The pain in Spain

Tacho Rufino | 20 de enero de 2009 a las 11:10

Traduzco la entrada de Paul Krugman en su blog, que data de ayer mismo: Sse titula “The pain in Spain” (“El dolor en España”, o “Dolores de España”, menos literalmente, jugando con aquel “The rain in Spain” de la película “My fair lady”, canción que en español se tradujo como “La lluvia en Sevilla… es una maravilla”). El premio Nobel nos echa cuenta, y no lo hace para darnos mucho ánimo, según vamos a ver:

El dolor español no es difícil de explicar. España era esencialmente un caso como el de Florida, con una burbuja inmobiliaria inflada por la compra de viviendas habituales o de vacaciones, y ahora la burbuja se ha roto. Pero España lo tiene peor que Florida, por dos motivos, que les serán familiares a cualquiera que haya estado interesado en el gran debate acerca de si el euro era una buena idea o no.

La primera razón es que Europa no tiene un Gobierno central; España, a diferencia de Florida, no puede recurrir a la Seguridad Social o a los cheques Medicare de Washington, de forma que el peso de la recesión cae por completo en el presupuesto local (nacional), y de ahí deriva el recorte del rating crediticio del país.

En segundo lugar, Estados Unidos tiene un mercado laboral más o menos integrado geográficamente: los trabajadores se mudan de las zonas más deprimidas hacia otras con mejores perspectivas. (El estallido inmobiliario, de todas formas, redujo la movilidad porque la gente no puede vender sus casas.) Europa, no: de acuerdo que sí existe algo más de movilidad tanto entre la élite laboral como en la franja de menor salario, pero nada que ver con el nivel estadounidense.

Entonces ¿qué puede hacer España? Necesita ser más competitiva, pero no puede recurrir a la devaluación, porque es un país de la Eurozona. De manera que la única alternativa es bajar los salarios, lo cual es extremadamente difícil de conseguir (y crea graves problemas para quienes están hipotecados o endeudados).

Al contrario de lo que todo el mundo decía hace unas semanas, ser miembro d ela Eurozona no inmuniza a un país contra la crisis. En el caso español (y el de Itlaia, Grecia e Irlanda) el euro bien podría estar empeorando las cosas.

Y la caída de la libra esterlina, por impopular que sea, quizá se convierta en una cosa estupenda.

Por cierto, hace cerca de dos años ahora, The Economist titulaba igual un artículo que, leído ahora, no tiene desperdicio. Pinchen aquí si quieren leerlo.

  • Mª José

    Ojú, qué perspectivas…

  • Joao Samouqueira

    Krugman era un outsider y un friqui para muchos hasta antes del Nobel, el oportunista Nobel. Lo que dice en el artículo es en buena medida una obviedad. Lo de que España no puede recurrir a la devaluación es ya de perogrullo total, y el resto ya nos lo dice el propio Solbes, o su conciencia, Almunia. Y no es cierto que solo nos quede abaratar los salarios.

  • callesierpes

    ¿Y que nos queda?

  • Joao

    Pues queda la productividad, que no sólo se logra con el descenso del salario, sino por medio de un aumento del producto por trabajador (por ejemplo, con un mejor uso tecnológico o innovación en los procesos), o incrementando el número de horas por trabajador. También se puede repartir el trabajo entre diversos trabajadores (jornadas parciales), en los que se pueda evaluar mejor el rendimiento, en casos de crisis sectorial y paro endémico en la zona. Puestos a bajar los salarios, habría que empezar por los de quienes más cobran, que han ido cobrando proporcionalmente más en losútlimos años en España, mientras que los de los empelados no tecnócratas (con salarios irrisorios comparados con otros países de referencia) no han tenido una mejora proporcional… ni de lejos. ¿Son alternativas?

  • Alex

    Difícil no concordar con Krugman. La cuestión es bien simple: para que la recuperación sea sostenible, tiene que estar liderado por una mejora del sector exportador. Por tanto, habría que trasladar recursos desde el sector de bienes no comercializables (construcción, fundamentalmente) hacia el de bienes comercializables (coches, máquinas, etc…). Para conseguir esto, el tipo de cambio real debe depreciarse sustancialmente (podemos considerarlo como el cociente entre los precios de los bienes comercializables y los de los no comercializables. Así, una caida de estos últimos depreciaría el tipo de cambio real). El componente principal en la formación de los precios es el salario, ergo no queda otra que disminuir su crecimiento. El aumento de la productividad es la búsqueda del Holy Grail y resulta difícil de alcanzar, sobre todo a corto plazo, pero no hay que desistir de ese objetivo (ver los artículos de Carlos Sebastián en Cinco Días para tener una idea de cómo aumentar la productividad)

  • callesierpes

    Respuesta a Joao:

    NO!, no son alternativas.

    Productividad es que si invierto 100, los trabajadores producen 150 y no 101. ¿Es verdad Dr. Rufino?.

    ¿Ponemos en el mercado individuos preparados para producir 150?.

    AL final, como siempre, ¿tenemos una enseñanza superior adecuada a los tiempos que corren?. ¿la hemos tenido alguna vez?.

  • Tacho

    @callesierpes
    Disculpen si esto es obvio, pero la productividad es un cociente: lo que obtengo arriba, lo que invierto para ello abajo. Es prima hermana de la eficiencia, output/input, producción/recursos, etc. Suele hablarse de productividad “laboral” (que no es la única medida de la productividad) no sólo cuando consideramos como denominador los salarios, sino también otros recursos invertidos en la producción, como el capital o el esfuerzo técnico. Como cociente que es, para crecer hay dos vías: que crezca el numerador o que se reduzca el denominador, y perdonen el perogrullo. La forma más inmediata -santos griales aparte- es reducir los recursos. Lo más fácil e inmediato (¿cortoplacista?) es es reducir el peso de los salarios: reducirlos. Pero no es la única vía ni la que augura un mejor futuro a la empresa (el territorio, el sector…) a efectos competitivos si pensamos “más estratégicamente”.

    Sucede una paradoja: la reducción salarial suele ser (suele, no siempre) el recurso inmediato de quien no tiene que temer en este sentido, por la altísima seguridad en el puesto o por ocupar la franja alta-alta de la banda salarial (lo cual protege contra los recortes, y normalmente faculta para decidirlos). Gracias por el intersante debate. Krugman es mucho Krugman a día de hoy.

  • callesierpes

    Aprovecho la disposición del anfitrión.

    ¿Tiene sentido lo que ha sugerido el sr. ministro de Industria? Según acabo de leer propone entre otras cosas que NO viajemos de vacaciones fuera de España. Si esto lo hicieran todos los gobiernos de la UE, ¿no se tambalearía uno de los pocos pilares de la economía española? Si no vienen turistas europeos, ¿aguantaríamos mucho tiempo?

  • Tacho

    @callesierpes

    Sebastián no encuentra su lugar bajo el sol (implacable sol, también es verdad), y sus iniciativas estrella -bombillas y Plan VIVE- se cuentan por pintorescos pinchazos en hueso. Su nueva fórmula mágica con el turismo -con las cosas de comer no se juega, como usted apunta- de nuevo parece un tratamiento de curandero esotérico, en vez de las recetas de un prestigioso economista y profesor, como de hecho todavía es. Quizá la sombra de Solbes es muy alargada a sus 65 años, y la especialidad de Sebastián no es la contienda política, como ya demostró en su patinazo electoral contra Gallardón.

    En otro orden de cosas, recomiendo, al hilo de las reformas que puede/debe acometer el Gobierno, un artículo de Curro Ferraro de este fin de semana: http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/333151/reformas/estructurales.html
    Y otro de Fernando Faces de hoy mismo: http://www.malagahoy.es/article/opinion/334410/ocaso/una/era/abundancia.html

  • LOU DE BOUVOIR

    “THE PAIN IN SPAIN” – asusta que este dolor sea ya de parto, porque ¿qué será? ¿niño? ¿niña? ¿euro? ¿dólar? ¿peso?… y si nace entre el 24 de septiembre y el 23 de octubre ¡¡¡¡LIBRA!!!
    Díficil tenemos la solución a esta nueva dolencia que se está gestando, porque aquí no está el punto álgido de lo que se nos avecina, de momento con la sintomatología se están barajando nombres para la enfermedad, pero no se concreta ninguno porque ya se sabía que esto sucedería, lo que ocurre es que ya no se puede aguantarlo más y estamos en pleno “romper aguas” y muchos están tan ahogados que van a sucumbir en este arañar el foso en una caída segura y resbaladiza.
    Somos el centro de la escena mediática, pero es la prensa anglosajona la que de forma más prolija se ocupa del declive de la economía española. “The Economist” va publicando artículos sin cesar como bien leemos en el que Tacho nos participa, y, aún así, es mejor estar informado, leer para poder prevér ¡Pero si ya se veía venir! Mon Dieu!!! los bancos y las cajas han dado la mano en señal de pacto al asalariado, y ahora que la “pobreza” se acerca a algo más que un simple término, sacan su guante blanco para suavizar el apretón de manos y evitar cierto contacto contra el desgraciado que está comenzando a quejarse de cuánto le empieza a doler cada mes que comienza el llegar a su final. ¡Alerta, virus contagioso! ¡Ojo con quien tratas! ¡Comienzan las subastas!
    Así que aquí estamos, en la balanza de lo incacabado, ”…Las construcciones a medio terminar se han convertido en monumento del drama económico que vive España”. La burbuja inmobiliaria explota sin remedio y su onda expansiva va a hacer temblar a todo el sistema financiero.

    “”Para los jóvenes españoles, éste será el año en que todo cambió”, sintetiza la revista Time”” .

    “THE BRAIN IN SPAIN”
    De alguna manera las historias se repiten, aunque en los marcos diferentes de la época que nos toca vivir. Sí, puede que este año, personalmente, lo recuerde como el año en que todo cambió, pero no voy a quedarme parasitada en la mayor era de la información y aunque aquellos años 70’s de nuestros padres no podían imaginar un nuevo siglo digitalizado sí luchaban por un presente de soluciones, participando de forma activa, manifestando a voz en grito sus dolores, y, así, parieron un estado de bienestar que parecía imposible. Pero ES.
    No hablaré en pasado “fue”.
    Llegan las vacas flacas, y, aún esqueléticas, tenemos que cuidarlas, perderemos alguna pero tenemos que aceptar este retroceso con historia, que no sólo hablen los de fuera de nuestra crisis económica, sino de nuestra adaptación práctica de ideas acertadas, de nuestro movimiento contra la pasividad, de nuestro apoyo a las nuevas perspectivas positivas, de nuestro hacer frente a batallas perdidas, de nuestras voces en alto, porque hace tiempo que nos lleva doliendo y a ellos también les va a doler, nos duele a todos y así debe de ser porque sólo así, compartiendo las migajas “alumbraremos” una solución común con un pan bajo el brazo, para paliar con éxito próximas hambrunas.
    LOU DE BOUVOIR – estudiante de Derecho