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Una fábula contemporánea

Tacho Rufino | 16 de octubre de 2008 a las 19:40

Lo que voy a contar es cierto. Conozco el caso. Él es un infraempleado español al uso: carrera, dos idiomas y medio, un mastercillo, con algo más de mil euros de salario limpio al mes. Mil quinientos el mes que más cobra con los variables. Como suele decirse, es de “extracción humilde” y sus padres tienen todos los ahorros diluidos en los tabiques de la casa que habitan. Él es un chico inteligente, independiente, con ganas de vivir. Le gusta eso que llaman la bohemia: codearse gente con aspecto alternativo, de ideas progresistas sin dolor ni riesgo, leer  a Charles Baxter, alquilar a Truffaut para preparar el espíritu con los amigos antes de lanzarse a los garitos desde el jueves noche. Por estas razones y otras aspiraciones, y animado por sus padres que le dicen que “alquilar es tirar el dinero”, nuestro hombre joven decide comprar una casa hace cosa de dos años. Él es típico caso de quien se queda con la escoba en la mano o sin silla donde sentarse en el juego de marras. Resumo su panorama: sus padres lo avalan, se apresura a comprar una casa en una promoción de la que se ha vendido menos de un diez por ciento (han desmontado la casetilla de ventas y la propia casa piloto: su urbanización parece sacada de una película de post hecatombe nuclear), dedicaba al principio el  80 por ciento de su precario sueldo a pagar la hipoteca (con las subidas de intereses, es prácticamente el noventa). Se puede decir que su casa vale a día de hoy en el mercado menos de lo que le queda por pagar de préstamo hipotecario. Quiere meter estudiantes en casa, pero los estudiantes no quieren vivir allí, a la sombra de un hipermercado de periferia. Le acaban de decir en el trabajo que vaya buscándose la vida en otro lado. Omito la moraleja. Bonito plan, en cualquier caso.

  • Pedro Blanco

    Si…bonito plan. Creo que en la Universidad deben de enseñar a: Como no ser tonto en la vida.

    Una pena el pobre hombre…

  • Manuel Barea

    Ya que mencionas a Charles Baxter, recuerdo una frase de su relato ‘Saul y Patsy empiezan a sentirse a gusto en Michigan': Le dice Saul a Patsy: “Este país está cayendo en manos de los ricos y los estúpidos. Cada vez es peor. La confabulación de los idiotas empieza en las escuelas, pero cosecha grandes resultados en los negocios. En todas partes por donde he mirado últimamente he visto a un estúpido jovial en un puesto de enorme responsabilidad. Nos están minando los majaderos y los zoquetes. Esto tiene que acabar”.
    Él está hablando de EEUU, claro, pero podemos ponerle a Patsy y a Saul nombres en español y situarlos en Sevilla en vez de en Michigan, y también serviría: porque este país está desde hace tiempo en manos de los ricos y los estúpidos.
    La versión en castellano de este libro es de 2003. Tal vez el protagonista de tu fábula -lector, dices, de Charles Baxter… a pesar de su adscripción a la bohemia- leyó ese cuento demasiado tarde. Quién sabe cuál habría sido su comportamiento si la hubiera leído antes…
    Saludos.

  • Tacho

    Leer a alguien (el tal Baxter, por ejemplo) no es ser lector de ese alguien, ni ir a bares “alternativos” es ser otro Valle Inclán. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena -me pido el copyright de la frase-, y ese párrafo se le debió de pasar. ¡Son los estúpidos, estúpidos!

  • Nieves

    ¡Cuántas vece he tenido que escuchar eso de “alquilar es tirar el dinero”! O eso otro de “no tener un piso es no tener nada”. Existe la versión más cruel de “no ser nadie”, que tienes que oir en reuniones de amigos o conocido que te restriegan en la cara su adquisicón (aunque esto era antes, porque ahora esos amigos/conocidos ahorcados con la hipoteca hasta a pocas reuniones acuden). Aquí estoy de acuerdo con la referencia a la estupidez y su relación y vínculo con el afán o ansia de propiedad, posesión. Ha sido el gran problema de nuestro país, la poca cultura de alquiler, perjudicada, claro está, porque secularmente las bolsas de viviendas -y hablo al menos por mi ciudad, una ciudad de provincias- han estado secularmente en manos de unos cuantos; unos cuantos que, dicho sea de paso, se preocupaban únicamente de cobrar la mensualidad y poco más. Pero vivir de alquiler, si la relación arrendado-propietario funciona con fluidez, seriedad y entendimiento, es ideal. O debería serlo. Quienes vivimos de alquiler pagamos a don Fulano de Tal y Cual. Quienes pagan una hipoteca lo hacen a Don BBVA, Doña Unicaja, etc. A fin de cuentas, ¿quién es propietario de qué?