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Hipotecas aberrantes

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/10/2020

Hace más de cinco años que aparecieron las primeras noticias sobre los préstamos a tipos negativos. Financial Times publicó un artículo el 8 de abril de 2015 sobre Dinamarca (Denmark highlights naked truth about negative lending), señalando que una terapeuta sexual danesa había saltado a la fama no por su oficio, sino por endeudarse a tipos negativos: recibía dinero y encima cobraba por ello un -0,0172% anual. Era el primer ejemplo de un mundo financiero al revés. Muchos por entonces eran escépticos sobre que esto lo veríamos aquí; también, cuando se pronosticaba que no era algo puntual, sino que continuarían por mucho tiempo. Pero así ha sido.

En poco tiempo las anomalías en préstamos llegaron a Europa, el Euríbor se volvió negativo a comienzos de 2016 y comenzaron a aparecer los primeros casos, todavía esporádicos, ligados a algunos trabajadores de la banca que disfrutaban de diferenciales preferentes. Ahora esta circunstancia empieza a extenderse por la profundización del euríbor en terreno negativo. El Euríbor a 12 meses cerró ayer en el -0,468%. Se estima que el volumen de hipotecas que tienen pactado un diferencial por debajo es de 300.000 millones de euros.

Los bancos se resisten a ello. Desde junio del año pasado, con la reforma hipotecaria, los nuevos contratos nacen con cláusulas que limitan la bajada hasta el 0%. Pero no tienen nada que hacer con los antiguos, en los que no se incluía ese suelo (¡quién iba a pensar esto!). La defensa que aluden sobre que es algo irracional que contradice la esencia de la actividad prestamista se cae por su propio peso: los bancos son los primeros que se endeudan a tipos negativos con su banco central. Y los Estados reciben financiación a tipos negativos. En España sólo pasa con las letras y los bonos de menor plazo, pero a Alemania le llegan hasta sus bonos a 20 años (-0,349%).

Lo ha tenido que reconocer José Manuel Campa, presidente de la Autoridad Bancaria Europea, en su intervención en el Parlamento Europeo de este martes, preguntado por el eurodiputado Luis Garicano: los bancos tendrán que pagar a los particulares por sus préstamos si la suma del Euríbor y el diferencial pactado resulta negativa, y el contrato no tiene límite inferior señalado.

Ahora bien, las anomalías también empezaron a llegar desde 2015 por el otro lado, cuando los bancos comenzaron a cobrar a sus mayores clientes corporativos e institucionales por el dinero depositado en sus cuentas. Siguiendo la aberración financiera instalada deberían aplicar lo mismo al público en general en las cuentas corrientes y depósitos. El miedo a corridas bancarias los retiene. De momento.

Todo esto es producto del desmadre de la deuda durante décadas, que continúa, aunque desplazado al sector público. Nada nuevo. En Mesopotamia ya se producían crisis de deuda y se tomaba ante ellas una solución radical: hacer borrón y cuenta nueva. La Biblia también recogió esta tradición con la institución del jubileo: como Dios así lo manda: cada 50 años se debe hacer con las deudas tabla rasa (Levítico, 25, 8 y ss.). En la actualidad esto es inadmisible, y la purga se hace con los tipos negativos, pero este camino es lento, muy lento.

El Euríbor negativo, un lento jubileo

Carmen Pérez | 2 de septiembre de 2019 a las 9:36

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/8/2019

Tiene usted una hipoteca o un préstamo a tipo variable? ¿Cuál es el diferencial que tiene pactado para sumar al Euríbor y conformar el tipo de interés?, ¿es este diferencial menor del 0,30%? Si es así, desde este mes va a empezar a cobrar intereses. Pasará a pertenecer a un mundo loco, donde se perciben intereses por las deudas en vez de pagarlos. Los que tengan diferenciales mayores también lo notarán, verán cómo sus cuotas mensuales bajan, y quizá con el trascurso de los meses alcancen ese mundo invertido. Los endeudados llevamos años dándole las gracias a Mario Draghi cada mañana por aliviar nuestras cargas, y vamos a seguir -al menos otros pocos más- dándoselas.

Desde que se desató la crisis -una crisis por acumulación excesiva de deuda, recordemos-, el Banco Central Europeo ha ido afectando al Euríbor con sus decisiones. El Euríbor a doce meses -el indicador usualmente utilizado- fue bajando y bajando. Tanto, que en febrero de 2016 marcó un hito: su cotización empezó a estar por debajo del 0%. Y siguió descendiendo, adentrándose cada vez más en territorio negativo hasta alcanzar un mínimo, el -0,191%, en febrero del año pasado. Por entonces se dio la vuelta y emprendió el camino contrario. Se suponía -era lo planificado- que sería el retorno a la normalidad financiera. Pero esa situación duró poco. En los últimos meses los descensos han sido radicales. El mes de julio cerrará con una media de -0,30%.

Ante tal anomalía, resulta interesante revisar la Historia. En el magnífico libro Dinero (RBA, 2016), Félix Martín, su autor, cuenta que en Mesopotamia ya se producían crisis de deuda, y se tomaba ante ellas una solución radical: hacer borrón y cuenta nueva. Las pruebas más antiguas de que esto se aplicaba cuando la carga del endeudamiento se hacía insoportable datan del reinado de Enmetana de Lagash, sobre el año 2400 a.C. Posteriormente, la Biblia recogió esta tradición con la institución del jubileo. Puede leerse en el Levítico (25, 8 y ss.) como Dios así lo manda: cada 50 años se debe hacer con las deudas tabla rasa. En Grecia, el poeta y estadista Solón en el siglo VI a.C. importó esta práctica pero con una diferencia fundamental. La supresión de cargas no era un mandato divino, había que ejecutarla mediante decisiones emanadas de la política democrática.

Sorprende saber que desde siempre existieron crisis de deuda. Sólo nos hemos empeorado haciéndolas cada vez más enormes y sofisticadas. Y tanto antes como ahora, cuando el exceso de deuda hace que todo estalle, no queda más remedio que aligerarlas. Actualmente la responsabilidad la asumen en gran parte los bancos centrales con sus medidas de política monetaria. Esa solución tan drástica -e injusta- del pasado de perdonar y empezar de nuevo está completamente descartada, pero bien mirado tampoco la hemos cambiado tanto: la reestructuración sigue provocando que unos salgan perdiendo y otros salgan ganando. El Euríbor negativo es como una forma leve de jubileo que favorece a los endeudados y que se ceba con los ahorradores conservadores, esto es, con los depositantes. Ahora la deuda no se enjuaga de golpe sino que se suda a base de años.