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Internet se tiñe de luto por la muerte de Steve Jobs

Susana Caballero | 6 de octubre de 2011 a las 23:34

Una vez más, Twitter fue más rápido que cualquier medio de comunicación. No recuerdo quién publicó originalmente la noticia, pero sí que corrió como la pólvora. En un par de minutos, mi cuenta de Twitter no mostraba nada que no tuviese que ver con la muerte de Steve Jobs. Evidentemente, sabía que Twitter (y su legendaria inestabilidad) no iba a aguantar la que se le venía encima (si algún día se rompe internet, va a ser esta noche, pensé), aunque el día anterior sí que había aguantado, casi sin caídas, toda la presentación de Apple. Era la primera vez que resistía, no sé si por mérito del propio Twitter o porque simplemente las presentaciones de Apple sin Steve Jobs no son lo mismo. No lo volverán a ser.

[Tras la presentación del martes, la del iPhone 4S, hubo quien se quejó porque fue demasiado sosa, algo de lo que culparon a quien está ahora al frente de Apple, Tim Cook. Ahora se ha conocido que durante esa presentación la cúpula de Apple ya sabía que la vida de Steve Jobs se apagaba]

Como decía, en cuestión de minutos en Twitter no se hablaba de otra cosa (las cifras hablan de 10.000 tuits por segundo, el doble, por ejemplo, de los que suscitó la muerte de Michael Jackson). Desde condolencias propias hasta retuiteos de otras ajenas (uno de los primeros en pasar por mi pantalla fue Bill Gates; después lo harían otros muchos, como Steve Wozniak, el otro fundador de Apple, que no pudo evitar las lágrimas) y también los primeros tributos que blogs y webs de todo el mundo comenzaban a dedicarle al genio de la manzana. Ni que decir tiene que Jobs ha sido protagonista de unos cuantos trending topics (#thankyousteve, #think different, #stay hungry…). El mejor de ellos quizás fuese iSad.

Hasta Google se sumaba al homenaje, incluyendo por primera vez una leyenda bajo su caja de búsqueda, un simple “Steve Jobs, 1955 – 2011″ que enlazaba a la web de Apple.

Debo confesar que hace ya mucho que no compro prensa impresa (entre otras cosas porque las cosas que ocurren de madrugada salen publicadas más de 24 horas después y, la verdad, todos sabemos ya que ha muerto Steve Jobs), sobre todo, y que me perdonen los compañeros patrios, en papel extranjero. Por ejemplo, el número de Time de la imagen de la izquierda.

Es la octava ocasión que la revista dedica su portada a Steve Jobs. Su muerte les ha pillado casi con la revista en la imprenta y no lo han dudado: han detenido la impresión. No sé si alguien ha gritado el clásico “¡Paren máquinas!”, pero las han parado. La revista también tiene un especial en su web.

La web de Wired, que imagino dedicará buena parte de su próximo número al tema en su edición impresa, ha teñido literalmente su web de luto, sólo alterado por una foto de Jobs y unas cuantas declaraciones de personalidades de la industria tecnológica y figuras como el presidente de EEUU, Barack Obama. También tienen, claro, un extenso y completo especial, que incluye este hermoso vídeo de homenaje.

Como es de esperar, la cobertura del New York Times es digna del New York Times, con artículos de sus muchos expertos, encuestas para que los lectores les digan cuál es su invento de Apple favorito, un espacio para enviar condolencias y fotos y un amplio repaso a reacciones, a lo que se ha dicho en Twitter y a los tributos que por toda la Red le han dedicado a Jobs. Hasta se puede leer (en pdf) el capítulo sobre Jobs del libro de Joe Nocera Good Guys and Bad Guys: Behind the Scenes with the Saints and Scoundrels of American Business (and Everything in Between).

Casi todos los articulistas, blogueros y periodistas que se dedican a la tecnología han escrito en las últimas horas sobre Jobs, aunque si están cansados de leer la palabra visionario tal vez les guste este retrato más humano, titulado The Steve Jobs I Knew y firmado por Walt Mossberg en All Things Digital, el blog tecnológico del Wall Street Journal, o este otro, si prefieren leer en español, de Pedro Aznar en Applesfera, Steve Jobs y el impulso de los genios. Como decía, casi todo el mundo ha escrito sobre el fallecimiento de Jobs, muchos de ellos (si no la mayoría) mejor que yo, y tampoco quiero ponerme pesada recomendando artículos sin ton ni son, pero si quieren seguir leyendo cosas sobre él, les emplazo al Twitter de Eduo, que ha estado retuiteando declaraciones, artículos y tributos de todo tipo desde que se supo la noticia. Imagino que habrá dormido en algún momento, aunque no pondría la mano en el fuego.

Actualización: Apunta Eduo (gracias) en los comentarios la interesante recopilación de vídeos sobre Steve Jobs que han publicado en Devour.

Abierta la preinscripción para el EBE11

Susana Caballero | 28 de septiembre de 2011 a las 20:35

Periodismo, educación, política o negocios son algunos de los muchos temas de los que se hablará este año en el Evento Blog, el EBE, que se celebrará del 11 al 13 de noviembre y que por primera vez cambia su ubicación tradicional (casi ya un hogar) en el Hotel Renacimiento de la Isla de la Cartuja de Sevilla por el Pabellón del Futuro, no muy lejos del anterior.

El cambio de sede no es más que una de las muchas novedades que ofrece este EBE11, que multiplica su oferta de ponencias, talleres y encuentros (durante las próximas semanas se irá confirmando la lista de ponentes que configurarán el programa definitivo) y hay actividades casi para todos los gustos; una pena no disponer del don de la ubicuidad. Otro de los cambios es que, por primera vez, deja de ser gratuito, aunque todo lo que ofrece bien vale los 15 euros que cuesta la entrada. La organización abrió la inscripción el pasado lunes y aún hay algunas de las 3.000 plazas disponibles, así que si le interesa yo no esperaría demasiado para apuntarme.

Si no tiene muy claro qué es eso del EBE puede echarle un vistazo a lo que escribí por aquí hace más o menos un año, darse una vuelta por su web oficial o ver este vídeo de presentación:

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24 symbols, una buena idea que necesita crecer

Susana Caballero | 7 de septiembre de 2011 a las 15:30

Hace ya casi un año que 24 symbols lanzó su primera versión, una beta a la que se accedía con las invitaciones que la empresa repartía desde Facebook. Entonces me registré y le eché un somero vistazo, pero sólo somero. Lo de leer libros en el ordenador no me atraía (ni me atrae) demasiado, así que cuando leí que en unos meses sacarían una aplicación para el iPad, decidí esperar.

La aplicación salió a finales de julio, justo cuando me iba de vacaciones, así que, ya que para poder leer sin conexión a internet hay que pasar por caja (todo eso lo explicaré más adelante), hasta ahora no he podido echarle un ojo más a fondo.

Por si hay alguien que se pregunta de qué demonios hablo, empezaré desde el principio, explicando qué es 24 symbols, conocido como el Spotify de los libros. Como ellos mismos dicen, es una plataforma para leer libros en internet, con un marcado componente social (puedes acceder con tu cuenta de Facebook y, si tus contactos también se han registrado, ver qué están leyendo) y con un modelo de suscripción para quien quiera poder leer sin necesidad de conexión a internet y olvidarse de la publicidad (que, dicho sea de paso, tampoco es tan molesta), los dos principales obstáculos del modelo gratuito (más bien freemium).

En cuanto a las opciones de suscripción, se puede pagar 9,99 euros al mes, 19,99 por tres meses o 59,99 por un año completo. Repito, por si alguien corre a quejarse en los comentarios: no hay que pagar nada para disfrutar de 24symbols, siempre que uno disponga siempre de conexión a internet y que no le moleste la publicidad.

En mi caso, es una buena opción cuando estoy en casa, pero no cuando estoy fuera. Para esas ocasiones necesito llevarme los libros conmigo (en formato físico o en electrónico en el iPad).

Pero, con todo, no es ese el principal problema que le veo a 24 symbols. Lo peor es su catálogo. Imagino que será cuestión de tiempo y que, poco a poco, como consiguió Spotify con las discográficas, irán alcanzando acuerdos con las editoriales. Aunque las editoriales son bastante más puñeteras, como sabe cualquiera que conozca un poco ese mundo. (Otro día igual me animo a escribir algo más en profundidad sobre el tema, pero por ahora basta recordar qué ha hecho la industria del libro ante el salto tecnológico de los ebooks y los ereaders: Libranda).

Como decía, el catálogo es escaso. Y eso que tiene miles de títulos. Pero la mayoría proceden de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (algo fantástico, sin duda, pero seamos sinceros: es raro ver a la gente leer clásicos hispánicos por propia voluntad; espero que se me entienda y no se me enfade nadie) o de Proyecto Gutenberg, que tiene muchos más títulos en otros idiomas (seamos sinceros, de nuevo: en España se suele leer en español, o castellano, si lo prefieren) pero en español tiene poquita cosa.

Por ahora lo mejor del catálogo de 24 symbols son las editoriales independientes, como LID, especializada en libros de empresa, o Libros en Red, que ha incorporado traducciones de clásicos como La Ilíada, La Odisea, Drácula o Alicia en el País de las Maravillas, entre otros.

Insisto: espero que se me entienda. El catálogo es extenso y muy interesante, pero no sé yo si será capaz de atraer a un público masivo (los que se gastan el dinero en los títulos que ocupan las listas de los más vendidos). Y las grandes editoriales españolas, a las que a estas alturas conocemos ya bastante bien, sólo se apuntarán al carro cuando la cosa sea masiva. Sí, una pescadilla que se muerde la cola.

Ojalá me equivoque. A los que nos gusta leer nos interesa que esta, y otras iniciativas de este tipo, triunfen. En mi caso, no dudaría en suscribirme por años completos si me proporcionan los títulos que quiero leer, porque así sí que merecería la pena pagar por disponer de los libros offline. Por ahora yo me quedo con la opción freemium, a la espera de que un día de estos las editoriales españolas espabilen y se decidan a apuntarse a ideas como esta y a comercializar sus propios ebooks a precios razonables. Dicen que el inminente desembarco de Amazon en España podría revolucionar el mercado editorial patrio, pero lo dudo. Puede que cambien algunas cosas, en otros campos, pero en el editorial no lo creo. Veremos.

En cuanto a la aplicación para iPad, de la que incluyo algunas capturas a lo largo de este texto, presenta una interfaz similar a otras aplicaciones de lectura de libros. Al arrancarlo por primera vez le pedirá que inicie sesión, ya sea con una cuenta de 24 symbols o con una de Facebook. A continuación, podrá navegar por su listado de novedades o por las categorías en las que ordena las publicaciones y, una vez seleccionado un título, sólo tendrá que darle a leer para empezar a disfrutar en él. Los títulos que vaya abriendo se irán guardando en la carpeta Mis lecturas, para que pueda volver a ellos con facilidad. Lo que sí añadiría es un buscador directo en la aplicación (que sí hay en la web).

Por lo que se refiere al lector en sí, su apariencia le sonará si está familiarizado con aplicaciones como iBooks o Stanza. Como ellas, permite acceder al índice desde cualquier página, agregar marcadores y, casi lo más importante, escoger la fuente en que queremos leer y su tamaño. Por ahora, no sé si lo hará en futuras actualizaciones, no dispone de la opción de ajustar el brillo de la pantalla (hay que ir a los ajustes del iPad para hacerlo), pero imagino que lo añadirán.

Igual pedir que emule el elegante pase de páginas del iBooks es ponerse tiquismiquis, pero no estaría mal permitir la rotación. Yo la echo en falta.

Vacaciones

Susana Caballero | 29 de julio de 2011 a las 11:00

No sé si serán merecidas o no pero, como diría Rhett Butler, “francamente, querida, me importa un bledo”, porque me voy a ir igual. Servidora se marcha de vacaciones por unos días y, aunque sé que no me van a echar de menos, les dejo un par de recomendaciones por si no se han ido aún o ya han vuelto (lo peor: mis condolencias). Estas recomendaciones, claro, son también válidas para quienes disfrutan en estos momentos de su tiempo de descanso, que marcharse de vacaciones y seguir conectado no son conceptos incompatibles.

Aquí van unas cuantas sugerencias con cosas que pueden hacer estos días:

Por supuesto, aparte de las redes sociales que menciono hay una nueva, revolucionaria y recomendada por los principales expertos que ni siquiera precisa de invitación. Quizás aún no la conozca: se llama vida real y quien la ha probado habla maravillas, si bien tiene inconvenientes como que no se puede cerrar la sesión cuando a uno le plazca, ni siquiera ponerse el estado no disponible si no se tienen demasiadas ganas de hablar con nadie. Pero a pesar de eso dicen que no está mal. Habrá que probarla, ¿no?

Nada más por ahora. Lo habitual en textos de este tipo es incluir una foto de una playa o algún escenario idílico cuya principal finalidad es dar envidia a quienes la ven. No es mi estilo. Además, tampoco soy mucho de playa. Que lo pasen bien.

La mala reputación de la SGAE

Susana Caballero | 28 de julio de 2011 a las 11:00

A nadie se le escapa que la SGAE no es precisamente una de las entidades más queridas ni respetadas de España. Y eso es así desde mucho antes de que la operación Saga desvelara que a lo mejor esos que llamaban a sus dirigentes “ladrones” no andaban demasiado desencaminados (como se suele decir, hay que dejar a la Justicia actuar, así que ya hablaremos de ello en su momento).

Lo curioso es que su mala reputación va mucho más allá de estas consideraciones.

Si usan o conocen el antivirus Avast (si no es el caso, se lo recomiendo) sabrán también que una de las funcionalidades que podemos activar es que nos muestre qué reputación on line tiene cada sitio que visitamos, un dato extraído de la opinión y comentarios de los usuarios, que nos alertan, por ejemplo, si una web es poco segura o peligrosa. Si lo tenemos activado, al buscar en Google veremos junto a cada resultado unas barritas que nos indican qué reputación tiene el sitio sin necesidad de abrirlo. Lo normal es que las barritas, tres en total, estén en verde. Puede haber una, dos o tres iluminadas (o ninguna si es un sitio no demasiado popular), pero normalmente en verde.

Hoy he encontrado, por casualidad, mi primer caso de barritas rojas. No una, ni dos, sino tres. Tres barritas rojas. Imagino que a estas alturas habrán adivinado a qué web me refiero, ¿no?

No creo que en este caso la mala reputación del sitio de la SGAE tenga que ver con que sea una página maliciosa o poco segura. O a lo mejor sí, quién sabe…

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La ‘creatividad’ del traductor de Google

Susana Caballero | 26 de julio de 2011 a las 17:46

O tiene más agujeros de seguridad que el Android Market o Google ha decidido cambiar de puesto al que decide qué nombres de usuarios de Google+ son reales y cuáles no, pero el caso es que el traductor de Google (muy útil en ocasiones, aunque obviamente no es infalible al cien por cien, como casi nada) parece haberse vuelto loco (o al menos ha caído en manos de algún gracioso, sea o no empleado de Google).

Esta mañana, viendo los feeds en Reader, me topé con esta viñeta de Cuánto cabrón a cuenta de la traducción que propone el servicio de Google cuando se teclea “vamos Rafa” y se le pide que lo traduzca del francés (y del inglés, y el noruego…) al español. La solución no es otra que Roger Federer:


Un par de horas más tarde descubro que no es el único caso de creatividad en las traducciones. El diario on line La información publica que simpatizantes de Anders Breivik, el autor de la matanza de Oslo, han atacado el servicio de Google para que cualquier intento de traducir su apellido arroje resultados con connotaciones positivas. De hecho, si lo traducimos al español la equivalencia que propone es “remodelación”:

No sé si es un ataque intencionado o, como decía más arriba, el resultado de un fallo de seguridad, o de programación o de lo que sea (o simplemente que alguien ha tocado donde no debía), pero estas trastadas no son nuevas. Hace unas semanas la web impre.com ya advirtió de otro hallazgo (no sé a quién se le ocurrió buscar esto ni, sobre todo, por qué): ¿qué pasa cuando queremos traducir Justin Bieber del sueco al inglés? Que Google Translate le convierte en Kylie Minogue. Mucho mejor, sin duda.

¿Habrá más bromas de este tipo? Si es así y las han encontrado, les animo a que me las indiquen en los comentarios para ampliar este post con ellas.

Actualización con algunas otras curiosidades añadidas en los comentarios (gracias):

Juanje avisa de uno de estos errores que existió, como denunciaron en su momento en La Repubblica, pero que ya ha sido corregido. Al introducir “io non ho votato Berlusconi”, el traductor de Google no devolvía “yo no he votado a Berlusconi”, que sería la traducción correcta, sino “yo he votado a Berlusconi”. Por su parte, Caléndula avisa de uno aún más curioso: “Si ponías para traducir del alemán al español la letra A con diéresis no se cuantas veces, la traducción que te salía era Pokémon“. Y como ella misma admite, hay que tener mucho tiempo libre para encontrar un hallazgo similar. Y por último (por ahora, pero quedo a la espera de otras sugerencias), el que propone Minijordan: al buscar la traducción del español al alemán de “quinientos cincuenta y cinco” el traductor de Google devuelve “555”. Así, tal cual. Como dice Minijordan, será tal vez que “el becario al que pusieron a realizar la base de datos se cansó y decidió simplificar”.

Gracias otra vez a los tres por los comentarios.

A Google+ no le gustan los seudónimos (y algunos nombres reales tampoco)

Susana Caballero | 25 de julio de 2011 a las 18:52

En internet soy mninha. Lo soy desde que me abrí mi primera cuenta de correo electrónico, hace casi 15 años. Es el nombre con el que firmo en mis blogs personales y también es mi nombre de usuario en Twitter y en casi todos los servicios en los que tengo cuenta, salvo en Facebook, donde sí empleo mi nombre real, el mismo con el que firmo en este blog (y el que uso en la segunda cuenta de Twitter que me abrí hace poco, varios años después de la primera).

Hasta hace unos meses también era mninha en Google (en una de las cuentas que tengo), hasta que la compañía decidió que para seguir disfrutando de todos sus servicios, como Reader, entre otros, había que tener un perfil público. Y en ese perfil público había que poner un nombre real (o, al menos, un nombre y un apellido que lo pareciesen). Un tiempo después se reveló qué había detrás de aquel cambio de política: Google+, que ha copiado a Facebook en muchas cosas y una de ellas es la exigencia de que sus usuarios empleen nombres reales.

Hasta aquí, se puede estar más o menos de acuerdo (yo no lo estoy, pero ya hablaré de eso luego) y, si no se acepta, siempre se puede dar uno de baja y punto.

El problema es cuando aceptas plegarte a las demandas de Google, les das tu nombre real y ellos te cancelan la cuenta por incumplir sus términos. En un primer momento el celo de Google canceló muchas cuentas de empresas y asociaciones (a la espera de que saquen la versión específica para empresas) e incluso las cuentas de algún que otro personaje más que conocido, como William Shatner, que fue expulsado, imagino que para prevenir cualquier intento de suplantación de identidad, y después readmitido (no es buena idea cabrear al capitán Kirk, señores de Google).

Se ve que el encargado de comprobar las cuentas se quedó sin empresas a las que banear y celebrities a las que fastidiar, así que fue un paso más allá y empezó a decidir qué nombres eran reales y cuáles otros no. Y, claro, la cosa se le ha ido de las manos, porque ha decidido que, por ejemplo, Ángel Custodio Delgado no es un nombre real y le ha cancelado la cuenta.

No sé si lo que le ha pasado a Ángel es una mera anécdota y simplemente alguien de Google le ha dado al botón equivocado o si realmente van a ponerse así de tontos estrictos con lo de los nombres reales (que ahora encima tienen que ser verosímiles), porque si siguen por ese camino Google+ será el primer servicio on line que exija a sus usuarios el envío de una copia (compulsada) de la partida de nacimiento (y hay gente que se quejaba de lo de las invitaciones…).

Puedo entender que quieran controlar las suplantaciones de identidad, el spam incontrolado e incluso las cuentas peligrosas, pero no estoy de acuerdo en la exigencia del nombre real ni, por supuesto, en que no puedas escoger que, una vez proporcionado ese dato, sea tu seudónimo el que aparezca como tu nombre de usuario.

También puedo entender el argumento (calcadito también de Facebook) de que “si es una red social tienes que usar tu nombre para que los demás puedan encontrarte”, pero tampoco lo comparto. A lo mejor no quiero que me encuentren. A lo mejor uso Google+, o Facebook, o lo que sea, sólo para estar en contacto con la gente que de verdad me interesa, con la gente que sabe cómo encontrarme, me llame como me llame, y con los que me conocen como mninha.

Pero, como acertadamente expone Dave Winer en este artículo, hay una poderosa razón por la que Google quiere saber cuál es nuestro verdadero nombre: el dinero. Puede que me llame mninha, pero no es ese el nombre que figura en mis tarjetas de crédito ni en las compras que hago en el mundo físico y en el virtual. Y, claro, a Google (y a los demás, que tampoco vamos a demonizar sólo a Google) esos son los datos que le interesan. Creo que fue a Eduo al primero al que le leí eso de que si una empresa no te cobra nada por usar sus servicios significa que el producto que están vendiendo eres tú, y no sus servicios. Este es otro ejemplo. No me parece ni bien ni mal, pero no me vendan la historia de que es “para que los demás te encuentren”.

Tampoco confundan usar un seudónimo con el anonimato. Hay gente que sí que usa un seudónimo para esconderse tras él (sean cuales sean sus propósitos), pero otros firmamos con un seudónimo sencillamente porque nos gusta hacerlo así, no para escondernos.

Bonus track: Nos siguen desconocidos

Desde hace unos días proliferan las quejas en Twitter (y también en Google+) sobre la cantidad de gente a la que no conocemos (de nada, ni siquiera de internet) que nos añade en Google+ (por suerte, puedes bloquear a quien no quieras ver ni en pintura e ignorar a quien no te interese; la reciprocidad no es, por ahora, un requisito). Como ya tuiteé hace unos días, en una de mis cuentas tengo un círculo (por si alguien aún no sabe de qué va esto de Google+ y los círculos puede pasarse por Bloglobosofia, donde Drea lo explica bien clarito) titulado algo así como Gente que no conozco. Cada vez está más poblado, lo que me hace preguntarme de nuevo por qué es algo positivo que cualquiera pueda encontrarte.

La conferencia de David Bravo en la Campus Party

Susana Caballero | 15 de julio de 2011 a las 11:40

Para quien no sepa quién es, David Bravo es un abogado experto en propiedad intelectual conocido, entre otras cosas, por haber puesto contra las cuerdas a la SGAE en más de un tribunal (y en alguna que otra tertulia televisiva) y haber denunciado, entre otros disparates, los absurdos del canon digital o de la ley Sinde. Ayer dio una conferencia en la Campus Party (que tuvo que modificar, como él mismo confesó en Twitter, tras el escándalo destapado en la SGAE) en la que explica cómo funciona la sociedad de gestión de derechos presidida hasta hace unos días por Teddy Bautista, por qué el canon digital es una barbaridad y cómo se las arregla la ley Sinde para poner en manos de una comisión administrativa unas decisiones que sólo deberían tomar los jueces. Y todo con su fino sentido del humor, ese que, al verlo, nadie diría que tiene. Pero lo tiene. A toneladas. Les dejo con la conferencia. Que la disfruten.

¿El fin del canon digital? No del todo

Susana Caballero | 13 de julio de 2011 a las 13:21

El Congreso de los Diputados respaldó ayer mayoritariamente (ningún voto en contra y sólo dos abstenciones) una propuesta del Grupo Popular para suprimir el canon digital. Lo que en principio parece una buena noticia tiene sin embargo unas cuantas líneas de letra pequeña. Muy pequeña.

Lo que el Congreso ha hecho no ha sido sino instar al Gobierno a que lo elimine, lo que significa que el Ejecutivo tiene que ponerse ahora manos a la obra, y es poco probable que pueda hacerlo antes de que acabe una legislatura a la que le quedan sólo unos meses. Además, en pleno verano, con la espada del nuevo Damocles (también conocido como mercados) revoloteando sobre la economía española, todas las reformas esas que dice que va a hacer antes de convocar elecciones y los Presupuestos a la vuelta de la esquina, no creo que vayan a tener tiempo ni tampoco demasiado interés en abolir una medida contra la que, no olvidemos, ya se han pronunciado tanto el Tribunal de Justicia de la Unión Europea como nuestra Audiencia Nacional. ¿Y qué ha pasado en todo este tiempo? Exacto: nada.

La otra mala noticia es que, en el caso de que finalmente desaparezca el canon digital, que aún está por verse, sería sustituido por otra tasa que “compense el perjuicio a los autores por las copias ilegales” -no es un entrecomillado real, sino una fórmula que busca reproducir las empleadas por nuestros supuestos representantes cuando hablan del tema y demuestran que, en realidad, no son los representantes de todos, sino sólo de unos pocos-. Aún no se sabe cómo será ese modelo, pero teniendo en cuenta los antecedentes, me temo que no será mucho mejor que el actual, que, recordemos, se pasa la presunción de inocencia por el arco del triunfo y considera que todo aquel que compre un dispositivo que pueda hacer copias o almacenar contenidos o un soporte en que se puedan grabar esas hipotéticas copias es culpable porque va a usarlo (siempre) para piratear o robar, como ellos lo llaman (hay casos en los que se puede reclamar la devolución de dicha tasa, pero en ocasiones es un proceso largo, costoso y difícil que muy pocos emprenden).

[Conviene recordar, como me acaban de recordar a mí en los comentarios -gracias- que la copia privada es absolutamente legal, por lo que establecer un canon para compensar las pérdidas que esa práctica legal en teoría ocasiona es un despropósito. Luego hay muchos, como digo más arriba, que siguen empeñados en que toda copia, sea o no privada, es un ‘robo’ o un ‘acto de piratería’]

No sabemos cuál es la alternativa al canon digital que plantean ni el Gobierno ni el PP, promotor de la propuesta votada en el Congreso, pero apostaría un par de euros a que está más que formulada y acordada entre ambos partidos. No olvidemos que el apoyo de los socialistas a los populares de ayer no es más que la devolución del favor que les hicieron al apoyar la infausta ley Sinde (otra norma que vulnera unos cuantos dictámenes judiciales, pero tampoco eso les importa). Aunque parezca que están en todo en contra el uno del otro, para ciertas cosas (como proteger a los suyos) sí que se ponen de acuerdo.

Otra mala noticia es que, si desaparece el canon digital, no se devolverá lo percibido ilegalmente (como pedía UPyD) desde que los tribunales se pronunciaron en contra (y han pasado ya unos años), quizás porque bastante lío hay ya en la SGAE como para ponerse a buscar ahora las cuentas del canon digital…

Las invitaciones de Google+

Susana Caballero | 12 de julio de 2011 a las 0:32

Todos sabemos que la mejor forma de tener controlado un servicio en pruebas es mantener al principio su acceso restringido a unos cuantos usuarios, sobre todo si quien lo lanza es Google y sabe que el éxito masivo (al menos en lo que a altas iniciales se refiere) está garantizado. Ese periodo de prueba te permite afinar unas cosas, arreglar otras y, en definitiva, ofrecer un producto que se adecúe mejor a las necesidades y gustos de los usuarios, que en este periodo inicial no son (somos) más que conejillos de indias.

Si se opta por una fase inicial de acceso sólo por invitación se consigue además otra cosa: generar expectación. Por un lado, en los verdaderos interesados en este tipo de servicios y, por otro, en los conocidos como early adopters (lo que aquí llamamos un manolita la primera o fatiguita), que en cuanto ven que alguien habla de algo nuevo quieren jugar también.

Este último grupo está formado por los que se han pasado las dos semanas que lleva en funcionamiento Google+ mendigando invitaciones en cuanta red social, blog o sitio en general han visto hablar del tema. No deja de ser curiosa, por cierto, la ligereza con la que cierta gente publica su correo electrónico por doquier; luego se quejarán, claro. También es graciosa la actitud guadianesca del botón de Google+ para invitar a contactos, que aparecía y desaparecía, al igual que los trucos (sí, en dos semanas ha habido tiempo hasta para inventarse trucos para invitar sin invitación), que no siempre funcionaban.

Parece que el botón de las invitaciones se ha estabilizado durante este fin de semana, al menos su presencia en la página de Google+, no así el acceso efectivo de los invitados, que sigue sin ser perfecto, pero al ver que en sus primeros doce días de funcionamiento se han registrado cinco millones de usuarios (datos publicados en su cuenta de Facebook, porque los de Google son unos cachondos) es más que comprensible ese intento de controlar el crecimiento de su nueva criatura.

No sé qué futuro le aguarda a Google+. No tiene mala pinta de entrada y, desde luego, está (por suerte) muy lejos del caos de Wave (¿recuerdan que la gente también se puso muy pesada entonces para conseguir invitaciones? ¿Cuántos de esos que las pedían siguen usándolo?), pero no sé si será capaz de competir con sitios hegemónicos como Facebook, que parece ser su principal rival. Personalmente no me gusta ni uso demasiado Facebook, así que no sé qué uso le daré a mis cuentas de Google+, aunque este nuevo servicio tiene una ventaja, a mi juicio, importante: la reciprocidad no es obligatoria. Como en Twitter, puedes seguir a quien te plazca sin que él te siga, y tampoco tienes obligación de añadir a quien te añada. Y, aún mejor, que ese alguien con quien quieres compartir cosas ni siquiera tiene que tener cuenta en Google.

Y antes de cerrar, una cosa más sobre los pesados de las invitaciones: ¿no se acuerdan ya de que durante mucho tiempo el acceso a Gmail era exclusivamente por invitación? A lo mejor son los que entraron cuando abrieron las puertas. Puede que ni siquiera conocieran el Beta de la página de entrada. Después de todo, quizás no sean tan early adopters, ¿no?

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