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Señoras y señores, la recesión

Tacho Rufino | 10 de julio de 2008 a las 11:28

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Era de esperar -un secreto a voces, un tabú-, lo que sucede es que no se la esperaba tan pronto: la recesión ha venido y nadie sabe cómo ha sido. La pasión terminológica que -¿cortina de humo?- el Gobierno ha conseguido contagiar a la población ha permitido que asistamos a debates de barra y máquina de café en los que unos nos corregíamos a otros: que esto no es crisis (situación caracterizada por una caída significativa y larga en el nivel de actividad económica de un país o región. También se usa el mismo término para referirse a situaciones de alto desempleo o de alta inflación), que es aterrizaje suave, o sea, desceleración (proceso de disminución transitoria del ritmo de crecimiento de una magnitud económica, y que se manifiesta porque en un período dado la tasa de crecimiento es menor que en igual período inmediatamente anterior); que en puridad esto es una corrección económica (una recesión breve) o ajuste más o menos intenso, o que tras esto no hay más que el determinismo del ciclo económico. Según dijo el altísimo Galbraith, las diferencias entre estos términos no son más que de intención… de intención de alarmar o calmar a la población.

Como acaba de advertir en primicia el BBVA con los datos del último trismestre, si el crecimiento del PIB era cada vez más pequeño y ha llegado a no ser crecimiento en absoluto, estamos en crecimiento cero (el término es como decir  “lluvia seca”, pero es el que es), y como nada invita a pensar que la tendencia vaya a revertir a corto plazo, estamos a las puertas del crecimiento negativo (éste es aun más eufemístico). Según las escuelas y los países, para que el crecimiento negativo se convierta en recesión sólo hace falta que lo sea durante un tiempo: un año para los europeos en general, seis meses para los estadounidenses…

Botín y el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, dicen que es una gripe o un catarro. Pero hace meses que asistimos a una cantidad de diagnósticos y pronósticos que, de manera inmediata, son desmentidos por las estadísticas. O sea que hacer acto de fe en nuestros líderes políticos y económicos, la verdad, son ganas de engañarse. Mientras, la crisis convive con nosotros desde hace meses, y muestra el síntoma más palmario de ser tal crisis: un aumento notable y continuado del paro.

  • Pep Pérez-Roura

    Touch, gracias por el pedagógico post. El desahogo de los políticos es descomunal, de una semana a otra niegan la mayor, dicen que esto no es lo que parece, querida, y acaban por decir justo lo contrario. Hay que entender sin en cambio que quizá no tengan ni idea de qué hacer, ni esté en la mano de los políticos desfacer el entuerto.

  • daniel garrigosa

    El problema es a futuro. Las legiones de nuevos parados no se reabsorben por arte de magia cuando el ciclo recupere su marcha ascendente. Y las arcas públicas estarán con telarañas, y las políticas públicas, por eso mismo, serán todavia más cutres. No es tan facil como pasaruna gripe. Es algo bastante más serio.