‘Destructoterapia’ vs MJB (Machaque del Jefe en Barra)

Tacho Rufino | 25 de enero de 2011 a las 23:18

(Este artículo se publicó hace tres o cuatro años, y lo he encontrado en un ordenador que no uso. Viene a cuento porque preccisamente acabo de leer que The Times aconseja romper a martillazos el ordenador viejo para “preservar la confidencialidad”: anda que no guarda secretos un ordenador…: “Para poner ciertos secretos a salvo, machaca la memoria del PC con un martillo”.)

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“QUIZÁ ustedes también lo hayan visto esta semana en la tele. Unos señores y señoras de mediana edad, con el suplemento de flotador y pistoleras que la vida sedentaria y los cuarentaitantos propician, sin rastro de marginalidad en su aspecto -sino al contrario-, se dedicaban a destrozar con machotas un Renault-9 que, la verdad, estaba ya para el arrastre desde antes de la carga de nuestros improbables vándalos con uniforme “gorrilla, polo y bermuda”. Con saña, pero entre risas y jadeos, una vez que dieron cuenta del extinto modelo utilitario, se afanaron en destrozar todas las torres de ordenador que les pusieron por delante los cuidadores de esta jauría humana, además de unos cuantos monitores (informáticos; a los de carne y hueso los obedecían como párvulos). A esto lo llaman destructoterapia, una terapia antiestrés (ver video abajo).

En mis veranos en Rota –cuando la base americana estaba pletórica y aquello era, realmente, “Rotaespein”- existía una “feria de los americanos”; pero no dentro del perímetro de la base militar, sino en las afueras del propio pueblo. Había carreras de grandes coches que, aparte de allí, sólo veíamos en las películas. Después de la carrera eran destrozados, precisamente a martillazos. Había latas de refrescos (la de fanta de cerezas era un tesoro), que no se vieron en España hasta años más tarde, y chicas con camiseta mojada sentadas en una asiento que daba de sí si alcanzabas una diana, cayendo la rubicunda moza al agua. Desde Estados Unidos venían estas diversiones tan ajenas al caballo, el tinto, la falda rociera, la Virgen local con nombre inexportable y el bimbó. Ahora importamos de allí una forma de “desarrollar habilidades” que, vía simbolismo físico, aluden al trabajo ejecutivo. De paso, se pretende eso de “hacer equipo”, creando “cultura organizativa”, proponiendo retos y desafíos, excitando el “análisis y resolución de problemas grupales”, las habilidades de negociación y liderazgo, motivando por un tubo a unos señores y señoras que, a la postre, se divierten como niños. A eso se le llama “outdoor training”, o entrenamiento al aire libre. Este tipo de servicios -consumidos, normalmente, por empresas grandes y delegaciones regionales de multinacionales- no es algo nuevo. Pueden incluir ejercicios con denominaciones más o menos familiares: desde la ya clásica mountain-bike, al Team Building o el paint-ball (que viene a ser como las guerras de globos llenos de agua pero con uniformes, estrategias militares y escopetas que disparan pintura). La innovación –que no falte- de la empresa que mencionamos al principio es de índole básicamente tecnológica: se trata de cargarse los ordenadores, que al final resulta que nos tienen tiranizados, nos estresan y nos deshumanizan. No sé si alguna consultora “outdoor” lo habrá previsto, pero cabría proponer como actividad complementaria la quema de móviles en pira alrededor de la cual danzar y emitir sonidos al modo sioux, o adorar a la pizarra negra mientras se hacen cortes de manga a una diapositiva en powerpoint. La metáfora es la metáfora.

Las alternativas no formalizadas, tradicionales, a este tipo de actividades antiestrés y de dinámica de grupos han sido, a qué negarlo, derivados del Machaque del Jefe en Barra (MJB), cuyas variantes y versiones ampliadas dependen de la cantidad de alcohol consumido por el cursillista. A mí, la verdad, es raro verme departiendo con otro parroquiano en el bar de abajo con una cerveza en la mano (*), pero la mayoría de los andaluces tiene esa buena costumbre. Las tapas y las cervezas en nuestros bares son cada día más caros, pero mientras que nuestras empresas crecen hasta el nivel de las multinacionales americanas, nos desinhibimos bastante aceptablemente con estos sucedáneos tan nuestros.

(*) Eso es mentira.

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  • Pep

    Qué quieres que te diga, querido Tacho, hablas del tinto, el caballo, la falda rociera y la virgen local.Quizá has olvidado las cofradías ¡Con sección fija en éste periódico! Las cervezas en el bar de abajo, tú no, buena costumbre.

    Hombre, los americanos con su infantilismo y puritanismo de falsete, además, son los números uno absolutamente en todo. Y nosotros, los españolitos,tan chulos, tan despreciativos, tan nuestros, creemos que el mundo algún día habrá de ser rociero para estar a nuestra altura. Pero no,en E.E.U.U, ya tienen sus guetos.No se fijaran en nosotros y Europa, menos.

    Por lo demás,incluidos ordenadores masacrados pues, nada, nos bajamos abajo y nos tomamos unas cervecitas.Y si sobra tiempo, pues tampoco pasa nada, volvemos a subir y nos empapamos de gatos escaldados en Intereconomía.

    (Tacho, cuidado, no es una crítica a lo andaluz, porque el que esté libre de culpa que tire la primera piedra.Tan solo trata de evidenciar la pobreza internacional de lo español. Guste o no).

    Un abrazo.

  • Kevin Mac

    Buenas tardes. Participé en varias “olimpiadas” de empleados de una empresa por la que trabajé. Con juegos simbólicos y rarezas diversas, y puedo decir que me parecen perfectamente inútiles. Mucho mejor quedar para echar un partido. Y por supuesto, como se hace en todo Reino Unido a diario, tomar una cerveza después de trabajar. Prefiero el MJBing sin duda. Y la romería!!

  • Claudette

    Con todo el cariño, Pep: comparar las romerías del sur de España con los entreteniemientos infantiles e igualmente beodos de marine americano… manda eggs!