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Collage financiero

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/2/2021

La semana pasada Jens Weidmann, el presidente del Bundesbank, concedió una entrevista al diario alemán Augsburger Allgemeine. Pocos días antes, alrededor de un centenar de economistas publicaron un manifiesto encabezado por el francés Thomas Piketty y al que se adhirieron la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, y el secretario de Estado de Derechos Sociales y responsable económico de Podemos, Nacho Álvarez. Constituyen dos posturas tan dispares como la noche y el día. Saltan chispas al ponerlas una junto a la otra. Y para los españoles más, si, completando este collage explosivo, colocamos en medio la voluminosa cifra de nuestra deuda pública, publicada esta semana por el Banco de España.

Weidman deja en la entrevista sus dogmas bien claros: el respeto absoluto por la ortodoxia fiscal, por la estabilidad de los precios y por la iniciativa privada. Así, advierte de que las finanzas públicas de la zona del euro deben ponerse en orden después de la crisis del coronavirus. Además, exige que el BCE retire esta política monetaria tan expansiva en cuanto se prevea que se va alcanzar la tasa de inflación objetivo. Tajante, espera que llegado ese momento no le falte determinación al BCE, aun cuando aumenten los costes de financiación para los países altamente endeudados. Por último, afirma que, aunque por la crisis han intervenido masivamente, los estados deben retroceder: lo hacen mejor los empresarios.

La tensión para los próximos años está asegurada. Y España está en el centro de la diana. La deuda pública española ha cerrado 2020 en 1,31 billones de euros, lo que supone un incremento de 122.439 millones de euros, la cantidad que prácticamente el BCE ha comprado. Y si se suman las compras en todos estos últimos años, resulta que el BCE es el dueño de más de 300.000 millones de euros de deuda española. Por otra parte, el déficit público de 2020 supera el 11% del PIB y se espera que continúen muy altos también los próximos años.

Con estas circunstancias, se hace difícil aceptar la rígida postura del alemán: a España le va a resultar imposible sostener su prima de riesgo sólo con sus fuerzas propias. Pero de la solución de Piketty hay que desconfiar, aunque en principio parezca tan ventajosa. No abre el debate sobre la conveniencia de una mayor flexibilidad fiscal y de que la ayuda monetaria se extienda en cantidad y tiempo suficientes para procurar la sostenibilidad de la deuda, sino que propone directamente que el BCE condone las deudas (o transformarlas en deudas perpetuas sin intereses). Supondría el perdón de casi 2.500.000 millones de euros para toda Europa.

El manifiesto no considera las posibles repercusiones que tendría en la inflación y desprecia completamente la disciplina fiscal y el control de la deuda. Con todo, lo peor es la segunda parte de la propuesta: ¡que volvieran a gastarlo! El “perdón del BCE” sería a cambio de que los estados se comprometan a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. Ellos dicen que ese sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino, pero más bien esconde el deseo de aprovechar la oportunidad para incrementar el poder y el control del Estado.

La banca española y la crisis catalana

Carmen Pérez | 29 de noviembre de 2017 a las 8:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 10/11/2017

A final de octubre, Mario Draghi, en la conferencia que ofreció para explicar las decisiones adoptadas de política monetaria, fue interrogado por los periodistas sobre la crisis catalana. “Es muy difícil comentar acontecimientos que cambian a diario”, dijo, asegurando que los siguen atentos porque son de significativa importancia. Las semanas anteriores se habían superado situaciones delicadas con la banca catalana. Basta recordar la amenaza de Oriol Junqueras al BCE de que una posible airada reacción ciudadana podría derivar en una peligrosa “retirada de depósitos” y el intento posterior de hacerla realidad por los independentistas catalanes. O recordar las salidas masivas de depósitos de los bancos de Cataluña, que sólo pudieron detenerse con los cambios de sus sedes sociales. Han pasado unos días y el riesgo financiero se agrava: el proceso de deterioro de la economía española puede llegar a afectar a toda la banca.

Las advertencias sobre este deterioro económico no paran. El servicio de estudios del BBVA ha recortado tres décimas su previsión de crecimiento para 2018. El Banco de España incluso aporta otro escenario más adverso, en el que el descenso superaría el 2,5% del PIB en los próximos dos años. Por su parte, el ministro de Economía, Luis de Guindos, cifró en unos 5.000 millones el impacto del desafío independentista catalán este año. El FMI, consultoras, agencias de calificación y las propias empresas coinciden en asegurar que la economía española se está resintiendo y que el daño será mayor si la crisis se alarga.

Y estos impactos negativos no golpean a una economía sana. La conclusión del Panel de Seguimiento de la Economía Española de la Fundación de Estudios Financieros y el Instituto Español de Analistas Financieros es rotunda: España sigue siendo financieramente vulnerable. La deuda sigue siendo muy alta: el descenso del endeudamiento privado -empresas y familias- ha sido intenso, pero está lejos del nivel recomendado por Europa. Además, su decremento ha ido paralelo al crecimiento de la deuda pública, estabilizada en torno al 100% del PIB, pero a distancia del 60% que marca la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Tampoco ha mejorado la posición deudora respecto al exterior: España sigue necesitando apelar de forma amplia y recurrente a los mercados internacionales para financiarse.

Por ello, es completamente necesario no perder la confianza del inversor o la prima de riesgo iría al alza. En este caso, los bonos soberanos españoles bajarían de valor, perjudicando a los bancos españoles, que los tienen en sus balances en abundancia. Es más, actualmente la credibilidad de un sistema bancario depende -por la protección de los depósitos- de la solidez del país soberano que lo respalda. El perverso bucle riesgo soberano riesgo bancario se podría poner otra vez en marcha.

Quizás sea prematuro, como afirmó Draghi en esa conferencia, temer que esté en riesgo la estabilidad financiera de España. Bruselas también fue muy prudente ayer cuando mejoró incluso las previsiones económicas. Pero los catalanes deberían tener presente este posible y peligroso desarrollo cuando en diciembre emitan su voto.