Prensa e internet: pasado, presente y futuro

Susana Caballero | 27 de diciembre de 2010 a las 20:12

[El Día de Córdoba, en el que trabajé durante seis años, sus primeros seis años de vida, celebra ahora su primera década en los quioscos, y su director, Luis J. Pérez-Bustamante, me pidió que escribiese un reportaje sobre los periódicos, el periodismo e internet para incluirlo en el suplemento especial que estaban preparando. Este es el resultado].

En los últimos años los avances tecnológicos han afectado a casi todos los sectores, pero en pocos esa evolución ha sido tan revolucionaria como en el periodismo, en especial el conocido como escrito, tanto en su sistema de producción como en el de distribución e incluso en el consumo. Aunque a quienes empiezan ahora en este negocio les parezca prehistórico, no hace tanto que las máquinas de escribir salieron de las redacciones, y en la mayoría de ellas hay veteranos que recuerdan cómo se trabajaba entonces y que los despachos de agencias, o teletipos, salían por una impresora y había que ir a recogerlos, cortarlos y distribuirlos entre las secciones correspondientes.

Después llegaron los ordenadores. Pero no se parecían en nada a los de ahora. Lo del interfaz gráfico (ver qué es lo que uno estaba haciendo, como los actuales sistemas operativos) tardaría aún en llegar. Había que conformarse con unas letras verdes sobre fondo negro y aprender una interminable serie de códigos para pasar de una a otra parte de la página, y cuando llegó internet lo hizo muy poco a poco, con un solo ordenador conectado al que se accedía previa petición y sólo si había una justificación profesional para ello.

Y casi de un día para otro llegó el futuro. Editores visuales, con las aplicaciones para ver teletipos y fotos integradas y tres combinaciones de teclas maravillosas, aunque por desgracia la ciencia aún no ha sabido trasladarlas al mundo real: Ctrl+C (copiar), Ctrl+V (pegar) y la mejor de todas, Ctrl+Z (deshacer). Ese futuro también llegó a la distribución, y de paso revolucionó la forma en que los lectores consumen los contenidos producidos en las redacciones.

El salto a la Red

La primera página web de El Día de Córdoba debutó en la Red sólo unos meses después de que el periódico llegase por primera vez a los quioscos. Aunque para su época no estaba mal, no resistiría la comparación con cualquier blog de hoy en día. Se reducía a trasladar a la web lo publicado en el periódico impreso, no se podían incluir enlaces, ni vídeos, ni más de una foto por noticia ni, claro, permitía comentarios de los lectores. Y actualizarlo a lo largo del día era una tarea titánica, tanto que ni se intentaba, aunque hubo un día en que sí hubo que actualizarlo, el 11-S.

Unos años después la web de El Día de Córdoba cambió, y poco tiempo más tarde lo hizo de nuevo para llegar a la que hoy está en la Red, con la distribución del contenido en tres columnas: la izquierda para la información local, la central para la nacional e internacional y la derecha para encuestas, galerías, encuentros, blogs y promociones. Aunque el cambio estético es importante, el verdadero salto en este campo es la diversificación de contenidos que podemos ofrecer a nuestros lectores y que a esta fiesta ellos también están invitados. Donde antes había sólo texto plano y puede que alguna foto, ahora hay texto enriquecido con enlaces a nuestra propia hemeroteca o a otras fuentes de información, con imágenes, vídeos, galerías, encuestas y artículos de los blogs de la red del Grupo Joly.

Todo ello lo pueden comentar los lectores, y aportarnos información, sugerencias o críticas, porque ellos también contribuyen a hacer cada día el periódico, y por eso no fallan cuando les pedimos que compartan sus imágenes sobre aquella nevada de la que casi todos hicimos fotos, o de las últimas inundaciones, y también esperamos que compartan con nosotros su alegría si (crucemos los dedos) Córdoba consigue la tan ansiada Capitalidad Cultural. Y para los que prefieren tenerlo todo en su red social en lugar de andar zascandileando por internet, también podrán encontrarnos en Facebook y en Twitter, donde cada día sumamos amigos y seguidores y donde además ofrecemos coberturas en directo.

El futuro

El presente es, sin duda, estimulante, y también lo es el futuro, por mucho que haya agoreros que, no se sabe con qué propósito, vaticinen el fin de los periódicos e incluso el fin del periodismo a manos de internet. No hay una guerra entre la Red y el papel. No son enemigos, y no tienen por qué serlo. Son simplemente dos canales de distribución, dos formatos, para un contenido que sale de la misma redacción, que elaboran las mismas personas y que, al fin y al cabo, sigue siendo escrito. Hace ya mucho que el medio dejó de ser el mensaje (y 30 años de la muerte de Marshall McLuhan), y ahora el mensaje es el mensaje y la noticia la noticia, no importa cómo la contemos, si es en 140 caracteres, en un reportaje multimedia o a cinco columnas en portada. Nada de eso importa ya. Importa contar al lector lo que quiere saber, o lo que puede que le interese sin que sepa que lo busca. Importa satisfacer esa demanda y gracias a internet contamos con las herramientas para saber quién llega a nuestra web, de dónde viene, cuánto tiempo está en ella y qué es lo que lee. Sabemos por los trending topics de Twitter los temas de los que todo el mundo habla, sabemos por Google qué buscan los internautas. Y sabemos que frases como “eso no le interesa a nadie” o “esto le va a encantar a la gente” no se deberían volver a pronunciar en una redacción si no se acompañan con informes de analítica web porque ahora sabemos qué interesa y qué no.

Es probable que un día no muy lejano se dejen de imprimir periódicos, pero eso no supondrá ni el fin de los periódicos ni el fin del periodismo, como la televisión no acabó con el cine ni la radio con los primeros periódicos. Había periodismo mucho antes de que se imprimiera y lo seguirá habiendo mucho después, porque siempre habrá historias que contar, gente interesada en conocerlas y profesionales dispuestos a contarlas.

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