Robert Goodwin, el hispanista golondrina

Luis Sánchez-Moliní | 28 de abril de 2015 a las 14:24

Bob

El hispanista británico Robert Goodwin (Bob para los amigos) es la prueba irrefutable de la estructura circular del tiempo: regresa a Sevilla todas las primaveras, como lo hacen las golondrinas y los escotes de las mujeres. Lo conocí hace más de veinte años, cuando ya hablaba ese español suyo tan peculiar, mezcla de andaluz e inglés de colegio privado, repleto de giros castizos e ironía londinense. Al igual que algunos de sus predecesores (en especial el recién fallecido Raymond Carr) profesa un amor carnal por España, una pasión que no huye de los aspectos más sensuales, como la tauromaquia, la gastronomía o el arte. Hablar con Bob de toros es, además de una experiencia pedagógica, algo francamente divertido, pero beber con él puede tener efectos desastrosos, como pude comprobar una vez más durante la pasada Feria. El hispanista traga con la fiereza de los anglosajones, pero con el estoicismo de los mejores hispanos. Siempre te acaba tumbando.

Robert Goodwin es, desde hace tiempo, uno de esos personajes que patrullan continuamente la ciudad y lo mismo te lo encuentras en las escalinatas del Archivo de Indias que en cualquier tugurio del Moscú Sevillano, siempre dándole vueltas a un nuevo artículo o a un nuevo libro sobre la Historia de España. Una vez le pregunté el por qué de esta obesión por un lugar tan distinto al suyo y me contestó: “Muy fácil, mi padre era experto en Turquía y yo me busqué un país en la otra punta de Europa”. Esa respuesta me enseñó cuál es la gran diferencia entre el imperio español y el británico: el primero parió hijos cerrados al mundo, reconcentrados en sí mismos; el segundo produjos ciudadanos cosmopolitas para los que el orbe es su casa.

Como gran sorpresa que alivió los estragos psicológicos y físicos de la Feria me encontré al regresar al periódico un paquete con su último y voluminoso libro: Spain. The Centre of the World 1519-1628 (incluso los que no sabemos inglés no necesitamos traducción). La obra, publicada por la editorial británica Bloomsbury, es un repaso a nuestra edad dorada tanto como nación como ciudad, el momento en que España y Sevilla fueron el centro del mundo. Lo presentará el próximo 19 de mayo en la embajada española de Londres y, creánme, está pidiendo a gritos un editor español. El que lo haga no se arrepentirá.

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