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La noche que Google mutiló Reader

Susana Caballero | 8 de noviembre de 2011 a las 22:25

Lo había anunciado con antelación, pero no cuándo se llevaría a cabo el cambio ni cuáles serían las modificaciones concretas, aunque muchos usuarios ya intuían que no serían buenas. No lo fueron. La noche de Halloween Google decidió al fin hacer algo con Reader, uno de los servicios a los que menos caso había hecho en los últimos tiempos, y lo mutiló.

Si está leyendo esto y sólo usa Reader como lector de feeds sólo habrá notado un cambio estético en la línea del experimentado por otros servicios de la compañía como Gmail, por ejemplo. Si aprovechaba el resto de funcionalidades que ofrecía habrá notado que simplemente ya no están.

Parece que la compañía de Mountain View ha tomado la determinación de hacer que su red social, Google+, triunfe sí o sí. Tras los fiascos de Wave y Buzz, Google no puede permitirse otro fracaso, no importa cuántas naves tenga que quemar. Y la última ha sido Google Reader.

Por si alguien no conoce Google Reader, es un servicio de lectura de feeds con el que uno puede suscribirse a los blogs o sitios que le interesen y poder leer todas las actualizaciones en un mismo sitio sin tener que preocuparse de cuándo publican algo nuevo y sin perderse nada.

Además, hasta hace poco más de una semana contaba con un importante apartado social que permitía a los usuarios compartir los elementos interesantes, y añadirles un comentario, y todo eso podía ser visto por todos los contactos que le seguían. Cada usuario, a su vez, podía seguir los elementos compartidos de otros usuarios y comentarlos (ni que decir tiene que en no pocas ocasiones esas conversaciones eran mucho más interesantes que el elemento compartido originalmente), o podía simplemente indicar si le gustaban. Además, los elementos compartidos por cada usuario se iban publicando en otra web (como esta, que sigue on line pero ya no se actualizará).


Todo eso de lo que hablo en el último párrafo ya no existe. Google se lo ha cargado. Ahora, para compartir algo o leer lo que nuestros contactos comparten tenemos que ir a Google+, tengamos cuenta o no, queramos o no (podemos compartir contenidos desde el propio Reader, pegando el enlace del contenido en cuestión en la cajita de arriba a la derecha, pero para ver si alguien lo comenta, de nuevo tenemos que ir a G+).

No soy ingeniera, pero seguro que había una manera mejor de integrar Reader y Google+.

Lo que antes podíamos hacer desde el mismo sitio (leer las publicaciones que nos interesan, compartir algún artículo, ver lo que nuestros contactos comparten y comentarlo) ahora tenemos que hacerlo en dos. Además, en Google+ sólo se publican extractos de los artículos, no las piezas completas, por lo que si queremos leerlo completo tenemos que ir a un tercer sitio: el sitio en el que se publicó.

Entiendo que para algunos autores este cambio pueda ser beneficioso. Ahora, si comparten algún artículo propio en Google+ sus contactos tendrán que abrirlos (más visitas para su sitio) para leerlos y podrán controlar mejor el flujo de comentarios y recompartidos, siempre que le mencionen bien, claro (como en Twitter, también aquí hay una forma de citar a alguien para que ese alguien sepa que le hemos citado). Pero todos los suscritos por Reader seguirán leyéndolo en Reader y sólo irán a G+ en caso de que quieran compartirlo o comentarlo.

Lo que no entiendo es la alegría por el cambio de quienes admiten que no conocían sus funciones sociales, o que no las usaban (si no lo conocían o no lo usaban ¿qué más les da?. Y aún menos los que dicen que las usaban pero, por sus comentarios, da la impresión de que no. Cosas como que sólo las utilizaban cuatro gatos”, o “sólo trolls”, o que “en Reader nunca se produjo ningún debate” sugiere, o bien que nunca hicieron uso de esas opciones sociales o que sus contactos, siento decirlo, es lo que un amigo mío llama gente de poca calidad. Lo siento por ellos, pero en mi red de compartidores había gente muy interesante, que debatía activamente sobre los temas más diversos y que me enseñó muchas cosas. Y todo eso lo he perdido.


No sé cuánta gente usa Google Reader ni cuánta hacía uso de esa faceta social, pero no veo cómo puede ser bueno que un servicio elimine de un plumazo muchas de sus funcionalidades, y aún menos que lo haga para obligar a sus usuarios a que usen otro servicio. Sí, ya sé que Reader es un servicio gratuito propiedad de Google y que tiene derecho a hacer con él lo que considere oportuno. Pero también yo, como usuaria, tengo derecho a decirlo si no me gusta. Y no, no me gusta.

PD: Entre los muchos que se quejaron del cambio de Google Reader están E. D. Kain, que en Forbes define el rediseño como “una fea y solitaria experiencia de usuario”, o Brian Shih, que formó parte del equipo original de Reader y que se pregunta si el cambio ha sido “una decisión terrible o la peor decisión”. Y hay otros, como Francis Cleary, que además de quejarse se ha puesto manos a la obra y casi tiene terminado HiveMined, que describe como “un sustituto para Google Reader”. Habrá que probarlo.