que el BCE les perdone la deuda. Así que, cualquier día, en algunas de esas reuniones, algún miembro del Gobierno de Italia quizá zapateará también los papeles con las decisiones de política monetaria.

 

¿Por qué los salarios no suben?

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/10/2018

En 2014 dejamos atrás la crisis y volvimos al crecimiento económico, y de forma potente. En los últimos tres años el PIB se ha incrementado a un ritmo medio superior al 3% anual. Sin embargo, la evolución de los salarios no ha acompañado como debiera a esta recuperación económica. Ni aquí en España ni en la mayor parte de las economías avanzadas. ¿Qué está fallando? El Banco de España ha publicado esta semana un artículo, La moderación salarial en España y en la UEM, que compara lo que teóricamente se esperaba que pasara y lo que realmente está pasando.

La tasa de paro es uno de los factores con el que usualmente la teoría económica ha explicado los crecimientos salariales. Así, a medida que escasea la disponibilidad de trabajadores en un ciclo expansivo, la presión sobre los salarios aumenta. Pero la realidad ha sido otra. Desde 2013 la tasa de paro ha ido disminuyendo y esta reducción no ha venido paralela al aumento en la tasa de crecimiento salarial que corresponde.

Esto pone de manifiesto que la tasa de paro como tradicionalmente se ha medido no refleja bien la situación del mercado de trabajo de hoy en día. El estudio señala el alto crecimiento de la tasa de trabajadores a tiempo parcial, que están así de forma involuntaria porque declaran estar dispuestos a trabajar más horas. También habría que contar con un porcentaje considerable de desempleados desanimados, que han dejado de buscar trabajo.

Estas conclusiones no son nuevas. Ya hizo referencia a este asunto Mario Draghi, en su discurso en el Foro de Bancos Centrales el año pasado en Sintra, denunciando el precario empleo que se está creando, que conlleva que en las negociaciones se priorice conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. También aludió a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. Y dio una cifra: el paro con estas premisas en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa.

Entonces Draghi explicaba que la inflación no sube si no se elevan los salarios. Pero también podría plantearse esta relación, como en este estudio, en sentido contrario. Así, las expectativas sobre la evolución de los precios presionan en la negociación de los convenios colectivos con el fin de que no se produzca un deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores. Y estas expectativas se han mantenido relativamente moderadas durante la recuperación económica, atascándose inflación y salarios mutuamente.

Con una holgura en el mercado de trabajo tan amplia sólo estaba, y está, en la responsabilidad de los empresarios trasladar a sus trabajadores parte de la mejora que ellos sí han estado experimentando en sus resultados estos últimos años. Sin embargo, la subida salarial sería un hecho con el pacto de PSOE y Podemos para situar el SMI en 900 euros. Y no sólo para los de ese escalón sino que esto presionaría para que mejoraran todos los escalones por encima. ¿Pero es oportuna y conveniente esa medida? Esta noticia saltó ayer a la vez del descenso de las Bolsas provocado en gran parte por las expectativas futuras de desaceleración económica…

Estructura empresarial y política monetaria

Carmen Pérez | 1 de octubre de 2018 a las 18:08

TRIBUNA ECONÓMICA, 31/08/2018

El encuentro de este año en Jackson Hole (Wyoming) ha sido de lo más interesante. En esa localidad se produce cada final de verano una reunión de banqueros centrales, ministros de finanzas y académicos de todo el mundo. Hablaron de tipos de interés, inflación, o el camino adecuado a seguir hacia la normalización monetaria. También, de los temas candentes como la guerra comercial o la devaluación de la lira turca. Pero además este año se han centrado especialmente en otro tema no monetario, de economía real: los cambios que se están produciendo en la estructura empresarial, y de cómo esta evolución puede afectar a las decisiones de política monetaria.

Así, los conferenciantes han resaltado la mayor “liquidez” de las empresas de hoy en día. Los datos muestran que el menor nivel de inversiones en activos físicos va paralelo a la creciente importancia que está tomando el capital inmaterial: se invierte cada vez más en activos intangibles, como software de gestión empresarial, big datacloud computing y otras tecnologías de la información.

También han constatado que se está produciendo una alta concentración en la estructura empresarial. Desde finales de los noventa ha tenido lugar, y no solo en EEUU, una creciente concentración empresarial en el sector productivo y de servicios, y de forma muy acusada en el mundo financiero. Y este mayor poder de mercado de las grandes compañías provoca una reducción de la competencia.

Estos dos fenómenos -intangibilidad y concentración- no son ajenos, la intensidad en intangibles está correlacionada con las cuotas de mercado. Las propiedades económicas que posee el capital intangible puede ser un factor determinante en este aumento de la concentración, por las economías de escala que proporcionan o por la capacidad de excluir rivales que conllevan.

Otra características que se destacó fue la baja productividad de las empresas. Aumenta hoy en EEUU un 3,4% cuando lo hacía al 5,7% en los años noventa: la revolución actual -la digitalización- no parece estar incrementando la productividad a los niveles que sí lo hizo por entonces la computación. O bien pudiera pasar que esa productividad no es medible debido a la diferente composición de activos intangibles y físicos.

Esta nueva estructura, además, puede estar favoreciendo que las empresas se comporten como “monopsonios” en el mercado laboral: un único empleador interactúa con muchos posibles trabajadores para su empresa, y recurre además a técnicas, como el outsourcing, que rebajan el poder de negociación de estos. Esta concentración de los empleadores ayuda a explicar el bajo crecimiento de los salarios, inentendible en EEUU, que disfruta de pleno empleo.

En definitiva, pocos actores con mucho poder para fijar precios y con mucho poder para influir en los salarios. Amazon fue el ejemplo tratado en Jackson Hole. No es de extrañar que esto ocupe a los banqueros centrales, por la fuerza deflacionista que conlleva esta nueva estructura. Pero quienes también deberían implicarse de lleno son los gobiernos para ponerle límites al poder de estas empresas si merman la libre competencia y los derechos de los trabajadores.

Draghi, entre halcones y palomas

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2018 a las 14:13

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/7/2018

Podemos echar mano de la imaginación y visualizar la reunión de ayer de los miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo. Montones de datos sobre la mesa. Indicadores europeos de todo tipo procedentes de la economía real y otros tantos de carácter monetario. Discutiendo sobre qué medidas de política monetaria seguir tomando. Y la manera de comunicarlas, porque las expectativas lo son todo en el campo económico. Reinando sobre ellos, el dato de la inflación actual y las previsiones para los próximos años, por algo su control es el objetivo único, al menos formalmente, que debe moverlos.

El contexto internacional también cuenta. Lo que pasa en EEUU, donde hace unos días el gobernador de la Reserva Federal volvió a hacer unas declaraciones en las que dejaba claro que en lo que queda de año subirán por dos veces más los tipos de interés. Y en China, donde se están tomando importantes medidas de expansión monetaria. O lo que los otros bancos centrales, como el del Reino Unido o Japón, están haciendo.

Algunos de ellos, los denominados halcones, estarían abogando por ir más rápido en la retirada de los estímulos, que los tipos de interés suban cuanto antes. Argumentan los peligros de que se formen burbujas o la incapacidad de actuación ante una nueva crisis si llega y los tipos de interés siguen al 0%. Son escrupulosos con la inflación y recuerdan que la inflación interanual en junio ya se encuentra en el 2%. La credibilidad del Banco Central está en juego.

Otros, las palomas, insistiendo en que hay que seguir apoyando el crecimiento económico, aguantando las políticas monetarias expansivas al máximo. Por la reciente debilidad del crecimiento, que puede acentuarse con la guerra comercial abierta y con un posible Brexit duro; por las dificultades que supondría para los gobiernos sostener la deuda si los tipos suben; por el impacto negativo en el consumo o el freno para las inversiones. Y por lo que todo esto podría conllevar en Italia, la principal preocupación de la Eurozona en estos momentos.

Un debate apasionante de posturas contrapuestas. Siempre los ha habido en la Historia de la Economía. Como el que se desarrolló en su día respecto a la conveniencia de los aranceles. O como, en la época de David Ricardo, sobre si la oferta crea su propia demanda. Pero ahora con la complejidad de una economía completamente globalizada. Sin un pasado del que extraer consecuencias: nunca se aplicó una política monetaria tan intensa y extensa en el tiempo. Y además, por la dificultad de alcanzar una postura común para tantos países, cada uno con intereses diversos.

Pero ellos no son académicos. Tienen que terminar decidiendo. Lo hicieron, como siempre, a las 13:45 de la tarde. Después, Draghi, con Guindos a su vera, salió a explicar la resolución ante los medios. Sin novedades. En la reunión anterior cogieron algo de alas los halcones. Ayer, al mantenerse todo intacto a pesar de estar la inflación al 2%, volvieron a primar los argumentos de las palomas. El discurso estuvo, como siempre también, revestido de la suficiente flexibilidad como para inclinarse hacia un lado u otro en los próximos encuentros.

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La inflación despierta, cesan las compras

Carmen Pérez | 3 de julio de 2018 a las 9:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/6/2018

Nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) y nuevas caras entre sus miembros: Luis de Guindos, vicepresidente de la entidad, y Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España. Se han estrenado en estos encuentros en un momento crucial. Ya lo había adelantado Peter Praet, miembro del Comité Ejecutivo, en una conferencia la pasada semana: en esta ocasión se evaluaría si la mejora de la situación económica permite el desmantelamiento del tinglado de bonos levantado estos últimos años. Así ha sido, y el final de las compras ha quedado fijado para diciembre de 2018. Y por primera vez se ha mencionado un plazo, aunque abierto, para poder empezar a subir el precio del dinero: a partir del verano de 2019.

Con seguridad esta decisión ha venido presionada por la aceleración en la normalización monetaria en EEUU. Tal y como se esperaba, el miércoles la FED subió un cuarto de punto los tipos de interés. Con un crecimiento del 2,8%, una tasa de paro en mínimos históricos y la inflación en el 2,8%, esta decisión estaba más que descontada. Pero también elevó el ritmo futuro, dejando establecido que subirán dos veces más a lo largo de este año, en lugar de una más, como estaba programado.

Pero, sobre todo, lo que habrá empujado con fuerza para tomarla es el repunte de la inflación del mes de mayo, que alcanzó el 1,9% en la zona euro. También lo había comentado ya Praet en su conferencia. La principal intersección entre el crecimiento y la inflación es el mercado laboral. Y la fuerte creación de empleo de estos últimos años está presionando los salarios al alza, y éstos a su vez al incremento de los precios. Ayer Draghi señaló que el BCE había elevado sus estimaciones de inflación (IAPC) para este año hasta el 1,7%, frente al 1,4% previsto en marzo, y que esta tasa se mantendrá en los dos años siguientes.

Así, el cese de las compras se ha determinado a pesar de que los indicadores económicos siguen apuntando a una ralentización de la expansión. De hecho, las previsiones del PIB de la Eurozona se han corregido a la baja. Pero Draghi consideró que era normal tras el alto crecimiento de los años anteriores. Además, afirmó que “los riesgos que rodean las perspectivas de crecimiento de la zona del euro siguen siendo ampliamente equilibrados”, en referencia al mayor proteccionismo comercial o a lo ocurrido en Italia.

No obstante la firmeza de la decisión de ayer, el BCE se ha guardado cartuchos muy importantes. Prolonga las compras, aunque a menor nivel, hasta diciembre. Cuenta con la reinversión de los títulos que van venciendo, que persistirá durante el tiempo necesario. Y ha dejado abierta la fecha de subida de tipos. El apoyo monetario, por tanto, continuará. Pero ha sido una contundente advertencia a los países europeos, para que no sigan obviando los habituales mensajes finales de los discursos de Draghi: la necesidad de reformas estructurales que potencien el crecimiento, de que los países muy endeudados construyan colchones fiscales, de que se respeten las normas del euro, y de que se complete la unión bancaria y de los mercados de capitales. Porque se acaba el tiempo.

Salir de la droga financiera no será fácil

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/4/2018

No, no va a ser fácil acabar con el dopaje del Banco Central Europeo. La buena marcha de la economía del pasado año permitió a Mario Draghi iniciar el abandono de los estímulos. Por entonces, dejó planificado el camino hacia la normalización financiera, aunque de forma muy gradual y sin cerrar ninguna puerta. Ayer se celebró una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE. En esta ocasión, con la expectación puesta en si la debilidad de los datos económicos recientes de la eurozona iban a obligarle a reevaluar sus cálculos. No obstante, Draghi no ha alterado en absoluto su hoja de ruta.

“El misterio de la desaceleración de la Eurozona”, “La economía de la Eurozona: ¿una desagradable sorpresa?” o “La debilidad de la zona del euro plantea la perspectiva de una larga despedida para el estímulo de la crisis” son los títulos de algunos artículos del Financial Times de estas de estas últimas semanas donde se resaltan las debilidades de la eurozona. Es verdad que algunos autores de ese periódico suelen ser agoreros, no sin cierta alegría, con nuestra economía. Pero contienen datos. Y los datos no son subjetivos.

La producción industrial cayó un 1,6% en febrero. Las exportaciones descendieron un 3,2% desde enero, la mayor caída desde agosto de 2015. En Alemania, el indicador ZEW, uno de los más vigilados del país, que mide la confianza en la economía, cayó en marzo a un mínimo de cinco años. El índice Sentix, que evalúa el sentimiento de los inversores para la eurozona, descendió en marzo por tercer mes consecutivo. Gavyn Davis, el autor de uno de esos artículos, lo resume: “El optimismo se ha debilitado por una desaceleración repentina y bastante brusca de la actividad en la zona del euro, una región que hasta hace poco lideraba la expansión mundial”.

Draghi, ayer, reconoció la existencia de este estancamiento: “Casi todos los países de la zona euro han experimentado una moderación del crecimiento o una pérdida de momentum“. Sin embargo, prefirió darle a la economía el beneficio de la duda y no cambiar en nada el plan programado. Confía en que el crecimiento se mantenga sólido, y achaca esta situación a factores puntuales como el frío extremo, las huelgas, la fecha de la Semana Santa, y a la amenaza de guerra comercial lanzada por EEUU.

La reunión de junio será decisiva. Entonces no tendrá más remedio que pronunciarse sobre si la compra de bonos seguirá el próximo año, lo que conllevaría que el aumento de las tasas de interés se retrasaría. Además, todo dependerá de la inflación, la única variable por la que el BCE decide actuar en uno u otro sentido. Las estimaciones la mantienen en los próximos años por debajo del 2% objetivo. Si se disparara, por el incremento de los precios de la energía o de las materias primas, se aceleraría sin más remedio la retirada de estímulos. Si deja margen, y persiste la debilidad de la eurozona, podría incluso incrementarlos. En este último caso, la tragedia estaría al llegar la próxima recesión, que llegará, porque el BCE se encontraría con sus armas gastadas: sin salir del dopaje actual, tendría que diseñar una nueva droga que suministrar para volver a activar la economía.

El BCE y la gestión del miedo

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/3/2018

El que piense que el protagonismo del Banco Central Europeo va a ser menor ahora que la las economías de la Eurozona están recuperadas se equivoca. La etapa actual es incluso más delicada que la pasada. Durante estos últimos años, el BCE ha comprado masivamente activos financieros, engordando su balance hasta los 4,5 billones de euros. No le va a resultar nada fácil deshacerse de todo eso. Tampoco va a ser moco de pavo subir los tipos de interés después de haberlos mantenido tanto tiempo por los suelos. El BCE quiere que la transición sea muy lenta, para no fastidiar la recuperación económica y para que no se produzcan turbulencias en los mercados financieros. Pero cualquier señal que augure un ritmo más rápido puede desatar el miedo. Y, como dijo Montaigne, “no hay cosa a la que se tenga que tener más miedo que al mismo miedo”.

Ha pasado en EEUU, que nos lleva la delantera en este desarrollo. El conocido como el “indicador del miedo”, tras una anormal calma chicha de meses y meses, dio de repente un respingo y subió a más del doble en una sola sesión de febrero. La Bolsa sufrió un importante descenso. Llevaba años creciendo gracias a la política monetaria, que fue debilitando el sentido del riesgo. Ha sido una primera cura de verdad: si los tipos de interés suben, esos precios no son correctos. La posibilidad de que la subida se acelerara por la política fiscal de Trump, que añade palos a una economía que arde con fuerza, desencadenó el proceso.

No le viene mal este suceso al BCE, porque ayuda a que en la Eurozona se tome conciencia de que progresivamente también aquí se irá caminando hacia la normalización financiera. De hecho, ayer, el BCE, que celebró un nuevo Consejo de Gobierno, dio un pasito más en esta línea, suprimiendo la posibilidad de aumentar el volumen de las compras, aunque mantuvo que podrían prolongarse en los términos actuales más allá de septiembre. Los tipos de interés permanecen sin cambios, y así seguirán hasta más allá de que el programa de compras cese.

Draghi se mostró optimista en cuanto al crecimiento, elevando una décima el esperado para la zona euro este año (2,4%). También afirmó que aún no hay presiones inflacionistas preocupantes. Y mientras la inflación lo permita, la retirada de los estímulos será muy gradual, y el BCE podrá conseguir que no decaigan las inversiones de las empresas, y que sigan generando empleo; que no se venga abajo el consumo de los ciudadanos; y que no haya pánicos en los mercados financieros.

Pero en la conferencia posterior salieron a relucir importantes riesgos que podrían perjudicar este proceso, como la guerra comercial que ha declarado Trump o la elevada deuda de algunos países europeos. No son los únicos riesgos. La incertidumbre política de Italia, la actividad económica de China o el problema catalán en España son otros, que aunque no se nombraran están sobre la mesa. Y de fondo de escenario, un mundo con una descomunal deuda, el 318% del PIB, por la que cada subida de tipos causará un gran efecto. En este complicado contexto, el BCE tiene que gestionar bien que no se desmande el miedo. Porque, como decía Sófocles, “todo son ruidos, para quién tiene miedo”.

Draghi, estímulos y reformas

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 27 Octubre, 2017

La política monetaria desarrollada por el Banco Central Europeo (BCE) trae a la memoria una de las increíbles historias del barón de Münchhausen. Concretamente aquélla en que contaba que había sido capaz salir de una pantano cenagoso donde había quedado atrapado con su caballo sin más que tirar de sus propios cabellos. También la Eurozona se ha dado, bajo el mando de Mario Draghi, un fuerte tirón monetario para salir de la crisis. Con el programa de compra de activos, el balance del BCE ha aumentado desde marzo de 2015 en más de 2,2 billones de euros, hasta situarlo en 4,4 billones de euros: nos hemos comprado una ingente cantidad de bonos a nosotros mismos. Al igual que la hazaña del barón Münchhausen es del todo imposible, Draghi sabe que con el esfuerzo monetario sólo no es suficiente.

Está dispuesto a que el tirón monetario, aunque suavizado, siga perdurando. Ayer comunicó que las compras seguirán desde enero hasta septiembre de 2018, si bien reduciendo de los 60.000 millones de euros al mes actuales hasta los 30.000 millones. Y dejó abierta la posibilidad, para entonces, de extender la duración, y de subir o bajar esa cifra. En todo caso, posteriormente, se mantendrá el balance, reinvirtiendo el principal de lo que vaya venciendo. En cuanto a los tipos de interés, ni los ha movido ni lo hará hasta mucho más allá de que las compras cesen.

Pero a pesar del crecimiento y del aumento del empleo, la inflación no termina de estar en su sitio. Esta circunstancia está preocupando a todos los bancos centrales porque pone en evidencia que algo se escapa. Por esto, conviene unir al discurso de ayer el del pasado miércoles, en Fráncfort, Structural Reforms in the Euro Area, donde Draghi lo dijo claro: es totalmente necesario que la política monetaria sea respaldada por medidas de los gobiernos nacionales.

Y señaló que la política monetaria actual es la oportunidad para abordar reformas en el mercado laboral y en los mercados de bienes y servicios, agilizar la apertura de los negocios, acelerar los procesos judiciales, luchar contra la evasión fiscal, abordar intereses creados o mejorar la educación y capacitación. Además, especialmente resaltó que el desafío está en emparejar las reformas con la inclusión, cuidando a los que han sido “dejados atrás” por la expansión de las fuerzas del mercado.

Incluso, se le podría añadir, se debería afrontar cómo se genera y distribuye la riqueza actualmente. En este sentido, Manuel Muñiz, en su artículo Economic Growth Is No Longer Enough, apunta que los modelos de crecimiento nuevos e inclusivos deberían tener en cuenta, por ejemplo, el impacto de la tecnología en el empleo, que hace crecer el de alta y el de poca destreza, vaciando el centro. Y deberían reducir la desigualdad -los ricos lo son más desde 2008-, desplazando la presión fiscal del trabajo al capital, y utilizar nuevos mecanismos redistributivos que complementen el papel decreciente de los salarios en la economía.

La política monetaria está haciendo su papel, ha conseguido que saquemos la cabeza de la ciénaga de la crisis, y la mantiene fuera. Pero la recuperación hay que apuntalarla en tierra firme.

Un Plan E financiero

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 20 Octubre, 2017

Hagamos un poco de historia. La tendencia descendente del euríbor comenzó en 2008, y fue hace tres años, a finales de 2014, cuando los tipos euríbor empezaron a ponerse en rojo. Primero fue el eonia o euríbor a 1 día, pero enseguida le siguieron el euríbor a una semana, a dos semanas, y así se fueron tiñendo de valores negativos los euríbor a plazos más amplios. Pero la noticia no saltó a los medios de comunicación hasta febrero de 2016, cuando alcanzó al euríbor a 12 meses, la referencia utilizada en la mayoría de las préstamos a tipo de interés variable. Ahora el euríbor es noticia de nuevo porque se ha vuelto lo suficientemente negativo como para que la posibilidad remota que existía de cobrar intereses por tener un préstamo deje de ser eventualidad para ser un hecho. Sucede ya con las hipotecas más agresivas de antes de la crisis, con diferenciales de 0,17% y 0,18%.

Así, los hipotecados han ido comprobando año tras año que las decisiones de política monetaria que se adoptaban desde el inicio de la crisis en el Banco Central Europeo (BCE) no eran algo lejano y ajeno, sino que condicionaban la evolución del euríbor, afectando directamente a sus bolsillos con ello: las cuotas se iban reduciendo de forma sustancial en cada una de las revisiones periódicas. Por ejemplo, la cuota de una hipoteca de un importe de 150.000 euros, a 20 años, contratada a euríbor+0,40% , en 2008, cuando el euríbor estaba a 5,3%, era de 1.049 euros mensuales; ahora, para esa misma hipoteca, es de 639 euros: 410 euros menos.

Pero las políticas del BCE no sólo han beneficiado a las familias hipotecadas, sino también al Estado y, principalmente, a las empresas no financieras. Según los datos del Boletín Económico de este organismo, el ahorro neto en intereses en España equivaldría aproximadamente al 4,2% del PIB (el ahorro de los hogares, un 0,8%; el de las empresas no financieras, el 3,2%; y el del Estado, el 0,2%) o, lo que es lo mismo, ha supuesto un ahorro de intereses de algo más de 45.000 millones de euros desde el tercer trimestre de 2008 hasta finales de 2016. Cifra que se incrementará en 2017, y en los próximos años, porque las medidas monetarias están a pleno rendimiento.

Dinero que no se destina a intereses y queda liberado para impulsar la actividad económica del país y el empleo. El mismo objetivo que tuvo el Plan E o Plan Zapatero: fueron más de un centenar de medidas de política económica las que se llevaron a cabo a partir de 2008 para hacer frente a la crisis. Entonces, los 16.000 millones de euros que se movilizaron los soportamos todos los contribuyentes, salieron de los presupuestos. También el BCE nos está proporcionado un plan E, pero a lo financiero: su agresiva política monetaria realmente se ha convertido en una política fiscal encubierta. La diferencia es que los 45.000 millones no han sido soportados por todos. Con sus actuaciones monetarias, el BCE está favoreciendo a algunos agentes económicos y dañando a otros: especialmente están siendo perjudicados los depositantes y ahorradores pequeños. El fin último puede justificarlo, pero ¿está legitimado el BCE para llegar tan lejos?

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Inflación y mercado de trabajo

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/6/2017

Vaya despliegue de conceptos económicos hizo Mario Draghi esta semana, en su discurso de apertura del Foro organizado por el BCE en Sintra. Sacó a relucir la curva de Phillips, la holgura económica, o las tasas U6 y Nairu. El discurso fue todo un alegato a favor de su política monetaria. Y es que su actuación está siendo muy cuestionada por los que se sienten perjudicados: ahorradores, algunos países y la banca. Pero, sobre todo, necesita defenderse del ataque a la premisa mayor: que su política monetaria no está funcionando. Tras años con bajísimos tipos de interés, y de haber llevado el balance del BCE a superar los 4 billones de euros -el 38,2% del PIB de la zona euro-, no ha conseguido cumplir con su mandato. Así que fue directo al grano: ¿por qué la inflación se resiste a alcanzar el objetivo del 2%? Y señala el comportamiento del mercado laboral como una de las causas.

Sí está funcionando -defiende- sus efectos en la economía real se están notando con claridad. Ahí están los 16 trimestres consecutivos de crecimiento, con poca dispersión además entre los países, y ahí están las tasas de crecimiento del empleo: 6,4 millones de puestos de trabajo nuevos en la Eurozona desde el inicio de la recuperación. Sin embargo, esta reactivación de la economía no se está traduciendo en inflación a la velocidad que debiera. Y apunta varias causas. Alguna, más que comentada en el pasado, como los bajos precios en los mercados de energía y de materias primas a nivel mundial. Algunas otras, que por primera vez desarrolla, como la situación del mercado de trabajo.

El empleo que se está creando es precario: a muchos trabajadores les gustaría trabajar más horas o tienen trabajos temporales y quieren ser fijos. Así, en las negociaciones priorizan conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. Además, la cifra de paro oficial es engañosa, debería incluirse en ella a los desempleados, a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. De esta forma, el paro en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa. Por otra parte, la misma baja inflación provoca que suban poco los salarios, se retroalimentan, porque suelen estar indexados.

Confianza, persistencia y prudencia son las tres palabras que destacan en el discurso de Draghi: las pone en cursiva y las repite hasta tres veces. Con ellas afirmaba que va a seguir manteniendo un caldo de cultivo propicio para la recuperación. Y considera que circunstancias concretas, como la baja calidad del mercado de trabajo, retrasan pero no van a impedir que se alcance el objetivo de inflación. Pero el desplazamiento que hace desde los conceptos financieros habituales a los económicos es muy significativo. Ya no habla en abstracto, sino que desciende a señalar problemas económicos concretos que tienen que resolverse: defendía su actuación, pero a la vez estaba lanzando una nueva llamada -como tantas lleva hechas- para que las políticas fiscales acompañen a las monetarias.

(Un año ya a cargo de esta Tribuna Económica. Muchas gracias a todos mis lectores. Espero haber sido útil.)