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La Eurocámara nos saca la amarilla

Tacho Rufino | 29 de marzo de 2009 a las 19:10

MAMÁ Europa nos ha advertido seriamente de que o nos enmendamos, o nos deja sin paga. El Parlamento Europeo ha aprobado esta semana un informe en el que nos ponen bonitos. Las críticas fundamentales del informe elaborado por la danesa Margrete Auken son, como era previsible, la corrupción que emponzoña a la política, los abusos urbanísticos y la falta de respeto al medio ambiente. Bien mirado, no dejan de ser tres caras visibles de una misma pirámide, un poliedro tan perverso a la larga como alimenticio fue, a la corta, para el boyante PIB español de la década prodigiosa. El hecho de que Auken pertenezca a Los Verdes no cuenta: la mayoría fue aplastante.

Entre los votos en contra se encontraban los de nuestro Partido Popular, mientras que nuestro Partido Socialista se abstuvo. Lo primero era de esperar, dado que la Comunidad Valenciana -gobernada por un núcleo duro del PP- es la que se ha llevado el mayor tirón de orejas de la clase hispánica, lo cual también era de esperar. Lo segundo, la abstención del PSOE, también lo era, no ya por la benéfica templanza del talante menguante, que no se faja con nadie, sino por un golpe de timón al uso: la ex ministra Narbona hizo suyo nada menos que el programa electoral y cargó contra Valencia y sus desmanes; los urbanísticos, los medioambientales, los egipcios. Por ese incalificable afán de cumplir lo prometido, Cristina Narbona no ejerce ya la política. Bueno, es embajadora ante la OCDE, allá por París. Qué craso error, visto con cierta perspectiva, no renovarla en el cargo; es más, el cargo como tal se eliminó, o se diluyó en el sector primario. ¿Sabría usted decir a bote pronto quién es nuestro ministro de Agricultura, Medio Ambiente, Pesca y lo que se tercie? Es ministra, y se llama Elena Espinosa. A pesar de su mayor maleabilidad, Espinosa es ya veterana, y sabe como pocos lo que hay. Hace unos días declaró: “España está en la prehistoria de una sociedad sostenible”. Y, en el fondo, es por eso que nos quiere Europa retirar la paga de los domingos. Nos amenaza con congelar los fondos europeos que recibe España si no detenemos el desmadre urbanístico. Nuestro sambenito de pícaros se apuntala día tras día, y no al contrario, como sería lógico pronosticar. “Pícaros hay con ventura / de los que conozco yo, y pícaros hay que no”, decía el pérfido Quevedo. Crecimiento y desarrollo, efectivamente, no son la misma cosa. Tenemos que dejar atrás nuestra etapa de nuevos ricos y el vámonos que nos vamos.

El asunto es grave, y para Andalucía más. Andalucía, a pesar de los cuentos de la lechera empleadora de algún consejero, depende enormemente de los fondos estructurales y de cohesión que vienen de Bruselas. Con las vacas flacas, nos van a exigir mayores evaluaciones del uso de esos apoyos -sustentos- dirigidos a armonizar mercado y nivel de vida. Nuestra pírrica victoria anual es no alcanzar la convergencia en renta con la Europa de referencia. Eso nos hace acreedores a recibir una inyección de dinero externo que a día de hoy es indispensable. Como -también de repente y a corto plazo- el tener un gran peso de lo público es menos malo en una crisis tan profunda, y lo es también menos que depender de las exportaciones, dada la depresión que afecta a la demanda de dichas exportaciones que no se exportan. Es imprescindible reactivar la demanda, en concreto la de consumo. Alguien tiene que consumir para mantener la rueda girando, y quien tiene un salario seguro -aunque sea congelado- puede consumir con cierta desenvoltura. Además, buena parte de la economía andaluza depende aún de Bruselas, y Bruselas ya no va a tolerar que vayamos de aguilillas irresponsables. Roma no pagaba traidores lusitanos; Bruselas no paga traidores urbanísticos.

  • pep

    Estimado amigo,

    Siendo, como lo és, muy cierto lo dicho en su entrada, quizá habría también que meditar la cuestión en otro escenario.Más que lamentar el posible esquinazo de pecunios ajenos, para nuestro uso y mejor disfrute, o si en determinadas zonas,traicionando la ética y el noble espíritu democrático, han descubierto el maná redentor y apaciguador de inquietudes crematísticas,quizá sería oportuno pensar el por qué inquieta la pérdida de fáciles euros.

    Fondos estructurales, fondos europeos o fondos de comunidades “ricas”.Partamos del principio de que a nadie le amarga un dulce y, si encima,el repostero óbolo es a cuenta de otro u otros, entonces hasta el sabor mejora.Pero la pregunta es…¿Hasta cuando vamos a reclamar que los demás cubran nuestras incapacidades?Porque todo tiene un límite y, hablando de dinero regalado, también.

    Las Sagradas Escrituras hacen referencia al maná, pero que se sepa, desde entonces no ha vuelto a llover.Lo cual quiere decir que para que llegue es necesario que otros produzcan lo necesario para sostenerlo.¿Estaríamos dispuestos a reemplazarlos? Medito sobre ello y no acabo de pronunciarme.Y a suponer la hipótesis, tampoco.

    Saludos cordiales.