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“Más pobres que sus padres”

Carmen Pérez | 26 de mayo de 2019 a las 18:10

TRIBUNA ECONÓMICA, 3/5/2019

Benoît Coeuré, miembro del Consejo del Banco Central Europeo y candidato a su presidencia cuando Mario Draghi se marche, se dirige a los jóvenes. Lo hace en Italia, en la Universidad Bocconi de Milán. Les habla a los que no han conocido otra moneda que el euro, a los que se les hace extraño, e incluso imposible, manejar los precios en liras italianas, francos o pesetas. Les habla a los que son Más pobres que sus padres (McKinsey Global Institute, 2016) o, peor, a los que tienen en sentido absoluto más riesgo en el futuro de ser pobres. Desde principios del siglo XX, cada generación ha disfrutado de mejores niveles de vida que la anterior, pero con los millennials se está rompiendo esa tendencia.

Aunque Benoît Coeuré no los nombra, Benoît Coeuré, miembro del Consejo del Banco Central Europeo y candidato a su presidencia cuando Mario Draghi se marche, se dirige a los jóvenes. Lo hace en Italia, en la Universidad Bocconi, y no es casual el momento en que pronuncia este discurso: las elecciones al Parlamento europeo están cerca. El próximo 26 de mayo, millones de ciudadanos de la Unión Europea (UE) están llamados a las urnas. En las últimas elecciones europeas, en 2014, en el tramo de edad de entre 18 y 24 años votó sólo un 27%, frente a una participación media del 43,8%. La lamentable situación de los jóvenes les lleva al escepticismo respecto a Europa. Se teme que en está ocasión la desafección sea aún más alta.

A pesar de que se ha remontado mucho desde la crisis, el desempleo juvenil sigue siendo dos veces más alto que la tasa de desempleo total. Además, las nuevas formas de empleo han afectado especialmente a los jóvenes. Desde el 2000, la proporción de jóvenes que trabajaban a tiempo parcial casi se ha duplicado. Y sus contratos son temporales, el doble que los trabajadores mayores. En la zona del euro, más del 50% de las personas de 15 a 24 años tienen contratos temporales, en comparación con menos del 10% en los Estados Unidos.

¿Qué puede hacer Europa por ellos? Coeuré reconoce que es necesario actuar a nivel nacional y de la UE. Señala dos campos de actuación esenciales: por una parte, gastar más en educación y, en cualquier caso, gastar mejor, elevando su calidad. Más matemáticas, más lectura y más educación científica son sus recetas. Por otra, paralelamente hay que maximizar las oportunidades de empleo, persiguiendo, por ejemplo, que Europa se convierta en líder, en lugar de un seguidor, en la cuarta revolución industrial, y esto no se consigue con un gasto en investigación y desarrollo (I + D) en torno al 2% del PIB, estancado en los últimos 20 años.

Según los datos del informe de la Subsecretaría de Empleo a junio de 2018, la situación en España respecto a Europa es aún peor: menos empleo, sobre todo para jóvenes con niveles de estudio bajos, y con condiciones económicas más deterioradas, con una tasa de temporalidad más alta, y en mayor proporción de carácter parcial. Además, los jóvenes están en esos tipos de contratos sin desearlo: las tasas de temporalidad y parcialidad involuntaria duplica a las europeas. Y un dato andaluz: el 22,3% de la población de 16-29 años son ninis: ni estudian ni trabajan. Acabamos de votar para el Parlamento español, hace poco para el de Andalucía, y pronto para el europeo. A ver qué hacen con este drama: nuestros hijos están afrontando el futuro sin esperanza.

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¿Por qué los salarios no suben?

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/10/2018

En 2014 dejamos atrás la crisis y volvimos al crecimiento económico, y de forma potente. En los últimos tres años el PIB se ha incrementado a un ritmo medio superior al 3% anual. Sin embargo, la evolución de los salarios no ha acompañado como debiera a esta recuperación económica. Ni aquí en España ni en la mayor parte de las economías avanzadas. ¿Qué está fallando? El Banco de España ha publicado esta semana un artículo, La moderación salarial en España y en la UEM, que compara lo que teóricamente se esperaba que pasara y lo que realmente está pasando.

La tasa de paro es uno de los factores con el que usualmente la teoría económica ha explicado los crecimientos salariales. Así, a medida que escasea la disponibilidad de trabajadores en un ciclo expansivo, la presión sobre los salarios aumenta. Pero la realidad ha sido otra. Desde 2013 la tasa de paro ha ido disminuyendo y esta reducción no ha venido paralela al aumento en la tasa de crecimiento salarial que corresponde.

Esto pone de manifiesto que la tasa de paro como tradicionalmente se ha medido no refleja bien la situación del mercado de trabajo de hoy en día. El estudio señala el alto crecimiento de la tasa de trabajadores a tiempo parcial, que están así de forma involuntaria porque declaran estar dispuestos a trabajar más horas. También habría que contar con un porcentaje considerable de desempleados desanimados, que han dejado de buscar trabajo.

Estas conclusiones no son nuevas. Ya hizo referencia a este asunto Mario Draghi, en su discurso en el Foro de Bancos Centrales el año pasado en Sintra, denunciando el precario empleo que se está creando, que conlleva que en las negociaciones se priorice conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. También aludió a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. Y dio una cifra: el paro con estas premisas en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa.

Entonces Draghi explicaba que la inflación no sube si no se elevan los salarios. Pero también podría plantearse esta relación, como en este estudio, en sentido contrario. Así, las expectativas sobre la evolución de los precios presionan en la negociación de los convenios colectivos con el fin de que no se produzca un deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores. Y estas expectativas se han mantenido relativamente moderadas durante la recuperación económica, atascándose inflación y salarios mutuamente.

Con una holgura en el mercado de trabajo tan amplia sólo estaba, y está, en la responsabilidad de los empresarios trasladar a sus trabajadores parte de la mejora que ellos sí han estado experimentando en sus resultados estos últimos años. Sin embargo, la subida salarial sería un hecho con el pacto de PSOE y Podemos para situar el SMI en 900 euros. Y no sólo para los de ese escalón sino que esto presionaría para que mejoraran todos los escalones por encima. ¿Pero es oportuna y conveniente esa medida? Esta noticia saltó ayer a la vez del descenso de las Bolsas provocado en gran parte por las expectativas futuras de desaceleración económica…

‘Trabajos de mierda’

Carmen Pérez | 1 de octubre de 2018 a las 18:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/9/2018

La cuestión que plantea el antropólogo americano David Graeber en su libro Trabajos de mierda (Ariel, 2018) es bien provocativa. Al leer ese título seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza es que se referirá a los innumerables trabajos mal pagados, que conllevan la realización de tareas duras, con horarios agotadores o que se desarrollan en condiciones penosas. Pero no, no va por ahí el planteamiento. El anarquista Graeber califica así “al empleo que es tan innecesario que incluso la persona que lo está haciendo cree íntimamente que ese trabajo no debería existir”. Y afirma que el número de empleos de esa clase es creciente.

Graeber distingue entre esos “trabajos de mierda” y los realmente útiles. Una primera prueba de fuego para saber en qué tipo clasificarlo puede ser imaginar el efecto que causaría si se pusieran en huelga. Así, si paran los que recogen la basura, los transportistas, los enterradores o los enfermeros, por citar algunos ejemplos, el caos se instalaría enseguida en la ciudad. Y también de otros muchos trabajos tenemos claro que benefician a la sociedad, como los médicos, científicos o profesores. Sin embargo, ninguno de ellos suele estar bien pagado, o al menos no tanto como otros cuya utilidad es más discutible.

La tipología que cita es amplia. Asesores de imagen o asistentes personales, cuya única función es que su jefe brille; los que existen sólo porque en otras empresas existen, como los relaciones públicas, televendedores o abogados de empresas; los que realizan tareas -informes, estadísticas, reuniones- prácticamente inventadas por sus jefes con el sólo fin de justificar o dar relevancia a sus puestos; los de supervisión cuando ésta no hace falta; y así un largo etcétera. Y en muchas ocasiones no se dan de forma pura sino que estas tareas inútiles están mezcladas con las que sí tienen sentido y gastan gran parte del tiempo.

La radical división propuesta de Graeber tiene la virtud de hacernos reflexionar sobre el hecho de que a medida que hemos ido ganando productividad gracias a la tecnología hemos ido perdiéndola también al rodear la producción de bienes y servicios de tareas superfluas que no añaden más al bienestar final. Son actividades de “suma cero”. Y no sólo es que la productividad salga perjudicada. Realizar tareas que no aportan, incluso con salarios altos, producen ansiedad y tristeza.

Resulta difícil admitir que en el ámbito privado puedan existir trabajos absurdos. Aunque su utilidad sea muy indirecta, por lógica deben ser necesarios. Si no, la lucha de las empresas en el mercado tendería a eliminarlos. Pero ahí está el fondo del problema. Cada vez hay más sectores en los que la sana competencia brilla por su ausencia. También el ámbito público es campo abonado para que estos trabajos proliferen. Sólo hay que ver la de veces que para la prestación de un servicio necesario se infla rápidamente una empresa pública, con multitud de cargos y de tareas adyacentes. Y el remate se produce cuando los oligopolios se entreveran con lo público, como sucede en el mundo financiero. Conjunción perfecta para que se disparen los “trabajos de mierda”.

Brechas y subidas salariales

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/9/2017

Recientemente hemos conocido dos iniciativas encaminadas a disminuir brechas salariales que existen entre los empleados. Una procede del Reino Unido, promovida por la primera ministra, Theresa May, y su secretario de economía, Greg Clark; y la otra es más cercana, del Partido Socialista Obrero Español, anunciada por Carmen Calvo, la responsable de Igualdad en la Ejecutiva Federal del PSOE. La propuesta británica persigue que se acorten las diferencias entre los sueldos de los trabajadores y los directivos dentro de las empresas; la socialista, que se acorten las distancias entre lo que cobran mujeres y hombres. Ambas utilizan la misma arma para la luchar por sus objetivos: una mayor transparencia con los salarios.

En el Reino Unido, dentro de un amplio paquete de medidas para mejorar el gobierno corporativo, se contempla una norma que obligará a las empresas a publicar anualmente una ratio que mida la relación entre la remuneración de los ejecutivos y la media de la retribución de los empleados. Como señala Sarah O´Connor, en su artículo del Financial Times, el impacto real de esta política no será que bajen los salarios de los jefes, sino que presionará para que se inflen el de todos los demás trabajadores. De hecho, los altos salarios de los ejecutivos se deben en gran parte a la transparencia que siempre ha habido en estos niveles de sueldos en el mercado: las empresas han tenido que competir entre sí para captarlos. Del mismo modo, que los empleados conozcan en qué grado relativo se le está pagando puede empujarlos a pedir aumentos o a cambiar de trabajo.

Por su parte, Carmen Calvo presentará en el Congreso de los Diputados un proyecto de ley de igualdad laboral y salarial para atacar la brecha entre hombres y mujeres, que incluirá la obligatoriedad para las empresas de publicar un cuadro -tablas salariales- con las retribuciones de sus empleados. Esta plena transparencia afectaría también a los directivos y altos cargos, porque la mayor discriminación se da precisamente en los puestos de mayor cualificación y responsabilidad. La medida, mucho más radical que la inglesa, porque no se limita a una ratio, tendría un efecto no sólo en una mayor igualdad de género, sino que conduciría igualmente a sueldos más altos.

Ambas iniciativas se impulsan además en un contexto generalizado de reivindicaciones de subidas salariales. Es como si la Comisión europea les hubiese dado el pistoletazo de salida este verano al determinar que la crisis económica ya había terminado. Hasta Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, señaló hace unos días en su intervención en el Parlamento que “ha llegado el momento de que los salarios suban en Europa”. En España, también esta semana se ha hablado de aumentos salariales para los próximos años. Se están negociando los de los empleados públicos, con la importancia que esto supone para las negociaciones que se desarrollan en el sector privado. Después de una larga crisis, ha llegado la hora de que la recuperación económica nos alcance a todos, y que de camino se lleve por delante las brechas salariales que no estén justificadas.