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Santander: de la necesidad, virtud

Tacho Rufino | 28 de enero de 2009 a las 18:48

 

 

Rectificar es de sabios, y Botín y sus pretorianos estratégicos -esos que pueden ser citados cualquier sábado por la noche para acudir el domingo a las nueve a echar un partidito de golf en Santoña o en Boadilla del Monte con el gran jefe- han sabido cambiar su discurso con respecto a las pérdidas que las inversiones de sus clientes han tenido con los fondos de Madoff, unos hedge funds que deberían traducirse como fondos abisales, por lo opacos que son y por lo insondable de las pérdidas por ellos originadas a lo largo del planeta. Huelga extenderse sobre el hecho de que dichos clientes invirtieron en Madoff tras ser señalados los productos de éste por los gestores patrimoniales de Grupo Santander como un destino óptimo para sus dineros: descollantes rentabilidades y con un riesgo en apariencia menor, dado que lo más granado de la opulencia económica terráquea invertía precisamente en dichos fondos. Resulta que, al descibrirse el pastel piramidal del pérfido Madoff, bandolero con tirantes de 1.000 dólares, muchos de esos clientes de Santander banca privada habían perdido mucho dinero. La multinacional financiera cántabra despejó la bola como un central tuercebotas: “no nos podemos hacer responsables de las estafas de otros”. Poco después de esta respuesta, se supo que la cantidad de dinero perdida por los clientes del Santander a causa del timo a los privilegiados era muy superior en procentaje a la cantidad perdida por el propio banco. Todo ello en proporción: si en la cesta recomendada al cliente Madoff pesaba 10, en la propia del banco pesaba 1. O sea, rompía una regla básica de la deontología financiera: no vendas al cliente aquello que no quieres para ti (o no lo quieres en la misma medida que lo aconsejas).

Pues bien, Botín ha aprovechado el mejor momento mediático alrededor de su esperadísima publicación de resultados de 2008 para hacer del vicio virtud. Del vicio de escurrir el bulto, a la virtud de compesar a todos sus clientes particulares golpeados por la citada estafa. Con una pirueta financiera, que hace que detraer 500 millones de los beneficios del banco sirva para compensar los 1800 millones que van a cubrir de los bolsillos rotos de su clientela VIP, cuyo secreto (miren esta noticia para mayores detalles acerca de la operación) es que no te doy dinero, te doy acciones del Santander. Dos pájaros de un tiro:

Primero, quedo como una entidad socialmente responsabilísima ante la opinión pública, que si bien se beneficia de las ayudas y garantías publicas, es capaz de hacer frente a la tempestad para proteger a sus clientes.

Segundo, y mucho más importante, no pierdo a esos clientes, la auténtica crème de la crème del patrimonio privado hispánico. Gente exigente e informada,  que defiende con uñas y dientes su fortuna, que se comunica entre ellos, y que es capaz de castigar a un banco que no trata a quien le da dinero como se trata a sí mismo. Y esa cartera de galácticos del parné vale infinitamente más de 500 millones. Una táctica de fidelización en plena guerra, un golpe sabio de timón, una puesta en escena oportuna a más no poder, una virtud extraída de un error reciente.

  • zaragozana

    “Y esa cartera de galácticos del parné vale infinitamente más de 500 millones” sí sí…Y más de 3200 millones de euros que ha secuestrado a casi 50mil familias españolas. asco puro. saludos, zaragozana

  • mar

    La historia del Santander Banif Inmobiliario puede resumirse en pocas palabras. El Grupo Santander, cuando por las cornadas de la crisis inmobiliaria se sintió incapaz de mantener un modelo de negocio en el que se apropiaba de todos los ingresos reales y dejaba a los partícipes los ingresos virtuales, provocó, anunciando una tasación extraordinaria, el pánico entre los partícipes y el colapso y el cierre del fondo, no sin antes haber facilitado la salida del mismo, al mayor valor liquidativo de su historia, a unos cuantos afortunados, privilegiados y bien informados partícipes, propietarios del 16,90% del patrimonio. Conforme al guión, obtuvo de la CNMV la autorización para suspender los reembolsos y, aprovechando una inexplicable laguna legal, también para iniciar al día siguiente un proceso, sin control alguno, de liquidación, sin previa disolución del fondo, algo que hubiera escandalizado a los ilustres tratadistas españoles del siglo XVII, pioneros en el tratamiento de las situaciones concursales y, claro está, a cualquier tratadista de nuestro tiempo, conocedores de que este tipo de situaciones pueden acabar en soluciones injustas, frecuentemente propiciadas en la práctica por maniobras de mala fe, abusos y simulaciones.