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Cataluña nos prefiere pobres e incultos

Francisco Andrés Gallardo | 4 de febrero de 2014 a las 9:04

El jueves tocaba huelga en la televisión pública catalana TV-3 y por la tarde se rellenaba el parón con la miniserie Ojo por ojo, protagonizada por Lluís Homar, y que se coprodujo con RTVE (aquí tenéis el enlace http://www.tv3.cat/videos/2847850 ). En la versión catalana sobre esta historia de pistoleros y conflictos laborales en la Barcelona industrial de hace algo más de un siglo los burgueses y chicos buenos parlan en perfecto catalán mientras que los malos se desenvuelven en clarísimo (y cerradísimo) andaluz. Sí, en ese mismo dialecto castellano con el que se expresa la caricatura de Sergio Ramos, expuesto como el tonto supremo de la sátira Crackovia. Si usted observa suspicacias al respecto será tildado de facha y cavernario, pero ya le digo, esos son los clichés pro-complejos que endosan a fuego lento a su audiencia, andaluces y descendientes de andaluces incluidos. Ser andaluz o sentirse español es de pobres. De jetas. De incultos, vaya.

 

En la televisión de Artur Mas, caldo independentista donde se puede tirotear al Rey o se rotula con “Eleccions amb violència” un mapamundi donde aparece una hipotética Cataluña independiente, hay que andarse con cuidado. Los Morancos, el día siguiente a los pistoleros, iban de amistosos y abiertos y salieron escaldados. ¿A quién se le ocurre ir contra la élite de allí? Las malas caras de las dos colaboradoras de Els matins, que se igualan a los de Intereconomía en rictus e intransigencia, fueron mediatizando a los hermanos Cadaval, que terminaron arrinconados con palabras que en el fondo no querían decir. Ay, era en ese momento cuando debieron pronunciar lo de que se sentían españoles y leales a la Constitución. Pero ante la mirada siesa de la escritora Empar Moliner se arrugaron. No querían montar una escandalera que hiciera desertar de las butacas a los espectadores. O al menos esa es la impresión. Y la táctica les salió peor que la dieta de Omaíta.

 

Hay que tener mucha trayectoria para torear en Cataluña como Felipe González ante Mas en Salvados. Évole vuelve a conseguir un gran impacto con una mesa y un par de sillas. La cuestión es saber a quién sentar en ellas. El mejor parado de ese debate fue el PSC. Si no tenían argumentos claros para su electorado, que le pregunten a Isidoro: se explicó la mar de bien.

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Carmen de Catalunya

Francisco Andrés Gallardo | 30 de noviembre de 2010 a las 13:13

CASI 7.000 catalanes han votado a un imitador de Elvis Presley y a Carmen de Mairena, líderes imprevisibles. El delirio electoral del frikismo. Lo de esa Coordinadora Reusenca (reusense, de Reus) Independent da para un reality de mucha guasa pero es también el surrealista altavoz de cierto cabreo en una ciudadanía que abomina de los políticos que les ha tocado soportar. Menuda tropa, en los años más difíciles que recordamos. Carmen, el travesti más delirante que vio la pantalla en sus varios de siglos de existencia, criatura marciana de la factoría de Javier Cárdenas, “una mujer completa” como se autodefine (y no me aprieten en los detalles y rimas), fichaje estrambótico de El intermedio, ha mordido su trozo de protagonismo político y tribuna. Uf. Ya ven, cualquier personaje que salga en la tele se puede convertir en símbolo de lo que se proponga. Por tanto, no hagamos bromas a estas alturas con la princesa de Vulgaria: Telecinco (con Cuatro) vuelve a tener más del 25% de la audiencia de este país.

De no haber tenido sus minutos televisivos de gloria y miserias, la caricatura daliniana de Carmen de Mairena habría pasado casi de largo, pero la televisión cuida de estos retoños dignos de una embajada pillada por Wikileaks. El drama económico y la comedia de la política catalana son capaces de fabricar pellizcos esperpénticos. Si Carmen ha llegado a ser tomada en serio como candidata al Parlament es justificable (que no comprensible) esa galería de vídeos frikies y las intervenciones de fantoches que se prodigaron en la campaña catalana. Joan Laporta, líder con corbata y rictus de este frikismo, se propone que Cataluña pueda convertirse en país en independiente en los próximos cuatro años. Y la televisión, único alimento informativo para millones de almas, retrata todo ese páramo ideológico que ya no deberíamos tomarnos a guasa.