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Ana, la gran comilona

Francisco Andrés Gallardo | 25 de septiembre de 2013 a las 10:06

Ya saben que si La 1 anda mal de audiencia la culpa la tienen otros, los que se marcharon con el serial Amar en tiempos revueltos a Antena 3. Observo que el presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique, es de esos políticos que tanto abundan en el PP (y en el PSOE) que la culpa de sus errores la tienen siempre los otros ¿quién? cualquier otro, alguien a quien echarle la culpa de las responsabilidades propias. El alcalde de mi pueblo, Enrique Moresco, es especialista aunque no es de la cantera del PP, sino de un chiringuito local llamado Independientes Portuenses. Aquí la última sentencia contra el alcalde de aquel partido. Unos prendas, vamos. Sólo falta colocarlos en Prado del Rey.

A lo que iba. La 1 es una cadena lacia, y hasta Un país para comérselo va perdiendo sabor. Hoy hablo en papel de Ana Duato…

Imanol y Echanove, hermanos de ficción, de sangre y de pucheros, se lo pasaban en grande en Un país para comérselo. En los ojillos les brillaban los destellos de las cacerolas y las copas de vino tinto. Ahora la serie documental de anuncios engarzados, de visiteo a lugares que huelen la mar de bien (el HD está al filo de conseguirlo), la conduce la esposa ficticia de Arias y la esposa real del dueño de la productora, Miguel Ángel Bernadeu. Cuando aparece Ana Duato por las praderas gastronómicas de este programa de La 1 hay un halo de reducción de costes para que un programa entretenido y también interesante, para enorgullecernos de todo lo bueno, efectivamente, que aún tenemos en España.

Cuando Duato, la gran comilona, se tiene que arremangar hay una sensación de que Un país… sobrevive por un fogoso empeño de unos cuantos y un suplicante interés de la cadena pública por mantener marcas que funcionan. Esta nueva andadura también se antoja más rutinaria, más obligada, más previsible, aunque nadie puede negar que Duato no se lo tome con profesionalidad y ganas de agradar a sus visitados y a sus espectadores. Ana es dulce, pero le falta un punto de sabor, de salsa.

Amable sin más, Un país para comérselo es ya sólo uno más en una programación de La 1 que todo se parece a todo: vuelos de postal con Francis Lorenzo, tesones artesanales con Juan Ramón Lucas y muchos más quesos y cosas así en Comando Actualidad y otros espacios del montón. Estos banquetes andantes ahora a cargo de Merche (Duato en verdad es bien diferente a su personaje de ficción) parecen añadirse a desgana a la remesa de ‘españoladas’, metidas con calzador de patrocinios en las noches de La 1.

Y un rato con Ana Duato siempre será mucho mejor, un lunes por la noche, que la prueba del polígrafo, horreur, al lanudo Iturralde en el Tiki-Taka de Cuatro. Sí, nos resignamos. El fútbol de medianoche se ha puesto la camiseta de Sálvame. Y eso después es difícil despegarlo de la piel.

 

Vogliamoci tanto bene, Alcántara

Francisco Andrés Gallardo | 27 de noviembre de 2010 a las 3:38

Un par de tipos se ponen como el quico por toda España. Felices, con los cachetes sonrojados y los hilillos de aceite por la comisura. Echanove y Arias se lo pasan estupendamente y esa vibración traspasa la pantalla plana y redondea Un país para comérselo. Se lo pasan muy bien, de remoquete y a destajo, lo narran con cierto sentimiento en el off con estampitas y ahí tienen un trozo de televisión sana, baja en colesterol saturado, y que además hasta hincha el orgullo patrio. La televisión feliz funciona, y mucho, en estos tiempos, aunque la bronca siga teniendo audiencia segura.

Al Imanol de la ficción, Antonio Alcántara, pese a que ahora tiene que bucear en el barro de la alta política de los tiempos de Suárez, le tiene que ir bien en 1978 para que nos consuele en estos agobios de 2010. Cuanto más felices son los Alcántara, mejores son sus resultados de seguidores. A la familia de verdad, la que de verdad sentimos, como es el caso, siempre le deseamos lo mejor. Quienes escriben Cuéntame cómo pasó saben que en el fondo a sus espectadores lo que les mola es que a estos representante catódicos de la clase media progresen en unos tiempos en los que progresar era aún más difícil que ahora. Antonio Alcántara viene a representar los anhelos pasados que, ya que no podemos variar de nuestros recuerdos reales, se pueden fantasear y cumplir en esta memoria de ficción.

En estos días de nalgas contraídas, en los que los asientos nos abrasan de incertidumbres, necesitamos gente que triunfe. Aunque sea de mentira. Necesitamos héroes, inasequibles al desaliento y constantes en esa fe que hemos perdido. Los que ajustan las cuentas que a nosotros injustamente nos ajustan. En España nos van tanto los cuentos chinos como las tragedias griegas. Pero lo que preferimos en la tele es la comedia a la italiana. Vogliamoci tanto bene, amore mio…