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Cómo usar (bien) Twitter

Susana Caballero | 7 de febrero de 2011 a las 20:05

No hay una forma correcta de usar Twitter, ni tampoco una mala o incorrecta. Cada usuario es libre de hacer con su cuenta (escribir lo que le apetezca, seguir a quien quiera y dejarse seguir por quien considere oportuno) prácticamente lo que desee.

Fin.

Ha quedado un poco corto, ¿no? Bueno, seguiremos escribiendo un ratito más. Luego no se quejen.

Lo de hacer lo que le apetezca que decía más arriba tiene un poco de letra pequeña. Aparte de respetar las leyes vigentes en el país en el que nos encontremos (como en cualquier otra actividad, sea física o virtual), también hay que respetar las reglas de Twitter, que prohíben prácticas como el spam, la suplantación de identidad, las amenazas, crear cuentas en serie (con nombres de empresas o personajes conocidos) para después venderlas y otras cuestiones que son casi de sentido común (algunas de ellas las recopila David Cantone en este post y otras están incluidas en los límites de actividad del propio Twitter; la info, que verán más grande si pican sobre ella, es de Twittercism, del que hablaré más adelante).

Entre ellas está el tema del equilibrio entre seguidores y seguidos (el Twitter Following/followers Ratio o ratio de seguidos/seguidores en Twitter, un palabro que he aprendido en este post de Tristán Elósegui en el que habla, entre otras cosas, de lo poco que les gusta a los medios de comunicación seguir a nadie). Lo ideal es mantener una cifra equiparable de unos y otros, grosso modo. No queda bien seguir a muchos más de los que nos siguen, ni viceversa. Lo primero se asocia a spammers y gente desesperada en general a la que nadie quiere seguir. Lo segundo, con expertos, famosos y, sobre todo, medios de comunicación, más interesados en emitir que en recibir o comunicarse sin más, aunque siempre hay excepciones.

En el apartado turbio de los spammers y gentuza variada que pulula por Twitter se estila bastante lo de los seguimientos y des-seguimientos masivos, gente que cada día sigue a un montón de gente, esperan a que les devuelvan el seguimiento (hay quien no lo hace, pero son muchos los que, por mera cortesía, agradecen el gesto con un seguimiento de vuelta), y después dejan de seguirles, para ir aumentando su lista de seguidores sin que crezca la de seguidos, lo que les permite presentarse como los gurús de los que hablaba arriba y de paso demuestra que en internet, como en la vida real, hay gente muy maleducada. La gente normal no suele darse cuenta de estas argucias, pero llegado a cierto punto conviene usar herramientas como Friend or follow para saber si nos siguen aquellos a quienes seguimos. En teoría estas prácticas también están prohibidas en Twitter (en los apartados seguir agresivamente y seguir agresivamente en rotación).

Y también están los coleccionistas de tuiteros, que siguen y son seguidos por miles, aunque rara vez lean lo que escriben los demás (que retuiteen mensajes no significa que estén pendientes de lo que ocurre en su pantalla de inicio; hay herramientas que monitorizan la actividad de aquellos a los que sigues para que puedas centrarte en lo más retuiteado o comentado, sin tener que leer realmente lo que escriben), y los que sí que leen lo que escriben aquellos que aparecen en su timeline y que, por tanto, prefieren que su número de usuarios no se desmande en exceso. En este post Pablo López analiza ambas escuelas, a partir de las posturas antagónicas sobre el tema (que en su momento levantaron cierto revuelo) de dos usuarios, Eduo y Yoriento (Eduo contesta en los comentarios explicando su postura). Decía al principio que cada uno puede usar Twitter como le plazca, pero la verdad es que yo soy más de la escuela eduísta.

Al margen de todo esto, no hay una forma de usar bien Twitter. Si estamos preocupados sobre cómo lo usamos, es porque queremos conseguir algo a partir de nuestra actividad en dicha red. Si es así, hay algunas cosas que podemos hacer al respecto.

Lo primero es determinar si queremos darle un uso personal, profesional o mixto. Si no se tiene claro, será mixto, pero si trabaja (o pretende hacerlo) en un sector relacionado con las nuevas tecnologías hay que tener cierto cuidado con lo que se hace en Twitter (como siempre, se debe seguir la máxima “si no quieres que algo sea público, no lo subas a la Red”). Ese cuidado empieza con la elección de nombre para nuestra cuenta y nuestra biografía y continúa con la lista de nuestros seguidores y seguidos, que también consultará todo aquel que curiosee en nuestro perfil de Twitter. Mi consejo es, además de mantener el equilibrio del que hablaba antes, seguir a usuarios relacionados con nuestro sector de actividad (lo que no quiere decir que sólo tengamos que seguirles a ellos, claro). También hay que tener cuidado con lo que se escribe (es de cajón, pero por si acaso…), al igual que se debe tener cuidado con lo que se publica en blogs, Facebook y demás, para no soltar burradas comprometedoras. Tampoco queda bien que nuestra cuenta sólo recoja nuestras actividades en otras aplicaciones (RSS de blogs, Flickr, Facebook, notificaciones de Foursquare y similares) pero nada personal. A nadie le gusta seguir a usuarios que parecen robots o que sólo usan Twitter como plataforma de difusión de lo que hacen en todas partes menos en Twitter.

Si cree que el párrafo anterior coarta alguna de sus libertades fundamentales como ser humano y no está dispuesto a contenerse ni en esta ni en ninguna otra actividad on line, su puesto de trabajo no corre peligro y/o sus jefes no saben qué narices es eso de internet, adelante. Exprésese libremente. Si no es así, proteja su cuenta y controle quién está en su lista de seguidores (para purgar a algún usuario no deseado, bloquéele). Si quiere ejercer esa libertad de expresión pero trabaja en un sector en el que es aconsejable tener un perfil en Twitter que pueda consultar todo aquel que le busque y prefiere separar su vida privada de la profesional, mi consejo es que se abra dos cuentas y sólo incluya la pública en su carta de presentación. (Es lo que he hecho yo, por ejemplo).

Si estos consejos le han sabido a poco y no tuvieron suficiente con el tutorial en tres entregas (primera, segunda y tercera) que escribí en su día sobre Twitter, pueden darse una vuelta por el blog Twittercism, en el que Shea Bennett publica a diario consejos y trucos para mejorar nuestra experiencia tuitera, como esta recopilación de recomendaciones para conseguir -de forma honesta- seguidores (no se dejen engañar por el título) o esta lista de posibles explicaciones a por qué no nos sigue nadie. Esta en inglés, sí, pero para eso se inventaron los traductores, y el de Google mejora poco a poco. Ya casi no parece obra de un futbolista de la antigua Yugoslavia…

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La web de ‘Roja directa’, tomada por Estados Unidos

Susana Caballero | 1 de febrero de 2011 a las 17:50

Puede que alguien piense que el verbo tomar es excesivo, pero eso es lo que significa seize, el término empleado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU, que ha intervenido el dominio rojadirecta.org y lo ha sustituido por esta amenazadora imagen (sobre todo por lo que imponen los escudos del Departamento de Justicia, el de Investigaciones de Seguridad Nacional y, sobre todo, el del Centro de Coordinación de Derechos de Propiedad Intelectual Nacional (la protección es nuestra marca):

Pero que no se apuren los usuarios habituales de esta página, porque podrán seguir viendo sus partidos de fútbol, baloncesto, béisbol y hasta hockey, aunque, eso sí, deberán cambiar la terminación de la dirección, y teclear, en lugar de .org, .com, .me, .es o .in. El fundador de la web, Igor Seoane, asegura que la toma de posesión estadounidense -según las autoridades de aquel país, por la distribución sin permiso de contenidos sujetos a derechos de propiedad intelectual- se ha producido de madrugada, sin previo aviso, y saltándose a la torera los fallos judiciales que exoneraban a los responsables de la página precisamente del delito del que ahora se les acusa.

Desde la web, el equipo de Roja directa denuncia “la falta de control sobre los dominios genéricos (.com, .org, .net, etc.), que son controlados por empresas estadounidenses y que las autoridades de Estados Unidos vienen censurando en los últimos meses a su antojo sin un proceso judicial en el que exista la posibilidad de defensa”. [En teoría están controlados por la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (Icann), una “organización sin fines de lucro” cuyos hilos maneja Washington, según las malas lenguas]

No soy abogada, ni juez, ni siquiera experta en leyes, así que no sé hasta qué punto es lícito que un país intervenga una web administrada por un ciudadano de otro país por las bravas sin veredicto judicial de por medio (aunque sí hay una orden para el cierre) , pero todo esto, inevitablemente, me vuelve a traer a la cabeza aquello que dije sobre los cables de Wikileaks sobre la ley Sinde y confirma, por si no había quedado claro, que en lo que respecta a la Red no somos más que una colonia de Estados Unidos. O un protectorado, si prefieren el término británico, que viste mucho más.

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Actualización (02/02): Estados Unidos ha bloqueado también el dominio terminado en .com. Por ahora siguen operativos los .es, .in y .me. Además, Google ha eliminado de sus búsquedas los resultados que conducen a Roja directa, por las “quejas que hemos recibido en relación con la Digital Millennium Copyright Act (ley estadounidense de protección de los derechos de autor)”. Incluye el buscador un enlace a una queja no disponible y a otra relacionada con el litigio de Audiovisual Sport del que hablaba más arriba (y que data de 2007) y sobre el que ya se pronunciaron los tribunales españoles.

.me, .es, .in

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Internet, política y la convención del PP

Susana Caballero | 23 de enero de 2011 a las 0:19

Probablemente se preguntará quien aterrice aquí qué demonios pinta el Partido Popular en un blog de tecnología. Quien me conozca sabrá que llevo desde el viernes metida en la convención que celebran los populares en Sevilla (y aún me queda la mañana del domingo, que conste) y tal vez piense que voy a aprovechar la ocasión para desgranar la estrategia del PP en internet y las distintas redes sociales, pero ese no es el tema de este texto, aunque podría serlo.

También podría hablar de la web oficial del evento, que hasta el mismo viernes no colgó siquiera el programa y cuyo volumen de actualización y la variedad de sus contenidos es discutible cuanto menos (con colgar en ella los resúmenes de cada intervención que reparten a la prensa ya tendrían mucho ganado, y también podrían poner fotos y vídeos de todas las ponencias, por cierto), o del Twitter oficial del partido, cuya actividad es mucho más esporádica que cualquiera de los profesionales o aficionados que siguen el encuentro (basta con buscar en Twitter #convencionpp para constatarlo), o de la aplicación oficial para dispositivos móviles, presentada (o algo así, porque fue un poco extraño), pero sin tenerla terminada y sin saber cuándo estará lista (aprobación de Apple al margen), o de la azarosa conectividad del hotel Renacimiento, bien conocido por los asistentes al Evento Blog y que de repente (porque el viernes fue bien) sólo tiene wi-fi (o posibilidad de acceder con un pincho) en determinadas zonas. Al menos en la de prensa sí va.

La convención del PP no es el Evento Blog, claro. En el EBE no hay escáneres en cada entrada (entiendo su instalación, que conste), ni portátiles (sobre todo Macs) por doquier (algún iPad, pocos, y mucho smartphone). Y el café no cuesta dos euros (ya sé que no es el tema, pero no he podido evitarlo).

Tampoco es El ala oeste. Ni siquiera una convención Obama style (que me perdone el actual presidente de EEUU, pero jamás será tan bueno como el presidente Bartlet. Nadie puede), pero eso también lo sabía, así que no cabe desencanto porque cualquier no afiliado que espere de saraos de este tipo, no importa del partido que sea, algo más que una sucesión de mítines con los que se puede estar más o menos de acuerdo se equivoca.

Y, en cierto sentido, es una pena. Los distintos partidos políticos se han encargado, especialmente en los últimos años, aunque la cosa viene de lejos, en politizar con tanto ahínco todas las esferas de la vida pública que los ciudadanos han asimilado esa politización y la extienden a casi cualquier ámbito, hasta impregnar toda conversación o debate de ese tufillo odioso del “ellos” y “nosotros”. Esa crispación llega a todas partes. Si cualquiera, en un bar, un blog o Twitter alaba o critica a cualquier partido enseguida se le tachará de facha o sociata. Y toda esa crispación se ha revuelto contra los propios partidos y contra los políticos, haciendo inevitablemente sospechosa cualquier propuesta, declaración o iniciativa que emane de unos y otros. Eso, obviamente, también se extiende a la Red, y por eso cualquier proyecto que llame a la participación ciudadana, que pretenda conectar con los ciudadanos, se percibe como mera propaganda.

Rajoy decía esta mañana, cuando le preguntaban por el descrédito general que sufre la clase política, que las generalizaciones son siempre injustas y que hay muchos grandes servidores públicos que trabajan mucho para la ciudadanía. Tiene razón, pero como siempre los que más ruido hacen no son los más trabajan, sino los que se ponen delante de los focos.

Y hay que cambiar a casi todos los que se ponen delante de los focos, pero no sé si eso será suficiente, no sé si tendrán que pasar una o dos generaciones, de ciudadanos y políticos, para que la esfera pública deje de ser una arena en la que luchan unos contra otros y se convierta en un espacio en el que los ciudadanos puedan comunicarse efectivamente con unos representantes que les escuchen.

PD: Este tochazo que acaban de leer (si han llegado al final: gracias) tampoco era el tema de este texto, pero era algo sobre lo que me apetecía escribir. Tendré que dejar las mesas sobre internet en la convención para otra ocasión…

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Antonio Resines: “Descargar es robar”

Susana Caballero | 12 de enero de 2011 a las 18:51

Antonio Resines ha presentado hoy, junto a su director, Jesús Bonilla, la película La daga de Rasputín. Tras una serie de frases, que no argumentos, en defensa de la comedia española (como siempre, criticando a la estadounidense, cinematografía que, como todos sabemos, apenas tiene obras maestras cómicas, aunque eso es otro asunto), el actor, que siempre me ha caído bien, que conste, se despacha a gusto sobre la ley Sinde, las descargas, internet y todos esos avances que van a terminar con el mundo tal y como lo conocemos. Copio directamente del teletipo distribuido por Europa Press (las negritas son mías):

Preguntado por la situación actual del cine y por la recientemente rechazada ley Sinde, Resines es tajante y señala que se trata de una ley que, a su juicio, es “timorata”, y que exige “mucho menos de lo que se debería hacer con una ley que está admitida en toda Europa, donde hay sistemas controlables judicialmente para que la gente no descargue, porque eso es robar”. Por ello, no entiende cómo se ha rechazado una ley “suave” que impide robar. “Así como la gente cobra por su trabajo, nosotros también queremos cobrar. Además, si los productores no perciben nada, es imposible que hagan otra película. Si no recaudas nada, quien ha puesto dinero no va a volver a invertir en otro proyecto”, lamenta el actor.

Lo de la ley “admitida en toda Europa” es gracioso. Lo de “descargar es robar” no sé si es por puro desconocimiento o porque, como tantos otros, tiene asimilado ese discurso que hace ya años les grabaron a fuego organizaciones como la SGAE. Lo que sí sé es que La daga de Rasputín, con todos mis respetos, no tiene pinta de colocarse este fin de semana en el top de descargas, así que tendrán que buscar otra excusa si no consigue los resultados de taquilla que esperan, que ya está muy visto eso de echarle la culpa de todo a internet.

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Firefox le gana a Explorer, pero sólo en Europa (y en la Antártida)

Susana Caballero | 4 de enero de 2011 a las 23:16

38,11 por ciento para Firefox y 37,52 por ciento para Internet Explorer. La diferencia no es mucha, y se limita a las fronteras europeas, pero para algunos los datos publicados por StatCounter bien merecerán algún que otro brindis. 2010 se cerró en Europa con el navegador de Mozilla un pelín por encima del de Microsoft y con el de Google, Chrome, como en casi todo el mundo, subiendo como la espuma. A lo largo del año pasado, Internet Explorer perdió en Europa al 7,39 por ciento de sus clientes, y Firefox al 1,75. Todos esos usuarios, y algunos más, cayeron en los brazos de Chrome, que pasó del 5,78% de cuota con el que arrancó 2010 al 14,58 con el que cerró el ejercicio. Por su parte, Opera y Safari se mantienen estables en dura pugna por hacerse con el cuarto puesto, muy lejos, eso sí, de Chrome, con el que arrancaron el año casi emparejados.

¿Qué ocurre en el resto del mundo? Explorer sigue seguro en su trono como el navegador más usado del planeta. Aunque ha cedido un 8,31 por ciento, sigue siendo el preferido por el 46,94 por ciento de los usuarios. Le sigue Firefox, que apenas experimentó variaciones en 2010, año que cerró con un 30,76 por ciento, y Chrome, que terminó el año con casi el 15% de cuota desde el 6% con que abrió 2010. La situación de Opera y Safari es similar, pero en el cómputo mundial el navegador de Apple marcha bastante por delante.

En España manda Explorer, con casi un 50% de cuota y algo más de un cinco por ciento de pérdidas desde el inicio de 2010; le sigue Firefox, que cierra 2010 con un 29,43% (lo inició con un 32,7%) y tercero marcha Chrome, que pasa del siete por ciento de enero al 16 por ciento de diciembre. Opera ni siquiera llega al uno por ciento (0,95) y Safari, con el 3,67%, cerró el año prácticamente como lo empezó. La situación de los navegadores en España no es muy diferente a la del resto del mundo, aunque no tiene nada que ver con lo que pasa en Europa, como de costumbre. Si al final va a tener razón Angela Merkel en querer echarnos del euro…

PD: En la web de StatCounter se pueden consultar los datos país por país, lo que depara curiosidades como que en la Antártida el amo es Firefox, aunque en 2010 perdió un 10% de cuota de mercado y cerró diciembre con sólo un 78,71%, o que en el Sahara Occidental no hay datos que mostrar.

Google Zeitgeist: lo más buscado en 2010

Susana Caballero | 1 de enero de 2011 a las 21:08

“El espíritu del tiempo”. Eso es lo que significa en alemán la palabra Zeitgeist, que suele emplearse para aludir al “clima cultural e intelectual de un periodo de tiempo”. Y también es el nombre con que Google bautiza sus resúmenes anuales sobre los términos o temas más buscados por sus usuarios en todo el mundo y cuyos resultados se pueden consultar país por país o de modo global.

Como es de suponer, los grandes acontecimientos mundiales del año han acaparado durante 2010 la atención de casi todo el mundo alrededor del globo, y por eso eventos como el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, los Juegos de Invierno de Vancouver, el terremoto de Haití, el vertido de BP en el Golfo de México o la nube de cenizas del volcán Eyjafjallajökull centraron buena parte de las búsquedas del año (en Google se puede consultar su relevancia por mes y por país).

En todo el mundo, los términos de búsqueda con mayor crecimiento fueron Chatroulette (un sitio web ruso para chatear al azar con desconocidos que saltó a la fama por el excesivo gusto de sus usuarios masculinos por exhibirse), el iPad de Apple y el cantante Justin Bieber. Los tres términos cuyo interés decreció más con respecto al año pasado son swine flu (la gripe A), wamu (Washington Mutual, una entidad financiera adquirida por Chase tras protagonizar un estrepitoso fracaso) y new moon (Luna nueva; es de suponer que por Crepúsculo).

En el campo del entretenimiento, las tres búsquedas con mayor crecimiento son Justin Bieber, Shakira y Eminem, mientras que mundial 2010, olympics y espn3 (un canal estadounidense que emite deportes en directo on line) ocupan los primeros puestos en deportes y el iPad, el iPhone 4 y el Nokia 5530 son los que más suben en el ámbito de la electrónica de consumo; Haití, Besiktas y Chile son las noticias más buscadas y Justin Bieber, Katy Perry y Selena Gómez son las personalidades con mayor crecimiento.

Mientras, en España, la lista de términos más populares en las búsquedas de Google no desvela sorpresas (Facebook, Tuenti, Youtube, Hotmail y Marca), ni sorprende tampoco que en deportes lo que más se buscase fuese fútbol, Marca, Mundial, Comunio (una liga virtual) y Real Madrid, o que las palabras más utilizadas para buscar noticias fuesen Madrid, Real Madrid, España (así, en general), Barcelona (probablemente el equipo de fútbol) y Alonso (¿Fernando o Xabi?).

En cuanto a los emergentes (los que más subieron con respecto a datos anteriores), la lista la encabezan el juego on line Farmerama, gmail correo electronico (con poner gmail es suficiente), hotmail iniciar sesión (aquí también basta con la primera palabra), marca.es (hay quien sigue buscando así en lugar de teclear directamente en la barra de direcciones) y Twitter.

Por subsecciones, los temas noticiosos emergentes fueron iPad, Vancouver 2010, Tomás Gómez, Trinidad Jiménez (en las listas de Google también se le adelantó su rival por la candidatura madrileña) y Baltasar Garzón. La lista de nombres emergentes es bastante más prosaica: Paula Prendes (la reportera de Sé lo que hicisteis y efímera profesional de la radio), Paco González (por su polémica marcha de la Cadena Ser), Sara Carbonero, el ubicuo Justin Bieber y la actriz Norma Ruiz (a la que curiosamente acentúan en las búsquedas).

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Las estrellas del año 2010 en Twitter

Susana Caballero | 30 de diciembre de 2010 a las 14:41

Los mensajes más compartidos, los más influyentes, los temas de los que más se habló o las personalidades cuya llegada a la plataforma más expectación generó son algunos de los parámetros compilados por Twitter en su resumen del año 2010, el año del Mundial de Sudáfrica, el del vertido de petróleo de BP en el Golfo de México, el de Tiger Woods y sus andanzas fuera de los campos de golf y también el año de Wikileaks y el de Justin Bieber, cuya relevancia en el mundo de los 140 caracteres fue tal (o mejor dicho la de sus seguidores) que Twitter tuvo que cambiar el método con el que selecciona sus trending topics porque no había manera de sacar al imberbe cantante de la lista de los temas más comentados.

Los datos publicados en Year in review se refieren a tráfico global, y en todo el mundo los temas de los que más se escribió en Twitter durante 2010 fueron el ya mencionado vertido de BP, el Mundial de Fútbol, Origen (la película de Christopher Nolan), el terremoto de Haití, la vuvuzela, el iPad, Android, el también ya mencionado Bieber, la última entrega cinematográfica de Harry Potter y el Pulpo Paul. No hay nombres españoles en ninguna de las ocho categorías en que se divide este apartado. Lo más cercano es la presencia de Cristiano Ronaldo y Leo Messi, sexto y octavo, respectivamente, del listado deportivo.

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El apartado de mensajes más influyentes de 2010 lo encabezan uno sobre el terremoto de Haití, el saludo en Twitter entre Barack Obama y Dimitri Medvedev y una ciclista accidentada en la montaña que se salvó gracias al tuit que pudo enviar. En el puesto noveno de esta lista está Carles Puyol, que compartió una foto desde el autobús en el que la selección celebró el título mundial (“orgulloso de ver a tanta gente feliz”, escribió).

En cuanto a los tuits más retuiteados, los vencedores son el presentador estadounidense Stephen Colbert (Biz Stone fue a su programa a entregarle el primer Golden Tweet), los raperos Drizzy Drake y Lil Wayne, el inevitable Bieber (“Te quiero mucho mi amor”, decía su mensaje) y Al Qaeda (“Twitter me sugiere que añada una localización a mis mensajes; no voy a caer en esa”). La lista de los diez más populares la completan Joe Jonas (uno de los Jonas Brothers), con un mensaje sobre Bieber; Lady Gaga, Kanye West, Rihanna (con otra mención a Bieber) y Shit my dad says, una cuenta que tiene su serie, con William Shatner.

En la lista de nuevos usuarios célebres del año hay nombres tan dispares como Bill Gates, el Dalai Lama, Diego Forlán, Noor de Jordania, Billy Idol, Hugo Chávez (que tiene más de un millón de seguidores), Conan O’Brien (más de dos millones de seguidores), Cher, Victoria Beckham, Tiger Woods, Sylvester Stallone o Leonard Nimoy, cuya palabra favorita es LLAP (Live long and prosper).

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Prensa e internet: pasado, presente y futuro

Susana Caballero | 27 de diciembre de 2010 a las 20:12

[El Día de Córdoba, en el que trabajé durante seis años, sus primeros seis años de vida, celebra ahora su primera década en los quioscos, y su director, Luis J. Pérez-Bustamante, me pidió que escribiese un reportaje sobre los periódicos, el periodismo e internet para incluirlo en el suplemento especial que estaban preparando. Este es el resultado].

En los últimos años los avances tecnológicos han afectado a casi todos los sectores, pero en pocos esa evolución ha sido tan revolucionaria como en el periodismo, en especial el conocido como escrito, tanto en su sistema de producción como en el de distribución e incluso en el consumo. Aunque a quienes empiezan ahora en este negocio les parezca prehistórico, no hace tanto que las máquinas de escribir salieron de las redacciones, y en la mayoría de ellas hay veteranos que recuerdan cómo se trabajaba entonces y que los despachos de agencias, o teletipos, salían por una impresora y había que ir a recogerlos, cortarlos y distribuirlos entre las secciones correspondientes.

Después llegaron los ordenadores. Pero no se parecían en nada a los de ahora. Lo del interfaz gráfico (ver qué es lo que uno estaba haciendo, como los actuales sistemas operativos) tardaría aún en llegar. Había que conformarse con unas letras verdes sobre fondo negro y aprender una interminable serie de códigos para pasar de una a otra parte de la página, y cuando llegó internet lo hizo muy poco a poco, con un solo ordenador conectado al que se accedía previa petición y sólo si había una justificación profesional para ello.

Y casi de un día para otro llegó el futuro. Editores visuales, con las aplicaciones para ver teletipos y fotos integradas y tres combinaciones de teclas maravillosas, aunque por desgracia la ciencia aún no ha sabido trasladarlas al mundo real: Ctrl+C (copiar), Ctrl+V (pegar) y la mejor de todas, Ctrl+Z (deshacer). Ese futuro también llegó a la distribución, y de paso revolucionó la forma en que los lectores consumen los contenidos producidos en las redacciones.

El salto a la Red

La primera página web de El Día de Córdoba debutó en la Red sólo unos meses después de que el periódico llegase por primera vez a los quioscos. Aunque para su época no estaba mal, no resistiría la comparación con cualquier blog de hoy en día. Se reducía a trasladar a la web lo publicado en el periódico impreso, no se podían incluir enlaces, ni vídeos, ni más de una foto por noticia ni, claro, permitía comentarios de los lectores. Y actualizarlo a lo largo del día era una tarea titánica, tanto que ni se intentaba, aunque hubo un día en que sí hubo que actualizarlo, el 11-S.

Unos años después la web de El Día de Córdoba cambió, y poco tiempo más tarde lo hizo de nuevo para llegar a la que hoy está en la Red, con la distribución del contenido en tres columnas: la izquierda para la información local, la central para la nacional e internacional y la derecha para encuestas, galerías, encuentros, blogs y promociones. Aunque el cambio estético es importante, el verdadero salto en este campo es la diversificación de contenidos que podemos ofrecer a nuestros lectores y que a esta fiesta ellos también están invitados. Donde antes había sólo texto plano y puede que alguna foto, ahora hay texto enriquecido con enlaces a nuestra propia hemeroteca o a otras fuentes de información, con imágenes, vídeos, galerías, encuestas y artículos de los blogs de la red del Grupo Joly.

Todo ello lo pueden comentar los lectores, y aportarnos información, sugerencias o críticas, porque ellos también contribuyen a hacer cada día el periódico, y por eso no fallan cuando les pedimos que compartan sus imágenes sobre aquella nevada de la que casi todos hicimos fotos, o de las últimas inundaciones, y también esperamos que compartan con nosotros su alegría si (crucemos los dedos) Córdoba consigue la tan ansiada Capitalidad Cultural. Y para los que prefieren tenerlo todo en su red social en lugar de andar zascandileando por internet, también podrán encontrarnos en Facebook y en Twitter, donde cada día sumamos amigos y seguidores y donde además ofrecemos coberturas en directo.

El futuro

El presente es, sin duda, estimulante, y también lo es el futuro, por mucho que haya agoreros que, no se sabe con qué propósito, vaticinen el fin de los periódicos e incluso el fin del periodismo a manos de internet. No hay una guerra entre la Red y el papel. No son enemigos, y no tienen por qué serlo. Son simplemente dos canales de distribución, dos formatos, para un contenido que sale de la misma redacción, que elaboran las mismas personas y que, al fin y al cabo, sigue siendo escrito. Hace ya mucho que el medio dejó de ser el mensaje (y 30 años de la muerte de Marshall McLuhan), y ahora el mensaje es el mensaje y la noticia la noticia, no importa cómo la contemos, si es en 140 caracteres, en un reportaje multimedia o a cinco columnas en portada. Nada de eso importa ya. Importa contar al lector lo que quiere saber, o lo que puede que le interese sin que sepa que lo busca. Importa satisfacer esa demanda y gracias a internet contamos con las herramientas para saber quién llega a nuestra web, de dónde viene, cuánto tiempo está en ella y qué es lo que lee. Sabemos por los trending topics de Twitter los temas de los que todo el mundo habla, sabemos por Google qué buscan los internautas. Y sabemos que frases como “eso no le interesa a nadie” o “esto le va a encantar a la gente” no se deberían volver a pronunciar en una redacción si no se acompañan con informes de analítica web porque ahora sabemos qué interesa y qué no.

Es probable que un día no muy lejano se dejen de imprimir periódicos, pero eso no supondrá ni el fin de los periódicos ni el fin del periodismo, como la televisión no acabó con el cine ni la radio con los primeros periódicos. Había periodismo mucho antes de que se imprimiera y lo seguirá habiendo mucho después, porque siempre habrá historias que contar, gente interesada en conocerlas y profesionales dispuestos a contarlas.

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Los tomates de Bardem

Susana Caballero | 25 de diciembre de 2010 a las 22:43

Cuando uno dirige un medio de comunicación y quiere transmitir un mensaje tiene dos formas básicas de hacerlo: una, utilizando el editorial, que refleja la opinión del medio en cuestión, o publicando informaciones que defiendan una determinada postura; dos, llamando a personas que compartan su opinión sobre un determinado asunto para que escriban un artículo sobre el tema. La segunda suele ser considerada más elegante, sobre todo desde dentro, porque no implica al medio. A fin de cuentas, es otro el que lo dice. Pero desde fuera en ocasiones da una apariencia no precisamente elegante.

En ésas anda estos días El País, que con una mano se cuelga medallas por su compromiso al publicar los cables de Wikileaks, también los de la ley Sinde (de aquella manera y la noche de la crisis de los controladores), mientras con la otra trata de defender la susodicha disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible pero sin que se note demasiado, que a fin de cuentas es un periódico serio, prestigioso, que no está dispuesto a que el debate sobre el tema le afecte más de lo necesario.

A lo largo de toda la semana, el diario ha ido publicando más cables de Wikileaks sobre la ley Sinde y numerosas piezas sobre el impacto que en la Red tuvo el extraño (por los numerosos retrasos que hubo en la votación) rechazo a la norma. Incluso ha publicado piezas escritas por algunos detractores de la disposición, como Julio Alonso. Pero sobre todo han publicado artículos de gente, de esos que se consideran artistas y creadores (y, por lo tanto, probablemente tan hambrientos como Rosario Flores por culpa de la piratería), que están muy a favor no ya de que se regulen las descargas (y no sólo las descargas, porque aquí habría que hablar también del streaming), sino de que se regulen como quiere Sinde. Entre esos textos hay joyas como esa firmada por Alejandro Sanz en la que directamente llama proxenetas a los piratas (¿no sería gracioso que todos los que nos sintiésemos aludidos le demandásemos por calumnias?) o la firmada por Javier Bardem sobre los tomates y los botones mágicos.

El ganador de un Oscar, conocido por su fuerte compromiso social y político y cabeza de pancarta en cuantas manifestaciones se han celebrado en España contra la reforma laboral, la congelación de las pensiones, el recorte salarial a los funcionarios, la subida del IVA, el paro, la crisis, los engaños del Gobierno desvelados por Wikileaks…

Perdón. Se me han traspapelado los datos. Este señor no ha estado en ninguna de estas manifestaciones. De hecho, ninguno de sus amigos ha estado en ninguna, ni las han apoyado, ni organizado, ni nada. Alguien con un poco más de mala uva podría decir que el señor Bardem no pisa la calle desde que Zapatero llegó a La Moncloa hace varios años, lo que explica meteduras de pata como la de los tomates, que empieza así (el que quiera leérselo entero, más que nada porque es un texto humorístico de primer nivel, puede hacerlo en El País):

Quiero comprar un tomate fresco. Voy a llamar a un verdulero para que me venda uno recién sacado de la huerta. Pero resulta que si doy a un botón en mi ordenador un tomate parecido en sabor y color se instala automáticamente en mi nevera. No está igual de bueno que el de la huerta, pero me da igual, total… es para un gazpacho.

Pero no traigo aquí el panfleto del ganador de un Oscar sólo por criticarlo, sino para compartir por quien pase por aquí (y no lo haya leído ya, claro) uno de los muchos comentarios que recibió el texto en Menéame, una respuesta grandiosa que podéis leer en el propio Menéame o en Blogoff, que lo ha rescatado porque sin duda lo merece. El texto, firmado por el usuario humitsec, empieza así:

Javier Bardem quiere «comprar un tomate fresco». Para usar el paralelismo con la industria cultural, Javier debería acudir a una tienda en la que tras pasar por sucesivas manos, el tomate ha incrementado su valor de manera artificial, repercutiendo en el horticultor en menos del 0,1 % de su valor de venta. Son otros, los intermediarios, los que han cobrado más, en muchos casos tan solo por cambiar la pegatina que viene puesta en el tomate. Algo que, por desgracia, no dista mucho de la realidad del mercado de la agricultura –y de la pesca, y de la ganadería…–.

Pero ahora viene la gracia. Javier Bardem no puede compartir ese tomate que acaba de comprar con nadie más, pues de lo contrario la Sociedad General de Agricultores y Especuladores se cabreará con él y lo llamará ladrón: «¡Quien quiera un tomate que se lo compre! ¿Qué es eso de compartir?».

Si digo que lo leáis completo porque no tiene desperdicio, me quedo corta. Es de lo mejor que he leído en mucho tiempo.

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Un par de consideraciones sobre la ‘ley Sinde’

Susana Caballero | 23 de diciembre de 2010 a las 0:14

Aunque ya he dicho en alguna que otra ocasión la opinión que me merece la conocida como ley Sinde, me gustaría, tras su rechazo en el Congreso, hacer un par de puntualizaciones sobre el tema, porque he visto en los últimos días que algunos, deliberadamente o no, están confundiendo churras con merinas. Y hasta con meninas, en algunos casos.

-El sobrenombre ley Sinde es doblemente desafortunado. Primero, porque no es una ley, sino una disposición final a una, la de Economía Sostenible. Segundo, porque, según sabemos por los cables de Wikileaks, es erróneo atribuirle a la señora González Sinde la autoría de dicho texto. Mejor llamarla apéndice Washington, o anexo EEUU, o algo así.

-Estar en contra de la ley Sinde no implica estar a favor del todo gratis en internet, ni despreciar la propiedad intelectual, ni los derechos de autor. La ley Sinde no es mala porque persiga la también a menudo mal llamada piratería en internet, sino porque es un despropósito legislativo. Ya hay leyes para proteger los derechos de autor, y funcionan, sólo que a los que mandan en esto (no confundir con los burócratas que nos gobiernan) no les gusta cómo aplican los jueces esas leyes, y por eso quieren, por mucho que hayan añadido, a lápiz y a regañadientes (aunque el PSOE lo subraye), lo de la “previa autorización judicial”, dejar a los jueces al margen. Lo que quería la ley Sinde era crear una comisión de expertos (favorables, claro) que decidiese si se debía cerrar una web. Con su dictamen, informe, panfleto o como lo llamasen, se irían a un juez, que tendría cuatro días para decidir, el mismo tiempo que el acusado tendría para defenderse. Ya dije en su día que no veo la necesidad de esta urgencia, porque la vulneración de la propiedad intelectual no es una cuestión de vida o muerte, y no entiendo por qué debería resolverse en cuatro días un asunto de este ámbito mientras otros que sí son importantes (pongan el ejemplo que prefieran) se pudren entre la burocracia judicial. Ni que decir tiene que en cuatro días ni un juez puede resolver adecuadamente un caso ni un acusado defenderse apropiadamente.

-Hay quienes están en contra de la ley Sinde porque quieren seguir consumiendo gratis series, películas, música y libros. Me parece respetable. Hay quienes, compartiendo esa postura (a fin de cuentas, lo que les importa es seguir consumiendo gratis), lo disfrazan de atentado contra la libertad de expresión. También es respetable. No importa por qué se esté en contra de esto. Es un disparate, y punto, porque mañana, o el año que viene, el criterio para decidir qué es piratería y qué no podría ampliarse, y afectar a cualquier actividad que se realice en la Red. Además, en España poner enlaces de descarga no es ilegal. El p2p tampoco lo es. Que una comisión designada a dedo por el Ministerio de Cultura asuma competencias que corresponden a un juez sí lo es. Y también saltarse a la torera la presunción de inocencia. Es un abuso tener que pagar un canon por cualquier dispositivo por si me da por usarlo para copias ilegítimas. No soy yo quien tiene que demostrar su inocencia. Eres tú el que tiene que demostrar que soy culpable.

-Luego está el asunto Wikileaks. Estados Unidos (la industria del entretenimiento, a través de Washington y de la embajada en Madrid) presionó al Gobierno, a líderes de otros partidos y a casi cualquiera que se le puso por delante para que La Moncloa actuase contra la piratería. Además de los cables publicados por El País, hay otros cuantos que se refieren al mismo asunto (Víctor R. Ruiz los ha analizado), como ese que apunta que la propia Sinde pidió a la embajada estadounidense que hablase con otros partidos políticos para convencerles de que apoyasen la propuesta. No sólo se dejó el Gobierno manipular, sino que solicitó a los manipuladores que presionasen también a los demás. Muy edificante.

-El capítulo final de la tramitación del texto fue de vergüenza ajena. Ya era chusco incluirlo como un apéndice de una ley (la que se suponía que iba a sacarnos de la crisis, cambiar el modelo productivo y blablabla), pero que la votación final (o semifinal, porque esto no ha terminado; aún tiene que pasar por el Senado) fuese en una comisión, no en el pleno del Congreso, y que además fuese retrasada hasta el último minuto para ver si el PSOE lograba convencer a alguien de que votase a favor fue lamentable. Pero, en el fondo, muy adecuado a la susodicha norma. Es innegable el paralelismo entre estas dos proposiciones: si los jueces no dictaminan lo que queremos, los quitamos del proceso; si nadie nos apoya, retrasemos esto hasta que consigamos que alguien lo haga.

-La noche de autos seguí la votación por Twitter. Y me sorprendió la cantidad de gente que hay por ahí que no tiene, a estas alturas, ni la más remota idea de cómo funciona el poder legislativo español. Hubo quien se quejaba de la desgana de los miembros de la comisión que debían votar, del galimatías de las enmiendas, de que votaban sin saber qué estaban votando y hasta del mercadeo de votos (CiU pedía contrapartidas al PSOE por su apoyo a la ley Sinde). ¿De verdad hay que explicar esto? ¿Todavía hay quien no sabe que en España impera la disciplina de voto en los partidos y que con que haya uno que sepa qué están votando ya saben todos qué deben votar, porque sólo cumplen órdenes? ¿Todavía se sorprenden de que se intercambien votos y favores -competencias, subvenciones…-? ¿Cómo creen que sacan adelante sus leyes los Gobiernos que no gozan de mayoría absoluta? ¿Con buenas palabras? ¿Con la fuerza de su retórica? ¿En serio?

-Lo de España como paraíso de la piratería ya cansa. Y hay quien se ha subido a esa mula y no parece estar dispuesto a bajarse de ella, por mucho que se demuestre que las supuestas estadísticas no son precisamente fiables, que las inclusiones en listas negras son, más que nada, para ponernos como ejemplo ante otros países piratas, y por mucho que se cuente como pérdidas, o dinero que no se ingresa, todo eso que almacenan los que tienen síndrome de Diógenes digital. Bajan todo lo que encuentran aunque saben que nunca lo verán/leerán/escucharán.

-Los del síndrome de Diógenes no son sus clientes, señores de la industria del entretenimiento. Los del todo gratis, tampoco. Pero somos muchos los que estamos dispuestos a pagar para poder ver/leer/escuchar lo que queremos, en tiempo y forma, como se suele decirse, pero ustedes siguen empeñados en tropezar una y otra vez en las mismas piedras. La industria musical la pifió. La cinematográfica la pifió. Y la editorial, que no ha aprendido nada de los errores de las dos anteriores, la está pifiando también, con ese engendro llamado Libranda que hace que se le quiten a una las ganas de comprarse un libro en formato electrónico. Mientras sigan haciendo alternativas legales cutres, caras e inusables, seguirán perdiendo. Y cuanto antes se den cuenta, mejor para todos. Dejen de incordiar en las casas de los demás y dedíquense a arreglar las suyas, por favor.

PD: La nota enviada a los socios de la SGAE por Teddy Bautista (“compositor y músico desde 1962″) no tiene desperdicio, sobre todo su última frase: “Hoy toca pensar; mañana, preguntar; pasado, ya veremos”. ¿Es eso una amenaza?

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