Antonio Resines: “Descargar es robar”

Susana Caballero | 12 de enero de 2011 a las 18:51

Antonio Resines ha presentado hoy, junto a su director, Jesús Bonilla, la película La daga de Rasputín. Tras una serie de frases, que no argumentos, en defensa de la comedia española (como siempre, criticando a la estadounidense, cinematografía que, como todos sabemos, apenas tiene obras maestras cómicas, aunque eso es otro asunto), el actor, que siempre me ha caído bien, que conste, se despacha a gusto sobre la ley Sinde, las descargas, internet y todos esos avances que van a terminar con el mundo tal y como lo conocemos. Copio directamente del teletipo distribuido por Europa Press (las negritas son mías):

Preguntado por la situación actual del cine y por la recientemente rechazada ley Sinde, Resines es tajante y señala que se trata de una ley que, a su juicio, es “timorata”, y que exige “mucho menos de lo que se debería hacer con una ley que está admitida en toda Europa, donde hay sistemas controlables judicialmente para que la gente no descargue, porque eso es robar”. Por ello, no entiende cómo se ha rechazado una ley “suave” que impide robar. “Así como la gente cobra por su trabajo, nosotros también queremos cobrar. Además, si los productores no perciben nada, es imposible que hagan otra película. Si no recaudas nada, quien ha puesto dinero no va a volver a invertir en otro proyecto”, lamenta el actor.

Lo de la ley “admitida en toda Europa” es gracioso. Lo de “descargar es robar” no sé si es por puro desconocimiento o porque, como tantos otros, tiene asimilado ese discurso que hace ya años les grabaron a fuego organizaciones como la SGAE. Lo que sí sé es que La daga de Rasputín, con todos mis respetos, no tiene pinta de colocarse este fin de semana en el top de descargas, así que tendrán que buscar otra excusa si no consigue los resultados de taquilla que esperan, que ya está muy visto eso de echarle la culpa de todo a internet.

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Regalos tecnológicos: ¿qué hago con esto?

Susana Caballero | 11 de enero de 2011 a las 22:35

El último episodio de la serie The Big Bang Theory, The Bus Pants Utilization, arranca con uno de sus protagonistas, Howard Wolowitz, tratando de hacer entender a su madre por teléfono cómo funciona el trackpad del portátil que le acaba de regalar. Es de suponer que más de un hijo/nieto se enfrenta estos días al mismo problema: he regalado a mis padres/abuelos un cacharro con el que no saben qué hacer y ahora yo tampoco sé qué hacer con ellos. En la serie, Sheldon Cooper (otro de los protagonistas, el más -por decirlo de alguna manera- particular) propone algo así como azotar en público a un par de personas mayores poco diestras en los quehaceres tecnológicos para dar ejemplo y que los demás se esfuercen más (Luis Rull, un crack que está siempre al quite, me ha proporcionado el enlace al vídeo en cuestión), pero desde aquí propondré algunas soluciones menos radicales, porque a veces se nos olvida que también hubo un día en que nosotros nos sentamos por primera vez ante un ordenador y ni siquiera sabíamos encenderlo (bueno, no tanto, pero creo que se entiende lo que quiero decir).

Hay distintos cacharros y distintos niveles de dificultad, tanto en el manejo del cacharro en cuestión como en el manejo de los profanos que tienen que enfrentarse a él, así que empezaremos por lo más difícil: los ordenadores. En principio los obstáculos son diferentes si hablamos de uno portátil o de un sobremesa, pero lo bueno de los usuarios realmente inexpertos es que, como nunca han tocado uno, no tendrán que adaptarse a, por ejemplo, las particularidades de un portátil (como le pasaba a la madre de Wolowitz). Es lo mismo que cuando enseñas a alguien a usar un navegador web. Como no conoce ninguno no hay que efectuar evangelización alguna y puedes presentarle directamente Firefox o Chrome (tras los aceptables resultados obtenidos en el ensayo de campo que he llevado a cabo con mi padre, aconsejo comenzar por este último por su simplicidad). No pretendo engañar a nadie: lo que sigue son solamente unas cuantas dosis de sentido común que prevendrán y repararán los inevitables conflictos que el nuevo cacharro está a punto de causar en su familia, si es que no lo ha hecho ya:

-Supuesto 1: Me han regalado un ordenador y no sé qué hacer con él.
-Solución: Llame al que se lo ha regalado, que normalmente será un familiar con el que tendrá la suficiente confianza como para llamarlo sin problemas. Él le guiará y resolverá sus dudas.

-Supuesto 2: He regalado a mi padre/madre/abuelo/abuela un ordenador y no sé qué hacer con él/ella.
-Solución presencial: Pase con él/ella unas cuantas tardes hasta que se haya hecho con los conceptos básicos. Recuerde que probablemente jamás habrá tocado un ratón (o un trackpad), que si no tiene habilidades mecanográficas no sabrá dónde están las letras (y que es posible que le cueste recordar las combinaciones de teclas especiales) y que no va a entender por qué en unos casos hay que hacer click una sola vez y en otros dos. Recuerde también que debe tener paciencia, evitar ponerse nervioso o gritar, porque eso no ayuda al aprendizaje y puede provocar en el alumno un bloqueo que termine con el nuevo cacharrito guardado en su caja para los restos (o en la basura) y la firme promesa de no tocar jamás ningún dispositivo similar.
-Solución a distancia: Instale Log me in (es el que yo uso con mi padre, por eso lo recomiendo, pero hay muchos más) o cualquier otra aplicación de acceso remoto para poder entrar al ordenador de su familiar, arreglar los estropicios que pueda haber causado y guiarle paso a paso en lo que no sepa resolver. Aunque haya quien piense que este tipo de programas se crearon para reparar equipos, aumentar la productividad y chorradas por el estilo, la verdad es que todos ellos fueron creados por gente que necesitaba acceder a los ordenadores de sus padres y solucionar sus problemas. (Un consejo personal: cuando le llamen para pedirle ayuda, encienda su propio equipo y arranque la aplicación de acceso remoto que haya escogido. No importa que crea que pueda solucionarlo por teléfono sin hacer uso de su ordenador, porque no podrá. Con el equipo en marcha desde el principio ahorrará tiempo).

Aunque habrá muchas madres de Wolowitz por ahí, imagino que el regalo estrella de las pasadas fiestas navideñas habrán sido los lectores de libros electrónicos. En este caso no es suficiente con el sentido común, porque entran en juego variables como formatos de archivos, dónde encontrar los libros y cuestiones parecidas. Admito que no estoy demasiado ducha en el tema, pero intentaré aportar algo de luz al asunto.

-Supuesto: Me han regalado un lector de libros electrónicos y no sé qué hacer con él. Obviamente, lo que se hace con él es leer libros, pero primero hay que saber qué tipos de libros lee y después dónde buscarlos.

-Solución (primera parte): Lo primero que debe averiguar es qué tipo de lector es (marca y modelo) y, sobre todo, con qué tipos de archivos se lleva bien. Aunque hay formatos más extendidos que otros, lo cierto es que no hay uno estándar, así que su aparato normalmente leerá sólo unos cuantos de esos formatos, como ePub, fb2 o los más habituales rtf, doc, pdf o html (aunque hay muchos más). Lo ideal es que se haga solamente con archivos compatibles con su dispositivo, para ahorrarse la molestia de convertirlos. Si sólo puede encontrar el título que busca en un formato no compatible, no hay problema. Descárguese algún programa como Calibre y él se encargará de convertir sus archivos. (Si le han regalado un lector de libros pero no tiene ordenador o lo tiene pero no sabe qué hacer con él, vaya a la solución propuesta más arriba para el supuesto 2: llame al que se lo ha regalado y pídale ayuda; también, como siempre, sirve la opción Google, aunque seguro que el regalador se alegrará de saber que está dándole uso a su presente).

-Solución (segunda parte): Una vez familiarizados con lo que puede o no leer el cacharro que tenemos entre las manos, llega la cuestión más importante: ¿dónde encuentro libros para leer? En un país civilizado basta con conectar el dispositivo en cuestión a internet, ir a una librería (Amazon, Barnes&Noble o Borders, por citar grandes cadenas), buscar el libro que queremos o dar una vuelta hasta encontrar uno que nos guste, comprarlo, descargarlo y empezar a leer. Pero ya decía el otro día que algunas cosas no funcionan en España igual que en el resto del mundo. Para no extenderme demasiado sobre el tema, en España es mucho más fácil adquirir libros por cauces alternativos que por los oficiales (si es usted un neófito, ni se le ocurra entrar en Libranda -ni voy a poner el enlace-; los usuarios expertos son incapaces de comprar libros a través de ella…), así que, partiendo del supuesto de que quien está leyendo esto busca títulos en español, aquí van un par de recursos:

  • Libros en red: Su catálogo no es infinito pero está bastante bien provisto. Tiene libros en inglés y en español, unos gratuitos (sólo hay que registrarse) y otros de pago. Todos se descargan directamente tras la compra o selección. Disponibles en pdf y en lit (Microsoft Reader). También tienen audiolibros y libros impresos y además es una plataforma de publicación para autores.
  • Proyecto Gutenberg: Iniciativa colectiva sin ánimo de lucro que pone en la Red a disposición de los usuarios miles de títulos libres de derechos de autor. Aunque su punto fuerte es el inglés, tiene un par de centenares en español. Mucha literatura clásica, claro.
  • Qué de libros: Aquí tienen casi de todo (también novedades), y en muchos formatos, aunque no todos los títulos están disponibles en todos ellos.
  • El Baúl de Ginaddyn: Completo blog en el que, además de reseñas su autor (o autora, que no sé si su apodo es masculino o femenino) incluye enlaces para descargar los libros en cuestión.
  • Papyrefb2.net: Como su propio título indica, libros en fb2, formato que se lleva la mar de bien con los dispositivos Papyre. Reúne más de 7.000 libros. Alguno habrá que le guste, ¿no?
  • Vagos.es: Aparte de otras muchas cosas, tienen un foro donde sus usuarios comparten enlaces de descarga de libros. Aquí también hay mucho donde elegir.
  • Todo ebooks: Otro blog, con un buen catálogo para descargar. Se pueden obtener de forma individual o por paquetes temáticos que sus autores recopilan.
  • Y, para que no se diga, dejo también los enlaces a las tiendas de Leqtor, Amabook, y las correspondientes secciones de la FNAC, Casa del Libro y El Corte Inglés. Otro día hablamos de los precios…

Para cerrar el quiosco por hoy pensé en hablar de esos afortunados a quienes los Reyes Magos (o cualquier familiar o ser querido) han dejado un iPad en el regazo (por cierto, no se depriman por la inminente segunda edición: la primera es magnífica y lo seguirá siendo después, sólo que la segunda será un pelín más magnífica), para explicarles también un poco cómo funciona y qué hacer con él. Un segundo después recordé que eso no es necesario con el iPad:

Firefox le gana a Explorer, pero sólo en Europa (y en la Antártida)

Susana Caballero | 4 de enero de 2011 a las 23:16

38,11 por ciento para Firefox y 37,52 por ciento para Internet Explorer. La diferencia no es mucha, y se limita a las fronteras europeas, pero para algunos los datos publicados por StatCounter bien merecerán algún que otro brindis. 2010 se cerró en Europa con el navegador de Mozilla un pelín por encima del de Microsoft y con el de Google, Chrome, como en casi todo el mundo, subiendo como la espuma. A lo largo del año pasado, Internet Explorer perdió en Europa al 7,39 por ciento de sus clientes, y Firefox al 1,75. Todos esos usuarios, y algunos más, cayeron en los brazos de Chrome, que pasó del 5,78% de cuota con el que arrancó 2010 al 14,58 con el que cerró el ejercicio. Por su parte, Opera y Safari se mantienen estables en dura pugna por hacerse con el cuarto puesto, muy lejos, eso sí, de Chrome, con el que arrancaron el año casi emparejados.

¿Qué ocurre en el resto del mundo? Explorer sigue seguro en su trono como el navegador más usado del planeta. Aunque ha cedido un 8,31 por ciento, sigue siendo el preferido por el 46,94 por ciento de los usuarios. Le sigue Firefox, que apenas experimentó variaciones en 2010, año que cerró con un 30,76 por ciento, y Chrome, que terminó el año con casi el 15% de cuota desde el 6% con que abrió 2010. La situación de Opera y Safari es similar, pero en el cómputo mundial el navegador de Apple marcha bastante por delante.

En España manda Explorer, con casi un 50% de cuota y algo más de un cinco por ciento de pérdidas desde el inicio de 2010; le sigue Firefox, que cierra 2010 con un 29,43% (lo inició con un 32,7%) y tercero marcha Chrome, que pasa del siete por ciento de enero al 16 por ciento de diciembre. Opera ni siquiera llega al uno por ciento (0,95) y Safari, con el 3,67%, cerró el año prácticamente como lo empezó. La situación de los navegadores en España no es muy diferente a la del resto del mundo, aunque no tiene nada que ver con lo que pasa en Europa, como de costumbre. Si al final va a tener razón Angela Merkel en querer echarnos del euro…

PD: En la web de StatCounter se pueden consultar los datos país por país, lo que depara curiosidades como que en la Antártida el amo es Firefox, aunque en 2010 perdió un 10% de cuota de mercado y cerró diciembre con sólo un 78,71%, o que en el Sahara Occidental no hay datos que mostrar.

Google Zeitgeist: lo más buscado en 2010

Susana Caballero | 1 de enero de 2011 a las 21:08

“El espíritu del tiempo”. Eso es lo que significa en alemán la palabra Zeitgeist, que suele emplearse para aludir al “clima cultural e intelectual de un periodo de tiempo”. Y también es el nombre con que Google bautiza sus resúmenes anuales sobre los términos o temas más buscados por sus usuarios en todo el mundo y cuyos resultados se pueden consultar país por país o de modo global.

Como es de suponer, los grandes acontecimientos mundiales del año han acaparado durante 2010 la atención de casi todo el mundo alrededor del globo, y por eso eventos como el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, los Juegos de Invierno de Vancouver, el terremoto de Haití, el vertido de BP en el Golfo de México o la nube de cenizas del volcán Eyjafjallajökull centraron buena parte de las búsquedas del año (en Google se puede consultar su relevancia por mes y por país).

En todo el mundo, los términos de búsqueda con mayor crecimiento fueron Chatroulette (un sitio web ruso para chatear al azar con desconocidos que saltó a la fama por el excesivo gusto de sus usuarios masculinos por exhibirse), el iPad de Apple y el cantante Justin Bieber. Los tres términos cuyo interés decreció más con respecto al año pasado son swine flu (la gripe A), wamu (Washington Mutual, una entidad financiera adquirida por Chase tras protagonizar un estrepitoso fracaso) y new moon (Luna nueva; es de suponer que por Crepúsculo).

En el campo del entretenimiento, las tres búsquedas con mayor crecimiento son Justin Bieber, Shakira y Eminem, mientras que mundial 2010, olympics y espn3 (un canal estadounidense que emite deportes en directo on line) ocupan los primeros puestos en deportes y el iPad, el iPhone 4 y el Nokia 5530 son los que más suben en el ámbito de la electrónica de consumo; Haití, Besiktas y Chile son las noticias más buscadas y Justin Bieber, Katy Perry y Selena Gómez son las personalidades con mayor crecimiento.

Mientras, en España, la lista de términos más populares en las búsquedas de Google no desvela sorpresas (Facebook, Tuenti, Youtube, Hotmail y Marca), ni sorprende tampoco que en deportes lo que más se buscase fuese fútbol, Marca, Mundial, Comunio (una liga virtual) y Real Madrid, o que las palabras más utilizadas para buscar noticias fuesen Madrid, Real Madrid, España (así, en general), Barcelona (probablemente el equipo de fútbol) y Alonso (¿Fernando o Xabi?).

En cuanto a los emergentes (los que más subieron con respecto a datos anteriores), la lista la encabezan el juego on line Farmerama, gmail correo electronico (con poner gmail es suficiente), hotmail iniciar sesión (aquí también basta con la primera palabra), marca.es (hay quien sigue buscando así en lugar de teclear directamente en la barra de direcciones) y Twitter.

Por subsecciones, los temas noticiosos emergentes fueron iPad, Vancouver 2010, Tomás Gómez, Trinidad Jiménez (en las listas de Google también se le adelantó su rival por la candidatura madrileña) y Baltasar Garzón. La lista de nombres emergentes es bastante más prosaica: Paula Prendes (la reportera de Sé lo que hicisteis y efímera profesional de la radio), Paco González (por su polémica marcha de la Cadena Ser), Sara Carbonero, el ubicuo Justin Bieber y la actriz Norma Ruiz (a la que curiosamente acentúan en las búsquedas).

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Las estrellas del año 2010 en Twitter

Susana Caballero | 30 de diciembre de 2010 a las 14:41

Los mensajes más compartidos, los más influyentes, los temas de los que más se habló o las personalidades cuya llegada a la plataforma más expectación generó son algunos de los parámetros compilados por Twitter en su resumen del año 2010, el año del Mundial de Sudáfrica, el del vertido de petróleo de BP en el Golfo de México, el de Tiger Woods y sus andanzas fuera de los campos de golf y también el año de Wikileaks y el de Justin Bieber, cuya relevancia en el mundo de los 140 caracteres fue tal (o mejor dicho la de sus seguidores) que Twitter tuvo que cambiar el método con el que selecciona sus trending topics porque no había manera de sacar al imberbe cantante de la lista de los temas más comentados.

Los datos publicados en Year in review se refieren a tráfico global, y en todo el mundo los temas de los que más se escribió en Twitter durante 2010 fueron el ya mencionado vertido de BP, el Mundial de Fútbol, Origen (la película de Christopher Nolan), el terremoto de Haití, la vuvuzela, el iPad, Android, el también ya mencionado Bieber, la última entrega cinematográfica de Harry Potter y el Pulpo Paul. No hay nombres españoles en ninguna de las ocho categorías en que se divide este apartado. Lo más cercano es la presencia de Cristiano Ronaldo y Leo Messi, sexto y octavo, respectivamente, del listado deportivo.

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El apartado de mensajes más influyentes de 2010 lo encabezan uno sobre el terremoto de Haití, el saludo en Twitter entre Barack Obama y Dimitri Medvedev y una ciclista accidentada en la montaña que se salvó gracias al tuit que pudo enviar. En el puesto noveno de esta lista está Carles Puyol, que compartió una foto desde el autobús en el que la selección celebró el título mundial (“orgulloso de ver a tanta gente feliz”, escribió).

En cuanto a los tuits más retuiteados, los vencedores son el presentador estadounidense Stephen Colbert (Biz Stone fue a su programa a entregarle el primer Golden Tweet), los raperos Drizzy Drake y Lil Wayne, el inevitable Bieber (“Te quiero mucho mi amor”, decía su mensaje) y Al Qaeda (“Twitter me sugiere que añada una localización a mis mensajes; no voy a caer en esa”). La lista de los diez más populares la completan Joe Jonas (uno de los Jonas Brothers), con un mensaje sobre Bieber; Lady Gaga, Kanye West, Rihanna (con otra mención a Bieber) y Shit my dad says, una cuenta que tiene su serie, con William Shatner.

En la lista de nuevos usuarios célebres del año hay nombres tan dispares como Bill Gates, el Dalai Lama, Diego Forlán, Noor de Jordania, Billy Idol, Hugo Chávez (que tiene más de un millón de seguidores), Conan O’Brien (más de dos millones de seguidores), Cher, Victoria Beckham, Tiger Woods, Sylvester Stallone o Leonard Nimoy, cuya palabra favorita es LLAP (Live long and prosper).

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Prensa e internet: pasado, presente y futuro

Susana Caballero | 27 de diciembre de 2010 a las 20:12

[El Día de Córdoba, en el que trabajé durante seis años, sus primeros seis años de vida, celebra ahora su primera década en los quioscos, y su director, Luis J. Pérez-Bustamante, me pidió que escribiese un reportaje sobre los periódicos, el periodismo e internet para incluirlo en el suplemento especial que estaban preparando. Este es el resultado].

En los últimos años los avances tecnológicos han afectado a casi todos los sectores, pero en pocos esa evolución ha sido tan revolucionaria como en el periodismo, en especial el conocido como escrito, tanto en su sistema de producción como en el de distribución e incluso en el consumo. Aunque a quienes empiezan ahora en este negocio les parezca prehistórico, no hace tanto que las máquinas de escribir salieron de las redacciones, y en la mayoría de ellas hay veteranos que recuerdan cómo se trabajaba entonces y que los despachos de agencias, o teletipos, salían por una impresora y había que ir a recogerlos, cortarlos y distribuirlos entre las secciones correspondientes.

Después llegaron los ordenadores. Pero no se parecían en nada a los de ahora. Lo del interfaz gráfico (ver qué es lo que uno estaba haciendo, como los actuales sistemas operativos) tardaría aún en llegar. Había que conformarse con unas letras verdes sobre fondo negro y aprender una interminable serie de códigos para pasar de una a otra parte de la página, y cuando llegó internet lo hizo muy poco a poco, con un solo ordenador conectado al que se accedía previa petición y sólo si había una justificación profesional para ello.

Y casi de un día para otro llegó el futuro. Editores visuales, con las aplicaciones para ver teletipos y fotos integradas y tres combinaciones de teclas maravillosas, aunque por desgracia la ciencia aún no ha sabido trasladarlas al mundo real: Ctrl+C (copiar), Ctrl+V (pegar) y la mejor de todas, Ctrl+Z (deshacer). Ese futuro también llegó a la distribución, y de paso revolucionó la forma en que los lectores consumen los contenidos producidos en las redacciones.

El salto a la Red

La primera página web de El Día de Córdoba debutó en la Red sólo unos meses después de que el periódico llegase por primera vez a los quioscos. Aunque para su época no estaba mal, no resistiría la comparación con cualquier blog de hoy en día. Se reducía a trasladar a la web lo publicado en el periódico impreso, no se podían incluir enlaces, ni vídeos, ni más de una foto por noticia ni, claro, permitía comentarios de los lectores. Y actualizarlo a lo largo del día era una tarea titánica, tanto que ni se intentaba, aunque hubo un día en que sí hubo que actualizarlo, el 11-S.

Unos años después la web de El Día de Córdoba cambió, y poco tiempo más tarde lo hizo de nuevo para llegar a la que hoy está en la Red, con la distribución del contenido en tres columnas: la izquierda para la información local, la central para la nacional e internacional y la derecha para encuestas, galerías, encuentros, blogs y promociones. Aunque el cambio estético es importante, el verdadero salto en este campo es la diversificación de contenidos que podemos ofrecer a nuestros lectores y que a esta fiesta ellos también están invitados. Donde antes había sólo texto plano y puede que alguna foto, ahora hay texto enriquecido con enlaces a nuestra propia hemeroteca o a otras fuentes de información, con imágenes, vídeos, galerías, encuestas y artículos de los blogs de la red del Grupo Joly.

Todo ello lo pueden comentar los lectores, y aportarnos información, sugerencias o críticas, porque ellos también contribuyen a hacer cada día el periódico, y por eso no fallan cuando les pedimos que compartan sus imágenes sobre aquella nevada de la que casi todos hicimos fotos, o de las últimas inundaciones, y también esperamos que compartan con nosotros su alegría si (crucemos los dedos) Córdoba consigue la tan ansiada Capitalidad Cultural. Y para los que prefieren tenerlo todo en su red social en lugar de andar zascandileando por internet, también podrán encontrarnos en Facebook y en Twitter, donde cada día sumamos amigos y seguidores y donde además ofrecemos coberturas en directo.

El futuro

El presente es, sin duda, estimulante, y también lo es el futuro, por mucho que haya agoreros que, no se sabe con qué propósito, vaticinen el fin de los periódicos e incluso el fin del periodismo a manos de internet. No hay una guerra entre la Red y el papel. No son enemigos, y no tienen por qué serlo. Son simplemente dos canales de distribución, dos formatos, para un contenido que sale de la misma redacción, que elaboran las mismas personas y que, al fin y al cabo, sigue siendo escrito. Hace ya mucho que el medio dejó de ser el mensaje (y 30 años de la muerte de Marshall McLuhan), y ahora el mensaje es el mensaje y la noticia la noticia, no importa cómo la contemos, si es en 140 caracteres, en un reportaje multimedia o a cinco columnas en portada. Nada de eso importa ya. Importa contar al lector lo que quiere saber, o lo que puede que le interese sin que sepa que lo busca. Importa satisfacer esa demanda y gracias a internet contamos con las herramientas para saber quién llega a nuestra web, de dónde viene, cuánto tiempo está en ella y qué es lo que lee. Sabemos por los trending topics de Twitter los temas de los que todo el mundo habla, sabemos por Google qué buscan los internautas. Y sabemos que frases como “eso no le interesa a nadie” o “esto le va a encantar a la gente” no se deberían volver a pronunciar en una redacción si no se acompañan con informes de analítica web porque ahora sabemos qué interesa y qué no.

Es probable que un día no muy lejano se dejen de imprimir periódicos, pero eso no supondrá ni el fin de los periódicos ni el fin del periodismo, como la televisión no acabó con el cine ni la radio con los primeros periódicos. Había periodismo mucho antes de que se imprimiera y lo seguirá habiendo mucho después, porque siempre habrá historias que contar, gente interesada en conocerlas y profesionales dispuestos a contarlas.

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Los tomates de Bardem

Susana Caballero | 25 de diciembre de 2010 a las 22:43

Cuando uno dirige un medio de comunicación y quiere transmitir un mensaje tiene dos formas básicas de hacerlo: una, utilizando el editorial, que refleja la opinión del medio en cuestión, o publicando informaciones que defiendan una determinada postura; dos, llamando a personas que compartan su opinión sobre un determinado asunto para que escriban un artículo sobre el tema. La segunda suele ser considerada más elegante, sobre todo desde dentro, porque no implica al medio. A fin de cuentas, es otro el que lo dice. Pero desde fuera en ocasiones da una apariencia no precisamente elegante.

En ésas anda estos días El País, que con una mano se cuelga medallas por su compromiso al publicar los cables de Wikileaks, también los de la ley Sinde (de aquella manera y la noche de la crisis de los controladores), mientras con la otra trata de defender la susodicha disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible pero sin que se note demasiado, que a fin de cuentas es un periódico serio, prestigioso, que no está dispuesto a que el debate sobre el tema le afecte más de lo necesario.

A lo largo de toda la semana, el diario ha ido publicando más cables de Wikileaks sobre la ley Sinde y numerosas piezas sobre el impacto que en la Red tuvo el extraño (por los numerosos retrasos que hubo en la votación) rechazo a la norma. Incluso ha publicado piezas escritas por algunos detractores de la disposición, como Julio Alonso. Pero sobre todo han publicado artículos de gente, de esos que se consideran artistas y creadores (y, por lo tanto, probablemente tan hambrientos como Rosario Flores por culpa de la piratería), que están muy a favor no ya de que se regulen las descargas (y no sólo las descargas, porque aquí habría que hablar también del streaming), sino de que se regulen como quiere Sinde. Entre esos textos hay joyas como esa firmada por Alejandro Sanz en la que directamente llama proxenetas a los piratas (¿no sería gracioso que todos los que nos sintiésemos aludidos le demandásemos por calumnias?) o la firmada por Javier Bardem sobre los tomates y los botones mágicos.

El ganador de un Oscar, conocido por su fuerte compromiso social y político y cabeza de pancarta en cuantas manifestaciones se han celebrado en España contra la reforma laboral, la congelación de las pensiones, el recorte salarial a los funcionarios, la subida del IVA, el paro, la crisis, los engaños del Gobierno desvelados por Wikileaks…

Perdón. Se me han traspapelado los datos. Este señor no ha estado en ninguna de estas manifestaciones. De hecho, ninguno de sus amigos ha estado en ninguna, ni las han apoyado, ni organizado, ni nada. Alguien con un poco más de mala uva podría decir que el señor Bardem no pisa la calle desde que Zapatero llegó a La Moncloa hace varios años, lo que explica meteduras de pata como la de los tomates, que empieza así (el que quiera leérselo entero, más que nada porque es un texto humorístico de primer nivel, puede hacerlo en El País):

Quiero comprar un tomate fresco. Voy a llamar a un verdulero para que me venda uno recién sacado de la huerta. Pero resulta que si doy a un botón en mi ordenador un tomate parecido en sabor y color se instala automáticamente en mi nevera. No está igual de bueno que el de la huerta, pero me da igual, total… es para un gazpacho.

Pero no traigo aquí el panfleto del ganador de un Oscar sólo por criticarlo, sino para compartir por quien pase por aquí (y no lo haya leído ya, claro) uno de los muchos comentarios que recibió el texto en Menéame, una respuesta grandiosa que podéis leer en el propio Menéame o en Blogoff, que lo ha rescatado porque sin duda lo merece. El texto, firmado por el usuario humitsec, empieza así:

Javier Bardem quiere «comprar un tomate fresco». Para usar el paralelismo con la industria cultural, Javier debería acudir a una tienda en la que tras pasar por sucesivas manos, el tomate ha incrementado su valor de manera artificial, repercutiendo en el horticultor en menos del 0,1 % de su valor de venta. Son otros, los intermediarios, los que han cobrado más, en muchos casos tan solo por cambiar la pegatina que viene puesta en el tomate. Algo que, por desgracia, no dista mucho de la realidad del mercado de la agricultura –y de la pesca, y de la ganadería…–.

Pero ahora viene la gracia. Javier Bardem no puede compartir ese tomate que acaba de comprar con nadie más, pues de lo contrario la Sociedad General de Agricultores y Especuladores se cabreará con él y lo llamará ladrón: «¡Quien quiera un tomate que se lo compre! ¿Qué es eso de compartir?».

Si digo que lo leáis completo porque no tiene desperdicio, me quedo corta. Es de lo mejor que he leído en mucho tiempo.

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Un par de consideraciones sobre la ‘ley Sinde’

Susana Caballero | 23 de diciembre de 2010 a las 0:14

Aunque ya he dicho en alguna que otra ocasión la opinión que me merece la conocida como ley Sinde, me gustaría, tras su rechazo en el Congreso, hacer un par de puntualizaciones sobre el tema, porque he visto en los últimos días que algunos, deliberadamente o no, están confundiendo churras con merinas. Y hasta con meninas, en algunos casos.

-El sobrenombre ley Sinde es doblemente desafortunado. Primero, porque no es una ley, sino una disposición final a una, la de Economía Sostenible. Segundo, porque, según sabemos por los cables de Wikileaks, es erróneo atribuirle a la señora González Sinde la autoría de dicho texto. Mejor llamarla apéndice Washington, o anexo EEUU, o algo así.

-Estar en contra de la ley Sinde no implica estar a favor del todo gratis en internet, ni despreciar la propiedad intelectual, ni los derechos de autor. La ley Sinde no es mala porque persiga la también a menudo mal llamada piratería en internet, sino porque es un despropósito legislativo. Ya hay leyes para proteger los derechos de autor, y funcionan, sólo que a los que mandan en esto (no confundir con los burócratas que nos gobiernan) no les gusta cómo aplican los jueces esas leyes, y por eso quieren, por mucho que hayan añadido, a lápiz y a regañadientes (aunque el PSOE lo subraye), lo de la “previa autorización judicial”, dejar a los jueces al margen. Lo que quería la ley Sinde era crear una comisión de expertos (favorables, claro) que decidiese si se debía cerrar una web. Con su dictamen, informe, panfleto o como lo llamasen, se irían a un juez, que tendría cuatro días para decidir, el mismo tiempo que el acusado tendría para defenderse. Ya dije en su día que no veo la necesidad de esta urgencia, porque la vulneración de la propiedad intelectual no es una cuestión de vida o muerte, y no entiendo por qué debería resolverse en cuatro días un asunto de este ámbito mientras otros que sí son importantes (pongan el ejemplo que prefieran) se pudren entre la burocracia judicial. Ni que decir tiene que en cuatro días ni un juez puede resolver adecuadamente un caso ni un acusado defenderse apropiadamente.

-Hay quienes están en contra de la ley Sinde porque quieren seguir consumiendo gratis series, películas, música y libros. Me parece respetable. Hay quienes, compartiendo esa postura (a fin de cuentas, lo que les importa es seguir consumiendo gratis), lo disfrazan de atentado contra la libertad de expresión. También es respetable. No importa por qué se esté en contra de esto. Es un disparate, y punto, porque mañana, o el año que viene, el criterio para decidir qué es piratería y qué no podría ampliarse, y afectar a cualquier actividad que se realice en la Red. Además, en España poner enlaces de descarga no es ilegal. El p2p tampoco lo es. Que una comisión designada a dedo por el Ministerio de Cultura asuma competencias que corresponden a un juez sí lo es. Y también saltarse a la torera la presunción de inocencia. Es un abuso tener que pagar un canon por cualquier dispositivo por si me da por usarlo para copias ilegítimas. No soy yo quien tiene que demostrar su inocencia. Eres tú el que tiene que demostrar que soy culpable.

-Luego está el asunto Wikileaks. Estados Unidos (la industria del entretenimiento, a través de Washington y de la embajada en Madrid) presionó al Gobierno, a líderes de otros partidos y a casi cualquiera que se le puso por delante para que La Moncloa actuase contra la piratería. Además de los cables publicados por El País, hay otros cuantos que se refieren al mismo asunto (Víctor R. Ruiz los ha analizado), como ese que apunta que la propia Sinde pidió a la embajada estadounidense que hablase con otros partidos políticos para convencerles de que apoyasen la propuesta. No sólo se dejó el Gobierno manipular, sino que solicitó a los manipuladores que presionasen también a los demás. Muy edificante.

-El capítulo final de la tramitación del texto fue de vergüenza ajena. Ya era chusco incluirlo como un apéndice de una ley (la que se suponía que iba a sacarnos de la crisis, cambiar el modelo productivo y blablabla), pero que la votación final (o semifinal, porque esto no ha terminado; aún tiene que pasar por el Senado) fuese en una comisión, no en el pleno del Congreso, y que además fuese retrasada hasta el último minuto para ver si el PSOE lograba convencer a alguien de que votase a favor fue lamentable. Pero, en el fondo, muy adecuado a la susodicha norma. Es innegable el paralelismo entre estas dos proposiciones: si los jueces no dictaminan lo que queremos, los quitamos del proceso; si nadie nos apoya, retrasemos esto hasta que consigamos que alguien lo haga.

-La noche de autos seguí la votación por Twitter. Y me sorprendió la cantidad de gente que hay por ahí que no tiene, a estas alturas, ni la más remota idea de cómo funciona el poder legislativo español. Hubo quien se quejaba de la desgana de los miembros de la comisión que debían votar, del galimatías de las enmiendas, de que votaban sin saber qué estaban votando y hasta del mercadeo de votos (CiU pedía contrapartidas al PSOE por su apoyo a la ley Sinde). ¿De verdad hay que explicar esto? ¿Todavía hay quien no sabe que en España impera la disciplina de voto en los partidos y que con que haya uno que sepa qué están votando ya saben todos qué deben votar, porque sólo cumplen órdenes? ¿Todavía se sorprenden de que se intercambien votos y favores -competencias, subvenciones…-? ¿Cómo creen que sacan adelante sus leyes los Gobiernos que no gozan de mayoría absoluta? ¿Con buenas palabras? ¿Con la fuerza de su retórica? ¿En serio?

-Lo de España como paraíso de la piratería ya cansa. Y hay quien se ha subido a esa mula y no parece estar dispuesto a bajarse de ella, por mucho que se demuestre que las supuestas estadísticas no son precisamente fiables, que las inclusiones en listas negras son, más que nada, para ponernos como ejemplo ante otros países piratas, y por mucho que se cuente como pérdidas, o dinero que no se ingresa, todo eso que almacenan los que tienen síndrome de Diógenes digital. Bajan todo lo que encuentran aunque saben que nunca lo verán/leerán/escucharán.

-Los del síndrome de Diógenes no son sus clientes, señores de la industria del entretenimiento. Los del todo gratis, tampoco. Pero somos muchos los que estamos dispuestos a pagar para poder ver/leer/escuchar lo que queremos, en tiempo y forma, como se suele decirse, pero ustedes siguen empeñados en tropezar una y otra vez en las mismas piedras. La industria musical la pifió. La cinematográfica la pifió. Y la editorial, que no ha aprendido nada de los errores de las dos anteriores, la está pifiando también, con ese engendro llamado Libranda que hace que se le quiten a una las ganas de comprarse un libro en formato electrónico. Mientras sigan haciendo alternativas legales cutres, caras e inusables, seguirán perdiendo. Y cuanto antes se den cuenta, mejor para todos. Dejen de incordiar en las casas de los demás y dedíquense a arreglar las suyas, por favor.

PD: La nota enviada a los socios de la SGAE por Teddy Bautista (“compositor y músico desde 1962″) no tiene desperdicio, sobre todo su última frase: “Hoy toca pensar; mañana, preguntar; pasado, ya veremos”. ¿Es eso una amenaza?

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La ‘persona del año’ y las listas de ‘Time’

Susana Caballero | 16 de diciembre de 2010 a las 17:35

El chico de la foto, por si hay alguien que no lo conoce, es Mark Zuckerberg, uno de los fundadores de Facebook, miembro de la selecta lista de los más ricos del mundo, protagonista -a su pesar- de una de las películas del año (La red social, de David Fincher) y, además, la persona del año de Time por, dice la revista, “conectar a más de 500 millones de personas y cartografiar las relaciones sociales entre ellas; por crear un nuevo sistema de intercambio de información y por cambiar la forma en que vivimos nuestras vidas”. Zuckerberg se ha impuesto a candidatos tan dispares como los mineros chilenos, el Tea Party o Julian Assange, fundador de Wikileaks (sobre cuya supuesta desaparición de la lista de votaciones se armó un buen lío hace unos días, tanto que la propia revista tuvo que desmentir que le hubiesen quitado; poco después de conocerse que Zuckerberg era el elegido comenzaron a surgir voces contra la decisión, que según ellos estaría enmarcada dentro de la campaña gubernamental y empresarial contra Wikileaks. Puede que Assange se haya quedado sin ese título honorífico, pero sí protagonizó la portada de la semana pasada. También es cierto que los lectores eligieron por amplia mayoría al australiano, pero no son ellos los que tienen la última palabra).

En cuanto a la elección en sí de Zuckerberg como persona del año, tengo la misma sensación que con los Oscar de compensación (esos que reciben quienes deberían haberlo logrado mucho antes y que se lo terminan llevando habitualmente por trabajos que no lo merecen; Martin Scorsese es uno de los muchos ejemplos que hay). No me parece mal que lo consiga, pero me da la impresión de que llega tarde, porque Facebook lleva ya unos años conectando amigos (o lo que Facebook -y muchas otras personas- entienden por amigos), aunque es cierto que ha sido este año cuando ha alcanzado los 500 millones de usuarios y cuando se ha estrenado su película (peliculón, por cierto, aunque era de esperar con el tándem David Fincher-Aaron Sorkin).

Pero el trabajo de cada fin de año de Time no termina con la elección de la persona del año. La revista también publica en estas fechas sus listas, con lo mejor y lo peor de los doce meses precedentes. Los listados incluyen casi cualquier apartado que a uno se le pueda ocurrir (también uno con las mejores disculpas; gana Tiger Woods, por cierto), y aunque aquí sólo comentaré las que tienen que ver con tecnología en sus distintas variantes, sí recomiendo que se pierda un ratito echándoles un ojo (o un par de ellos, porque siempre lo merecen).

Una de esas listas es la dedicada a las Tendencias en Facebook. El primer puesto lo ocupa el filme de Fincher sobre el nacimiento de la red social (¿he dicho ya que es un peliculón?), y tras él la marca de los 500 millones de usuarios y el estreno de Facebook Places. El premio al gadget del año se lo lleva, como no podía ser de otra forma, el iPad de Apple. En segundo lugar ha quedado el Samsung Galaxy S y tercero el MacBook Air de 11 pulgadas, también de Apple. Alan Wake, Angry Birds y Red Dead Redemption ocupan el podio de los videojuegos, mientras que Netflix, Groupon e iMovie se sitúan como las mejores aplicaciones del año para iPhone.

En el apartado de vídeo, el trío de los más talentosos lo conforman Happy Together / Paper Planes Lip Dub, Marcel the Shell With Shoes On y White Knuckles, de OK Go, mientras que la lista de los vídeos virales la encabezan Double Rainbow (que ha atravesado las fronteras de YouTube; que se lo digan a Nathan Fillion), Merton on Chatroulette y Bed Intruder.

También hay hueco para Twitter en las listas de Time, concretamente dos, uno para los mejores tuits (los tres primeros son de John McCain, Sarah Palin y Kevin Smith) y otro para los mejores momentos Twitter, que lideran el rapero Kanye West (cuando decidió unirse a la red), las dosis diarias de ingenio de Conan O’Brien mientras buscaba trabajo (y lo consiguió, en la TBS; puede que Twitter ayudase) y Justin Bieber, cuyos fans tuvieron la culpa de que Twitter, que dedica al cantante el 3% de sus servidores, cambiase el método en que determina sus trending topics.

Google eBooks llega a España a medio gas

Susana Caballero | 6 de diciembre de 2010 a las 22:27

Google acaba de lanzar su nueva tienda de libros, pero como suele pasarnos a los usuarios españoles, nuestra versión es mucho más reducida que la original. Mientras en España solamente se puede acceder a títulos gratuitos básicamente en inglés (aunque en la página de inicio indican que están trabajando con editores de todo el mundo), en la versión estadounidense se puede hacer casi de todo, aparte de, claro, comprar y leer libros (unos tres millones, o eso dicen).

Pero la aplicación de lectura es la misma a ambos lados del Atlántico, y se puede acceder a ella on line, sin necesidad de instalar nada, o disfrutar de los títulos desde teléfonos con Android, iPhones e iPads (mediante la descarga de las respectivas aplicaciones) y además es compatible con el lector de Barnes & Noble Nook y con el Reader de Sony.

Como abanderados de la nube, Google ofrece a los lectores la posibilidad de leer los libros on line, sin que haya que descargarlos al dispositivo en que vayamos a leerlo, pero la empresa de Mountain View sabe que la conectividad permanente es incompatible con determinadas circunstancias, y por eso cuando abramos un libro desde una aplicación móvil se sincronizará con el dispositivo para que podamos leerlo también sin necesidad de estar conectados a internet.

En cuanto a la aplicación de lectura en sí, es similar a otras parecidas, como el iBooks de Apple. Se puede escoger el tipo de letra, el tamaño, el interlineado, la justificación, la disposición de las páginas (también verlo en la versión impresa escaneada), buscar en el texto, consultar la información del libro, navegar entre capítulos o hacerlo por las páginas del volumen. En cuanto a la organización de la biblioteca con los libros que vayamos incorporando, podemos organizarlos en listas, para saber si los hemos leído o no (o si los estamos leyendo) o si los hemos marcado como favoritos. Esas listas, a su vez, pueden permanecer privadas o podemos hacerlas públicas para que las vea todo aquel que eche un vistazo a nuestro perfil de Google (a la parte que hemos designado como pública, claro).

También podemos añadir notas, reseñas y valoraciones a los libros que consultemos o incorporemos a nuestra biblioteca, pero esos añadidos serán siempre públicos, no hay manera de configurarlos para que permanezcan en privado. Tampoco está habilitada por ahora, puede que lo incorporen en futuras actualizaciones (o que estén en las aplicaciones para dispositivos móviles, que todavía no he podido probar), la posibilidad de marcar en el propio libro, a modo de anotación o subrayado.

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