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Ladrillo: no es lo mismo lo que no es igual

Tacho Rufino | 31 de enero de 2011 a las 21:23

pocerochuecaSeguimos con la “Caída del ladrillo hispánico”. Con la adecuación del precio de la vivienda a su valor razonable de uso o inversión (ahí es nada). Bien; en este asunto funciona radicalmente aquello de la estadística del medio pollo por barba, cuando uno se lo había comido entero y otro no había probado bocado. ¿Qué tiene que ver la evolución en el precio, su corrección o ajuste, de un inmueble del barrrio de Salamanca con un apartamento de Marina D’Or? Absolutamente nada. Hay ladrillo bueno y ladrillo malo. Si metemos en la comparación al ladrillo británico, estadounidense o irlandés, la comparación tiene un recorrido y una utilidad aun más dudosos.

Por ejemplo, ¿saben ustedes en qué están invirtiendo no pocas fortunas españolas? En ladrillo… londinense. ¿Cabe concluir que el ajuste británico ha finalizado su caída? Pues probablemente no. Pero el londinense bueno, sí, y los dineros de las grandes fortunas y corporaciones españolas que allí compran casas van a realimentar este proceso. Mucho me temo que aquí sucede tres cuartos de lo mismo, y hay casas, pisos y oficinas que han demostrado una rigidez numantina al desplome (medio) de los precios. Quizá vamos a empezar a ver aquí cómo quien puede –quien tiene– va a empezar a sacar la red a volar, y a lanzar el anzuelo. Pero no en cualquier sitio ni para cualquier tipo de construcción. Hablamos de elasticidad, o de rigidez si quieren: no es lo mismo lo que no es igual y se comporta de forma distinta y hasta inversa. Por cierto, hablando de Londres y de propiedades inmobiliarias y suelo: alguien con excelente información –de esa que llamamos asimétrica por no llamarla privilegiada– planea gastarse 350 millones de euros en poner un hotel Bulgari, de esos de 6 estrellas, en el mismo Londres. Es la querida ex-mujer del hombre más rico de España, que, por cierto, también ha invertido en pisos y casas y suelos… nada menos que 10.000 millones –hay quien sosteine que por darle gusto y liquidez al BBVA, le llamaremos Fray Amancio…–. La del hotel es Rosa Mera; su ex y poderoso neo-inversor en ladrillo español es, ya lo saben, Amancio Ortega. Algo que debe hacer dudar de sus agoreras certezas a los fanáticos de las medias aritméticas y hasta ponderadas.

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