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GM-Opel: digo y Diego

Tacho Rufino | 5 de noviembre de 2009 a las 11:20

ALEMANIA-GENERAL MOTORSHa sido Financial Times el medio que reveló prematuramente, ayer noche (cuando esto se cuelga en el blog, antes de ayer), que “los americanos” (General Motors) han dicho a “los candienses” (Magna, en realidad austro-canadiense) que no le venden la joya “alemana” (Opel), de la que querían deshacerse tras el batacazo del gigante del automóvil USA: General Motors presentó el pasado junio la mayor suspensión de pagos de la historia de Estados Unidos (sin comprobarlo, me huelo que la mayor de la historia, sin más), porque, aunque los cataclismos de Lehman Brother y Worldcom fueron de mayor dimensión económica, pero fueron bancarrotas definitivas, y no supnesiones de pagos para mantener viva la compañía, como es el caso de gran gigante de Detroit. GM decidió quedarse con Buick, Cadillac, Chevrolet y GMC. Deshacerse de Opel era una decisión de emergencia: soltar lastre para mantener el globo a flote, no se sabía hasta cuándo. Hacer caja para apagar fuegos en el pasivo de un “megabalance” tocado de muerte. Sin embargo, las cosas han cambiado de aspecto de una manera notable en Estados Unidos, que vuelve a crecer con no poco brío, y parece dejar atrás los abismos inminentes. Y ahora puede no interesarle prescindir de una valioso activo; deteriorado, pero valioso. Y, con no pocos costes e indemnizaciones, deja plantada a Magna, en una decisión de marcha atrás que los anglosajones llaman U-Turn (literalmente, “cambio de sentido”).

En Gran Bretaña están como locos. Ellos, tan suyos, le dieron el nombre de Vauxhall a Opel allí, para así desgermanizar la invasión del gran fabricante alemán de coches, más o menos de la misma forma que a su Familia Real le cambiaron el Sajonia-Coburgo-Gotha -la rama original- por el menos teutón Windsor. Pues la negativa de GM de culminar un trato ya casi hecho (recordemos que Magna ya tenía sus planes estratégicos para Opel, sus cirugías operativas y sus planes de viabilidad, como dueños de facto que se sentían) ha llenado de júbilo a los ingleses, que se sentían cual pavos en Navidad ante su nuevo señorito, el canadiense. En España, tres cuartos de lo mismo. La gran fábrica de Figueruelas estaba también apuntada en la ruleta rusa, una banderita más dentro de un mapamundi con el que una estratega lejano se entreteenía.De momento y hasta ulteriores informaciones, la marcha atrás de GM es tan buena para los igleses como para nosotros. Otra cosa es el papelón de Miguel Sebastián -no tiene suerte el cátedro enemigo de la corbata, no-: ayer mismo anunciaba acuerdos con Magna para salvar o mantener viva a GM-España, que emplea e miles de personas, no sólo en Aragón. Todo ello, “tras arduas negociaciones”. Y simultáneamente, Magna no es nadie en este asunto. Bueno, bien está si bien acaba (que está por ver).