Belén Esteban, reina del precariado

Francisco Andrés Gallardo | 22 de abril de 2008 a las 9:11

En los periódicos del Grupo Joly, en las páginas de Pasarela, he inaugurado la sección ‘Sombras de la China’ (homenaje al gran Serrat). Nos hemos estrenado con la impagable Belén Esteban…

Cada vez que habla gesticula como una matriarca abandonada en un naufragio, espantando moscas muertas, mosquitas como la que ella misma parecía cuando apareció de la mano de Jesulín.Amortizada su vertiente de self made girl underground, Belén es ejemplo de madre soltera que ha encarado sin ambages los vaivenes de la vida y los columpios del amor. Las abuelas y matronas lloriquean con ella cuando pronuncia sus testimonios con cicatrices en el alma y protagoniza una telenovela imaginaria que algún día acabaría con su reconciliación con el padre de su hija Andrea, aquella niña que no quería comerse el pollo. Ese fin de culebrón es el soñado por mucha de su clientela televisiva que brindó con sidra cuando supo de su boda con Fran, un amigo de barriada, anónimo camarero y nos imaginamos que sufrida pareja.Telecinco y Ana Rosa Quintana quieren montar un belén, por lo menos la boda del medio siglo, para celebrar el enlace de la princesa de geles, de esta autocoronada reina del precariado, que gana una pasta cuando habla en encíclica exclusiva. Nunca ha ocultado su deficiente formación académica, que suple con soltura con su formación profesional de tertuliana gritona. Ella es el yin matinal, y el conde Lecquio, el que propinaba “bofetadas light”, el yang. Ana Rosa es el yen, el dólar y el euro. Se lo lleva calentito con las cuitas de esta oxigenada y dermoestética chica que el día 27 dirá el “sí quiero”. Sí quiero a seguir siendo el personaje que se ha fabricado. Se vista como se visa.

En este vídeo se demuestra el nivelazo artístico de la aludida.

  • Mamerto

    Impagable este artículo que retrata, califica y adorna a una Esteban que, de no haber sido por la cópula torera, no habría sobresalido más allá de las peluquerías de su calle y el cine de barrio. Fransico, noragüena.