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La caída del metro cuadrado

Tacho Rufino | 24 de octubre de 2009 a las 14:08

ladrillo economist

 Estados Unidos queda lejos, un océano de lejos, pero las distancias no se miden en kilómetros cuando hablamos de economía. Salvando las distancias y reduciendo la escala, el mercado inmobiliario de ambos países -España y los Estados Unidos- se ha comportado de una forma cercana, similar: las casas, cualquier casa, aquí y allí, se valoraron y se pagaron repentinamente a tan alto precio que pasaron de tener un valor de uso razonable a ser un activo enloquecido con el que dar un pelotazo de un día para otro. Sin embargo, y a diferencia de lo que sucede en España, en los Estados Unidos, según hemos sabido esta misma semana, el precio de venta de las casas comienza a estabilizarse, tras varios años en los que, como aquí, los precios de la vivienda han caído como un ladrillo lanzado desde un balcón con vistas a la piscina comunitaria. La venta de casas de segunda mano está a su mayor nivel desde hace dos años en los Estados Unidos; los dos años de edad que tiene esa trituradora de riqueza y empleo llamada crisis. Son buenas noticias, aunque pudiera parecer lo contrario.

Muchas personas parecen ufanarse por que las casas bajen de precio día tras día, como si tal circunstancia compensara los lucros excesivos de un ladrillo que se revalorizaba mucho antes de ser colocado. Como si con el derrumbe de los precios se hiciera justicia ante los especuladores. Descontando el hecho de que las casas realmente valiosas no bajan de precio de manera drástica, los verdaderos perdedores de este mercado a la baja bajísima no son la legión de promotores inmobiliarios de siempre o de ocasión. Salvo aquellos a los que el juego pilló sin silla o con la escoba en la mano, la mayoría de los promotores sacaron su tajada, legalmente. Los perdedores son gente corriente: familias endeudadas a largo plazo por una hipoteca sobre unas casas de precio menguante. Sobre esto se ha dicho mucho, y no viene al caso abundar aquí. Sin embargo, hay un estado de opinión que es fácilmente perceptible y que está relacionado con este afán justiciero: “que bajen los precios, que bajen cuanto más mejor”. Craso error. El desplome de los precios alimenta directamente el paro, que ronda los cuatro millones y medio de personas en España. Las expectativas de beneficio son nulas para los promotores y muy pobres para los constructores. Por lo tanto, de contratar, nada, y de mantener empleo, lo mínimo. En un sector -el de la construcción- generador nato y eficaz de puestos de trabajo, este hecho es demoledor para la tasa de empleo. Celebrar la bajada de precios de las casas es de ley, pero siempre y cuando tal descenso encuentre en su caída a la demanda: no habiendo demanda, de nada sirve oferta alguna, por baja que sea. Si los precios descienden al abismo, nada bueno encontrarán allí. Es cierto que la inflación desmedida de la vivienda en España sacó demasiados cuerpos de ventaja a la renta de quienes compraban dicha vivienda con crédito fácil: la divergencia entre la renta media y el precio medio del metro cuadrado es mayor en España que en ningún otro país de la UE. Pero si los precios siguen bajando, nadie sale ganando, salvo los estraperlistas del XXI, quienes, siendo ya ricos, serán aún más ricos a costa del empobrecimiento de las rentas medias, endeudadas y con su patrimonio encogido. En ese orden de cosas, la declaración del Ministerio de la Vivienda de esta semana (“Se da por finalizado el desplome de los precios”) es un desiderátum de lo más deseable. Mala baba aparte. El repunte de los precios en Estados Unidos es un buen señuelo para nosotros.

(Ilustración: Portada de The Economist 16 junio 2005!!!, pinchar para ver artículo “Tras las caída)

  • Fernando

    En la página 57 del Diario de Cádiz de hoy 24 de octubre, he leído su magnífico artículo, con el que no puedo estar más de acuerdo.
    Lo he buscado en la edición digital del mismo diario, con la intención de opinar sobre él y recomendarlo a algunos amigos, pero no está. Por fin lo he encontrado en la edición digital de Diario de Sevilla.
    Yo le habría añadido a su artículo tres cosas:
    1º La demanda de viviendas existe, pero no se atreve a comprar porque piensa que los precios tienen que bajar más.
    2ª El precio del dinero es hoy el mas bajo de la historia de España. Cosa distinta es que te den o no te den el préstamo.
    3º ¿Porqué las organizaciones empresariales del sector construcción no dicen nada parecido a su artículo? ¿Es que están compradas por el gobierno igual que los sindicatos?
    En hora buena por su artículo

  • Silvia

    Por suerte, parece que todo esto está acabando. La recuperación y los ánimos van en aumento y eso, a mi entender, es lo que importa.