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Dirigismo financiero

Carmen Pérez | 30 de octubre de 2015 a las 11:17

ESTAMOS acostumbrados a que cada mes y medio el Banco Central Europeo, BCE, realice un comunicado anunciando la decisión que ha tomado respecto a los tipos de interés, manteniendo, elevando o bajándolos respecto a los que habían quedado fijados en la reunión anterior, y explicando su por qué. Esa rutina periódica nos impide sorprendernos del mismo hecho en sí: que un puñado de hombres, los que conforman su Consejo de Gobierno, establezcan los tipos de interés, condicionando así intensamente la economía, que gira en torno a ellos. Y por si fuera poco el grado de intervención que esto significa, en los últimos años están aplicando además una serie de medidas -por ejemplo, la espectacular compra de activos financieros públicos y privados- con las que el BCE ha cambiado definitivamente el papel de mero analgésico que debería tener en la economía a ser protagonista, marcando una época de completo dirigismo financiero.

El mandato que les fue encomendado fue perseguir la estabilidad de los precios en la zona euro, pero actualmente tras este objetivo se están decidiendo cuestiones de una enorme trascendencia, como garantizar la solvencia de los estados miembros. Sólo hay que tomar conciencia de que el BCE se está convirtiendo en el mayor acreedor de los países respectivos. Decisiones que deberían ser tomadas en los parlamentos por los políticos elegidos democráticamente se están tomando implícitamente por esta entidad que tiene instrumentos a su alcance de rápida ejecución, frente a lo engorrosa y lenta que resulta la política.

Las decisiones del BCE además provocan importantes efectos secundarios. De esta forma, en pos del ideal común del control de la inflación resultan beneficiados o perjudicados determinados agentes de la economía. Por ejemplo, muchas familias y empresas endeudadas están de enhorabuena, porque nunca han pagado unos intereses tan escasos por sus deudas. Sin embargo, a los pequeños ahorradores se les ha dificultado enormemente conseguir rendimientos aceptables por su dinero y se ven obligados a invertir en productos financieros que incorporan niveles más altos de riesgo.

Tampoco sus decisiones están exentas de riesgos. Están provocando diferentes anomalías financieras, como que los inversores paguen por prestar, y ya viene siendo habitual que la deuda pública a corto plazo se coloque a rendimientos negativos, o que el Euríbor a los plazos menores cotice también en negativo. Están fomentando la formación de burbujas, porque el crédito barato y la abundante liquidez alimentan el precio de determinados activos por encima de lo racional. Y, por si todo lo anterior no fuera bastante, están produciendo una mala asignación de los recursos con efectos perversos en la economía real porque afectan a la estructura productiva: empresas que en un contexto normal no recibirían financiación o su coste sería muy elevado están recibiendo crédito barato, obstaculizándose el proceso de mutación económica, o como lo definió Schumpeter, el proceso de destrucción creativa.

Por otra parte, hay que ser conscientes de que sus instrumentos no atacan las causas profundas e incluso pueden perjudicar su solución. Así, la distorsión artificial que están provocando en los mercados de bonos persigue que los gobiernos endeudados puedan seguir disfrutando de un bajo coste, pero esta ilusión de sostenibilidad puede retrasar las reformas estructurales necesarias que permitan el desarrollo cuando las condiciones artificiales beneficiosas desaparezcan.

No debe ser nada fácil estar tomando estas decisiones. Cuando las comunican, cada mes y medio, intentan trasmitir una imagen de seguridad, pero es posible que tras sus fachadas tecnócratas se encuentren confusos, porque aunque todo se ha vuelto muy científico y sofisticado, lleno de datos, cálculos y predicciones, es dudoso que dominen plenamente las herramientas que utilizan, tanto las clásicas como las nuevas y brillantes ideas con las que están innovando. El caso es que en similares circunstancias se encuentran otros muchos países, como EEUU o el Reino Unido, en los que sus bancos centrales han tomado también el mando, reaccionando todos a cada movimiento de los otros, sin saber ninguno cuando se parará este proceso. Y menos sencillo aun resultará desandar lo andado. Nos quedan así muchos años de dirigismo financiero, pero bien pensado, es la consecuencia lógica del mundo completamente financiarizado que llevamos décadas alimentando.

¿Están siendo los ahorradores “expropiados”?

Carmen Pérez | 8 de julio de 2015 a las 10:34

Ante la acusación de algunos medios de comunicación y de ciertos economistas alemanes de que se estaba produciendo una expropiación a los ahorradores  – como el banco central ha bajado tanto el tipo de interés básico (0,05%) se  está abaratando el crédito para los prestatarios pero los ciudadanos no están obteniendo intereses por sus ahorros- , el BCE vio la necesidad de encargar a unos especialistas que estudiaran este tema y otros relativos a la conveniencia de sus políticas monetarias. El informe resultante,  «Critique of accommodating central bank policies», ha sido publicado por el BCE recientemente.

Los autores concluyen negando este efecto. Sus argumentos pueden resumirse en estos puntos:

–  El BCE afecta a los rendimientos nominales, no a los rendimientos reales (una vez descontada la inflación), que son los que les interesan a los ahorradores.

–  Si los rendimiento reales del ahorro son bajos es porque estamos en una fase de débil crecimiento económico.

–  Para elevar los rendimientos reales  hay que aplicar  políticas favorables al crecimiento que  fortalezcan la economía real. No es la política monetaria la que puede cambiar esta situación, pero sí puede actuar en su apoyo.

–  Si el BCE no aplicara la política monetaria adecuada (minorando  los tipos de interés nominales a largo plazo ante  un escenario de debilidad económica y baja inflación, como el que tenemos ) podría frenarse la economía aun más, perjudicando las perspectivas de rendimiento real a largo plazo de los ahorradores. Además, el mandato del BCE es  garantizar la estabilidad de precios (objetivo inflación por debajo, pero cercano, al 2%).

En definitiva, nos dicen, si no actuara, las perspectivas futuras serían peores. Los ahorradores pueden estar perdiendo a corto plazo pero obtendrán más dinero a largo plazo. Que sus políticas monetarias son correctas, tanto por su mandato respecto a la inflación como para ayudar a la recuperación económica.

Todo esto está muy bien, pero si volvemos a la  pregunta inicial, la respuesta es afirmativa: los ahorradores actualmente están perjudicados con las tasas tan bajas que impone el BCE, aunque,  eso sí, es lo mejor que se puede hacer por ellos a largo plazo, y pueden tener esperanzas de que compensarán en el futuro. ¿Alguien se consuela?

https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpops/ecbop161.en.pdf

 

Tipos de intervención del BCE

Carmen Pérez | 3 de junio de 2015 a las 12:29

3 de JUNIO de 2015 – Decisiones de política monetaria

BCEEn su reunión de hoy, el Consejo de Gobierno del BCE ha decidido que los tipos de interés aplicables a las operaciones principales de financiación, la facilidad marginal de crédito y la facilidad de depósito se mantengan sin variación en el 0,05 %, el 0,30 % y el -0,20 % respectivamente. Es decir, mantener los tipos vigentes.

Ante estas decisiones periódicas del BCE conviene subrayar lo siguiente:

  • Son una forma de intervención muy importante en la economía. Estos tipos de interés que fija el BCE se trasmiten a la economía real, influyendo enormemente en todas las decisiones de inversión y financiación que finalmente tomamos las familias, las empresas, y las administraciones públicas. Aunque ciertamente vivimos en una economía de mercado, en donde no se planifica qué producir, cuánto producir y dónde producir, la intervención se realiza en la actualidad, entre otras vías, mediante el control de esta variable clave para todas las decisiones económicas.
  • Actualmente, el BCE persigue manteniendo estos tipos de interés tan bajos, e incluso negativos para la facilidad de depósito, que la inflación se eleve hasta el 2%, objetivo único fijado en sus Estatutos: así, estos tipos estimularán el consumo y la inversión, dando lugar a una recuperación económica, que debe traducirse en un aumento de los precios, También, favorecen la depreciación del euro y fomentan con ello las exportaciones y, por último, abaratan la financiación de los Estados.

(Para ver cómo se trasmiten desde el BCE los tipos de interés a la economía real, ver http://blogs.grupojoly.com/pressing-cash/2015/03/24/el-banco-central-europeo/ )