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Por qué leemos menos economía aquí

Tacho Rufino | 14 de septiembre de 2009 a las 7:34

PRÁCTICAMENTE a diario escucho a alguna persona renegar de “la economía”, de su presencia pertinaz y ahora agorera y, de tú a tú, algunos justifican que no lean ésta ni ninguna otra columna de dicha sección en cualquier periódico, no digamos ya la prensa especializada o salmón: “No me entero de nada”, me dicen a menudo, aunque siempre me cabe la duda de que quien eso dice haya hecho realmente el intento, y suelo sospechar que ha desistido del mismo antes de acabar el primer párrafo. La sección de Economía siempre ha sido tenida por objeto de lectura de un grupo en el que no falta la mayoría de la gente influyente, la que decide en las organizaciones y empresas en general. Quizá por ello mismo, un grupo minoritario: más allá de lo doméstico, el poder de decisión se concentra en pocos sujetos. Sin interés de esnobear lo más mínimo, cabe recordar en este sentido que el periódico más leído de este país es el Marca. Sin embargo, aparte del grupo, digamos, de élite ejecutiva o política, las páginas económicas son frecuentadas por cada vez más gente. La crisis que se fraguó durante años felices y que estalló en agosto de 2007 ha conducido a muchos ojos a la sección de economía. Aparte del temor por el propio empleo o por la propia inversión inmobiliaria de muchos españoles (o en bolsa, de menos españoles), ciertos temas económicos han hecho que surgiera en los ascensores o en las barras de las cafeterías una creciente presencia de asuntos como la crisis financiera, los salarios ejecutivos galácticos, el déficit comercial y el presupuestario o la flexibilidad laboral. Una culturización económica “a la argentina”, o sea, por necesidad y por temor. En el país del Marca y en una de las regiones de menores ventas de prensa económica, a la fuerza ahorcaban.

La mayor centralidad reciente de los temas económicos -tradicionalmente ignorados y despreciados aquí por el humanismo militante- ha sido, sin embargo, no sólo producto de la zozobra ante la depresión y sus hijos naturales, el paro y la insolvencia, sino también de un proceso natural que vincula el interés por la economía general con el desarrollo socioeconómico de un territorio. España tiene unos índices de lectura de periódicos muy inferiores a los de su entorno de referencia (es decir, aquellos países que están cerca y nos enseñan la matrícula, como Francia, Gran Bretaña, Alemania; o incluso Italia o Hispanoamérica, donde también se lee más), y nuestra escasa prensa especializada tiene una difusión aun inferior si la comparamos con dichos países, más desarrollados y más ricos. Regionalmente, los mayores índices de lectura de páginas económicas los ostenta en España… Cataluña. No es aventurado inferir que los empresarios y agentes económicos catalanes, y la sociedad catalana en general, lee más economía porque está más desarrollada empresarial y económicamente. Y más informada para interpretar y decidir, debemos deducir. Que el peso de lo público sea allí la mitad que aquí tiene sin duda que ver.

A pesar de todo, la presencia mediática de la economía ha ido creciendo de la mano de la crisis en nuestro país. Como contrapeso a este proceso, se observa con claridad en la opinión pública general un cierto hartazgo y un cierto desencanto. Hartazgo natural; dada la sucesión acelerada de las noticias negativas sobre la coyuntura y las perspectivas. Desencanto comprensible; en parte motivado por un auténtico aluvión de leñadores que han aprovechado la situación para deslegitimar a la Economía como ciencia y tildar a los economistas de inconsistentes y hasta de inútiles. Se exigía a los economistas la capacidad de prever los acontecimientos con precisión, lo que no es exigible a ciencia alguna, incluida la Medicina, la Meteorología o la Historia. Sea como sea, el descreimiento va en aumento, fenómeno al que no ha sido ajena la tromba de declaraciones y vaticinios políticos precipitados, videncia de brotes verdes incluida.

  • Otis Pérez

    Soy granandina y vivo en Londres, alli la prensa economica la lee mucha gente. Todos los que tienen una profesion o un pequeño negocio, no hace falta ser dueño de gran empresa ni inversor de bolsa. Peluqueros y psicologos o maestros la leen por tradicion. El metro va lleno de gente leyendo FT y otros de esa linea. Estoy de acuerdo con usted, pero puede mencionar algun estudio donde se relacione audiencia de prensa economica y grado de desarrollo?

  • Laura SM

    Debería haber más gente que intente hacer la economía comprensible para el gran público. Los inversores ya tienen queine les asesore.

  • Neda

    Es posible bajo mi punto de vista que exista gente que no entienda claramente la prensa económica ya que a veces se utilizan términos demasiados metidos en materia que un ciudadano de calle no sabe ni que existe a no ser que tenga un mínimo de estudios.